Buenos días. Nueva derrota del Real Madrid. Y van… demasiadas. Más de las asumibles en toda una campaña. En las primeras fases del partido de anoche el equipo directamente no la olió, no era capaz siquiera de tener el balón frente a un Athletic cuyos principales argumentos eran la intensidad, la concentración y las ganas.
Ancelotti decidió que era buena idea que jugara de inicio Tchouaméni recién salido de la lesión y dejó en el banquillo a Brahim, un futbolista en forma. El francés, sin ritmo aún, se mostró lento, impreciso y sobrepasado en todo momento por la dinámica del partido. Aun así, el técnico lo mantuvo en el campo más tiempo que a Ceballos, a quien retiró para dar entrada, ahora sí, a Brahim tras el fallo que propició el 1-0 del Athletic.
No fueron las únicas decisiones controvertidas de Carlo. Tras el nuevo fallo, esta vez en forma de penalti errado por Mbappé, decidió que los revulsivos debían ser Mendy y Modric. Sobre el penalti, fue un calco al de Anfield, igual de mal lanzado. No se entiende que, en la situación de bloqueo mental que atraviesa el francés, con 0-0 ante el Getafe se decida que Kylian no lance una pena máxima y sin embargo 1-0 abajo en Bilbao, sí.
Marca afirma en su portada que Mbappé sigue sin dar la talla. El penalti no fue el único fallo de bulto del delantero, que marró una ocasión inmejorable en boca de gol, de esas que parece más complicado fallar que acertar. Después, eso sí, provocaría el gol del empate momentáneo de Bellingham tras un chutazo lejano. Al igual que contra el Getafe, le sale mejor lo difícil que lo fácil, una prueba más de que se encuentra en un pozo anímico profundo. No hay consuelo cuando uno se halla en una situación así.
Mbappé lo sabe, lo reconoce y es consciente de que ha de trabajar, con la ayuda de quien sea menester, para revertir la situación y demostrar quién es.
A pesar de todo, tras las tablas establecidas por Jude, dio la sensación de que el Madrid podría haberse puesto por delante. Pero entonces, otro fallo. Esta vez de uno que no suele fallar: Valverde. Gol del Athletic, 2-1. Fue definitivo.
Si tras el penalti fallado la reacción de Ancelotti fue dar entrada a Mendy, tras el 2-1, su reacción fue seguir observando calentar a Güler y Endrick. Esperó a que faltaran unos segundos para llegar al minuto 88 para sacarlos al campo. Cada vez entiende menos gente las decisiones de Carlo. Finalmente se consumó la derrota cruel, como la catalogó Ramón Álvarez de Mon en su crónica.
Ancelotti, en rueda de prensa, declaró que pequeños errores habían penalizado al Madrid. No, no fueron pequeños errores, fueron grandes fallos. Es inevitable que a veces ocurran, pero es necesario llamar a las cosas por su nombre.
Sin embargo, a pesar de lo grosero de los fallos puntuales de Valverde, de Mbappé y de otros, ninguno de ellos carga con la responsabilidad exclusiva de la derrota, puesto que Sánchez Martínez, en apenas dos minutos, se encargo de ejecutar al Madrid y evitarle posibilidad alguna de obtener un resultado positivo en el partido. Saltan a la vista las diferencias existentes entre haber pagado y no haberlo hecho al estamento arbitral. Mientras en Mallorca al Barça le señalan un penalti de chiste a Yamal, en Bilbao, Sánchez Martínez presenció en primera fila un clarísimo agarrón a Mbappé y no pitó nada. A continuación, el VAR le llamó para que revisase una zancadilla de libro a Rodrygo y, aun viendo las imágenes, no la sancionó.
Hay antimadridistas y madridistas parecidos a los primeros que entienden que cuando se juega mal el equipo merece ser castigado con un arbitraje contrario a reglamento. Nosotros entendemos que lo que está mal está mal, con independencia de quién actúe de manera negligente o, como en el caso arbitral, con fundadas sospechas de corrupción (según el juez instructor de ya sabéis qué).
Sánchez Martínez, ese árbitro que se mostró tan contento porque el mismísimo jefe, Negreira, le telefoneó para comunicarle que había ascendido, y que además es uno de los cinco colegiados de Primera División que se reunían con el hijo de Negreira en el hotel de concentración antes de los partidos.
El Madrid debe mejorar, y mucho. Y el sistema corrupto ha de desmantelarse y constituirse, de manera limpia, de nuevo. Mientras tanto, es absurdo disputar una competición pútrida, con independencia del estado de forma del equipo.
Pasad un buen día.
Courtois: aprobado. Evitó algún gol, pero no estuvo especialmente afortunado en el primer tanto del Athletic.
Lucas Vázquez: suspenso. Profesional intachable. Jugó mal.
Asencio: bien alto. No desentonó. Destacó porque jugó concentrado y con ganas.
Rüdiger: bien. Cumplió.
Fran García: suspenso. Voluntarioso sin atisbo de ninguna otra virtud. Juega porque Mendy está de retiro espiritual defensivo.
Tchouaméni: suspenso. Salía de una lesión y se notó, en lugar de regular, jugó mal, excepto una gran salida de balón en la primera parte. Con la velocidad de una Roomba y la precisión de un koala con manoplas. Necesita recuperar la forma.
Ceballos: aprobado. Mejor que Tchouaméni, pero lo sacaron antes del campo.
Valverde: suspenso. Estaba siendo de los que menos mal estaba jugando, pero un error grosero suyo significó el 2-1 del Athletic cuando parecía que el Madrid podía remontar.
Bellingham: bien. Luchador. Marcó el gol.
Rodrygo: aprobado. Su actuación fue digital. Binaria. A ratos estaba, a ratos no. Ahora 0, ahora 1.
Mbappé: suspenso. Durante bastantes fases anduvo indetectable. Para el espectador. Volvió a fallar un penalti. Mejorará, sin duda. Hoy no tuvo su día.
Brahim: aprobado. Sin pena ni gloria.
Mendy: suspenso. Dicen que salió al campo.
Modric: aprobado. No parecía el mejor revulsivo.
Güler: sin tiempo.
Endrick: sin tiempo.
Ancelotti: suspenso. Es entendible que haya que dar minutos a Tchouaméni para que coja la forma, pero otras decisiones suyas resultaron difícilmente comprensibles. Prefirió a Mendy para remontar antes que a Güler o Endrick. Desastre como una Catedral.
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Arbitró José María Sánchez Martínez del colegio murciano. En el VAR estuvo Figueroa Vázquez.
No gustó el trencilla porque se equivocó por triplicado en la primera parte en dos acciones que pudieron cambiar el signo del partido.
En el minuto 12 hubo un claro agarrón de Gorosabel a Mbappé que Sánchez Martínez a dos metros no quiso pitar. Dos minutos después tampoco vio la caída de Rodrygo. Su colega del VAR le avisó para que fuese al monitor y volvió a errar. Tres fallos así son calamitosos.
Luego, en la segunda parte, sí vio como Julen arrolló a Rüdiger en su salida de puños e indicó los once metros.
Además, perdonó la expulsión a Ruiz de Galagarreta dos minutos después de ver la primera amarilla. El centrocampista llegó tarde y pisó muy fuerte a Rodrygo.
Los otros amonestados fueron Julen y Guruzeta en los vascos y Tchouaméni, Lucas y Bellingham en los merengues.
Sánchez Martínez, MUY MAL.
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El Real Madrid perdió un partido en el que todo le salió mal. Ni siquiera la suerte estuvo de su lado.
Ancelotti repitió la alineación que sirvió para ganar al Getafe con el único cambio de Tchouaméni por Brahim. Era una declaración de intenciones: partido duro en el que importaba más contener, al menos al principio, que atacar con tres puntas.
El comienzo del encuentro fue malo básicamente porque el Madrid no era capaz de retener el balón. Fran García se mostraba especialmente impreciso. Por el otro lado, Lucas sufría con Nico Williams y eso justificaba las vigilancias continuas de Valverde.
Con el paso de los minutos el Madrid se asentó algo con el balón. No era una maravilla, pero cuando llegaba el cuero a Rodrygo el panorama se aclaraba algo. Casi de manera consecutiva se sucedieron dos jugadas en las que el Madrid resultó perjudicado: primero un agarrón claro a Mbappé que ni árbitro ni VAR decidieron señalar como penalti. Después, Mbappé marcó un gol en fuera de juego, pero en la jugada previa hubo una zancadilla a Rodrygo en el área. El VAR avisó a Sánchez Martínez, que decidió que no era penalti.
Poco más ocurrió que fuera relevante. Algún acercamiento peligroso de los locales, alguna carrera de Bellingham en auxilio de Lucas y la sensación de que al Madrid le faltaba mucha mordiente.
La segunda parte empezó muy mal. A las impresiones se unió un error de Courtois en un balón envenenado que centró Iñaki Williams. El rechace lo aprovechó Berenguer para hacer el 1-0.
Ancelotti reaccionó quitando a Ceballos para meter a Brahim. En el 58’, Rodrygo le dejó un buen balón a Mbappé, pero su disparo, en gran posición, fue demasiado blando y centrado.
La cosa aún podía empeorar más y lo hizo. En una jugada a balón parado Rudiger remató al larguero sufriendo un claro penalti. Mbappé cogió el balón para chutarlo, pero el intento fue un calco al día del Liverpool y lo volvió a fallar. Muy difícil entender que el otro día no lo chutase y hoy sí.
Modric y Mendy entraron por los muy imprecisos Fran y Tchouaméni. El Madrid al menos parecía enrabietado. En el 78, Mbappé conectó un buen remate desde el pico izquierdo del área y Bellingham aprovechó el rechace para empatar. Al minuto siguiente Mbappé ya estaba encarando el área y sirviendo un pase a Rodrygo, pero su disparo escorado no batió al portero local.
En el 80’, un error impropio de Valverde supuso el 2-1 para el Athletic. Su pérdida de balón fue mortal.
En el 87’ salieron Güler y Endrick a la desesperada por Lucas y Rodrygo. Los errores propios condenaban al Madrid. Los últimos minutos fueron de ataque más con el corazón que con la cabeza.
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3. Acostumbrar a alguien a la vida dura y a sufrir adversidades que puedan sobrellevarse con el paso del tiempo. Usado también como pronominal. (DRAE)
Un jugador del Madrid, pongamos que francés, uno de esos fichajes estelares en los que ponemos nuestras esperanzas de futuras victorias, empieza mal la temporada. Esas jugadas que en nuestra imaginación terminaban dentro de la portería acaban en la grada, en un traspiés ridículo o en las botas de algún defensa que de pronto parece un titán.
¡Curtimiento!, claman las estrellas de las redes sociales. ¡Curtimiento!, pide la legión de streamers con un ojo puesto en el número de visitas y likes. Porque, según nos dicen, ese curtimiento es uno de los atributos del aficionado madridista, una de sus señas de identidad. ¿Se acuerdan de cuando pitamos a Zidane? ¿Y a Cristiano? Esos eran espectadores de verdad, no esta nueva generación que ha crecido con el estómago lleno de copas de Europa. ¡Curtimiento!
Hay un punto perverso, casi sádico, en esa actitud de patricio con demasiado tiempo libre. Hay también cierto regodeo presuntuoso en la idea de que algo hemos tenido que ver en que superdotados llegasen a ser leyendas de este equipo. Asumimos con demasiada facilidad que sin nosotros no hubiera sido posible, que es la grada del Bernabéu la que a fuerza de murmullos o pitos les ha permitido llegar más allá. Nos gusta pensar en nuestro estadio como en una picadora de carne en la que solo los elegidos sobreviven, solo los más fuertes son considerados aptos para la gloria. Y ante cualquier dificultad encontramos la misma solución: curtimiento.
Lo que no encuentro son declaraciones de futbolistas dándonos la razón.
La afición, parafraseando a Fernán Gómez, somos unos señores que en el mejor caso sabemos poco de fútbol y en el peor creemos que sabemos mucho y silbamos a Benzema.
No pongo en duda la necesidad de una exigencia enorme que empuje al jugador a la excelencia. Lo que no me termino de creer es que nuestra opinión, expresada de forma tan ruda, sirva para algo más que para que un jugador en un mal día se dé una carrera absurda intentando salvar un saque de banda y arañe unos aplausos, suerte en la que hemos tenido verdaderos especialistas.
La afición, parafraseando a Fernán Gómez, somos unos señores que en el mejor caso sabemos poco de fútbol y en el peor creemos que sabemos mucho y silbamos a Benzema
Tampoco ayuda mucho a hacerla creíble el que sea el tema preferido de aquellos que aspiran a llevarse un trocito del club o a usarlo de palanca. Basta con agitar la bandera de la exigencia ante cualquier crisis, real o no, para ganarse el favor de parte de una masa que está convencida de que esa es la solución para todo. Las campañitas para que se pitara a ciertos jugadores estas últimas jornadas han caído, por suerte, en saco roto, pero ellos seguirán a lo suyo: es caza mayor. Denle al like y suscríbanse.
¿Qué hacemos entonces?¿Nos callamos? No, por supuesto. Formamos parte de este club, de su cultura y de su historia. Me conformaría con que asumiéramos que somos el paisaje en el que sucede todo lo demás. Pero no es buena idea decirle a la gente que, en realidad, no importa tanto. Así que volveremos a las gradas con nuestras togas arrugadas de ir en metro y nuestros pulgares listos para el juicio convencidos de que nuestros pitos y flautas son más importantes que lo que pueda decir el entrenador, el presidente o el balón mismo. Y al segundo regate fallido de Mbappé, por ejemplo, empezaremos a murmurar y cumpliremos fielmente con nuestro deber de curtidores de estrellas. Son nuestras costumbres.
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No llego a entender el comportamiento de cierto sector madridista con el tema Mbappé. Mejor dicho, no llegaba a entenderlo. Veía atónito cómo gente que se identifica como aficionado blanco critica la llegada de uno de los tres mejores jugadores del mundo (si no el mejor) y aboga por su marcha.
Un jugador por el que suspiramos años, que fue campeón del mundo, que hizo exhibiciones ante todos los equipos de Europa, incluido el Real Madrid, resulta que ahora es malo. Decía antes que no lo entendía, pero ya sí sé el motivo. La revelación me llegó por casualidad en el trabajo, mientras ojeaba una revista que trataba sobre temas de responsabilidad corporativa de las empresas. En ella se hablaba de temas profesionales, pero intercalaba acertadamente otros asuntos relacionados con la cultura y el ocio, como es la filosofía. Esa disciplina tan denostada a veces, que como la cerveza o el whisky bueno no se empieza a valorar hasta que uno tiene cierta edad.
El artículo¹ trataba de la interpretación filosófica del amor. En él se hablaba de las diferentes concepciones de este sentimiento tan trascendental para todo y de cómo diferentes filósofos y sabios de otras disciplinas han tratado de interpretarlo. Entre ellos está Platón, Ovidio, Carl G. Jung… y, cómo no, Ortega y Gasset. Desconozco si don José era aficionado al fútbol, y menos aún si era madridista, pero si hoy viviese y contemplase cómo está tratando a Kylian parte de su propia afición, concluiría que: “Amar es estar empeñado en que exista el objeto/sujeto amado; no admitir en lo que depende de uno un universo en donde esté ausente” y acto seguido añadiría: “La equivocación en la mayor parte de los casos, no existe: la persona es lo que pareció ser, desde luego, solo que después se sufren las consecuencias de ese modo de ser y a esto es lo que llamamos ‘nuestra equivocación’. Es decir, no nos equivocamos de persona. Es lo que parecía ser. Lo que nos faltó fue prudencia, saber prever lo que pasaría con ese modo de ser en el futuro”.
O sea, que lo que ha sucedido en realidad es que el madridismo entero se enamoró del Mbappé que veíamos por la televisión. La cual sólo nos mostraba sus actuaciones más destacadas en días además en los que la motivación y la responsabilidad eran muy diferentes a las que vive hoy en el Real Madrid. Él, en realidad, es el mismo. No hay lugar al error en el enamoramiento porque sus condiciones físicas y tácticas no han cambiado. De hecho, lleva diez goles y es el segundo máximo goleador del equipo, solo superado por Vinícius. Simplemente necesita tiempo para gestionar esas nuevas circunstancias, que a todos los jugadores, salvo a dioses como don Alfredo o Cristiano, les han afectado. Véase el caso de Courtuois, Zidane, Modric… a todos les costó al inicio.
Así que, por favor, a todo ese madridismo impaciente, les pido calma. Recuerden que otro ilustre de la cultura y las letras como fue Lope de Vega decía: “No hallar fuera del bien centro y reposo, mostrarse alegre, triste, humilde, activo, enojado, valiente, fugitivo satisfecho, ofendido, receloso, […] esto es amor, quien lo probó lo sabe”. No siempre son tiempos de vino y rosas, como en toda historia de amor, hay fases. Lo de ahora es normal. No lo digo yo, lo dicen los sabios.
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1: El artículo citado aparece en la revista “ethic” n.62 con texto de Esther Peñas
La cantera del Madrid sigue dando alegrías. La última, Raúl Asencio.
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Buenos días, amigos. Esta noche se enfrentan en San Mamés el Athletic Club y el Real Madrid, y nunca nos cansaremos de ponderar la excelencia de este Clásico del fútbol español en perjuicio de ese otro partido que el planeta entero llama pomposa y erróneamente “el Clásico”.
Ese otro partido que el planeta entero llama pomposa y erróneamente “el Clásico” está tan inexorablemente marcado por la corrupción arbitral que jamás podrá ser tal, ni lo ha sido nunca. Uno de los dos oponentes de ese mal llamado clásico pagó durante un mínimo de 17 años (¡17 años!) a un destacado componente de la cúpula arbitral de la competición para, según confesión de ese mismo funcionario ante la Hacienda Pública, garantizarse “neutralidad” arbitral. Desde esa premisa es radicalmente imposible llamar “clásico” de nada a un encuentro en el que participa el perpetrador de esa “corrupción continuada”, como lo llama el propio juez instructor del caso.
Lo de esta noche en Bilbao, en cambio, es un choque entre dos auténticos grandes del fútbol español. Grandes por palmarés, solera, idiosincrasia en cierto modo opuesta o complementaria, y también atractivo literario. La prensa del día, por supuesto, no presta atención a estos aspectos del duelo, que son demasiado profundos para la consideración que ellos tienen de sus lectores. Más bien plantean el encuentro como la enésima oportunidad para ver caer la guillotina sobre la cabeza del Real Madrid, sometido a una perenne última oportunidad por parte de los medios.
“Obligados”, suelta Marca, cuando junto a una foto de Mbappé tal vez debiera decir “Obrigados”, en lusófono agradecimiento por la cantidad de periódicos que les hace vender y de pinchazos que provoca en su web. Pues sí, Marca, obligados, como siempre. Trataremos de ganar, muchas gracias por el aviso. Sin él, nos enfrentaríamos al choque en la Catedral ignorantes de su trascendencia, así que obrigados.
As personifica en Nico Williams y el propio Mbappé la trascendencia del enfrentamiento. Nico es un delantero único que habría tenido hueco en un Real Madrid menos plagado de estrellas en la línea de ataque. Al menos, el chico se dio el gusto de rechazar un acoso por tierra, mar y aire del club cliente de Negreira para ficharle, prefiriendo mejor renovar por su club de toda la vida. Nos cae bien Nico, y nos hará sufrir esta noche. Hay que ayudar a Lucas Vázquez en la tarea de frenarle, pues de lo contrario puede hacer una escabechina. Confiamos en Lucas, pero conocemos la magnitud del reto.
En cuanto a Kylian, qué decir. Su golazo al Getafe impulsa su desarrollo como jugador del Madrid, al tiempo que ese impulso se ve psicológicamente frenado por la abundancia y claridad de las ocasiones de gol falladas. Es un partido importante para él, como lo es para el equipo. Un “partido grande”, dice As sin exagerar un ápice, y lo será sin duda, frente a un rival que pondrá en juego todos sus argumentos futbolísticos para ganar al mejor, como debe ser, pero que los empleará con nobleza, como suele hacer en contraste con otros.
La prensa cataculé, por otro lado, celebra la sonora victoria de ayer ante el Mallorca. Sí, el mismo equipo que mafferraílla a los blancos cada vez que pasan por allí y que ayer fue una banda de corderitos imbuida de un espíritu filantrópico. Ved el primer gol de la noche, y cantad al unísono el himno inmortal de los payasos de la tele. Luego observad el penalti pitado por acción sobre Yamal y comparadlo con el no pitado en el Pizjuán por acción de Navas sobre Vinícius, y cantad el Viva la Gente, la hay donde quiera que vas.
Cuando el equipo cliente de Negreira ha ganado por 1-5, se hace difícil entrar en valoraciones arbitrales, pero lo cierto es que el mismo colegiado (o culegiado) que pitó el final de un partido en el mismo instante en que Bellingham marcaba un gol fue ayer una pieza más en el bello engranaje del Team Flick.
Pasad un buen día.
Pues entre una cosa y otra, el Real Madrid, si gana al Athletic, se mantendría a un punto del líder de la competición. El Madrid acecha al Barça y la renta que el equipo catalán tenía hasta hace unas semanas hoy día parece tan escuálida como fácilmente vencible. En las últimas tres jornadas el Madrid ha recortado 8 puntos.
Johan Cruyff decía que los equipos eran grandes cuando tenían entre sus filas tres o cuatro jugadores entre los mejores en su puesto. Esta máxima no la cumple el Barça de Flick. Si bien es cierto que el equipo culé tiene entre su plantilla a algún jugador que en su día fue élite, hoy abundan medianías o jóvenes promesas. A esto se le suma que su plantilla es realmente corta y que tiene posiciones auténticamente abandonadas como puede ser la del 5, que desde la marcha de Sergio Busquets no han sabido suplir con un recambio de garantías. Así pues, el Barça no tiene hoy día ni una gran plantilla ni unos grandes jugadores. Y aun así, han llegado a protagonizar un notable arranque de temporada y su nuevo entrenador ha demostrado ser capaz de conformar la mejor escuadra posible para competir.
El Madrid llega a su partido de esta noche frente al Athletic Club con una buena dinámica y un Kylian Mbappé que fue el mejor frente al Getafe
Por su parte, el Madrid se ha repuesto en el campeonato liguero mientras en Europa lucen nubarrones que con la mayor brevedad posible hemos de disipar. Carlo Ancelotti ha recuperado a Lucas Vázquez y a Rodrygo. Ambos hicieron un gran partido frente al Getafe, Lucas Vázquez llegó a terminar el partido, disputando los 90 minutos, mientras que el delantero brasileño fue sustituido en el ecuador de la segunda parte. Buen síntoma físico del canterano que espero también sea cuidado en sus minutos. Ahora mismo es el único lateral derecho del primer equipo. No tenemos una línea defensiva para tirar cohetes y permitirnos el lujo de exprimir nuestros recursos. Defensa que suma su tercer partido consecutivo con la portería a cero. Gran noticia cuando se está viendo tan mermada.
Raúl Asencio sigue demostrando que está para el primer equipo. En todo momento el canterano se ha desempeñado con seguridad y seriedad. Tras el encuentro, Toni Rüdiger elogió a su compañero de zaga. Por su parte, Ancelotti tuvo unas palabras elogiosas para él en la rueda de prensa antes del partido: "Cuando vuelvan todos, peleará por el puesto porque en los partidos que ha jugado ha merecido ser titular. Ha estado muy bien con balón y bien posicionado sin él. Ha cumplido y se merece ser considerado para pelear por un puesto con los demás".
El Madrid llega a su partido de esta noche frente al Athletic Club con una buena dinámica y un Kylian Mbappé que fue el mejor frente al Getafe
El Madrid llega a su partido de esta noche frente al Athletic Club con una buena dinámica y un Kylian Mbappé que fue el mejor frente al Getafe. El delantero francés tuvo múltiples ocasiones de gol claras que por h o por b no fue capaz de finalizar. Muchas de ellas se las fabricó solito. No obstante, el astro francés hizo el gol más difícil a pase de un inspirado Jude Bellingham que en las últimas jornadas parece haber recuperado su mejor fútbol. Cosa buena que ambos conecten tan bien como el café y la leche.
Otras grandes noticias son Fran García y Dani Ceballos. Ambos se están mostrando en forma y realizando buenos partidos. El canterano parece consolidarse por encima de Ferland Mendy en los últimos encuentros mientras el centrocampista andaluz suma minutos de calidad cuando más falta nos hacía su concurso. Siempre decimos que esta clase de jugadores aportan más de lo que parecen y que es un plus cuando su participación es obligatoria y resuelven con prestancia su puesto en el once.
¿Qué quieren que les diga? Hay evidentes brotes verdes que no deben ser eclipsados por algunos nubarrones que venimos arrastrando en este inicio de temporada. Tan cierto es que no estamos ante nuestra mejor versión como que en el campeonato liguero nos estamos mostrando efectivos. En Champions tenemos poco margen de error, la derrota frente al Liverpool fue dolorosa pero también de ese partido podemos sacar cosas positivas, como una primera parte antológica de Eduardo Camavinga que hasta su lesión hizo un partidazo jugando como ancla. Lo más previsible es que un Aurélien Tchouaméni ya recuperado sea su relevo en el eje del centro del campo. Veremos esta noche.
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Partido de Liga intersemanal para el Real Madrid adelantado por la Supercopa de España que se jugará en el mes de enero. Una de las salidas más complicadas del campeonato, en San Mamés. Los vascos son cuartos y se encuentran en buen momento de forma y confianza. Además, Valverde solo cuenta con la baja confirmada de Ander Herrera por lesión. Se espera alguna rotación en el once, pero no de gran importancia, y sus figuras formarán parte de la alineación. Un once en el que se espera, en formación amoldable de 1-4-2-3-1 y 1-4-4-2, a Unai Simón en portería, De Marcos como lateral derecho, Yuri, por el izquierdo, Vivian y Yeray, pareja de centrales; en el centro del campo, Prados y Ruiz de Galarreta en la sala de máquinas, en una línea de tres por delante, con Nico por banda izquierda, Iñaki Williams por la derecha, Sancet en la zona del ‘10’ y en punta Guruzeta.
Es San Mamés y es el Athletic contra el Real Madrid, el partido del año en Bilbao. La presión está garantizada, con un cuadro rojiblanco que presionará mucho arriba, buscando el ahogo en la salida del balón blanco y la provocación de pérdidas. Esta presión se espera, sobre todo, realmente intensa en los primeros 20-25 minutos de encuentro. El Real Madrid lo sabe y deberá salir con los cinco. A lo largo del partido, la presión bajará y lo normal es que haya una disposición en bloque medio. La razón es que si el adversario salta la primera línea de forma sencilla se encontraría un equipo largo, con distancia entre sus hombres y así las posibilidades de hacer daño sin el plantel compacto son mayores. Por eso su prioridad es acumular gente en pocos metros para tener superioridad numérica e intentar las recuperaciones de ese modo y lanzar a sus baluartes ofensivos. El Real Madrid deberá tener cuidado en las zonas de banda donde el Athletic busca la trampa de los 2 vs. 1 para provocar pérdidas, robar y salir rápido. La organización será con los delanteros saltando sobre los centrales, los medioscentros ajustando una línea más atrás y los jugadores de banda tapando los huecos interiores y cortocircuitando las conexiones en esas zonas.
Una salida rápida ya sea en corto o en largo. Es lo que busca el Athletic con el balón desde atrás. Yeray será el principal encargado para sacar el cuero. En primer término buscan asociación con los medios para que puedan girar y descargar los balones a la banda o conectar con los puntas. Ahí, ya habría conseguido Valverde el plan que pretendía para dar alas al equipo y prosperar de la fase defensiva a la ofensiva. La otra idea es un balón en largo para bien lanzar directamente al espacio a los Williams, que son bombonas de oxígeno para el equipo gracias a su velocidad, o por otra parte buscar la cabeza de Guruzeta para lograr prolongaciones o su pecho para bajar el cuero y descargar de cara.
Los leones son un conjunto sólido que defiende bien en estático o en transiciones. Cuentan con el póker de internacionales españoles formado por Unai Simón en portería y Yeray-Vivian (o Parades) en el centro de la zaga y su nivel competitivo es importante. En lo que va de Liga, el Athletic acumula una media de un gol encajado por encuentro y teniendo enfrente al Real Madrid es algo que se puede multiplicar. Valverde ha creado un equipo que defiende de forma eficiente en bloque medio o medio-bajo, que no deja espacios entre líneas y que presiona a los poseedores de balón para que no giren ni den la vuelta. En el lateral derecho se pueden encontrar más resquicios con un De Marcos que ya no tiene el nivel de antaño y al que Mbappé debería causar muchos problemas si sigue cayendo por esa zona. Además, meter centros por arriba al área no será una solución, porque Vivian mide 1,84cm, Paredes 1,87cm y Yeray 1,82cm y el Real Madrid, salvo alguna llegada por sorpresa de Bellingham, no cuenta con demasiada altura en sus delanteros.
El Athletic con Valverde tiene un importante arsenal ofensivo que ha subido un peldaño más con la incorporación de Djaló. Suma 22 dianas en 15 encuentros hasta la fecha. Tiene a bastantes jugadores aportando goles, ya fuesen delanteros, jugadores de banda o centrocampistas con llegada. Se espera a un Athletic clásico, que apostará por transiciones rápidas y verticales buscando a los delanteros y contraataques directos con pocos pases, en los que Sancet se mueve como pez en el agua, siendo un muy preciso lanzador y pasador. Una identidad destacada de lo que ha sido el Athletic. Un equipo de ritmo alto, enérgico y muy intenso que realiza todas sus acciones con vértigo y mucha velocidad. Por tanto, la clave es la precisión, porque hacer todo en una sexta marcha y ser seguros y eficaces en todas las acciones es tarea compleja. Las bandas son la joya de la corona de los bilbaínos, porque ahí es donde quieren crear el desequilibrio, con el desborde y amplitud de Nico, la velocidad de su hermano Iñaki y la superioridad numérica que otorgan los laterales apurando a línea de fondo y poniendo centros peligrosos a los atacantes o jugadores que llegan desde atrás. Por supuesto, también hay que tener muy en cuenta y extremar precauciones con las llegadas de los medios desde atrás o la astucia e instinto que demuestra Guruzeta en el área grande. Ojo también siempre al balón parado del Athletic, con futbolistas de buen pie a la hora de colgar balones (han incorporado a Ruiz de Galarreta que es un especialista) y de varios jugadores que van bien por arriba.
Valverde ha construido un equipo compacto, con un gran ritmo ofensivo y defensivo y con dos premisas claras: la organización y el equilibrio. Un aspecto diferente respecto a la etapa Marcelino es que el Txingurri aboga también por algo más de posesión, con buenas circulaciones y combinaciones en la línea medular y de tres cuartos. Frente a equipos grandes en los que le cuesta más tener la pelota, las transiciones muy rápidas tras recuperar el cuero y aprovechar los espacios a la contra serán dos aspectos claves para buscar el triunfo. El Real Madrid debe tratar de finalizar jugadas y no sumar pérdidas en las circulaciones para evitar que el Athletic se lance rápido y vertiginoso arriba. Además, veremos seguro bonitos duelos en velocidad por las bandas y con el dúo Asencio y Rüdiger corrigiendo y haciendo ayudas. Según las estadísticas, hasta la fecha es top 3 en equipos con cantidad de regates exitosos, centros al área, balones largos y goles en el juego aéreo.
Nico Williams se ha convertido en uno de los jugadores más peligrosos del Athletic y de la Liga tras su espectacular crecimiento ya demostrado la pasada campaña. Valverde lo sitúa indistintamente en la derecha o en la izquierda, dependiendo de si su hermano se aleja de la punta y juega en un costado. En el choque ante el Real Madrid se verá las caras con Lucas, lo que supondrá un examen también para el gallego, que ha tenido enfrente a jugadores de gran nivel como Leao últimamente. Nico es un futbolista eléctrico, rapidísimo, vertical, encarador y atrevido. Regatea por habilidad o velocidad y si tiene el día puede volver loco a cualquier lateral. Asencio deberá estar atento a las ayudas porque por ese costado, con las incorporaciones de Yuri, el Athletic puede encontrar una vía para progresar y crear oportunidades de peligro. Nico no tiene tanto gol a lo largo de su carrera, aunque está mejorando, pero dispone de un magnífico golpeo con ambas piernas para meter centros venenosos.
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