Un auténtico despropósito de Mundial de Clubes: jugadores y ligas en contra, calendarios destrozados y un ecosistema del fútbol profesional gravemente dañado, con cientos de miles de empleados afectados. Sobre los ingresos televisivos y los patrocinios ya está todo dicho, algunos de ellos acuden “tirados de la oreja”. Para colmo, las entradas se desploman de precio para “llenar” estadios, mientras surgen problemas fiscales tanto para los jugadores como para las entidades.¿Se puede hacer peor? Aun así, hay quien sigue vendiendo la moto de que ha sido un éxito rotundo y es el futuro del futbol. Que Dios nos libre de estos iluminados, por favor.
Hola a todos, amigos. Las palabras con las que encabezamos el portanálisis de hoy son de Javier Tebas Medrano, presidente de la Liga de Fútbol Profesional, y fueron regurgitadas en X, antiguo Twitter, que es donde D. Javier suele tener a bien administrarnos sus regüeldos para desesperación de los responsables de las redes sociales de la propia Liga. Ser community manager de Tebas es como serlo de Donald Trump. Son trabajos nunca suficientemente remunerados en los que debes pispar el móvil de tu jefe y hacerle creer que se lo ha dejado en casa, a fin de mantenerlo lejos de inoportunos trinos.
A Tebas le escuece el Mundial de Clubes porque es un señor del antiguo régimen (no lo decimos con connotaciones políticas, aunque quizá también) que no quiere abrirse a un futuro imparable. Tebas se pasa la vida soplando contra el viento, simplemente porque los nuevos aires no le favorecen y ponen en riesgo el chiringuito del cual disfruta. El Mundial está poniendo de manifiesto que hay otro fútbol posible, uno gratuito que puede ser puesto a disposición del aficionado para que todos los agentes involucrados en el fútbol puedan nutrirse de los cuantiosos ingresos de publicidad que generará una audiencia universal y masiva. Pero Tebas prefiere tener el fútbol secuestrado, por la sencilla razón de que así puede cobrar el rescate que apareja su papel de intermediario desfasado e innecesario. Es de la estirpe de Ceferin. En palabras de nuestro llorado colaborador Antonio Escohotado, son enemigos del comercio, hombres aferrados a sus prebendas de mucho beneficio y corto alcance, propietarios de videoclubes que claman contra Netflix mientras se multiplican las suscripciones a la plataforma ante sus ojos exasperados.
-Un auténtico despropósito en Netflix ese: propietarios de videoclubes en contra, mis ingresos personales destrozados y un ecosistema del consumo de cine y series gravemente dañado. Hay productoras que contactan con Netflix “tirados de la oreja”. ¿Se puede hacer peor? Aun así, hay quien sigue vendiendo la moto de que Netflix está siendo un éxito rotundo y es el futuro del entretenimiento. Pero ¿cómo va a ser el futuro del entretenimiento algo de lo que yo no me beneficio?
Las portadas del día, pertenecientes en más de un caso a medios muy vinculados al mandamás de la liga, hacen en su mayoría como si el Mundial no existiera, poco más o menos. También los gremios de propietarios de videoclubes, en algunos países, ante el auge de las plataformas digitales, financiaron la proliferación de pasquines callejeros que negaban la propia existencia de Netflix.
QUE NO TE ENGAÑEN. ¿UN SISTEMA PARA VER LAS MEJORES PELÍCULAS SIN MOVERTE DE TU CASA, A UN PRECIO IRRISORIO Y CON GRAN VARIEDAD DE CONTENIDOS? ESO ES IMPOSIBLE. DIOS NOS LIBRE DE ESOS ILUMINADOS.
Aparte de hacer desaparecer, mágicamente, de su primera plana cualquier contenido relativo al Mundial, Mundo Deportivo tiene el cuajo de comparar a Nico Williams, el fruto prohibido, desfavorablemente con Luis Díaz, que llegaría "sin condiciones". "Al contrario que Nico, el colombiano no exige una cláusula liberatoria si firma con el club cliente de Negreira" (lo del club cliente de Negreira no lo pone Mundo Deportivo, sino que es de nuestra cosecha).
Nuevamente, se trata hacer colar la especie de que exigir garantías de inscripción (que es a lo que Mundo Deportivo llama pérfidamente "cláusula liberatoria") es una excentricidad y poco menos que una traición, aun teniendo en cuenta las manifiestas trampas y ayudas gubernamentales a las que Laporta se ha visto obligado a recurrir para inscribir en el pasado. Para terminar de definir la escasa catadura moral del rotativo catalán, atención al comentario mezquino sobre el Liverpool: "Cuando pasen unos días de luto por Diego Jota, pedirán al Liverpool su salida". Qué clase, coño. Solo les ha faltado mentar el dicho relativo al hoyo y el bollo.
Qué gente.
Os dejamos con el resto de portadas del día, que se nos hace tarde. Pasad un buen día.
Estoy satisfecho por el pase a las semifinales, pero cabreado aún, y como una mona, por la actitud del equipo en la segunda parte y, sobre todo, en los minutos finales del encuentro. Mucho. No se puede consentir el espectáculo dantesco que se vio en el MetLife Stadium de East Rutherford, New Jersey, al lado de la Estatua de la Libertad. Vale, libertad sí, pero el libertinaje deportivo del sábado no, eso no, queridos lectores.
El Real Madrid está en la semifinal del Mundial de Clubes. Esa es la noticia, esa es la portada, esa es la razón por la que algunos se fueron el sábado a dormir con una sonrisa y una copa de vino. E hicieron bien, pero, ¡ay!, amigos, entre el vinito de la victoria y el vinagre del análisis, hay un océano de diferencia, y en ese océano, navegado a ratos como un acorazado imperial y a ratos como una balsa a la deriva, se disputó un partido que pasará a la historia no sólo por el marcador (3-2), no sólo por el rival, ese Borussia Dortmund que ya es histórico del fútbol europeo, no solo por el pase a la final, sino por haber sido un ensayo general de todo lo bueno, lo malo y lo mediopensionista que puede ofrecer este Real Madrid.
Durante treinta minutos, el Real Madrid fue el Real Madrid. Y no un Real Madrid cualquiera, sino uno con regusto vintage, uno que evocaba a los García ochenteros, a ese linaje inagotable de currantes, zurdazos y pulmón, a esos jugadores con cara de haber salido de un Seat Panda para jugar, nada menos, que una final de la Copa de Europa.
Fueron minutos gloriosos, el balón se robaba arriba, con la precisión de un prestidigitador y la fe de un seminarista. El Dortmund no salía, no es que no pudiera, es que no sabía. Estaba rodeado de camisetas blancas, de presión, de asociaciones rápidas, de fútbol vertical. Un baño táctico con toalla caliente y masaje tailandés.
Y entonces, como si el universo tuviera sentido del humor, marcaron dos García. Sí, Gonzalo y Fran. El uno como si llevase trescientos partidos con la camiseta del Madrid; el otro, como si su nombre hubiese estado escrito en las baldosas del Bernabéu desde 1981. Fue hermoso, fue emotivo, fue merengue en estado puro. Una aparición mariana de la cantera, una resurrección del Madrid de los García, pero en versión 2.0.
Pero entonces… llegó el cooling break. Y, con él, el apagón.
fue un partido que pasará a la historia no sólo por eel pase a la final, sino por haber sido un ensayo general de todo lo bueno, lo malo y lo mediopensionista que puede ofrecer este Real Madrid.
A partir del minuto treinta, el equipo se tiró al sofá mental. Se acabó la presión, se acabó la circulación de balón, se acabó la ambición. El partido, que olía a 4-0 y a monólogo imperial, se transformó en una sesión de jazz mal entonado: pases imprecisos, líneas demasiado juntas (las del Dortmund), líneas demasiado separadas (las nuestras) y un lenguaje corporal más propio de un sábado por la mañana que de unos cuartos de final de Mundial.
¿El Dortmund? Un equipo flojo, blandito, un rival que parecía una peña de amigos con buena voluntad y poco veneno. Pero no hace falta mucho para meter mano a un Madrid en Babia. Y ellos, torpes pero vivos, intuyeron que se podía hacer daño, como los niños que descubren que el perro de la casa es muy grande pero no muerde.
El segundo tiempo fue un calco del final del primero, pero con más bostezos. El Real Madrid jugaba con el freno de mano echado y la ventanilla bajada, las oportunidades desaparecieron, el balón circulaba con pereza y el equipo se fue metiendo atrás con una mezcla de arrogancia y dejadez que debería estar penada por el Código Penal y por la historia del club.
Llegó entonces el 2-1, como llega siempre en estos casos: por error, por relajación, por mirar el móvil antes de que suene la campana. Un fallo de esos que uno no se explica, un momento de “¿pero qué está pasando aquí?”. Y de repente, susto, porque el 2-1, aunque no parecía mortal, reanimaba a un Dortmund que ya pensaba en las duchas.
Por fortuna, apareció Mbappé. Golazo, absoluto, media chilena de ensueño, una obra de arte en mitad de la nada, una puñalada hermosa, un recordatorio de que la camiseta blanca aún alberga genios capaces de marcar diferencias incluso cuando el equipo se comporta como si ya estuviera en la cena de gala. 3-1. Se acabó, fin del partido. Y todos a casa. ¿No?
Pues no.
Lo que ocurrió a continuación debería proyectarse en las escuelas de fútbol como ejemplo de lo que nunca debe hacer un equipo campeón. Porque provocar un penalti tras el saque de centro tras marcar el 3-1 es de un surrealismo que haría palidecer a Buñuel.
Pasaron como Pedro por su casa. Como si el campo madridista fuera una avenida peatonal de Dortmund, sin oposición, sin piernas, sin alma. Y claro, penalti. Expulsión de Huijsen, que venía haciendo un buen partido, y 3-2. ¿Era justo? No. ¿Era evitable? Totalmente. ¿Era indignante? Absolutamente.
Y aún quedaba el último susto. El último guiño al desastre. Un balón suelto, una internada en medio de la defensa, un remate, y entonces apareció Courtois con su guante providencial. Esa mano que vale finales, esa parada que en otro contexto sería heroica… pero que hoy, sinceramente, fue una bofetada a la complacencia del resto.
El Madrid está en la semifinal, nos espera el temido PSG, el Campeón de Europa. El Real Madrid, con todos sus García, su Mbappé, su Vinicius y su Courtois, puede comerse el mundo. Pero lo que no puede permitirse es jugar media hora como un gigante y sesenta minutos como un turista, lo que no puede hacer es regalar confianza a rivales inferiores, lo que no debe volver a pasar es esta actitud de suficiencia, de “esto ya está hecho”.
Xabi Alonso tiene mucho trabajo por hacer; la pinta es buena; las intenciones, magníficas; la impresión, ilusionante, pero hay que trabajar, en los entrenamientos, en los partidos, en las charlas. El nuevo y flamante técnico blanco tiene curro, tiene que conseguir que esa media hora sublime del primer tiempo se extienda durante todo el encuentro, durante todos los encuentros, porque, amigos míos, somos el Real Madrid.
Porque en el Real Madrid no se relaja nadie. Ni con 3-0, ni con 5-1, ni en el calentamiento. Porque este club es exigencia, es honor, es sudor hasta el pitido final. Y porque, cada vez que alguien se olvida de eso, el escudo llora.
El sábado lo salvaron dos García, un Mbappé y un belga con capa. Pero mañana, quizás, no alcance. Y entonces, la historia no tendrá piedad.
Me despido como siempre, con la frase de mi amigo Javi, que estaba como yo, con un rebote que ni los de Tavares, ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!
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EL DÍA QUE EL FÚTBOL SE QUEDÓ SIN LUZ
Siete de julio. En el calendario nacional, fiesta de San Fermín. En el calendario madridista, duelo perpetuo. Porque ese día, en 2014, se apagó la vida de Don Alfredo Di Stéfano. Y con ella, algo más que un hombre, algo más que un mito, algo más que una leyenda. Se fue el corazón antiguo del Real Madrid, el primer latido fuerte de un club que ya había nacido grande, pero que con él aprendió a mirar al horizonte con hambre, con orgullo, con una voluntad inquebrantable de victoria.
Se fue el que enseñó al mundo que la camiseta blanca no se arruga, ni en Viena ni en Glasgow, ni en Chamartín ni en el infierno.
Siete de julio. El verano madrileño se volvió gris, y los balcones del Bernabéu quedaron huérfanos de su sombra. Quienes lo conocieron dicen que tenía mirada de general y sonrisa de amigo; quienes lo vieron jugar, aún hablan de él con un respeto que sólo inspiran los elegidos, los que cambian el juego, los que no pasan, sino que fundan. Porque eso fue Don Alfredo: el fundador del Madrid eterno.
Me cuenta nuestro querido Javi (Javidatos, @RMadriddatos ya saben), que cuando él empezó a ir al estadio solo, con 9 o 10 años, los aficionados le decían una frase lapidaria… “Chaval, tu no has visto jugar a Di Stéfano”. Efectivamente, ni Javi (ni yo) vimos jugar a la saeta rubia, no vimos el fútbol total hecho pincel y lienzo sobre el terreno de juego pero, después de años de estudio y conocimiento, tanto Javi como yo hemos llegado a valorar la dimensión que este hombre rubio, flaco y listo como el hambre, tuvo en el devenir de la historia del fútbol y, por ende, en la historia del Real Madrid de nuestros amores.
A veces nos cuesta explicar lo que fue Di Stéfano. Tal vez porque todo se nos queda corto. Las palabras no bastan, los números tampoco. Lo ganó todo, sí. Cinco Copas de Europa seguidas y marcando en todas y cada una de las finales, ocho Ligas, más de 300 goles. Pero lo verdaderamente escandaloso no está en la estadística, sino en la actitud. En cómo transformó el fútbol europeo con una manera nueva de entender el juego: la de bajar, subir, pasar, rematar, recuperar, ordenar, gritar, animar, exigir. Una mezcla de genio y soldado, de relámpago y yunque. El equipo era él y él era el equipo.
"Un jugador completo", decían. No, el más completo, el primero en abarcarlo todo. Di Stéfano fue el arquitecto de un Madrid universal, pero también fue el albañil, y el pintor, y el vigía en la torre. Y el que barrió el vestuario si hacía falta. Jugaba donde hiciera falta, cuando hiciera falta, como hiciera falta. Y siempre para ganar.
No es sencillo escribir sobre él sin emocionarse. Porque no hablamos de un recuerdo, sino de una raíz. Di Stéfano no es pasado, es fundamento. Sin él, el escudo del Real Madrid sería otro. Sin él, tal vez no habría tantas Copas de Europa en la vitrina, tal vez no habría esa palabra que nos acompaña como una obligación moral: ganar, ganar siempre. ganar con nobleza, con ambición, con trabajo, con orgullo, ganar como él nos enseñó.
Los madridistas que no lo vimos jugar lo veneramos como un mito. Los que sí lo vieron lo veneran como un Dios. No uno de esos dioses lejanos que miran desde el cielo sin mezclarse en la tierra, sino uno de esos que sudan con los hombres, que se manchan de barro, que se parten el alma por los suyos. En eso se parecía a don Santiago Bernabéu, hombre de palabra rotunda y carácter acerado. Con ellos dos se levantó la edad de oro del Real Madrid, el templo, el credo.
El día de su muerte, el Estadio Santiago Bernabéu enmudeció, se pararon las escaleras mecánicas, se apagaron los focos, el césped se quedó inmóvil, como un niño que ha perdido al padre. Miles de aficionados peregrinaron para despedirle, gente mayor, jóvenes que solo lo conocían por los vídeos, padres con hijos de la mano. Todos lloraban, todos, con una pena que no era sólo fútbol, era historia, era identidad, era familia, porque Don Alfredo no era sólo nuestro, era de todos, era del mundo del fútbol, y todos sentíamos que se iba una parte del nuestro alma.
El féretro, cubierto con la bandera blanca. Las flores, las bufandas, los rezos silenciosos. Todo Madrid estaba allí, aunque no pudiera estar, porque el madridismo no se mide en cuerpos presentes, sino en corazones, y ese día el corazón del club latía lento, dolido, roto.
A veces me pregunto qué pensaría él de este Real Madrid que ha seguido agrandando su legado. De la Décima, que apenas pudo ver; de la Duodécima, con ese juego coral en la segunda parte de Cardiff; de la Decimotercera, al ver la picardía de Benzema y la chilena de oro de Bale; de la Decimocuarta, con aquellas remontadas inverosímiles, de aquellos chicos que besan el escudo después de levantar la Copa de Europa, su Copa de Europa. Me gusta pensar que sonríe, en esa especie de palco celestial donde habitan los inmortales del balón. Me gusta pensar que sigue siendo exigente, que sigue marcando el camino, que se sigue cabreando bramando en arameo y que sigue feliz con cada triunfo blanco, porque él no era de celebraciones largas, era de volver a entrenar al día siguiente.
“Ningún jugador es tan bueno como todos juntos”.
Su sentencia más acertada, su frase mito, su legado en forma de palabra. Una frase que no es una frase hecha, sino la brújula de todo madridista que se precie. Regla sagrada de una religión que no admite herejías.
Cada siete de julio, el madridismo se detiene, se inclina, guarda silencio. No hay bromas ese día, no hay burlas ni memes, ni guerras futboleras. Sólo hay respeto, memoria y una tristeza serena, digna, blanca como su camiseta. Porque él fue el principio de todo, el primero que encendió la lámpara de la gloria. Y cada vez que el Madrid brilla, cada vez que el himno de la Copa de Europa suena, en cada gol de Vinicius, de Modric, de Bellingham, hay un eco que viene de atrás que nos dice: "Esto empezó conmigo, cuidadlo, honradlo, no lo traicionéis."
Y no lo hacemos, Don Alfredo. O al menos lo intentamos. porque su legado es nuestra promesa, porque su nombre es una obligación, porque usted no es pasado: es brújula. Es columna. Es raíz.
Siete de julio. El día en que el fútbol perdió a su rey, el día en que el Real Madrid perdió al padre que lo hizo eterno.
Pero hay cosas que la muerte no puede tocar.
Una de ellas es usted.
Gracias, Saeta.
Siempre.
Me despido como siempre, como supongo le gustaría al hombre que honramos. Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!
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Seguimos en Estados Unidos, tierra de Libertad y del Corn Palace de Mitchell, Dakota del Sur, único edificio del mundo hecho íntegramente en maíz. Extinguidos los fuegos artificiales del 4 de Julio, el verano sigue su curso entre melodías de los Beach Boys; como aquella cuya letra nos traslada desde Aruba hasta Jaima, desde Bermuda hasta Bahama, desde Key Largo hasta Montego y, finalmente, desde allí hasta Kokomo, un pequeño lugar en Florida Keys donde hay cuerpos en la arena y bebidas tropicales.
Cerca de Florida Keys no solo está Kokomo sino también el Mundial de Clubes, que también sigue su curso. De pronto hemos pasado de los partidos entre el Mamelodi Sundowns y el Ulsain Hyundai a una futura semifinal entre el Real Madrid y el PSG. Menudo viaje, oigan. Como ir de Aruba hasta Kokomo.
Este año, por cierto, se celebra no solo el Mundial de Clubes, sino el 50 aniversario del estreno de “Tiburón”, que es una película muy veraniega. Aquí en USA es costumbre al llegar el mes de julio que se organicen pases especiales de la película en el mar. Es decir: literalmente dentro del mar, ya que la audiencia no se sienta en butacas sino en enormes flotadores sobre el agua cerca de la playa, mientras la película se proyecta en una pantalla situada en orilla. Una experiencia totalmente inmersiva, como ver un partido del Barça mientras te roban el coche.
Algo así no me lo podía perder. “Tiburón” es una de mis películas favoritas y ansiaba verla con la adrenalina a tope; metido en el agua y temiendo ser zampado por un escualo. Así que allá que me fui, con mi flotador y mis palomitas. Justo en medio de la película recibí una llamada de Don Frank, editor jefe de La Galerna: que dice que deje de hacer el chorras y me vaya a buscar noticias, exclusivas e impactantes scoops sobre el Mundial de Clubes, que para eso he venido.
Vaya por Dios. Renuncié a ver por enésima vez el final de “Tiburón” y, sobre mi flotador, fui remando desde Florida hasta New Jersey. La final del Mundial se juega aquí, en lo que los neoyorkinos conocen con la seductora descripción de “el Sobaco de América.” Los de Jersey prefieren “el Estado Jardín”, por razones evidentes. Jersey es famosa por tres cosas: Bruce Springteen, Atlantic City y los mosquitos del tamaño de transatlántico. “¿Cómo sabes que has pasado demasiado tiempo en New Jersey? —reza un dicho local— Cuando el zumbido de los mosquitos empieza a sonarte como Born in the USA.” Aquí esperamos que New Jersey pronto sea famosa por convertirse en el lugar donde el Real Madrid ganó su primer Mundial de Clubes. Toquen madera.
De pronto hemos pasado de los partidos entre el Mamelodi Sundowns y el Ulsain Hyundai a una futura semifinal entre el Real Madrid y el PSG. Menudo viaje, oigan
El Real Madrid está en semifinales. Igual algunos no se han enterado por culpa de Javier Tebas, que hace lo posible por boicotear el torneo al que ha jurado odio eterno. Llevado por ese afán, el otro día don Javier publicó el calendario de la Liga a la vez que los blancos se jugaban el pase a cuartos. Estas argucias resultan casi enternecedoras. Tebas contraprogramando al Real Madrid es como intentar contraprogramar la llegada del hombre a la Luna con una reposición de “Farmacia de Guardia.”
En cualquier caso, y si don Javier lo permite, el equipo de Xabi Alonso se enfrentará al PSG de Luis Enrique, sueño cumplido de los culés para quienes el equipo parisino ejerce una suerte de representación vicaria blaugrana en el torneo, mientras que Laporta se dedica a sus cosas de Laporta. La última: querer fichar a Nico Williams sin pagar cláusula, sin garantizar su alta en el equipo, ofreciéndole como prima unas habichuelas mágicas; y que, ya de paso, les pague la multa que les ha puesto la UEFA. Nico ha dicho que antes prefiere tragarse un ventilador en marcha y ha renovado por el Athletic. Los culés se han enfadado un montón y Nico Williams ha descendido varios puestos en su escala de valores. Ya solo piensan volver a intentar ficharle gratis otras seis veces. Y luego ya se acabó: el tren del Barça solo pasa una vez en la vida… Salvo que no pretendas cobrar por subirte, entonces pasa las veces que haga falta y a la hora que mejor te venga.
El Real Madrid está en semifinales. Igual algunos no se han enterado por culpa de Javier Tebas, que hace lo posible por boicotear el torneo. Tebas contraprogramando al Real Madrid es como intentar contraprogramar la llegada del hombre a la Luna con una reposición de “Farmacia de Guardia.”
“Vivo como quiero y así seguiré” es una frase que pronunciaba Ava Gardner en “La Condesa Descalza” y que bien podría aplicarse al Fútbol Club Barcelona en general. La película, por cierto, está inspirada en la historia de la actriz Rita Hayworth quien, miren ustedes por dónde, es tía-abuela de Gonzalo, la nueva perla del Real Madrid. Y con esta fina ligazón de conceptos, volvemos al Mundial de Clubes. De Aruba a Kokomo otra vez. No me digan que no soy un genio.
A mí lo de que Gonzalo sea sobrino nieto de Rita Hayworth me parece algo sublime pero no sorprendente. Hayworth te revolucionaba la pantalla cuando enseñaba las piernas y con las suyas Gonzalo te pone cualquier partido del revés. Desde que me enteré de este parentesco no paro de buscar genes del Hollywood dorado en el resto de la plantilla del Madrid. Veo en Arda Güler la mirada de Bette Davis mientras decía aquello de “fui la Marlon Brando de mi generación”. Güler es el Modric de la suya. En Andry Lunin percibe ecos de una noche loca entre Clint Eastwood y Katherin Hepburn y en algún lugar del árbol genealógico de Vinicis Jr. figura Rosalind Russell, quien decía que “la alegría es el mejor cosmético.” En Xabi Alonso encuentro ecos de Howard Hawks, el “zorro plateado” de Hollywood. Suya es la frase “cuando hago películas tengo diez mandamientos, nueve de ellos son: ¡no aburrir!”. Diríase que ese es el mantra de Xabi desde que ha cogido al equipo de Conchaespina.
Este Madrid de retoños cinematográficos se enfrentará al PSG por el pase a la final. He acudido a la rueda de prensa de Luis Enrique, aún con el flotador que llevaba puesto durante el pase de “Tiburón”, recién llegado de subirme a remo desde Miami a Atlantic City. Le he peguntado al entrenador del PSG si para enfrentarse al Real Madrid planea una estrategia de tipo ofensivo, pero no me ha respondido. Tal vez porque le he hecho la pregunta desde fuera de la sala de prensa y gritando a través de una ventana porque no me han dejado entrar. Me han dicho que los corresponsales de verdad no van a las ruedas de prensa con flotadores de “Tiburón”. Verás qué bronca me echa Don Frank, que en un día bueno es como Luis Enrique después de recibir una notificación de Hacienda.
Decido colarme en la rueda prensa para que mi crónica no acabe de vacío. Me coloco el flotador bajo la camiseta y doy al guardia de seguridad un nombre falso.
— ¡Miente: usted no es Jan Laporta!
— Oh, my God, ¿cómo me ha descubierto?
— Porque lleva aquí diez minutos y no ha intentado fichar a nadie vendiendo los palcos VIP del Madison Square Garden.
— ¡Shit!
Hora de salir corriendo en dirección Aruba, Jamaica, Bermuda, Bahama, Kay Largo, Montego, Kokomo o cualquier otro sitio donde el Fútbol Club Barcelona puede tener una cuenta corriente a nombre de un testaferro con pito. Pero soy demasiado lento y me capturan unos sicarios de Al Khelaifi pensando que soy un espía madridista porque llevo un tiburón blanco en la camiseta.
Hace 50 años, sí, se estrenó “Tiburón”. Su rodaje fue un infierno. Durante una toma en el “Orca”, el barco en el que los protagonistas van a la caza del escualo, a la nave le salió un boquete y empezó a hundirse. Cundió el descontrol y los presentes trataron de poner a salvo los elementos y miembros más importantes del rodaje. Entonces un tipo se encaramó al mástil de “Orca” y empezó a gritar mientras se sumergía poco a poco: “¡Qué jodan a los actores! ¡Qué jodan a los cámaras! ¡Qué jodan al director! ¡¡Salvad al técnico de sonido!!”.
Algo parecido gritaba yo cuando los seguratas del PSG me acompañaban a la salida: “¡salvad al corresponsal de La Galerna!”
Devolvemos la conexión.
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Entregas previas de nuestro corresponsal virtual en USA
-Octavos de final: The show must go on
Antes de comenzar el Mundial de Clubes, Xabi Alonso tenía tres misiones: adaptar a sus jugadores al nuevo paradigma de juego en tiempo récord, empezar a “encender” (afortunado verbo) a la afición en la distancia y, en medio de todo esto, como quien no quiere la cosa, ganar el campeonato. Las dos primeras ambiciones están esencialmente logradas. La tercera, en el día en que escribo este texto, se halla en curso. Se logrará o no y, conociendo el percal, nada que no sea ganarlo servirá absolutamente para nada a ojos de la crítica, pero a un entrenador recién aterrizado, que ha asumido la responsabilidad de tener que cumplir objetivos exigentes en pocos días, poco más se le puede demandar.
Sí se le puede rogar que, llegados a este punto, tan avanzado, ya puestos nos llevemos el Mundial. Está en ello. El escollo del PSG se antoja ingente. Es el actual campeón de Europa, y ahora mismo proyecta un aura de (casi) imbatibilidad. Luis Enrique ha conseguido forjar un colectivo campeón donde antes solo había yermo petroclubismo. Una persona importante del club me dijo hace algo más de un lustro: “Es cuestión de tiempo el que el dinero inacabable del petróleo, sin ningón control del Fair Play, se traduzca en títulos europeos. Solo necesitan el know-how”. El know-how del PSG se llama Luis Enrique. Ya han ganado una Champions, como antes lo hizo el City. Solo el Madrid ha sido capaz de impedir, milagrosamente, que ese título del City se extendiera hasta conformar una hegemonía clara en el Viejo Continente. Sin que el City haya desaparecido del mapa de los candidatos, ni mucho menos, ahora corresponde hacer lo propio con el petroclubismo francés, impedir que arrasen en el porvenir cercano. Al Madrid siempre le toca bailar con la más fea (o con la más rica), pero para eso es el patrón de las causas perdidas. Si se me permite la inocente irreverencia, ya no es San Judas Tadeo: de un tiempo a esta parte, para las iniciativas imposibles, se le reza al Madrid.
Xabi Alonso tenía tres misiones: adaptar a sus jugadores al nuevo paradigma de juego en tiempo récord, empezar a “encender” (afortunado verbo) a la afición en la distancia y, en medio de todo esto, como quien no quiere la cosa, ganar el campeonato. Las dos primeras ambiciones están esencialmente logradas
Ese camino empieza con la semifinal del miércoles, que no es un imposible pero casi. El club del nefasto Al-Khelaifi cuenta con una nómina interminable de extraordinarios futbolistas, con el excelso Vitinha en cabeza. Es el futbolista más parecido a Modric que queda en el panorama mundial. Xabi anda en el proceso de “invertir” (otro muy buen verbo) en la creación de su propio nuevo Modric, que se llama Arda Güler. Las señales, en este sentido, son alentadoras, pero estamos en el primer capítulo, en los prolegómenos de la trama, mientras que Vitinha es ya el pleno nudo de la historia. El Madrid contaría con una ventaja clara sobre su rival con la presencia de Huijsen, pelotero deslumbrante en la tarea de mover el balón desde atrás, pero desgraciadamente el malagueño se autoprivó del desafío cometiendo un penalti tontísimo en los últimos minutos ante el Dortmund. No le justifico, pero entiendo que su cabeza, en esa reacción instintiva, no reparara en que las consecuencias de su acción podían ir más allá de ese mismo partido. Imagino que su mente no llegó tan lejos, y lo puedo entender. Se ha disculpado en redes sociales, demostrando que es un tipo cabal además de un futbolista como la copa de un pino.
Con todo, el Madrid dispone de otros activos que permiten soñar con la hazaña. Courtois está de vuelta con la vitola de mejor portero del planeta después de la parada salvadora en los últimos segundos de los cuartos. Solo el mejor es capaz de lucir así ante el único tiro remotamente parable que ejecuta el rival, cuando el partido ya muere y el triunfo se escurre entre los dedos. Fran García está encandilando más allá de lo esperado. Tchouaméni y Valverde integran una sala de máquinas férrea y dúctil a la vez, con el francés triunfando en una especie de doble posición que da para que todos veamos cómo Xabi instaura su sistema favorito, con tres atrás, mientras el futbolista “se cree” que juega como centrocampista, que es lo que a él le apetece. Hay astucia aquí, pero no lo escribamos muy alto para no revelar el truco a la audiencia.
La temporada que se avecina, con jugadores que acumulan meses y meses de competición sin nada digno de llamarse descanso desde la 23/24, va a ser dificilísima. Lo que hay entre manos no es poco, porque se trata de llenar el crédito
Arriba, los blancos siguen contando con las piezas determinantes. Vinícius estuvo gris ante el Borussia, pero está haciendo un Mundial pleno de compromiso y sembrando el pánico en las filas adversarias. Gonzalo es el gran descubrimiento de la competición (máximo goleador de los vikingos con 4 tantos), mientras Mbappé ya se ha desentumecido con un golazo después de pasar el calvario digestivo de un virus voraz, y apunta a su exequipo con un aire amenazante que trasciende el morbo.
La temporada que se avecina, con jugadores que acumulan meses y meses de competición sin nada digno de llamarse descanso desde la 23/24, va a ser dificilísima. Lo que hay entre manos no es poco, porque se trata de llenar el crédito. Xabi lo está haciendo muy bien y el equipo también. Vamos a por ellos. Hala Madrid.
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Podría escribir hoy que estamos en semifinales de la Copa del Mundo de Clubes. Podría elogiar el partido que ha hecho Fran, la cita puntual con el gol del canterano Gonzalo. Podría afirmar que el equipo va entendiendo lo que pide Xabi. Se les ve más juntos. Ocupan bien los espacios. Tienen claro el dibujo defendiendo y atacando. Tchouameni gobierna. El niño turco distribuye. Valverde abarca. Todos atacan. Todos repliegan. Podría señalar que Trent tiene la diestra portentosa del máximo asistente de la próxima Liga, aunque ahora mismo está falto de ritmo. Podría decir que Vini atraviesa una metamorfósis mental y futbolística de la que aún no sabemos qué saldrá. Pero hay ojos más sabios y plumas más veloces para pintar la crónica de lo que vimos en New Jersey y de lo que nos espera con el velociraptor europeo que cabalga Luis Enrique.
Intentaré mantener el decoro con el tema Williams. Cada vez me cuesta más. Es un tema serio. Tengo que confesarles que mi incapacidad para permanecer impasible ante la estupidez humana está empezando a preocuparme. Nunca tuve paciencia o tolerancia frente a la injusticia o la inmoralidad. Sí la tuve frente a la ignorancia. En el fondo, siempre pensé que la ignorancia, incluso contumaz, merece indulgencia, especialmente si el afectado pone un mínimo de actitud e interés por no caer en las garras de la estulticia. Si no, no.
Por la ventana abierta al mundo que todos llevamos en el bolsillo, especie de agujero de gusano que nos transporta a cualquier momento, a cualquier lugar, casi sólo con el pensamiento, se cuelan también personajes grotescos desde las redes y los medios. Humanos fallidos, propios de novelas de Edgar Alan Poe o de Howard Phillips Lovecraft; seres del inframundo, como los monstruosos perros de Tíndalos, que aparecen desde cualquier rincón para hacer el mal. Seres cuyas contradicciones deberían llevarles a la locura y el anonimato. Sin embargo, ahí están a diario, exhibiendo su déficit emocional, moral, racional, humano, sin el más mínimo pudor, mostrando desvergonzadamente que es posible vivir sin principios, sin una mínima ética profesional o personal, facturando unos miserables euros por naturalizar la corrupción, la mentira, la ilegalidad; sembrando discordia desde el fanatismo, idealizando a corruptos como Laporta y escribiendo al dictado de sujetos como Tebas.
el equipo va entendiendo lo que pide Xabi. Se les ve más juntos. Ocupan bien los espacios. Tienen claro el dibujo defendiendo y atacando. Tchouameni gobierna. El niño turco distribuye. Valverde abarca. Todos atacan. Todos repliegan
No consumo contenido culé. Me llega el feedback minoritario de los que aún no me han bloqueado en tuiter, una minoría. Desde hace meses no he podido pasar de una dosis de más de un minuto de cualquier vídeo de youtube ejecutado por Don Limpio o el risueño de las gorras, o de cortes de segundos de Jota Jordi o de José Álvarez. A diferencia de YouTube Real Madrid, en las redes del Barça no hay sentido común, coherencia, autocrítica. Angulo es el verso suelto madridista, capaz de crítica feroz y de un uso del lenguaje al límite. Pero es el único que trabaja cruzando la línea roja. En la otra esquina del ring encontramos culés con números comparables de seguidores, que producen vergüenza ajena, hilaridad involuntaria. No te ríes con ellos. Te ríes de ellos. Prometo que estoy tratando de dejar de hacerlo por respeto a sus familias.
He seguido la evolución del caso Williams con atención. Un fichaje estelar, muy interesante para el Barça, que con un extremo de esos quilates formaría una delantera temible, a pesar de la obsolescencia inminente de Lewandowski.
El año pasado ya mostraron interés por el chico. Raphinha aún no había explotado a sus 28 años, y nadie imaginaba la temporada que iba a hacer de la mano de Flick, los vendajes mágicos y el omnipresente CTA, que lo mismo te da un gol en fuera de juego, le anula tres goles a tu oponente en el mismo partido, le quita penaltis al Real Madrid o ignora rojas catedralicias a sus rivales en momentos decisivos de la temporada.
Lo de este año ha sido surrealista. La desvergüenza de saberse protegido, impune, ha tocado niveles paroxísticos. Un club en bancarrota, fuera del Fair Play Financiero, que ha tenido que recurrir a la política para poder inscribir ilegalmente jugadores, ha pretendido fichar, una vez más, sin dinero y sin garantías de poder regularizar ni sus números ni los papeles del futbolista. Sigue pidiéndole dinero al futuro, a veces de verdad y otras del monopoly, pero no parece importarle a nadie en España. La UEFA acaba de despertar del letargo en medio del escándalo de Nico y ha sancionado a los corruptos con 15 millones de euros y una estrecha vigilancia en los próximos dos años. A ver en qué queda la cosa.
Lo de este año ha sido surrealista. La desvergüenza de saberse protegido, impune, ha tocado niveles paroxísticos. Un club en bancarrota, fuera del Fair Play Financiero, que ha tenido que recurrir a la política para poder inscribir ilegalmente jugadores, ha pretendido fichar, una vez más, sin dinero y sin garantías
La falta de nobleza, de clase y de profesionalidad de esta banda me ha retrotraído a los tiempos de Lopera, de Gil, de Caneda, de Núñez, de Ruiz Mateos (sí, amigos, fue presidente del Rayo el mismo año que el Barcelona selló su pacto con el CTA para perpetrar el atraco de Tenerife) o del desequilibrado Gaspart; a las disputas por las lindes y por amores no correspondidos de Puerto Hurraco, el "tres per cent" o el "te pego, leche" del ínclíto Ruiz Mateos a un ministro. Me ha venido a la mente la España negra como te viene acidez del estómago si haces el pino después de comerte una fabada. Tenemos que asegurarnos de que Laporta sea solamente un vestigio trasnochado de otro tiempo y esperar que desaparezca pronto de nuestras vidas. Comportamiento ejemplar estos días del presidente del Athletic, Jon Uriarte, pidiendo el cumplimiento de garantías a LaLiga y esperando pacientemente la decisión de su jugador.
Claro que Nico podía querer jugar en el Barça. El nivel competitivo, la posibilidad de obtener títulos, la fama planetaria, son muy atractivos para un joven deportista. La dimensión de los patrocinios, la sociedad con su amigo Lamine... se entiende todo.
Pero el agente de Nico ha demostrado ser un profesional que se gana su comisión. Además del depósito de la cláusula del futbolista, pidió garantías de que el pequeño de los Williams sería inscrito o liberado ante un incumplimiento, después de ser testigo de la delirante situación vivida a primeros de año con Olmo y con Pau Víctor. De no ser inscrito y a pesar del pago al Athletic, el jugador habría quedado libre. Si Laporta no fuera un golfo y el Barça no fuera una institución corrupta hasta los cimientos del Camp Nou, no habría habido ningún problema en aceptar esa cláusula. ¿Porqué iba a haberlo? Simplemente no pueden inscribir jugadores sin hacer ventas y no están dentro de la regla 1:1 del FPF. Insignificancias que te arregla Roures con Tebas o con el Gobierno en dos llamadas o en una cena.
El Barcelona no sólo necesitaba a Nico. También necesitaba alargar el caso durante medio verano, pagándole la wifi a Fabrizio para que hubiera ruido mediático, mientras este nuevo Real Madrid va pasando rondas en el Mundial de Clubes. Insoportable para un culé. Su fijación enfermiza con nuestro club les lleva a estos desastres por la urgencia, la precipitación, la histeria. ¿A quién se le ocurre pagar medio millón de euros anuales a un vicepresidente arbitral de la liga en que compites? A un caradura acomplejado que necesita enfermizamente salir en la foto con el ganador, a cualquier precio, por cualquier medio.
El Barcelona no sólo necesitaba a Nico. También necesitaba alargar el caso durante medio verano, pagándole la wifi a Fabrizio para que hubiera ruido mediático, mientras este nuevo Real Madrid va pasando rondas en el Mundial de Clubes. Insoportable para un culé
Y si no pueden por las buenas, engañando a propios y extraños, pues llenan sus medios propagandísticos de bilis a cambio de unos euros: Nico ha hecho todo esto para subirse el sueldo. Nico nos ha engañado. El agente de Nico ha hundido la operación. Es una ofensa que nos pidan garantías. Tampoco nos hace tanta falta teniendo La Masía. El Mundial de Clubes es un torneo de verano. Lo de Mbappé con el "Madrit" fue mucho peor... siempre se acuerdan de nosotros en sus fracasos.
Les voy a explicar las diferencias fundamentales entre los casos de Nico Williams y de Kylian Mbappé, para que puedan responder a lo que vamos a vivir en los próximos días en las redes.
El Real Madrid estuvo detrás de Mbappé desde 2012, cuando, siendo jugador del AS Mónaco, con 11 años, fue invitado a Valdebebas a entrenar con el equipo infantil. Sus padres consideraron que era mejor para él seguir formándose en Francia. El interés del Barça por Nico es muy reciente. Aparece cuando se constata la química en una delantera con Lamine en el europeo de 2024 con la selección Española.
El segundo capítulo se dio en 2017, con un Kylian ya mayor de edad. Zidane le quiso traer, pero el joven Mbappé no se vio capaz de competir por la titularidad con Ronaldo, Benzemá y Gareth Bale y decidió irse cedido al PSG, que posteriormente lo compró por 180 millones de euros.
En 2022 es cuando realmente podemos hablar de un caso Mbappé. Kylian había sido invitado previamente por el Emir de Catar para explicarle que no podía irse del PSG antes del mundial que compraron mediante sobornos a ejecutivos FIFA. En Francia había sido recibido por el presidente del país que le pidió ser el símbolo de la integración de inmigrantes en momentos de alta tensión política. En paralelo, le pusieron un cheque en blanco y le dieron prácticamente las llaves del club. Renovó con el PSG y plantó al Real Madrid. Algún día reconocerá que su vida se le fue de las manos. Dolió, pero más tarde lo entendimos todo.
En junio de 2023, Mbappé anunció que no ejercería la extensión unilateral de su contrato, hasta 2025, a la que tenía derecho. Por tanto, quedaría libre en junio de 2024. El Real Madrid presentó una oferta estratosférica tras el anuncio. Al Khelaifi ni la miró, confiando en su capacidad de mantener al jugador en la jaula de oro de París. Florentino ya había hablado con Kylian y le había mostrado su voluntad de esperarle, lo que resultó ser otra decisión acertada del presidente. Ese año los medios antimadridistas gozaron todo lo que van a empezar a sufrir (Dios lo quiera) a partir del 13 de julio.
Cualquier comparación con Nico es odiosa. Nico ama al Athletic. Nadie duda de que es el jugador franquicia y el futbolista más talentoso que ha salido nunca de Lezama. Confía en el presidente y el club ha hecho un tremendo esfuerzo para conservarlo y le han hecho saber que le necesitan para tratar de ganar títulos. No sabemos cuánto quería Nico jugar en el Barça, pero sí sabemos que no quiso poner en riesgo su carrera por cuestiones ajenas al deporte, ni que maltratasen a su club, "el Bilbao" según Laporta y su ejército de zombies asalariados. Bravo por Nico.
También es odio a cualquier comparación entre los comportamientos de los clubes compradores. El Real Madrid siempre fue detrás de Mbappé, cierto, pero entendió a la familia cuando era un niño y entendió al jugador cuando se vio en medio de un asunto extrafutbolístico de dimensiones geopolíticas. Aguantando la náusea, pero respetando al PSG, Florentino presentó una tremenda oferta en 2023. Agua. El dinero no tienta a quien lo tiene por castigo. Al Khelaifi no sabe nada de fútbol, satisface sus deseos con dinero ilimitado, dejándose aconsejar por asesores extraordinariamente pagados e ignorando que el balón es casi esférico y que por eso a veces pareciera tener vida. Después de ganar su primera Champions se relajará un poco. Incluso es posible que algún día llegue a comprender algo.
Respecto a Nico, le deseo desde aquí toda la suerte del mundo. En esa familia y en esa cabeza las cosas están claras, y a diferencia de lo que se publica en el mundo imaginario culé, estoy seguro de que el dinero no ha estado nunca en el primer lugar de sus prioridades.
Respecto al Barça, qué decir: otro capítulo más de falta de clase y de profesionalidad para cerrar una negociación, otra oportunidad perdida de no dejar tierra quemada detrás de cada paso, otro pecado más de soberbia, otro intento más de abusar de su inagotable comodín político ante la estupefacción general. Y otro fracaso mientras el eterno rival encara la semifinal del Mundial de Clubes.
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Buenos días, amigos. Lo novedoso del torneo y las fechas en las que tiene lugar nos inducen subliminalmente a un análisis desde el prisma exclusivo del futuro próximo, como si estuviésemos en pretemporada. Así, somos injustos con el hoy. El hoy es que el Madrid está en semifinales del Mundial de Clubes.
Como aún nos falta perspectiva histórica para calibrar la importancia de la competición, puede que no tengamos una idea cabal de la grandeza que en sí mismo tiene este éxito, cosechado a lomos de un fútbol muy convincente cuyo nuevo paradigma ha sido implementado en tiempo récord por un nuevo técnico. Ojalá se pueda rematar el día 13 con un éxito completo, es decir, levantando el trofeo.
Antes, el día 9, queda el tour de force de esta singladura apasionante: el vigente (y brillante) campeón de Europa, el PSG. Así nos lo recuerda Marca, sin darnos un segundo para saborear la victoria en un partido frente al Dortmund que parecía no tener historia hasta que en los últimos minutos, de sopetón, concitó tomos y tomos de Yuval Noah Harari.
Como bien señala Marca, el Madrid ganaba 2-0 en el minuto 20 y lo tenía todo perfectamente controlado. Es legítimo empezar por criticar lo negativo, a saber, la inexplicable bisoñez de Rüdiger en un rechace que nos complicó la vida encajando un 2-1 absolutamente evitable. Ahí se produjo el grandioso golazo de Mbappé que Marca trae a portada, el 3-1 que parecía sentenciar la cosa, abortando sustos.
Pero los sustos siguieron a raíz de la bisoñez de Huijsen (esta vez comprensible debido a su edad). Si el error de Rüdiger era grave porque comprometía el triunfo en este partido, el del central español, que pese a esto está deslumbrando en el torneo, lo es porque compromete las semifinales: por un fallo garrafal de Dean, que se hizo expulsar cometiendo un penalti innecesario, no podremos contar ante el PSG con el concurso de un hombre fundamental en la construcción de las jugadas desde campo propio. El fallo de Dean nos duele porque nos priva de él. Hay errores que retratan excelencias.
Sería muy injusto, no obstante, no señalar lo positivo, que fue más y que ilusiona, o que “enciende”, por usar el verbo que el propio Xabi acuñó en su presentación con gran eficacia comunicadora. Lo positivo, en primer lugar, es el resultado. Ese 3-2 accidentado encierra gloria. La senda de este nuevo Madrid en un torneo que está siendo un éxito representa otro éxito en sí mismo.
As se centra en uno de ellos: el éxito de la Fábrica, o sea, de la cantera blanca, representada por Gonzalo y Fran, autores de los dos primeros goles, ambos españolísimamente apellidados García. ¿Alguien ha hecho ya la gracia del retorno del “Madrid de los García”? Estos dos jóvenes aglutinan gran parte de aquel espíritu artesanal de esa generación de aguerridos vikingos ochenteros que por poco desafían la lógica ganando la que en 1981 habría sido la Séptima. Por la calidad de sus compañeros, sin embargo, estos Garcías apuntan más alto que aquellos. Apuntan a la gloria.
Más buenas noticias:
-El golazo de Mbappé lo sitúa en la mejor disposición para dar lo mejor de sí en un partido de altísimo voltaje competitivo y emocional: el duelo ante su exequipo en la semifinal de un Mundial. Su golazo fue dedicado marcando con los dedos un número 20 que después, en redes sociales, confirmó lo que parecía ser: un homenaje a Diogo Jota. Todos los equipos que quedan en competición quieren ganar el título en memoria del malogrado futbolista portugués, cuya inesperada muerte ha supuesto una conmoción terrible en el mundo del fútbol.
-Hay futbolistas en estado de gracia. Tchouaméni (uno de los sobresalientes en las notas del partido por parte de Gutiérrez de Panga) está intratable.
-Güler ha agarrado la velocidad de crucero destinada a llenar las botas de Luka Modric, nada más y nada menos. Su asistencia en el gol de Gonzalo fue “un caramelo”, como reconoció el propio delantero madrileño.
-Trent engalanó sus cifras con una nueva asistencia, que propició el gol de Fran. Va mostrando poco a poco su indiscutible calidad. Ayer lo hizo en un partido inmanejable desde el punto de vista psicológico, con la noticia del adiós de su gran amigo Diogo aún caliente. Ayudemos a Trent.
El Madrid se encuentra a dos pasos de volver a hacernos abrazar la gloria. La ilusión ha vuelto.
Os dejamos con la prensa cataculé, que ya no sabe cómo disimular su inquietud por lo que puede pasar en el Mundial a punta de minimizar el espacio dedicado a la competición. Pobrecitos.
Pasad un buen día.
Nueva York no destaca precisamente por ser una urbe futbolera. Tiene bastante con ser la capital financiera del mundo. Pero sí que es una ciudad que alberga grandes entidades deportivas, empezando por el equipo más laureado de la historia en béisbol, los New York Yankees, vencedores en 27 ocasiones de las series mundiales de la Major League Baseball. En fútbol americano, los Giants ganaron cuatro veces la Super Bowl y sus rivales, los Jets —ambos comparten estadio, precisamente el MetLife de Nueva Jersey—, tan solo una vez, en 1969. En la NBA, los Knicks, conocidos mundialmente gracias a los protagonistas de la maravillosa serie Friends, lograron dos anillos hace ya más de 50 años (1970 y 1973). Por último, por hacer un breve repaso a los cuatro deportes más famosos y seguidos en Estados Unidos, cabe decir que tres equipos, los Rangers, los Islanders y los Devils —estos últimos de Nueva Jersey— lograron ser campeones más de una vez, aunque hace ya bastantes años, de la National Hockey League.
En fútbol, poca cosa, apenas un éxito en 2021 de los New York City —relacionados con el grupo City, dueño del equipo de Manchester y también con los NY Yankees de béisbol— en la MSL (Major Soccer League), que juegan sus partidos en el célebre Yankee Stadium, lugar los triunfos de los Yankees y tantas veces protagonista de éxitos cinematográficos.
No vamos a olvidar a los Cosmos de Nueva York, en una época pre-MLS —años 70—, fundados por el que fuera genial productor de cine y mandamás de la Warner, Steve Ross.
Logró hacer campeones a los neoyorquinos en el campeonato que se llamaba entonces North American Soccer League (NASL). Primero fichando al gran Pelé, con la inestimable ayuda diplomática del por entonces secretario de Estado Henry Kissinger, y poco a poco logró atraer más talento, como el Káiser Beckenbauer, el fabuloso lateral brasileño Carlos Alberto, el goleador itailano Chinaglia, el yugoslavo Bogićević, el holandés Neeskens, el belga Van der Elst o el paraguayo Romerito. Aquellos fueron los únicos —por ahora— años dorados del fútbol en Nueva York, con cinco trofeos conquistados en la NASL y llenando varias veces el estadio de los Giants con más de 70.000 espectadores.
Durante las décadas siguientes, el soccer fue perdiendo interés para los neoyorquinos, de tal forma que, por ejemplo, la final de la Copa del Mundo de 1994 se jugó en Los Ángeles. Poco a poco, gracias a la pasión increíble que hay en EEUU por el soccer femenino, y por el empuje de millones de seguidores de la comunidad hispana, parece que el fútbol vuelve a generar interés cerca de la Gran Manzana, que ya cuenta con dos equipos —el City y los Red Bulls— en la MLS. Hecho significativo también es que en 2026 la final de la próxima Copa del Mundo se celebrará en el MetLife de Nueva Jersey, recinto con capacidad para más de 82.000 espectadores, y que cobija los partidos de NFL de los Giants y de los Jets.
Precisamente el MetLife acaba de ser la sede del encuentro de cuartos de final disputado entre el Borussia de Dortmund y el Real Madrid. Gradas llenas y, como viene siendo ya habitual, una mayoría de espectadores, más del 95 %, a favor de los merengues. Y es que son precisamente estos partidos los que poco a poco van calando en Estados Unidos, un país en el que gustan sus propios deportes, obviamente, pero que disfrutan viendo a los mejores del mundo en otros deportes no tan suyos. Y para ello, no hay mejor embajador que el club más laureado del planeta.
El partido que acabamos de ver no era el primero jugado en estas tierras por los nuestros, de hecho, hasta nuestro Paco Gento tuvo la dicha de posar con Rita Hayworth —emparentada con la joven promesa Gonzalo García— a principios de los 60 en el Yankee Stadium. Pero sí ha sido el primer encuentro oficial, de ahí su importancia. Que la capital del mundo sea la anfitriona de un partido oficial del Real Madrid, club que rige el dominio del planeta fútbol en el balompié, supone un acontecimiento mundial de primer orden. Y enfrente, un campeón de Europa (1997) y que además era el penúltimo finalista de la Champions de 2024. Un cartel de prestigio para una competición con futuro.
Y los nuestros estuvieron a la altura, al menos en el 95% de la duración del partido.
Xabi Alonso, de inicio, alineó a los 11 del partido de la Juventus, con una quinta titularidad consecutiva del goleador Gonzalo, que dejaba en el banquillo no solo a Mbappé, ya en fase última de recuperación, sino de nuevo a Rodrygo Goes, que no deja de ser uno de nuestros futbolistas más cotizados. El MetLife Stadium lucía impecable, a las 4 de la tarde, con un sol de 30 grados. Las condiciones para el juego eran mucho mejores que en Miami, que en Charlotte y que en Filadelfia.
Los primeros 20 minutos del Madrid fueron, sencillamente, soberbios. Si esto es un preludio de lo que vamos a ver la próxima temporada, va a ser imposible aburrirse con este equipo. Una auténtica exhibición que salía casi siempre de los pies de Huijsen, pasaba por la banda izquierda, con un Fran estratosférico. Suyas fueron las primeras incursiones, volviendo loco al pobre Ryerson, penetrando como bisturí en margarina. El gol tenía que llegar, y fue tras una delicatessen de Arda Güler que Gonzalo clavó en la red de Kobel.
Era el rock’n’roll prometido por Xabi, pero también era una composición de piano con gotas de jazz, una Rapsodia en blanco propia del neoyorquino de Brooklyn, George Gershwin. Tenía que llegar otro gol, y fue con un golazo de Fran después de una nueva asistencia —la segunda, tras la de la Juventus— de Trent, tras otra intervención de Gonzalo.
Los García, Fran y Gonzalo, habían destrozado a un Borussia que no sabía por dónde le venían las flechas blancas, permanentemente en movilidad y apareciendo por cualquier inesperado lado de la cancha del MetLife.
Bajó decibelios el equipo merengue, y dejó la posesión, estéril a los renanos, que no crearon ni una sola clara oportunidad de peligro. De hecho, Jude Bellingham y Vinícius, en dos ocasiones, pudieron perforar de nuevo la meta de Kobel, destacando la oportunidad de Jude en el minuto 26, tras otra sinfonía de talento y de armonía futbolística.
Tchouaméni volvía a ser el jefe de la banda desde atrás y Courtois fue un atacante más al lanzar los contraataques tras sendas paradas a lanzamientos de córners amarillos. Y todo el equipo trabajó a destajo durante los 48 minutos que duró el primer periodo.
Ya no hubo mucho más. Y es que el partido acabó en el minuto 20 tras el gol de Fran García. Los blancos estaban esperando ya a la semifinal y no querían hacer esfuerzos adicionales. Entre Arda y Valverde se ocuparon de controlar el partido y dormirlo plácidamente. Luego entraron Modric y Ceballos para dormir aún más al Borussia, y también Mbappé entró por Vinicius. Jude y Trent, la pareja inglesa, se reservaba para el parido de la semifinal.
Poco pasó entre el minuto 60 y el 90, un tímido tiro de Beier atajado por Courtois y algún escarceo blanco con tiritos de Modric y de Valverde. También entraron en los minutos finales Asencio y Rodrygo por los agotados Tchouaméni y el goleador Gonzalo.
Todo estaba decidido cuando empezaron siete minutos de auténtica locura. Ya no había rock’n roll, ni rapsodias, ni lieder alemanes. La macumba se cernió sobre el MetLife, en pleno bochorno vespertino y muy húmedo a los bordes del río Hudson.
Marcó el 2-1 en el 92’, casi sin querer, tras un regalo infantil de Rüdiger. Ni lo celebraron los alemanes. Acto seguido, tras nueva asistencia de Güler, una chilena prodigiosa de Mbappé volvía a dar la tranquilidad a un equipo que se había relajado en demasía.
3-1, y todavía celebrando y agasajando todo el equipo a Kylian cuando se interna por el centro el francés Guirassy, prácticamente inédito en los 90 minutos, y Huijsen comete un penalti imperdonable, de párvulo. Mejor era dejar dispara a Guirassy, pero el reciente fichaje, impecable en el Mundial, agarró al delantero renano sin posibilidad de jugar el balón. Penalti y tarjeta roja.
Guirassy fusiló a Courtois el 3-2 y aún tuvo que haber milagro postrero de Courtois, que salvó el empate a 3 y una temible prórroga tras un paradón descomunal, propio del mejor del mundo, ya en el minuto 99.
Es más que posible que Xabi no haya apreciado en demasía la pereza o la desidia final de los suyos, que habían hecho un partido inteligente y ahorrando fuerzas para lo que queda de torneo.
Espera en semifinales el campeón de Europa, el PSG, un club totalmente contrapuesto al nuestro, de escasa raigambre, con una historia de poco más de 50 años, totalmente artificial, construido a base de los abundantes petrodólares de Catar. Que pasó su cruce ante el Bayern con cierta dosis de fortuna y, sobre todo, gracias a la ingenuidad en ataque de los bávaros y a los regalos de su línea defensiva, incluyendo al estrambótico Neuer, cuyas pifias ya no las corrige como antaño con paradas milagrosas.
Habrá importantes bajas en ambos equipos, los centrales Pacho y Lucas por parte gala y Dean Huijsen, por parte madridista, verán el partido desde la grada.
Es el momento de poner las cosas en su sitio y que la tradición, los valores de un club de fútbol de verdad, la transparencia y el señorío, pongan a los de Catar en sitio. Es de ley, y, además, hará mucho más prestigiosa en el futuro a esta competición creada por Infantino y bendecida por el modelo del nuevo fútbol que Florentino Pérez lleva buscando desde hace años. Hágase pues el próximo miércoles, de nuevo en este Metlife Stadium, con una nueva mayoría aplastante de seguidores y amantes del Real Madrid.
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Arbitró el brasileño Ramón Abatti Abel. En el VAR estuvo el mexicano Guillermo Pacheco Larios.
En el partido contra el Pachuca ya nos desesperó. Hoy ha confirmado que es un auténtico sinvergüenza. Si el Dortmund llega a empatar en la última jugada es para que Lula no le volviese a dejar salir del país. Una golfada en toda regla porque la acción del penalti era la última del partido y permitió otra más de forma injusta e innecesaria.
No deja muchas más ganas de comentar el resto de su actuación. Amonestó a Gross y a Couto por entradas de amarilla a Bellingham y Fran respectivamente. En el bando madridista, expulsó a Huijsen en una acción de roja porque el agarrón significa no querer jugar la pelota y enseñó amarilla por protestar a Mbappé. Esta última bastante prescindible.
Ojalá no verle nunca más pitar al Real Madrid.
Abatti, SUSPENSO CATEDRALICIO.
Courtois: sobresaliente. Un paradón en el último segundo supuso la clasificación para semifinales de un Madrid que se complicó la vida al final del encuentro.
Trent: bien. Tiene muy buen pie y firmó una nueva asistencia.
Rüdiger: aprobado. Un mal despeje en los últimos minutos revivió al Borussia.
Huijsen: aprobado. Agarrón innecesario en el último minuto de partido que le costó la expulsión y la baja para semifinales.
Fran García: sobresaliente. Llevaba un Mundial entonado y hoy ha brillado especialmente —gol incluido— sobre todo en la primera parte. Quizá su mejor encuentro con el Real Madrid.
Tchouaméni: sobresaliente. Otro encuentro sólido de Aurélien. Es la cuña que asegura la cabeza del martillo al mango. Pletórico.
Valverde: notable. Primero, en el centro del campo. Después, en el lateral. Es el sustrato sobre el cual crece el Real Madrid.
Güler: notable. Se ha apoderado de las llaves del coche y no quiere dejar de conducir el bólido.
Bellingham: bien. No vio amarilla y podrá disputar el partido de semifinales el miércoles contra el PSG.
Vinícius: aprobado. Trabajó, pero estuvo poco acertado con balón. Al igual que Jude, estaba apercibido y evitó la tarjeta.
Gonzalo: notable. Lucha, presiona, descarga, se ofrece, dispara y marca goles. Hoy descorchó el partido. No es una promesa, es una bendita realidad.
Mbappé: notable. Salió y marcó un gran gol.
Modric: bien. Disfrutó de una ocasión para marcar.
Ceballos: bien. Contemporizó.
Asencio: sin tiempo.
Rodrygo: sin tiempo.
Xabi Alonso: notable. Cada día se nota más su mano. Se atrevió primero a alinear a Gonzalo por delante de Mbappé y después a cambiar a Vini antes que a Gonzalo para incluir a Kylian. Acertó en ambas decisiones.
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