Las mejores firmas madridistas del planeta

Yo no creo que el Barça siga pagando a los árbitros para obtener rédito deportivo. Creo que estas actuaciones del CTA sesgadas a favor del Barcelona son beneficios colaterales de la guerra CTA-RM. En la que los primeros quieren dejar bien claro quiénes mandan con el fin de proteger su cotarro. Recordemos que hay mucha pasta en juego.

Para ello mandan continuos mensajes en forma de muestras de poder contra el Madrid. Todo por ser el único club que se ha personado en el caso Negreira. El único que ha denunciado:

- Los incumplimientos del protocolo antiracismo por parte de los árbitros en el caso Vinícius.

- La parcial forma de designación y promoción de los árbitros.

- El mal uso del VAR y la corrupción tecnológica en la elección del frame para el fuera de juego, en connivencia con un socio avalista del Barça.

- Que se hayan hurtado imágenes a los árbitros de campo por el VAR. Demostrado judicialmente.

- Los errores arbitrales que sufre cada semana por parte principalmente de árbitros relacionados con el entramado Negreira. En RMTV.

- Que ha ejercicio su derecho de solicitar al órgano competente los audios del video arbitraje en una competición que disputa.

Por otro lado, hay quienes se creen dueños de un cortijo en el que  mandan sin ninguna fiscalización desde hace décadas, y se creen con el derecho a negar información de interés general y la transparencia debida. Y no perdonan que el Madrid les haya salido contestón.

Repito, creo que las decisiones que perjudican al Madrid y benefician a sus principales contrincantes en liga corresponden a un aviso a navegantes. Al Madrid para que deponga su actitud crítica, y para que sirva de ejemplo al resto de equipos con el fin de que no se revuelva el gallinero.

En todo caso se trata de una adulteración de la competición, ya no por dinero (creo yo), sino por venganza. Y para defender el sistema corrupto arbitral. Y no sé qué es peor.

 

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El Real Madrid se encuentra inmerso en una guerra que, a priori, parece tener perdida. Al menos en el corto plazo. Hace ya dos años que se destapó el Caso Negreira, el mayor escándalo de corrupción arbitral en la historia del fútbol español, y desde entonces la institución blanca ha emprendido una cruzada contra el sistema. Sin embargo, la realidad es tozuda: el enemigo es demasiado poderoso y el Madrid está demasiado solo.

No tiene aliados en el fútbol español ni posibilidades reales de cambiar un statu quo que beneficia a todos los actores involucrados en el sistema. La Real Federación Española de Fútbol y sus miembros corruptos han cimentado un entramado donde todos los que participan en él viven cómodamente. Los árbitros prefieren que nada cambie, ya que cualquier reforma estructural limitaría su capacidad de influencia. La prensa, controladora del flujo de información, sigue un guion que favorece a determinados intereses. Y los clubes, por miedo o por conveniencia, se alinean con el poder, evitando cualquier enfrentamiento que les pueda perjudicar, como le ha ocurrido al Real Madrid.

 

Los cuatro pilares del entramado corrupto

 

Para comprender el laberinto en el que se encuentra el Real Madrid, hay que entender los cuatro pilares sobre los que se sustenta el sistema mafioso. Cuatro bases bien enraizadas en las estructuras del fútbol y que aseguran la perpetuación de un sistema viciado, en el que el club blanco se ha convertido en el principal enemigo.

 

1-. Las instituciones que gobiernan el fútbol español:

 

La Real Federación Española de Fútbol y la Liga son los ejes vertebradores del fútbol en el país. La primera, dominada durante décadas por Ángel María Villar, instauró un sistema de favores arbitrales conocido como el Villarato, que benefició claramente al Barcelona. Tras su salida, la corrupción ha seguido, pero con otros actores. Todo el sistema gira en torno a prebendas que se otorgan a todos aquellos actores con capacidad de voto.

Esto lo entendió a la perfección Villar, que supo comprar voluntades entre los presidentes de las federaciones territoriales, y evidentemente también lo entendió su sucesor, Rubiales, que se encargó de seguir engrasando el sistema para que siguiente funcionando. Pero también lo entendieron los árbitros, que también tienen voto, y algunos clubes, como el F.C. Barcelona, que traicionó la decisión de los clubes y vendió su voto a Villar a cambio de favores.

La otra pata institucional, es la Liga, presidida por Javier Tebas, siendo un ente hostil al Real Madrid . Tebas, declarado enemigo de Florentino Pérez, ha utilizado su poder para debilitar al club, permitiendo que los intereses de otros equipos se impongan en los despachos y diseñando un modelo de explotación de derechos televisivos que perjudica al Madrid.

 

2-. El CTA: el brazo armado del poder

 

El Comité Técnico de Árbitros ha sido el mecanismo de control más efectivo de la corrupción. Durante 17 años, su vicepresidente José María Enríquez Negreira recibió pagos millonarios del Barcelona con el objetivo de influir en el arbitraje. Aunque la justicia sigue investigando, el hecho en sí es innegable: el Barcelona compró influencia en los arbitrajes durante casi dos décadas.

Resulta difícil desligar a los árbitros de la propia corrupción de la federación, de Villar y de otras muchas personas enjuiciadas en diversas causas judiciales. Al final, en un sistema así de corrupto la única opción es salirse del mismo o corromperse. Los árbitros también votan y saben a quién se deben. Es el mismo que decide si ascienden o descienden y si se convierten o no en internacionales, con la repercusión económica que ello implica. Y, por eso, personas como Sánchez Arminio o Díaz Vega eran conocedores, si no partícipes, de todo este entramado. Y por la misma razón, los herederos del sistema actual, que ascendieron en el escalafón, son también parte de todo.

Lo verdaderamente grave es que, tras destaparse el escándalo, los mismos actores siguen dirigiendo el CTA: Medina Cantalejo y Clos Gómez, ambos con trayectorias más que cuestionables, continúan al mando del arbitraje español sin ningún cambio estructural. Donde hubo un entramado corrupto perfectamente planificado sigue existiendo el mismo modus operandi.

3-. La prensa cómplice

 

La gran mayoría de los medios deportivos forman parte de este “tinglao”. Lejos de denunciar el Caso Negreira, lo han relativizado, modulando el relato para evitar el escándalo y desviando el foco.

La prensa históricamente ha vivido en gran parte del Real Madrid y de su influencia. Bien dentro de un relato madridista, con la supuesta caverna, dando predominio a la información del Real Madrid como club más seguido de España, o bien dentro de un relato más antimadridista, como los periódicos de Cataluña o algunos de Valencia.

Pero, en todo caso, le vaya muy bien al Real Madrid o muy mal, la prensa siempre sale beneficiada. Alfredo Relaño, exdirector del diario As, lo explicó perfectamente: "La prensa vende tanto cuando el Madrid gana como cuando pierde". Y en el ecosistema actual esa prensa ha encontrado un filón en la confrontación contra el club blanco. Siendo incluso muchos patrocinados por terceras partes, como ocurrió con periodistas a sueldo del Barcelona, en lo que se conoció como el Barsagate.

Además, algunos de los principales conglomerados de comunicación están controlados por figuras próximas al Barcelona, como Jaume Roures, que maneja los derechos televisivos, y que también controla las imágenes del VAR. Como con el arbitraje, los empleados de Roures y de otros medios afines, saben perfectamente que su jefe es socio y accionista del F.C. Barcelona y a quién se deben.

 

4-. Los clubes, cómplices necesarios

 

La gran traición al fútbol es la pasividad del resto de los equipos. Los mismos clubes que exigieron sanciones al Madrid por pedir transparencia en la competición son los que han guardado un silencio cómplice ante la revelación de que el Barcelona pagó al vicepresidente de los árbitros. Mientras que el Real Madrid es el único que se ha personado en la causa, como principal damnificado, el resto de clubes, con honrosas excepciones, han mantenido el vínculo con el Barcelona.

La indignación por este hecho la han pagado justamente con el Real Madrid, que en lo que es un giro del guion surrealista se ha convertido en el culpable de los pagos del Barcelona a Negreira. Y el odio hacia el club blanco parece canalizar la ira de miles de aficionados, que deberían dirigirla hacia el club tramposo y no hacia el club víctima de esta organización mafiosa.

La explicación es sencilla: muchos clubes temen represalias si desafían al sistema. Otros han encontrado un refugio bajo la protección de la Liga o la Federación. Y algunos han adoptado una posición frontal contra el Madrid, avivando una hostilidad que se ha ido fraguando con el tiempo.

Historia de una animadversión

 

El origen de esta situación parece responder a una evolución de las últimas décadas con este resultado tan estrambótico. No está del todo claro del origen primero de este odio, pero sí existen puntos de inflexión evidente. Hubo un tiempo en que el Real Madrid era respetado, e incluso admirado, por muchos clubes españoles. Sin embargo, con el paso de los años, las dinámicas competitivas fueron desgastando esas relaciones. Clubes como el Deportivo de la Coruña, el Valencia o el Sevilla, que en diferentes épocas rivalizaron con el Real Madrid, pasaron de la cordialidad a la enemistad, fruto de ese enfrentamiento deportivo.

Otros, como Osasuna o el Athletic Club, siempre fueron bastiones de hostilidad en sus estadios, avivando la animadversión con el paso de las décadas. Y, finalmente, un buen número de clubes simplemente entendieron que lo más pragmático era someterse a la voluntad del verdadero capo de la competición: el F.C. Barcelona.

El Barcelona, que durante años estuvo involucrado en la corrupción arbitral con los pagos a Enríquez Negreira, operó con una impunidad asombrosa. Probablemente, esas prácticas se remontan a la era de Josep Lluís Núñez y se consolidaron en los años de las ligas de Tenerife. Por el camino, el Barça fue controlando las instituciones mientras los clubes se sometían cada vez más. El nuevo modelo encontró en entidades como el Valencia o el Sevilla a grandes entusiastas, capaces de vender a sus mejores jugadores al club culé y no al club blanco, aunque las condiciones económicas fuesen peores.

2-2: El mayor escándalo de todos los tiempos

Mientras tanto, a medida que el Real Madrid internacionalizaba su marca y sus giras veraniegas, disminuía su presencia en torneos veraniegos en España. Su mercado pasaba a ser el mundo entero mientras la desafección nacional se incrementaba. Esta tendencia fue alimentada por una prensa que nunca vio con buenos ojos la llegada de Florentino Pérez. La irrupción de Florentino supuso un antes y un después en muchos aspectos, pero también en la gestión diaria del club con la prensa. Su objetivo fue profesionalizar el club, primero a través del marketing de las estrellas como palanca financiera, luego con grandes proyectos como la Ciudad Deportiva y, finalmente, gestionando la institución con una visión empresarial.  El modelo de los Galácticos fue inicialmente visto con hostilidad tanto por la prensa como por otros clubes. Y en general la nueva propuesta de Florentino, que apostaba por profesionalizar todas las áreas de la entidad, reducía la capacidad de influencia de la prensa dentro del club más importante de España.

Esto provocó la hostilidad de aquellos que aspiraban a controlar el club desde dentro, especialmente la prensa y ciertos grupos empresariales como PRISA. Antes, figuras como José María García ya habían tenido enfrentamientos con la institución, pero con Florentino el distanciamiento se hizo más profundo.  Su dimisión en 2006 solo evidenció el oportunismo de los medios de comunicación, cuyo único interés era obtener influencia, como quedó patente con la desastrosa gestión de Ramón Calderón.

 

La llegada de Mourinho: la ruptura total

 

El regreso de Florentino Pérez a la presidencia marcó un nuevo punto de inflexión, que se ha incrementado hasta la ruptura actual. Tras un primer intento fallido con Manuel Pellegrini, el club apostó por una estrategia más agresiva, tanto en lo deportivo como en lo institucional. La llegada de José Mourinho simbolizó esa ruptura. Mourinho encarnó la guerra total contra el establishment futbolístico español, desenmascarando las prácticas arbitrales que favorecían al Barcelona y denunciando la hipocresía del sistema.

En una España dominada por el relato culé, con el tiki y taka como modelo supremo, con los jugadores del Barça copando la selección española y con Guardiola como máximo referente, la prensa española y muchos clubes se escoraron definitivamente del lado del ganador en aquel momento. Al otro lado, el nuevo Real Madrid de Mourinho retó a todas las estructuras y tensó la cuerda al máximo, virando por momentos el relato, al menos internamente. En un madridismo adormecido, la belicosidad del club despertó a muchos aficionados de ese letargo, y convirtió lo deportivo y extradeportivo en una guerra total.

Después de 3 años de lucha encarnizada, Guardiola salió del Barça y el tiki taka acabó desapareciendo, pero también lo hizo Mourinho, con un club desgastado a todos los niveles y enfrentado a casi toda la prensa patria y muchas entidades. Y, sin embargo, ese fue el germen de la etapa más gloriosa del club en su historia reciente. De aquellos brotes verdes nacieron los éxitos de los últimos años, consolidando al Real Madrid como el club hegemónico en Europa. De ese desgaste nació un Real Madrid mucho más fuerte.

A medida que el Real Madrid acumulaba títulos, la hostilidad aumentaba aún más. Ya no había aficionados de sus equipos y del Real Madrid como segundo equipo. Ya era una división entre madridismo y antimadridismo. Polarización total. Agravado por un fenómeno común en el deporte, que es el deseo de que gane el pequeño contra el más grande.  A nivel deportivo, no interesa que un equipo sea siempre el vencedor. Esa monotonía agota hasta a los aficionados neutrales, que se decantan por el equipo nuevo.

Con todo, en España la situación ha adquirido incluso matices particulares. La división territorial del país, la narrativa del centralismo y una cultura donde el éxito ajeno suele generar envidia han contribuido a agudizar la animadversión. No se trata solo de deporte; es un problema estructural que trasciende el fútbol.

Florentino Pérez, consciente de esta realidad, lleva años ideando una vía de escape. La Superliga es su respuesta a un sistema podrido y a una estructura imposible de reformar desde dentro. La federación española está infestada de corrupción, pero el problema se extiende a la UEFA, otro organismo que opera con las mismas deficiencias y vicios. Cambiar este entramado requiere más que comunicados oficiales o denuncias mediáticas.

La Superliga no solo ofrece un modelo de competición más atractivo y rentable, sino que garantiza que los clubes tengan el control de la organización, al estilo de las grandes ligas estadounidenses. En lugar de depender de burócratas y dirigentes con intereses personales, el torneo estaría gestionado por los propios clubes, quienes, en última instancia, son los principales interesados en mejorar la competición.

Además, representa una nueva fuente de ingresos que permitiría al Real Madrid consolidar su independencia financiera, evitando las limitaciones de una liga en decadencia y una UEFA que no protege los intereses de los clubes. La Superliga es la única vía de escape viable para el Real Madrid. Y por eso es su principal impulsor.

 

Una guerra sin aliados

 

La otra alternativa es seguir luchando contra un sistema que no ofrece garantías de cambio, donde la justicia avanza a un ritmo desesperantemente lento. El caso Negreira lleva dos años de instrucción y, sin importar su desenlace, el daño ya está hecho. Ni una eventual condena cambiaría las estructuras de un fútbol español corrompido hasta la médula.

El Real Madrid sabe que está solo en esta batalla. Pero también sabe que, históricamente, ha sido en los momentos de mayor adversidad cuando ha encontrado la manera de salir adelante. La pregunta es si esta vez lo logrará dentro del sistema o si, inevitablemente, tendrá que construir el suyo propio. Algo utópico.

El Madrid, después de años de silencio institucional, ha decidido alzar la voz. Lo ha hecho primero personándose en la causa judicial contra Negreira, denunciando la corrupción del sistema y después publicando un duro comunicado oficial que pone en entredicho la limpieza de la competición. Pero la realidad es que es una batalla que en el corto plazo está perdiendo el club blanco.

El Madrid no tiene aliados. No cuenta con el apoyo de otras instituciones, ni de otros clubes, ni siquiera de un sector mediático potente que amplifique su mensaje. Su denuncia cae en saco roto porque el sistema entero está diseñado para que no cambie nada. Y no solo eso, si no que el castigo al Madrid ha sido inmediato.

1-1: Bello homenaje a Negreira en el segundo aniversario del escándalo

En las últimas jornadas de Liga se han visto actuaciones arbitrales descaradas en su contra. La jugada de Mbappé contra el Espanyol, el escándalo del VAR ante Osasuna son decisiones clamorosas que han evidenciado la represalia del sistema contra el club díscolo.

Como en cualquier organización mafiosa, quien denuncia la corrupción es castigado. La mafia no puede permitirse grietas en su estructura, y el Madrid, con su denuncia, ha provocado una reacción hostil: el arbitraje se endurece, el VAR se manipula y el club es castigado con pérdida de puntos y desventajas competitivas.

 

Dos soluciones: una única salida

 

Como en todo conflicto hay dos soluciones: el apaciguamiento o seguir con la guerra. De la segunda opción hablaremos a continuación, pero conviene explorar la primera. Para que exista una paz se necesita un cambio, algo que compense a ambas partes, que logre un compromiso de todos para mejorar una situación, que objetivamente no beneficia a nadie.

El Real Madrid ha puesto de manifiesto claramente que su objetivo es el cambio del modelo arbitral, garantizando la independencia y transparencia del sistema. Mientras que algunos clubes han expresado en las últimas semanas su disconformidad con el sistema, ninguno se ha atrevido a pedir un cambio frontal. Por su parte, tanto los directivos como los árbitros lo que pretenden es, sobre todo, mantener su cargo y sus prebendas.

Cualquier solución pasa por llegar a un compromiso de cambio que muchos árbitros y directivos no estarían dispuestos a aceptar. Los primeros porque podrían perder su actual posición y los segundos porque no quieren perder su capacidad de influencia.

La “paz” pasa por ese cambio de sistema o al menos de piezas y, de hecho, parece que empiezan a sonar en los medios nombres de posibles candidatos a dirigir el CTA, como Mateu. Esa respuesta a una necesidad de la Federación de evitar tanto ruido y apaciguar a un Real Madrid que con la situación actual está obligado a la confrontación total.

 

Una solución drástica: la confrontación total

 

La estrategia de Florentino Pérez ha sido durante años la paciencia y la diplomacia. De hecho, gran parte de la afición ha exigido durante todos estos años una respuesta contundente, pero la postura del club siempre ha sido muy tibia. Quitando la etapa de Mourinho y el espacio dedicado en Real Madrid TV a los vídeos arbitrales, el club ni se ha pronunciado en redes ni institucionalmente sobre los arbitrajes. Y, más bien al contrario, las actitudes de entrenadores como Zidane o Ancelotti han sido durante todo este tiempo de respeto total a los arbitrajes.

Solamente la explosión del caso Negreira, verificando lo que todos los aficionados veían, ha hecho que el club se haya movido en la dirección contraria. Pero ni siquiera ha sido una confrontación total. La personación por parte del club se ha efectuado pero el club no ha canalizado oficialmente la indignación por el caso Negreira.

Ni siquiera el escrito a la Federación española pone nombres y apellidos, y solamente se ciñe a constatar algo tan evidente como que el sistema arbitral está en entredicho tras el Caso Negreira.

La contundente respuesta del sistema ha puesto al Real Madrid contra las cuerdas. Si bien la única salida viable parece la Superliga, mientras tanto hay una liga que jugar y cada partido de liga es un suplicio. La Superliga es una vía de escape, aunque ni siquiera es la solución definitiva. Solamente una bombona de oxígeno en un mar podrido de corrupción

Si el Madrid quiere sobrevivir a este asedio no le queda otra opción que ir a la guerra total. Un comunicado no basta. Es necesario denunciar cada arbitraje sospechoso, internacionalizar y judicializar el conflicto, llevarlo ante organismos europeos, cuestionar la legitimidad de la competición e incluso amenazar con retirarse de partidos si el escándalo persiste.

Si cada partido es una guerra donde el árbitro puede machacar al Real Madrid, cada terminación del partido tiene que ser una guerra donde el Real Madrid debe perseguir y poner en cuestión al árbitro. No solamente con vídeos de corto alcance en Real Madrid TV, sino con un ataque total en redes sociales e incluso ante la justicia.

Cada árbitro debe sentir la presión de sentirse observado en cada acción y enjuiciado ante posibles demandas ante la justicia. No es que sea una opción viable el lograr una sentencia favorable, pero al menos el Real Madrid llevará la iniciativa.

Mientas la justicia española avanza lentamente en el Caso Negreira no hay muchas más soluciones. Además, es probable que, aunque se pruebe la corrupción, no haya castigos ejemplares. El fútbol está podrido y cambiarlo desde dentro es imposible. Quizá la única salida sea una ruptura total, un golpe de autoridad que sacuda los cimientos de la competición y fuerce una regeneración.

Pero como eso es una utopía, como lo es retirarse de los partidos o no presentarse, porque eso conllevaría grandes sanciones y grandes perjuicios económicos, el Real Madrid debe librar esta batalla en los medios. Y no solo mediante comunicados, sino con una rueda de prensa de Florentino Pérez denunciando los hechos abiertamente.

Hay pocas personas en el mundo del deporte más conocidos que Florentino Pérez. Una figura que traspasa las fronteras nacionales y que debe ser el primero en ponerse en frente del entramado corrupto. Y detrás el club, los jugadores y la afición al completo.

El Madrid está solo en esta guerra, pero si algo ha demostrado su historia es que la resiliencia es su mayor virtud. Quizá el desenlace sea amargo, pero si el club ha de morir en esta batalla, al menos lo hará con honor. Hasta el final. Y si sobrevive, quizá sea el principio del fin de la corrupción en el fútbol español.

 

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La Biblia recoge, en los Evangelios de Lucas y de Mateo, la parábola de los talentos, que, en resumidas cuentas, viene a decir que Dios confía sus dones o talentos a los hombres con la obligación de que los desarrollen, que espera una respuesta fructífera por parte de cada hombre, y que la inactividad (por miedo, exceso de precaución o cobardía, pereza, o simple omisión consciente) en hacer rendir los talentos recibidos es criticada por el propio Jesús.

Eso debió pensar nuestro querido trencilla de moda, José Luis Munuera Montero, cordobés de pro, árbitro de cámara de Clos Gómez y de Medina Cantalejo, ascendido a la máxima categoría en plena época de los pagos del FC Barcelona a Negreira, cuando cofundó la empresa Talentus Sports Speaker, (desde ahora, Talentus) en diciembre de 2023, siete años después de ser designado árbitro de primera división de la liga española (2016) y cuatro años después de que consiguiera, por méritos valorados por el ínclito CTA, ser colegiado internacional (2019). La información se ha difundido gracias al gran trabajo de investigación de la cuenta de X @Fanaticos_RMCF que nos ha abierto los ojos.

🤔 A vosotros os parece normal que un árbitro en activo tenga negocios e intereses en común con empresas relacionadas del mundo del fútbol?

💥 Este es el LinkedIn de José Luis Munuera Montero pic.twitter.com/27OFFZIGRC

— Fanáticos Real Madrid (@Fanaticos_RMCF) February 17, 2025

Talentus, según su propia página web, “es una plataforma de divulgación formada por un equipo de ponentes vinculados al deporte que conecta los grandes valores deportivos con empresas y organizaciones. Cada miembro de nuestro equipo aporta experiencia, trayectoria y excelencia”. Además, tienen como misión “fomentar una cultura de excelencia y talento dentro de las organizaciones a través de la inspiración que ofrecen los valores deportivos. Creen firmemente que los principios y habilidades desarrollados en el deporte, como el trabajo en equipo, la determinación y la superación de desafíos, son transformadores para el éxito empresarial”.

En una palabra, creen en el talento como reparto divino, el que tiene talento lo tiene y debe hacerlo valer para servir a la sociedad en su conjunto. Bonito, ¿verdad? En este sentido, Talentus ofrece como servicios conferencias, seminarios y experiencias exclusivas (miedo me da). Además, dicen en su web que “los clientes han experimentado transformaciones significativas en sus empleados, inspirándolos a alcanzar su máximo potencial”. Vamos, que profesional que cogen, eminencia que envían a la empresa, unos hachas de los recursos humanos, vaya.

Un árbitro internacional FIFA tiene como clientes a entidades que le pueden seleccionar como árbitro para competiciones nacionales e internacionales y varios de los clubes cuyos partidos, en algunas ocasiones, puede dirigir

Pues mire usted por donde, los clientes de Talentus son variopintos (iba a poner variopintus para rizar el ripio, pero me parece una falta de respeto al preparador físico jefe del Real Madrid, as, que me lo guardo para otra ocasión). Decía que tienen clientes variados (ahora), como la ECA, el PSG, la Liga, el Manchester City (¡oh, sorpresa!), el Inter de Miami (curioso), la cadena de televisión ESPN, la UEFA y … cuidado, el At. Madrid. Sí, para el mejor equipo de Canillejas, club con vocación de filial, puesto que nació siéndolo del Athletic Club y ahora lo es del Barça, Talentus ofrecía tres puesto de trabajo como intermediario, creador de contenidos, técnico en sostenibilidad y técnico en protocolo y relaciones institucionales. No se extrañen, queridos lectores, que el ilustrado que sacó en redes sociales los famosos dibujtos calentando el derby en las cuentas del Atlético de Madrid fuera uno de los elegidos por Talentus por el talento demostrado en las pruebas de selección correspondientes. Talentus, talentus, no tenía mucho el elementus, desde luego.

🤔 ¿Cómo de ético es que la empresa fundada por José Luis Munuera Montero trabaje con un club de primera división mientras es árbitro en activo? https://t.co/wP4Fhn13UI pic.twitter.com/sQCtV0Vg3T

— Fanáticos Real Madrid (@Fanaticos_RMCF) February 17, 2025

¿Qué quiere decir todo esto?, pues muy sencillo. Un árbitro de primera división e internacional funda, estando en activo, una empresa que, en los primeros meses de existencia, ya ha conseguido tener de clientes a lo más granado del fútbol europeo y, además, del americano del norte. Un árbitro internacional FIFA tiene como clientes a entidades que le pueden seleccionar como árbitro para competiciones nacionales e internacionales y varios de los clubes cuyos partidos, en algunas ocasiones, puede dirigir, u otros en el que participen diferentes entidades con las que pueda tener intereses.

Quiere decir que, teniendo como cliente al Manchester City, rival del Real Madrid en la Copa de Europa este miércoles, arbitró al equipo blanco en Pamplona el sábado anterior sacando de quicio a los jugadores merengues, quitándoles el pan y la sal, expulsando a una de su estrellas sin motivo alguno y permitiendo el juego violento de los aguerridos pamplonicas… justo antes de que el Real Madrid, repito, juegue contra uno de sus clientes el miércoles siguiente. Quiere decir también que tiene como cliente a un club al que arbitra con regularidad. O sea, su empresa recibe dinero a cambio de servicios de ese club, que no es otro que el Atlético de Madrid. Yo me pregunto en mi ignorancia... Si es mi cliente, ¿voy a pitar a favor de él o en contra de él? Y si pito en su contra, ¿dejará de ser cliente de mi empresa?

parece que Munuera Montero puede estar implicado en un conflicto de intereses claro y meridiano siendo cofundador de una empresa que trabaja para clubes que están inmersos en las competiciones en las que él mismo es juez

Esto, mutatis mutandis, es muy parecido a lo que hacía el Barça con Negreira. No hablamos de 8,4 millones de euros (de momento) en 17 años (de momento), hablamos de un club que participa en la competición de la que él es juez, sí, juez, de un club que es cliente de la empresa que ha fundado hace menos de dos años. Estamos hablando de un presunto conflicto de intereses de manual. Pero para ello hay que acudir al propio Código Ético de la RFEF, que dice así en su artículo 22:

 

Artículo 22. El conflicto de interés

 

  1. Las personas sujetas a este Código no podrán ejercer sus funciones (en particular, preparar y participar en la toma de decisiones) en situaciones en las que haya un conflicto de intereses que pueda afectar a su actuación, sea este conflicto real o posible.
  1. Las personas sujetas al presente Código deberán dar a conocer todas las relaciones e intereses que puedan generar situaciones de conflicto de intereses relacionadas con las actividades que vayan a desempeñar, con anterioridad a que se produzcan las mismas.
  2. Las personas sujetas a este Código no podrán ejercer sus funciones (en particular, preparar y participar en la toma de decisiones) cuando exista el riesgo de que se produzca un conflicto de intereses que pueda afectar a su actuación. Se deberá poner de manifiesto dicho conflicto inmediatamente y notificarlo a los órganos federativos competentes para que adopten las medidas pertinentes previstas en la legislación vigente.

 

Para ponernos en situación, hay que acudir a las personas que están afectadas por este código ético, que son los siguientes según el artículo primero de dicho Código Ético de la RFEF:

 

Artículo 1. Ámbito de aplicación material

 

  1. El presente Código se aplicará a aquellas conductas (que no estén reguladas específicamente en otros reglamentos y que no estén relacionadas con el terreno de juego) que perjudiquen la integridad y reputación del fútbol, particularmente cuando se trate de un comportamiento ilegal, inmoral o carente de principios éticos.
  2. El presente Código es de obligado cumplimiento por todas las personas que forman parte de la estructura orgánica de la RFEF; los clubes deportivos inscritos, futbolistas, técnicos y directivos; los jueces y árbitros, y, en general, todas aquellas personas y Entidades que, estando federadas, desarrollan la actividad deportiva correspondiente en el ámbito estatal, así como cualquier administrador, directivo o persona perteneciente a cualquier colectivo de la RFEF, de las Federaciones Autonómicas y Territoriales, de las ligas y todos aquellos obligados a cumplir con los Estatutos de la RFEF.

 

Pues sí, parece que nuestro querido “todo ok José Luis” puede estar implicado en un conflicto de intereses claro y meridiano siendo cofundador de una empresa que trabaja para clubes que están inmersos en las competiciones en las que él mismo es juez o puede influir en encuentros de clubes que puedan ser contrincantes de dichos clubes. No es por molestar, pero resulta que como la empresa tiene menos de dos años de antigüedad y el Manchester City y el Atleti son algunos de sus clientes, resulta que los actos que pueden corroborar este conflicto de intereses no están prescritos, por lo que, bien vía actuación de oficio de la propia Federación, bien vía denuncia de los clubes que puedan ser perjudicados, el asunto debería tener consecuencias en el ámbito deportivo, antes, siquiera, de tener que actuar ante los Tribunales de Justicia, que también.

Munuera Montero y el ATleti han podido quebrantar código ético de la federación y, según el artículo 66 del código disciplinario vigente, pueden haber incurrido en una falta muy grave por acto notorio y público que afecta a la dignidad y decoro deportivos, que aparejarían las subsiguientes sanciones en el ámbito deportivo

¿Y qué puede pasar, se preguntarán ustedes ávidos de conocimiento? Pues según el Código Disciplinario vigente de la RFEF, pueden pasar varias cosas, a saber:

En primer lugar, hay que citar el artículo tercero, que dice lo siguiente:

 

Artículo 3. Ámbito de aplicación subjetivo–pasivo.

 

  1. La Real Federación Española de Fútbol ejerce la potestad disciplinaria deportiva sobre todas las personas que forman parte de su propia estructura orgánica; sobre los clubes y sus futbolistas, técnicos/as y directivos/as; sobre los/as árbitros/as; y, en general, sobre todas aquellas personas o entidades que, estando federadas, desarrollan funciones, ejercen cargos o practican su actividad en el ámbito estatal.

 

  1. La obligación que impone el artículo anterior es exigible, no sólo por los actos u omisiones propios, sino por los de aquellas personas de quienes se debe responder.

 

Si es mi cliente, ¿voy a pitar a favor de él o en contra de él? Y si pito en su contra, ¿dejará de ser cliente de mi empresa?

Pasamos al régimen propio de infracciones y sanciones, para ello nos debemos parar en el artículo 66, que dice así en su primer apartado:

 

Artículo 66. Actos notorios y públicos que afecten a la dignidad y decoro deportivos.

 

  1. Los/as que cometan actos notorios y públicos que afecten a la dignidad o decoro deportivos, cuando revistan una especial gravedad, o reincidencia en infracciones graves de esta naturaleza, serán sancionados con multa de 3.006 a 30.051 euros y con una o varias de las siguientes sanciones:

 

 

En una palabra, nuestro José Luis y, por ende, nuestro Atleti, han podido quebrantar el código ético de la federación y, según este artículo 66 del código disciplinario vigente, pueden haber incurrido en una falta muy grave por acto notorio y público que afecta a la dignidad y decoro deportivos, que aparejarían las subsiguientes sanciones en el ámbito deportivo. The tinglao en estado puro, para entendernos.

De momento, no me voy a extender en las posibles consecuencias penales que pudieran tener dichos comportamientos y los presuntos conflictos de intereses en los que han podido incurrir los ínclitos citados, simplemente digo que esto no ha prescrito y que es de una gravedad alarmante, dentro de la alarma general por el negreirismo sociológico universal que nos invade… fuck off.

Les dejo con la frase de mi amigo Javi. Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida… ¡Hala Madrid!

 

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Vuelve el Territorio Real Madrid, la Champions, lejos de aprendices de Negreira y cerca del brasero que más calienta la grada blanca. Para abrir boca, y de la mano de Historia de las míticas remontadas del Real Madrid, rememoramos lo sucedido ante el City, en el Bernabéu, hace tres años.

“Los partidos ante PSG y Chelsea habían sentado un precedente sumatorio, de tal forma que el optimismo era desbordante en las horas previas por las calles de Chamartín. Algunos cronistas incluso aseguraron que nunca antes habían visto al madridismo en tal nivel de excitación. La afición admitía que el equipo de Guardiola era el rival más complicado de los tres, pero la fe ya era ciega, total y contagiosa. No se rezó por el milagro, simplemente se esperaba en mitad de un ambiente rebosante de tensión y locura madridista.

Y así comenzó el primer acto del encuentro, con el Madrid asumiendo el papel protagonista mientras Vinícius y Benzema se encargaban de afinar su puntería ante la portería de Ederson. El brasileño, ya consolidado como el gran agitador sobre el césped, también se encargó de hacer lo propio con la grada y sus aspavientos provocaron una subida casi delictiva de los decibelios.

Pero si por algo destacaba el City es por su personalidad dominadora y su capacidad de competir en todos los escenarios y ante cualquier situación. De nuevo, Bernardo Silva se erigió como jefe de operaciones. De sus botas amanecieron pases en largo, en corto y acercamientos peligrosos que terminaron por desactivar un poco la euforia de la grada. Fue como esa amarga sensación de afrontar la realidad tras la vuelta de vacaciones. Ganar iba a ser un suplicio.

Allí donde no alcanzaba la zaga blanca, apareció el otro gran protagonista de la Champions, Courtois, cuyas manos salvadoras impidieron varios goles. Guardiola, de nuevo, se desquiciaba, consciente del destino de aquellos que perdonan en el Bernabéu. Aunque eso también debió de pensar Ancelotti cuando vio a su equipo desperdiciar dos grandes ocasiones.

Pese al intercambio de golpes, los ingleses tenían el partido bajo control mientras los jugadores del Madrid gastaban sus energías persiguiendo sombras azules. Y así llegó el gol del City. La enésima arrancada de Silva, insultante en sus controles y fintas, terminó en un zurdazo a la escuadra de Mahrez. A falta de quince minutos, los blancos, avasallados, necesitaban dos goles para igualar la eliminatoria y tres para superarla. Algo así como luchar contra Goliat con los ojos vendados y las piernas atadas. Pura quimera para cualquiera, menos para el Madrid.

Ya no había nada que perder y ahí es donde los blancos se mueven más sueltos. Apelando a lo imposible, surfeando lo improbable. La CMK se fue al banquillo y los focos apuntaron a la unidad de salvación: Rodrygo, Camavinga y Asensio. Se pelearía sin concesiones, como le gusta al aficionado blanco. Pasión frente a dogma. El caos contra el manual. Capello, zorro astuto, lo advirtió en la retransmisión para Sky Italia: “A falta de cinco minutos, todos hablaban ya de la final que les esperaba a los de Guardiola. Yo les decía: ‘cuidado, esperad, que es el Madrid’”[1].

Los de Ancelotti quedaron expuestos a las contras, pero la gloria del trapecista está en renunciar a la red. El drama alcanzó niveles insoportables con las intervenciones de Courtois y la salvada bajo los palos de Mendy. Fue entonces cuando apareció en pantalla que la inteligencia artificial manejada por la UEFA apenas otorgaba al equipo blanco un 1% de posibilidades de forzar la prórroga.

Y, efectivamente, la inteligencia fue artificial. El Madrid nunca cede, está educado en la victoria y lo intenta hasta el final. No le importa dominar o ser dominado. Vencer es su obligación y el camino sólo una circunstancia. No hay número o porcentaje capaz de prever el poder de la tormenta blanca.

Cuando sólo quedaban segundos para el 90’, un pase de Camavinga al área fue pescado en el aire por Benzema, quien cedió de primeras para que Rodrygo marcara. El santuario madridista entró en combustión. Welcome to the jungle. La remontada estaba en marcha y no habría vuelta atrás. La reacción al anuncio por megafonía de los seis minutos de añadido fue inaudita. Nunca antes este detalle se había celebrado de forma tan atronadora y unísona.

La grada era consciente de que su equipo la iba a tener, de que el volcán había entrado en erupción. Y en ese punto, los ánimos de Modric, Kroos y Marcelo a sus compañeros más jóvenes sobre el campo dejaron una de las imágenes más conmovedoras de la eliminatoria. Mientras, en el otro banquillo, Guardiola se ajustaba el pantalón y movía la cabeza. No paraba quieto. Estaba nervioso. Olía la sangre y era propia.

Al minuto y medio del tiempo extra, la histeria se desató de forma expansiva. Un centro de Carvajal, que ya ejercía de extremo, acabó de nuevo en Rodrygo, que esta vez, con un cabezazo inapelable, hizo estallar a todo el Bernabéu en condiciones similares, seguro, de las del día del Borussia de aquel lejano 1985. Los blancos habían forzado la prórroga cuando todo parecía perdido. El peso del escudo y el embrujo del Bernabéu se impusieron a la lógica, a la posesión, a las ocasiones. El fútbol no está hecho para escuadras y cartabones. Es algo tan maravilloso porque no se puede explicar.

El golpe final nació, de nuevo, en Camavinga, que aportó la vitalidad y los pulmones que necesitaba el equipo en los momentos más decisivos. Su jugada llegó a Benzema, sobre el que cometieron penalti. El francés tenía la oportunidad de terminar de explotar las gradas y no dudó. Gol y remontada conseguida. Una vez más, había vencido la revolución de los creyentes”.

 

[1] Entrevista a Fabio Capello, exentrenador del Real Madrid (96-97 y 06-07), en el diario El Mundo del 22 de julio de 2022.

 

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Buenos días, amigos. Ayer sucedieron y se conocieron muchas cosas, tan importantes como escandalosas. Muchas de las cuales, por supuesto, no aparecen en las portadas. La principal ausencia, el asunto más grave de todos. Hace dos años supimos que el Barça había pagado millones de euros durante, al menos, 17 años al vicepresidente del CTA. Ayer conocimos que el Atleti pagó a Munuera Montero.

¿Podemos decir, por tanto, que Munuera Montero es el Negreira del Atleti? Si no eso mismo, podemos decir algo muy similar. Veamos.

El asunto lo destapó en X @Fanaticos_RMCF, que tuvo el mérito de descubrir lo que estaba a la vista de todos (a menudo lo más difícil de encontrar). Mientras los medios tradicionales se entretenían en las sutilezas lingüísticas que separan Fuck You de Fuck Off, un tuitero cualquiera destapaba una nueva derivada de la podredumbre del fútbol patrio.

En su LinkedIn, el colegiado Munuera Montero refleja ser el fundador de Talentus Sports Recruitment y Talentus Sports Speakers.

Estas empresas tienen como clientes a lo más granado del fútbol: Club Atlético de Madrid, La Liga, Mediapro, DAZN, Manchester City o PSG, entre otros.

Es decir, un colegiado en activo, Munuera Montero, hace negocios con los clubes a los que arbitra, con la patronal de la competición para la que trabaja, con quien ostenta los derechos audiovisuales del campeonato y provee de imágenes al VAR, y con quien emite los encuentros.

Se trata de un conflicto de intereses ciclópeo, monumental. No se había visto otro conflicto de intereses tan grande desde el anterior que aún padecemos, el que permite que el socio avalista de un club, el FC Barcelona, dirija la empresa que sirve de imágenes al VAR.

Una vez conocida esta bomba, la actuación de Munuera Montero el sábado en el Osasuna-Real Madrid cobra más gravedad aún, si cabe. Munuera, en Pamplona, a las 16:15 de la tarde, expolió al Real Madrid, competidor de su cliente en Liga, el Atleti, y de su cliente en Champions, el City.

El latrocinio es doble. Además de privar a los de Ancelotti de dos puntos vitales para el campeonato, castigó con dureza al equipo blanco de cara al trascendental duelo europeo del miércoles.

Por si fuera poco, perjudicó al enemigo público número uno de otro de sus clientes, la Liga de Tebas. Su hazaña a buen seguro también fue bien vista por Tatxo Benet, presidente y consejero delegado del Grupo Mediapro, asimismo cliente de Munuera, avalista del Barça y adjudicatario del videoarbitraje en España.

Como diría un castizo, pa mear y no echar gota.

A partir de todo esto, Jorge Calabrés y David Vicente en el Español han tirado del hilo y han averiguado más datos sorprendentes. O no sorprendentes a estas alturas del relato.

El entramado de negocios entre sociedades, que según la ética deportiva y empresarial no deberían relacionarse nunca, es colosal. El conflicto de intereses, ahora sí, no tiene parangón.

Munuera Montero, ejecutor del Madrid contra Osasuna, es el fundador de Talentus, empresa con los clientes anteriormente mencionados. Aquí aparece otra figura en la trama: Sergio José Sánchez Castañer, exdirector técnico del VAR y responsable de producciones UEFA —qué raro que la UEFA ande por aquí, ¿verdad?—. Sánchez Castañer es administrador único tanto de Talentus como de Deportalia, compañía que comparte sede social con la propia Talentus. Un lujoso chalet en Córdoba. Castañer, de la cuerda de Tebas, se ha pasado la noche borrando todo rastro de su cuenta en LinkedIn.

Deportalia cuenta entre sus clientes a la RFEF, de quien depende el CTA, los jefes de Munuera, el socio del CEO de esta empresa. También son clientes La Liga, competición en la que desarrolla su labor Munuera; la UEFA, Munuera es internacional y el organismo europeo organiza la Champions, campeonato disputado por otro de sus clientes, el City, rival del Madrid; La Liga F y varios clubes de fútbol, que ya sabemos que salieron en tropel a condenar que la entidad blanca denunciase la corrupción y callaron cuando se supo que el Barça había corrompido para siempre la competición.

A pesar de contar con clientes de tal calado, Deportalia es una sociedad opaca que no tiene trabajadores ni página web ni horario de atención al público. Mientras Sánchez Castañer —socio de Munuera Montero— dirigía Deportalia, ha desempeñados puestos de la más alta responsabilidad en la UEFA, en el VAR y en la Liga.

Después de su cargo en el VAR, el socio de Munuera fue responsable de producción de televisión de la Liga hasta verano del 23, y después consultor externo sobre normativa audiovisual de la Liga. Sánchez Castañer es, por tanto, un hombre de Tebas.

Foto de El Español de Sánchez Castañer. A su espalda podemos observar en la pared una camiseta del FC Barcelona.

Munuera Montero tiene otras empresas, como Macarmu SL y London Expression 4W SL, en la cuales es socio de Jesús Cárdenas Labella, director audiovisual y coordinador de partidos de La Liga, y José Manuel Matías Caballero, presidente del Comité Técnico de árbitros de Andalucía.

Todo OK, José Luis.

Las relaciones empresariales de Munuera Montero suponen un conflicto de intereses atroz. Munuera Montero cobra dinero de uno de los equipos a los cuales arbitra. ¿Podemos aseverar entonces que es el Negreira del Atleti?

Hay algunas diferencias. La primera es que el Barça ha fracasado en su intento (?) de mostrar los famosos informes de Negreira, mientras que el Atleti (si es requerido a hacerlo, cosa que dudamos) aún está a tiempo de mostrar la concreción real de su relación comercial con Munuera.

Sin embargo, y aun en el caso de que la hubiera, continúa siendo un escándalo mayúsculo que un club en liza en la competición contrate a una empresa de un árbitro de la competición para hacer lo que sea, informes, asesoría en recursos humanos, zapatos o donuts. La desvergüenza de contratar a un árbitro en activo (¡un árbitro que te pita a ti, que pita a tus rivales!) supone un fraude de dimensiones colosales.

Otro punto importante es que, en esta ocasión, el supuesto delito no ha prescrito, por lo que tendrán que buscar otra excusa para exonerar a los supuestos infractores. Desgraciadamente, y basándonos en la experiencia, no tendrán empacho en descolgar el teléfono y llamar a las más altas instancias del país para lograrlo.

Una última diferencia, que en este caso nos habla de un agravante de este caso con respecto al caso Negreira. Mientras que entonces se hicieron pagos a la jerarquía del CTA para que influyera en los arbitrajes, aquí se habría pagado directamente a uno de los árbitros de campo.

Y mientras tanto, ayer, el CTA colocó líder al club cliente de Negreira. Cómo sería la cosa, que hasta Marca, actor necesario en este tinglado, escribe en su portada: «El Barça es líder tras verse beneficiado en varias acciones polémicas», que traducido al cristiano significa que se produjo otro robo como la copa de un pino.

No nos queda fuerza para entrar en detalles del atraco en Barcelona, pero fue tan evidente que os bastará un paseo por internet para verlo.

Pasad un buen día.

Hace mucho tiempo yo veía el Tour de Francia. Lo veía con pasión verdadera, no me perdía una etapa. Llegaban las tres de la tarde en aquellas sobremesas de verano, del mes de julio, que antes duraban tanto, tanto —antes el tiempo siempre duraba más, se dilataba como un chicle en el espacio—, y me ponía ante el televisor, sin falta. Ponía la Uno y mientras mi padre se echaba la siesta en el sillón yo acaparaba el sofá y me abstraía por esos paisajes franceses tan bonitos, la dulce Francia, el color áspero, de hueso, de la Francia pirenaica, con esas carreteras de montaña de aspecto lunar llenas de grafitis proetarras, o esos valles de los Alpes, tan verdes… me encantaba, me lo pasaba en grande escuchando a De Andrés y a Perico Delgado, que en mi cabeza se me figuraban pareja gemela de Míchel y José Ángel de la Casa en el fútbol, y mientras veía a aquellos tíos subir como titanes los puertos de montaña, achicharrados al sol, jaleados por la turbamulta, que si ikurriñas por aquí, que si El Señor del Mazo por allá, vestido de diablo, un personaje, me entusiasmaba si Joseba Beloki podía ganar el Tour y romper la racha, por fin, de Armstrong, o me pasaba las horas esperando a que Ülrich levantara por fin el culo de la bici y atacara de una vez.

Y un día, sin más, dejé de verlo. Todos los campeones del Tour iban dopados. Todos, uno detrás de otro, sin faltar nadie. Todos ganaban, llegaban a París, daban la vuelta triunfal por los Campos Elíseos, y al día siguiente daban positivo por EPO, por nandrolona, por clembuterol… la competición, la verdad, dejó de tener sentido para mí. ¿Por qué, qué interés tenía algo que estaba amañado y en donde no ganaba el mejor, ni el que mejor jugaba sus bazas, ni el equipo que desarrollaba la mejor estrategia, sino pura y simplemente el que se enchufaba en las venas la mejor mierda?

Armstrong y Ulrich

Con el fútbol español me está pasando lo mismo. Dice Hughes, en lo que él llama su croniquilla, que la situación es la que es y, por lo tanto, se acepta. Es decir, que el Madrid no puede irse de la competición ni salirse del campo ni darle un plantón a la Liga, como sí, por ejemplo, puede hacerlo el Barcelona, que de hecho, ya lo hizo una vez, y no pasó nada. ¡Qué iba a pasar! Que al Madrid sólo le queda la Copa de Europa y literalmente. Y es cierto. Le queda la Champions, por ahora.

Porque, de momento, la única reacción del Madrid como club ante semejante estado de cosas ha sido propulsar su destrucción, no de la Liga, ni de la Copa del Rey, sino de la Copa de Europa tal y como la conocemos. Y así, de esa manera, el club no sólo deja vendidos a sus futbolistas, expuestos finde tras finde a un chuleo y a un descaro que no tiene nombre, o sí, sí que lo tiene, y se llama fraude, sinvergonzonerío y humillación intolerable; lo peor es que deja a los pies de los caballos, o mejor dicho de los burros, ya quisiera la zahúrda del antimadridismo que pulula por las gradas y por los despachos parecerse a un animal tan noble e inteligente como el caballo, a su masa social. Que se sulfura sistemáticamente por nada.

Y un día, sin más, dejé de ver el Tour. Todos los campeones iban dopados. Todos, uno detrás de otro, sin faltar nadie. Con el fútbol español me está pasando lo mismo

Para ver al Madrid en liga hay que ir teniendo ya un talante especial, una paciencia para la sufridera. No es como cuando te enfrentas a un equipo netamente superior o cuando el tuyo está hecho unos zorros y cada partido es un calvario. Es peor. Es el aquelarre sin respuesta, un circo semanal del antimadridismo, que es la forma última del rencor social y la más ruin de todas. Es que te tomen por tonto y encima te manden callar, una y otra vez, ante la risotada grotesca del público general. Ante una situación así como la que lleva viviendo el Madrid en España, particularmente en los tres últimos partidos, donde El Sistema le ha birlado siete puntos con una impunidad y una alevosía sin precedentes, al aficionado sólo le queda perder el interés. No es que el robo sea una cosa novedosa, sorprendente. Lleva mucho tiempo pasando, la Guardia Civil sospecha que más de tres décadas, pero la cosa está subiendo de nivel y no parece tener ya ni el límite del escrúpulo o la apariencia.

Al aficionado le queda el pataleo y poner su granito de arena en la labor, ímproba, del colapso económico del tinglado. No pagar por nada de este “producto”, ni entradas, ni merchandising, ni por supuesto por verlo en la tele. Es poco, casi nada, pero es algo. Somos humanos y necesitamos creer y sentir que algo, al menos, depende de nosotros, que uno puede, haciendo un poder, un gesto supremo de la voluntad, apartarse de esto, que apesta.

De otro modo el club, como organización, puede continuar indefinidamente así, pues al fin y al cabo es un club de fútbol y es eso o disolverse puesto que, como todo el mundo sabe, si fuera catalán, o vasco, podría saltarse las normas sin temor a consecuencias, pero de momento sigue radicado en Madrid; pero el aficionado, que cada vez es más pobre, me refiero al madridista español, un tieso al que también le roban en su tiempo libre… es demasiado, honestamente, sólo apto para sadomasoquistas, para muy cafeteros, someterse contra su voluntad a un bukkake, algo insoportable y desde luego insostenible en el tiempo a poco que uno tenga ya una edad.

Si el Madrid alza la voz a través de sus medios de comunicación sólo consigue que se recrudezca el latrocinio y el perjuicio contra sus intereses. Esto ha quedado probado, en especial este año. Yo no le pido, como el barcelonista promedio, al club que amo, que intrigue para adulterar la competición y que se jodan los otros. Yo quiero que el Madrid maniobre donde tenga que hacerlo para que la liga sea transparente y justa y se destierre la arbitrariedad. Que ponga las toneladas que pesa su nombre y su prestigio en el mundo para drenar la ciénaga.

Al aficionado le queda el pataleo y poner su granito de arena en la labor, ímproba, del colapso económico del tinglado. No pagar por nada de este “producto”, ni entradas, ni merchandising, ni por supuesto por verlo en la tele

Ellos, los árbitros, que como estamento están bajo la lupa de los jueces de instrucción, sólo aquí, en una charca como la española, pueden encima sacar pecho sin que socialmente nadie, con la verdad por delante, se lo parta. Sólo en un país así pueden sentirse “molestos”, “ofendidos” no por una enjundiosa sospecha de fraude continuado sino por… ¡la queja de las víctimas! Se sienten perjudicados por un comunicado del Madrid, no por la evidencia de que su Comité Técnico Arbitral estuvo comprado por uno de los clubes, y por lo tanto actúan en consecuencia, en la consecuencia del villano, me refiero: con matonismo, echando cojones, cuando deberían, primero pedir perdón, y luego callarse.

Medina Cantalejo es un muy digno representante de este colectivo tan orgulloso de puertas afuera como sumiso de puertas adentro. Los árbitros españoles, la mayoría munueras, son fuertes toreando de salón, con Vinícius y con Bellingham, a los que El Sistema ya ha puesto una diana y convertido en las putas apaleadas oficiales. Porque España es una ciénaga, todo es charca y el fútbol no iba a ser menos. Los árbitros se permiten el lujo de ir de chulos y de sheriff con los futbolistas del Madrid que no se callan, con los más famosos. Luego nos pretenden convencer de que no han oído a miles de tíos antifascistas gritar “Vinícius, muérete” y, sin embargo, sí con mucha claridad a Bellingham diciendo fuck you. Lo peor como digo es la tomadura de pelo, que se crean que aquí somos todos imbéciles mientras ellos se lo llevan crudo. Que se saquen por lo menos el B2 de inglés para tratar con futbolistas de veinte mil países, ya que somos la “liga de las estrellas”.

 

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Buenos días, amigos. Fuck Off como respuesta a todo. A estas horas ya ha quedado claro que se trata de una expresión genérica, no dirigida a nadie en concreto, con lo cual nos viene pintiparada, dado que nuestra cólera es general. Con el mundo. Con el mundo del fútbol español en concreto, pero sin descartar que tenga una raíz más profunda, emparentada con un hartazgo más totalizador. Hasta las narices del cochambroso fútbol español como fidedigna representación de lo cochambroso de casi todo cuanto nos rodea. Sí, puede ser.

Fuck Off, para empezar, a todos los que llevan 48 horas trazando sutiles diferencias entre Fuck Off y Fuck You, en un intento claro de desviar el debate a la zona del salseo lingüístico. Esa no es la madre del cordero, ni tan siquiera the mother of the lamb. Lo mollar aquí es que el Madrid sufrió en el Sadar el arbitraje más miserable y tendencioso de lo que va de liga, que ya es decir, con el hurto de 3-4 penaltis en área pamplonica, la injusta señalización de otro en área propia y la condonación de numerosas faltas (y hasta expulsiones) por la actitud macarra de varios jugadores osasunistas, que golpearon salvajemente, sin balón, a Mbappé y Vinícius para frenar sus peligrosos desmarques. Además, Fran García fue lanzado contra las vallas publicitarias por otro macarra osasunista, con la anuencia de Munuera Mobrevo, que así podría pasar a llamarse por la abundancia de errores graves, todos en la misma dirección, que tanto recuerdan a aquel ejemplo de latrocinio en Stamford Bridge.

Fuck Off a esto también. Fuck Off al CTA en su conjunto, por orquestar desde principios de siglo (aunque puede que mucho antes, como sugieren los tenebrosos recuerdos de Tenerife) la corrupción sistémica (Juez Aguirre dixit) más ominosa de la historia del deporte, con su peak en la era Negreira pero viva, vivísima a día hoy, y muy especialmente presente en los últimos tres partidos del Real Madrid, a saber: Cornellá, derbi y Pamplona, partidos en los que se han batido todos los récords de descaro y sinvergonzonería para perjudicar al Real Madrid.

Fuck Off al resto de clubes españoles, que son pastoreados como corderos, o como lambs, por el mayoral Tebas y se unen en rebaño contra quien denuncia la corrupción pero no contra quien incurre en ella. Por algo será. Pero luego llega el tío Paco con las rebajas, o comes uncle Frank with the sales, y cuando los discípulos de Negreira los maltratan se quejan como todo hijo de vecino (últimos casos: Alavés y Real Sociedad). Ahora, garlic and water.

Fuck Off a la prensa española, que pone el cazo de maravilla pero ejerce con su obligación mal. El Madrid sabe que los grandes medios lo tienen en el foco habida cuenta de su cruzada por subvertir un orden establecido sustentado en el clientelismo. Aun así, el club debe seguir hasta el final. From lost to the river.

Fuck Off a Flick, y perdón por la aliteración (y por el pareado subsiguiente), que se permite decir que lo que hizo Bellingham fue una falta de respeto teniendo lo que tiene en casa. Y lo que ha tenido el Barça históricamente. A eso se le ha llamado toda la vida ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. O see the masturbation in another's eye and not the beam in one's own.

Fuck Off al Fuck You y al propio Fuck Off, pues la otra madre del cordero no estriba en la diferencia entre ambas expresiones, sino en que Munuera Montero no recogió en el acta la realidad de lo sucedido.

Y, por último, Fuck Off a las portadas del día, con la excepción de la presencia de Casemiro en la primera plana de As, por seguir siendo cómplices, con su silencio a veces, con su tibieza otras, casi siempre con su connivencia, del caldo de cultivo más vomitivo de la historia del deporte mundial.

Pasad un buen día. Fuck Off.

PD: A quien no decimos Fuck Off es a Unicaja. Al contrario, les felicitamos por haber ganado en buena lid al Real Madrid en la final de la Copa del Rey.

Hoy, cambio de líder. Y ya, 14 partidos a Jude

 

Sí, hoy habrá cambio de líder: ¡ooolé! Vamos, seguramente. Y será felizmente festejado por el barcelonismo y fuerzas afines. Lo suyo sería que en cuanto se confirme que le ganaron al Rayo aparezca Louzán —junto a un Negreira rayaría lo sublime, con los dos el delirio— y le entregue el trofeo de campeón al GEC (Gran Equipo Culé) entre el jolgorio popular.

Y a Lewandowski, el Zamora. Y a su portero paisano, el Pichichi. ¿Qué es al revés? ¡Y qué más da, viva la chufla, la chufla lo aguanta todo! Esas entregas supondrían algo mágico: habría acabado la tomadura de pelo. ¡Qué tranquilidad!

Lo suyo sería que cuando el Barça gane al Rayo, aparezca Louzán —junto a Negreira rayaría lo sublime— y le entregue el trofeo al GEC (Gran Equipo Culé). Y a Lewandowski, el Zamora. Y a su portero paisano, el Pichichi

Porque el patio está alterado. Se escuchan voces y se leen plumas pidiendo que el Madrid se retire de la Liga. No me parece procedente. Con el montaje actual le supondría quedar fuera de Europa. Y no hay cosa que más encabrone al personal anti que ver a Florentino colocar una Champions tras otra en la preñada sala de trofeos.

Admito el enfado, la cosa racial: ¡vámonos! Mi idea es menos rompedora. El club debe continuar su lucha contra el sistema. Lo cual pasa por la expulsión de todos los (presuntos) corruptos que manejan el actual. Otra cosa es el equipo y sí, no entiendo cómo el Madrid de corto se cabrea con lo que le pasa aquí. Reacciona como si la cosa le sorprendiera. Y pone en bandeja que le aticen. Más.

El Madrid de corto protesta. ¿Por qué? Si uno se queja es porque se toma en serio lo que está haciendo. La pregunta es obvia: ¿el vestuario del Madrid se toma en serio la Liga? ¿De verdad?

En Pamplona pasó lo que pasó. Hubo cuatro jugadas pongamos que discutibles y sólo se revisó una, la que acabó con el gol del empate de Osasuna. En su área no pasó nada ni tampoco en la grada, pues un sector del estadio le deseó la muerte a Vinicius y llamó violador a Asencio.

Cuentan que la cosa se escuchó en Tudela. El acta no recogió nada. Eso es muy natural, pues si nada escucharon… Gaes y similares deben estar abiertos a estas horas. O a punto. De nada.

No me parece procedente que el Madrid se retire de la Liga. Con el montaje actual le supondría quedar fuera de Europa. Y no hay cosa que más encabrone al personal anti que ver a Florentino colocar una Champions tras otra en la preñada sala de trofeos

Recordó lo de Cornellá y lo del penalti aquel de Tchouaméni a Lino. Dicen que es casualidad, que les toca a todos, que aquel penalti al Celta en el Bernabéu acabando enero…Este, el de 2025 digo.

Los muchachos, Ancelotti, el cuerpo técnico, el médico, Porlán Chendo, todos han visto todo eso… ¡y protestan! ¿Les hierve la sangre? Eso cuela la primera vez. Vale, la segunda. Pero a estas alturas es un error. Protestando dan a entender que al Madrid le duele, lo cual excita salvajemente a los ideólogos. Enfadarse supone que le interesa ‘esto’: legitiman la cutrez.

No lo entiendo. Al Madrid, queridísimos, de la Liga le debe interesar acabar entre los cuatro primeros, que es lo que te pone en la Champions, en su caso la Copa de Europa, mientras llega la Superliga. A lo demás, en el campo, ni bola. Es un desgaste inútil.

Ni caso, sólo risas. El sábado, cuando el penalti, Modric debió pedírselo a su paisano Budimir: “Tronquic porfa, me hace ilusión meterle un gol a Courtois en público”. Hubiera sido escuchado, en Croacia hubo siempre respeto a los galones. La cosa habría dado la vuelta al mundo. Veo los titulares: “El Madrid se troncha de la Liga”. “Modric marca el gol del empate de Osasuna”. Una delicia.

En resumen, ni una energía más gastada en clamar contra lo obvio. Esta vez acarreó jugar una hora cuesta arriba, cabrearte cual mona, exigir más a piernas y cabezas propias. Mal negocio.

Si no lo hubiera hecho puede que Bellingham hubiese acabado el partido y quién sabe si con triunfo del Madrid, lo que habría encabritado a todo ese personal. Ese sí es un gran objetivo. Su salida fue en plan Manchester, es posible que 11 vs 11 hubiera ganado, lo cual tendría una importancia relativa, tarde o temprano pasaría ‘algo’ y el equipo se dejaría puntos.

Los necesarios para apartarle del título pero no de lo importante: el cuarto puesto. Lo rescatable de este último partido es que el Madrid jugó bien, lo cual anima pensando en el miércoles que va a ser terrible. Lo demás es morralla.

También me han parecido excesivas las explicaciones de Bellingham al que achaco que se caliente. No merece la pena. Espero que no le escuchen y le caiga una sanción lo más grande mejor. Así descansará preparando lo serio. Catorce partidos estaría muy bien.

 

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El Real Madrid femenino doblegó (3-2) al Levante Badalona en el último partido de Liga F previo al parón de selecciones tras sobreponerse a dos tantos rivales y a la alevosa incompetencia arbitral tan habitual. Eva Navarro, Maëlle Lakrar y Alba Redondo firmaron los goles madridistas.

En este anodino domingo de febrero, con la competición liguera femenina vista para sentencia y el interés en cualquier otra parte hasta la llegada de los cuartos de final de la Champions, el Real Madrid volvió a saltar al césped del estadio Alfredo di Stéfano para enfrentarse a sus dos principales rivales: los errores propios y los despropósitos del cuarteto arbitral. De sobra es conocido que el reino del Madrid, de tan grande, no es de este mundo, por lo que sus quebraderos de cabeza rara vez tienen que ver con los equipos que tienen enfrente —a excepción del Barça y de los grandes de Europa—. No fue excepción la visita del Levante Badalona, un equipo decente y de media tabla cuyo nivel lo marca el contentarse con rascar un punto en la capital.

Alberto Toril apostó por dar entrada de inicio a Sheila García y a Yasmim Ribeiro en los laterales, a Teresa Abelleira en el centro del campo y a Eva Navarro y Alba Redondo en posiciones atacantes, suficiente para llevar el peso del partido y marcar el ritmo de juego. No obstante, pronto quedó claro el protagonismo que adquirirían la poseedora del silbato y sus ayudantes —a quienes el lector me permitirá ni reseñar por su nombre—. La primera intentona de peligro local, un prometedor pase al hueco de Alba Redondo buscando a Caroline Weir, fue desbaratada antes de que la escocesa cargase la pierna por culpa de un dudoso fuera de juego. Inmediatamente después y en el área contraria, un centro lateral desembocó en catástrofe: Maëlle Lakrar alejó el peligro de cabeza, pero Misa Rodríguez arrolló a destiempo a Itzi Pinillos un segundo después ofreciendo la excusa perfecta para decretar penalti. María Llompart, que había iniciado la jugada con su centro, puso por delante a las visitantes desde los once metros.

El Real Madrid volvió a saltar al césped del estadio Alfredo di Stéfano para enfrentarse a sus dos principales rivales: los errores propios y los despropósitos del cuarteto arbitral

La guardameta canaria se resarciría del error al superarse la media hora de partido al rechazar un uno contra uno frente a la delantera Irina Uribe, pero por entonces el grueso de la acción sucedía dentro del campo del Levante Badalona. Si bien tanto Linda Caicedo como Alba Redondo pudieron empatar, fue una Eva Navarro muy atenta la encargada de poner la igualada. Centró Yasmim desde la izquierda —buen partido de la brasileña— y Navarro conectó un disparo con la zurda de primeras tras sorprender desde atrás a Nuria Garrote. Lateral y extremo volverían a ser protagonistas al borde del descanso, cuando el argumento principal de este partido quedó fijado: el arbitraje, en papel de malo de película bordado sin necesidad de ensayar, te pone un palo en las ruedas y el héroe se sobrepone al instante para asegurar el final feliz.

Se acercaba el descanso cuando Eva Navarro, afilada en todas sus acciones, pisó el área desde el costado y fue indiscutiblemente trabada abajo en el instante en el que se deshacía de una tacada de dos rivales. El penalti negado por la asalariada del gremio de Negreira, de tan claro, volvió a recordar la labor fundamental de Real Madrid TV, que con todas las de la ley debe redoblar sus esfuerzos. Como veníamos diciendo, eso sí, el hilo del partido iba de que nada hay más inevitable que el Real Madrid peleando contra los elementos. Así que, un minuto después, tras un saque de córner de Weir, Lakrar tiró un desmarque con valentía desde el segundo palo y conectó de cabeza justo a tiempo para dirigir el balón a la red.

Las madridistas embocaron el túnel de vestuarios satisfechas después de dejar en nada el primer acto prevaricador de la tarde, pero el vacío existencial de los cuarenta y cinco minutos que aún quedaban por delante debía ser rellenado de algún modo, siquiera por respeto a los valientes que acuden al Di Stéfano. Y como suele ocurrir cuando son camisetas blancas las protagonistas, la traca final llegó superado el 80. Maëlle Lakrar no acertó a alejar de primeras el peligro que venía por alto en una de las pocas ocasiones de gol del Levante Badalona, lo que permitió a Rebecca Elloh aprovechar el balón sin dueño para cantar gol a un metro de la portería. Aunque el 2-2 activó levemente los resortes internos que conducen al Real a sus fases de mágica locura, lo cierto es que poco importa sumar un punto en esta competición insulsa.

El penalti negado por la asalariada del gremio de Negreira, de tan claro, volvió a recordar la labor fundamental de Real Madrid TV, que con todas las de la ley debe redoblar sus esfuerzos

Así pues, el partido habría acabado en empate de no ser por la punzada de orgullo propio que produce la injusticia. Ya de lleno en el tiempo de descuento, el Madrid colapsaba el área rival por mera costumbre mientras las catalanas suplicaban el pitido final.  Para desgracia de las visitantes, antes de oír ese sonido llegó otro bien distinto: Alba Redondo peleó con insistencia y limpieza un balón dentro del área ante las defensas rivales que fue a parar a Athenea del Castillo. La cántabra filtró el balón por el único hueco abierto entre su pie y la red y empezó a celebrar el tanto de la victoria cuando la persona teóricamente encargada de impartir justicia decretó una falta previa inexistente. Ni mano, ni patada a la defensora que simulaba un golpe. La realización televisiva se afanaba como de costumbre por buscar el frame delator, el clavo ardiendo, la aguja en el pajar, y no había nada.

A pesar de que el detector de metales seguía trabajando para intentar cubrir la espalda de la árbitra mientras el balón volvía a rodar, fue el corazón inabarcable del Real Madrid Club de Fútbol lo único capaz de doblegar a esta empollona del maestro Negreira. Las repeticiones a cámara lenta seguían… y daba absolutamente igual: el cuero volvía a estar en la red gracias a un fantástico remate de primeras de Redondo.

😱 ¡Lo ganó Alba Redondo para el Real Madrid en el último minuto del partido!#LigaF pic.twitter.com/aWgfRionj8

— Liga F (@LigaF_oficial) February 16, 2025


Derrotado el cuarteto arbitral, el pitido final ni importaba ni interesó, puesto que sonaba la música del paraíso: el grito inmortal, lo esencial, lo que permanece inmutable, el «Hala Madrid y nada más».

Fotografías: realmadrid.com

Hay un tipo de madridista futbolero que acude al baloncesto solo cuando quiere lamerse las heridas sufridas en la sección principal del club. Por desgracia, la Chusoneta no está este año para servir de bálsamo de Fierabrás. De modo que, cuando ayer escuché a alguno frotarse las manos con la posibilidad de que una nueva final ganada le arreglase el finde torcido, me eché a temblar. Las decepciones dobles impiden que los hinchas del Bernabéu se acaben enganchando también a lo que acontece en el Palacio, y cuantos menos seamos para pedir un tirador solvente y fiable, más lejana estará la reconstrucción del Madrid de la canasta.

El partido comenzó como se esperaba, con una clara primacía de las defensas sobre los ataques. El Unicaja es un conjunto agresivo, al que no le importa cometer personales a cambio de incomodar constantemente el juego rival: lo fundamental radica en que no se pueda pensar con claridad. El Madrid, conocedor del barro al que iba a ser obligado a bajar, no se achantó de inicio. Mateo introdujo en el cinco de salida a Abalde y Ndiaye, y un Tavares especialmente fajador consiguió sacar varias faltas a Sima y al resto de pívots malagueños en los primeros minutos. Los blancos demostraron concentración y buena actitud, renegando de su tendencia del otoño pasado a presentarse en los partidos al estilo flâneur.

La sempiterna mandarina de Llull dejaba el electrónico en nueve puntos de diferencia al acabar el tercer cuarto, pero las sensaciones eran mucho peores que el marcador

Sin embargo, la atención se transformaba en precipitación cuando recuperaban la bola: las pérdidas —se contaron ¡once! al descanso— impidieron montar buenos contragolpes y, en ataque estático, el escaso acierto desde la línea de tres obligaba a buscar siempre la pintura, inteligentemente resguardada por la intensidad verde. Una vez Tavares se sentó, ni siquiera quedó el resquicio de buscarlo a la desesperada; por el contrario, su sustituto Bruno Fernando fue vapuleado por Kravish. Musa, Llull y Hezonja naufragaban en las penetraciones y el tiro, y el Madrid continuaba enganchado al encuentro merced a los tiros libres que conlleva la dureza cajista y a unos grandes instantes de Ibaka, figura cuyo físico a estas alturas solo le permite salir del sarcófago en fechas selectas, como otros grandes héroes de la historia de la Humanidad: el Cid Campeador, Andrés Nocioni o el Chacho Rodríguez. Aunque por ahora, con efectividad inversa.

Tras el descanso, el Unicaja apretó las tuercas y el Madrid se vio zarandeado. El desquicie merengue en los lanzamientos de tres se convertía en acierto inusitado en los contrarios, con un porcentaje superior al 50%. El equipo de Ibón llegó a verse doce puntos por delante con un parcial de 10-2, y un compungido Chus pidió un tiempo muerto a la desesperada en el que exigió responsabilidades a sus muchachos: “tenemos que dejar de mirar al lado”. Campazzo recogió el guante y lideró al Madrid en un amago de remontada que, para su desgracia, fue rápidamente contrarrestado por Taylor. La sempiterna mandarina de Llull dejaba el electrónico en nueve puntos de diferencia al acabar el tercer cuarto, pero las sensaciones eran mucho peores que el marcador.

Mateo tampoco probó experimentos desde la pizarra: prefirió dejar a sus pretorianos en la cancha mientras el transatlántico blanco encallaba

En el último período se consumó la tragedia. No importó que las diferencias fuesen salvables hasta a falta de tres minutos del final, ni importó que el rebote fuera blanco por momentos. No se construyó nada desde esos mínimos asideros, y Mateo tampoco probó experimentos desde la pizarra: prefirió dejar a sus pretorianos en la cancha mientras el transatlántico blanco encallaba. Quién sabe si por rendición anticipada o como medida de shock para hacerlos reaccionar para el resto de la temporada. Ahora bien, nunca se puede prever si estas terapias de choque salen bien en el futuro o simplemente aumentan los complejos: el vendaval generado por Carter, Kravish —el auténtico artífice silencioso del triunfo andaluz— y el chispeante Perry destrozó sin miramientos al Madrid. La Copa obtuvo su justo vencedor, Chus tiene trabajo por delante a la hora de imaginar una manera que solvente la carencia en el lanzamiento exterior, y queda pendiente comprobar cómo impactará este meneo en el ánimo madridista en los próximos duelos contra el Unicaja. Acicate o neurosis, el tiempo lo dirá; tanto para el grupo como para las señaladas estrellas. Lo que sí está claro es que hay fines de semana en los que es mejor no levantarse.

 

Fotografías: realmadrid.com

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