Las mejores firmas madridistas del planeta

Habitualmente se conoce al Real Madrid como el equipo blanco y al Barça como el azulgrana. El Atlético, en cambio, es rojiblanco. Se suelen identificar a los equipos en función de los colores que visten. Sin embargo, existe una metodología utilizada para medir el comportamiento natural de las personas relacionándolo con cuatro colores, que encajaría perfectamente para describir a los equipos que componen la tan particular Liga de Tebas. Con este método, los colores con los que hasta ahora identificábamos a los equipos cambiarían por completo.

Se trata de la metodología DISC. Un sistema de evaluación que tiene diversas aplicaciones en las empresas ya sea a la hora de la selección de personal, la configuración y gestión de equipos de trabajo o la planificación para la consecución de resultados. En nuestro caso nos servirá además para entender comportamientos y situaciones que se dan, tanto en los terrenos de juego como fuera, por parte de los clubes españoles. Fue creada por William Moulton Martston en 1931 y su objetivo principal era identificar los patrones de comportamiento más representativos. En este sentido, DISC es un acrónimo que diferencia cuatro estilos de personalidad:

Empezaríamos hablando del estilo D, el “decidido”. Se representa por el color rojo y está orientando fundamentalmente a objetivos. No le importa asumir desafíos ni tener que superar obstáculos si eso le permite alcanzar su meta. Que en este caso sería ganar. Da un poco igual el tipo de juego, importa el resultado. No rehúye asumir el liderazgo del grupo. Suele destacar y se siente cómodo en esa posición. No suele llevar bien la convivencia con otro gallo en un mismo gallinero. Esta circunstancia le genera ciertos roces con otros colores que pueden sentirse amenazados por el exceso de ímpetu de estos perfiles. Obviamente, para este color rojo estaríamos hablando del Real Madrid.

Toda una liga

Otro estilo de comportamiento sería el I. El que apuesta por la “influencia”. Su consecución del éxito la condiciona casi al cien por cien a la capacidad de persuadir a través del optimismo y el entusiasmo. Son relaciones públicas natos. Saben cómo crear vínculos con los suyos para alcanzar un consenso que les haga pelear juntos por una meta común. Por eso son buenos comunicadores. Si jugasen al fútbol les daría igual lo que pasase con el resultado, acabarían cantando bajo la lluvia y dirán siempre que han merecido ganar porque son “buena gente”, el “equipo del pueblo”. Esta forma de ser les genera conflictos con los “rojos”, pues ambos son perfiles muy activos, pero con vías de consecución del éxito muy diversas. Efectivamente, hablamos del Atlético de Madrid y del Cholo Simeone como paradigma de ese perfil que se representa con el color amarillo. Cuando el partido se complica, la reacción no es buscar sesudas soluciones tácticas. Basta con agitar los brazos, apelar al sentimiento de sus jugadores y azuzar a la grada para que empujen todo lo que puedan.

Lo atléticos son así, nos dicen que no podemos hacerlo, pero yo sí les entiendo. Nacieron amarillos y hay que respetarlos. Y quererlos así. Como todos los aspectos de la vida, los perfiles personales se pueden entrenar y corregir, pero es imposible ir totalmente en contra de la propia naturaleza. Por eso no cambiarán nunca. Da igual que sepan que el penalti de Julián era ilegal. Ellos seguirán diciendo que sus normas, su relato y su fe en el Atlético de Madrid convierten a las reglas establecidas en algo relativo, porque están convencidos de que simplemente, por ser como son, merecen un reconocimiento.

También hay otro grupo, el caracterizado por la tera S de “serenidad”. Su color en este caso es el verde. Del mismo modo que lo sería el contemplar un frondoso bosque, es sinónimo de calma y estabilidad. Son adaptables a todos los entornos y ritmos de trabajo. Por eso favorecen la creación de buen ambiente. Desde el punto de vista de un equipo de trabajo son los más rentables. Si consigues tenerles suficientemente motivados son trabajadores incansables y serán siempre leales a su líder. Evitan el conflicto. Por eso a Tebas y compañía les va perfecto que la mayoría de los equipos de La Liga se enmarquen en este perfil. Es más, a aquel que saca un poco los pies del tiesto Javier y sus secuaces se encargan de que tenga que abandonar el barco. Los verdes prefieren respetar y obedecer a su amado líder antes que sumarse a una revolución, por muy justificada que esté. Son incapaces de rechazar unas migajas ofrecidas en forma de irrisorios contratos televisivos porque no se permiten el hecho de renunciar a la estabilidad que estas les proporcionarían. Incluso les molesta que un líder alternativo levante la voz con tono firme para quejarse justamente de algo. Da igual que ellos lleven sugiriéndolo mucho tiempo, eso sí, con la boca pequeña. Véase el caso de los días de descanso entre partidos o el desastre generalizado de los arbitrajes ligueros.

Es más fácil que el Barça fiche (más) que el Madrid reciba el Princesa de Asturia

Por último, está la C, que completaría la palabra DISC. La C de “Correcto” y “Cumplidor”. Los azules. Son metódicos, detallistas, encajan bien con los perfiles poco activos como son los verdes, pero ellos son menos flexibles. Valoran el orden y son muy estrictos con los procedimientos. Históricamente, por el relato que ha ido acompañando al Barcelona durante estos años, sería el equipo que representaría este perfil. Su lema de “solo sirve ganar si se juega bien”, que tenía a Guardiola como máximo exponente, ejemplifica perfectamente las prioridades que tendría alguien con este tipo de personalidad. El problema es que, una vez destapadas tantas irregularidades por parte de los azulgranas, se ha demostrado que el Barça es un “rojo” de libro. Solo les importa un objetivo: ganar. Con la diferencia principal con respecto al esforzado Real Madrid de que ellos han optado por hacer trampas como vía de consecución del éxito.

Por eso, si hay que identificar a algún equipo español dentro de este estilo de comportamiento, creo que sería el Athletic Club de Bilbao. Son fieles a su filosofía de cantera de sólo vascos, con algunos matices, aun así, muy meritoria. Además, en lo que se refiere a plegarse ante ciertas tropelías de Tebas, el Athletic no se arredra y alza la voz cuando lo considera necesario. En definitiva, puede presumir de unas virtudes que en ningún caso el Barcelona posee actualmente.

Ojalá este ejercicio de análisis haya servido, lo primero, para aprender. Pues considero que La Galerna es un foro muy apropiado para compartir conocimiento y aprovechar la enorme capacidad que tiene el Real Madrid para servir como recurso formativo. Y lo segundo, tratar de rebajar la tensión existente con el vecino agraviado por los últimos resultados deportivos y sus correspondientes quejas. Lo dije antes, son así, nacieron así y es difícil que cambien. Probablemente, si pensaran las cosas las harían de otro modo, pero son viscerales e impulsivos. Son amarillos.

La Liga, como una empresa que es, o incluso un país, requiere de perfiles diferentes. Todos son necesarios. Si bien precisan tratos diferentes porque sus aportaciones al grupo también lo son. Y ahí radica el error. Tebas quiere una liga igualada y competida siempre. Que cada año pueda ganar cualquiera, como la NBA. Pero no se da cuenta que no puede cortarle las alas a un líder natural que además está haciendo bien las cosas en cuanto a planificación desde hace años. La contención no es una virtud propia de un perfil rojo. Y al Madrid se le acabó la paciencia. El tiempo pone a cada uno en su sitio y el tiempo acabará demostrando quién manda. En la capital y en España. En Europa lleva años estando claro.

 

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Agradezco a Santiago Antón de Zinkgular su formación y conocimiento sobre esta materia, que me sirvió de inspiración para este artículo.

Quién no recuerda la adolescencia, esa época en la que la rebeldía, el cuestionamiento de las normas, la búsqueda de autoafirmación, la vehemencia y el apasionamiento, unidos a un bullente cocktail de hormonas, nos transforma en unos seres bastante insoportables. No existían los matices. La vida era un “conmigo o contra mí” constante, y, claro, eso es a) un coñazo para los que nos rodean y b) simplemente agotador. Por si faltaba algo, queríamos ser individualistas, sí, pero sin dejar de experimentar sentimiento de pertenencia.  Llámenlo casualidad, pero pocas cosas, quizá ganar Copas de Europa, hace el Real Madrid mejor que suscitar esa sensación de adhesión.

Vinícius Junior es buenísimo, superlativo, de los mejores jugadores del mundo. Llegó a Madrid siendo un adolescente y, 6 años después, la FIFA lo reconoce como The Best, el resultado de una evolución y mejora año a año que no nos creeríamos si no la hubiéramos visto en primera persona. El primero al que responsabilizar de semejante salto cuántico es al propio jugador, que ha demostrado una capacidad de trabajo sobresaliente y una fortaleza mental a prueba de absolutamente todo. Los técnicos que ha tenido, unos en mayor medida que otros, también han contribuido de manera decisiva a quemar etapas a velocidad absurda, de manera que, en 6 años, el Madrid pasa de tener a un chico prometedor al que los rivales muerden en la cabeza en Segunda B, a una de las tres mayores estrellas del fútbol mundial. La característica más sobresaliente de Vinícius no está en su velocidad, su regate o su capacidad de aparecer en los momentos decisivos, no. Está en su mentalidad, en no parar de intentar superar a su rival durante los 90 o 120 minutos que dura un partido, no escatimando un solo esfuerzo, al menos hasta este año. No sé a qué achacarlo, pero ese Vini de cabezonería CristianoRonaldiana ha abrazado varias virtudes y algunos vicios del mito portugués.

El Manchester City ya no corre como antes

CR7 era también un poco adolescente en sus actitudes y comportamientos. Siempre reafirmando su condición de mejor jugador cuando no resultaba necesario por evidente o un excesivo afán de protagonismo cuando la situación requería un perfil mucho más bajo. No había lugar para la mesura en el eterno videoclip en el que vivía el astro de Madeira. En todo caso, quedarán para siempre en nuestras retinas sus goles, muchos más de los que pueden ser contados, su profesionalidad intachable e indiscutible y su foco en el gol y la victoria, esa misma concentración que le hacía, ante la enésima patada digna de pena de privación de libertad que le propinaban los jugadores del Sporting de Gijón, y ante el unánime insulto del Molinón, levantarse diciendo “¡Vamos, más, MÁS!”. El mayor rival de Cristiano Ronaldo era él mismo, pues su rendimiento se resentía cuando se obcecaba cuando no le salían las cosas e intentaba demostrar que seguía siendo el mejor, como si hiciera falta.

Vinícius está siendo objeto de un acoso e insulto sistemático en el mismo grado que lo fue Cristiano, lo cual es lógico, porque los rivales lo temen. Mucho. Los adversarios también han aprendido que es más sencillo sacar del partido a Vini a base de fútbol subterráneo, ese, más bien el único, que controla tan bien el equipo cosladiego cuyo entrenador es una cheerleader vestida de enterrador. Nuestro número 7 se rebela como un loco ante lo que entiende injusto, exactamente igual que nosotros con 15 años, siendo ese gasto de energía tan comprensible como fútil, mientras intenta aglutinar protagonismo en momentos incorrectos como intentando demostrar algo que no es necesario probar.

La dirección que está tomando la actitud de Vinícius esta temporada sólo conduce a Arabia, donde lo cubrirán de oro de ser cierta la oferta procedente de allí. Aún está a tiempo de reconducir la situación y ser el mejor como lo son los verdaderamente grandes, esto es, sin forzarlo, no teniendo que demostrarlo a todas horas. Su rendimiento actual es bajo porque está poco centrado en el fútbol y muy obcecado en acreditar su condición de astro, siendo ésta la fórmula perfecta para el fracaso. El Real Madrid necesita al Vinícius titánico y colosal, pero maduro y centrado, uno que no haga tonterías como lo de enseñar el escudo a la grada rival cuando ha hecho un partido tenebroso, por mucho que los indeseables que la pueblan den muestras de su inmensa bajeza. No es necesario que se libere de esa presión autoimpuesta, ni mucho menos, porque es lo que le ha llevado a ser ya un mito del madridismo, sólo tiene que redireccionarla, pero ha de hacerlo de inmediato si no quiere convertirse sólo en el traspaso más caro de la historia.

 

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Los que buscan desdeñar sus extraordinarios logros deportivos le llaman “El Gestor”. Toda una osadía de parte de esa caterva de liliputienses que se atreve a urdir injurias a los pies del gigante. Pero los hay, vaya que los hay, sobre todo con un micrófono delante para expectorar menosprecio y establecer una tendencia de opinión entre los menos avispados, que no son nunca pocos, se sabe. Es tal el calado de su doctrina que incluso entre los que visten de blanco impoluto ha cundido una corriente “crítica” que no es sino la caja de resonancia de las injurias y falsificaciones de la propaganda enemiga: los tontos útiles de toda la vida. Esta es la prueba irrefutable de que los púlpitos mediáticos siguen ejerciendo el poder de su garrote y tras ellos los “yotuberos” de fama, autoproclamados independientes, pero que en la práctica implementan las mismas estrategias de manipulación de los medios tradicionales a los que dicen servir de contrapunto. ¡Falsarios! La cacería, pues, no conoce veda y la saliva a sueldo sigue diseminando la idea de que don Carlo Miguel Angelo Ancelotti no es más que un pobre diablo con suerte.

La sinrazón

En torno a estos ataques hay algo que llama mi atención: el uso del epíteto “gestor”. Esto sugiere un profundo desconocimiento del significado de dicho término por parte de quienes suelen utilizarlo como arma arrojadiza. La gestión encarna el summum de la sabiduría, la sensatez vital o phronesis aristotélica que en román paladino conocemos como prudencia. La gestión es la encarnación de un liderazgo sereno y visionario que tiene como una de sus más importantes características la adaptación flexible, es decir, la adecuación analógica o proporcional. Esto también quiere decir que saber gestionar es ante todo interpretar los escenarios que se despliegan delante de nosotros en nuestro camino hacia una meta perfectamente definida.

No sé si atribuirle a la perversión o a la simple estupidez la campaña de acoso a la que ha sido sometido el director técnico del Real Madrid desde su llegada

El gestor es un experto en crisis, alguien que conoce como nadie sus recursos y que ha sabido comprender que entre la cobardía y la temeridad —los extremos a los que se aferran tradicionalmente los loquitos— conviene asumir los rigores virtuosos de la valentía. Traduciendo esto a términos futbolísticos tendríamos que entender entonces que un director técnico puede asumir una postura unívoca, equívoca o analógica. Los primeros son “talibanes” del método y creen que solo hay un camino; tocan como nadie la guitarra, es verdad, pero su instrumento tiene una sola cuerda. Los segundos son los ineptos, meras figuras decorativas a merced de un voluntarismo caótico; a don Carlo lo acusan de esto quienes no entienden o no quieren entender que esta clase de personajes no podrían jamás entrenar en la élite, mucho menos forjar un palmarés como el del italiano. Los terceros, para terminar ya esta pesada disquisición teórica, los analógicos, encarnan al líder virtuoso, al gestor que elije su vestimenta con base en el pronóstico del clima y no al revés. No quiere imponer sus prejuicios a la realidad sino decidir en virtud de las condiciones concretas del presente. Quienes llaman gestor a don Carlo lo están comparando, seguramente sin saberlo, con Julio César, Napoleón, Bolivar o Churchill. “Tiempo de lanzar cohetes, tiempo de recoger las varas”, dice un viejo dicho mexicano. Pues eso.

Héroes de la 15: Carlo Ancelotti

Muchas veces tengo la sensación de que Ancelotti mira con enternecida condescendencia a los periodistas que lo interpelan durante sus conferencias de prensa. El nivel de los cuestionamientos, así como la capacidad imaginativa y verbal de los reporteros son pobrísimos y en ocasiones absolutamente sonrojantes. Por eso no sé si atribuirle a la perversión o a la simple estupidez la campaña de acoso a la que ha sido sometido el director técnico del Real Madrid desde su llegada. Bien podrían ser las dos cosas, pienso cuando me envuelve el fatalismo y la pesadumbre. En todo caso, tengo claro que desde sus muy hondas e incurables limitaciones intelectuales, en sus infumables tertulias perfilan a entrenadores “complejos”, de esos con “filosofía”, a lo Guardiola, como el paradigma absoluto, el modelo unívoco e incuestionable frente al cual toda diferencia ha de ser pérdida. Creen que el fútbol es un asunto al menos tan enmarañado como el noúmeno kantiano, la ontología heideggeriana o la dialéctica de Hegel. Mistificación pura y dura. ¡Los muy torpes no entienden que el trabajo de los banquillos es el de la gestión del talento —precisamente lo que ellos dicen despreciar! Un entrenador es mucho menos el teórico en una biblioteca que el CEO de cualquier compañía perteneciente a las S&P 500. Es así.

El affaire Ancelotti me demuestra una vez más que los hombres anteponen la vulgaridad de querer tener siempre la razón a las mieles de la victoria

Nada cambiará, lo sé muy bien, porque lejos de atemperarse, la asonada se recrudece y adquiere tonalidades si cabe aún más virulentas. El affaire Ancelotti me demuestra una vez más que los hombres anteponen la vulgaridad de querer tener siempre la razón a las mieles de la victoria. Los seguidores del Real Madrid, que como todos los fanáticos deportivos poseen el control de esfínteres de un niño de tres años, seguirán demandando a Florentino Pérez la cabeza de Carletto ensartada en una pica, utilizando para ello los mismos argumentos imbéciles de la marabunta mediática: distintos personajes, las mismas babas. Tocará, pues, seguir levantando copas y cejas. ¡Qué se jodan!

 

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Raúl Asencio es un central de bandera. Su fabuloso rendimiento le ha hecho un hueco en el Real Madrid y ahora en la selección española.

Pero ¿realmente lo sabes todo sobre el canterano blanco?

Demuéstralo respondiendo a las preguntas que ha elaborado fcQuiz.

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Buenos días, amigos. Cuando uno compra un cepillo de dientes, no se le pasa por la cabeza que no sirva para lavarse los dientes. Cuando uno compra un coche, está convencido que le servirá para desplazarse por las vías de circulación desde un punto a otro. Cuando uno compra un antibiótico, sabe que al tomárselo combatirá las bacterias que le provocan la infección. Sin embargo, cuando uno compra un periódico, no puede leer las informaciones en él, porque no las recoge. Hoy tenemos el enésimo ejemplo de que las noticias no tienen cabida en la prensa.

Ayer se conoció que la Audiencia Provincial ratificó al Juzgado de Primera Instancia 47 de Madrid, que ya había declarado nula la Asamblea celebrada por la Liga de Fútbol Profesional el 12 de agosto de 2021, en la cual se aprobó el proyecto Impulso, el famoso acuerdo con el fondo CVC.

Vamos a buscar en las portadas alguna mención a esta noticia. Hoy empezamos por los diarios culés.

En Mundo Deportivo, dos asuntos principales: la goleada del Barça femenino y la previa de su Roja, la otrora selección española. Y un tema destacado, la elección del presidente del COI con Samaranch entre los candidatos.

Sport no varía mucho, los mismos tres temas, aunque ponderados de manera diferente para dar más peso a su España querida del alma. Lo rematan con un faldoncillo en el que incluyen alguna cosa más.

Ya en los periódicos madrileños, As también se centra en el duelo internacional entre España y Países Bajos, destacando la presencia de novedades como Asencio y Huijsen.

Es curioso leer en la parte baja de la tapa que la cantera del Madrid es la que aporta más jugadores a las ligas europeas, porque a nosotros nos habían dicho siempre que no servía para nada y que la más mejor del mundo mundial era la Masía. Es bastante probable que esta información sea errónea.

Vaya, ya es mala suerte, en Marca tampoco encontramos la información de ayer. Comprobado de nuevo, las noticias no tienen cabida en la prensa.

La afirmación puede parecer chocante, pero si lo analizamos es tremendamente lógica. Supone un revés para Tebas y los medios de comunicación tienen que comer. Bueno, tienen que comer quienes trabajan en ellos. Y saben que según qué escriban sus ingresos pueden variar.

Es algo similar al sistema mediante el cual el FC Barcelona adulteró la competición. Los árbitros sabían que según cómo pitaran ascenderían o descenderían, serían o no internacionales, con lo que sueldo variaba en cientos de miles de euros. Al año.

Al final, todo el mundo busca su beneficio. En cualquier entorno. Ya sea deportivo, político, empresarial. Y ese beneficio e interés se traduce siempre en dinero. Lo cual lleva a actuar y decir cosas que pueden ir en contra de la realidad, pero ese es un escollo menor.

En Marca leemos que Uribes ha declarado que la pelota vasca no es un deporte español en el sentido de que no se practica en toda España. Sin embargo, cuenta con 12 federaciones territoriales.

Lo que sí tiene cabida en los medios son las ganas de llamar la atención de personajes como Maffeo. A falta de argumentos futbolísticos que justifiquen su presencia en los papeles y las ondas, regurgita desvaríos que son recibidos con jolgorio por quienes están deseando esparcir deyecciones sobre el Madrid.

El violento jugador del Mallorca afirma que sus enfrentamientos con Vinícius y con el Real Madrid lo han alejado de la selección. Dejamos un salto de líneas para las risas por si aún no lo habíais oído.

El tipo este cumple en unos meses 28 años, en su día fue con la Sub-21 y lleva pegando patadas a Vini apenas 3 años. Echad cuentas para comprobar la sandez que ha dicho. Esto solo en el aspecto matemático.

Si analizamos el ámbito mental, da hasta ternura. Pero es admirable que él se tenga en tan alta estima. Ah, también afirma que Raíllo debería haber ido a la selección, pero fue otro que no conocía nadie y su amigo no. Otro salto de línea para las risas.

Os deseamos que paséis un día estupendo. Y recordad, si queréis información, no la busquéis en los diarios tradicionales, las noticias no tienen cabida en la prensa.

La Voz. En mayúscula. Ese era el apodo de Frank Sinatra, uno de los cantantes más conocidos de la canción popular y una de las mayores figuras artísticas del siglo XX. Su legado musical es uno de los más prestigiosos de todos los tiempos. A lo largo de las décadas, su icónica estela ha marcado a generaciones enteras de creadores. Desde compañeros de generación como Tony Bennett a rockeros como Bono de U2.

Sinatra era un gran cantante y algo más. Sinatra presumía de que él vendía un estilo. Tenía una voz dotada por los dioses para el jazz y el swing, pero su presencia escénica y su carisma a la hora de vender su estatus artístico hacían de él un frontman completo. No contento con ello, Sinatra también tuvo una carrera cinematográfica bastante extensa y estimable. Tanto es así que llegó a ganar el Óscar al mejor actor de reparto por De aquí a la eternidad. Sin lugar a duda, Sinatra representa todo un icono popular y está tallado en piedra en la memoria sentimental de generaciones de personas alrededor de todo el mundo.

Siendo uno de los mayores intérpretes que la música popular ha conocido, su carrera discográfica abarca cerca de seis décadas. Además, su producción discográfica ha seguido más allá de su muerte. El archivo de Sinatra parece inacabable: álbumes en directo, box sets y colecciones se editan cada tanto para deleite de sus numerosos seguidores y completistas. Su legado está más vivo que nunca y sus ventas de discos así lo refrendan.

Su magnetismo fue irresistible para algunas de las grandes damas de su tiempo, Marilyn Monroe o Jacqueline Kennedy se encuentran entre sus amantes. Sin embargo, la actriz Ava Gardner fue la mujer que más encandiló al cantante. Juntos protagonizaron numerosos escándalos e historias legendarias. En sus idas y venidas, rupturas y reconciliaciones incluidas, llegaron a casarse en 1951. El matrimonio duró 6 años y marcó para siempre a Sinatra.  Es curioso cómo en asuntos sentimentales se puede llegar a manejar el intérprete de tantas deliciosas canciones de amor tan inmortales como Something stupid, You make me feel so young, Young at heart o Prisoner of love.

Porque si hablamos de Frank Sinatra como icono, el Sinatra intérprete y seleccionador de temas tampoco tiene rival.  Sinatra supo buscar en el catálogo de los mejores compositores de la época como Irving Berlin, Jimmy Van Heusen o Cole Porter e hizo suyas sus canciones. De Cole Porter dio a conocer al gran público canciones como Night and day o Begin the beguine. En definitiva, Sinatra fue uno de los artistas que dieron a conocer y potenciaron el cancionero estadounidense conocido como el Great American Songbook.

De entre todos sus estándares clásicos, es francamente difícil seleccionar un puñado, pero creo sinceramente que mis favoritas son  I've Got You Under My SkinIt Was A Very Good Year, The Lady Is A Tramp o  Fly Me to the Moon. Aunque también podría citar September of My Years, L.A. Is My Lady o la inmortal New York, New York. No obstante, siento especial debilidad por That´s life, ese himno de un libertino que con mirada cínica paladea cada palabra de esa canción con chulería.

Sinatra también ganó la Decimoquinta en Londres

Sin embargo, hay una canción que sobresale de entre todas. Una canción muy especial que se le asocia a Sinatra como un guante. My Way fue publicada en 1969 y desde entonces se convirtió en la canción más conocida y reproducida del cantante natural de Nueva Jersey. Con 75 semanas, My Way posee el récord de permanencia en la lista de los 40 mejores sencillos del Reino Unido.

My Way es en realidad una adaptación al inglés de Paul Anka. El cantautor canadiense había escuchado la original Comme d'habitude de Claude François y decidió darle la vuelta como un calcetín. Si en la original el protagonista se quejaba de que su amor había caído en la rutina, Anka hizo un retrato de un hombre que hace repaso de su vida. En mi opinión, Anka compuso una obra maestra. Su versión es superior en todo a la original y encontró en Sinatra su intérprete definitivo.

Desde junio de 2014 adquirió para mí un significado extra. El 7 de julio de ese mismo año falleció en Madrid don Alfredo Di Stéfano. Al día siguiente el Real Madrid rindió homenaje a su leyenda y Presidente de Honor con un vídeo muy especial repasando su carrera. Ese vídeo estaba acompañado con la canción My Way. Fue un momento tan emotivo que pudimos ver a Florentino Pérez derramar lágrimas por el que fue su ídolo de infancia. Desde el Palco de Honor del Santiago Bernabéu, donde tenía lugar la capilla ardiente, el máximo mandatario recordó la figura de la Saeta Rubia: "Hoy es un día de enorme tristeza y enorme pesar. Hoy es un día para el agradecimiento, porque Di Stéfano cambió la historia de este club, ayudó a cambiar el Real Madrid. Era el alma del Madrid".

Para acabar, quisiera confesar que Sinatra me ha acompañado esta pasada temporada en momentos claves. Una tarde, poco antes de que arrancara la vuelta de cuartos frente al City, estaba cumpliendo con mis obligaciones mientras de fondo escuchaba el Live at the Meadowlands de Sinatra. Llevaba un tiempo haciéndolo en bucle. Pues bien, llegó la hora del partido y bajé el volumen y fui directo al salón para no perderme el arranque. Con las prisas olvidé apagar la música y ésta seguía reproduciéndose.  Al término del partido me di cuenta de que Sinatra seguía cantando en mi habitación. Lo tomé como un guiño del destino y decidí hacer de este olvido una cábala. Y por supuesto, seguí oyendo a Sinatra frente al Bayern y también antes de la final con el Borussia Dortmund. Así que Sinatra también ganó la Decimoquinta en Londres.

 

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Nada grande se ha hecho nunca sin amor. Y sin alegría. El Atlético de Madrid es el mejor ejemplo de esto: un mes de marzo lluvioso interminable al que no le sigue ninguna primavera, sino directamente otra vez el invierno. Pero ellos dicen que eso es lo mejor que les ha pasado en la vida, así que sarna con gusto ya se sabe que no pica. ¡Están en su mejor momento! O sea, que se pueden regodear a gusto en la complacencia y en el victimismo, que parece son sus únicos horizontes vitales. El Madrid es otra cosa. El Madrid es Vinícius. Y Vinícius es alegría.

Últimamente la está perdiendo. O se la están quitando. Hay locutores nacionales, de lo más cotizado y de caché del periodismo deportivo español, que directamente lo llaman gilipollas en antena. Eso no es lo peor, sino que cale en el madridismo. Que lo está haciendo, según me da la impresión.

Vinícius representa como nadie esa cosa fantástica del fútbol que alimenta la imaginación, sobre todo, de los niños. En sus cabezas no hay imposibles y en los tobillos del número 7 brasileño, tampoco: están hechos de la misma materia que sus sueños. Es el mago, el duende, el artífice de lo inconcebible. Por eso lo más triste que puede sacar el Madrid de esta temporada es, precisamente, que la imagen de Vini se encanalle en la cabeza de los chavales, para quienes debía ser justo lo contrario, un símbolo de lo sublime a lo que aspirar en sus vidas.

La alegría de Vinícius vale más que una Copa de Europa justamente porque es el fuego que nos mueve a conquistarlas, el alimento que nutre las ganas eternas del Madrid por ganar Copas de Europa. No se puede ganar una Copa de Europa siendo espiritualmente rácano, un tacaño moral: Simeone lo sabe perfectamente. Para ganar se necesita desmesura y duende, un misterio cuya fuerza arrastra y nadie sabe, en puridad, explicar. Lorca decía que el duende era algo “oscuro y estremecido” y citaba a un flamenco, que lo definía como algo que “sube por dentro desde la planta de los pies” y que, por lo tanto, es una música viva, “creación en acto”.

La alegría de Vinícius vale más que una Copa de Europa justamente porque es el fuego que nos mueve a conquistarlas. No se puede ganar una Champions siendo espiritualmente rácano, un tacaño moral: Simeone lo sabe perfectamente

Viendo a Vinícius regatear e inventar, en sus mejores momentos de inspiración, driblings inverosímiles y caminos insospechados entre las piernas y las cinturas de los defensas contrarios, ¿quién puede dudar de que se trata de exactamente eso?

También citaba el poeta a Nietzsche para explicar las espantás o momentos de confusión de Vini: “todo artista sube una escala en la torre de su perfección a costa, siempre, de la lucha que sostiene con un duende”. Esto, en la carrera de Vinícius, podemos verlo con claridad. En cada una de las temporadas que ha pasado vestido de blanco ha ido incorporando algo a su repertorio, limando esto, adaptando aquello, siempre subiendo un punto en su instrucción personal para, con ello, sacar más partido al caudal innato de su talento como futbolista.

En esa lucha consigo mismo por ser mejor, Vinícius es muy flamenco. Hay una idea, que Fernando Quiñones emparentaba con el duende, que en árabe se expresa con la palabra tarab. El tarab es una embriaguez, un perder transitoriamente la cabeza, que puede devenir en una genialidad o en un desplante absurdo. Cuando sucede el tarab “el mundo entero parece adquirir cualidades inéditas”. Es el caso de Vinícius volando por los aires una defensa rival o, también, yéndose del partido enfrascado en una pelea con un estadio repleto de turbamulta vociferante. Son las dos caras de un mismo fenómeno que, sin embargo, muchos madridistas no entienden.

La ruindad española no puede mancillar la alegría de Vinícius: sería demasiado triste que este país de acomplejados consiguiera cortarle las alas a semejante criatura de fantasía

La naturaleza dionisíaca de los grandes futbolistas del Real les lleva a ser capaces de lo mejor tanto como de lo peor. Hay quien quisiera domesticar a estas fieras, convertirlos en monaguillos, como los canteranos de La Masía, que jamás rompen un plato. Pero eso es como querer hacer vegano a un tigre. Sergio Ramos, Cristiano Ronaldo, Vinícius, los grandes monstruos del Madrid contemporáneo, son así: una tensión que se eleva hasta alcanzar niveles de insólita calidad estética y emotiva, pero, también, dadas las circunstancias precisas, un paroxismo estúpido y una violencia interior sin la cual, empero, ellos no podrían encarnar aquella “creación en acto”.

Es una pena que haya madridistas que desprecien a Vinícius inducidos por la presión ambiental. Un mal partido de Vinícius es un partido notable casi de cualquier otro. De Curro Romero decían, los que tuvieron la suerte de verlo torear, que sólo con verlo hacer el paseíllo había valido la pena. Con Vini pasa algo parecido: es tal el flujo de ocasiones y momentos de peligro que salen de sus botas, de sus desmarques y de su imaginación, que tenerlo en el campo es, en sí mismo, un condicionante para todas las defensas contrarias. El fútbol, como casi todo lo que nos rodea, camina hacia la uniformidad y el automatismo. Casi nadie hace algo distinto y Vinícius es diferente a todo lo demás. Su juego es como un poema de Ben Zamrak tallado en estuco en una pared de la Alhambra: una transfiguración. Su alegría debiera ser sistémica y patrimonio del club. La ruindad española no puede mancillarla: sería demasiado triste que este país de acomplejados consiguiera cortarle las alas a semejante criatura de fantasía.

 

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Buenos días, amigos. Ayer disfrutamos de una gran jornada de Champions, el Madrid femenino derrotó en el Di Stéfano 2-0 al Arsenal en la ida de los cuartos de final de la Liga de Campeones. Los goles de Linda y Athenea suponen una renta nada despreciable para una vuelta que será muy complicada.

El Madrid necesitaba un triunfo así, pleno de entrega y con la épica que aportan el agua y el barro, pues la distancia que separa a las de Toril de sus rivales por abajo y por arriba las mantiene instaladas en un lugar donde no abunda la emoción. La de anoche fue, según Fernando Alcalá-Zamora, la victoria más importante de la sección en su corta existencia. Podéis leer aquí su crónica del encuentro.

Nos ha sorprendido bastante que la prensa madrileña recoja el triunfo europeo del Real Madrid femenino. Probablemente le hayan hecho un huequito debido al erial inherente a cada parón de selecciones, noticia principal para Marca, que lleva a su portada a un futbolista del combinado nacional, concretamente a Fabián Ruiz.

Nosotros respetamos mucho a quienes siguen adorando el fútbol de selecciones, como no podía ser de otra manera, aunque nos despierten más interés otras pasiones, como por ejemplo el cortejo del caracol serrano y el impacto del mismo en la elaboración de los gazpachos manchegos.

Para quien no esté muy ducho en el apareamiento de estos moluscos y además no tenga excesiva pasión por el encuentro que al parecer juega en breve España contra el país anteriormente conocido como Holanda, os contamos brevemente.

El ayuntamiento de estos bichos con casita a cuestas tiene lugar preferiblemente de noche, en este aspecto no se diferencia mucho de un yacimiento humano. Sin embargo, la duración del acto es de entre cuatro y siete horas. Se conoce que los caracoles se ven envueltos en una espiral de pasión que les ocupa gran parte de la noche. Aquí sí apreciamos diferencias notables con la duración del hombre promedio, para bien o para mal, dependiendo del caso.

Cada miembro de la pareja caracoril se arroja uno a otro una espícula de carbonato cálcico (los caracoles son muy de lanzarse espículas de carbonato cálcico) que desaparece en el interior del receptor. La función es meramente estimulante (a los caracoles les anima mucho que los asaeten con espículas de carbonato cálcico), pues no porta célula sexual alguna.

Una vez metidos en harina, se transfiere un espermatóforo, que como todos sabéis no es más que una estructura contenedora de espermatozoides, del órgano genital masculino de un caracol al femenino del otro. Recordad que son bichos peculiares y un tanto babosos, como ciertos políticos o aquel profesor de historia de segundo de BUP.

Después de toda la noche lanzándose puyitas de placer y espermatóforos, entierran los huevos en un agujero. En solo quince días eclosionan hasta 50 caracolitas, y son capaces de poner huevos una vez al mes. Podemos afirmar, por tanto, que se reproducen al mismo ritmo que los delitos y/o infracciones en el fútbol español.

Como decíamos, As también menciona el triunfo madridista de Champions, pero se centra en Lamine Yamal, porque la Central Lechera y tal.

Afirma el brillante futbolista del club cliente de Negreira que el rival a batir es el Madrid. Obvio. Siempre es así. Es el actual campeón tanto de Liga como de Champions y el mejor club del mundo y de la historia, por dar un dato.

El joven está obteniendo el carnet de conducir y en un golpe de humor del cual aún nos estamos recuperando dice que el coche que se comprará no será blanco. Si algún día se trunca su carrera deportiva siempre puede acudir al club de la comedia.

Sport se diferencia poco de As, también ha elegido abrir con Yamal quien, en otro golpe de humor, sostiene que hay niños que le copian el peinado.

La tapa de Mundo Deportivo es una joya de la estética, del buen gusto y del periodismo.

Un tiburón Ferran con expresión intelectual y peinado a buen seguro también copiado por los niños emerge cual escualo de Spilberg con burbujitas y todo a los lados. Esta tremenda imagen nos epata en tal grado que nos incapacita para seguir escribiendo este portanálisis.

Nos despedimos felicitando a todos los padres y a los Josés y Josefas. Que paséis un buen día y una noche repleta de pasión propia de un caracol serrano.

El Real Madrid femenino derrotó (2-0) al Arsenal FC en el partido de ida de los cuartos de final de la Liga de Campeones para firmar la que es la victoria más importante en la corta historia de la sección. Linda Caicedo y Athenea del Castillo firmaron los goles que permitirán a las blancas viajar con ventaja al estadio Emirates de Londres el próximo miércoles.

Tras el enésimo correctivo recibido a manos del Barcelona en la Copa de la Reina y tras dejar más que sentenciada la segunda plaza en Liga F con varios meses aún por delante, el Real Madrid femenino necesitaba una noche como la vivida bajo la lluvia en el estadio Alfredo di Stéfano. Lo pedían a gritos tanto las jugadoras como cualquier aficionado del equipo femenino, pues la falta de tensión fruto de los desequilibrios de calidad con respecto a los rivales por arriba y por abajo amenazaba con instalar en la sección una sensación de monotonía y desinterés muy peligroso.

El contexto era el propicio (segunda participación en los cuartos de Champions) y el rival el indicado (un Arsenal con prestigio y nivel, pero que no alcanza el potencial del resto de supervivientes en Europa). Habría sido una buena noche para ver a las de blanco pisar el Bernabéu, si quiera por dar un respiro al castigadísimo terreno de juego de Valdebebas en el que el barro empieza a imponerse a las briznas de césped. En cualquier caso, el clima de perros, unido al fantástico despliegue de coraje de las futbolistas de Alberto Toril, condujo a que por primera vez este Real Madrid cantase victoria cuando verdaderamente importa.

El Real Madrid femenino derrotó (2-0) al Arsenal FC en el partido de ida de los cuartos de final de la Liga de Campeones para firmar la que es la victoria más importante en la corta historia de la sección

De partida con el once inicial previsto —Sandie Toletti, Melanie Leupolz y Filippa Angeldahl poblando el centro del campo, con Caroline Weir, Linda Caicedo y Signe Bruun por delante—, el choque pronto demostró la igualdad de fuerzas en el 11 contra 11. Si bien el Arsenal de Mariona Caldentey podía presumir de banquillo largo en comparación, su gran debilidad partía bajo palos: sin Daphne van Domselaar disponible en la convocatoria, la entrenadora Renée Slegers introdujo a una Manuela Zinsberger siempre propensa al error inesperado. Athenea del Castillo lo comprobaría más tarde.

El tanteo de los primeros minutos se resolvió con el Madrid adueñándose del balón, aunque el Arsenal traía la lección aprendida de buscar sin miramientos los balones largos a espaldas de la defensa para proyectar a Stina Blackstenius. La zaga blanca aguantó bien y, en la réplica, Linda Caicedo hizo temblar en su primera carrera a Emily Fox, una de las mejores laterales del mundo. Los disparos a puerta tardaron en llegar, pero el primero dirigido a la red por parte de la gigantona sueca fue despejado por Misa Rodríguez con un paradón. La canaria, en consonancia con el resto de compañeras, iría reivindicándose con el paso de los minutos hasta llegar a disfrutar ante cada acción en la que fue requerida su intervención. En esos lances puede vislumbrarse que el fútbol es mucho más que física y matemáticas, ya que el fluir mentalmente al ritmo del partido suele ser mucho más determinante en los momentos clave. Así, Misa evitó el 0-1 y, tres minutos después, el Real se adelantó mediante una fantástica acción coral: interceptación y robo de Toletti, progresión y pase al hueco de Bruun, carrera e inteligencia de Caicedo para esperar al error de Leah Williamson. Ante el fallo de la inglesa, y presentándose ante Zinsberger, la cafetera no perdonó con su disparo seco.

El gol le sentó muy bien a las madridistas, hasta el punto de disfrutar de sus mejores compases con el balón en los pies. No obstante, el juego de calidad palideció ante la oda al fútbol de siempre protagonizada por Signe Bruun. La danesa lo peleó todo, dio aire a las suyas bajando y aguantando balones como acostumbra, y se vació en la desagradecida batalla de la presión como cualquier futbolista de culto de décadas pretéritas. Llegado el descanso, la ‘9’ se retiró a vestuarios tan cubierta de barro como pletórica de orgullo.

Si bien las londinenses apretaron en la segunda mitad al refrescar sus bandas con la entrada de Chloe Kelly y Caitlin Foord, hasta el punto de llevar al límite de su resistencia a la línea defensiva blanca —ya marrón por el color de la indumentaria—, cada pieza subió su desempeño en la tarea de los despejes aéreos para alejar cualquier peligro. El momento crítico llegaría a la hora de juego, cuando la una vez más fantástica Melanie Leupolz volvió a recaer de su lesión de rodilla. El Real Madrid podría haber colapsado dejándose llevar por sus fantasmas —resultados previos, pocos efectivos disponibles en el centro—, pero la irrupción descarada de Irune Dorado contagió al resto. Cuando una futbolista de 16 años salta a jugar su primer partido de Champions con un temple tal, al resto de compañeras no le queda otra que acompañar su derroche de talento y personalidad.

El premio al compromiso colectivo llegaría ya superado el 80 y con el Arsenal volcado sobre el área de Misa. Todo partió, por supuesto, de una Irune que soltó con rapidez el balón y permitió la progresión por la izquierda de Olga Carmona y Weir. La escocesa abrió a una Athenea del Castillo fresca y lista para probar las manos temblorosas de la portera y cantar el valiosísimo 2-0. El Madrid podrá sucumbir en el norte de Londres, pero en esta noche intempestiva cada futbolista del Real haría bien en guardar intacta y sin lavar su equipación manchada. Honrar la famosa consigna de don Alfredo di Stéfano es todo lo que este Real Madrid femenino necesita para crecer y enganchar al grueso de la afición blanca.

 

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Mientras aquellos inspectores levantaban la sábana manchada de sangre y arena que cubría el cadáver, nada se sabía aún de la identidad del muerto. Pier Paolo Pasolini yacía en un descampado cerca de Ostia como un despojo, golpeado y quemado, indigno de la obra que dejaba tras de sí.

La noche del 2 de noviembre de 1975 el director italiano, icono contracultural y polémico artista subversivo, había sido asesinado brutalmente. Este crimen, que aún muestra sombras y dudas, fue pronto un archivo cerrado,tal vez en falso,con la condena de un joven “chapero” de la noche romana llamado Pino Pelosi. Posiblemente, como sostuvo la periodista Oriana Fallaci, el asesinato fue obra de varias personas. Si fue una conspiración en la sombra tal vez nunca se sepa y, lo que es más, ya no importe porque el cineasta y autor de “El Evangelio según San Mateo”,un relato de soledades áridas y rostros curtidos sobre la vida de Jesucristo, de “El Decamerón”,un compendio de bajos instintos y picaresca a partir de la obra del escritor y humanista Giovanni Boccaccio, o de “Salò, o los 120 días de Sodoma”, considerada una de las películas más polémicas de la historia del cine y estrenada poco antes de su asesinato, deja fotogramas inconmensurables, como frescos renacentistas ante el espectador, disecciones de nosotros mismos y nuestras bajezas conservadas en nitrato de celulosa y poliéster para la posteridad. Lo verdaderamente importante de un genio, de un creador trascendente es, al final, su obra ,que es lo que lo distingue y diferencia del resto, no tanto sus miserias o defectos,tan vulgares como humanos y que todos compartimos en cierta medida.

Tal vez los JJOO de Roma fueron el final de algo porque algo se rompió (como apunta Herb Cohen en su imprescindible libro de negociación “You can negotiate anything”) en la víspera de los JJOO de Moscú de 1980. Entonces la NBC, la CBS y SATRA convirtieron un arte, porque el deporte hasta entonces lo era de pleno derecho, en un negocio de dinero y sudor. Años antes, como apunta Javier Bassas, Pasolini pasaba sus tardes más bellas jugando al futbol durante horas en los prados de Caprara, en la periferia de Bolonia, como extremo izquierdo. Era un amor puro, no solo por el fútbol sino por el deporte como la expresión artística que fue. Si recomendar un libro es como besar, permítase este segundo beso al aire al sugerir una obra tan corta como placentera escrita por Pasolini, que también era escritor. “Sobre el deporte” es una colección de reflexiones del artista en forma de artículos sobre fútbol pero también sobre boxeo, ciclismo y deporte olímpico, sobre Alberto Moravia y sobre Helenio Herrera. Un libro que nos retrotrae a un tiempo de porfía sana, rodilleras, Reflex y campos de tierra que ya no volverá.

Tal vez era solo un intento de ver quién “meaba más largo”, o puede que ambos albergaran el deseo oculto de la reconciliación de dos viejos amigos, su propio “Ara Pacis”. Lo cierto es que Bertolucci no se había tomado bien las críticas de Pasolini en Il Corriere della Sera sobre “El último tango en París”, película estrenada por aquél en 1972. Esta historia sucedió en Parma,en marzo de 1975. Entonces, dos películas se rodaban a pocos kilómetros de distancia: “Salò, o los 120 días de Sodoma” de Pasolini y “1900”(“Novecento”), de Bernardo Bertolucci, protagonizada por Robert De Niro y Gérard Depardieu. El intelectual más cáustico de Europa, un Pasolini también molesto con Bertolucci, propuso dirimir sus diferencias como deberían resolverse las guerras, con un partido de fútbol. Tifoso irredento del Bologna FC, Pasolini saltó al campo liderando su once, todos con la zamarra de su amado Bologna,todos componentes del equipo de la película, todos amateurs. Bertolucci, de 34 años, hizo de entrenador de los respectivos once de “Novecento”. Un documental de Alessandro Scillitani, llamado “Centoventi contro Novecento” (2019) recrea el hecho.La victoria de los de Bertolucci fue contundente. Si bien las cifras dadas según la fuente consultada difieren, parece como la más cierta que el equipo de “Novecento” venció a los de Pasolini por 5-2.

Pero también esta historia es singular en lo que sigue porque muestra un final con tres derivadas. En la primera,el partido concluyó con un abrazo entre dos amigos reconciliados, Pasolini y Bertolucci, abrazo que resultó ser eterno. Eterno porque, (y esa es la segunda derivada de la historia) unos meses después de ese abrazo, Pasolini fue asesinado.

Conviene a estas alturas cerrar el círculo de la trama con el tercer apunte de este final para ser fieles al encabezado de este artículo. Años después de la muerte de Pasolini se supo por la confesión de uno de ellos que (tal era el deseo de Bertolucci de vencer a su colega),en los días previos Bertolucci incorporó a su película a dos nuevos y jóvenes operarios que eran en realidad dos prometedores futbolistas de las divisiones inferiores del Parma. Uno de aquellos juveniles así lo declaró a La Gazzetta dello Sport hace no mucho, añadiendo que Bertolucci felicitó a los dos por su aportación esencial en la victoria. Ese juvenil, años después, hizo historia en un club que es un blockbuster todos los días, una superproducción en Technicolor siempre en cartelera. El club es, como era de esperar, el Real Madrid. Yel nombre de ese juvenil que jugó aquel partido, de quince años entonces y nacido en Reggiolo, a 50 kms. de Parma (como una inevitable interrelación que une al Real Madrid con la cultura en una sucesión natural), era Carlo Ancelotti.

 

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