Un parón de selecciones es una cosa muy bajonera, especialmente en estas fechas, que es cuando llegan las golondrinas y las fases finales de Champions League. El parón de selecciones de marzo es como darse el lote con tu novia del instituto y que de pronto aparezca su padre por la puerta, se siente entre los dos, y se ponga a contarte anécdotas de cuando hizo la mili en Ceuta.
Por suerte este último parón ya está finiquitado. Sin embargo, me alegra descubrir que nuestros siempre eficaces burócratas de la Unión Europea este año han sacado un kit de supervivencia para soportar la turra de las selecciones. Qué majos. Europa siempre a la vanguardia.
El parón de selecciones de marzo es como darse el lote con tu novia del instituto y que de pronto aparezca su padre por la puerta, se siente entre los dos, y se ponga a contarte anécdotas de cuando hizo la mili en Ceuta
La intención es buena, pero no comprendo bien el contenido de dicho paquete de emergencia. No sé cómo va mitigar mi malestar general por la ausencia de partidos del Madrid un DNI plastificado, unas velas o una lata de atún en escabeche. Y mucho menos entiendo lo de la radio a pilas. Meter una radio en un kit de supervivencia de un parón de selecciones es como echar pimentón a las natillas: no tiene sentido y provoca desórdenes estomacales. Señora Von der Leyen, a ver cómo se lo explico: lo último que se me ocurriría cuando no hay futbol de clubes es ponerme a escuchar los debates del Tertulión.
En fin, el caso es que me encontraba escribiendo el último párrafo cuando me he enterado que el kit ese no es para soportar el parón de selecciones. Ya decía yo. Resulta que es para una guerra o crisis apocalíptica. En ese caso entiendo lo del transistor, que supongo que será para que después del colapso de la civilización Richard Dees pueda seguir haciendo El Radio y amenizarnos el fin del mundo. Ya dice la ciencia que lo único que sobreviviría en la Tierra tras un holocausto nuclear son las cucarachas y los programas deportivos.
Lo que no acabo de ver es a qué guerra se refieren los burócratas europeos. Hay un japonés llamado Naruto Uzumaki de 116 años que lleva defendiendo un atolón del pacífico desde 1942. Como carecía de kit de supervivencia, no tenía transistor a pilas y desconoce que Japón se rindió a los aliados en el 45. El señor Uzumaki y la Unión Europea tienen en común que ambos creen estar en guerra con alguien.
me alegra descubrir que nuestros siempre eficaces burócratas de la Unión Europea este año han sacado un kit de supervivencia para soportar la turra de las selecciones. Qué majos. Europa siempre a la vanguardia
Puede que lo estemos. Yo qué sé. Reconozco que salgo poco de casa y de estas movidas suelo ser el último en enterarme. Holanda estuvo en guerra contra las islas Sorlingas entre 1685 y 1986. Trescientos años de conflicto sin que nadie disparase un solo tiro. Igual es ese tipo de guerra en la que estamos. Cosas más raras se han visto. La Guerra del Cubo que enfrentó a Bolonia y Módena en 1353 por la posesión de un cubo de madera duró tres horas y causó 500 bajas, marca que los alegres chicos del Frente Atlético tal vez aspiren a superar en la próxima visita a domicilio de los del Cholo Simeone.
Pienso que lo ideal sería adaptar el kit de supervivencia a los distintos equipos de la Liga Española. Quiero decir que, en pleno colapso civilizatorio, las necesidades de un culé y de un merengue no son las mismas. Necesitan kits personalizados para garantizar su eficacia: si tu a un seguidor del Osasuna, por ejemplo, le das una botella de agua, lo normal es que se la beba cuando tiene sed, pero si se la das a un atlético se la tirará a Bellingham para que la remate de cabeza. Dicho lo cual, he aquí una sugerencia de lo que podrían llevar los susodichos paquetes de emergencia según el color de la camiseta que se use:
Atlético de Madrid. El kit de supervivencia indio debe incluir el teléfono de un psicólogo de guardia las 24 horas. Mucho me temo que durante una crisis lo primero que se resiente en el club del Manzanares es la salud mental, como demuestran las recientes derrotas contra el Real Madrid, que han dejado tocadísimos del ala a nuestros vecinos. Algunos aficionados atléticos quieren impugnar el resultado del último partido de Champions contra el Madrid ante el tribunal de la Haya. Como sigan así acaban presentando una instancia en el Wizengamot, que como muchos lectores saben es el tribunal de hechiceros que dirime los asuntos judiciales en el mágico mundo de Harry Potter. Antón Meana y José Miguélez están a un “frame” de la toma del penalty anulado a Julián Álvarez de elevar una queja al Tribunal de las Aguas de Valencia, a ver si cuela.
En resumen, no recomiendo en absoluto un marco de crisis para el Atlético de Madrid. Con kit o sin kit, mucho me temo que no sabrían gestionarlo. Ante un holocausto nuclear, por ejemplo, sospecho que la reacción de Gil/Cerezo sería renovar el contrato de Simeone.
Fútbol Club Barcelona. El Barça de Laporta no necesita ningún kit de supervivencia, es más bien el resto de personas quienes necesitamos un kit para protegernos de ellos, porque de haber una crisis gorda que amenace el orden y la ley en la civilización, seguramente la habrían provocado los culés. Es probable que para poder fichar a alguien sin poner un duro. En el Apocalipsis zombi, el Barça va con los zombis, que en lo de sorber cerebros ya tienen experiencia.
Si se llegara el caso de que el FC Barcelona también quisiera un kit de supervivencia (y si se lo ven al Madrid, lo van a querer seguro), lo mejor es que metan dentro a Javier Tebas y a la Federación Española de Fútbol, porque no hay crisis culé por dramática que sea que ambos no puedan solucionar
Pero, en fin, si se llegara el caso de que el FC Barcelona también quisiera un kit de supervivencia (y si se lo ven al Madrid, lo van a querer seguro), lo mejor es que metan dentro a Javier Tebas y a la Federación Española de Fútbol, porque no hay crisis culé por dramática que sea que ambos no puedan solucionar. En un eventual fin del mundo, el Barça solo tendría que abrir su kit para obtener la salvación. Los demás estaríamos jodidos.
Real Madrid. Un kit de supervivencia es un complemento inútil para el club de Concha Espina. Llevamos más de un siglo en guerra contra todo el mundo sin kits de esos ni nada, a pelo. Y ahí seguimos. Apocalipsis a nosotros. Ja. Atendiendo a cierto sector de la afición merengue, el equipo lleva en crisis desde que Ramos marcó su gol en Lisboa, sobrellevando nuestro descalabro deportivo a base de Copas de Europa y sin paquetes de emergencia. Los madridistas no precisamos kits con productos de Decathlon para sobrevivir al fin del mundo, tenemos a Andriy Lunin. Si llega el Armagedón, Andriy Lunin le mira con sus ojos de galerna y, sin apenas mover los labios, masculla: “vete a casa, chaval”, y el Armagedón agacha la cabeza y se da la vuelta diciendo “perdón, perdón, ya me marcho” y que si eso vuelve luego, cuando nos venga mejor.
A pesar de todo, si fuera obligatorio que la Unión Europea tuviera que hacer un kit de supervivencia para el Madrid, supongo que la mejor idea sería meter dentro a un vinagre. Al Látigo Serrano o alguien por estilo. Una persona que cuando llegue el holocausto nuclear diga que él ya lo venía diciendo, y que cuando estés más hundido te insulte desde la grada para motivarte. El vinagre te arregla cualquier Apocalipsis echando a Ancelotti y contratando a Nagelsmann para gestionarlo —o a otro entrenador igualmente peculiar— y tirando de la cantera. Sea como fuere, ellos ya lo sabían.
En fin, queridos lectores galernautas: a pesar de todo, el fin del mundo no parece estar más cercano de lo que lo está la sentencia del caso Barça Negreira, de modo que no se preocupen demasiado. Lo más probable es que ni ustedes ni yo veamos una cosa ni otra. Así que disfruten del final del parón de selecciones, que llega la primavera y el Madrid está a punto de florecer.
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El madridismo puede nacer de muchas formas, pero pocas historias tienen el peso emocional de aquellas que atraviesan continentes y generaciones. En mi caso, 7.379 Km (la distancia entre el Santiago Bernabéu y Maracaibo, Venezuela ) serían pocos. La pasión por el Real Madrid comenzó mucho antes de que pudiera entender lo que significaba amar a un club de fútbol, mucho antes de nacer. El Madrid me había elegido, no yo a él.
Fue Carola, mi abuela, quien plantó la primera semilla. Después de la Guerra Civil Española, emprendió un viaje hacia Venezuela, llevando consigo poco más que recuerdos y una pasión inquebrantable por el Real Madrid.
Los domingos empezaban a transformarse en días especiales. Entre tostadas y café, Carola, como buena mocita madrileña, me llevaba alegre y risueña a un lugar que aun sin conocerlo podía visualizar perfectamente. Sus historias sobre el Madrid imperial de Alfredo Di Stéfano, Ferenc Puskás y Paco Gento cobraban vida. Sus relatos sobre aquellos primeros conquistadores de Europa eran tan vívidos que casi podía escuchar los gritos del antiguo Chamartín.
Mi padre, continuando con esta herencia blanca, añadía su propia capa de historia. En sus palabras cobraba vida la legendaria “Quinta del Buitre”: Butragueño, Míchel, Martín Vázquez, Pardeza y Sanchís dominando el fútbol español con cinco ligas consecutivas, así como también aquel Madrid de Juanito, Stielike o Santillana.
Dos generaciones, dos épocas doradas de un mismo sentimiento.
14 de Junio de 1997. Ahí empezaría mi propia historia como madridista, la tercera generación. ¡Alirón, alirón, el Madrid es campeón! Campeones de Liga. 3-1, venciendo al Atlético de Madrid, primer título personal. Aún no sabía lo que vendría, porque si hay un momento que definió mi madridismo para siempre fue la conquista de la Séptima Copa de Europa. "Es un día histórico", me dijo mi padre mientras me pedía grabar el partido en VHS. “Después de 32 años volveremos al lugar que nos merecemos, no te lo pierdas".
Y así comenzó una tradición familiar: grabar cada final europea. La victoria ante el Valencia en París con el gol de Raúl, la elegancia de Fernando Redondo y aquella volea mágica de Zidane en Glasgow quedaron inmortalizadas no solo en cintas, sino en la memoria colectiva de nuestra familia.
Justo el verano siguiente marcó un antes y un después en mi vida madridista. Viajé por primera vez a Madrid y conocí en persona al tío Manolo (hermano de Carola), quien vivía allí y de quien tanto había escuchado hablar y heredado libros, fotos, bufandas, gorras y un sinfín de cosas que se volvieron parte de la decoración de mi habitación. Con apenas diez años, él me llevó al Santiago Bernabéu, a ver un Madrid-Villarreal. Al entrar, sentí que pisaba suelo sagrado. Allí estaban mis héroes de carne y hueso: Illgner, Panucci, Hierro, Sanchís, Roberto Carlos, Redondo, Seedorf, Savio, Morientes, Raúl y Mijatović.
El equipo empezó perdiendo, pero terminó remontando con un contundente 4-1, una lección temprana de lo que significa ser del Madrid: nunca rendirse.
Fue mágico. Los sueños se empezaban a hacer realidad. El amor se había consumado. Ese día me prometí estar siempre cerca del Madrid, una promesa que la vida me permitió cumplir literalmente cuando, hace tres años, me mudé a vivir a la capital de España.
El círculo se cerró: mi abuela había salido de España llevando el madridismo en su corazón hasta Venezuela, y yo, décadas después, regresaba a las raíces de ese sentimiento heredado, completando un viaje que comenzó mucho antes de mi nacimiento.
Vivir en Madrid ha significado la materialización de un sueño que comenzó con las historias de Carola, en aquellos desayunos de domingo. Después de tantos años viviendo la pasión madridista a miles de kilómetros, poder celebrar la primera Copa de Europa en Cibeles fue una experiencia indescriptible. Ver a la diosa convertida en el centro del universo madridista, sentir el abrazo colectivo de miles de aficionados unidos por el mismo sentimiento que mi abuela me transmitió, fue como cerrar un círculo perfecto.
Pero quizás el momento más emotivo fue poder ir al estadio con mi viejo, sentarnos juntos en esas gradas que tantas veces habíamos imaginado, y celebrar “in situ” todo lo que durante años vivimos a la distancia. Cada gol, cada cántico, cada victoria nos transportaban a esos días en Venezuela, cuando él me contaba historias de la Quinta del Buitre y de Juanito, mientras veíamos los partidos en la televisión.
Carola y el tío Manolo ya no están con nosotros, pero sé que están en algún lugar, animando al Madrid como siempre lo hicieron, porque el Madrid va más allá de la vida misma, es eterno. Cuando el estadio ruge, cuando el equipo remonta, cuando los jugadores se abrazan tras un gol imposible, siento que ellos siguen ahí, que su legado continúa, que aquel madridismo que cruzó el Atlántico sigue más vivo que nunca.
La pasión que comenzó con una joven que tuvo que abandonar su país tras una guerra, ahora se ha completado con su nieto que regresó a la tierra de sus ancestros. Es el poder del Real Madrid, un club que trasciende fronteras y generaciones, que une a familias a través del tiempo y la distancia, y que convierte una simple pasión deportiva en un legado que se transmite como el más preciado de los tesoros.
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Buenos días, amigos. Todos conocemos a alguien con la misma educación que un regüeldo, o a alguien con el tacto de un elefante haciendo calceta, o bien con la visión empresarial del responsable de Decca que rechazó a los Beatles en 1962, o con el saber estar de Ernesto de Hannover en una barra libre. Es fácil. Lo difícil es hallar en una misma persona un compendio de todo lo anterior. En España tenemos la suerte de contar con un ejemplar así: Javier Tebas. Y además lo hemos colocado como presidente de la Liga de Fútbol Profesional. Con un par.
Estamos acostumbrados a la clase de Tebas —similar a la que muestra Laporta al realizar cortes de manga o comportarse como un ultra en público durante sus cíclicos subidones y bajonazos—, pero esta falta de respeto con uno de los profesionales, Ancelotti, que procura más lustre a su depauperada competición ha sobrepasado todos los límites.
«Si haces todos los cambios a partir del minuto 85… ¿de qué te quejas?». Sí, lo ha expectorado Tebas. No ha sido un amigo en un pub a las cuatro de la mañana en un estado arrabaliano. Ha sido el presidente de la LFP en horario laboral, porque en España hay barra libre para Tebas y por tanto puede mostrarse todo lo grosero e irrespetuoso que desee sin consecuencia alguna.
La forma de conducirse de Tebas no solo produce alipori y está alejada de cualquier norma de urbanidad, sino que atenta contra su propio producto. Sus ataques al principal activo de la Liga que preside, el Real Madrid, son el leitmotiv de su día a día. Ora Florentino, ora Vinícius, ora Ancelotti. Más allá de la falta de educación, no parece la estrategia empresarial más adecuada.
Esta conducta del capo de la competición hacia quien simplemente defiende sus derechos (institucionales y económicos, Florentino; a la no discriminación e integridad, Vinícius; a la salud y al descanso, Ancelotti) contrasta con la mostrada con quien incurre en irregularidades y presuntos delitos (pago al vicepresidente del CTA, incumplimiento del fair play financiero, inscripciones irregulares..., Barcelona). Está todo prescrito o disuélvanse que aquí no ha pasado nada.
Ni siquiera hemos albergado un ápice de esperanza de que las declaraciones ofensivas de Tebas apareciesen en los medios que riega.
Con la excepción de As, las portadas son para el club responsable de la «corrupción sistémica en el arbitraje» —juez instructor del caso Barça-Negreira dixit—. Ayer ganó 3-0 a Osasuna con varias polémicas dentro y fuera del campo.
En el césped, un controvertido penalti sobre Olmo fue transformado en gol a la segunda, pues de primeras se falló, pero se mandó repetir por… en realidad da igual, hoy por A, mañana por B. La acción es muy representativa y plantea varias cuestiones. ¿Se atiene a normativa la inscripción del protagonista Olmo? ¿Se considera penalti esa jugada si el jugador no es del Barça? ¿Se ha mandado repetir el lanzamiento en otras ocasiones cuando quien ha marrado la pena máxima pertenecía a otro equipo?
Fuera del campo, se da la circunstancia de que Iñigo Martínez disputó el encuentro menos de cinco días después del final de la convocatoria de la selección española que abandonó por lesión. El artículo 5 del Reglamento sobre el Estatuto y Transferencia de Jugadores de la FIFA dice lo siguiente:
Ayer adelantó en COPE the kingdom's greatest trumpeter que Osasuna está estudiando la impugnación del partido por alineación indebida de Iñigo Martínez. The trumpeter quiso dejar claro con especialísimo énfasis (no vaya a ser que sus jefes le malinterpreten) que «LA NOTICIA NO ES, NO ES QUE LA COPE DIGA QUE HAY ALINEACIÓN INDEBIDA, OJO. LA NOTICIA ES QUE EL CLUB ATLÉTICO OSASUNA, SUS SERIVICIOS JURÍDICOS ESTÁN ESTUDIANDO UNA POSIBLE ALINEACIÓN INDEBIDA DE IÑIGO MARTÍNEZ». Todo ello dicho muy alto mientras con las manos indicaba una medida roccosiffrediana de lo que tienen atorado en la garganta los antimadridistas.
💥 Informa @isaacfouto
⚠️ @Osasuna estudia una posible alineación indebida de Iñigo Martínez
❌ El club navarro analiza si el @FCBarcelona ha incumplido una norma FIFA sobre el periodo que tiene que transcurrir tras una baja por lesión con la Selección
📻 #PartidazoCOPE pic.twitter.com/1kLGKtv4OS
— El Partidazo de COPE (@partidazocope) March 27, 2025
Da igual que Iñigo se marche de la selección lesionado y al pisar Barcelona, cual Lázaro, se levante y eche a andar, o a correr. Da igual que se incumpla o no cualquier normativa de FIFA, de UEFA, de la RFEF, de la LIGA o de la Comunidad de Propietarios de San Benito Bercimuelle, 27. Es lo mismo que se haya quebrantado o no algún artículo porque es indistinguible dónde acaba la selección, la RFEF, y dónde empieza el impune Barça.
Liga, RFEF y Gobierno muestran el mismo ánimo por perseguir los desmanes del FC Barcelona que la Francia de Vichy en molestar a los nazis.
Al hablar de nazis nos viene a la cabeza una noticia que tiene ver con el Atlético de Madrid. La UEFA ha abierto una investigación a Rüdiger, Mbappé, Ceballos y Vinícius por su celebración en el Metropolitano tras la clasificación por penaltis en Champions.
La UEFA investiga a quien celebra, pero no a quien lanzó objetos contra los jugadores que celebraban. Del mismo modo que no abrió investigación tras los graves insultos vomitados por los neonazis del Frente Atlético durante el minuto de silencio del Bernabéu en la ida.
Con Gil Marín como miembro del Comité Ejecutivo de la UEFA y vicepresidenta de la ECA, el Atleti se siente igual de impune en Europa que el Barça en el cenagal patrio. E intenta lograr una victoria pírrica sobre el Madrid, aunque sea en diferido y a modo de pataleta-venganza para saciar la rabia que le provocaron los errores propios, como el penalti bitoque.
Pasad un buen día y cuidado con las barras libres, que las carga el diablo.
Se me hace largo este parón. Quizá porque mi apego deportivo a la Selección Española oscila entre el desengaño, el tedio o el desapasionamiento. Quizá porque, como en las series de antaño, siempre ponen la publicidad en el mejor momento. Dos, tres semanas para decidir toda una temporada. Como cada primavera, al Real Madrid le llega la hora de la verdad. Su momento. Es decir, el nuestro.
No negaremos que hemos disfrutado de lo que llevamos de temporada. Algunos momentos para el recuerdo, algunas noches épicas, algunos goles para enmarcar. Sin embargo, mentirá quien oculte que también han sido muchas las dudas. Las sensaciones de debilidad, los desconciertos —los goles en el primer minuto—, e incluso algunos partidos incomprensiblemente soporíferos.
Una de las mejores y peores cosas de ser del Real Madrid es que, a diferencia de otros clubs que quieren y no pueden, no ganarlo todo es siempre un fracaso
Supongo que al principio fue el proceso de adaptación de la nueva plantilla, echar muchísimo de menos a Kroos, y el complicado puzle de casar Mbappé en la nueva ecuación madridista. Después nadie sabe lo que fue, más allá de las bajas, que de todos modos también nos han maldecido en casi todas las últimas temporadas. Pero una vez más, llegado el momento, guardamos lo visto en un cajón del archivo, porque ahora empieza lo que de verdad importa. No es casualidad que la época típicamente madridista sea justo en la que florecen las flores. Por otras corruptas latitudes, festejan títulos en otoño, y en vez de copas y jazmines les dan castañas.
Una de las mejores y peores cosas de ser del Real Madrid es que, a diferencia de otros clubs que quieren y no pueden, no ganarlo todo es siempre un fracaso. No nos pueden dar a elegir entre la rubia y la morena. Nos gustan todas. Las orejudas, la que levanta los brazos al bailar, la que tiene más agarre que cuerpo —terrible metáfora que esa sea la principal de las que organiza la RFEF—, y hasta la inspirada en los discos de oro de la Voyager, que con tanto interés enseñó Infantino a Trump en la Casa Blanca, mientras el presidente americano miraba por la ventana, bostezaba, y golpeaba la mesa con los deditos.
Se quejaba Ancelotti del calendario y no es para menos, porque los jugadores que hayan conseguido sobrevivir hasta ahora, aunque heroicos, tienen pocas posibilidades de salir con vida del pinball enloquecido de partidos y competiciones que les esperan en las próximas semanas, en un momento en el que además ya no hay tiempo para la duda, ya no hay espacio para los errores. Que el sábado vuelve la Liga, tres días después llega la Copa del Rey, otro achuchón liguero el sábado, y de narices —y espero que con todos los dientes en su sitio— caemos en los cuartos de final de la Liga de Campeones. El resto de esta frenética historia primaveral ya la conoces. Si todo va bien, que es lo que deseamos, será todavía peor, porque aún faltará lo mejor.
Juega a nuestro favor este año la abundancia de bocazas. Nada sitúa en mejor posición al Madrid para ganarlo todo que esta hostilidad general
Juega a nuestro favor este año la abundancia de bocazas. Por alguna extraña razón, las denuncias del Real Madrid sobre los arbitrajes, como si hubiera caído el Espíritu Santo sobre ellos, han desatado la lengua a tipos que solían ser prudentes y educados, y hoy vociferan en todas las lenguas de la tierra, y no precisamente para desearnos buena suerte.
Nada sitúa en mejor posición al Madrid para ganarlo todo que esta hostilidad general —aunque exclusivamente nacional— a la que ya empiezan a tenernos acostumbrados, aunque antes estuviera limitada a quienes pagaron durante 17 años al número dos de los árbitros, y ahora encuentra entusiastas amplificadores de mensajes mimetizados —y un poquito groseros— en los vestuarios más insospechados. Sea. Nos gusta así. Nos gusta ganar así.
Y se me sigue haciendo larga la espera.
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Buenos días, amigos. Como cantaba Lennon, the dream is over para el Real Madrid femenino en Champions. Lo de Real Madrid femenino lo añadimos nosotros, eso nunca lo mencionó el ex-Beatle, que se sepa. Si en aquella canción John afirmaba no creer en Kennedy ni en Jesús ni, en general, en nada (salvo en él), anoche a la conclusión del encuentro de las de Toril no fueron pocos los que mostraron su descreimiento precisamente en el técnico blanco, cuya inacción ante el baño de juego y goles del rival exasperó a la afición, aunque en una derrota así no cabe responsabilizar de todos los males a una única persona. Para profundizar en lo sucedido, recomendamos la lectura de la excelente crónica de Fernando Alcalá-Zamora.
Marca se hace eco de la eliminación de este gris Madrid en la azotea de su portada, pero el protagonismo lo ceden a una irreconocible presidenta de la Comunidad de Madrid, que aparece a lomos de uno de esos vehículos que inundan nuestras aceras y pasos de peatones. «Ayuso se impone a Roglic en La Volta. Deslumbra». Desconocíamos esta faceta de la política madrileña. En nuestro descargo, confesamos que desconectamos en cierta manera del ciclismo hace unos años merced a los continuos escándalos de dopaje que adulteraron la competición. Especialmente conocido fue el caso de Lance Armstrong, adalid de las trampas en el deporte de la bicicleta.
El asunto fue muy feo, pero se nos escapan las lágrimas al recordar la reacción que tuvieron las autoridades, organismos, instituciones y prensa en aquellos tiempos y compararla con la que se produjo, y se sigue produciendo, ante el mayor escándalo del deporte español: el pago de millones de euros del FC Barcelona al vicepresidente del CTA Enríquez Negreira durante décadas.
Los ardides de los ciclistas, médicos y equipos fueron ampliamente difundidos por los medios de comunicación; los investigados, encausados; y los culpables, condenados. Aquí lo del Barça y Negreira es un tema tabú, a quien se atreve a hablar de ello públicamente se le señala (Mateu Lahoz es el último ejemplo).
Porque en España lo que se lleva es hacer vida normal y desayunar alegremente en la cocina ignorando que hay un cadáver a los pies del frigorífico. O escuchar a Flick en rueda de prensa espetar que «nosotros somos el Barça y no somos el Madrid. Estamos muy orgullosos de ello» y no preguntarle si conoce a Negreira.
🚨 ¡Vaya palo de Flick al Madrid sobre las quejas de no descansar más de 72 horas!
😡 "Somos el Barça, no el Madrid, y estamos muy orgullosos de ello..." pic.twitter.com/PyKXHde05f
— Diario AS (@diarioas) March 26, 2025
Hay que tener los bemoles del tamaño de Júpiter, con todos sus satélites incluidos, para sacar pecho por pertenecer al club más corrupto de la historia del deporte. El club, entre otras cosas, que se compró a la cúpula arbitral (Negreira mediante), el de las palancas ficticias e inscripciones surrealistas con la anuencia de los reguladores, el que es avalado por los socios de la empresa que comercializa los partidos y nutre de imágenes al VAR, el condenado por dos delitos fiscales habida cuenta del caso Neymar, el que no disputa encuentros de Copa que no le vienen bien y luego es indultado por el mandamás de la RFEF, el dirigido por un presidente que reconoció en una conversación haber adquirido un órgano de manera ilegal, etcétera.
Repetimos ¿por qué ningún periodista le pregunta a Flick si conoce a Negreira? ¿Por qué ningún profesional hace su trabajo? Porque, a estas alturas, no sabemos si se hace el tonto o bien no lo conoce porque lo tienen aislado de la realidad en una burbuja al modo de la abuela de Good Bye, Lenin!, como señala nuestro editor Jesús Bengoechea.
A veces me pregunto si Flick, que al principio parecía un tipo sensato y cabal, sabe algo de Negreira, o si por el contrario se lo ocultan como a la abuela de “Goodbye, Lenin” la caída del Muro. Porque el tío habla como si realmente trabajara para una empresa ejemplar. pic.twitter.com/rBnM1hD1yW
— Jesús Bengoechea (@JesusBengoechea) March 26, 2025
El técnico azulgrana parecía cuerdo (no confundir con culerdo) cuando aterrizó en El Prat, pero ha devenido en una suerte de chiflado, o en algo peor. Todo el que ficha por ese club termina por contaminarse, pierde el juicio y acaba soltando necedades y mentiras. Cabe preguntarse si es un requisito para cobrar.
Lo más gracioso es que después de defender que «nosotros somos el Barça y no somos el Madrid. Estamos muy orgullosos de ello» en relación a las quejas (justas) del Madrid por no disfrutar de al menos 72 horas de descanso, se muestra indignado con los horarios de la Liga y el descanso de sus jugadores.
Cuando menos, delirante.
Mundo Deportivo también se hace eco de la polémica y habla de un «Flick crítico con la elección de fecha» para el encuentro que disputa hoy el Barça frente a Osasuna a las 21.
Queremos terminar este portanálisis con buen sabor de boca, de modo que hemos reservado la portada de As para el final.
Un Pepe pletórico de madridismo pronuncia una de las frases claves en nuestro club: «Nunca den por muerto al Madrid».
Nos despedimos parafraseando a Lennon en la mencionada God.
No creemos en Tebas.
No creemos en Cantalejo.
No creemos en Ceferin.
No creemos en el Barça.
No creemos en el Atleti (ni en sus neonazis).
No creemos en la Liga.
No creemos en el CTA.
No creemos en la Federación.
No creemos en los medios paniaguados.
Solo creemos en el Real Madrid.
Pasad un buen día.
El Arsenal FC derrotó con contundencia (3-0) al Real Madrid femenino en el partido de vuelta de los cuartos de final de la Liga de Campeones para dar un vuelco a la eliminatoria y frenar en seco el camino europeo de las blancas. Dos goles de una iluminada Alessia Russo y un tanto de Mariona Caldentey en un lapso de quince minutos destrozaron anímicamente a un Real desdibujado y lejos del nivel mostrado durante la semana previa.
Hasta el medio tiempo de la tercera prueba de estrés consecutiva llegó la gasolina y la solidez mental del Real Madrid femenino: 225 minutos, sumando los 90 contra el Arsenal en el Di Stéfano y con el Barcelona en Montjuic, más los 45 iniciales en el Emirates. La mezcla letal de resistencia y efectividad que doblegó a dos de los mejores equipos de Europa, llegados a Londres, quedó reducida en un primer momento únicamente a resistencia, por lo que el plan del equipo de Alberto Toril condujo inexorablemente al desastre.
Sacrificada en la ida la pieza de Melanie Leupolz, y con Teresa Abelleira fuera de combate en el momento crucial del año por culpa de las selecciones, al Madrid el aire empezó a faltarle bien pronto. Enfrente, el Arsenal saltó embravecido al césped del Emirates y elevó tanto la pulcritud de sus pases como la ejecución técnica de cada control para reducir sus pérdidas. El Real, gris como su equipación, corría tras el balón con las líneas prietas, asemejándose al niño pequeño que la pide sin suerte en mitad de la pachanga de adolescentes. El XI de Toril, cojo de su centrocampista extra, lo iba a fiar todo a cazar una contra para desbaratar el castillo de naipes inglés, pero los kilómetros acumulados —traducidos en pesadez mental— hicieron imposible encadenar tres buenas acciones técnicas.
El Real, gris como su equipación, corría tras el balón con las líneas prietas, asemejándose al niño pequeño que la pide sin suerte en mitad de la pachanga de adolescentes
Del lado londinense, además, entraron cuatro modificaciones con respecto a la ida para elevar el nivel de su equipo, todas decisivas a la postre: Daphne van Domselaar en portería, Frida Maanun como centrocampista extra —las de rojo ganaban una al tiempo que las blancas perdían otra— y Chloe Kelly y Caitlin Foord arriba, viendo recompensada su buena actuación en el tramo final en Madrid. Calidad, acierto y suerte aparte, ahí estuvo el partido y la eliminatoria. Mientras el Arsenal gestionaba con comodidad sus minutos con balón, el Real perdió una tras otra cada una de sus posesiones: no encontró lucidez en las combinaciones desde atrás y regaló un saco completo de bolas intentando salir por arriba.
La agónica primera parte, eso sí, concluyó sin que el Real Madrid viese reducida su ventaja, y cabe recordar que don fútbol, siempre magnánimo, brindó a las madridistas una primera bala de oro rebasado el minuto 40 como premio al esfuerzo defensivo: Angeldahl chutó duro entre varias piernas, pero esta vez sí que había portera bajo palos y ese momento determinante hizo que el camino quedase marcado. Resistir y golpear es el secreto de la Champions, mientras que perdonar es la sentencia de muerte. Bastaron treinta segundos tras la reanudación para comprobarlo, lo que tardó Foord en percutir con potencia hasta la frontal, Kelly en centrar y Alessia Russo en desmarcarse y rematar en el segundo palo.
Aunque el Madrid había conseguido escalar hasta llegar a un campamento base que creía fuera de su alcance —y el mérito será valioso en el futuro—, el momento de la eliminatoria se asemejaba más al mundo real, donde no hay vidas extra ni próximas temporadas. Encaramadas con orgullo al borde de un precipicio demasiado alto, las futbolistas del Real entendieron de improviso que el oxígeno en la reserva no les daría para seguir subiendo ni para volver hacia atrás. Así que, mientras meditaban sobre la muerte dulce, el Arsenal repitió su movimiento exitoso por la derecha tres minutos después: centro de Kelly sin molestias desde la derecha y remate en el área, esta vez de Mariona Caldentey entrando sin marca en segunda oleada.
El Madrid ya no estaba, por lo que en retrospectiva cabe agradecer que tal actuación tuviese lugar sin estar vistiendo la casaca blanca sagrada. Tampoco había nadie en la banda. Hasta el 75’ no se movió el banquillo
El Madrid ya no estaba, por lo que en retrospectiva cabe agradecer que tal actuación tuviese lugar sin estar vistiendo la casaca blanca sagrada. Tampoco había nadie en la banda, porque el partido imploraba desde el descanso la entrada (quizás temeraria, quizás milagrosa) de Irune Dorado. Hasta el 75’ no se movió el banquillo, pero por entonces el botín de la ida y el sueño de las semifinales habían desaparecido. Empequeñecidas todas, la tosca y hasta ahora decepcionante en papel de estrella Alessia Russo acabó convertida en una delantera total. Anotó el definitivo tercer gol y mandó a la red otros dos balones que no subieron al marcador por centímetros.
A esas alturas, la noche en Londres era de todo menos seria dado el destrozo y el correcalles de los últimos minutos. Y aun así, en el 93, el Real Madrid pudo mandar a la prórroga un partido de 5-0: Linda Caicedo tuvo en sus botas el 3-1 del empate global frente a la portera holandesa. ¿Merecía acaso la actuación de las blancas ese giro de guion tan de la Champions? Lo cierto es que no. Los guantes de Daphne van Domselaar se mantuvieron firmes porque este Real femenino, que en días previos ha aprendido a soñar, todavía debe familiarizarse con los códigos del sanctasanctórum del fútbol: la Copa de Europa.
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Este verano se disputa el Mundial de Clubes FIFA 2025, uno de los objetivos principales del Real Madrid esta campaña.
¿Conoces todos los detalles de esta competición?
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Es una tarde de 1926, o quizás del 27, y el campo de Chamartín está lleno hasta la bandera, como suele decirse. Entre el público está Angelita, que por primera vez acude a ver el fútbol y jamás ha visto a tanta gente junta. Al asomarse al graderío los ojos se le agigantan y Agustín, que es quien la ha invitado, sonríe satisfecho. Los ojos de Angelita son, al fin y al cabo, lo único que le gusta de ella.
Él la ha traído sin mucho entusiasmo, pero con decisión, y se esmera poco en explicarle el asunto:
—Mira, la cosa es sencilla: estos once vestidos de blanco, del Madrid, deben meter la pelota las más veces posibles en el interior de la portería, que son esos palos, del Barcelona. El Barcelona, esos once que visten camiseta azul y roja, a rayas. Y viceversa. Juegan hora y media, dos tiempos de cuarenta y cinco minutos. Ese señor del pito y con los calzoncillos azules es el árbitro. Y esos que corren con banderitas por las rayas de los lados, los jueces de línea. Cuando sale la pelota del campo de juego lo indican levantando el banderín. No hay más.
Aquí empezamos a vislumbrar lo resbaladizos que son los recuerdos, porque jamás pudieron ser once de blanco ni once azulgranas, sino diez y un portero por cada equipo. De todas formas, ¡cuántas cosas más tendría que contar Agustín hoy! Todas las innovaciones que ya damos por metabolizadas: las tarjetas, los cambios, el fuera de juego. Pero también el VAR, los penaltitos, las jugadas residuales, las prometedoras... las costras de lo que nació siendo el juego más fácil del mundo. No cabe duda de que todo se ha complicado demasiado, pero lo esencial está ahí, en esa descripción. Meter un gol más que el rival, no hay más.
Angelita está un poco decepcionada, esperaba otra cosa. Incluso cuando el Madrid hace el primer gol —lo marca Monjardín, el inevitable delantero centro de la década—, ella argumenta que debería haber muchos más, uno cada cinco minutos. El fútbol es aburrido, dice. Agustín replica que «en la dificultad reside el gusto».
La tarde termina con unas cervezas en la casa de Mahou y una proposición de noviazgo del que saldrá un matrimonio desapasionado —demasiado fácil, cumpliendo con la advertencia de Agustín— y, finalmente, una hija. La casualidad querrá que nazca media hora antes de que en la Puerta del Sol sea proclamada la República.
Todo esto lo sabemos por Max Aub, que quizás estuvo en la grada el mismo día que sus personajes, con la ventaja de que él si fue de carne y hueso (aunque su vida pueda hacer pensar lo contrario). Lo escribió en Las buenas intenciones, la novela en la que el pusilánime viajante comercial Agustín Alfaro recorre una España que ya es una bruma lejana vista desde el México de 1954 y que, sin embargo, late con el pulso de todas las cosas verdaderas y reconocibles.
Entre todos los capítulos, la anécdota del fútbol en Chamartín destaca como un monumento a la ficción involuntaria. No sólo por la imprecisión del personaje fallando en lo más elemental del juego, sino porque cuesta rastrear el partido contra el Barcelona en el que Monjardín —el primer jugador del Madrid en recibir un homenaje tras su retirada— marcase el primer gol de la tarde. Sin embargo, ahí está el dato en la novela, tan preciso como lo son siempre los recuerdos falsos.
En cualquier caso, da lo mismo. El cortejo casi funcionarial de Agustín con Angelita nos permite el milagro de llegar a quienes sí existieron de verdad cuando ya han entrado en la niebla de los mitos. ¿Qué nubes madrileñas creyó ver Max Aub desde su exilio? ¿Qué gol de Monjardín se le dibujó mientras escribía? La realidad ya no tiene respuestas, pero las letras de la ficción están escritas ahí para siempre, dando fe de un tiempo y un Madrid en el que las parejitas iban al fútbol y a tomar cervezas.
Quien lea la novela sabrá cómo acabó Agustín Alfaro, pero nunca se nos cuenta el destino de la enclenque Angelita, elevada a doña Ángela desde el parto. Aunque cabe suponerla apocada y silenciosa, seguro que alguna vez evocó para su hija y para ella misma su luminosa luna de miel por Andalucía, el momento cumbre de su vida. Y si escarbaba un poco más también llegaría a aquella tarde, la primera de todas. Esa en la que él la llevó a Chamartín, Monjardín metió el primer gol al Barcelona y en la grada todos se volvieron locos. Quizás al contarlo los ojos se le desbordasen de nuevo y podría llegar a recordar, incluso, que ella también fue feliz.
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Los parones de selecciones ameritan el esparcimiento. Por espacio de unos días, los medios se las ven y se las desean para hacer comulgar con ruedas de molino a un aficionado que generalmente no presta atención al fútbol de selecciones. Por un lado, la prensa deportiva se empeña en hacernos creer que existe una marea roja que es un clamor, pero por otro lado no saben cómo hacer para entretener a un respetable a dieta de emociones fuertes. Siendo sinceros, salvo excepciones, el fútbol de selecciones solo importa cuando llegan los campeonatos importantes. El resto de parones resultan un verdadero incordio. Y más cuando a estas alturas se ponen las cosas interesantes.
Tenemos el habitual desfile de entrevistas a jugadores de La Roja y el consabido orgullo de la prensa patria, que siempre se vanagloria de que su Real Federación de Fútbol la mima y premia con afecto mientras los temibles clubes la ningunea. Inevitablemente, también algunos futbolistas como Unai Simón se salen del tiesto y demuestra ser un verso libre, ganándose el reconocimiento del aficionado más sagaz. Raúl Asencio estuvo genial en todas sus comparecencias públicas. Ningún desliz del canterano. Aprobó con matrícula de honor donde otros compañeros suyos del vestuario merengue suelen cobardear en tablas. El único lunar para el canario es que lo convocaron para no hacerlo debutar. Es un feo importante al chaval, pero un gran botín para el Madrid, que ve cómo su retoño vuelve a Valdebebas sin un rasguño.
Decía que no conozco a nadie sensato que se ilusione cuando los parones llegan para romper el ritmo competitivo. No obstante, para el aficionado cromista, ese sujeto que es más fan de los cromos de los jugadores que de sus propios equipos, existe cierto regocijo en estos días. En el caso que nos ocupa, al Real Madrid le salen muchos pretendientes. Como vamos justos en el área defensiva, los futuribles son centrales. Dando por hecha la llegada de Trent Alexander-Arnold, la gran duda es el eje central.
Vuelve el Madrid. Vuelve el vértigo y el disfrute porque, como dijo Andrés Montes, la vida puede ser maravillosa
Estos días se ha hablado mucho de Dean Huijsen, un simpático chico nacido en Ámsterdam pero que se siente más malagueño que Antonio Banderas. Es tal su amor que se nacionalizó español el pasado 21 de febrero de 2024, pues no en vano vivió en nuestro país desde los cinco años. El defensa del AFC Bournemouth es un central de envergadura, ambidiestro, inteligente y con una madurez impropia de su edad. A pesar de su juventud, ya ha pasado por Juventus y Roma. En la Premier League todos hablan maravillas de él y suena para el Manchester United. La semana pasada se apuntaba que su padre visitó Valdebebas y que el interés del Madrid es tal que al parecer la entidad estaría dispuesta a pagar los 50 millones que se piden por él.
El propio Dean Huijsen reconoce el interés del Madrid y se muestra encantado. Se dice que el seguimiento del club blanco viene de lejos e incluso hace algunos años lo trataron de incorporar a la cantera. Además, es un secreto a voces que Huijsen es un gran madridista y su ídolo es Sergio Ramos. Estos días con la Selección ni escondía su simpatía merengue. “Es un honor que un club así me tenga en sus planes”, repetía risueño.
Suceda lo que suceda con este chico, el Real Madrid necesita reforzar su defensa. Se hace evidente que es así. Por muy bien que vuelva Militao de su lesión, ya lleva dos ligamentos cruzados y es más que lógico pensar que necesite tiempo para readaptarse. David Alaba puede aportar mucho y asumir minutos que ayuden a descansar a Antonio Rüdiger. Es verdad que Asencio ha llegado para quedarse y que Aurélien Tchouaméni aporta mucho cuando baja a la posición de central. Todo esto es cierto, pero también lo es que necesitamos reforzar la defensa. Y cuando hablo de defensa lo hago extensible a los laterales. Doy por hecho que esta operación llevará tiempo e incluso temporadas, pero debemos apuntalarla.
Y como si nada, la temporada entra en la zona de candela, que dirían en América. Como un ciclón llegan los partidos importantes que se suceden en un abrir y cerrar de ojos. Para aterrizar tenemos tres encuentros seguidos en el Santiago Bernabéu: el Leganés, la vuelta de semifinales de Copa del Rey en casa con la Real Sociedad y, finalmente, el Valencia. Y, por supuesto, el partido de ida con el Arsenal en el Emirates Stadium. Vuelve el vértigo y el disfrute porque, como dijo Andrés Montes, la vida puede ser maravillosa.
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Buenos días, amigos. Estamos llegando al final del túnel, ya se ve la luz. Aún está a cierta distancia, pero se atisba el Real Madrid-Leganés del sábado a las 21:00 en el templo blanco, en el Bernabéu. Cómo serán los parones de selecciones que estamos deseando que se dispute un partido de una liga adulterada. Pero adulterada con papeles, de manera oficial e indubitable.
Con lo de papeles, ya sabéis, nos referimos principalmente a que hay facturas del pago del FC Barcelona al vicepresidente arbitral Enríquez Negreira, aunque hay más documentación que demuestra el presunto delito que se quiere seguir tapando. Casualmente, el tapador mayor del reino, aka Albert Soler, es quien ha pedido que se suspenda el proceso judicial por defectos de forma en las prórrogas de la instrucción. Un tipo de antimadridistas pone pegas a las prórrogas y otro tipo a los penaltis.
Se cumple una vez más la máxima de que siempre tiene que hablar quien más tiene que callar. Albert Soler, recordamos de nuevo (las veces que haga falta), fue presidente del CSD y después director de Deportes Profesionales del Barça. Su relación con los Negreira está demostrada merced a unos mensajes que se intercambió con el hijo del clan, en los cuales le reportaba sobre la actuación (propicia para el Barça) de Gil Manzano en una eliminatoria de Copa frente al Atleti en la 16-17. En los mismos, el primogénito Enríquez le adelantaba ya que Clos Gómez sería quien pitase la final. Recordad que ahora nos quieren vender que ni unos sabían nada de Negreira ni los otros tenían poder en el CTA.
Tras su periplo en Can Barça, volvió al Gobierno. Curiosamente a un cargo inferior al que había ostentado, pero que le facultó ayudar a elaborar una Ley del Deporte que permitía que los delitos muy graves, como pagar millones de euros al vicepresidente arbitral, prescribieran ya. Después de realizar su trabajo, se marchó. Otra casualidad como que su segundo apellido sea Sicilia.
Y ahora pretende dar carpetazo al asunto por un quítame allá esas pajas con las prórrogas. Es como si un político se aupara al poder prometiendo solucionar la lacra de la explotación que sufren las mujeres por parte de las mafias de la prostitución y después se descubriera que es el mayor aficionado a la misma y además dedica recursos públicos a costearse el vicio. Sería una cosa de locos, ¿verdad?
Llama la atención también —en realidad, no— el malestar que despierta que se hable del asunto Barça-Negreira incluso entre quienes más claro se pronunciaron contra él (villarato engrasado). Es el caso de Relaño, que defiende que los trapos sucios se laven en casa en su columna titulada Mateu eleva el hedor de Negreira a la UEFA. En ella muestra su malestar por que Lahoz airee el mayor escándalo de corrupción de la historia del deporte solo porque a él le cae mal Mateu. Está feo delinquir, pero mejor que no se sepa por ahí, no sea que alguien tome cartas en el asunto y tenga consecuencias.
Hace 31 años, en su mismo diario, ya sabían cómo funcionaba el sistema de premios-castigos mediante el cual se dirigían las actuaciones arbitrales hacia donde interesaba. Comprobadlo en esta columna de 1994 de Sarmiento Birba rescatada ayer por @futbolgate_ES.
#ArchivoAS “Los despropósitos del CTA” - Octubre 1994
“…sus compañeros del Comité, Urizar y #Negreira, le están llevando al huerto… Gracia Redondo arrasó al RM en la última jornada liguera de Tenerife. Cuando se le debía sancionar con un mes de descanso, el CTA le premió…” pic.twitter.com/IJqi1JpafN
— Fútbolgate.com (@futbolgate_ES) March 25, 2025
Huelga decir a estas alturas que en las portadas no aparece nada de esto. Pero como parte de nuestro trabajo es comentarlas, nos ponemos las pilas y vamos a ello.
Hablando de pilas, el Madrid se ha puesto las AAA. AAA no es la Asociación Atlética Avilesina, ni la Asociación Andaluza de Archiveros, ni siquiera la Asociación Acuariófila Argentina, sino el binomio formado por Asencio y Alexander-Arnold, quienes junto a Carvajal protagonizan las portadas de los dos diarios madrileños.
La AAA merece crédito, no en vano la calificación AAA es la más alta que una agencia puede otorgar a una empresa o país
Cualquier información que aparezca en la prensa hay que tomarla con pinzas, pero parece claro que tanto la renovación de Asencio como el fichaje de Arnold son ciertos, a pesar de que aún no haya comunicado oficial. La contratación del lateral la anunció el 21 de enero Ramón Álvarez de Mon.
Lo que ha hecho Asencio esta temporada tiene un mérito ciclópeo. Su irrupción, su entrega, profesionalidad, aguante, sus aptitudes técnicas, tácticas y físicas, su regularidad, etc. Quizá no se haya valorado como merece.
Trent Alexander-Arnold es un jugador que puede aportar mucho al equipo, no solo en los córners a favor contra el Barça. Si como todo parece termina por enfundarse la elástica blanca, el club desea que dispute ya el Mundial de Clubes de este verano.
Marca apoda «Capitán América» a Carvajal y afirma que acorta los plazos de su recuperación con el Mundial de Clubes como objetivo. Es más importante que se reestablezca bien a que lo haga rápido.
Hay un hueco para el Real Madrid femenino (bien, Marca), que esta noche a las nueve se juega el pase a semifinales de Champions frente al Arsenal, club al que venció por 2-0 en el Di Stéfano. Deseamos que la moral que les ha infundido la primera victoria sobre el Barça les ayude a lograr este importante reto.
Leemos también que el Madrid de baloncesto dio otro paso hacia el playoff gracias a su triunfo sobre el Olimpia Milano, un rival directo. Los de Chus siguen optando al sexto puesto a falta de tres jornadas.
La prensa culé, como siempre, a sus asuntos. Sport opta por Lewy para abrir. El polaco cada vez está más fresco y joven, nos encantaría que compartiese su fórmula para lograrlo.
Mundo deportivo ha elegido al técnico del Barça para ilustrar su tapa y destaca características tan confidenciales de Flick como que «es amable y calmado, pero también tiene sus “prontos” explosivos y no tolera la tardanza y las excusas» o que es «estricto con quien rompe las normas, sabe mostrarse generoso y cultivar los vínculos con su entorno y sus pupilos». Asombroso, ¿verdad?, no existe nadie en el mundo con esas características tan particulares y tan poco generales.
Pasad un buen día.