Las mejores firmas madridistas del planeta

Hubo un día, hace algún tiempo, en el que al mirarme al espejo vi a mi padre. No sólo atisbé un parecido, ni familiaridad en los rasgos. No reconocí sólo, como otras veces, el mismo bigote, la misma nariz, la misma boca, los mismos ojos. Vi, en todo el significado del verbo “ver”, a mi padre de hace treinta años. Ese día y no otro, ese día, comprendí que el tiempo, en su discurrir lineal, es también un eterno bucle en el que los hijos acabamos siendo los padres y que ellos, a su vez, en algún momento también llegaron a ser nuestros abuelos.

Una sensación parecida brota estas semanas con la marcha de Luka Modric. No puedo dejar de mirar sus fotos y sus vídeos, recuerdos de una carrera sostenidamente espectacular, de unos años transcurridos entre lo fulgurante y lo tranquilo: a veces montaña rusa en algunas conducciones, en las que el croata levantaba la cabeza buscando algo más que un pase, me refiero al PASE con mayúsculas, mientras a ti se te cerraba el estómago como si el vagón estuviera a punto de enfilar la cuesta abajo al fin del mundo; otras veces encarnaba la pausa y el sosiego, siendo un centrocampista inigualable capaz de introducirse entre enemigos y pedirla y darla y moverse y pedirla y darla y moverse, meciendo la cuna de un Real Madrid que de repente era como el hijo único: todo protagonismo y atención.

Luka, tú y yo ya lo sabíamos

La sensación, digo, es similar. Del paso del tiempo. Ayer eras todo sueños y planes y futuro y hoy te miras al espejo y ves a tu padre y piensas: qué fue del Real Madrid de la década prodigiosa, dónde he estado yo estos últimos diez o quince años, cómo ha pasado mi juventud tan rápido, qué fue del joven que solamente sonrió con el gol de Sergio Ramos en el minuto 93, que para celebrar que llegaba la Décima sólo esbozó una sonrisa consecuencia de una idea: qué quieres, Atleti, esto es el Madrid.

Ayer éramos todo sueños y planes y futuro y de repente, hoy, amanece y Luka Modric ya no está. O sí. Se queda cerca, sólo un poco. Con la puerta entreabierta. Jugará en Milán, que es como decir que enfila el cementerio de los grandes elefantes que vistieron de rossonero en los últimos tiempos: Ronaldo, Beckham, Ronaldinho, Rivaldo. Allí, pasados los cuarenta, va a afrontar la última etapa de su carrera. Pudiendo elegir la retirada, ha decidido probar otra aventura. Quizá busque demostrar algo, una idea fuerza, una verdad profunda y singular como esa que una vez dijo Ray Loriga: más allá del Bernabéu la Tierra es plana.

permítanme llorar un poquito por lo que fui, por lo que fuimos, en recuerdo de nuestro 10, de nuestro capitán, de nuestro protegido, cuyos goles seguiremos celebrando, a quien no olvidaremos jamás

Rara vez las cosas son para siempre, cantan los Carolina Durante en una canción que, según se cuenta, trata sobre Messi. Hay que dejar ir, se trasluce. Todo acaba. No obstante, estoy bastante seguro de que quien la compusiera, probablemente un madridista confeso, pensaba más bien en el futuro adiós de Modric. Cómo se explica, si no, que al protagonista de la canción no le sienten bien “esas rayas negras”.

Dijo el croata en su despedida que es mejor no llorar porque se acabó, sino sonreír porque sucedió. Pero hoy, cuando ya se ha acabado todo, cuando ya no está Modric en el Madrid, cuando ya no queda nadie de la década prodigiosa, cuando ya no nos parecemos a nuestros padres porque directamente somos ellos, cuando ha pasado demasiado tiempo de todo lo que fue bueno, permítanme llorar un poquito por lo que fui, por lo que fuimos, en recuerdo de nuestro 10, de nuestro capitán, de nuestro protegido, cuyos goles seguiremos celebrando, a quien no olvidaremos jamás.

 

Getty Images

Buenos días, amigos. Jude Bellingham se ha operado el hombro en Londres. La operación ha sido un éxito absoluto, aunque el inglés estará de baja tres meses, cosa que ya entraba en los planes. Esta cirugía ha sido pospuesta a lo largo, prácticamente, de toda la temporada pasada, a fin de no hacer daño al equipo con la ausencia del futbolista, que ha jugado diezmado y en ostensible dolor.

No deja de ser curioso que el foco del problema haya sido el hombro del de Birmingham. La identificación con el himno Hey Jude de los Beatles queda reforzada.

 

And anytime you feel the pain, hey Jude, refrain

Don't carry the world upon your shoulders

 

Ya se lo cantaba Paul McCartney, con notable tino profético, muchos años antes de su nacimiento. “Cuando sientas el dolor, hey Jude, para / No cargues con el peso del mundo sobre tus hombros”, porque uno de ellos lo tienes hecho puré. Jude se ha decidido por fin a seguir el consejo de Sir Paul, ha sentido el dolor (o, mejor dicho, ha sentido que el dolor era ya insoportable, y que de hecho estaba perjudicando claramente su rendimiento) y ha decidido parar, o sea, refrain.

No es la única frase de la canción que alude al hombro.

 

You're waiting for someone to perform with

And don't you know that it's just you?

Hey Jude, you'll do

The movement you need is on your shoulder

Na-na-na-na-na, na-na-na-na, yeah

 

Pues sí. El movimiento que Jude necesita está en el hombro. En otras palabras: una vez que se opere (y ya lo ha hecho), echará a andar de verdad, echará a volar. Cobra por fin sentido el verso “raro” de Hey Jude, ese que Paul McCartney quiso eliminar inicialmente por parecer carente de sentido: the movement you need is on your shoulder.

“Esta frase obviamente la cambiaremos antes de grabar la canción”, dijo Paul, asumiendo que era un sinsentido.

“De eso nada”, le corrigió John, y los beatlemaníacos sabrán que no nos estamos inventando la historia. “Es la mejor frase de la canción. La dejaremos tal cual”.

Solo John podía superar a Paul, ocasionalmente, en capacidad visionaria. Si uno atisbó la obligatoriedad de parar un tiempo, y dejar de cargar el planeta sobre un hombro maltrecho, el otro entendió en la frase aparentemente absurda de su compañero de grupo el modo en que Jude encontrará por fin el movimiento, libre de padeceres, una vez el hombro sea operado. El subconsciente de Paul intuyó por dónde iría la cosa, y la lucidez innegociable de John terminó de verlo claro.

A la pregunta que suscita la portada de As, o sea, cómo vivir sin Bellingham mientras esté de baja, se responde con lo que sugiere el propio As (Güler + Mastantuono), aunque nada dejará de ser un experimento para reemplazar un futbolista irreemplazable. Mastantuono es una gran promesa y quizá sea un peso demasiado gravoso para colocar sobre sus hombros, incluso aunque estos estén sanos esta vez. Si se ve que tal es el caso, hay otras opciones, como Brahim, de quien todo el mundo parece haberse olvidado por alguna razón.

Marca otorga preponderancia al 25 aniversario del fichaje de Figo, punto de arranque de la era galáctica. El rotativo de filiación tebiana trae hoy una entrevista con el portugués. Es lo que tiene que sea 2025: se cumplen ahora 25 años de todas aquellas cosas que sucedieron cuando al planeta le llegó aquella especie de bisagra temporal que fue el milenio. Los que tengáis edad para ello recordaréis los tenebrosos augurios que profetas más oscuros que John y Paul lanzaron desde los medios, desde catástrofes naturales a hecatombes tecnológicas. Luego nada resultó ser tan terrible. El único que las pasó canutas fue Joan Gaspart.

De hecho, en una fecha tan señalada como esta, queremos enviar un fuerte abrazo de condolencia retrospectiva a quien fuera presidente y antes vicepresidente del club cliente de Negreira. Posiblemente fue él quien se ocupó de gestionar personalmente el “fichaje” del vicepresidente del CTA. Mientras, Florentino, menos aventurado, se confirmaba con contratar a Figo.  El inefable Gaspart, trasunto en la tierra del jefe de Homer Simpson pero probablemente con más halitosis, lanzó por la boca más espumarajos de los que brotan de la piscina en la secuencia final de El Guateque.

La prensa cataculé de la jornada nos trae el nuevo dorsal de Lamine Yamal tras su renovación. Este dorsal no es otro que el 10. De este modo, se supone que el nuevo ídolo hereda la grandeza de Messi, que labró su palmarés en la era Negreira, con tantos méritos propios como los que sin duda atesoraba Lance Armstrong en el deporte del ciclismo. Es lo que tiene hacer trampas: los méritos auténticos —los había en Armstrong, los había en Messi— quedan inmediatamente eliminados desde cualquier perspectiva moral. Messi no existió. Lamine hereda el dorsal de un fantasma.

Como argumento menor en las primeras planas de Sportivo, aparece la monumental sorpresa: el Camp Nou no estará a punto para el Trofeo Gámper. Ya nos extraña, por cuanto, según lo prometido por los portavoces oficiales y oficiosos del barcelonismo, el equipo cliente de Negreira está jugando en el Camp Nou desde diciembre. Las condolencias retrospectivas para Gaspart se tornan actuales y prospectivas para otro Joan, en este caso Laporta, quien para asombro de todos la está liando parda (también) con lo de la obra. Es bien sabido que Joan (Laporta) no tiene otro modus vivendi que los trapicheos accesorios a su actividad como dirigente culé. El otro Joan, en cambio, trabajó toda su vida en empresas de su propiedad a las que puntualmente arruinó.

Hay clases.

Pasad un buen día.

Hoy se despide del Real Madrid un tipo que no tiene documental en Amazon, ni biopic en Netflix, ni grupo de Telegram de modernos exégetas que analicen su pisada de balón con reverencia talmúdica. No fue portada de revista, no salió con una cantante indie, no jugó al postureo en Instagram y jamás miró por encima del hombro al que tenía al lado. Hoy se va Lucas Vázquez Iglesias, el de Curtis, madridista de cuna, y eso que nació a más de 500 kilómetros del Santiago Bernabéu. Se va un hombre de club, uno de esos pocos que entienden lo que significa jugar en el Real Madrid más allá de la estética y del algoritmo.

Y yo, como madridista y como hombre que aún cree en la gratitud, me pongo en pie para aplaudirle.

Porque Lucas no fue un ídolo de masas, ni falta que le hizo. Su grandeza fue siempre otra:  la de quien se parte el pecho por el escudo, aunque le digan que no tiene calidad —que la tiene—; la de quien acepta jugar donde le manden, sin rechistar, aunque los eruditos de X le recuerden cada domingo que no es Cafú. No es Cafú, pero es nuestro Cafucas, la de quien regresa al club tras una cesión y, en lugar de instalarse en el papel de víctima, se gana un sitio a base de trabajo, sudor y una humildad que jamás se llevó bien con los filtros de Instagram.

¿Lo recordáis, vosotros que le llamabais “paquete”?

¿Os acordáis de aquella tanda contra el Atlético en Milán, donde Lucas cogió el primer penalti como si llevara quince años lanzando penaltis en finales de Champions? ¿O preferís hacer memoria selectiva y quedaros con un mal pase contra el Rayo? ¿O con un centro desviado en un partido intrascendente de noviembre?

Lucas Vázquez no fue Modric, no fue Benzema, no fue Cristiano, porque no tenía que serlo. Fue Lucas, y eso, en el Real Madrid, es mucho más de lo que parece.

El Real Madrid ha ganado mucho con Lucas. Más que títulos, ha ganado ejemplo. En un fútbol moderno dominado por las quejas, los egos, las rabietas mediáticas y los gestos para la galería, Lucas fue un símbolo de algo mucho más valioso: la predisposición. Esa rara virtud que solo tienen los profesionales de verdad. Cuando Carvajal cayó lesionado, ahí estaba Lucas, reconvirtiéndose, reinventándose, aguantando al extremo de turno, peleando cada balón, cubriendo al central, haciendo la cobertura, tragando saliva cuando le pitaban los suyos.

Lucas Vázquez no fue Modric, no fue Benzema, no fue Cristiano, porque no tenía que serlo. Fue Lucas, y eso, en el Real Madrid, es mucho más de lo que parece

Sí, los suyos,  porque en el fondo los peores insultos no vienen del rival, sino del que se supone que lleva tu misma camiseta.

La grada es libre, faltaría más, pero también es muchas veces miserable. Esta temporada lo ha sido con Lucas como pocas veces he visto.

“Lucas no vale”, decían. “Lucas no puede jugar en este equipo”, remataban los voceros de bufanda floja y garganta afilada.

Y sin embargo, ahí estuvo, toda la temporada, por ejemplo, enfrentándose a los extremos más peligrosos de Europa, saliendo al campo o del banquillo como quien se lanza a una mina en llamas. Sin excusas, sin lloros, sin posts crípticos, porque Lucas no buscó jamás coartadas, sólo pidió una cosa: jugar.

Lucas Vázquez

A los que le insultasteis, os deseo una larga vida y muchos extremos derechos que se rifen vuestras costillas.

A los que le vejasteis en redes sociales, con memes, mofas, risas de media neurona y vídeos editados a mala leche, os deseo un espejo, y que tengáis que miraros en él cuando vuestro hijo os pregunte por qué tratasteis así a uno de los vuestros.

A los que os creísteis más listos que el club, que el entrenador y que la historia, solo porque Lucas no os salía en el modo carrera del FIFA con cinco estrellas de habilidad… os deseo silencio.

Porque a veces el mejor homenaje que se le puede hacer a un profesional honesto es que no le hablen los cobardes.

Lucas Vázquez representa como pocos los valores del Real Madrid: esfuerzo, fidelidad, humildad y coraje. Fue canterano, volvió cuando muchos no daban un euro por él, se ganó un puesto con Zidane, se dejó la vida en Kiev, en París, en Mánchester, en Sevilla. Jugó de extremo, de lateral, de carrilero, y si le hubiesen pedido ir de portero, se habría enfundado los guantes con la misma sonrisa.

Nunca pidió nada, y dio todo.

¿Sabéis lo que es eso? Eso es el Madrid.

Nunca pidió nada, y dio todo. ¿Sabéis lo que es eso? Eso es el Madrid

Se va un jugador al que no se recordará por su zancada ni por sus highlights, pero al que echaremos de menos cuando vengan mal dadas y nadie quiera bajar al barro. Porque Lucas siempre bajó, siempre. Incluso cuando le llamaban lastre.

Pero él no cargó el club, lo sostuvo. Como tantos silenciosos imprescindibles de nuestra historia: Chendo, Arbeloa, Maceda, Paco Bonet, Ángel. Los que no tienen documental, pero tienen sitio en el alma blanca.

Gracias, Lucas.

Gracias por cada sprint, por cada despeje, por cada penalti valiente, por cada gesto de compañerismo.

Gracias por entender que el Madrid no se lleva en el pecho, sino en el alma.

Gracias por no hacer ruido cuando no jugabas y por no callarte cuando tocaba defender a un compañero.

Gracias por ser uno de los nuestros, de verdad.

En el adiós de Lucas Vázquez

Y a los que te insultaron, una última cosa: ellos se quedarán, pero tú, Lucas, tú te vas del Madrid como se van los grandes: con la cabeza alta, la camiseta sudada y el respeto de los que saben que este club se levanta sobre hombres como tú.

Hasta siempre, gallego.

Nos diste más de lo que merecíamos.

Y no te olvidaremos nunca.

Me despido como siempre, con la frase de nuestro amigo Javi. Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. Y Lucas Vázquez lo sabe muy bien. ¡Hala Madrid!

 

Getty Images

Nunca fuiste un cobarde, no es tu estilo. Llegaste a la Casa Blanca hace casi 20 años y, contradiciendo a Gardel, ha sido mucho. En una década en el Real Madrid has atesorado el palmarés de un gran club europeo. ¿Te das cuen? Marchas con las mismas Champions que el Barça en toda su historia, con una más que el Ajax, con dos más que el United y el Inter, con tres más que la Juve.

Irrumpiste en el primer equipo a comienzos de la temporada 2015-16 a las órdenes de Rafa Benítez. Lo hiciste con presencia de ánimo. Siempre al atáquerr, entonces te alineaban como extremo derecho, aunque sin ahorrar sacrificio alguno en defensa. Porque ante todo eres un jugador de fútbol, un deporte colectivo. Y por tu desempeño en el terreno de juego se atisba tu calidad humana.

Aquella campaña concluyó con una de esas escenas imprescindibles en cualquier recopilatorio de momentos cumbre del madridismo. Zidane había sustituido a Benítez y os había guiado hasta la final de Champions. Otra vez el Atleti. Otra vez prórroga. Pero ahora penaltis. Y apareciste tú, bambino. Les dijiste a Zidane y a Bettoni que serías el primer lanzador. Querías hacer algo importante.

¡Por la gloria de mi madre!, exclamamos todos cuando te vimos hacer malabares con el balón. Te dirigías al punto de penalti como quien va al frigorífico a por una cerveza canturreando siete caballos vienen de Bonanza. Los hinchas se santiguaban mientras susurraban grijandedemenemore.

Lucas Vázquez icono

No se te pasó por la cabeza aquello tan común en jugadores consagrados en momentos de máxima responsabilidad, ese no puedo, no puedo. Porque tú no eres un cobarde, no es tu estilo, ya te lo he dicho antes.

Plantaste el balón en el punto de penalti, tomaste carrerilla, te dirigiste al balón a saltitos: e guan, e péich, e gromenágüer… y ¡jarl!, torpedo a la izquierda de Oblak. Y a reivindicar el escudo redondito.

No fue la única vez que consumaste una guarrerida española de ese calibre y dejaste a todos los antis con cara de fistro diodenarl. Muchos de esos antis, ya sabes, en vez de graduado escolar tienen una etiqueta de Anís del Mono. Contra el City, camino de la 15, volviste a marcar otro penalti como un niño que juguetea en el recreo.

Nunca fuiste un pecador de la pradera. El único pecado que puede atribuírsete es el de la lealtad, el de la disciplina. Las necesidades del club te obligaron a desempeñar un papel distinto a aquel más adecuado a tus aptitudes. Lo hiciste sin rechistar pese a que parte de la afición te responsabilizaba por ello. No te decían trigo por no llamarte Rodrigo, te hacían pupita. Te gritaban ¡cuidadín! cuando te encaraba el extremo rival. Tú lo aguantaste con estoicismo. Lo diste todo. Sin una queja.

Siempre trabajaste infinitamente más que el sastre de Tarzán.

Como dices en tu despedida, te vas del Real Madrid, pero el Real Madrid nunca se irá de ti. Por eso te damos las gracias y te decimos: hasta luego, Lucas.

Buenos días, amigos. ¿Qué es el negreirismo? Un CTA corrupto y el otro lo mismo. Aunque Negreira se vista de seda, Negreira se queda. Es lo mismo que coloquen al frente del Comité Técnico de Árbitros a Sánchez Arminio, a Medina Cantalejo o a Soto-Borbalán, el plan no ha cambiado un ápice desde el declive de la Quinta del Buitre. La estrategia solo tiene un punto: inclinar el campo a favor del Barça. En detrimento del Madrid, naturalmente.

La prueba de que el nombramiento de Fernández Borbalán como director técnico de los árbitros no es ninguna novedad ni supone cambio alguno es que As y Sport apenas se molestan en informar de pasada en la predela. Mundo Deportivo y Marca, ni eso.

Louzán es un político de pura cepa, experto por tanto en sumergirse en un hábitat corrupto sin que le salpique una gota al traje ni se le moje la chequera. Buceó en las aguas fecales del CTA para apartar al ostentoso inquilino del Rolex Hulk Submariner y plantó en su silla a Fran Soto, de temple más frágil pero estulticia aún más exacerbada: afirmó que lo de Negreira fue medio puntual y que no diría que puede llamarse periodo a, como mínimo, 17 años de pagos del Barça al vice del CTA. Un mamífero ideal para el puesto.

Ahora le ha colocado dos colgajos para los asuntos más técnicos: a Fernández Borbalán para amaestrar a los árbitros y a Prieto Iglesias como hombre de paja de Mediapro —el FC Barcelona— en el VAR.

Ambos son despojos arbitrales que jamás destacaron por desarrollar con brillantez su profesión. Sin embargo, sí despuntaron donde hay que despuntar en el CTA para medrar: cada uno de ellos cumplió con creces el único punto de la estrategia del sistema: inclinar el campo a favor del Barça.

Borbalán, que aunque suene a Ferran Adrià intentando pronunciar Corbalán con una croqueta caliente en la boca es el segundo apellido del nuevo director técnico del CTA, fue el talismán del Barça. Las anomalías estadísticas fueron tan descaradas que llevaron al mismísimo Sport a colocar ese apodo al fenómeno.

Prieto Iglesias —¡prietas las filas!—, un árbitro ajeno a la excelencia practicante del lotinismo: una vez que subo a Primera desciendo y la siguiente vez lo mismo, hizo méritos desde el habitáculo de las teles. Con él en la sala VOR el Barcelona obtuvo un 80 % de victorias por un 62 % del Madrid. Comenzó como pececillo pagador del hijo de Negreira y acabó como pezón exoftálmico de gimnasio al frente del VAR.

Nada ha cambiado desde los tiempos de Villar. Respecto a este sujeto tan suelto, la Audiencia Nacional confirma los indicios de delito y deja al expresidente cerca de ser juzgado. Ojo, el órgano judicial solo ha tardado ocho años en confirmar los indicios de delito. Y todavía tenemos que aguantar la cantinela de que en España la Justicia es lenta.

Repetimos que la estrategia solo tiene un punto: inclinar el campo a favor del Barça. Y los medios también juegan su papel, aunque a menudo sean digitales.

Es habitual observar cómo Sport se une al mobbing del Barça cuando el club quiere prescindir de algún jugador descerebrado que pretende cumplir su contrato. La portada nos deja un párrafo para la posteridad: «El club azulgrana no forzará su salida, pero espera que recapacite y estudie las ofertas que tiene para marcharse». Glorioso.

En Mundo Deportivo aún no han asumido —nunca lo harán— su enésima eliminación en Champions y han pensado que es buena idea dedicar la portada a llorar.

As también lleva información del club cliente de Negreira. Afirman que la polémica fiesta de cumpleaños de Lamine —polémica es eufemismo de contratar prostitutas y personas con enanismo— reduce el acto en el que se oficializará su renovación y recibirá el número 10. «Renovación en la intimidad» lo titulan. Poético. Aunque las palabras intimidad y Lamine parecen antónimos.

La imagen principal de As, y de Marca, es Álvaro Carreras. Nuevo bólido blanco para el flanco izquierdo de la zaga. Es un fichaje ilusionante a la par que necesario. Le damos la bienvenida y le deseamos toda la suerte y los éxitos posibles, que serán los del madridismo. ¿Y qué es madridismo? Épocas ganando y al cabo de un tiempo lo mismo.

Pasad un buen día.

Los ánimos están caldeados tras la derrota frente al Paris Saint-Germain. Lógicamente, no puedes llamar a la calma a una afición profundamente conmovida. Sin paños calientes y parafraseando a un analista argentino promedio, lo de la otra noche frente al PSG fue un papelón. Dicho esto, no cuenten conmigo para atizar a nadie. Ya saben que no participo de campañas cuando los lobos hacen jaurías. Han pasado los suficientes días para pronunciarme con prudencia en este espacio que tan amablemente me prestan los responsables de La Galerna. Mi responsabilidad es no echar más leña al fuego, máxime cuando verdaderamente no pienso que sea lo más aconsejable.

Naturalmente que la debacle del pasado miércoles nos deja a todos tarumba. Hasta al más pintado se queda con la cara desencajada por el modo nefasto en que se dio la derrota. El mazazo de ver cómo tu equipo encaja dos goles tontos por dos errores inexplicables de tus centrales es difícil de asimilar. Y del tercero ya ni hablamos. No se trata de señalar a nadie. Y tampoco de criticar al aficionado merengón que optó por no seguir viendo el partido y pasarse a la plataforma de turno a ver la serie que le entusiasma o probar suerte con esa película que lleva semanas queriendo ver.

Estos días he estado dando vueltas al “drama”. A pesar de ser un adulto funcional, como todo madridista he pensado en el partido. Si bien me precio de ser frío en el análisis, yo también soy de carne y hueso. O como diría una folclórica, yo también soy persona. Y como aficionado al fútbol, derrotas tan catastróficas como la última hacen pupa. Especialmente doloroso puede ser una derrota cuando la trayectoria de tu equipo es tan zigzagueante. La situación tiene bastante de desengaño amoroso, ¿verdad? Aunque en realidad tiene más de una etapa de aceptación del duelo. Y no me pregunten el porqué, pero estos días me he acordado de una canción de Fito Páez llamada El amor después del amor.

En 1992, año de fastos en la España feliz y también periodo de robo a mano armada y cara descubierta al Real Madrid,  Fito Páez publicaba El amor después del amor. La canción que daría título a su álbum homónimo fue un éxito sin precedentes. Tal fue su magnitud por entonces que rápidamente se convirtió en el disco más vendido de la historia de la música argentina y la vida del músico rosarino cambió de la noche a la mañana. El amor después del amor habla de las cenizas de una relación que lo fue todo para sus protagonistas pero hoy es un recuerdo agónico. No obstante, el cantautor no nos dice que todo fuera en vano. Por el contrario, Fito Páez transmite que existe una huella indeleble en el alma de aquel que ama sin reservas. A pesar de las heridas, más allá de las cicatrices, la esencia del amor verdadero resplandece más allá de su propia finitud.

Entonces, aceptando que los días de vino y rosas han acabado, ¿qué nos queda? Para muchos la respuesta es resignarse al rescoldo de la pasión. ¿Consumimos vinagre a mansalva pues? Yo creo que todo tiene un punto exagerado. Ni tanto ni tan calvo. El abandono no trae nada bueno. Como diría aquél, no es sano entregarse a desánimos infecundos. Tampoco es buen negocio querer poner a parir a toda la plantilla. Porque, como le dijo el maestro Yoda a Anakin Skywalker: «El miedo es el camino hacia el Lado Oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento». En nuestro caso, querido madridista, el odio y la ira nos lleva al antimadridismo. Con esta información ya gestionas tú mismo tus sentimientos.

Es mejor amar con el alma limpia y rechazar amar el daño. Porque después de un gran amor puede llegar otro aparentemente menor pero igual de necesario. Amemos a este Madrid con el corazón abierto

Los medios influyen decisivamente en los aficionados. Inclusive, los nuevos medios que vinieron a insuflar de aire fresco un panorama viciado. Vemos cómo alguno de sus adalides van enseñando la patita de nada bueno.  Todo altavoz con cierta repercusión puede ser más decisivo en la opinión pública de lo que pensamos. El sentir de la gente siempre puede rotar. Si la crítica especializada aplaude tu gestión, tu situación moral puede reforzarse. Pero claro, si la crítica depende de la prensa deportiva de nuestro país, pues ya depende de ti si te cuestiones un ápice o comulgas con ruedas de molino. Tal vez sea naif exigir a algunos de los “nuestros” que tengan mayor responsabilidad ética, pero creo que es nuestro deber recordarles su compromiso deontológico.

Por ello, siempre está en tu mano tratar de ser positivo o negativo. Puedes permanecer impasible o ahogarte en el veneno. Sin ir más lejos, ayer presentamos a Álvaro Carreras y esta incorporación puede ser más significativa de lo que pensamos. Por sus características, Carreras puede ser central o lateral y esa polivalencia dará mucho juego en un esquema como el que plantea Xabi Alonso. Carreras puede ser un jugador útil e incluso histórico. ¿Quién nos dice que no es capaz de marcar un gol de cabeza en el minuto ‘93 y darnos una Copa de Europa? Por eso es mejor amar con el alma limpia y rechazar amar el daño. Porque después de un gran amor puede llegar otro aparentemente menor pero igual de necesario. Amemos a este Madrid con el corazón abierto.

 

Getty Images

El presidente de la Federación, Sr. Louzán, ese gallego que llegó prometiendo una regeneración del arbitraje tan luminosa que parecía sacada del Apocalipsis de San Juan, ha tardado poco en demostrar que su concepto de "regeneración" consiste en lo de siempre: mismo lodo, distinta ciénaga, mismos perros, distintos collares.

¿La prueba? El nombramiento de David Fernández Borbalán como responsable técnico del Comité Técnico de Árbitros.

Sí, han leído bien. Responsable. Técnico. Del CTA. Borbalán. El árbitro talismán del Barça, el emisario del tiki-taka punitivo, el pastor de tarjetas selectivas, el amnésico del área blaugrana.

Fernández Borbalán es, según los devotos del Camp Nou, un árbitro “de línea elegante, moderno, sereno”. Claro. También Rasputín era un hombre carismático. Pero si uno repasa su historial, lo que encuentra no es serenidad, sino una colección de favores envueltos en pitos de plata.

Arbitró el Real Madrid-Barcelona del 10 de diciembre de 2011 (1-3). Anuló al Madrid un gol por falta inventada, obvió penaltis, y convirtió el área madridista en zona libre de derechos. Messi paseaba por allí como si fuera el jardín de su abuela.

Estuvo en la final de la Supercopa 2011, en la que permitió a Busquets pisotear cráneos impunemente mientras Alves se tiraba como actriz de Tennessee Williams.

Pitó el Barcelona-Athletic de la final de Copa 2012, una orgía de posesión y permisividad donde sólo faltó que le hiciera el pasillo a Piqué.

Pero más allá de decisiones puntuales, que las hay, y muchas, lo que Borbalán representaba en el césped era el vector refinado del sistema Negreira: árbitros que no necesitaban instrucciones explícitas, porque ya venían adoctrinados de fábrica.

Lo que Borbalán representaba en el césped era el vector refinado del sistema Negreira: árbitros que no necesitaban instrucciones explícitas, porque ya venían adoctrinados de fábrica

Mientras ese club del que usted me habla pagaba millones al vicepresidente del CTA, el tal Negreira, para comprarse el sistema arbitral al completo Y AÚN NO HA PASADO NADA, que no se olvide, Fernández Borbalán arbitraba con la elegancia de un mayordomo al servicio del amo: discreto, eficaz, obediente, no hacía falta una llamada, no hacía falta un maletín, bastaba con saber cómo funcionaban las cosas en la España futbolística: si te portas bien, subes. Si te portas mal, bajas a Segunda y compartes hotel con el Mirandés. Y Borbalán subió como la espuma.

Negreira y su hijo entregaban “informes técnicos”. ¿A quién? A los árbitros. ¿Sobre qué? Sobre cómo contentar a su club cliente sin parecer un atracador. ¿Y quién figuraba entre los árbitros destacados del periodo Negreira? Fernández Borbalán. De los más utilizados, de los más elogiados, de los más silentes. El talismán del FC Barcelona (Sport dixit).

Y ahora, en 2025, en pleno escándalo judicial, con la podredumbre saliendo por las rendijas, con Laporta apilando excusas como si fueran cromos de fútbol, el presidente Louzán dice: “este es el hombre ideal para marcar la línea técnica del arbitraje”. La regeneración, versión Sicilia.

Se podría editar el siguiente manual: “La Escuela Borbalán: Teoría y práctica del chifle dócil”, porque ser responsable técnico del CTA significa formar árbitros, significa fijar criterio, significa instruir a la próxima camada de silbadores en cómo aplicar el reglamento... o no. Y aquí es donde se nos encoge el alma: porque si Borbalán enseña lo que predicaba, el resultado será una hornada de colegiados tan sensibles al escudo blaugrana como un gato a la sardina.

Imaginemos las clases:

—Señores, penalti sólo si el empujón al delantero del Barcelona le descoloca la gomina. Al resto, que se levanten. Tarjetas rojas, solo si el rival sangra por las orejas. Y al Real Madrid, ojo: cada protesta es una amenaza institucional. Corten de raíz, átenlos en corto”.

Borbalán está de vuelta, Negreira sonríe desde el banquillo de los imputados y el Real Madrid, una vez más, carga con la sospecha de que los partidos no solo se juegan en el campo, sino en el alma podrida del CTA

Lo peor no es la broma, lo peor es que ya está ocurriendo desde hace décadas y este señor no parece el más indicado para arreglarlo. Cuando desde esta tribuna, tanto Javi como yo hemos pedido, rogado, exigido, fumigación absoluta en el estamento arbitral para arreglar un problema tan endémico como letal para el fútbol patrio, la solución que nos da el flamante presidente de la Federación es la de nombrar a uno de los mejores exponentes del negreirato. Vamos bien, vamos de narices, vaya. Si el presidente Louzán quiere que el arbitraje español no vuelva a pasar por la ignominia de no tener ni un solo representante en el Mundial de Clubes, la solución que nos presenta es la mejor para que no haya ninguno ni en el Mundial de Clubes, ni en la Copa de Europa, Ni en la Europa League, ni en la Conference, ni en el Mundial de Estados Unidos, ni en el Trofeo Ramón de Carranza.

Louzán ha demostrado que no era el regenerador. Era el continuador del chiringuito con otra voz y otro peinado. En vez de limpiar el lodazal, en vez de fumigar con zotal del bueno, ha sacado el flotador de los viejos amigos. Borbalán vuelve con galones, Hernández Hernández sigue en la élite, De Burgos Bengoetxea flota entre rojas y VAR esquivos. Los que estaban, siguen, los que callaban, mandan y los que esperábamos limpieza, recibimos otro acto de hipnosis pública.

Otro arbitraje decepcionante

El Real Madrid será, una vez más, el convidado de piedra en el banquete de las designaciones dirigidas. Vendrán los penaltis tardíos en El Sadar, las rojas que no se revisan en el Wanda, los finales de partido en medio de un córner, las manos invisibles en Montjuic, la no suspensión de un partido con cantos racistas en Mestalla, la misma receta, el mismo puchero rancio, solo que ahora con la firma del chef Borbalán.

Nos espera un año espléndido: 38 jornadas de persecución reglamentaria, sanciones ejemplares, declaraciones de Xabi Alonso con cara de velatorio y, por supuesto, el silencio de los medios del régimen, que seguirán justificando todo con la lógica de los que creen que un penalti mal pitado “compensa otro de hace cuatro años”.

Quiero hacer constar que este artículo no es un ataque, es un acta, un acta notarial del despropósito, una certificación pública de que la regeneración no ha llegado, porque el que debía limpiar ha contratado al jardinero del vertedero.

Borbalán está de vuelta, Negreira sonríe desde el banquillo de los imputados y el Real Madrid, una vez más, carga con la sospecha de que los partidos no solo se juegan en el campo, sino en el alma podrida del CTA, para que luego me vengan que si mala planificación, pocos fichajes o que si no se puede tirar la liga en octubre. Esta liga, queridos lectores, hay que tirarla en agosto, que se queden con ella, que se la coman con patatas y que nosotros juguemos, de una vez, la Superliga que tanto anhelamos.

Me despido con un cabreo del 15, pero recordando a nuestro amigo Javi, que ya cuenta los días que le quedan para pasar por el quirófano. Ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida… ¡Hala Madrid!

 

Getty Images

Poco después de que una eximia vendedora del crecepelo centrista patrio expresara su deseo de que España, la España contemporánea de nuestros días, se pareciera más a Lamine Yamal que a Alfredo Landa, la estrella del Barcelona celebró su decimoctavo cumpleaños con una fiesta llena de putas y enanos. Como para darle la razón, supongo, a la ilustre mamarracha que se empeñaba en cultivar la infamia de atribuir a Landa la imagen de un país deplorable, carca y antiguo, que además de mentira es un insulto a uno de los más brillantes actores españoles de la historia del cine.

Imagino que Lamine Yamal, que lleva como poco un lustro al borde de la mayoría legal de edad, encarna a la perfección la España moderna, un lugar en el que las meretrices son cuestión de Estado y compañía habitual de los mandarines del Gobierno. No en vano, hace justo un año, tras la victoria de la Selección en la Eurocopa, Yamal fue proclamado por la progresía oficial el símbolo de una España nueva, joven y plural que, sobre todo, hacía rabiar a los fachas.

La anécdota me hizo pensar en las distintas imágenes que hay de España rulando por la imaginación popular y en los referentes españoles contemporáneos. Uno de ellos, por sus sonados triunfos recientes, es Luis Enrique. Quien, sin embargo, no encaja las derrotas tan bien como las victorias. Es natural. Con cada gol de su modesto PSG al Madrid, el otro día, parecía un saltimbanqui y, en cambio, al terminar la final del Mundial, partido en el que el Chelsea los despachó con holgura, emuló al Yoyas: personajillo paradigmático de la telebasura nacional de principios de siglo cuya especialidad era repartir hostias ruines como la que Luis Enrique soltó a un futbolista contrario sobre el césped, ante las cámaras de todo el mundo y la mirada del presidente de los Estados Unidos de América.

Rápidamente, otro personajillo, en este caso un chupatintas de la redacción de El Mundo, acudió raudo a disculparlo recordando que Mourinho le metió una vez el dedo en el ojo a Tito Vilanova, al que Dios tenga en su gloria. El interfecto usó la reveladora expresión nacionalmadridismo, supongo que para aludir a la vieja idea que asocia al Real Madrid con la misma imagen roñosa y apolillada de España que se empeñan en achacar al pobre Alfredo Landa. Cuyos personajes landistas, por otra parte, no eran sino curritos que empleaban sus merecidas y trabajadas vacaciones en las costas del Levante, sin hacer daño a nadie.

Lamine Yamal, que lleva como poco un lustro al borde de la mayoría legal de edad, encarna a la perfección la España moderna

El chupatintas del periódico, se me olvidaba comentarlo, presume de ser del Atlético de Madrid, que una vez fue, con Franco, el equipo del ejército. Podría haberse acordado, en vez de Mourinho y del Madrid, del Cholo Simeone y de su Atleti, que de violencia gratuita sobre rivales (recuerden al aún no veinteañero Varane en los segundos finales de la final de Lisboa de 2014) en el campo, y sobre contrarios, en las gradas y en las calles, saben un rato. Pero seguramente eso no es moderno y, por otro lado, la oligofrenia tiene sus manifestaciones características.

Hay, pues, imágenes de España nuevas y rancias, frescas y mohosas. Los que van de modernos suelen ser bastante lerdos, falaces y clasistas. Todo es bueno mientras sirva para apuntalar una narrativa, lo que se llama un relato, completamente antifáctico pero, no obstante, de éxito generalizado. Da igual que los más de ciento veinte años de historia madridista estén llenos de ejemplos de que el Real ha sido siempre lo más moderno y avant-garde de un país cada vez más pequeño y acomplejado, cuyas élites periodísticas están a la altura de las políticas. A lo mejor muchos de estos listos han estado un mes siguiendo, muertos de envidia, la primera Copa del Mundo de Clubes en la que sus equipos, o no estaban o han hecho el ridículo. Al tiempo que un Madrid de contingencia avanzaba casi hasta el final. A la primera oportunidad que han tenido de saltar sobre el cadáver del león como hienas, no la han desaprovechado.

Personalmente me molesta que el Madrid siga ligado a ese landismo que, además de injusto, es la prueba palmaria de la cortedad de quienes lo esgrimen como insulto. A lo mejor lo que tenemos que defender con vehemencia los madridistas, sin arrugarnos ante los estúpidos prejuicios de los pseudointelectuales que controlan el mainstream mediático, es que en efecto la españolidad de la que enorgullecerse es la del Madrid pionero, libre, hidalgo y cosmopolita, y la del actor del Crack, Las verdes praderas, Los santos inocentes, La vaquilla o Historia de un beso. Que hay, en suma, aún quienes preferimos la honestidad y el quijotismo al bling-bling cutre y wannabe del presuntuoso icono (perfecto, por otro lado) del club más tramposo del deporte mundial, organización de estupefaciente historial criminal por más que eso, a los babayos, les parezca pasado de moda.

 

Getty Images

Conocí a Borja Sémper cuando le entrevisté para La Galerna. El dato tiene truco, claro, porque ya confesé alguna vez que concebí La Galerna como mero y desvergonzado vehículo para conocer a gente que admiraba y/o que, desde fuera, me caía bien.

Creé La Galerna para hacerme amigo de tipos que en la distancia me parecían apreciables, y lo hice utilizando el fútbol como excusa. Se ha dicho mucho que el fútbol (y el madridismo en particular) puede generarte una conversación provechosa en cualquier lugar del mundo, y es verdad. Pero no se ha señalado suficientemente hasta qué punto el fútbol hace amigos. A través de una entrevista en La Galerna surgió mi amistad con Antonio Escohotado, y a partir de esa amistad su colaboración en el portal (más de 300 artículos) y el libro La Forja de la Gloria. También a Joe Llorente lo conocí a través de una entrevista. No tan fructíferas en lo editorial, pero inmensamente valorables, han sido también las amistades de origen galernauta con gente como David Summers, Juan Luis Arsuaga, Andrés Amorós o Pepe Begines.

O Borja Sémper.

Borja es exactamente como uno espera que sea. Quizá yo quería confirmar ese difícil equilibrio entre bravura y tolerancia. No son virtudes que suelan acompañarse mutuamente. Uno podría pensar que quien ha tenido los arrestos de enfrentarse al prime de la puta ETA en el País Vasco, llevando escolta desde los 19 años, tendrá unas ideas tan claras que propenderá a un cierto dogmatismo, no solo en lo relativo a la cuestión vasca, sino en general. El coraje y la apertura mental no acostumbran a ir de la mano. Ignoro los motivos, limitándome a constatar lo que intuitivamente me parece una evidencia estadística.

Borja Sémper es la excepción a la regla que me he inventado (pero que estoy seguro suscitará un cierto consenso). Borja demuestra que un carácter forjado en la amenaza perpetua de una banda de bastardos no tiene por qué estar reñido con una capacidad para escuchar facilitada por una curiosidad natural. No es de esas personas que emiten constantes enmiendas a la totalidad de otra gente. Si dices algo que no le gusta, permanecerá abierto a la opción de que lo siguiente que digas le sea apreciable, e incluso útil. No estoy haciendo una lectura política del personaje. Me refiero a que se desenvuelve por la vida así, de una manera orgánica, como dicen ahora, lo que le ha causado no pocas incomprensiones y algunos denuestos.

Suelo citar a Patton con eso de que un valiente es quien no toma nota de su miedo, y Borja encaja perfectamente en ese paradigma

Suelo citar a Patton con eso de que un valiente es quien no toma nota de su miedo, y Borja encaja perfectamente en ese paradigma. Pero hay muchas más cosas de las que no toma nota. No toma nota, por ejemplo, de que una vez no estuvo de acuerdo contigo. ¿De qué sirve hacerlo? Hay pocas biografías valientes enteramente enemigas del prejuicio. Él es un hombre de diálogo con dos inmensos cojonazos. Búsquenme otro. Normalmente, el hombre dialogante suele serlo en parte para contrarrestar sus propias dudas y complejos vitales. Hay pocas tolerancias que surjan de hombres con ideas fuertes.

Búsquenme también, si tienen de lo que a Borja le sobra, otro político que haya vivido y tenido éxito en la no-política. Para alguien que comparte con millones de conciudadanos el hastío ante tantísimo parásito con escaño, en todos los partidos del espectro, este hecho es un aspecto que hace al hombre todavía más apreciable. Resulta que además es un escritor más que notable, un intelectual con escaño (pero que no lo necesita), y un madridista impenitente. Una conversación con él es un regalo, y no está la vida como para dejarlos pasar.

Supongo que se notará muchísimo que escribo todo esto porque Borja Sémper ha anunciado que padece un cáncer, y que estoy ligeramente contrariado por el hecho de que un amigo se vea en este contratiempo. Digo solo “ligeramente contrariado” y digo solo “contratiempo” y digo bien. Para un español de los de antes (doblemente español por ser de Euskadi), esto no va a suponer más que un escollo francamente superable a punta de chorra y de hacer caso a los médicos. Sabe Dios cuántas Champions nos quedan por delante, Borja, y me incluyo en la ecuación porque yo tampoco quiero perderme un mundo donde está el Madrid y donde hay gente como tú.

Por muchos años.

 

Getty Images

Buenos días. Prosigue la resaca (nunca mejor dicho) de la fiesta de cumpleaños de Lamine Yamal. Cómo habrá sido el escándalo que hasta Sport (¡Sport!) dedica en portada, en el día de hoy, un amplio espacio a la investigación que va a abrir el Gobierno por si en el citado evento se produjo algún tipo de vejación a personas con enanismo. Sport opta por el calificativo de “extravagante” para caracterizar todo lo que presuntamente sucedió allí, y eso que sabemos poco porque los móviles de los concurrentes (ya fueran “chicas de imagen” o asistentes no remunerados) fueron requisados en la puerta.

Lo de la humillación a personas con enanismo no es cuestión que haya inventado Lamine, como sabe cualquiera que haya visto la película El Lobo de Wall Street o haya leído algo sobre las orgías auspiciadas por algunas bandas de rock, que según la leyenda utilizaban las cabezas de personas con acondroplasia para poner bandejas sobre las que esnifar cocaína. No decimos que Lamine les utilizara para esto ni para lanzarlos sobre una diana, como veíamos en la película de Scorsese. No lo sabemos. Pero parece claro que no estaban en el lugar por contarse entre los amigos cercanos del nuevo mayor de edad. Más bien se antoja que andaban por allí para entretener al cumpleañero y su cohorte de amigos, en modos no enteramente edificantes.

Sport no habla en cambio de las “chicas de imagen”, como en grandioso eufemismo llamaron ayer algunos medios a las jóvenes acompañantes femeninas del homenajeado y cuantos le rodeaban. Tampoco sería el primer futbolista que organiza un sarao con chicas que obtienen una remuneración económica por estar allí (¿y por algo más que estar?). Lo que llama la atención es el uso de eufemismos y otras burdas maniobras de camuflaje por parte de medios entregados a la propaganda culé y a la causa de canonización del punta barcelonista. Es inevitable pensar en el akelarre mediático que habría sufrido Vinícius si llega a ocurrírsele celebrar una fiesta de cumpleaños en este plan.

Si Sport tiene al menos hoy la dignidad de mencionar la estrafalaria fiesta, así como la investigación que ha provocado, su gemelo en las lides cataculés guarda un atronador silencio al respecto. Cuando Sport (¡Sport!) te adelanta en periodismo serio, debes hacértelo ver.

En lugar de informar sobre las dimensiones del escándalo de Lamine, y posicionarse como medio blaugrana en torno a una llamada de atención sobre el peligro de que el ídolo culé se convierta en un juguete roto, Mundo Deportivo prefiere mejor entretenerse en cábalas (por no decir en invents) en torno a la presunta relación entre el muy hipotético fichaje de Luis Díaz por el club cliente de Negreira y la no menos hipotética contratación de Rodrygo por parte del Liverpool. Una gallarda cerebral. Un absoluto y completo onanismo intelectual a mayor gloria de la falta de argumentos veraniegos. A ver, tenían ahí como argumento la fiesta de Lamine, pero…

Al otro lado del Puente Aéreo (¿aún hay Puente Aéreo?), o al otro lado del AVE (¿aún hay AVE, señor Puente?), la actualidad se centra en Álvaro Carreras, quien por fin ha sido oficialmente anunciado como nuevo jugador del Real Madrid. (Lo de nuevo es un decir, puesto que ya formó parte de la cantera de nuestro club hasta que cumplió los 17, o sea, la edad que Lamine Yamal ha dejado de tener después de años y años de tener 17).

Será presentado (Carreras, no Lamine) hoy a las 13 horas en Valdebebas, y a priori parece un gran refuerzo para la zaga blanca, tan puesta en discusión después de los graves accidentes defensivos contra el PSG, en el Mundial de Clubes, o en realidad a lo largo de toda la temporada que ahora finaliza.

Alberto Cosín os detalla en esta pieza las principales características de este magnífico refuerzo, un puñal por la banda izquierda que puede también jugar como central en una línea de tres (lo ha hecho bastantes veces en el Benfica). Queda por aclarar si su desempeño justificará el alto precio. Sin embargo, parecía claro que, después del mobbing al cual el jugador ha sido sometido por el club portugués, Florentino Pérez no iba a dejar al futbolista en la estacada. El Madrid no está libre de que algún futbolista lleve personas con enanismo a su cumpleaños (Theo Hernández lo hizo en su única campaña en el equipo), pero mientras tengamos este presidente los jugadores recibirán un trato humano y su lealtad será recompensada. Carreras ha recorrido un camino muy espinoso hasta que se ha concretado su fichaje, y ahora tiene su premio.

Bienvenido, Álvaro.

Pasad un buen día.

spotify linkedin facebook pinterest youtube rss twitter instagram facebook-blank rss-blank linkedin-blank pinterest youtube twitter instagram