Buenos días. Pues resulta que el catastrófico Real Madrid que todos conocemos y casi todos ponen a caldo es líder de Primera División con dos puntos de ventaja sobre el segundo y siete sobre el equipo más extraordinario del orbe que acoge, además, a quien es de lejos el mejor jugador del planeta. Este mejor equipo de la galaxia va tercero, empatado a puntos con una escuadra del norte que solo juega con futbolistas locales.
El Madrid tiene que pedir perdón urgentemente por este liderato, que por lo demás es inexplicable como una película de David Lynch, quien nos acaba de dejar tan ateridos por su marcha como nos dejaba al terminar de ver cualquiera de sus obras. Hay canales de YouTube que te explican Mullholand Drive o Carretera Perdida. Sin embargo, no hay un solo canal de YouTube que vaya a explicarte hoy por qué el Madrid es líder, como no hay ningún periódico que vaya a abundar en los méritos que le han conducido a esta situación. Alguno tendrá que haber, ¿no? Y sin embargo te seguirán hablando del caos táctico y la baja forma y la pésima dirección deportiva, sin dar acuse de recibo del puesto que ocupa en la tabla ese despojo deportivo que es el equipo de Ancelotti.
Entre esos argumentos deportivos debe estar, intuimos, Mbappé, que hoy ocupa la portada de Marca junto a un juego conceptual algo burdo que, encima, le ha copiado a As o viceversa. Mismas palabras, (al menos) distintas fotos.
Decir “El líder es Mbappé” equivale a aseverar que Mbappé es el líder, y la sentencia no parece desafinada a la luz de su notable partido en la tarde de ayer ante Las Palmas, que en realidad refrenda una trayectoria reciente de excelencia. No es EL líder, pero sí parece haberse convertido en uno de ellos. Va a resultar que Kylian no solo no es el cáncer que iba a corromper ese vestuario, sino que ha supuesto una inyección extra de motivación —y de calidad, eso va en el pack sin especificarlo— justo cuando dicha motivación podía estar estragándose en un colectivo con la tripa llena o medio llena.
Su gran encuentro de ayer queda explicitado en el título de la crónica (y en la crónica misma) que escribió Paco Sánchez Palomares en este vuestro portal favorito. Es el relato de un partido muy convincente por parte no solo del francés, sino también de la generalidad de sus compañeros con otro claro destacado: Dani Ceballos. El mediocampista de Utrera se encuentra en un momento dulce y completó unos excepcionales noventa minutos, brindando al equipo orden, clase y pulmones. Se hartó de robar balones y encarnó ese espíritu de dominio de los partidos que los blancos habían extraviado. A ver si va a ser que el Madrid es líder porque tiene excelentes jugadores y ha mejorado mucho en su juego, con el alarmante bajón de Yeda en medio como un lapsus traumático.
A lo mejor lo que hay que intentar explicar no es que el Madrid sea líder sino precisamente lo de Yeda, sobre todo en relación a la otra gran goleada infligida por el equipo de Flick, aquel 0-4. El Madrid es líder de la liga, pero también es el único equipo de la competición que ha encumbrado a una escuadra azulgrana capaz de naufragar ante cualquier rival pero a la cual da vida el Madrid. Con esto sí que te hace Lynch un Twin Peaks que te deja rascándote la cabeza y con el culo torcido, amén de inevitablemente mosqueado con tu equipo. Los azulgrana están en la peor racha histórica de la liga (6 puntos en los últimos 8 partidos), pero a nosotros nos meten cinco. Alguien tendrá que explicarlo, porque el dato sienta mal desde la perspectiva de la rivalidad, una rivalidad que parece estar más instalada en la masa social blanca que en la propia institución y la propia plantilla.
Por cierto, en la otra competición nacional asistiremos hoy al sorteo de cuartos. Veremos quién nos toca. Seguid las redes sociales de La Galerna, a partir de la una, para estar al tanto.
En la otra orilla del río, los acontecimientos contradictorios que acabamos de destacar son tratados en términos de bipolaridad. Nos parece mucho más sencillo que todo eso: este Barça solo juega bien contra aquel a quien odia. Un culé interesado en que mejore su equipo debería inocular en la psique de los suyos algún aborrecimiento por otros equipos además del Madrid, léase Osasuna, Las Palmas o Leganés. Solo así les ganarán. Pero ¿cómo lograr tal cosa?
—Queridos niños de La Masía, hoy os vamos a enseñar que, para poder ganar la liga, tenemos que odiar muy fuerte no solamente al Madrid, sino también al Valladolid.
—Pero, señor profesor, ¿qué nos ha hecho el Valladolid?
—¿Cómo que qué nos ha hecho? ¿Tú te has dado cuenta de lo cerca que está Pucela de la capital? Los de Ryanair, cuando volaban allí desde Dublín, lo llamaban Madrid West.
—Puf. No siga, señor profesor. ¡Yo ya oigo decir “Valladolid” y me arde la sangre en las venas!
Mientras en el seno del club cliente de Negreira trabajan por desperdigar su odio, y así poder ganar a alguien más que no sea el Madrid, publican en su entorno portadas que también lindan con el odio.
Odio en este caso a Ansu Fati, que les fornica el límite salarial para poder fichar a Rashford, o al rosario de la aurora, al insistir el muy insolidario en cumplir su contrato con la empresa que le paga. Es así cómo, en maniobra de bullying mediático que demasiado bien conocemos, porque les hemos visto hacerlo muchas otras veces, presentan al pobre chaval, de cara a la afición, como el impedimento para fichar estrellas. Ansu “frena” la llegada de Rashford. Lo “bloquea”, dicen después. Así, con esta campaña de señalamiento, trata el FC Barcelona a sus asalariados, con la posible excepción de Enríquez Negreira. ¿Os imagináis?
“Negreira frena a Rashford. El vicepresidente de los árbitros insiste en cumplir su contrato, impidiendo liberar la masa salarial suficiente para fichar al astro inglés (o a quien sea)”.
Pudo pasar. Con el descaro que se gasta esta gente, cualquier cosa es posible.
Pasad un buen día, saboreando el liderato.
Arbitró Alejandro Quintero González del Comité andaluz. En el VAR estuvo Figueroa Vázquez.
Su debut en el Santiago Bernabéu y seguro que no lo olvidará porque tuvo bastante trabajo. Hasta en tres ocasiones debió ir al monitor para consultar acciones decisivas del juego.
En el 18', acertó en el claro penalti de Sandro a Rodrygo en el pico del área. El primer gol anulado llegó en el 43'. Mbappé estaba en fuera de juego milimétrico y Figueroa Vázquez avisó a su colega para que analizara si el francés influyó en el despeje de Herzog. Decretó que sí en una jugada muy interpretativa. Mbappé no salta ni disputa en el último momento la pelota pero sí arranca, lo que obliga al defensor canario a recular y despejar. Antes del pitido final del primer tiempo vio amarilla Sandro.
En la segunda parte expulsó a Benito tras una entrada peligrosa a Lucas con los tacos a la altura de la cadera. Erró en no verlo de primeras porque su decisión inicial fue tarjeta amarilla. Figueroa le llamó y corrigió su decisión. Otra vez, en el 74', volvió a ser requerido por una acción parecida a la del primer tanto anulado. Esta vez el jugador en fuera de juego era Rüdiger, que sí salta y disputa el cuero a Cillessen y a la defensa amarilla. Desde el monitor volvió a señalar órsay con más razones justificadas que en el primero. El tercer tanto anulado fue por encontrarse Lucas con todo el cuerpo por delante del último zaguero amarillo. Lo que vino después con el gol de Valverde quedó invalidado. Por último, tendría que haber pitado penalti de Javi Muñoz a Rodrygo cuando el brasileño recortó y se lo llevó agarrado del cuello el canterano madridista.
Una última apreciación es que pudo dejar la ley de la ventaja en un par de acciones bastante claras y deberá aprender de ello para el futuro.
Quintero González, REGULAR.
Getty Images.
-Courtois: SIN CALIFICAR. No pudo hacer nada en el gol canario y no tuvo que intervenir más.
-Lucas V: APROBADO. Partido prototípico de lo que es. Falta de oficio como lateral en defensa, compensada con alguna aportación en ataque.
-Fran García: NOTABLE. Pura energía. Le falta algo de lucidez en los últimos metros.
-Rüdiger: APROBADO. Partido absolutamente cuerdo del demente.
-Asencio: NOTABLE. Jugador de raza para muchos años el que ha fabricado el Madrid en su cantera. Le falta un gran partido ante un grande.
-Valverde: NOTABLE como mediocentro ante la ausencia de Tchouaméni. El VAR le privó de un nuevo golazo.
-Ceballos: SOBRESALIENTE. La gente recordará mucho tiempo su partidazo. Puso orden, grandes pases en profundidad y siete mil balones recuperados.
-Bellingham: APROBADO. De menos a más. Más atrasado por las bajas en el mediocampo.
-Brahim: APROBADO. Gol y calamitoso fallo ante el gol. Siempre lo da todo.
-Mbappé: SOBRESALIENTE. Marcó dos y estuvo en todos los demás. Apunta a ser el Mbappé que vimos en el PSG, el Ronaldo Nazário que vimos en el Barça y el Benzema que vimos en el Madrid, todo en uno.
-Rodrygo: NOTABLE. Gol, clase y pujanza.
-Alaba, Güler, Lorenzo, Endrick: SIN CALIFICAR.
-Ancelotti: APROBADO. Plácido partido que exigió poco a su libreta. La gente está un poco cansada de que dé tan poca bola a los jóvenes, máxime en un partido tan relajado.
Getty Images.
Tras sendos tropiezos de Atleti y Barça, el Madrid comparecía en el Bernabéu con la oportunidad de colocarse líder al final de la vigésima jornada de liga. Para ello, no podría contar con Modric, malo para los amantes del fútbol; ni con Tchouaméni, malo para los amantes de los pitos; ni con Vinícius, malo para los amantes de volcar sus frustraciones en los demás. El Madrid no desaprovechó la ocasión y se impuso de manera contundente, a pesar de un comienzo preocupante.
Carletto optó por un once previsible en él con los mimbres que disponía, con Valverde y Rodrygo en el lugar de los ausentes Aurélien y Vini. Además del primer puesto de la clasificación, uno de los alicientes del choque era un Mbappé que llegaba en una dinámica francamente positiva. Otro aliciente, la posible vuelta a los terrenos de juego de Alaba más de un año después. Ambas expectativas se vieron cumplidas y colmadas.
Quintero González pitó el inicio del choque a las siesta y cuarto, sin duda el mejor horario para jugar y ver fútbol. De hecho, el comienzo del partido pilló al Madrid dormido y a Lucas Vázquez en un sueño más profundo que el de la Bella Durmiente. Silva le cogió la espalda y anotó el 0-1 a placer a los 26 segundos de partido. Caraja con una precocidad récord.
El Madrid respondió inmediatamente: a Brahim le regalaron sus compañeros un balón que solo tenía que empujar cerca de la portería y sin marca. Lo echó fuera. A los cuatro minutos, otra ocasión meridiana: Silva pudo anotar de nuevo colándose por ese triángulo de las Bermudas defensivo que hay en el flanco derecho de la retaguardia blanca.
Dicen que en el fútbol un buen centro del campo es capital. El Madrid, de nuevo, había comenzado a jugar el partido sin él. Mbappé, no obstante, pudo empatar a los 7 minutos, pero entre Cillessen y el palo evitaron el gol. Para colmo de males, Bellingham se resentía de su hombro.
Poco después del cuarto de hora, Rodrygo ingresó en el área rival por su esquina derecha y Sandro lo derribó con claridad. Penalti claro. Señalado sin VAR ni nada, hecho harto extraño cuando del Real Madrid se trata. Un Mbappé distinto a aquel Mbappé sin confianza de hace semanas que lanzaba los penaltis agarrotado trincó el cuero y lo coló con facilidad en la meta rival. 1-1. Quedaba un mundo para terminar de resolver el desaguisado inicial.
Brahim pudo adelantar a los blancos después de una dulce cucharita de Kylian, su chut atravesó un bosque, y llegó manso a las manos del guardameta tras chocar contra varios árboles. Poco después, de nuevo Mbappé: chutazo desde la esquina exterior del área que desterró a córner Cillessen con una palomitera manopla. El arquero salvó otro gol de Rodrygo con una táctica diferente: sobriedad absoluta. El Madrid ya se había despertado y aceleraba a ritmo vertiginoso bajo la batuta de Ceballos.
En el minuto 32, una decisión poco habitual en el futbol de hoy terminó en gol. En lugar de jugar una y otra vez con el portero, Asencio decidió girarse hacia adelante, romper una línea y dar salida al balón. Mbappé, tras control y conducción sublimes, descerrajó otro trallazo made in Kylian que obligó a Cillessen a realizar otra gran estirada. El rechace se lo cedió Lucas a un Brahim que esta vez sí acertó a marcar. 2-1. La Bella Durmiente había despertado del todo.
El jugador más determinante del mundo se encargó de sacar petróleo de una nueva recuperación de Valverde y marcó el 3-1 de primeras dentro del área tras asistencia de Rodrygo. Segundo de un Mbappé completamente desatado que anotó el cuarto a los 41 minutos, pero a Quintero González lo llamó Figueroa Vázquez (no confundir con Vázquez Figueroa, aunque ambos ayuden a construir relatos) desde el VAR, debía decidir si la pose de estatua de Kylian influyó en el inicio de la jugada, más o menos cuando el nueve se estaba haciendo la foto para los recordatorios de la primera comunión, ya que el francés se encontraba unos milímetros más adelantado que el defensa amarillo. Obviamente, el trencilla interpretó que Mbappé influía. Gol anulado.
Antes del descanso, poco faltó para que Kylian marcara otra diana. A los vestuarios en modo festival después de un inicio benzodiazepínico y con un Mbappé en modo dios del fútbol.
Los de Ancelotti reanudaron el partido con la misma intensidad que habían acabado la primera mitad. Un pase excelso de un gran Ceballos no lo convirtió Jude en gol por el canto de una tele moderna.
El Madrid tenía el partido en el bolsillo, pero habida cuenta de su facilidad para complicarse la vida era perentorio no relajarse y, a poder ser, no cometer errores groseros.
A los 12' de la segunda, el Madrid marcó de nuevo el cuarto. En esta ocasión no encontraron nada punible en el neolítico de la jugada y el gol de Rodrygo subió al marcador después de otra buena jugada coral del Madrid.
En esas andábamos cuando Benito decidió darle una coz con los tacos a Lucas Vázquez. Quintero González no anduvo fino. Primero, dejó seguir porque Rodrygo se colaba con peligro en el área. Cuando el brasileño se disponía a chutar, paró el juego para mostrar amarilla, que no roja, a Benito, luego sí había visto la jugada, y evitó una clara ocasión al no aplicar la ley de la ventaja. Después, el VAR lo llamó y tras ver la entrada animal de Benito cambió la amarilla inicial por la roja directa. Lucas acabó con el cuerpo marcado, del mismo modo que Varane años ha después de que Lenglet le clavase los tacos en el área sin que ni colegiado ni VAR moviera un dedo.
Por Las Palmas saltó al terreno de juego McBurnie, futbolista con nombre de hamburguesa en promoción, y por el Madrid se preparaba para volver al césped Alaba. Mientras tanto, Jude marcó el quinto. Pero Quintero González decidió que sí había quinto malo y lo anuló de nuevo tras revisarlo en el VAR. Los motivos no importan. Si no es uno, encuentran otro.
Ovación de gala, con el banquillo en pie, para Alaba cuando se incorporó al partido. Qué buena noticia su vuelta. Mientras tanto, a Rodrygo se lo llevaron puesto en área rival, pero estas jugadas solo se pitan si es Asencio quien las protagoniza. Aplausos continuos también para Ceballos, que estaba cuajando un partido soberbio y el Bernabéu no dudó el corear su nombre en varias ocasiones ni en despedirlo en pie cuando fue sustituido por Chema.
Güler también había sido puesto en liza por Carletto y filtró un exquisito pase a Lucas, quien la colocó en el área pequeña, pero Bellingham le quitó el hat-trick a Mbappé al rematar un balón que Kylian ya saboreaba.
Y Fede cogió su fusil y la incrustó mágicamente en la escuadra. Pero Quintero González quiso firmar su particular hat-trick de goles anulados y lo invalidó por fuera de juego de un Lucas que a continuación fue sustituido por el debutante en liga Lorenzo.
En el minuto 90, el árbitro no se vio obligado a anular el gol de Bellingham porque su disparo lo despejó Cillessen.
No hubo tiempo para más. El Madrid jugó, goleó a lomos de un Mbappé diferencial y acabó líder, como tantas otras veces desde hace más de cien años.
Getty Images.
Buenos días, amigos. Defendía Raffaella Carrà que para hacer bien el amor hay que venir al sur. Leganés y Getafe están al sur de la capital, a menos de 20 minutos de viaje en Cercanías (si funcionan los trenes, claro), pero si se visitan sin la suficiente pericia en el desempeño del propósito, en lugar de gozar, como cantaba Raffaella, uno puede salir escaldado. A pesar de que en ambas ciudades madrileñas hubo episodios como los que hay desde hace cien años, o 92’48’’.
El primero en viajar al sur fue el Atleti, que en la liga iba como Kubica, es decir, como un pepino, pero en Butarque se topó con un Lega que volvió a demostrar su condición de matagigantes, según decían los clásicos, y regresó al este del edén, Madrid, con una derrota.
La previa había estado marcada por la frustración del Cholo, quien aún no ha superado que el Madrid eligiera fichar a Fernando Redondo antes que a él. De ello dimos buena cuenta en nuestro portanálisis de ayer y por este asunto cuestionaron a Carlo Ancelotti en rueda de prensa: «Son cosas que a veces se dicen para la galería. Todo el mundo del fútbol es consciente de lo que representa y ha representado el Real Madrid en estos más de cien años de historia. Puede ser que sean espinas que duelen».
El Madrid es como una espinita que se te ha clavado en el corazón, Cholo. Suave que te está sangrando, que te está matando de frustración.
En honor a la verdad, hay que decir que durante el partido hubo episodios como los que hay desde hace cien años. Melero López y el VAR se zamparon un penalti catedralicio sobre un atacante del Leganés. Después, Griezmann agarró con ambas manos a Brasanac, entre la cara y el cuello, y, empleando fuerza no insignificante, giró cuerpo y brazos hasta arrojar contra el suelo al jugador pepinero. Roja clara para Vinícius y, si es posible, cárcel.
La acción de Griezmann con Brasanac #LALIGAenDAZN ⚽️ pic.twitter.com/JVgZC9EHmX
— DAZN España (@DAZN_ES) January 18, 2025
Ni VAR, ni roja, ni polémica ni nada. Ni sanción de 2 a 4 partidos ni de 4 a 12. Ni caza mayor en los medios contra el futbolista. Vini tenía razón. No es el qué, es el quién.
Cuando se frisaba la coda de la contienda, el VAR, ahora sí, llamó a Melero. Mano en el área del Lega. Melero miró la pantalla y rápidamente señaló penalti. Por desgracia para el sistema, el arrojador de cuerpos lo lanzó (el balón) fuera del arco y el Atleti pinchó y dejó el liderato a tiro al Madrid.
Cuando Melero señaló el penalti, Borja Jiménez se dirigió al banquillo cholista para hacerles notar que las declaraciones plañideras de Simeone habían surtido efecto.
IMAGEN DAZN 📺 Melero López pitó penalti contra el Leganés tras verlo en el VAR...
... y este fue el gesto que Borja Jiménez le dedicó al banquillo del Atlético de Madrid 👀#LALIGAenDAZN ⚽ pic.twitter.com/mnnSrt4rQZ
— DAZN España (@DAZN_ES) January 18, 2025
Aunque después del partido probablemente reflexionó sobre qué es más conveniente para su carrera (o alguien se lo recordó) y se dio cuenta de que defender la justicia y la verdad no es el camino indicado para medrar en el fútbol español. Eso sí, pidió disculpas por las formas, no por el fondo, que es irrebatible.
Tras la derrota atlética, nuestro editor, Jesús Bengoechea —a quien aprovechamos para felicitarle por su cumpleaños a ritmo de Voyage, Voyage—, resumió a la perfección lo sucedido.
El Atleti acaba de perder 1-0 con el Leganés y su estrella ha fallado un penalti en el último minuto.
Estas cosas pasan desde hace 100 años, no sé de qué os extrañáis.
— Jesús Bengoechea (@JesusBengoechea) January 18, 2025
Este partido volvió a demostrar que el CTA cuenta con dos armas potentes para intentar decidir los partidos en uno u otro sentido (en realidad siempre es en el mismo). La primera, que no se utilizó ayer, es la elección del frame más oportuno a sus intereses en el fuera de juego semiautomático, que de facto supone que un gol suba al marcador o no. La segunda es un reglamento y unas circulares enrevesadas que permiten que las manos en el área sean tan interpretables que ya nadie sepa si son punibles o no, con lo que cualquier decisión que adopten sirve. Todo ello condimentado con el hecho de que la empresa que suministra las imágenes al VAR sea avalista del club cliente de Negreira.
A ese club del que usted me habla tampoco le sentó bien el viaje al sur de Madrid. Las visitas a Getafe no se le dan bien al Barça. La afición azulona recibió a los culés con cánticos entre fieles y sarcásticos con la realidad que nos ha tocado vivir. Desde «Es una mafia, el Barça es una mafia» hasta «Véndeme un palco; Laporta, véndeme un palco», pasando por un censurable: «Laporta, gord…, te hinchas a Phoskitos”.
Pero se volvió a demostrar quién manda en esta liga y hubo censura. Se prohibió a los hinchas mostrar una pancarta que rezaba «Límite salarial, no para quien compra al trío arbitral».
De modo que más que hacer el amor en el sur, Bordalás se lo hizo a ellos. Como brillantemente publicó Marca Scroll en X, «Bordalás “impone” al Barça la regla del 1:1».
— Marca Scroll (@MarcaScroll) January 18, 2025
Quizá mal acostumbrados por sus encuentros contra el Madrid, los de Flick no entendieron que el rival no les extendiera una alfombra roja para que ellos se paseasen y golearan. En cambio, se encontraron con un rival que supo frenarlos aprovechando los defectos ajenos y maximizando las virtudes propias.
Ello derivó en que el Barcelona se quejó de que el Getafe jugase con sus armas y no con las del Barça. Unas armas que, por cierto, son reglamentarias. Defender duro e intentar que se juegue poco es lícito, siempre que no se sobrepasen los límites que establece el reglamento, cuyo cumplimiento debe observar un equipo arbitral designado y dirigido por los mismos que estaban cuando el Barça tenía comprado a uno de sus jefes.
El Barça no cumple con el fair play fuera pero tampoco dentro del campo, como se volvió a ver ayer. Juan Iglesias reveló en COPE: «Gavi nos ha dicho “a segunda, a segunda”. Encima se tapaba la boca. Yo le decía que si era tan mayorcito para decirlo, que se quitara la mano. Es lo que más les hace rabiar, que nunca se llevan los tres puntos de aquí».
Enseguida nos vino a la cabeza el reciente intercambio dialéctico entre Asencio y Maffeo cuando este último le insultó gravemente y el defensa blanco le respondió. En X, @HdeHelena_RM se ha encargado de mostrar juntas las reacciones de los medios en ambos casos.
Esto es el doble rasero que hay en el periodismo deportivo.
Asencio le dice a Maffeo que es malísimo: Debería aprender a ganar, dejar a otros que hablen, además usando palabras que...
Gavi le dice a Yellu que es malísimo: (Risas) Esto ha pasado siempre.pic.twitter.com/iu4JUPdg9t
— Helena 🇮🇨 (@HdeHelena_RM) January 19, 2025
Nótese el jolgorio con el que los medios reaccionan a las palabras de Gavi y el tonito condescendiente que muestran con Asencio. La historia de siempre. La prensa es parte del tinglado y no pierde ocasión de demostrarlo. Sin ella el sistema no funcionaría.
En el partido hubo de todo, también insultos racistas.
😤 Alejandro Balde denuncia insultos racistas en el Coliseum
🤬 "Se lo dije al árbitro y activó el protocolo pero no sé muy bien en qué consiste" pic.twitter.com/bdwl3pqdAT
— MARCA (@marca) January 18, 2025
Vini también tenía razón con esto.
Son hecho deplorables que condenamos venga de quien venga. Porque es el qué y no el quién.
Pasad una buena mañana a la espera del partido contra Las Palmas a las 16:15. Si este Madrid horrendo y malísimo ganase, se pondría líder con una ventaja de 7 puntos sobre el maravilloso Barça que va ganar todo y ha obtenido 6 de los últimos 24 puntos disputados en liga.
En un acto de suprema audacia, la NFL, esa gran liga de hombres fornidos con casco, ha decidido que su primer partido en España se dispute en el olimpo del fútbol, el Santiago Bernabéu. Donde los que se compraron su vivienda junto al templo madridista ya en funcionamiento ven un estadio molesto —sobre todo porque el Madrid se empeña en fastidiarles la vida ganando—, la NFL ve el coliseo ideal para su espectáculo de gladiadores.
Habrá quien se pregunte: ¿qué diantres pinta el fútbol americano en el hogar del Real Madrid? Aunque cabría más cuestionarse cómo el fútbol americano no llegó antes a la casa blanca, porque esta simbiosis conllevará no pocos provechos y abrirá el camino a cantidad de sinergias ventajosas.
Están los beneficios económicos. Porque no es solo un partido, es una operación que promete dejar Madrid como la caja fuerte de Fort Knox, y parte de esos ingresos irán a parar a las arcas vikingas. Según Forbes, este evento podría tener un impacto económico de más de 80 millones de euros. La NFL ya ha demostrado en otras incursiones internacionales que sabe cómo mover el dinero. En Londres, cada partido de la serie internacional ha generado en torno a 100 millones de libras en ingresos locales, desde la venta de cervezas hasta el merchandising. Algunos se empeñan en hacer ruido para demostrar lo contrario, pero el Bernabéu comienza a ser una mina de oro sin necesidad de desplazarse al lejano Oeste a golpe de espuela. Además, la NFL tiene un público global que no solo consume deporte, sino que está plagado de potenciales clientes de multitud de productos y servicios.
No es solo un partido, es una operación que promete dejar Madrid como la caja fuerte de Fort Knox, y parte de esos ingresos irán a parar a las arcas vikingas. Según Forbes, este evento podría tener un impacto económico de más de 80 millones de euros
Más allá del dinero. La visibilidad internacional que este partido brindará al Real Madrid, a Madrid y a España es incalculable. Basta imaginar el Bernabéu, un emplazamiento ya mítico, apareciendo en los titulares deportivos de los grandes medios de Estados Unidos, donde el fútbol — soccer— es casi un deporte de segunda categoría. Ahora, la casa blanca será el escenario de un espectáculo que los yankis adoran, con todos sus rituales, desde el himno nacional hasta las cheerleaders. Puestos a imaginar, ¿por qué no podría el Real Madrid en el futuro contar también con una sección de fútbol americano?
El Bernabéu, que ha visto a todocampistas como Di Stéfano y a centrocampistas como Modric, ahora verá a quarterbacks y linebackers. Unas gradas que han rugido con el Puma Santillana o con el Gato Miguel Ángel ahora gozarán con los Dolphins de Miami y se adaptarán a un juego donde la estrategia se mide en yardas y no en goles. Pero es que, en el fondo, lo que hace al Real Madrid tan grande es la capacidad de adaptación. En este caso, a esta virtud une su calidad sempiterna de pionero, tan bien comandada por presidentes como Bernabéu y Florentino. Tanto en el deporte como en los negocios. Es necesario ser pragmático para sacar provecho de cualquier situación.
Y hablando de negocios, hay que hablar del turismo. Los amantes del fútbol americano, muchos de los cuales nunca habrían pensado visitar Madrid, ahora tendrán un motivo más para hacerlo. Hoteles llenos, restaurantes repletos, y tiendas de souvenirs vendiendo gorras y camisetas de los Dolphins y de la franquicia rival —aún por confirmar— junto a las del Real Madrid. Es una oportunidad pintiparada para Madrid, que se prepara para recibir cantidad de turistas con gorra, chicle en la boca y fajo de dólares sujetos con un clip en el bolsillo.
Este partido de la NFL en el Bernabéu es más que un evento deportivo, es una declaración de intenciones. El Real Madrid, que ya corona la élite del fútbol, quiere ser un referente global en el mundo del espectáculo deportivo. Así que, mientras algunos se lamentan por la americanización del fútbol, otros ven en esto una muestra más de la grandeza y la visión de futuro del club.
El Bernabéu abre sus puertas a un nuevo deporte, demostrando una vez más que lo que importa es ganar, ya sea con un gol o con un touchdown. Fútbol americano y casa blanca. Como cantaba Paul McCartney en Michelle, these are words that go together well.
Getty Images.
Siempre ha sucedido. Ha habido incontables ocasiones en las que el mecanismo de relojería del equipo ha tenido desajustes. El madridista veterano recordará numerosos futbolistas “que no servían” para el Real Madrid. La lista es larga. Hemos visto silbar a Míchel, a Martín Vázquez, a Zamorano, a Beckham. El futbolista indolente, que no refleja el furor de la grada, por carácter o por personalidad, siempre fue sospechoso. Qué me dicen de Isco cuando se daba dos vueltas sobre sí mismo antes de jugar la pelota, vicio repetido en el Ceballos 1.0, e igual de controvertido.
En el Bernabéu se ha silbado a Zidane, se ha escuchado el runrún con Ronaldo (Ave María Purísima, que diría el maestro Guasch) cuando se eternizaba su regreso a la línea de la defensa rival desde una posición de fuera de juego, ya con el balón de nuevo en posesión de nuestros jugadores.
A unos por unas cosas, a otros por otras.
El madridista veterano recordará numerosos futbolistas “que no servían” para el Real Madrid. La lista es larga. Hemos visto silbar a Míchel, a Martín Vázquez, a Zamorano, a Beckham
Enardece al Bernabéu una carrera estética, de esas que a veces sirven sólo para eso, para que la grada disfrute del derroche físico, para que sienta que el jugador tiene el compromiso que se le exige: apretar una salida de balón, recorrer medio campo sólo para que el portero rival precipite el saque. Bellingham lo entendió el primer día. Carrerón de cuarenta metros para hacer que el portero regale el balón y ovación del estadio. Eso es de lo que más complace a los madridistas.
No importa tanto el entrenador, importan los jugadores. El entrenador los posiciona, pinta en la pizarra un patrón básico del partido, da una instrucción general sobre situaciones de juego (cuando ataquen, tú aquí; cuando defiendan, tú al espacio, pero si bajan rápido te vas al lado de Pepito y le buscas la espalda…), les da dos instrucciones a cada uno (en realidad el fútbol es muy sencillo) y hala, a jugar. Porque esto es un juego.
Los entrenadores de laboratorio nunca han funcionado en este club. Lo más parecido a Guardiola que tuvimos (perdóname, Señor), fue Benítez. Se comió el turrón en 2015 pero no llegó a abrir los regalos de Reyes. El Real Madrid necesita la dosis justa de anarquía que hace frotarse los ojos a todos los entrenadores y jugadores que han caído eliminados en una de esas noches mágicas del Bernabéu. Nunca lo entendieron y aun años después no entienden qué sucedió. Guardiola nunca vivirá algo así, nunca vivirá en el lado bueno de la historia. No hay ciencia detrás del fenómeno. Yo tampoco lo puedo explicar. Con todo en contra, recuperas un balón en defensa y la grada, al unísono, empuja, genera electricidad, cree. Estoy seguro de que en el césped lo notan, los nuestros y los otros. Una energía que empuja y una energía que debilita. Lo hemos visto. Hemos visto superestrellas en los rivales con la mirada perdida, desorientados, sin saber qué estaba sucediendo y hemos visto niños en nuestro equipo con la determinación del CR7 de 2014 en la mirada. No se puede describir. Simplemente, ocurre.
Los entrenadores de laboratorio nunca han funcionado en este club. Lo más parecido a Guardiola que tuvimos (perdóname, Señor), fue Benítez. Se comió el turrón en 2015 pero no llegó a abrir los regalos de Reyes
Y llegamos al punto.
La diferencia entre lo que vimos en Jeddah el día 12 de enero (qué despacio pasan los días) y las mejores versiones del Real Madrid de los últimos dos años son apenas dos jugadores. En posiciones clave, cierto, pero no podemos culpar a Lucas (un legionario romano, por sacrificio, por fe y por calidad) o a Tchouaméni, una fuerza de la naturaleza, reconvertido a central. Lo leído en las redes sociales en estos últimos días me apena y me hace dudar de la condición humana de mucho madridista o incluso del madridismo de muchos que siempre consideré abanderados.
El Lucas lateral, culpable de algunos goles encajados últimamente, es el mismo Lucas que giraba el balón antes de uno de los penaltis de 2016 que nos dieron la 11ª Champions y que fue dando toques en la tanda de las semifinales contra el City hace cuatro días.
El Tchouaméni central, “culpable” de la derrota en la reciente Supercopa por 2-5 contra las fuerzas del mal, contra el equipo habilitado artificialmente para competir por estamentos deportivos y políticos después de haber corrompido la historia del futbol español durante dos décadas, es el mismo Tchouaméni clave en la selección francesa y la roca en el centro del campo de 2024.
Y llegó el siguiente partido, para poder ir olvidando Arabia… y Tchouaméni fue de los mejores pese a los silbidos. Un partido tortuoso con esa desconexión momentánea que últimamente nos preocupa y que cuesta goles. Pero esta vez con dos buenas noticias: Ancelotti puso en escena al niño turco y al pegador brasilero. Dos flashes, el trueno de Valverde desde distancia kilométrica y vuelta a la senda de la victoria.
Como sucede con el cubo de Rubik, cuando parece que no vas a ser capaz de armarlo con los colores donde deberían estar y no ves más que desorden, una mano experta, haciendo dos giros de muñeca y contra todo pronóstico, te deja con la boca abierta sin saber cómo lo ha hecho. Clic.
Ancelotti tiene esa responsabilidad, y ya ha puesto antes los colores en su sitio. Ahora mismo lo vemos imposible y nos permitimos opinar sobre dinámicas y situaciones internas del equipo que sólo podemos imaginar. Y pedimos fichajes (Trent no me parece mejor defensa que Lucas, por cierto) o cambios (más debatible que Asencio deba jugar en su posición natural en lugar de Tchouaméni fuera de ella), o insultamos (qué pena) a uno de los entrenadores más laureados del fútbol mundial.
Dejemos al bueno de Carlo darle una última vuelta al cubo. Puede que creamos que todo es un desastre, lo estamos viendo (!) de la misma forma que vemos todos los colores del cubo fuera de sitio dos movimientos antes de verlo resuelto. Estoy convencido de que no falta tanto para que haga clic.
Getty Images.
Buenos días. El Cholo Simeone, ese señor que se convirtió en el entrenador mejor pagado del mundo sin que nadie le exija nada más que quedar cuarto en la liga española y ganar al Madrid de vez en cuando, amén de servir de pantalla protectora a los dos sujetos que se apropiaron indebidamente del club en cuya nómina figura, habló ayer y subió el pan, como decían los clásicos. Lo que dijo viene sintetizado en la ígnea portada de Marca en esta radiante mañana de sábado.
“Hubo episodios como los hay desde hace cien años (en el Bernabéu)”, dijo el Cholo en referencia al polémico ¿penalti? no pitado por Munuera Montero en el Real Madrid-Celta del jueves, dando a entender como verdad consensuada que el Madrid roba a todos los equipos que pasan por su estadio, suponemos.
—Se equivocó en lo de los cien años —apuntó un ingenioso tuitero—. En realidad son 92’48.
Por supuesto, la machada del Cholo ha suscitado el entusiasmo del proceloso y feo mundo anti en su conjunto, que habla sin recato de eso, de “robo” al Celta en el templo del madridismo. El árbitro pudo esta vez beneficiar al Real Madrid, pero el verbo robar hay que usarlo con algún tiento, pensamos, desde que se demostró que otro equipo de la liga, no precisamente el Madrid, se compró la competición durante al menos 17 años sobornando al vicepresidente de los árbitros.
Desde ese día, desde el día en que se supo que el FC Barcelona tenía en nómina a Enríquez Negreira, estamos en otra dimensión. Ahora, para hablar de robo, por parte del Madrid o de quien sea, que no nos vengan con repeticiones de jugadas, sino con facturas. Ya no estamos en la era de la moviola, sino de los comprobantes de transferencias bancarias. Si alguien quiere hablar de robo, por oposición al mero error arbitral, que nos traiga pruebas de los presuntos emolumentos pagados por el club blanco a árbitros o al sistema arbitral. Entonces estaremos en igualdad de condiciones, y podrán por fin liarla parda con alguna legitimidad.
A Simeone, por otra parte, le ocurren varias cosas. Le ocurre por ejemplo que ya hizo el ridículo una vez, diciendo con notoria desvergüenza que auguraba “peligrosamente preparada” para que la ganara el Madrid una liga que después ganó el Barça.
También le ocurre que sigue frustrado porque nunca pudo jugar en el Real Madrid, su sueño como futbolista. En su lugar, el club de Concha Espina prefirió a otro centrocampista de la misma nacionalidad, Fernando Redondo. La sensación es que el Madrid acertó con su decisión, tanto como el Cholo la lamentó y lamentará toda la vida.
La última de las cosas que le pasa al Cholo, y que quizá sea la más dura de todas, es que en efecto no fueron cien años los que contemplaron tantas jugadas en el Bernabéu. Como argüía aquel tuitero, fueron 92’48, y eso es muy difícil de superar.
En la parte superior, Marca nos informa de la presentación del partido de la NFL que se va a disputar en Madrid, y concretamente en el Estadio Santiago Bernabéu, en un acontecimiento capital para el nuevo estadio. “¡Qué guay!”, exclamó con loable espontaneidad la directora de marketing de los Dolphins, que será uno de los equipos en liza. La palabra “guay” no nos entusiasma, pero en ese contexto nos puede valer. Nosotros solemos usar la palabra “why”, muy parecida, cuando a diario nos preguntamos POR QUÉ el fútbol español es la podredumbre que es, y POR QUÉ todo el mundo hace como si nada, o en el mejor (?) de los casos volviendo su dedo acusador hacia el Madrid, como hace el Cholo, cuando el Madrid es la víctima directa o indirecta de tantos y tantos desmanes.
As abre con la foto de Mbappé en su celebración algo airada tras marcar contra el Celta. Se dirigió a la grada, se señaló el escudo y vino a decir eso de “con el escudo no se juega”, que titula As. Nos parece que lo que literalmente dijo es “No se pita esta escudo”, en referencia a los silbidos cosechados por Tchouaméni.
No podemos estar más de acuerdo. Silbar a un jugador propio es, por mucho que el piperío atribuya a ese jarabe de palo propiedades medicinales, del género tonto, pues solo conseguirás descentrar a tu propio jugador y, de esta forma, brindar armas al oponente. Y no os ocultaremos que nos ha entusiasmado la imagen de Kylian abroncando a dicho piperío por lo que a todas luces entra en la categoría del lanzamiento de piedras contra el propio tejado.
La prensa cataculé llega cuajada del triunfalismo pueril que se gastan últimamente. Es verdad que humillaron a su eterno rival, pero de momento solo han ganado una Supercopa de España. “Y ahora, a por la liga” es la pasmosa soflama de Mundo Deportivo, como si ya hubieran ganado todo lo demás.
Os deseamos que paséis un sábado plácido, por ejemplo cultivando los deleites que nos procura el cine o la literatura. Revisitar un clásico como “92’48 años de soledad”, de Gabriel García Márquez, o recuperar en familia a Disney con “92’48 y un dálmatas” pueden ser opciones disfrutables. Son solo ideas.
Y recordad, ante este momento complicado en el que aún está sumido el Real Madrid, que no hay mal que 92’48 años dure.
Feliz día.
La llamada de anoche de Javi fue muy tarde, tan tarde que era ya viernes cuando acabó el partido del Real Madrid, por obra y gracia de la Federación Española de Fútbol, los operadores televisivos y todos esos elementos a los que se les llena la boca diciendo que el fútbol es para los aficionados, y luego resulta que en los últimos que piensan a la hora de planificar es en los propios aficionados.
Un niño de los muchos que fueron anoche a Chamartín se acostó a las mil porque el partido se programó a las nueve y media de la noche de un jueves, cuando al día siguiente había colegio. Igual que el aficionado del extrarradio de Madrid que no tiene o no quiere utilizar su vehículo por el follón de tráfico y aparcamiento que supone y se fue al campo en transporte público. A lo peor, ese pobre señor (o señora) tuvo que agarrar un taxi o similar para llegar a su casa porque resulta que a una hora determinada, que raya la medianoche, los autobuses interurbanos dejan de funcionar, cosa más o menos lógica. Un dislate de proporciones mayúsculas, uno más, como el de poner el partido del domingo a las 4 y cuarto de la tarde, con escasas 60 horas de diferencia con el final del encuentro de Copa. Pero bueno, este es otro debate en el que seguro que entraremos en cualquier momento.
El caso es que el Real Madrid se jugaba los cuartos (nunca mejor dicho) contra el Celta después del desastre arábigo, y las sensaciones no eran muy buenas. La verdad es que, antes del encuentro, le dije a mi hijo que no tenía yo mucho cuerpo de victoria. El recibimiento del público al equipo fue, como era de esperar, frío, con muchos más pitos que aplausos y centrados en la figura de Tchouameni, agarrado como cabeza de turco por una afición que está que se sube por las paredes después de la humillación sufrida en Yeda. La gente del Bernabéu es así, curte a sus jugadores para hacerles ver que el Real Madrid es otra cosa, que no se les van a aplaudir todas las gracias y que, para jugar en este equipo y alcanzar la gloria futbolística eterna, deben dar el callo siempre y en todo momento, que de relajaciones, nada de nada. Así ha sido siempre y así, espero, será por los siglos de los siglos.
La historia casi se repite. El equipo sufre una goleada humillante, pierde un partido o una eliminatoria de forma lamentable y en el siguiente encuentro, como sea en casa, les tiemblan las piernas porque el juicio del público es implacable. Aquí no se pasa ni una, como debe ser. Otro debate es el de si es bueno para un jugador que el público le pite durante el partido, si es aceptable que el juicio del respetable se quede en los prolegómenos o se extienda durante parte del choque. No hoy a abrir ese melón porque sería largo de explicar, pero el caso es que, como siempre, pasó anoche. Tchouameni fue pasto de los pitos del público hasta que descerrajó un derechazo que sacó el portero por la escuadra. Se vio el carácter del francés e hizo un partido notable. Eso es lo que quiere Chamartín. Te curto, te regaño, pero te aplaudo cuando te das cuenta del error. Después de ese disparo, se acabaron los pitos.
Pero llegó otra de las características de los partidos post debacle que se han repetido a lo largo de loa historia. El equipo, esta vez (porque en otras no hay sido así), se pone con dos goles de ventaja en el marcador, el Celta parecía más o menos romo en ataque salvo alguna intervención de Luni, y parecía que el pase a cuartos y la media reconciliación con la afición era un hecho. Todo esto hasta que en un error infantil y de bisoño de Camavinga (yo quiero a Camavinga en mi equipo, en mi empresa, en mi casa y en mi cocina siempre, que conste) hizo que los de la Rianxeira se vinieran arriba y creyeran que podían forzar la prórroga, lo que propició la subida del índice del cagómetro blanco y los jugadores empezaron a correr como pollos sin cabeza detrás de la pelota sin robar una sola. Lo que se consiguió, como casi siempre, con ese manojo de nervios blancos que pasaba por el césped de La Castellana, no fue otra cosa que propiciar otro error de jugador novel de Raúl Asencio (pintaza de central generacional tiene el muchacho) que propició el penalti que Marcos Alonso transformó magistralmente para marcharnos a la prórroga.
La historia casi se repite. El equipo sufre una goleada humillante, pierde un partido o una eliminatoria de forma lamentable y en el siguiente encuentro, como sea en casa, les tiemblan las piernas porque el juicio del público es implacable. Aquí no se pasa ni una, como debe ser
Estas cosas han pasado muchas veces, repito. Fracaso estrepitoso, siguiente partido en casa y sensación, cuando no certeza, de que el fondo aún no se ha tocado. Esta vez no se confirmó la tragedia de la eliminación después de ganar 2-0, que hubiera sido ya el acabose para buena parte de la parroquia. Menos mal que la clase y el desparpajo de Endrick (paciencia, por favor, paciencia con pedir que juegue todos los partidos, tiene 18 años), que anotó su primer doblete en el Real Madrid y la sacada de obús del catorce de Fede Valverde, hicieron que el resultado se maquillara en pos de la clasificación blanca.
Era el partido oficial nº 4600 del Real Madrid y en la victoria nº 200 de Competición española de Lucas Vázquez, otro jugador tomado como cabeza de turco por el vinagrismo sociológico universal pero que no fue pasto de los pitos del público porque el Bernabéu entiende mucho de esto y sabe que el bueno de Lucas no es lateral derecho, y hace todo lo que puede y más, además de reconocerle todo lo que ha aportado para la gloria blanca. En este partido, el Madrid casi cae en patrones del pasado y no fue eliminado de milagro. El caso es que nos clasificamos para los cuartos de Copa de España. Ahora, a ver qué morlaco nos toca en el sorteo y a seguir, que esto es largo.
El portaanálisis galernauta de hoy señala, con el acierto habitual de esta casa, que ninguna de las portadas deportivas patrias importantes se hace eco de la investigación judicial a la que está sometido el presidente del Código Penal andante, nuestro entrañable Jan Laporta, por, presuntamente, estafar casi cinco millones de euros a una familia a la que le había tocado un gran premio en las loterías y apuesta del Estado.
Si esto fuera cierto y el bueno de Jan fuera condenado, no sólo pisaría los gélidos suelos del penal correspondiente, con sus paseos por el patio y su canesú, sino que se confirmaría lo que muchos pensamos del personaje. Lo raro es que un asunto tan grave, algo tan duro de masticar, esté pasando de puntillas por la información deportiva española. Si le hubiera ocurrido el presidente del Real Madrid, estoy totalmente seguro (y ustedes también) de que se habría parado la información española, se hubieran montado especiales informativos, tertulias ad hoc, declaraciones de presidentes, directivos, jugadores, entrenadores, utilleros y vigilantes de puertas de entrada a los estadios, encuestas a pie de estadio de aficionados y miles de post de X y demás redes sociales poniendo a caer de un burro al presidente, Con Laporta, ni una pequeña reseña en un boletín informativo de la radio. Nada.
Este es el nivel, queridos amigos lectores, éste y no otro, es el nivel del rasero, de la protección, del unte por parte del Código Penal andante a los medios de información para parar y callar todo tipo de noticia que pueda menoscabar el poco prestigio que le queda a esa institución. Eso sí, el corte de mangas y los exabruptos soltados por el bueno de Jan en Arabia no son sino fruto de la tensión nerviosa del momento. Pues que se tome un Valium, digo yo….
Lo digo, estamos en cuartos de final de la Copa de España, el Real Madrid está pasando su pequeño Rubicón de juego y sensaciones, y veamos lo que pasa el domingo contra Las Palmas, club amigo donde los haya.
Como siempre dice mi buen amigo Javi, titular indiscutible de esta columna, ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!
Getty Images
El Madrid-Celta de Copa fue un trago complicado para el cuadro de Ancelotti.
El equipo de fcQuiz ha dispuesto ocho preguntas para cerciorarse de que estuvisteis atentos al partido.
¿Podréis acertarlas todas?
Getty Images.