Las mejores firmas madridistas del planeta

Crisis profunda en el Real Madrid. De los 7 títulos a los que optaba al comienzo de la temporada, ya solo puede ganar 5.

El Madrid acaba de conquistar su novena Copa Intercontinental. La coña con la que encabezo este comentario gozoso trata de ser un amistoso retrato de la insatisfacción crónica de la crítica al Madrid, venga del enemigo o sea fuego afín. La Intercontinental vale sobre todo como sonoro epílogo a la Champions (solo juega la una quien gana la otra), y esta en concreto sirve también para consagrar a Carlo Ancelotti como el mejor entrenador de la historia de la entidad, con 15 entorchados, uno más que el mítico Miguel Muñoz pero en mucho menos tiempo. Uno puede tener sus gustos en cuanto a entrenadores, faltaría más, pero nobleza obliga y madridismo también. El Madrid es ganar y por tanto quien más gana es, por definición, el mejor.

El partido tuvo tan poca historia como mucha tiene el club. El Madrid bajándose del avión en Doha tiene más historia que todo el Barça sin Negreira. Imaginad cuánto recorrido tienen entonces los vikingos jugando esta suerte de partido de pretemporada en diciembre, y no digamos ganándolo. A veces el Madrid se autohomenajea a punta de laxitud. Si ha convertido la gloria en rutina, no se ve por qué no intentar convertir la rutina en gloria. De repente, decidieron que la primera combinación colectiva de cierto fuste del partido sería también la mejor del año, y que entre todos se meterían con el balón en la portería, aunque el último toque fuera de Mbappé. El Madrid celebraba así, con una apoteosis de coralidad, el título colectivo que aún no había ganado.

A veces el Madrid se autohomenajea a punta de laxitud. Si ha convertido la gloria en rutina, no se ve por qué no intentar convertir la rutina en gloria

De lo colectivo a lo individual, que debe ser algo parecido al método de Descartes, Rodrygo inventó al borde del área más que el Barça para inscribir a Olmo, y terminó chutando con la diestra para hacer el segundo. Jude, que estaba en fuera de juego posicional, se agachó para que el árbitro no interpretara que interfería. Salió bien, como lo hizo su agachada en Bérgamo cuando Vini le lanzó un pase a lo Kroos y había que evitar que le diese en la chepa y se malograse la acción. Agáchate y vuélvete a agachar. Este hombre tiene clase hasta para doblar la cerviz.

Carletto precelebró también a su manera, metiendo en el campo a Ceballos y Brahim, quienes con la inestimable ayuda de Valverde, tan constante, tomaron las riendas para evitar sobresaltos. Vini marcó de penalti afortunado para recelebrar su Premio The Best. Anotando, volvimos de lo individual a lo colectivo, y dejamos al Madrid donde tiene que estar: en lo alto del mundo.

Enhorabuena, madridistas.

 

Getty Images.

Da igual cuál sea la competición. El Real Madrid está hecho para las finales. Las ganamos con la monotonía rutinaria del adolescente que se recoloca el flequillo quince veces por minuto. Con la inercia de los campeones. El loco Rüdiger acaba de hacerle una llave de judo a Camavinga. Es su forma de celebrar el triunfo. Ambos se parten de risa. La felicidad es blanca.

Incluso más importante que el título, resulta feliz ver que aquellos que no estaban del todo enchufados esta temporada comienzan a despertar de su letargo. Poco a poco, todos los que no están lesionados van encontrando su momento. En dos partidos hemos ido recuperando a Rodrygo, Vini ha vuelto a exhibirse como “The Best”, Mbappé con su presunta crisis no para de enchufar goles y dejar mejores sensaciones, Camavinga ha regresado como un huracán hiperactivo, y Bellingham está dando un recital de fútbol y madridismo —que son sinónimos— en cada partido; ojalá tener su actitud ante la vida. Y lo mismo podría decirse de todos o casi todos los nuestros.

No he visto aún la sala de trofeos del nuevo estadio, pero espero que el presidente haya previsto una urgente ampliación, porque si se siguen inventando competiciones cada temporada no nos quedará más remedio que ir ganándolas, que es lo que mejor sabemos hacer

Ancelotti, yo mismo lo he criticado por varias de sus decisiones esta temporada, se ha convertido en el entrenador con más títulos de la historia del Real Madrid y es una extraordinaria noticia. Es de justicia. Carletto resucita y enmienda cuando yerra. Parece renovarse en cada bache, sin perder un hilo de continuidad, una serenidad y elegancia que transmite a la plantilla, en particular, dando confianza a aquellos jugadores que en determinados momentos la necesitan. Un día feliz, también por Ancelotti. Y un apunte: Florentino tiene 37 títulos. Por lo que sea.

Florentino

La Copa Intercontinental viaja a Madrid. No he visto aún la sala de trofeos del nuevo estadio, pero espero que el presidente haya previsto una urgente ampliación, porque si se siguen inventando competiciones cada temporada no nos quedará más remedio que ir ganándolas, que es lo que mejor sabemos hacer. A veces sin gran esfuerzo, otras con el viento de cara, otras remando a la contra 90 minutos, y otras de auténtico milagro; esas veces en que la ciencia no es capaz de explicar cómo demonios ocurrió, pero los madridistas sonreímos con ademán de picardía.

No deja de asombrarme la extensión mundial de los tentáculos del madridismo en cualquier lugar del mundo. Como hemos podido comprobar durante el partido, Qatar también se ha vuelto blanco. Y algo saben de fútbol a juzgar por la solemne ovación que han dado al gran Lukita Modric. Honor.

Por algo se dice que Madrid es la mejor ciudad para salir de copas. Al menos mientras exista el Real Madrid, al que deseamos eternidad

Habrá quien diga que es un título menor el que hemos ganado este miércoles. Y no les falta razón si lo comparamos, qué sé yo, con la Champions. Pero lo cierto es que hay que ganarlo, y la teórica superioridad frente al rival no significa nada en una final, como tantas veces hemos visto. Y, en todo caso, embolsarse otra copa a estas alturas de temporada hace que el futuro se vuelva aún más blanco, que las buenas vibras nos arrojen a un 2025 de resurrección tras las pequeñas dudas —especialmente en las citas internacionales de ese extraño modelo de Champions que se han inventado ahora—, de goles y juego bonito, de espectáculo de los dioses del Olimpo blanco, como decimos los dramaturgos, y de un montón de trofeos.

Por algo se dice que Madrid es la mejor ciudad para salir de copas. Al menos mientras exista el Real Madrid, al que deseamos eternidad. Que el subidón qatarí nos lleve a dinamitar los malos espíritus en la segunda mitad de la temporada. Y que nos queden muchas copas por levantar.

 

Getty Images.

Arbitró el venezolano Jesús Valenzuela Sáez. En el VAR estuvo su compatriota Juan Soto.

Algo desconcertante en su listón de faltas dejando varias evidentes sin señalar. Apenas hubo faltas y entradas duras y los únicos amonestados fueron Pedraza por agarrar a Bellingham en el 50' y Rondón por lo mismo a Tchouaméni en el 92'.

En dos ocasiones debió de ir al VAR. La primera para comprobar si Bellingham molestaba a Carlos Moreno en el 2-0 blanco. El madridista se agacha y el balón pasa muy lejos como para interferir. La segunda, para decretar penalti por derribo de Idrissi a Lucas. Error el no verlo en directo cuando pareció muy claro. Tras ir al monitor rectificó.

La última jugada a reseñar fue el gol anulado a Mena en el 90' por claro fuera de juego.

Valenzuela Sáez, FLOJO.

 

Getty Images.

-Courtois: NOTABLE. Muy bien cuando fue requerido, la mayor parte de las veces desde lejos. Infranqueable.

-Lucas Vázquez: APROBADO. Ayudado por Rodrygo, cubrieron bien a Idrissi. Insistente por su banda. Le hicieron un penalti.

-Fran García: APROBADO. Cubrió bien su banda.

-Tchouaméni: APROBADO. Poco exigido por el partido. Y por sí mismo.

-Rüdiger: NOTABLE. Todo nervio y atención (amén de corazón, como en el himno).

-Valverde: NOTABLE. Todo lo hace bien menos hacer algo mal. Los que estuvieron en San Mamés pueden pedir un deseo.

-Camavinga: APROBADO. Tuvo una noche desafortunada en el pase, pero tiene habilidad para arreglar sus propios errores.

-Bellingham: NOTABLE. Juega y hace jugar. As always.

-Rodrygo: NOTABLE. Descomunal golazo. Jugó con sentido y denuedo, también defensivamente.

-Vinícius: NOTABLE. El oficialmente mejor futbolista del mundo deslumbró en la jugada del primer gol, marcó de penalti con suerte y pudo marcarse un hat trick.

-Mbappé: APROBADO ALTO. Se movió muy bien y marcó un espectacular gol en jugada colectiva.

-Ceballos: SOBRESALIENTE. Espectaculares minutos los que disfrutó. Tiene control, esfuerzo, arte y pase.

-Brahim: APROBADO ALTO. Mucho esfuerzo defensivo y un gran slalom.

-Modric: APROBADO ALTO. Se acercó a un gol que habría sido apoteósico.

-Güler y Asencio: SIN CALIFICAR.

-ANCELOTTI: NOTABLE. Con 15, ya es el entrenador con más títulos de la historia de la entidad, y manejó el partido a la altura del hito. Con los cambios introdujo control y nervio en un partido demasiado laxo hasta el momento.

 

Getty Images.

Es sencillamente el mejor. Simply the best, que cantaba Tina Turner. El mejor sobre el verde, Vinícius, que asistió a Mbappé tras destruir al arquero de Pachuca con una fugaz bicicleta; el mejor gol, el de Goes, tras hipnótica danza en la frontal del área; y el mejor, el Real Madrid, nuevamente campeón intercontinental ante el campeón mexicano, Pachuca.

Precisamente intercontinental fue la puesta de largo del renovado (creo, esto es un lío) enfrentamiento futbolístico entre continentes. A un lado, el mejor con The Best o The Best con el mejor, Madrid y Vinícius Junior, Vini y Real, respectivamente, 15 copas de Europa y ausencia de votos de periodistas de Rabanistán de Abajo mediante. Al otro, el campeón de Norteamérica, un Pachuca mexicano trufado de viejas glorias ligueras como el boquerón Salomón Rondón, entre otros, que se cargó por el camino al campeón faraón o al Botafogo triunfal de la Copa Libertadores.

Como siempre en estas latitudes balompédicas, cotas insospechadas para alpinistas colchoneros, mucho que perder y poco que ganar en Catar, donde velos y chilabas se disponían a disfrutar #forthefans del espectáculo, en el mismo escenario donde Mbappé —de vuelta al once de Carlo— vio cómo regalaban la Jules Rimet a Lionel, Leandro Paredes soltó un messiánico balonazo negatifo al banquillo de Países Bajos o Tchouaméni falló un penalti en la tanda final de la final del Mundial. Mucho mal fario que conjurar ante Pachuca, carnales.

Para ello, Ancelotti alineó el mejor once de conjuradores disponible, con precisamente Tchou de nuevo junto a Rüdiger, Lucas y Fran García en los laterales, el regreso de Camavinga a la medular flanqueado por Fede, y el tridente Goes-Mbappé-Vini con Jude en la retaguardia. Como era previsible, los mexicanos salieron con ganas, revolucionarios como Zapata. No tardaron ni 10 minutos en probar a Courtois, omnipresente bajo los palos, que desvió a córner un latigazo y un centro-chut envenenado. Igualmente predecible la atonía —por no decir directamente caraja— de los primeros compases de los merengues que, sin embargo, apenas necesitaban hilvanar tres pases para rondar la portería mexicana con supersónico peligro.

Poco a poco, minuto a minuto y amasando la pelota, el Madrid fue rebajando el ardor azteca y acechando el arco de Pachuca a falta, hasta el momento, de un exitoso último pase, siempre trastabillado. Taconazo de Bellingham dentro del área incluido, que hubiera levantado a los cataríes de su asiento si llega a alcanzar a su destinatario. Casi todo aparentemente muy bonito, pero sin un solo disparo a puerta madridista en la primera media hora de partido. Pachuca, sí, alguno con relativo peligro, pero abrumadoramente inofensivos.

No obstante, todos sabemos, y más aún en las finales, que no se juegan, sino se ganan, que el Madrid sólo necesita media ocasión para recordar a propios y extraños quién es el Real. Un ingenuo Pachuca permitió un fantástico uno due entre Fede y Camavinga para avanzar en la medular y llevar el balón hasta Bellingham, que sirvió en profundidad a Vini en carrera, peligro de muerte. Fue entonces cuando The Best nos deleitó con fulgurante bicicleta para plantar cual agave al portero mexicano y servir el pase de la muerte a Mbappé y hacer el primero.

1-0 a los 37 minutos.

RMA1 PAC0 según el marcador de la tele. No sabíamos que PAC0, tocayo de nuestro galernauta Francisco Sánchez Palomares, estaba intercontinentalmente implicado.

Así las cosas, victoria por la mínima al descanso ante un rival, de acuerdo con el gran Alberto Cosín, con un nivel propio de Segunda División en España, pero bien surtido de plata en México y campeón de la Shempions Concacaf donde los clubes mexicanos, ante sus rivales gringos, panameños, hondureños y costarricenses, son más temibles que el Cártel de Sinaloa.

Como al inicio del encuentro, Pachuca regresó al verde de Catar con nuevos bríos, acumulando rechaces y saques de esquina inquietantes en la meta blanca. El Madrid, por el contrario, parecía cómodo conteniendo y esperando propinar el zarpazo final a la contra.

Poco tardó en llegar la sentencia.  Lo que tardó Rodrygo en congelar el tiempo en Doha: 54 minutos. Goes, en un caracoleo eterno en el balcón del área, sacó a bailar a toda la defensa mexicana hasta encontrar el hueco definitivo y clavar junto al palo un auténtico golazo. Tuvo suspense su concesión en un nuevo sainete del VAR donde se evaluó si Bellingham en posición de caganer estaba en fuera de juego y alteraba la visión del portero. En fuera de juego estaba, en posición de caganer, también, pero no influía en absoluto en la excelsa trayectoria del disparo de Rodrygo. Valenzuela de Venezuela, el árbitro FIFA, dio validez al tanto, el segundo, tras los dos únicos disparos a puerta de los merengues, máxima eficacia intercontinental.

Rodrygo

Pachuca reaccionó con rabia. Probando desde lejos, centrando convulsivamente… no le quedaba otra. Carletto por su parte movía el banquillo. Insólito, aunque ya lo andaba mascando (el chicle). Así, Ceballos y Brahim sustituían a Mbappé y Camavinga, ambos recién salidos de una lesión. Los mexicanos, con más corazón que cabeza y más empuje que criterio, trataban de acogotar al campeón de Europa, sabedor de que un nuevo crochet merengue acabaría con los dientes del Pachuca desperdigados sobre el césped del estadio Lusail. Pudo hacerlo Vini en un disparo mordido que se marchó fuera, instantes antes de que Rondón rematara de cabeza por encima del larguero en la mejor ocasión de los aztecas. El cuarentón Modric, ovacionado por jeques y extraños, ya había entrado en escena en detrimento de Rodrygo. Sin embargo, no fue ninguna rutilante estrella blanca quien colocó la guinda del merengue en Catar. Una vez más, Lucas, en su ya tradicional recorte hacia dentro en el área provocó un penalti —ya ha provocado unos cuantos así— que ejecutó Vini desde los once metros. 3-0 en el 83… casi se lo para.

A pesar del entusiasta fervor de la parroquia cataría, no se movió más un marcador que, golazos mediante, dejó al respetable satisfecho, al madridismo contento, al Madrid campeón y a Barça y Atleti apagando la tele.

 

Getty Images.

Nueva cita con la historia. Esta tarde jugamos una nueva Copa Intercontinental. El Real Madrid podría ganar su cuarto trofeo de una competición especial que durante años parece haber estado difuminada en el Mundial de Clubes. Irónicamente, el Madrid ha conseguido pocos trofeos intercontinentales si miramos la cantidad de veces que hemos ganado el máximo título continental, que es la Copa de Europa. La paradoja va más allá cuando sabemos que el gran torneo mundial para los clubes es la Champions. Estos campeonatos tienen esta tendencia al sarcasmo pues, a pesar de sus rimbombantes nombres, lo que hace a una competición superior a otras es el nivel de sus participantes y la solera natural que con los años se gana.

Recuerdo que de chaval estos partidos no se podían seguir tan fácilmente. La edición del 2000 frente a Boca Juniors me pilló en el colegio y solo pudimos seguirla a través de un transistor. En su momento fue un pequeño mazazo para el infantil aficionado que era, aún no medía las dimensiones de las cosas. Más o menos como los llamados vinagres de Twitter o YouTube, con la salvedad de que ellos aún siguen en el período de latencia, que diría Sigmund Freud. La final del 2000 fue junto a la de 1966 las dos únicas que hemos perdido en esta competición. Aquella la ganó Peñarol al Madrid de los yeyé. 

La final de 2000 fue un auténtico revés para mí. Esperaba que se ganara con cierta holgura porque veníamos de ser campeones de Europa con un gran equipo y acababa de llegar a Luis Figo, vigente Balón de Oro y el primer jugador reclutado para la iniciativa galáctica. Yo poco sabía de Boca y desconocía que estaba capitaneada por Juan Román Riquelme. Para mí, Martín Palermo, el autor del doblete y posterior jugador del Villarreal, era tan solo un personaje mencionado por Joaquín Sabina en su canción Dieguitos y Mafaldas. Desde entonces, le tengo algo más que ley al legendario club argentino.

Hoy volvemos a nuestra verdadera dimensión, que es el panorama internacional. Esta noche tenemos una nueva cita con la historia. Disfruten

Aquella derrota sirvió para inaugurar un subgénero periodístico que es la crítica destructiva a Florentino Pérez. Por aquel entonces se veía al presidente como un sospechoso paracaidista con aviesas aspiraciones. Se decía que venía a enriquecerse del Madrid y a convertirlo en sociedad anónima deportiva. Y además, carecía de un modelo deportivo realista y que pervertía el ecosistema con fichajes a golpe de talonario. Como podemos observar, la cosa no ha cambiado gran cosa 24 años más tarde.

El Madrid llega a la final de esta noche tras un empate en Vallecas. Este lunes el maestro Andrés Amorós escribía en La Galerna que la irregularidad que está mostrando el equipo tal vez resida en la creencia en la superioridad futbolística de muchos de sus jugadores y cierta apatía motivada por los tremendos éxitos recientes. Y para sintetizarlo todo, Amorós recurría al refranero español: “En la confianza está el peligro”. Yo no estoy del todo seguro de esto, pero me confieso incapaz de contradecir a una autoridad como Amorós, del que me confieso seguidor y admirador. Pero igual todos podemos coincidir que en muchas ocasiones el Real Madrid es históricamente irregular. Particularmente inconstante en el campeonato liguero.

Sin embargo, estamos a un punto del liderato y con un partido menos. Si el próximo domingo ganamos al Sevilla en el Bernabéu y al Valencia el 3 de enero, podríamos cerrar como campeones de invierno. Algo bastante significativo hace apenas un mes. Es cierto que cuesta ser positivos. Y es aún más cierto que cuesta no ofenderse con una competición donde tenemos que aguantar arbitrajes auténticamente dantescos como los de Martínez Munuera. No obstante, hoy volvemos a nuestra verdadera dimensión, que es el panorama internacional. Esta noche tenemos una nueva cita con la historia. Disfruten.

 

Getty Images.

Buenos días. Vinícius Jr. fue señalado ayer como el mejor jugador del mundo (The Best) a resultas de una votación que involucra solo en un 25% a periodistas especializados. No como sucede con el trucho Balón de Oro de France Football y la UEFA, que basa todo en la opinión de plumillas de países más o menos ignotos. En la votación de la FIFA que ha concedido The Best a Vini entra en juego, además, la opinión de entrenadores de más de 200 selecciones (25%), capitanes de más de 200 selecciones (25%) y aficionados a través de internet (25%). Digámoslo, pues, claro: una selección de la prensa mundial votó mayoritariamente por Rodri como mejor jugador del mundo; ahora, el mundo del fútbol ha alcanzado el consenso de que Vinícius lo es.

Simply The Best, como cantaba la inigualable Tina Turner.

As

En una ceremonia presentada por nuestra admirada Cristina Gullón, a quien felicitamos por su excelente trabajo, Vini fue coronado. Recogió su galardón con la alegría serena y el aplomo de quien se sabe triunfador. Es más: con la alegría serena y el aplomo de quien ha recorrido un largo y tortuoso camino y ha vencido dificultades sin cuento. Pocas historias de superación más impactantes que la de Vinícius nos ha dado el mundo del deporte. Siendo un niño, se puso por montera el mundo y (lo que es mayor aún) el mejor equipo del mundo a despecho de memes y otras crueldades de la chusma. Afinó su puntería gracias en parte a los consejos de Ancelotti (también The Best ayer en la categoría de entrenadores), convirtiéndose así no solo en un rutilante extremo izquierda, sino en un gran goleador. Cada día amplía su abanico de acciones de mérito sobre el campo —la última, un pase kroosiano a Bellingham para el gol del inglés en Bérgamo—, y cada día lucha contra el racismo con orgullo y sin amilanarse, como en el último caso en el campo del Rayo, donde volvieron a escucharse gritos xenófobos.

Hoy es un día de fiesta para el jugador, para el club (porque es un premio The Best cocido en Valdebebas, ya que el Madrid hizo una apuesta arriesgada por un joven, y esa apuesta se ve hoy compulsada) y para todos los que siempre le hemos defendido. Para la purria que no ha dudado en abrazar cosas tan asquerosas como el racismo para tratar de hacerle la vida imposible, esto es una derrota en todo lo alto, y una que celebramos con regocijo.

Marca

Marca hila la recepción del Premio The Best con el partido que esta tarde nos enfrenta al Pachuca, también en Doha, en pos de la Intercontinental. De lograrla, supondrá el ¡quinto! título del año para el Madrid, que es lo que de verdad nos importa aquí al ser el fútbol un deporte colectivo. El propio Vini se ha tomado su galardón como un premio al Real Madrid, haciendo públicamente partícipe del triunfo a Florentino Pérez, José Ángel Sánchez, Juni Calafat (que lo trajo desde Brasil) y el propio Ancelotti, quien por cierto hoy puede convertirse en el técnico más laureado de la historia blanca, superando con 15 títulos al mismísimo Miguel Muñoz. El meme, mejor jugador del mundo; el “gestor”, mejor entrenador en la flamante historia blanca. Antis, dedíquense a otra cosa.

El propio Marca, en esta primera plana, parece celebrar someramente el éxito de la estrella brasileña. Es bueno que de vez en cuando lo pongan “en el foco” en un sentido distinto.

Marca Vinícius en el foco

Las que son una cosa loca hoy son las portadas del mundo cataculé. La película podría titularse “Cómo evitar la actualidad cuando la actualidad no me interesa”. Probad a encontrar a Vini en esta primera plana de Mundo Deportivo.

Mundo Deportivo

¿A que no hay manera? Y el caso es que su nombre (que no su foto) está por ahí, pero hay que buscarlo con lupa. En su lugar aparece Aitana, ganadora una vez más del The Best femenino. La jugadora del Barça ha sido captada en una extraña pose que, combinada con el negro de su atuendo, más bien le hacen parecer Ozzy Osbourne, pero no hay rastro de Vini. “Segundo de Aitana y primero de Vinícius”, pone en pequeñito. De manera que para Vini es solo el primero pero Aitana reincide. ¡A Canaletas!

También se nos explica que el Barça acudirá a la vía judicial para poder inscribir a Olmo. No le va a hacer falta. Ya anunció Tebas que al Barça al final estas cosas les salen siempre bien, por lo que sea, siendo lo que sea el propio Tebas.

Sport

En Sport podéis también entreteneros buscando encontrar a Vinícius. Con eso tenéis para toda la mañana. No os rindáis porque estar, lo que se dice estar, está.

Venga, una pista. Está en el recuadro rojo del faldón, en letra siete veces más pequeña que la que anuncia el The Best femenino para Aitana… ¡¡y la presencia en el once ideal de Lamine Yamal!!

Ole, ole y ole, que es también lo que parecen decir Laporta y el gato con el que baila en la foto principal. Coincidiréis con nosotros: para sustituir la foto de Vinícius con su premio The Best, qué mejor cosa que la instantánea de Laporta bailando con un gato borracho (lamentamos la ambigüedad de la frase pero no se nos ocurre una forma más clara de redactarla).

El mundo cataculé es fascinante, amics, ¿y sabéis lo bueno? Que jamás dejará de serlo.

Por lo demás, enhorabuena a Vini y a Ancelotti por sus premios, y toda la suerte para la Intercontinental de esta tarde a las 18. Todo lo que necesitáis saber sobre nuestro rival mexicano lo cuenta aquí Alberto Cosín.

El Real Madrid femenino cerró la última jornada de la fase de grupos de la Liga de Campeones con una derrota por la mínima (1-2) ante el Chelsea FC. A un gol inicial de Caroline Weir y una primera mitad fantástica de las blancas siguieron diez minutos terribles en los que Catarina Macario convirtió dos penaltis sucesivos para borrar las opciones de arrebatar a las inglesas el liderato de la tabla.

El Real Madrid llegó a su enésimo duelo europeo ante el Chelsea con los deberes hechos. Clasificadas matemáticamente para los cuartos de final, y con un horizonte de rivales en el que poco importaba la primera o la segunda plaza del grupo, el partido en el estadio Alfredo di Stéfano era un test de estrés en primera persona; nada que ver con el papelón de la temporada anterior. Sin embargo, los onces iniciales y el propio ritmo de la acción demostraron que había algo importante en juego: para el Chelsea, mantener a raya al aspirante, y, en el caso del Real, dejar una primera tarjeta de visita de lo que puede estar por venir.

Lo cierto es que, durante la primera parte, el equipo de Alberto Toril firmó una de las mejores actuaciones en lo que va de corta historia de la sección. Precisión con balón, valentía y personalidad en situaciones de riesgo, buenas acciones en ambas áreas y compromiso para demostrar superioridad ante una de las tres plantillas más potentes de Europa. Desde la portería, donde Misa Rodríguez desbarató las dos ocasiones de peligro de las londinenses, hasta la delantera, trinchera en la que Signe Bruun volvió a pelear y a hacer bueno cada medio balón. Las madridistas lo bordaron se mirase a donde se mirase.

Melanie Leupolz

En los laterales, Olga Carmona y una superlativa Sheila García facilitaron la salida de balón al tiempo que María Méndez y Maëlle Lakrar confirmaban que al fin hay una pareja de centrales de primer nivel. Y por delante, junto al trabajo a menudo invisible pero constante de Filippa Angeldahl y Sandie Toletti, la alemana Melanie Leupolz también estuvo sobresaliente. Todo ello contribuyó a que la presión inicial del Chelsea, que quiso salir a asustar, acabase desmoronándose en apenas veinte minutos al ver que las triangulaciones blancas superaban la primera línea defensiva.

A una primera mitad fantástica de las blancas siguieron diez minutos terribles en los que Catarina Macario convirtió dos penaltis sucesivos para borrar las opciones de arrebatar a las inglesas el liderato de la tabla

En una de esas salidas con templanza iniciada por Misa, y con el balón circulando rápido por abajo, llegó el 1-0. Leupolz encontró a Caroline Weir en el carril central, quien trasladó la acción al costado de Olga y Linda Caicedo antes de que el cuero volviese a la escocesa para probar suerte dentro del área. Su disparo desviado impidió la parada limpia de Hannah Hampton y el balón cayó dentro de la portería. Minutos después volvió a llegarle a Weir en la frontal y, tras dejar sentadas a dos defensas con una sucesión mágica de recortes de plaza de toros, sirvió en profundidad a una Olga que rozó el dos a cero.

Ese podría haber sido el momento de conformarse y especular bajando el ritmo, en parte con lógica si se tiene en cuenta que el mismo viernes hay eliminatoria de Copa a partido único, pero no fue así. El Real quería hacer añicos la barrera mental que hasta ahora ha separado al equipo de los grandes de Europa, personificada en el Chelsea, y lo visto sobre el césped demostró que es un objetivo al alcance de la mano. Yendo por delante en el marcador, fueron las blancas quienes presionaron con la coordinación y mordiente suficiente para recuperar con rapidez la posesión una y otra vez.

El cuarto de hora de descanso, eso sí, dictó sentencia. Tras confirmarse todo lo positivo del proyecto blanco hasta el presente, bastaron diez minutos para recordar que, al mismo tiempo y sin que ello sea contradictorio, queda camino por recorrer. Nada de lo que no hayamos hablado aquí. La primera imagen simbólica fue cortesía de la entrenadora Sonia Bompastor: ante la inoperancia en ataque de Mayra Ramírez —en buena medida por mérito de la defensa madridista— la ¿artificial e insostenible? profundidad de plantilla del Chelsea permitió que la ‘9’ con la que el Chelsea ha roto el récord de precio de traspaso se quedase en el banquillo. Una chaladura casi para cualquier otro equipo, salvo que en su lugar puedas dar entrada a Catarina Macario. La estadounidense, uno de los proyectos de mejor futbolista del mundo hasta que su particular calvario con las lesiones frenó su ascenso, demostró desde la primera carrera que todo el esfuerzo previo del Real podía desmoronarse.

Quizás fue la pausa lo que rompió el ritmo del Madrid, quizás la mala suerte o quizás la falta de dar el último salto de concentración en situaciones límite. Sea cual sea el porcentaje de culpa de cada ingrediente, lo que vino después permite visualizar lo que diferencia al Real de las quince orejonas de este Real advenedizo, a la bestia competitiva Dani Carvajal de la capitana Olga. La ‘7’ hizo un gran partido, pero en un abrir y cerrar de ojos cometió dos penaltis que sentenciaron a las suyas. Macario no dio opción a Misa desde los once metros, calcando ambos lanzamientos con un disparo robotizado fuerte y arriba para pasar del 1-0 al 1-2.

Aún quedaba más de media hora y cabe decir que el Real Madrid, a pesar del durísimo golpe, no bajó los brazos. Siguió siendo mejor que el equipo blue, peleó cada acción y pudo empatar en varias ocasiones. Pero la clave del partido, desde el comienzo, no estaba en el resultado sino en la batalla mental que a la postre decanta de uno u otro lado los momentos definitivos. Aunque el Madrid estuvo más cerca que nunca de ganarla, el puñado de minutos de despiste reveló que todavía no ha llegado a la cima de la montaña.

 

Getty Images.

1- Sistema de juego

 

Final de la Copa Intercontinental para el Real Madrid en Doha. Los blancos se miden al Pachuca mexicano, que ha tenido que pasar dos rondas anteriormente antes de llegar a la gran final. En el primer encuentro se deshicieron con rotundidad de Botafogo, que a priori partía como favorito. Un 3-0 en el que mostraron claramente sus mejores armas. El pasado fin de semana, en la semifinal, vencieron en los penaltis al Al Ahly egipcio en un choque bastante espeso de ambos conjuntos. Pachuca es claramente inferior al equipo de Ancelotti, pero vienen en buena dinámica, cargados de moral y muy ilusionados con dar la sorpresa. No cuentan con bajas de importancia y el técnico Almada es prácticamente seguro que no va a tocar muchas piezas y saldrá con el equipo que jugó ante el campeón africano.

En la plantilla de Pachuca hay varios viejos conocidos del fútbol español. El primero, el delantero madrileño Borja Bastón, que es suplente y no goza de muchos minutos salvo cuando el marcador está cuesta arriba. También figuran Cabral, veteranísimo central argentino que militó en el Levante y el Celta, el extremo marroquí Idrissi, que jugó en el Sevilla y un curso cedido en el Cádiz, y el punta venezolano Rondón, que formó parte de la UD Las Palmas y de aquel gran Málaga de Pellegrini. En un sistema de 1-4-2-3-1 el once sería el formado por Moreno en portería; Rodríguez en el lateral derecho, Bryan González en el izquierdo, Cabral y Micolta como centrales; el doble pivote para Montiel y Pedraza; Arturo González en la línea de tres por la derecha, Bautista por el centro e Idrissi por la izquierda; arriba, Salomón Rondón.

 

2- Presión

 

No se espera que el técnico charrúa Guillermo Almada apueste por una gran presión alta, intensa y agresiva salvo en momentos concretos o con el marcador en contra. Así buscarán que el equipo no se haga muy largo, lleguen los espacios en los que sufren en el repliegue y se generen muchos metros a la espalda de sus medios y defensas. Lo normal será ver a un equipo que replegará en bloque medio-bajo siendo compactos, reduciendo los huecos entre líneas y tratando de congestionar la zona media para que a los blancos les cueste atacar y se atasquen ante una defensa muy cerrada.

Almada

3- Salida de balón

 

Un equipo predecible en este apartado, y es que no dudan a la hora de sacar el cuero ya sea por bajo o buscando un balón en largo. Suelen hacerlo con rapidez y de forma directa. No marean la perdiz. Los dos medios, Montiel y Pedraza, que tienen buen trato del cuero, se colocan de manera escalonada para tratar de recibir. Si no se puede los centrales buscan de manera inmediata a los delanteros que bajan a recibir. Por tanto, se saltan en muchas ocasiones la línea del centro del campo y la conexión es zaguero-punta. Un plan es que Rondón, que es un jugador grande y potente que trabaja bien de espaldas y que domina el juego aéreo, se pelee con los centrales, baje el cuero y descarguen a los centrocampistas que vienen de cara o prolongue para la velocidad de los jugadores de banda. La premisa de Almada será no generar pérdidas cerca de su área que puedan desembocar en ocasiones de peligro para su marco.

 

4- Parcela defensiva

 

En lo que llevamos de Copa Intercontinental ha mostrado una enorme solidez y fortaleza atrás. También es cierto que no se han medido a un equipo con la capacidad ofensiva del Real Madrid, pero no ha recibido tantos ni de Botafogo ni de Al Ahly. Ha sido un equipo duro, agresivo y expeditivo atrás con muchos hombres defendiendo, mucha solidaridad y con constantes ayudas. Una forma de romper ese entramado es por banda y con el juego combinativo entre líneas. Otra es abrir mucho el campo por las bandas y crear desequilibrios. La mejor opción pueden ser las transiciones para la velocidad de los atacantes merengues, pero con el marcador igualado no se espera que deje Pachuca muchas oportunidades y opciones para hacer daño de esa manera. Por último, en el juego aéreo tienen altura en ambos centrales y el Real Madrid, salvo alguna incorporación de Bellingham como sucedió en Vallecas, no dispone de grandes cabeceadores en el ataque.

5- Aspecto ofensivo

 

Pachuca se mostró bastante atinado y acertado en las incursiones ofensivas contra Botafogo. Enseñaron sus armas, que son simples, pero les da buen resultado. Juego directo a Rondón, que en muchas ocasiones es una isla ante la defensa rival, o el desequilibro por banda principalmente de Idrissi. Arriba juegan rápido, directos, con combinación de pocos toques y con mucha movilidad. También es un equipo que generó peligro en las jugadas de estrategia. Si el Real Madrid anula la conexión entre Rondón e Idrissi el equipo mexicano queda muy limitado en ataque. Disponen de un futbolista que dejó grandes minutos ante Botafogo que no es titular, pero desde el banquillo es un magnífico revulsivo. Es el colombiano Deossa, un zurdo potente, con zancada, habilidad y un excelente golpeo. Suele jugar volcado a la banda derecha para hacer diagonales y armar el disparo. Además, Borja Bastón es un nueve a la antigua usanza, de los que fija a los centrales y en el área sabe colocarse para rematar con cualquiera de las dos piernas y la cabeza.

 

6- Estilo de juego

 

El librillo de Almada tendrá marcado en rojo un equipo pragmático, de estilo práctico y sencillo que en defensa jugará con intensidad, agresividad y contundencia, y en ataque buscará las transiciones rápidas, los espacios a la contra y el desborde por las bandas. Se espera también un cuadro mexicano incómodo, expeditivo, que vaya al límite en los duelos y que parará mucho el juego con faltas e interrupciones para que el Real Madrid y el partido no tengan un gran ritmo. Solo se abrirán si el Real Madrid toma distancia en el marcador o en los últimos minutos con una ventaja mínima para conseguir la igualada.

Idrissi

7- Hombre clave

 

Rondón es el goleador, pero el jugador diferente es Idrissi. El extremo marroquí es un futbolista con un regate magnífico, un gran dominio de ambas piernas y muy habilidoso en el uno para uno. Se verá las caras con Lucas Vázquez, que es el eslabón débil de la defensa merengue y todos los equipos están volcando los ataques por esa zona. Idrissi es ágil y, sobre todo, imprevisible, porque puede salir por cualquiera de los dos perfiles. Frente a Botafogo fue el jugador desequilibrante y que cambió el partido con sus recortes, amagos y su gol para abrir el marcador.

 

Getty Images.

El Madrid no termina de arrancar. Muestra evidentes carencias al no encontrar el motor sustituto de su juego. Su estrella más deseada no aplasta defensas ni martiriza porteros. Es tercero en la Liga. En el nuevo formato de la Champions hay que buscarlo en lugares que nunca habitó. Y por si fuera poco, su entrenador se ha convertido para algunos poco menos que un jubilado con suerte. Pues con esa mochila, queridos amigos, el club de Chamartín está a una sola victoria de igualar el mejor año natural de su historia. ¿Cómo se quedan?

Hagamos un poco de memoria comparativa. En 2017 Zinedine Zidane estaba a los mandos del banquillo blanco, ya con plenos poderes (había sustituido a Benítez en enero de 2016). El equipo, liderado por Cristiano, comenzó alzando la Liga, título que no lograba desde hacía cinco años, en un mano a mano hasta el final con el Barcelona (no entraremos en el condicionante Negreira). Este año, sin embargo, el campeonato doméstico ha sido mucho más plácido para el Madrid, líder en 29 de las 38 jornadas y con una sola derrota. En mayo de 2017 llegó la Duodécima en Cardiff tras arrasar a la Juventus (qué pronto se escribe esto) y apuntarse la segunda consecutiva. Esta campaña, los de Ancelotti no cayeron ni una vez en su competición fetiche y lograron la 15º contra un más que correoso Borussia Dortmund.

Las notas del Borussia Dortmund, 0 - Real Madrid, 2

La Supercopa de Europa de Zidane tuvo un invitado especial, José Mourinho —por entonces técnico del Manchester United— que acabó sucumbiendo ante los blancos (2-1). De nuevo, más sencilla fue la victoria este año en la misma competición:  2-0 contra una Atalanta que en la Champions, meses después, dio más guerra. En la Supercopa de España, la víctima en las dos ocasiones, fue la misma: el Barcelona. En 2017, cuando todavía se celebraba a ida y vuelta, el triunfo fue inapelable: 1-3 en el Camp Nou y 2-0 en el Bernabéu. Mientras en 2024 resultó más épico todavía: 5-3 contra el Atlético en semifinales y 4-1 a los azulgranas en la final.

El Real Madrid está a una sola victoria de igualar el mejor año natural de su historia. ¿Cómo se quedan?

Ahora queda el último escalón, la recién recuperada Intercontinental, para que el Real Madrid culmine un año espectacular. Si Zidane logró la proeza de los cinco título tras conquistar el Mundial de Clubes ante el Gremio (1-0), los de Ancelotti se las verán contra el Pachuca, que ha dejado atrás al ganador de la Libertadores, el Botafogo, y al equipo más laureado de África, el Al Ahly.

Como de costumbre, la victoria se verá como una obligación mientras la derrota sería un desastre. Sólo el Madrid puede responsabilizarse de tan envenenado privilegio. Pero, mientras los lobos aúllan, el equipo está a un paso de seguir escribiendo la historia.

 

Getty Images.

spotify linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram