Buenos días. Como a estas horas sabéis todos perfectamente, el Real Madrid se clasificó anoche para cuartos de final de la Copa de S.M. el Rey al batir en la prórroga al Celta (5-2) en el estadio Santiago Bernabéu y precisamente el día en que se cumplían 70 años del primer encuentro oficial del recinto con ese nombre, tal como nos recordaba Alberto Cosín.
Decíamos que esto ocurrió “anoche” pero no es exacto. El partido se empezó a jugar anoche (ayer), pero terminó hoy, todo ello cortesía de los absurdos horarios de la Federación. Un descalzaperros, aunque al menos tuvo un valor simbólico. Lo empezamos a jugar en el ayer de Modric, por ejemplo,y lo ganamos en el hoy de Endrick.
Pues sí, un héroe. Podéis leer la crónica de Andrés Torres y las calificaciones de nuestros jugadores por parte de Genaro Desailly para más detalle, pero tanto una como otra coinciden en el papel esencial del joven brasileño. Entró con 2-0, cuando todo parecía indicar que su presencia en el campo era testimonial (los característicos tiempos intrascendentes que Carlo regala con suerte al meritorio), pero terminó encontrándose con una patata caliente en las manos al forzar el Celta la prórroga. El chaval no sintió la quemazón ni se inmutó ante lo inesperado. Cogió la patata abrasándose los dedos y la emprendió a dentelladas. Dos golazos de Endrick (uno en tiro lejano con la izquierda y otro de tacón), combinados con un nuevo y esplendoroso obús por parte de Valverde, pusieron en el tiempo extra las cosas en su sitio.
“Sofocón… ¡y goleada!”, sintetiza Marca. No está mal explicado. El sofocón fue el resultado de dos errores individuales que tuvieron lugar con 2-0 y que permitieron el empate vigués en el tramo final: una cesión tan imprudente como inexplicable de un descentrado Camavinga y un penalti evitable de un Asencio estupendo en general, pero demasiado visceral en esa acción. Solo por eso empató el Celta porque, tras un muy mal primer tiempo salvado con el gol de Mbappé, los blancos habían logrado tranquilizar los ánimos con un juego aceptable y ocasiones marradas. Nada hacía pensar que el Celta pudiera empujar hasta la prórroga, pero si “regalas dos goles” (Carletto dixit) cualquier escenario es posible. La sombra de una nueva hecatombe, la amenaza de un epílogo siniestro a lo de Yeda, sobrevoló el estadio.
Por otro lado, en sus bajos refleja Marca el fichaje de Dennis Smith Jr. para la sección de baloncesto. Este portanalista no entiende mucho de ese deporte, hasta el punto de haber creído siempre que Nigel Williams-Goss eran tres jugadores distintos, pero quienes saben de esto en el seno de La Galerna aseguran que es un fichajazo descomunal. Observaremos atentos.
Hacía mucho que no veíamos a Sport dedicar una portada al Madrid que no fuese para denunciar un presuntísimo favor arbitral, llamar “parche” al Zidane entrenador que se aprestaba a ganar tres Champions seguidas o censurar el precio de Modric. Pero oh, habíamos sido demasiado optimistas. En letra pequeña se nos informa de que Munuera Montero “fue protagonista al no señalar un penalti a favor del Celta que terminó en gol de Mbappé”. La jugada ofrece alguna duda más de lo que deja entrever esta frase, pero no sería descabellado afirmar que esta vez, y sin que sirva de precedente, el arbitraje nos fue beneficioso.
De lo que por lo que sea no habla Sport, ni tampoco Mundo Deportivo con cuya portada os dejamos ahora, es de la imputación sobre Laporta por haber protagonizado un fraude a una familia que había ganado la Primitiva, y cuyas ganancias les hizo perder el ínclito Jan robándoles (básica y presuntamente) cinco millones de euros. Lo que acabamos de escribir os puede sonar a caricatura extrema del personaje, pero no: es apelotantemente real, como podéis comprobar en este enlace.
Y ese sujeto, amigos, es el presidente del club cliente de Negreira. La verdad es que personaje y entidad encajan a las mil maravillas.
Pasad un feliz viernes.
MD
Arbitró José Luis Munuera Montero del Comité andaluz. En el VAR estuvo Alejandro Hernández Hernández.
Arbitraje totalmente caótico. Muchos errores y compensaciones. Faltas claras no pitadas y otras con leve contacto señaladas.
Empezó negando una entrada en falta a Vinícius en la frontal del área. Continuó con la gran polémica de la noche, la acción entre Swedberg y Lunin. Fue penalti, aunque se vea la jugada a 0,1x, se diga que roza Lunin o que el sueco puede arrastrar el pie. Eso sí, mantuvo su listón porque tampoco señaló aquel de Rulli a Vinícius con el que llegó el famoso "todo ok, José Luis". Eran penaltis ambos. Que no le avisara Hernández Hernández desde el Var redondeó el peritaje de la acción. Luego, para compensar, decretó otro de Asencio a Bamba que era poca cosa porque ambos van fuertes al choque.
Además, se anuló un tanto a Güler en el 77' por fuera de juego de media bota de su asistente Vinicius.
En el plano disciplinario, vieron la amarilla Asencio, por su penalti, Iván Villar, por perder tiempo y Starfelt, por llegar tarde ante Endrick, y el propio brasileño, por quitarse la camiseta al celebrar el 3-2. Alguna más se dejó en el tintero.
Munuera Montero, MUY MAL.
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112 minutos tardó en llegar la tranquilidad a un iracundo Bernabéu que no pudo esperar semejante desenlace en el tiempo reglamentario, donde dos errores puntuales pero nefastos permitieron al Celta llevar la eliminatoria a la prórroga. Endrick y Valverde voltearon los octavos de final.
Era una noche propicia para el ruido de sables, el crujir de pipas y la música de viento en un Bernabéu encolerizado, máxime tras el meneo saudita de la farsa de Laporta que dejó al Madrid merced a su suerte, moribundo en el desierto. Noche para agarrarse bien los machos, que diría nuestro Manito Hugo Sánchez. Sobre todo, si te apellidas Tchouaméni y te llamas Aureliano. Al menos Carletto decidió que por una vez jugara en su sitio y su lugar en el eje de la defensa lo ocupara el canterano Asencio flanqueado —a estas alturas— de lo que queda de Rüdiger. A un costado, de nuevo Lucas Vázquez en entredicho, al otro, Fran García ganando un nuevo pulso a Mendy, cuya añeja infranqueable solidez defensiva hoy equivale a regatear una silla de campin. Ceballos y Modric acompañarían a Tchou en la medular para dar descanso a unos exhaustos Valverde y Bellingham y al cortocircuitado en Yeda Camavinga. Arriba, Brahim, Mbappé y Vini. Bajo los palos, Lunin y, enfrente, la celeste amenaza fantasma de la Copa, donde un nuevo traspiés podría orientar poderosos vientos huracanados a banquillo… ¿y palco?
Así se las gastan algunos.
Bajo un gélido ambiente en el Bernabéu, sólo espoleado por los silbidos cada vez que el esférico pasaba por las botas de Tchouaméni o las expeditivas entradas de un aguerrido Raúl Asencio, el Madrid compareció frío, convaleciente aún de las mil y unas noches culés de Arabia. Incluso el jugador celeste de nombre intergaláctico, Starfelt, llevó la zozobra al corazón merengue cuando su testarazo desde cerca botó mansamente en la parte superior del larguero. Los de Ancelotti, temerosos de la ira del estadio, generaban entre poco y nada, apenas dos inofensivos disparos lejanos, con Vini y Mbappé desasistidos, inoperantes. Con el Madrid en el diván, el Celta, cómodo, merodeaba de tanto en cuenta los dominios de Lunin al que tanto le da el Celta, el Barça, el City, el Bollullos del Condado o casarse en chándal. A lo tonto, casi media hora de auténtica nada —salvo soplidos y resoplidos— de un susceptible Bernabéu y una falta clamorosa en el balcón del área de esas que son amarilla y se las pitan a todos salvo a Vinícius Junior.
Poco a poco, sumido en una aparente agonía, el Madrid se batió contra su propia exasperante lentitud en la circulación de balón y, lentamente, bajo la batuta de un señor de Utrera y otro de Zadar, empezó a arrinconar a los vigueses. El Bernabéu agradeció el esfuerzo con un par de rugidos coperos mientras el pie del portero celeste evitaba que Brahim calmara las aguas del madridismo. El marcador se abriría poco después de modo extravagante. Una temeraria e inentendible pérdida en salida de balón de Vini provocó un mano a mano de Swedberg ante Lunin, que salió raudo y veloz a sus pies y propició el piscinazo del sueco entre las iracundas protestas del Celta. Insólito que no lo pitara. Nos acordamos del lesionado Iago Aspas y la de aspasvientos que habría hecho. El árbitro no picó y el VAR, que prevarica de otra manera, tampoco. Bizarro, en cualquier caso. Con penalti y expulsión se hubieran abierto las puertas del infierno blanco. Y así, entre bronca celeste, el balón llegó a Mbappé, en la izquierda, donde le gusta, y desde allí él se lo guisó y él se lo merendó para deshacerse con un velocípedo fulgurante de su marcador y destruir sin ángulo la meta del Celta. 1-0, estelar Kylian, a los 36 minutos. Por su parte, Vini, eclipsado y opacado en los primeros 45 minutos… y últimamente.
El gol templó al Madrid, que compareció en el segundo tiempo con nueva eneryía, que diría Carletto. La depresiva atonía de los primeros compases parecía un mal recuerdo. Hasta Tchouaméni, como medio centro defensivo, por momentos recordaba al futbolista por el que se peleó medio Viejo Continente. Y pronto llegó la sentencia. O eso nos pareció.
Mbappé, participativo, recortó taurino en el centro del campo y, diestro, envió en largo para Brahim. El malagueño espero el tiempo justo para servir a Vini, que con templanza traía la tranquilidad a las gradas una calma solo perturbada por un aturullamiento defensivo que casi acaba en desgracia y que salvó… Tchouaméni. Qué cosas tiene la vida.
Correspondió al error el arquero del Celta con un mal pase que dejó mano a mano a Vini ante el arco celeste. Starfelt salvó sobre la línea el cucharón con el que Vini había sorteado al portero emulando al mejor González Blanco. Instantes antes, Mbappé pudo disponer la sentencia definitiva con un testarazo fuera, forzado, pero a un metro de la portería, tras un fenomenal culebreo de Brahim y también después con disparo enroscado cerca de la escuadra. El Celta, como resistencia, ofreció un remate a bocajarro de otro potencial Ballon D´Or salido de La Masía de las Maravillas, un tal Ilaix Moriba.
El Madrid esquivaba a trompicones otro batacazo copero consecutivo, espantaba espantajos e impedía por unos días nuevos cobros de facturas de los ajustadores de cuentas de salón y a balón parado
A pesar del funesto ambiente que presidia los prolegómenos del partido, parecía que fuera a ser una noche plácida. Güler, Endrick, Camavinga y Valverde entraban al juego en lugar de Modric, Brahim, Mbappé y Ceballos, e incluso veíamos un tercer gol anulado al joven otomano tras regalo de Vinícius. Fue entonces cuando asistimos al enésimo cortocircuito de Eduardo. A los 82 minutos, un pase atrás directo al adversario dejó a Bamba solo para fusilar a Lunin. Para bailar la bamba, Camavinga. Los nervios, la angustia, demonios y fantasmas, de Arabia Saudita y allende, regresaron al unísono. Para mayor saña lo hicieron en el último minuto con un impetuoso, fogoso e imprudente penalti cometido por Asencio sobre Bamba. Pecado de juventud. Marcos Alonso empataba desde los once metros en la antesala del descuento, la prórroga y la entrada de Jude Bellingham por Fran García. En definitiva, dos errores puntuales pero funestos desembocaban en una prórroga entre el runrún del Bernabéu.
Malo para el Madrid.
Voluntarioso, pero atenazado por su mal fario e impotente ante la revigorizada defensa de los gallegos, ambos contendientes acumularon un primer tiempo extra sin ningún disparo a puerta que reseñar, apenas una cabalgada de Valverde y una internada de Camavinga que no encontraron destinatario, dentro de un once pintoresco el dispuesto a estas alturas por Ancelotti. Seguro que el viejo zorro de Reggiolo no esperaba este desaguisado. Significativo en este sentido que Rodrygo sustituyera a Vinícius para afrontar la recta final de la eliminatoria, con el patíbulo de los once metros en el horizonte. Aciago destino que, desaparecido hasta entonces, conjuró Endrick a los 107 minutos tras recibir un pase interior de Aladín Güler.
El imberbe Bobby Brown brasileiro, con su tren inferior que es como un rotor industrial, giró con violencia para golpear con mayor virulencia a la red del celta. Los fantasmas asustaban algo menos, espectros que espantaría definitivamente Valverde con otro zambombazo desde Montevideo.
4-2 a los 112 minutos y goleada que culminaban los merengues con un taconazo postrero de nuevo de Endrick, ansioso por mostrar su repertorio a la parroquia. El Madrid esquivaba a trompicones otro batacazo copero consecutivo, espantaba espantajos e impedía por unos días nuevos cobros de facturas de los ajustadores de cuentas de salón y a balón parado. Este muerto sigue vivo.
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-Lunin: APROBADO. Pudo cometer un penalti en el primer tiempo. Paradón a mano cambiada en el segundo, a tiro lejano. Sin culpa en los goles celtiñas.
-Lucas V: SUSPENSO. Puesto en evidencia una vez más en defensa y sin aportar en ataque.
-Fran García: APROBADO. Buen despliegue.
-Asencio: NOTABLE. Lo hizo todo bien hasta el penalti, donde estuvo ingenuo. Solvencia y personalidad a raudales. Tapa las carencias de sus compañeros. Hechuras de veterano.
-Rüdiger: APROBADO. No está tan fino como hace unas semanas, pero no se le puede reprochar nada.
-Tchouaméni: APROBADO. Negado en el primer tiempo, agarrotado en parte por los silbidos. Mejoró bastante después, con algún quite defensivo de mucho mérito.
-Ceballos: APROBADO. Movió el balón con criterio y asegurando el pase, pero abusó de la horizontalidad.
-Modric: NOTABLE. El que tuvo retuvo.
-Brahim: APROBADO. De menos a más hasta que fue sustituido. Fallón en el primer tiempo y mejor en el segundo, asistiendo a Vinícius. Siempre bullicioso.
-Mbappé: NOTABLE. Autor de un extraordinario gol, estuvo además en todas las jugadas de peligro del equipo hasta ser sustituido. Suelto, implicado y compenetrado. Ha llegado y parece que es para quedarse. Pero falló dos goles cantados.
-Vinícius: APROBADO. Desconocido en el primer tiempo, mucho más acertado en el segundo, pero afectado de cierta extraña indolencia o melancolía.
-Camavinga: SUSPENSO. En el día del fallecimiento de David Lynch, le rindió homenaje cuasirregalando el gol celtiña. Cabeza borradora.
-Güler: APROBADO. Discreta aportación esta vez en los minutos que tuvo.
-Valverde: SOBRESALIENTE. Trallazo marca de la casa para sellar los cuartos. Ya antes había impartido criterio y garra.
-Bellingham: APROBADO. Extrañamente mohíno.
-Endrick: SOBRESALIENTE. Golazo salvador en la primera que tuvo y taconazo de genio para el quinto.
-Rodrygo: APROBADO. Hizo poco en su tiempo en el campo.
-Ancelotti: APROBADO. Camavinga y la bisoñez de Asencio le metieron en un lío del que esta vez no se le puede culpar.
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El actual estadio madridista abrió sus puertas de forma oficial el 14 de diciembre de 1947 con el partido amistoso entre el Real Madrid y Os Belenenses. El coliseo blanco fue conocido entonces de forma popular como Chamartín o Nuevo Chamartín. Sin embargo, su nombre oficial era Estadio Real Madrid Club de Fútbol. A partir de 1955, cambió su denominación y se le bautizó como Estadio Santiago Bernabéu.
La propuesta original del cambio siempre se ha focalizado en la junta directiva blanca, pero lo cierto es que fueron las peñas del Madrid las que lo expusieron en 1954. Y, en concreto, la idea primigenia surge de la Peña Morán, que tenía como presidente y cabeza visible al actor Manolo Morán, un gran madridista, socio 110 en ese momento, que actuó entre otras películas en Bienvenido Mr. Marshall (1952), Los últimos de Filipinas (1945), Manolo, guardia urbano (1956), Once pares de botas (1952) y Cincuenta años del Real Madrid (1952).
Morán, primero, envió una carta al diario MARCA. Fue publicada el 24 de marzo. Rezaba así:
"Por acuerdo en Junta directiva de esta Peña, y en nombre de los socios que la componen, tenemos el gusto de dirigirnos a ese Buzón para rogar inserten el anhelo, que es de todo buen deportista y el sentir popular madrileño, que el actual Estadio de Chamartín se denominase en lo sucesivo Estadio Bernabéu, pues ningún nombre mejor puede llevar la grandiosa obra realizada que la de su creador, digno premio a su persona, honradez y caballerosidad ejemplar".
La propuesta original del cambio siempre se ha focalizado en la junta directiva blanca, pero lo cierto es que fueron las peñas del Madrid las que lo expusieron en 1954. en concreto, la idea primigenia surge de la Peña Morán, que tenía como presidente y cabeza visible al actor Manolo Morán, un gran madridista,
En las páginas de ABC, con fecha 26 de marzo, el periodista canario Mariano Daranás escribió la siguiente columna de opinión de apoyo a la idea:
"Voces de la víspera que responden a iniciativas latentes de un ayer menos inmediato han pedido que el mejor campo de fútbol de Europa y uno de los mejores del mundo se llame Estadio Bernabéu ¿Cómo no asociarnos en estas columnas al anhelo general, haciéndolo nuestro y confirmando, con nuestro voto particular, la pertenencia que, sin duda, no tendrá impugnadores? La empresa de construir primero y ampliar ahora el campo de Chamartín plasma como casi todas las grandes campañas multitudinosas o populares en determinado nombre individual personal, y ese nombre es del presidente del club propietario, D. Santiago Bernabéu, al que si son muchos los españoles que no conocen de “visu”, no podría discutirle ningún compatriota) tal ha sido la resonancia de su acción) el patrocinio de una de las fundaciones más importantes y bellas de esta urbe. Incondicional y tercamente dedicado a una sociedad deportiva, la contribución de ese hombre al bien común raya en lo patricio. Provinciano, oriundo de Albacete, corpulento, cincuentón, Bernabéu ha servido a Madrid y a España a través de su cariño a un club en el que habiendo militado como jugador amateur se distinguió hace lustros al frente de la tesorería del mismo, dejando en ella al contabilizar, sobre todo, la expedición del equipo por América del Sur un recuerdo edificante (…) Rehecha la unidad nacional, emprendió en Madrid la obra cuya apoteosis admiran ahora forasteros y vecinos en la prolongación de la Castellana. Exponente de una inteligencia clara, una voluntad de bronce y un desprendimiento cabal, en feliz conjunción, su carácter podría servir de ejemplo a sociedades más atentas al rendimiento de la aptitud que al laboreo de la volundad. Si por cada mil española uno, nada más, emprendiera en el área de lo social o lo corporativo un esfuerzo análogo al que con tan pingüe plástico resultado realizan Bernabéu y sus colaboradores, no habría necesidad de pedir tanto a un Estado cuyas arcas son orgánicamente pobres. Es, en efecto, hora de que un censo de la población menos conceptuado, por desgracia, como laborioso que como apático, corresponda al capitán de la campaña, emprendida por el club de las camisetas blancas. Hágase por Madrid, sino por el Real Madrid. Dar el nombre del presidente del Madrid “a una calle cualquiera, camino de cualquier parte” sería menos de lo que conviene a una espléndida construcción, que ya está ahí como meta y que estará siempre como cauce, como movimiento y devenir, bajo el nombre de Estadio Chamartín o el más potente y merecido de Estadio Bernabéu".
En el Semanario Gráfico de los Deportes de MARCA, con fecha 27 de abril de 1954, Manolo Morán explicó en una entrevista que “estoy muy contento con que todas las peñas madridistas hayan acogido con entusiasmo la idea de la Peña Morán de llamar al gran Chamartín el Estadio Bernabéu. Esta alegría que todos sentimos ahora con el triunfo, unida a la admiración que tenemos de siempre hacia Santiago Bernabéu, debemos ofrecérsela a él de todo corazón…”. La propuesta caló de forma fantástica entre los socios más veteranos, los aficionados y el resto de peñas madridistas que se acogieron con un sí rotundo a la idea.
La iniciativa oficial se dio a conocer pocos días después de que el Real Madrid conquistase el título de Liga, tras 21 años de sequía, cuando las peñas solicitaron que se realizase un homenaje nacional a Santiago Bernabéu. En el diario Pueblo, la Hoja de los Lunes y diario Madrid se publicó íntegra la siguiente carta enviada por la Peña Mariano:
Muy señor nuestro:
Los que suscriben en nombre de las peñas madridistas, así en el de los socios veteranos, se dirigen a usted con la súplica de que publique las siguientes líneas.
La figura popular y señera de don Santiago Bernabéu de Yeste se ha hecho merecedora de la gratitud no solo de esta gran colectividad, bajo cuya gloriosa e inmaculada bandera nos agrupamos, sino de la que todos los buenos aficionados que ven en su cotidiana labor la obra gigantesca del hombre que ha dedicado sus mejores afanes a engrandecer al club que tan dignamente preside y a dotar a la capital de España del mejor estadio de Europa.
Por constituir todo ello méritos más que suficientes para que la afición le tribute el homenaje nacional que todos le debemos, se estima que por las personas que en su momento le indiquen y en la forma que estas decidan se exprese a don Santiago Bernabéu la gratitud del fútbol español por la leal perseverancia con que viene sirviéndole y por la infatigable voluntad que ha puesto constantemente a su servicio.
Dentro de muy pocas semanas quedará terminada esa obra ingente, tan personalmente suya, que es el estadio e independientemente de las demás decisiones que en su momento puedan adoptarse, proponemos que se dé a ese gran recinto deportivo el nombre del ilustre presidente del Real Madrid.
Creemos también que debe hacerse extensivo el reconocimiento de los aficionados en general, y de los madridistas de modo especial, a la Junta directiva, que ha sabido reunir ese magnífico equipo que tan brillantemente ha conquistado el campeonato de Liga al campo de veinte años de noble e incesante lucha, y que le califica como el mejor de España.
Agradeciéndole de antemano la publicación de estas líneas, aprovechamos la oportunidad para saludarle atentamente.
Por la Peña Bañón, don Joaquín Benedicto; por la Peña Clemente, don Rafael Alameda; por la Peña Chamartín, don Gregorio Autosán; por la Peña El Club, don Antonio Guinea; por la Peña Luis, don Emilio Fernández; por la Peña Morán, don Manuel Morán; por la Peña Olsen, don Antonio Pascual; por la Peña La Tropical, don Pascual Gallego; por la Peña El Brillante, don Federico Valcárcel; por la Peña Molowny, don Juan Turbica; por la Peña Olmedo, don Isaac Banda; por la Peña Santiago Bernabéu, don Agapito Gómez; por la Peña Deportiva Pavón, don José de Castro; por la Peña La Bomba, don Félix Sánchez; por la Peña El Portillo, don Antonio Díaz; ex presidente del Real Madrid don Adolfo Meléndez Cadalso, ex secretario del Real Madrid don Julio Chulilla Gazol, ex vicepresidente del Real Madrid don Bernardo Menéndez; por la Peña Mariano, don José Rubiato Luengo. Y siguen las firmas de los 100 primeros socios.
La respuesta de la Hoja de los Lunes a la misiva decía así:
Nos parece muy acertado el documento que antecede, porque la obra de don Santiago Bernabéu es merecedora de ese justo homenaje.
No solo ha consagrado su vida como jugador y dirigente a la gloriosa entidad que preside, sino que ha convertido en tangible realidad su ambicioso proyecto de dotar a Madrid de ese gran estadio, que sobrepasa la órbita de las actividades de un club y lo convierte en motivo de legítimo orgullo de para el fútbol español.
Son ahora las peñas y los veteranos representantes del club quienes deben canalizar ese candente estado de opinión, para que la simpática propuesta de las filiales madridistas desemboque en el homenaje que merece la efectivamente señera figura de don Santiago Bernabéu. Ellos son, pues, quienes tienen la palabra.
HOJA DEL LUNES se adhiere cariñosamente a la iniciativa y hace suyo el propósito general de que el estadio ostente en lo sucesivo el nombre de su ilustre creador.
El primer partido oficial con el nuevo nombre fue el 16 de enero de 1955, correspondiente a la jornada 19 de la Liga. El Hércules visitaba el coliseo blanco y por primera vez en los carteles anunciadores del encuentro aparecía escrito Estadio del Real Madrid Santiago Bernabéu
Durante varios meses no hubo novedades ni noticias, hasta que Manolo Morán volvió a hablar del tema en la sede de su peña (un bar de la calle de Valencia), en una entrevista para la Hoja del Lunes el 22 de noviembre. El actor, a pregunta de Eme Erre, contaba que “nosotros propusimos que Chamartín se llamara Estadio Bernabéu del Real Madrid. Algunos se lo han apropiado, y eso no importa; pero lo interesante es que se haga el cambio de nombre. Nuestro lema es: “Madridistas, sin darse importancia”, Así es que, ¡al toro, al toro! Para nosotros es y será el “Estadio Bernabéu del Real Madrid”. Y “na” más…”.
Fue en la Junta general ordinaria del Real Madrid del 2 de enero de 1955 cuando se precipitaron los acontecimientos. La reunión se celebró en el salón de actos de la Cámara de Comercio para aprobar las cuentas y resultados de los ejercicios de la entidad merengue en 1952-53 y 1953-54. Se leyó la Memoria, se hizo referencia a la terminación de las obras del campo de Chamartín y por aclamación se aprobaron las cuentas de estos ejercicios, así como la gestión de la Directiva.
Luego, habló el ex presidente merengue Antonio Santos Peralba, para proponer que en lo sucesivo el campo de deportes del Real Madrid se denominase Estadio Santiago Bernabéu. La medida con un acuerdo pleno quedó aprobada con una “nutridísima salva de aplausos”. Bernabéu “dando muestras de viva emoción, hizo uso de la palabra para agradecer ese rasgo de la junta, que tanto le satisfacía y le honraba”, según recogió la Hoja de los Lunes. A continuación, puso a disposición de la Junta su cargo, ya que estimaba que, habiendo terminado la misión para la que fue nombrado y llevando más de diez años al frente del club, debía tener el descanso que creía merecedor. Sin embargo, la Junta en pleno ratificó en medio de un gran entusiasmo al mandatario madridista. El almanseño volvió a hablar para dar las gracias por el apoyo, aunque insistió en la necesidad de que debía ser relevado.
Al presidente madridista nunca le acabó de gustar que el estadio llevase su nombre y en más de una ocasión reconoció en público que le resultaba extraño cuando alguien le decía que había asistido a un partido al estadio Santiago Bernabéu.
El primer partido oficial con el nuevo nombre fue el 16 de enero correspondiente a la jornada 19 de la Liga. El Hércules visitaba el coliseo blanco y por primera vez en los carteles anunciadores del encuentro aparecía escrito Estadio del Real Madrid Santiago Bernabéu.
Fotos de Alberto Cosín
Buenos días, amigos. Esperamos que hayáis dormido de maravilla y no tengáis sueño esta noche, ya que el partido de Copa entre Real Madrid y Celta se disputará a las 21:30 y, en caso de llegarse a los penaltis, acabará mañana. Hecho que no desea ningún madridista, que prefiere una victoria clara y además convincente que mejore el ánimo de todos.
Un floreado As dice que «En el Bernabéu se sirve una Copa para olvidar». La sabiduría popular dice que tomar copas para ahogar las penas no sirve porque las condenadas flotan, pero sí ayudan a entonar el espíritu.
Marca coloca a Mbappé y Vini al frente de la reacción. Kylian fue la esperanza en la debacle arábiga y estamos deseando que frente al Celta vuelva a dar muestras del buen estado de forma que atraviesa.
En clave madridista, el diario de Gallardo dedica lo mollar de su frontispicio a «El sí de Davies» (no confundir con El sí de las niñas, que no es de Gallardo, sino de Leandro Fernández de Moratín). A nosotros todo lo que lleve las palabras lateral y fichar nos parece bien. Mejor aún si junto a la palabra lateral apareciera derecho.
Volviendo a la Copa, el Atleti pasó. El Barça, también. A las mil maravillas, según Sport.
El Barça de las mil maravillas acaudillado por el presidente de las mil y una noches con su séquito de cuarenta ladrones colocados tanto en el club como en la totalidad de estamentos, organismos, administraciones y demás chiringuitos con mano en el mundo del fútbol. El equipo que, de repente, arrasa a comienzo de temporada merced a una preparación física que maravilla y acogota a sus rivales; después, de repente también, dejan de ir como motos, con la consecuente pérdida masiva de puntos; y, de repente de nuevo, vuelven a correr sin atisbo de cansancio alguno y a ganar con el no desdeñable empujón dado por el Madrid en la final de la Supercopa.
Maravilla de este Barça de las mil maravillas que con el poder se lleve de maravilla. Con el poder de la Liga encaja de maravilla, no hay problema si resultan falsas esta o aquella palanquilla. Con el poder de la Federación son uña y carne, y durante décadas han establecido una relación clientelar, con facturas y todo. Con el poder gubernamental marida de maravilla: ora leyes ad hoc impulsadas de maravilla por ejecutivos blaugranas para hacer prescribir la compra del estamento arbitral, ora interpretaciones creativas de normas claras en aras de la visibilidad y la repercusión mundial. Qué maravilla. Quizá porque el villarato ni empezó ni terminó con Villar ni fue un villarato, sino una cuestión de Estado. Y el Barça sabe que siempre puede contar con ese as en la manga, con independencia de la tropelía cometida o la barbaridad por cometer.
Este Barça de las mil maravillas también maravilla por ser el ave fénix del desmán: un par de inscripciones engrasadas y una goleada al Madrid anulan todas las irregularidades y delitos cometidos y los comportamientos inapropiados de su presidente y jugadores. Pero lo que más maravilla es que a buena parte de la afición madridista también le dan exactamente igual todas las trampas del club más corrupto de la historia porque, ojo, el Madrid jugó un partido nefasto contra ellos y el club no ficha ni echa a Ancelotti. Llevar una temporada regular con solo dos títulos de tres a mitad de la misma, por lo que sea, significa que hay que guardar silencio ante el oprobio culé. Ganar al Madrid lleva aparejado no ya el indulto, sino la amnistía y, de paso, la redención de todos los pecados.
#NoticiaRelevo 🗞️ Los árbitros protestaron contra Real Madrid TV en la Supercopa rechazando los regalos del club.
Acordaron no aceptar los detalles protocolarios, por la hostilidad de la televisión del club hacia ellos.
✍️ @sergiofernan5ez https://t.co/Y9nNpeSs0z
— Relevo (@relevo) January 15, 2025
Ayer conocimos un hecho curioso: los árbitros protestaron contra el trato que les dispensa RMTV rechazando los regalos protocolarios del club en la Supercopa. El estamento heredero de Negreira entiende que es intolerable que la tele del Madrid se dedique a recopilar sus ¿errores? y los muestre tal cual, sin censura, utilizando todas las imágenes disponibles, incluidas las birladas por el proveedor de las mismas al VAR. Un proveedor que, casualmente, es avalista y socio comercial del Barça, el club que pagaba una morterada a quien decidía ascensos, descensos e internacionalidades de quienes rehúsan los obsequios ceremoniosos del Madrid.
En esta ocasión, hemos de reconocer que entendemos perfectamente al CTA y vemos lógico que rechacen estos detallitos: entre un puñado de bolígrafos y pines y 8,4 millones de euros, no hay color.
Que paséis un día de maravilla.
Empecemos dejando claro que soy un pésimo madridista. No veo partidos en el campo, no tengo abono y a la primera que las cosas van mal escondo la cabeza bajo la arena como los avestruces. Cada septiembre enloquezco y me da por pensar que hasta el Atlético tiene mejor equipo que nosotros porque nos falta un (introducir aquí la posición del fichaje que queríamos en el verano del año en el que leas esto).
Cuando nos llevamos una Champions suelo celebrar, bastante relajado, el éxito. Pero en pocas ocasiones me abrazo con nadie. Es un placer a menudo solitario. Las fases previas las termino viendo mirando el móvil mientras hago la cena.
Critico las cosas que me parecen mal de la gestión del club, pero me alegra tener una etapa de estabilidad institucional en la que la masa salarial está muy por encima de lo que gastamos. Iría encantado a ver todas las finales del mundo si me invitasen, pero no hago gasto ni viajo con la afición a los campos pequeños. Ni a ninguno. Nunca me tatuaré el escudo, no he comprado nunca una camiseta oficial ni me gastaré mucho más dinero que el que cuesta mi carné madridista, que pillé básicamente para intentar comprarle entradas a mi padre. No he hecho el Tour del Bernabeu y me parece fenomenal quitar el ‘Santiago’ si algún día toca.
La última paliza árabe, que aún nos duele, tiene una ventaja fundamental. Eleva a Laporta a los cielos
Soy un madridista de salón, de exigir la victoria y lamentar las derrotas. Cuando digo “hemos ganado”, soy el peor exponente de la primera persona del plural. No me enfado mucho con los árbitros y creo que Vini Jr. tiene cosas de carácter que mejorar. A menudo creo que Messi fue el mejor jugador del mundo y prefiero traer a Trent Alexander Arnold que dejar a un canterano en la banda. Soy soso, y prefiero escuchar a Álvarez de Mon discutir sobre cosas de abogados sin cambiar el tono que ponerme a los tribuneros que vociferan.
Cuando el partido está muy apretado o vamos perdiendo hay largos minutos en los que apago la tele y pierdo la fe. Doy vueltas como un animal enjaulado durante un rato y vuelvo a encenderla. Pero no consigo tener esa famosa confianza ciega en la remontada. Me basta con que la tengan los jugadores. Me encantaría ver cada encuentro en un palco VIP y departir con toda la gente a la que otros insultan. Creerme a Florentino cuando se muestra convencido de que cerrará un fichaje. Comer jamón y saludar a famosos como si fuese alguien.
Un buen amigo culé me acusa a menudo de ser más antibarcelonista que madridista. Se equivoca. No soy ni seré nunca antibarcelonista, más allá de desear que pierdan cada partido. Odio poco. Soy tan mal madridista que creo en los equilibrios de Nash. Coincido en que hace falta otro club grande que eleve la competición y me parece que El Clásico es una marca tan potente o más que LaLiga. Comprendería que Florentino hubiese ayudado a validar la cautelarísima frente al Gobierno si eso nos puede ser útil para la Superliga. No digo que me parezca bien o ético, pero lo entiendo desde un punto de vista racional.
Cuando Hansi Flick saca máximo provecho de sus jugadores, lo reconozco sin problemas. Mis tuits de la final de la Supercopa fueron un compendio de alabanzas a nuestros rivales y una crítica constante a nuestros defectos. Cuando ellos sacan a chavales potentes de la cantera, lo envidio un poco aunque haya escrito, unos párrafos atrás, que para mi equipo prefiero tener opciones contrastadas. Y si no soy coherente es porque el fútbol es enemigo de la coherencia y, a veces, hasta del sentido común. Cuando los azulgranas fueron realmente geniales no creo que ni dejar de pagar a Negreira hubiese evitado muchos de sus triunfos. Aunque por culpa de sus dirigentes nunca lo sabremos con certeza.
Laporta ha conseguido que el fútbol español y comentaristas de todo el mundo sepan a ciencia cierta que el Barcelona es menos que un club. Porque los clubes normales llegan a tiempo a las inscripciones. Porque los clubes normales sólo ponen butifarra como aperitivo
En un viaje a Alemania recuerdo consolar a un culé que vivió la ridícula eliminación frente al Liverpool. Él casi lloraba, y no me salía reírme de él, sino apoyarle. Me había pasado dos horas con el antigafe repitiéndole que no se preocupase, que tan expuestos como estaban era imposible que el perro no metiese un gol. Cuando finalmente cayeron, por dentro me alegraba pero intenté que el pobre tipo pasase el trago lo mejor que pudiese.
Soy mal madridista porque creo en la planificación estratégica a largo plazo y me gusta pensar más allá de la última derrota, de la última ventana de fichajes o de la última polémica que surja. Y, especialmente, soy mal madridista porque cada vez más soy partidario de defender y apoyar cada medida adoptada por mi ídolo Joan. El Joker. El augusto que está matando el Barça con gas de la risa.
Si Eric García es el mejor central que ha tenido nunca el Madrid en el Barça y debe ser titular en cada partido, sin duda Laporta es uno de nuestros mejores presidentes. No soy antibarcelonista si hablamos de fútbol o si obviamos mi deseo de que pierdan, pero como persona que vive de la comunicación y de la gestión de la reputación, asisto a su gestión con la boca abierta. Como un niño de los años 50 al que le enseñases una PlayStation. Es magia pura. Madridismo en vena.
Después de años escuchando al enemigo decir que somos los malos de la película porque Franco era madridista —spoiler, no lo era, lo que sí era era bastante chaquetero—; porque se ayuda al Madrid más que a otros —si no mencionan la Ciudad Deportiva no duermen bien, pero nunca hablan de otras recalificaciones—, o porque Negreira era la única forma de compensar el maltrato histórico —ojo, tú no intentes sobornar al jefe de los inspectores de Hacienda porque te salga a pagar la declaración—, de repente, por unos días, Laporta ha conseguido que el fútbol español y comentaristas de todo el mundo sepan a ciencia cierta que el Barcelona es menos que un club. Porque los clubes normales llegan a tiempo a las inscripciones y no necesitan muletas del Gobierno para operar en el mercado. Porque los clubes normales sólo ponen butifarra como aperitivo.
Laporta es como jugar al pádel con el amante de tu mujer y que, en un punto crucial empiece a darse muy fuerte con la pala en los testículos sin motivo aparente. Por un lado, no te va ayudar a ganar el partido que estás jugando, pero no puedes evitar mirarle mientras lo hace. Ni puedes dejar de sonreír.
Mi colega se queja de que escribo más en X del Barcelona que de mi propio equipo. No es exactamente cierto. Cuando ganan me da rabia pero lo acepto. Soy más de vigas que de pajas. Pero la pasión de verdad, el fan que llevo dentro, siempre sale de la mano de Joan.
Cuando filtra comidas sobre fichajes inviables. Cuando salen comunicados en la SEC riéndose de sus planes. Cuando los autos hablan de “cauciones irrisorias”. Cuando empieza a dar gritos como un poseso y hacer peinetas al Universo. Cuando Jota Jordi confunde una cautelarísima con la acción de la justicia. Cuando termino suscribiéndome a Spiderculé porque dice cosas más sensatas que la mayor parte de los comentaristas madridistas en las tertulias. Cuando Jaume Giró habla de malabaristas y payasos. ¿Cómo no querer a alguien que lo hace posible?
Laporta es como mirar, fascinado, un manual de dermatología. Sí, son cosas supurantes, abultadas, horribles y que no querrías padecer. Pero no puedes separar la mirada. Me pasa con él lo mismo que con la tripofobia. Hay gente que no puede ver sin marearse ciertos patrones que se dan en la naturaleza, como a superficie de una fresa. Yo me puedo pasar horas mirando una colmena. Dame fotos de un señor árbol en Bangladesh y seguiré su vida como si fuese la carrera deportiva de Cole Palmer o un documental de Grealish saliendo de juerga. Laporta ejerce sobre mí exactamente ese tipo de atracción.
Lo detesto, como detesto a Donald Trump o a cualquier otra persona que utilice la mentira reiterada como mecanismo de preservación del poder. Pero no puedo dejar de mirar en su dirección porque, a fin de cuentas, es otro abismo que no me devuelve la mirada. La gran ventaja de Laporta es que cada minuto que siga en el cargo nos asegura que el Barcelona no tendrá gestores profesionales, que nos ofrecerá entretenimiento del bueno en cada ventana de fichajes y que contribuirá a empeorar la reputación de nuestros rivales, pero no lo suficiente como para que El Clásico deje de serlo.
La última paliza árabe, que aún nos duele, tiene una ventaja fundamental. Eleva a Laporta a los cielos. Dicen que todo se olvida cuando entra la pelotita. Pues con cinco goles en una final, al Barcelona le da para visitar Canaletas y Laporta gana años de vigencia. Que serán, todos y cada uno de ellos, años de esplendor para nosotros. Es un precio baratísimo.
Hace unos años Joan dio un golpe de genio, que los tiene, poniendo frente al Bernabñeu una lona gigante que rezaba: “Ganas de volver a veros”. Nunca pensé que las ganas fueran a ser mutuas. Si le sacan de ahí y ponen a alguien serio, se morirá una parte de mí que no existió hasta que reapareció en nuestras vidas. “La porta”, en italiano o catalán, significa “la puerta”. Pues bien, Joan es una puerta de oportunidad a un futuro más brillante para el madridismo. Una invitación a seguir ganando títulos. Una gozada, en suma. Y con suerte, si todo sale bien, Laporta nos dará muchas más alegrías. Antes, claro está, de que tenga que salir del club por la ventana.
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Me pregunto esta semana, después de la Supercopa, si cuando seamos viejos nos acordaremos de estas derrotas y también sonreiremos, si en algún momento daremos por hecho que hasta las capitulaciones forman parte de lo que somos, si aceptaremos algún día que somos fruto del dolor como el árbol lo es de la semilla. Si algún día cobrará sentido que el Barcelona nos golee dos veces seguidas en menos de cuatro meses.
Me pregunto también si esta idea es sólo un consuelo, el que le queda al moribundo, el de ‘por lo menos he vivido’ en medio de la desazón ante el panorama de la caja de pino, del que no estoy seguro de que siempre sea peor que ver un imperio derrumbarse en treinta minutos como este Madrid de Supercopa que recibe cinco goles y en su velatorio nos hace preguntas existenciales.
El panorama es desconcertante. El Madrid ha ganado ya dos títulos esta temporada, y sin embargo las sensaciones son malas. En la hora de las grandes citas no responde como debiera. Incluso avergüenza por cierta dejadez
Barrunto, llegado este tercer párrafo, si darle significado a una derrota como la del domingo es cinismo o inmadurez. O si es las dos cosas. Obtener una explicación válida quizá sirva casi como un abrazo o como una mano en el hombro, una frase de aliento, una liana a la que agarrarse en medio de la caída. Sólo eso.
El Real Madrid vive su segunda era de diamantes: ha ganado seis Copas de Europa en los últimos once años. Tres de ellas han sido con Carlo Ancelotti al frente, quien, al margen de gustos y disgustos, forma parte de la terna de técnicos a los que podemos considerar como mejores de la historia por su palmarés. Pero hay un borrón, un tropezón grave. El bagaje de victorias, empates y derrotas del italiano contra el Atlético de Madrid y sobre todo contra el Barcelona es demoledor. A pesar de los títulos y de las sonrisas, de vez en cuando el avión sufre turbulencias graves cuando sobrevuela a sus dos grandes rivales. De los últimos seis partidos de Liga contra los rojiblancos, el Madrid sólo ha ganado una vez. Ante el Barça acumula dos goleadas sonrojantes en menos de cuatro meses. Hay muchas lecturas y ninguna conclusión: no hay cerebro humano que comprenda los motivos exactos por los que el mejor Madrid en décadas no es capaz, ya no de imponerse, sino de competir. Los de Ancelotti son el rival más débil de este Barcelona 24/25, habiendo sido perforados nueve veces en sólo dos partidos.
A veces leo la alineación del Madrid y la frase que me viene a la cabeza es ‘tus ojos me recuerdan a los suyos’. De tendencia pesimista, no puedo sino temer que esta segunda venida del Madrid galáctico se parezca demasiado a la versión original. Como buen hijo de su padre, este Madrid ya tiene ciertos rasgos de la mitad de los 2000: el gesto, la sonrisa, esa expresión de incredulidad cuando tiene a cuatro o cinco de los mejores futbolistas del mundo en el campo y no es capaz de dominar Europa a sangre y fuego. Los síntomas de galacticidio son tristemente evidentes y hasta ya empezamos a mirar allá donde nos señala el dedo: al puesto de pivote, donde antaño añoramos a Claude Makélélé; y a la posición de central, para la que anduvimos buscando novio años que parecieron décadas. Y no queremos mirar, ahora tampoco, a lo que hay antes del dedo: la acumulación en el mismo espacio de demasiados entes gravitatorios. Estos, capaces de ganar al ralentí a muchos equipos, aparcan para más tarde un debate que quizá deberíamos estar teniendo: el de cómo demonios va a gestionar el Madrid los grandes partidos, si con cuatro futbolistas descolgados o con una o dos malas caras en el banquillo.
El panorama es desconcertante. El Madrid ha ganado ya dos títulos esta temporada y sin embargo las sensaciones son malas. En la hora de las grandes citas no responde como debiera. Incluso avergüenza por cierta dejadez, que uno no sabe si es hartazgo de títulos o falta de espíritu obrero. Y de nuevo, el pesimista: los síntomas de galacticidio recuerdan un antiguo Vietnam.
No queda sino resignarse, que es rendirse al antiguo mantra que dice que a veces se gana y a veces se pierde. Aunque evitemos sufrir por las derrotas, estas seguirán sucediéndose porque sin ellas no existirían las quince Copas de Europa en la entraña del Bernabéu. Ya que hemos sufrido, ya que sufrimos, ya que sufriremos, sintámonos orgullosos de habernos entristecido, de haber vivido al Madrid, de que también nos hayan ganado y de que se hayan reído de nosotros como en la Supercopa. Porque quizá no haya peor último pensamiento que preguntarnos, cuando seamos viejos y todo cobre sentido, como hacen los Carolina Durante en su último disco, aquello de qué nos ha pasado, si no ha pasado nada.
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Enero nos da lo que enero nos quita. Desde kilos de más hasta nobles propósitos de año nuevo. En mitad de la temida cuesta de enero con su inflación y el aumento consuetudinario en combustible y energía, los publicistas herederos de Don Draper nos recuerdan cada año que existe un oasis en el desierto en forma de rebajas. Desde tiempo inmemorial, las distintas generaciones han acudido a las rebajas de enero empujadas por misteriosos intangibles. Una promesa o algo peor nos empuja a creer que encontraremos una ganga cuando la cruel realidad es que todo obedece a una estrategia empresarial.
En nuestro fútbol de cada día, muchos presidentes demagógicos pretenden arreglar en enero lo que fueron incapaces de prever en verano. En honor a la verdad, el tendido del siete de todos los estadios pide la cabeza del viejo conocido y clama al cielo por tener nuevos conocidos con los que ilusionarse. Equipos en crisis ven desfilar entrenadores nuevos que llegan con cara de pocos amigos y lo primero que hacen es poner a todo el equipo a dieta y doble turno de entrenamientos a jornada completa. Y cómo no, religiosamente el aficionado debe aprenderse los exóticos nombres de fichajes a saldo que normalmente proceden de la Europa del Este o Sudamérica. Naturalmente, entre tanta mercancía averiada, cada tanto, como diría Serrat, nace una rosa entre cardos. Entre tantos desaciertos, también llegan excelentes jugadores como Marcelo e Higuaín.
Los equipos exitosos como el Real Madrid también se ven sojuzgados por buena parte de su afición cuando la trayectoria de los primeros meses no es la esperada. Como era de esperar, y más si sumamos todas las bajas de larga duración por lesión, el aficionado sabe que el Madrid es frágil en defensa porque no cuenta con suficientes efectivos. Lo fácil es pedir fichajes, lo difícil es mantener la cabeza despejada y evaluar la situación. ¿Qué efectivos transferibles o cedibles pueden ser verdaderamente útiles? ¿Hay alguna oportunidad de mercado que pueda suplir con garantías nuestras bajas? La respuesta más lógica sería responder a todo que no. Sin embargo, sé que es desmoralizador aceptar que hasta verano no podemos esperar fichajes importantes como los de Trent Alexander-Arnold o algún central de categoría.
La situación del Real Madrid no es sencilla. Cualquiera de nosotros ha vivido momentos buenos, menos buenos, regulares y realmente malos. ¿Acaso cabe tirar la toalla cuando pintan nubes negras? ¿Qué haces cuando el viento sopla a favor? El éxito te cambia. Tú no te das cuenta. Piensas que sigues siendo el mismo pero ni eres el mismo ni los demás te perciben igual. Y tú, en tu fuero interno, sabes que ya no eres el mismo. Lo intentas porque sabes, como cualquier persona que haya superado la curva de los dieciocho y tenga cierta honestidad intelectual, que todo es efímero. Pues como dijo Rudyard Kipling en su célebre poema, el éxito y el fracaso son dos impostores. Jorge Luis Borges iba aún más allá y añadía que ambos son ilusiones temporales que no definen la verdadera esencia de una persona. Cabe recordar que tampoco una entidad como el Real Madrid merece ser reducida al absurdo del éxito inmediato y pasajero o calificar como fracaso por momentos determinados que se suelen dar casi todas las temporadas. Basta con tener memoria futbolística para no caer en diagnósticos banales.
Cabe recordar que tampoco una entidad como el Real Madrid merece ser reducida al absurdo del éxito inmediato y pasajero o calificar como fracaso por momentos determinados que se suelen dar casi todas las temporadas. Basta con tener memoria futbolística para no caer en diagnósticos banales
La bochornosa derrota ante el Fútbol Club Barcelona en la final de la Supercopa de España ha disparado el pesimismo entre nuestras filas. En estos días es natural sobrepensar lo sucedido e incluso hacerse daño queriendo saber la última hora de supuestos gabinetes de crisis o atender los cánticos de sirenas de futuribles al banquillo blanco tipo Xabi Alonso. Sinceramente, recomiendo alejarse del ruido mediático. Ponerse a dieta de tertulias, vídeos o periódicos puede ser sanísimo. Salvo de La Galerna, recomiendo abstenerse de consumir nada relacionado con el fútbol. Y por supuesto, incluyo a las redes sociales como cenagales tóxicos a evitar. Eliminar de nuestro consumo diario esas visitas constantes a ciertas ciénagas que excretan opiniones dañinas. Entiendo que todos nos hacemos cargo de lo nocivo que pueden llegar a ser algunos pseudomadridistas.
Abogo pues por un total apagón informativo si es necesario. No pasa absolutamente nada por tomar distancia de la rabiosa actualidad. Es hasta recomendable en estos tiempos de pena y olvido. Cada cierto tiempo es sanísimo obviar todo esto y centrarse en las cosas buenas que tiene la vida. Paladear un buen vino mientras escuchas un buen disco, o frecuentar una tertulia con amigos que tengan inquietudes fuera de lo estrictamente futbolístico, pueden ser sustitutivos estimulantes. E incluso, como recomendarían los modernos a sus amigos que están superando una ruptura, contacto cero y mucho gimnasio. O en su defecto, como haría ese gran madridista llamado Pepe Herrero, penúltimo oficialista vivo, pasar de la sauna a la disidencia también puede ser una gran opción. Tampoco hace falta machacarnos a diario. Una sesión de largos en la piscina ayuda. No olvidemos que nadar es el ejercicio más completo y saludable que existe.
La inmediatez del fútbol es la mejor medicina para el Madrid. Mañana jueves tenemos Octavos de final de Copa del Rey frente al Celta de Vigo en el Santiago Bernabéu. Y a continuación, la U. D. Las Palmas nos visita el domingo en casa. Y por si fuera poco, el próximo miércoles vuelve la Champions y tenemos al Red Bull Salzburgo también en casa. Estos tres partidos como local son el bálsamo perfecto para que el equipo demuestre de lo que es capaz. Victoria a victoria el Madrid volverá por sus fueros y, a poco que la salud nos respete y el Dios del fútbol así quiera, la primavera blanca abrazará de nuevo los partidos grandes que nos conducen a las hazañas de siempre. Y volverán a sonreír los niños en las gradas y desfilarán alegres y risueñas las mocitas madrileñas para ver ganar a su Madrid.
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Buenos días, amigos. Jan Laporta ha comparecido ante la prensa para dar explicaciones del llamado Caso Olmo. Ha tardado poco tiempo en hacerlo si lo comparamos con la cantidad de meses (¡meses!) que le ocupó ponerse ante los medios para arrojar luz (ejem) sobre las malévolas insinuaciones de la prensa en el llamado Caso Negreira.
Aquella intervención fue un triunfo clamoroso. Salió con unas cajas presuntamente llenas de informes -¡los informes de Negreira!- que probaban que hubo un destino diáfano y absolutamente legal (ya lo creo) para aquellos pagos al vicepresidente del CTA que tuvieron lugar durante apenas 17 años (que se sepa). Como prueba accesoria, aportó unos CDs de Junco, adquiridos en una gasolinera del Ampurdán el fin de semana anterior.
Si aquella intervención, en la que nuestro héroe desarticuló con mano firme todas las calumnias cavernarias, incluidas las vertidas por el Generalísimo en persona, fue un éxito arrollador, la de ayer fue más apelotante todavía. Claro, en este caso llegaba con media tarea hecha, con Olmo ya inscrito. La goleada infligida al eterno rival en la final de la Supercopa le aupaba a un escalón de autosatisfacción todavía más elevado.
La portada que a este respecto ha confeccionado Mundo Deportivo nos parece de una crueldad innecesaria.
Hombre, puede que el insigne presidente culé tenga algo de sobrepeso, pero de ahí a llamarlo “Laportazo” en lugar de Laporta nos parece que medía un trecho de difícil justificación ética. No deberían estar contemplados los sufijos faltones en el libro de estilo del diario de Godó, grande de España. Tampoco está bien que omita el desmentido que muy serio llevó a cabo el mandamás: contrariamente a lo afirmado por lenguas de doble filo mesetarias, él no insultó ni zarandeó a nadie en el palco de Yeda. Hay abundantes testimonios en sentido contrario, pero quién es el mundo para dudar del testimonio de alguien tan decente como Jan, cuyos buenos modales no han sido quebrados jamás ni por las constantes asechanzas centralistas.
Con todo, lo más divertido de la portada mundodeportiva es el último punto relativo a la aparición pública del Joker calórico de arriba hacia el este. “Dio detalles de la operación de los asientos VIP”.
He aquí los detalles.
-¿Nos puede concretar las empresas a las que el Barça ha vendido sus palcos VIP?
-Ya lo he dicho (¿?). Son dos empresas. Una de Catar y otra de Dubai. No puedo decir los nombres por las cláusulas de confidencialidad.
“Detalles”. Ajá. Ejecutas tu operación estrella para salir del pozo a través de una venta, pero no puedes revelar quién ha comprado porque el comprador, supuestamente, no quiere que se sepa. Poneos las gafas de sol, queridos lectores, que tanta transparencia puede cegaros.
Ese momento fue excelso. Aunque detestemos entrar en política, recordó un poco a la declaración en juicio, muy reciente, del pariente cercano de alguien muy importante.
-¿Nos puede concretar las empresas a las que el Barça ha vendido sus palcos VIP?
-Vamos a ver. Imagino que las empresas que han comprado los palcos VIP serán las empresas que han comprado los palcos VIP.
Afortunadamente, nadie preguntó al bueno de Jan por la dirección de dichas empresas ni por la actividad de las mismas.
Por su parte, Sport da rienda suelta a uno de los aspectos centrales de la rueda de prensa laportiana: el victimismo. “Nos han intentado liquidar”. Les han faltado tres signos de exclamación por delante y tres por detrás. “Ataques por tierra, mar y aire”, soltó en otro punto. Nos vuelven a faltar unas exclamaciones que doten a la acusación del suficiente dramatismo.
“En Arabia tenía una euforia contenida”, revela. “No insulté a nadie ni cogí a nadie por el cuello”, insiste. Los cortes de manga que todos vimos y los berridos guturales representan, en efecto, la forma más sutil y elevada de la contención, porque la contención apareja siempre algún misterio, y nada hay más misterioso que una contención consistente en cortes de manga y gritos simiescos.
Y llegamos a la primera plana cumbre de la mañana. En las portadas marquistas suele intuirse la mano de Tebas, que es quien controla la publicación. Sin embargo, hoy os atrevemos a aventurar que ha sido diseñada o pergeñada directamente por el mismísimo presidente de la LFP.
Mira que había cosas que destacar. Bueno, pues lo que Marca refleja a cinco columnas es el regalo envenenado de Laporta a Florentino. Cuando Laporta agradece al Madrid (y a otros, sin nombrar ni a esos otros ni al uno) que no se haya pronunciado en el Caso Olmo, está tirando con bala: es su forma malévola de devolver (?) el favor al presidente del Real Madrid, tratando de predisponer a su afición contra él. Tebas, vía Marca, corre a redundar en el esfuerzo. Tanto Laporta como Tebas saben que gran parte de la afición blanca no entiende la pública complacencia de Florentino con el Barcelona. Olvidando que el club blanco sigue personado en el Caso Negreira, hay un sector del madridismo que se siente desorientado ante los gestos públicos de cariño que Pérez ofrenda al club azulgrana. Consciente de que aquí hay una posibilidad de potencial cisma entre el presidente y su afición, Tebas trata de ensanchar la herida vía Marca. Ajenos a los mecanismos de alta empresa de su máximo mandatario, muchos madridistas agradecerían una mayor visceralidad en la relación bilateral. Una, dicho sea de paso, que después se reflejara también en el campo.
As reserva un espacio menor al laportismo, optando por el lateralderechismo como argumento principal. Parece evidente que hace falta un lateral derecho. Si Trent Alexander-Arnold puede venir ya, maravilloso. De lo contrario, los otros dos nombres que menciona As nos parecen también adecuados, a la espera de que el inglés llegue el año que viene.
Pasad un buen día.