Si Furtwängler, que era un místico, dijo aquello de que la música de Beethoven se eleva hacia el cielo, mientras que la de Mozart desciende de él, fue sólo porque no tuvo ocasión de escuchar a Sergio Ramos. Si hubiera escuchado a Sergio Ramos, se habría olvidado de Beethoven y de Mozart, esos aficionados, y habría proclamado que la música de Ramos desciende a los infiernos mientras que su video clip asciende de ellos. Tú lo sabes, Cibeles.
Lo de Ramos -la música, la letra, el vídeo, el propio Ramos- es una cosa post apocalíptica, el día después de una bomba nuclear, el aftermath de la destrucción masiva. Esa Cibeles es una declaración de amor tan profundamente madridista y un esperpento tan inefablemente ramista, que le deja a uno exhausto, desnortado, renovado y extasiado. Un viaje astral por los sinuosos recovecos del ser ramista. Sin pretenderlo, Ramos siempre convirtió un poco el madridismo en parque temático, y con Cibeles ha alumbrado su atracción estrella, un viaje a no se sabe dónde apto sólo para los más valientes. Ramos fue siempre un héroe excesivo, de torrentera y aluvión, y Cibeles es su mejor autorretrato hasta la fecha: madridista, egocéntrica, exagerada, desbordante, extrema.
A Ramos hay que quererle y le querremos siempre. Por el minuto 93, por tantas tardes y noches de gloria, y por esa manera de vivir apabullante, desmedida, a bocajarro. Cibeles es su última declaración de amor madridista. Con su puñadito de agravios y su pizquita de dolor, como todos los amores maduros. Con su grandilocuencia, su altisonancia, su desmesura, su vehemencia, su extravagancia y su puntito -o su puntazo- de ridiculez, como todo lo que viene de Ramos. Por eso nos gusta. Cibeles no sólo obra el pequeño milagro de que algunos por fin podamos escuchar con agrado una pieza de reguetón. Cibeles nos recuerda que el madridismo vence hasta al mismísimo infierno, y que Ramos siempre fue nuestro mejor capitán en esa batalla esencial. Tú lo sabes, Cibeles.
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Ojito que estas cosas pasan, te relajas y luego vienen las prisas y el sofoco. ¡El Madrid, líder! Ni anulándole tres goles y regalando uno al Barça pudieron evitarlo. Ojo.
También empató el Atleti con un gol ‘raro’, por cierto. En orsay, vamos. Tiene arreglo, claro. Pero que el Madrid va primero y vaya a serlo tanto tiempo por lo del parón, la verdad…
¿Está sobrevalorada la pretemporada? ¿Valdría con cuatro días? ¿Se ha pasado Flick con el látigo? El Madrid, líder: ¡vuelve, Cantalejo!
El partido de anoche en Vallecas deja una bonita reflexión sobre todas: con o si VAR estaríamos en lo mismo. Se les va el dedo, la imagen, el pito que es un contento. Cuando el penalti al Hombre Corona, VAR, VOR e incluso VIR no funcionaron. Tiene arte.
Dicen que en Las Rozas o donde carallo están los jefes del CTA siguen el partido, y que pudieron llamar al cuarto árbitro, que por lo visto actúa con teléfono. Puede que lo hicieran y tampoco funcionara, yo que sé. O les pareció bien, casi mejor esto. Habría sido fantástico: tronco, que te pongas. Ríanse de Gila.
Ah. El Corona fue entrevistado al final del partido y no le preguntaron por la jugada. Un farmacéutico lo hubiera hecho. Y un monosabio. Si un periodista no lo hace, me resisto a pensar que no cumple órdenes.
Escribo y leo que tampoco le preguntaron a Flick en su comparecencia al final del partido: 400 tíos y tías. ¿En serio? Cada vez me alegra más haber nacido cuando nací. A Astruells, Borderías, Emilio, Gutiérrez, Fuentes, a todos esos, y me limito a periodistas de Barcelona, también se les habría' 'olvidado' la cosa. Es el fin...
El Corona fue entrevistado al final del partido y no le preguntaron por la jugada. Un farmacéutico lo hubiera hecho. Y un monosabio. Si un periodista no lo hace, me resisto a pensar que no cumple órdenes
Y bueno, como no hay mal que por bien no venga, fue un buen ensayo para el Barça-Valencia. Como el local no tiene campo para ese día se baraja el Johan Cruyff, el más cercano a Montjuïc/Camp Nou, pero tiene la pega que carece de VAR. Repito: ¿y? El mangazo no conoce la tecnología.
Buen ensayo el vallecano también para el Barça-Villarreal en Miami: no sería la primera cosa rara de la temporada los culés mediante. Un día con VAR, otro sin él, un tarde en Barcelona, otra en América. Y allí seguro que el 'guifi' no falla, menudo es Trump.
Total, que el Barça empató y gracias con un penalti que no fue y Joan García, otro motivo para el cachondeo: el mejor portero nacido español no cabe en la selección. Normal, si lo piensan: no lo fue después de 38 jornadas memorables en el Espanyol, como para llamarlo por dos con el Barcelona. En fin.
Me supo mal lo del penalti por el joven Busquets Ferrer en el que vi cosas interesantes la pasada temporada. Una de ellas su edad, que le pone al abrigo de negreirísmos presuntamente.
Le disculpo pues me parece bueno: el ambiente en el que vive es el que es, resulta imposible sustraerse. Lo del arbitraje español no se soluciona con una capa de maquillaje. Es eso, imposible. Si hicieran lo que deben, tabla rasa, fumigación, los primeros beneficiados serían los árbitros. Los decentes, seguro.
Nos dijeron que esto iba a cambiar: vale, pero no es suficiente clasificatoriamente hablando. El Madrid primero y el Barça… ¡empatado con el Espanyol, dónde vas, Cataluña!
Con Cantalejo esto estaba más controlado, sí. Y sus muchachos pitaban sin gran presión. Ahora con tanta matraca, con el cambio y todo eso, salen sin duda asustados. No debe ser fácil tratar de hacer como que no sabiendo que debe ser que sí. No debe ser fácil, admitámoslo.
Pero eso, que hay tiempo. Que ser campeón del mes de agosto… Sí es un aviso. Ojo no sea que esos tíos de blanco se arrejunten del todo y a ver quien les anula tres goles, o más por partido. Ni Topuria al pito.
Hubo otras cosas interesantes en esta materia inacabable. Por ejemplo, en González Fuertes, aquel caballero que en vísperas de la final de Copa tuvo el honor de amenazar al Madrid. No en el teléfono de Florentino o en una pancarta: en público.
Lo hizo a la menor ocasión dando validez al gol del Atleti: fue el único tío entre Vitoria y Pretoria que no vio el orsay con que se fabricó el gol colchonero. No es verdad sin embargo que gritara ¡que se joda el Madrid!
En un arranque de rapidez, sus superiores lo apartaron del Madrid-Mallorca para el que también estuvo designado. Atleti y Madrid en la misma tarde: debe ser buenísimo.
No era un gran problema además: pusieron a otro y lo bordó. Tocó el hombre todas las teclas: un gol anulado tirando líneas, otro porque Güler se protegió el pecho con las manos. Le faltó anularle el primero al turco por estornudar. En Madrid, por cierto, se anulan muchos goles. El último, a Camello. En fin.
Y luego está lo de la Champions. Grupo duro para el Madrid, en efecto. Y para sus rivales. ¿O es que están encantados de haber caído en su grupo?
Me tiene loco de curiosidad lo del sorteo. Sale un tío, saca una bola y aparece otro, Kaká creo recordar, que pone su mano en un artefacto y ¡oh! como conejo saliendo de la chistera aparecen sus rivales.
¿Por qué esos y no otros? No sé, como no lo explican y tampoco nadie pregunta... ¿El 'sofguer'? Le metes una información, claro, ya. ¿Qué información? Lo que vemos es Real Madrid/bola. Mano al cacharro y ñaka, ahí sus rivales. ¿Podrían explicar por qué esos y no otros? Curiosidad informática, nada más.
Total. De momento, el Madrid líder de esta coña universal que es la Liga y con los mismos puntos que el que más en su euro grupo. Hay que pararlo. Pero ya.
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Buenos días, amigos. Como dice el maestro Tomás Guasch, tomémoslo a coña. Nos queda eso o la cicuta. Como madridistas que indisimuladamente somos, deberíamos estar contentos porque el equipo cliente de Negreira se dejó dos puntos en Vallecas, y sin embargo solo podemos estar indignados, tal y como dice As que están en dicho barrio madrileño.
A estas horas, todos habréis visto el penalti merced al cual el equipo azulgrana consiguió adelantarse en el marcador y a la postre salvar un punto. Ese penalti es un atentado al fútbol, una aberración, un fraude absoluto. Una pantomima que sigue a otras muchas desde hace décadas. Y tuvo lugar precisamente cuando el VAR optó por irse de vacaciones justo cuando los comunes mortales regresamos de las mismas.
Que sí, que sí, que habéis leído bien. Que el VAR no funcionó ayer en Vallecas. ¿Cómo puedo jugarse el partido sin VAR, cuando el resto de los partidos se juegan con VAR? ¿Dónde quedan ahí la equidad y la justicia? Nuestro colaborador Jacinto Fernández se hace exactamente la misma pregunta en esta estupenda columna, en la que por cierto muestra también su profunda decepción por la caída en el averno de Busquets Ferrer, un árbitro joven, presuntamente no contaminado de negreirismo, que hasta ayer era la última gran esperanza del sistema arbitral español.
Hasta ayer. Ya es uno de tantos. Ya es negreirismo profundo y ominoso. Ya es un Sánchez Martínez, un De Burgos B, un Soto Grado. No sabemos si alguien ahí sigue cobrando del club azulgrana, no sabemos si hay un Negreira II, o si simplemente les mueve el odio al Real Madrid (y la consiguiente adoración por todo lo blaugrana) por ser el Madrid el único club que se enfrenta frontalmente a sus cacicadas. El caso es que el negreirismo sigue. El negreirismo es una corriente que se inicia con toda probabilidad a inicios de la última década del siglo pasado, que prosigue ininterrumpidamente hasta hoy, y que deja un reguero de pistas en forma de torpes facturas entre 2001 y 2018.
Y ayer se cae el VAR, para mayor gloria y honor y rechifla y putrefacción de la pestilente liga de Tebas, que solo saca a relucir su fácil gatillo para el tuit desabrido cuando le conviene. ¿Tiene ahora algo que decir?
El negreirismo es una corriente que se inicia con toda probabilidad a inicios de la última década del siglo pasado, que prosigue ininterrumpidamente hasta hoy, y que deja un reguero de pistas en forma de torpes facturas entre 2001 y 2018
Quien sí tuvo algo que decir fue el exárbitro Estrada Fernández, quien se apresuró a indicar que no hay problema técnico del VAR que no pueda ser solventado con la aplicación del siguiente protocolo. Lo que pasa es que no se quiso aplicar. Es decir, SE ELIGIÓ JUGAR SIN VAR.
¿Cómo os quedáis?
Todo esto sucedió bajo la mirada de Joan Laporta y Fran Soto, CEO del Comité Técnico de Árbitros, quien como por lo visto aquí ya no vale la pena tratar de ocultar nada se presentó en el estadio del Rayo de la manita de Laporta, y vieron el partido hombro con hombro entre sonrisas de amor y satisfacción. El estado actual de las cosas queda reflejado en este post desesperanzado y hastiado de nuestro amigo y colaborador Paul Tenorio.
Pensaréis que en los medios se ha liado una gorda con el ridículo, vergonzoso penalti señalado a Lamine. O no lo pensaréis, porque si lo pensáis no conocéis el cotarro y /o no leéis La Galerna. Ni ante el protagonista de la jugada, Lamine Yamal, ni ante Hansi Flick hubo un solo medio que indagara sobre la opinión de los interesados a cuenta de la jugada. Lo resaltaba, exasperado, Vicente Ruiz en X.
Y así seguimos, amigos. Marca se hace cargo del oprobio y apunta al escándalo de la falta de VAR en Vallecas, rehusando acogerse a la fórmula acomodaticia “penalti polémico” (como hace As) y optando directamente por tildarlo de “inexistente”, que es lo que ve cualquier persona que tenga dos ojos en la cara y no se llame Iturralde González o cosas así.
Os estaréis preguntando si la prensa cataculé hará al menos alguna mención a la jugada, si le aplicará el ya comentado y muy frío calificativo de “polémica” al menos, si dará como mínimo acuse de recibo tangencial de la auténtica razón (más allá de la gran actuación de Joan García) por la que salvaron los muebles en Vallecas.
Ingenuos, ¿nacisteis ayer? Ni una palabra.
Y así están las cosas. El madridismo no aguanta más. Y eso que solo llevamos tres jornadas de liga.
Pasad un buen día.
Busquets Ferrer ha arbitrado el Rayo Vallecano–Barcelona. Punto. Y en mitad de la nada, sin que nadie lo esperase ni lo pidiese, sin que ni el propio Joan Gaspart en su palco imaginario hubiera tenido la desfachatez de reclamarlo, se ha inventado un penalti a favor de ese equipo del que usted me habla. Punto.
Ese penalti invisible —porque no lo vio nadie, ni siquiera los cámaras, ni los recogepelotas, ni el VAR, que no existía hoy, ni los gafotas de la grada— ha sido la piedra filosofal de la jornada junto al atraco a mano armada de ayer en Chamartín con los 3 goles 3 anulados al Real Madrid. El fútbol español lleva meses predicando que Busquets Ferrer era el elegido, el árbitro limpio, el rostro juvenil de la regeneración arbitral, el chico que venía a demostrar que la etapa de Negreira era cosa del pasado. “Este no tiene nada que ver con aquello”, repetían como papagayos los altavoces mediáticos del Régimen. Y efectivamente: no tenía nada que ver, porque lo de hoy es peor.
La regeneración, ya se sabe, es un concepto muy nuestro. España se regenera cada dos días, lo dicen los políticos, lo repiten los jueces, lo aplauden los tertulianos, y al final consiste en que el mismo perro sigue ladrando, aunque esta vez lo hace con un collar distinto y un lazo fluorescente. El arbitraje español se ha regenerado con Busquets Ferrer, que ha sido capaz de inventarse un penalti más imaginativo que todos los que Negreira y su troupe cobraron en veinte años. Porque no se trató de un “penaltito”, ni de una jugada interpretable, ni de un contacto de esos que la cámara lenta convierte en magnicidio. No: fue la nada. El vacío. El penalti cuántico. El penalti que, si lo buscas en el acta, está ahí, pero si lo buscas en el césped, jamás existió.
Y así, con un gesto que pretendía ser de naturalidad, Busquets Ferrer apuntó al punto fatídico como quien se pide otro cortado en la barra. Con una tranquilidad pasmosa, como si toda su carrera arbitral hubiese desembocado en ese momento: el de regalarle al cliente de Negreira lo que el mismo nunca ha dejado de recibir.
Se suponía que era distinto. Se suponía que Busquets Ferrer venía sin mochila, sin herencia genética del arbitraje podrido, sin la sombra de Negreira, sin facturas con IVA pendiente de investigar. Era, decían, la nueva cara, el aire fresco, la regeneración, la flor de azahar en el estercolero. Pero no. Resultó que es uno más de la organización criminal.
La competición, por tanto, queda adulterada. Así de sencillo. En unos partidos hay VAR y en otros no, y casualmente en los que no hay VAR es cuando aparece el atraco de manual a favor del mismo de siempre
Sí, digo organización criminal, y no es un exceso literario. Cuando durante décadas un club paga millones al vicepresidente del CTA para asegurarse favores arbitrales, y cuando esos favores siguen produciéndose aun después del escándalo, ¿cómo llamarlo? Mafia arbitral, crimen organizado, servicio de suscripciones premium, como quieran. Lo de Busquets Ferrer hoy no ha sido un error humano ni una apreciación subjetiva: ha sido el peaje de entrada en el sistema. “Si quieres triunfar aquí, chaval, ya sabes lo que toca: penalti al que tú ya sabes”. Y el chico obedeció.
La prensa, por supuesto, saldrá a decir que “hay contacto”, que “es interpretable”, que “no hay imágenes concluyentes”. Y uno piensa: ¿cómo van a ser concluyentes si no hay nada que concluir? ¿Cómo van a existir imágenes si el penalti no existió? La manipulación llega al punto de que hasta Joan Gaspart, que todo lo ve blaugrana, se habría sonrojado con semejante invención. Ni él, con su entusiasmo patológico, se habría atrevido a pedir semejante disparate.
Y aquí llega la traca final: en Vallecas, justo hoy, el VAR se estropeó. Sí, se apagó, se fundió, se desconectó, se fue de vacaciones. El VAR, que está para frenar abusos, decidió dejar de funcionar justo en el partido en el que más se necesitaba. El resto de la jornada, VAR funcionando como un reloj suizo. En Vallecas, misterio. Milagro tecnológico. Casualidad de manual. De repente descubrimos que sin VAR, el club del estadio infinito es más atracador todavía que con VAR. Porque con VAR, al menos, existe la mínima posibilidad de que a algún técnico despistado le tiemble el dedo y rectifique el disparate. Sin VAR, el club de los pagos a Negreira vuelve a su estado natural: campo libre, pistola desenfundada, manos arriba y la caja registradora sonando.
La competición, por tanto, queda adulterada. Así de sencillo. En unos partidos hay VAR y en otros no, y casualmente en los que no hay VAR es cuando aparece el atraco de manual a favor del mismo de siempre. ¿Qué clase de Liga puede presumir de igualdad cuando los equipos modestos juegan sin red y el club del Régimen se beneficia de esa ausencia como un trilero en la Plaza Mayor?
Lo de hoy es esperpento puro. Valle-Inclán resucitado en Vallecas, con el VAR roto como gag final de un sainete. El Rayo Vallecano, modesto, peleón, de barrio, se encontró luchando contra once jugadores y un árbitro que llevaba bajo la camiseta el manual de instrucciones del Camp Nou, sin posibilidad de recurso tecnológico. Y a partir de ahí, ¿qué competir, qué justicia, qué regeneración?
El fútbol español sigue siendo rehén de la organización que lleva décadas condicionando resultados, ligas y prestigios. Busquets Ferrer se ha estrenado como estrella mediática de la regeneración
No hay regeneración posible cuando el sistema sigue funcionando con las mismas claves: miedo, obediencia y prebenda. Lo de hoy demuestra que no hay árbitro “nuevo” ni “limpio” ni “regenerado”: todos, al final, pasan por el aro. El que no pita penalti inexistente en Vallecas, no sube. Y el que lo pita, asciende. Y si además ese día el VAR está convenientemente estropeado, el negocio redondo.
El fútbol español, por tanto, sigue siendo rehén de la organización que lleva décadas condicionando resultados, ligas y prestigios. Busquets Ferrer se ha estrenado como estrella mediática de la regeneración, pero ya ha demostrado que su verdadero papel es otro: ser un eslabón más de la cadena. Y lo peor es que el próximo en llegar hará exactamente lo mismo, porque así funciona esta maquinaria podrida.
Regeneración, dicen. Y yo me río. Lo de Busquets Ferrer ha sido la confirmación de que no hay regeneración que valga: solo hay continuidad, descaro y sumisión al Régimen culé. Con o sin VAR, pero sobre todo sin él, la Liga española sigue siendo lo que siempre ha sido: un atraco a mano armada con el árbitro de cómplice.
Me despido como siempre, con la indignación de siempre, con la pesadumbre de que todo esto va a ser inútil porque después de dos años NO HA PASADO NADA, pero con la frase de nuestro Javi. Ser Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. Hala Madrid.
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La polivalencia es una virtud. Según la RAE, alguien polivalente es aquel que vale para muchas cosas. Sin embargo, esto no significa que el sujeto al que se le atribuye esta característica sea igual de bueno desempeñando diferentes tareas, aunque sea capaz de realizarlas.
Llevado al fútbol, un jugador puede cumplir en otras posiciones que no sean la suya. Pero esto no tiene por qué venir acompañado de que rinda igual de bien de lo que lo haría si jugara en su posición original.
Son pocos los casos en los que un jugador es capaz de rayar a un nivel similar en diferentes posiciones y que su nivel sea, como mínimo, de notable. Y lo más curioso del asunto es que, en el Real Madrid, tenemos dos ejemplos muy recientes: Federico Valverde y Eduardo Camavinga.
La posición idónea de estos dos jugadores es la de interior y pivote, respectivamente. No obstante, los hemos visto jugar a gran nivel como laterales derecho e izquierdo, respectivamente. De hecho, con Valverde surge siempre el chascarrillo de que solo le queda ganar una Champions como lateral, dado que ya ha ganado una jugando como falso extremo, y otra formando un doble pivote con Kroos.
Un concepto que deriva de la polivalencia es la reconversión, que consiste en cambiar la posición original de un jugador para intentar desarrollar su máximo potencial en otra, y que juegue en esta nueva posición de manera habitual. A lo largo de la historia del fútbol han existido reconversiones que cambian carreras, como la de Sergio Ramos del lateral derecho al central, o la de Andrea Pirlo,de mediapunta a organizador.
La polivalencia es una virtud. Según la RAE, alguien polivalente es aquel que vale para muchas cosas. Sin embargo, esto no significa que el sujeto al que se le atribuye esta característica sea igual de bueno desempeñando diferentes tareas
Sin embargo, en la plantilla actual del Real Madrid no hay ninguna reconversión posible a corto plazo. A pesar de ello, en los últimos días he leído bastantes peticiones de probar a Huijsen en otras posiciones por su gran calidad con el balón en los pies. Y me gustaría comentar algo al respecto.
Dean Huijsen es central. Puede parecer una obviedad, pero para algunos no lo es. Durante estos días, ha aflorado un debate en redes sociales sobre si Xabi Alonso debe utilizarle como pivote por su gran capacidad de sacar el balón jugado, a fin de intentar ganar mayor fluidez en el centro del campo. Esto es algo que me parecería un craso error. Huijsen no es pivote. Lo que hace especial a Dean es precisamente esa pulcritud a la hora de jugar el balón siendo central. No es habitual ver un defensor con tanta destreza a la hora de distribuir el juego.
Es lo que me gusta denominar como "jugador trampa". En este caso, hablamos de un central que, además de ser un privilegiado en todo aquello que se le pide a un defensa, cuenta con atributos y virtudes que se le presuponen a un centrocampista.
Tenemos varios ejemplos parecidos en la historia reciente del Real Madrid. Una de las teorías más escuchadas en los últimos años era la que planteaba a Marcelo como extremo. Todos recordamos a Marcelo como un jugador muy creativo, capaz de inventarse jugadas propias del típico extremo brasileño “gambetero”. Y eso es precisamente lo que hacía tan diferencial a Marcelo. Que siendo lateral tenía virtudes que se le atribuyen a un extremo.
Pero era el propio Marcelo el que resaltaba esta evidencia. Él mismo, en una entrevista, aseguraba que era lateral y que, si le probaban en posiciones más adelantadas, su fútbol se vería muy resentido porque se sentiría perdido en el campo.
Huijsen no es pivote. Lo que hace especial a Dean es precisamente esa pulcritud a la hora de jugar el balón siendo central. No es habitual ver un defensor con tanta destreza a la hora de distribuir el juego
Otro ejemplo es el de Benzema como mediapunta por detrás de un nueve. Lo que hacía especial a Karim, aparte de facturar siempre muy buenas cifras como si fuera un delantero centro, salvo un par de temporadas, era su sobrenatural entendimiento del juego y su inigualable capacidad para asociarse con cualquier compañero. Se decía siempre que era “un 9 con alma de 10”. Y eso era, efectivamente. Benzema tenía que partir de la posición del nueve para generar incertidumbre en los centrales y de esa manera poder bajar a zonas en las que combinaba con los centrocampistas. Era un verso libre, pero partiendo siempre desde la punta del ataque.
Algo parecido ocurre con Huijsen. En sus primeros partidos hemos visto situaciones en las que conduce prácticamente hasta la frontal del área rival, o en las que se sitúa muy cerca de los centrocampistas para servir de apoyo. Todo eso es posible porque lo hace partiendo desde la posición de central. Pero no es algo que se pueda forzar intentando que inicie como pivote. Es un añadido más a su juego que sirve para desconcertar a los rivales y generar superioridades.
Al jugador no hay que pedirle algo que no es. Simplemente, hay que dejar que su talento y sus propios automatismos se amolden al equipo para intentar sumar y generar ventajas.
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Buenos días, amigos. El título de nuestro portanálisis de hoy no es ningún plagio del de una película de Eric Rohmer ni constituye una categoría de premio en el Festival de Cannes.
Es menos intelectual y menos francés de lo que suena, pues de hecho son palabras de un señor canario, Juan Luis Pulido Santana, a la sazón árbitro de VAR que ayer, durante el partido Real Madrid-Mallorca, tras producirse el tercer gol blanco, que habría constituido el 3-1, llamó al colegiado de campo Sánchez Martinez para recomendarle “una revisión de una potencial mano PARA PODER anular el gol”.
De todo esto, en lo que ahora abundaremos, apenas dan cuenta las portadas de As y Marca, las cuales se centran en remarcar, con toda justicia, el notable logro de Xabi Alonso y su equipo. 9 de 9 puntos cuando realmente aún estamos en pretemporada es toda una hazaña, y nos permite irnos al malhadado parón con la satisfacción del deber cumplido. Aquí podéis leer la crónica de Genaro Desailly, las notas a nuestros jugadores de Athos Dumas y (precisamente) la valoración arbitral a cargo de Alberto Cosín.
“Tres goles blancos anulados por el VAR, uno de ellos por una mano, interpretable”, dice Marca en letra pequeña. Aparte de que la redacción de la frase no es la mejor, de interpretable nada. El reglamento dice que el gol se anulará si la mano del atacante, sea voluntaria o involuntaria (la de Güler es involuntaria), es “inmediata” al gol. La de Güler no lo es, por cuanto medía un rechace del portero entre la mano y el remate final.
Pero el sistema no podía dejar que el Madrid llegara tranquilo al final del partido. Por eso Pulido Santana llamó a Sánchez Martínez, a fin (insistimos) de que evaluara “una potencial mano PARA PODER anular el gol”. La cláusula de finalidad no tiene precio.
Este diálogo lo conocemos merced a la publicación del audio de la conversación entre ambos trencillas, y lo peor no es lo de “para poder anular el gol”, sino que Pulido Santana le indica a su compañero que él aprecia “una cierta inmediatez” en la mano. Una cosa que no solo suena científica de cojones con perdón (“una CIERTA inmediatez”), sino que además solo sirve justamente como argumento falaz PARA PODER anular el gol, por cuanto no hay inmediatez alguna como ha sido explicado.
Diálogo de esta mañana en el chat de La Galerna.
-¿Cómo se mide la inmediatez?
-Por el color de la camiseta.
A todo esto, los dos goles anulados a Mbappé por fuera de juego, especialmente el primero, son por una uña pulcramente cortada, y las repeticiones nos llegan con increíble retraso y escasísima fiabilidad, como siempre. Tan científico todo como apuntar a “una cierta inmediatez” en la mano involuntaria de Güler en el tercer tanto, también anulado.
Y así están las cosas. Este es el sistema putrefacto en el que estamos instalados. El Bernabéu cantó “Negreira, Negreira”. Lógico. Alguien aquí ha minusvalorado la tolerancia del madridismo ante la continuidad de la corrupción. Al madridismo se le está exigiendo que trague no solo con la impunidad del caso Negreira, sino con el evidente continuismo de todo lo negro y negreiro. El madridismo, en definitiva, experimenta “una cierta inmediatez” entre todo esto y la altura de sus gónadas.
Os dejamos con la prensa cataculé, que esta a vueltas con Fermín en los últimos estertores del mercado.
Pasad un buen día.
PD: Prodigioso Atleti, que logró su segundo punto en la competición merced a un gol en fuera de juego.
Courtois: Aprobado. Vendido en el espaldazo de Muriqi.
Trent: Notable. Con su pie derecho de seda creó mucho peligro, y salvó cruzándose un gol cantado. Su mejor partido por ahora.
Militao: Aprobado. Algo impreciso en el primer tiempo, luego fue mejorando.
Huijsen: Aprobado. Clave su asistencia de cabeza a Güler para lograr el empate. Estuvo menos preciso que de costumbre.
Carreras: Notabla alto. Fue el mejor, incansable atacando y un valladar defendiendo. Evitó el empate a 2 en un despeje formidable debajo del arco.
Valvrede: Aprobado. Siempre cumple, aunque últimamente se le echa de menos en ataque.
Tchouaméni: Notable. Por su territorio no pasa nadie. Impecable en el pase.
Güler: Notable. De menos a más. Tras empezar fallando un par de pases, fue de los mejores. Goleó dos veces, aunque Sánchez le birló su segundo gol que daba la tranquilidad.
Mastantuono: Aprobado.Como Güler, empezó nervioso. Luego fue mejorando, la pide siempre. Magnífico su detalle en el gol anulado a Arda.
Mbappé: Aprobado Alto. El árbitro le sacó del partido al anularle dos goles, del primero aún estamos esperando una repetición decente.
Vinicius: Notable. Marcó el gol decisivo tras una jugada estelar. Va mejorando y pareciéndose al Vini que todos adoramos.
Brahim: Aprobado. Lo intentó todo.
Ceballos: Aprobado. Dio temple en los minutos finales, con el marcador en el aire.
Carvajal: Aprobado. No mejoró a Trent.
Rodrygo: Aprobado. Sin tiempo, aunque caracoleó con su clase acostumbrada.
Gonzalo: sin calificar.
Xabi Alonso: Aprobado Alto. Cambió oportunamente a medio equipo, que estaba acusando el cansancio y la falta de pretemporada.
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Arbitró José María Sánchez Martínez del colegio murciano. En el VAR estuvo Pulido Santana.
Cuando viene el trencilla de Lorca al Bernabéu hay que echarse a temblar y esta vez no fue menos. Barra libre del Mallorca para hacer faltas sin ser advertidos y amonestados y tres goles anulados a los blancos.
Los dos primeros goles anulados fueron en fuera de juego de Mbappé. El primero en el antiguo testamento era jugada en línea. Ahora, con una centésima del frame, puede ser fuera de juego por un pelo como indicaron las imágenes. No hay fe para creer. El segundo del francés sí pareció más claro con medio cuerpo por delante del último defensor.
Los dos amonestados del choque fueron los dos centrales madridistas. Ambas cartulinas justas; una a Huijsen por agarrar a Darder y otra a Militao por derribar a Virgili cuando se marchaba. Pero en los visitantes también la merecieron hombres como Morlanes y Darder que se fueron exentos.
También estuvo desatinado en algunas faltas claras no señaladas, y en un tiro de Mastantuono que era córner, pero no lo señaló.
La gran jugada polémica del partido fue el tercer gol. A Arda le toca el balón en la mano tras un despeje de Raíllo, pero no acaba en gol sino en parada de Román cuyo esférico le vuelve al turco que esta vez sí anota. Tras charlar con el VAR y verlo en el monitor pitó mano inmediata, algo tremendamente debatible, y no subió al marcador. Es una norma que aparece en la circular que se publica antes de cada temporada y que es otra acción del nuevo testamento bastante inexplicable. Y, como me recordó mi amigo Manuel Matamoros, necesita una revisión de la RAE porque en todo caso sería con la acepción mediata.
Sánchez Martínez, DESESPERANTE y PARA OLVIDAR.
En un encuentro mayormente plúmbeo, resuelto en dos minutos de arrebato en el primer tiempo y marcado por los tres goles anulados a los blancos, el Madrid se fue al parón de selecciones con 9 de 9. Meritorio teniendo en cuenta que el equipo de Xabi, hasta el momento, ha estado básicamente de pretemporada. Normalmente no se ganan partidos oficiales en pretemporada, pero con Tebas todo es posible.
El partido se presentaba como la reválida ante los ojos del Bernabéu de las buenas sensaciones transmitidas por el Madrid en Oviedo, y para aprobarla presentó Xabi una alineación que se parecía más a la de dicho partido que a la Osasuna, aunque con Militao y Vinicius de inicio. Repetía Mastantuono, en quien tenemos depositadas tantas esperanzas (pese a lo que a la postre sería hoy un mal partido suyo).
El partido comenzó con el dominio previsto por parte de los blancos y la presión alta ya ensayada. Al filo del minuto de Juanito, Trent metió un balón de ensueño a Mbappé, que controló como solo él sabe y batió a Leo Román. Sánchez Martínez pitó fuera de juego por el blanco de la uña del pie pequeño de Kylian, y ya no se vio una repetición buena hasta mucho más allá de que el cronista cerrara este párrafo. Cuando decimos buena, no decimos convincente. Ya conocemos la canción del verano: “pongo frame, quito frame”.
Las buenas sensaciones, en todo caso, proseguían en los primeros compases, pero la gran organización defensiva de los mallorquines impedía la creación de ocasiones y hacía que se apagaran gradualmente. Güler y Mastantuono estaban imprecisos y el Mallorca trataba de dormir el partido. En un córner que tardaron una vida en sacar, Muriqi remató con el hombro a gol. Imposible sacarle más rédito a un saque de esquina y a 19 minutos de partido. Primer gol encajado por el Madrid en el campeonato.
Los siguientes minutos acrecentaron la sensación de que el partido iba a costar un mundo. El Madrid ni se acercaba con peligro, pese a un voluntarioso Vinicius. De pronto, estábamos ante un Madrid maniatado y nervioso, precipitado y trémulo. Nadie se atrevía y la imprecisión reinaba. Todo el peligro venía de Vini pese a no estar muy lúcido. Un tiro lejano de Tchouaméni se le escapó a Leo Román y casi se va para adentro, y fue la metáfora perfecta: a la llegada de la pausa de hidratación, reinaba la sensación de que solo un accidente afortunado podía encarrilar el partido. Román, por cierto, tardaba en sacar de puerta una eternidad. El mundo del fútbol espera ansioso que un árbitro saque una tarjeta por esta causa en un momento significativo del encuentro.
El Madrid se había volatilizado, pero todo cambió en dos minutos.
Un córner a favor pasó de Mastantuono a Trent y de este a Carreras, cuyo excelente centro fue tocado por Huijsen en el segundo palo para que Güler remachase de cabeza sobre la línea. Un empate de Güler con la testa, tal como estaba el partido, sonaba hasta bien.
Pero mejor aún sonaría lo siguiente, porque fue una aplicación directa de las enseñanzas de Xabi en la presión. Robaron entre Carreras y Valverde y Vini se guisó y se comió el contragolpe, regateando en la frontal y marcando con la izquierda.
El repentino 2-1 activó a los blancos, que por poco amplían la diferencia. Trent lanzó un gran disparo que rozó el poste y, tras una gran acción entre Vini y Güler, a Mbappé le faltó instinto para marcar. Sí lo hizo a renglón seguido tras otro gran robo de balón de Vini, pero anotó en fuera de juego según el árbitro. Lo estaba.
Todos se habían reactivado, hasta hacer pensar que el descanso iba a llegar en mal momento. Una gran incursión de Güler la repelió el portero mallorquinista. Era otro Madrid. Pena, porque el descanso llegó.
El descanso llegó y, en efecto, fue anticlimático. El Madrid volvió al campo laxo y con cierta sensación de holgazanería. Como el Mallorca tampoco cambiaba su planteamiento (muy defensivo, pero claro, estaba a un gol de empatar y podía confiar en una jugada aislada), se dieron cita minutos de gran sosería. Una acción en el 55 nos sacó del eventual sopor. La primera gran maniobra de Mastantuono en el partido acabó, tras un doble rechace, en gol de Güler, pero como en el primer rechace tocó en su mano en un movimiento reflejo, Sánchez Martínez lo anuló a instancias del VAR. Tercer gol anulado a los madridistas. ¿Bien o mal anulado? Solo sabemos que al club cliente de Negreira se lo habrían concedido.
Este incidente enrareció el ambiente, y pudo enrarecerse más aún si Trent no se hubiera cruzado providencialmente en una buena jugada del Mallorca con el balón rozando el gol. El partido estaba incómodo y al Madrid le faltaba ya el fuelle. Muy poco después, tuvo que ser Carreras quien se pusiera el traje de superhéroe, sacando el balón de la línea cuando ya se colaba. Era evidente que el Madrid a duras penas aguantaba sus propias piernas y hacía falta frescura. A tal efecto introdujo Xabi a Brahim en lugar de un desacertado Mastantuono, y luego metió a Ceballos, Carvajal y Rodrygo por Vini, Güler y Trent. Cambios de quien busca aguantar un marcador favorable. Brahim chutó bien en su primera intervención y Carvajal mostró su brío legendario.
Llegó la segunda pausa de hidratación con la esperanza de que sirviera de punto de inflexión, como la primera. No fue así pese a la pujanza de Brahim. El Madrid navegaba entre la idea de buscar el tercero con algo más de ahínco y dormir el partido con el sopor de Ceballos. Rodrygo lo intentaba y mostraba su clase. Había tensión en el ambiente, sobre todo por lo ajustado del marcador. De manera ingenua, Huijsen cedió un córner que trajo malos presagios, pero no pasó nada en la jugada.
De hecho, no pasó nada más, salvo la sustitución de Mbappé por Gonzalo.
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El Madrid siempre vuelve y con él vuelve el fútbol, la alegría más sencilla y más universal de mi casa. Espero el fin de semana, espero la jornada de Champions (que ya se asoma al doblar la esquina) y mi vida —que a despecho de los pesimistas profesionales de esta oscura era que vivimos, me sigue pareciendo una maravilla— adquiere el matiz más blanco, noble y profundo de cuantos puedan percibirse con esos ojos que decía Saint-Exupéry tiene el corazón de los hombres. El Bernabéu se enciende y late. La atención del mundo tiene de nuevo un foco en dónde posarse y es por ello por lo que nosotros también volvemos, dispuestos a mirar el drama sin final de la gloria jugada en el albur de los once locos del balón. Volvemos también a padecer el agobio de una eterna injusticia, porque nunca se nos ha de olvidar que la malignidad opera contra todo lo que es bueno y brilla. Jugamos un juego de reglas corrompidas, de jueces venales y de una muchedumbre de anencefálicos (propios y ajenos) recomida por el rencor y la más llana estupidez. No importa. Siempre ha sido así. No hay odios nuevos frente al héroe eterno.
Por el momento nada se puede hacer sino apelar a la nobleza, al poder de la voluntad, al apetito del triunfo legítimo y a la esperanza de que la insolvencia moral de nuestros adversarios algún día reciba el repudio popular y el escarmiento merecido en los tribunales.
Ahora mismo, al escribir estas palabras ya se han cumplido dos jornadas de la pringosa liga Negreira. Los que saben o creen que saben afirman que el equipo es otro, que muestra intenciones de juego inexistentes la temporada pasada, que hay un estratega al mando y que en Valdebebas se ha instalado, después de un periodo de afables grisuras, la ley de eso que han dado en llamar “fútbol moderno”. Espero que sea así si esto ayuda a ganar partidos y títulos; si al final del camino, por bellas que sean las cabriolas y sofisticadas que sean las ideas, no hay una corona con el nombre del Real Madrid escrito en ella, no me interesa absolutamente nada el asunto. Siguen por ahí los mentecatos que suponen que la estética puntúa los domingos. Se equivocan, lo que se premia en el deporte es la eficacia, se sabe. Pero esto apenas comienza y queda mucho por jugar. Me exijo a mí mismo el rigor de la “ardiente paciencia” nerudiana. Es menester atestiguar el devenir natural de los acontecimientos para juzgar con prudencia, como siempre deseo hacerlo (aunque a veces se me adelanten los hígados), el desempeño de nuestro equipo en esta liga 2025-2026. Ya lo veremos en su momento y su lugar precisos.
nada se puede hacer sino apelar a la esperanza de que la insolvencia moral de nuestros adversarios algún día reciba el repudio popular y el escarmiento merecido en los tribunales
Mientras tanto baste afirmar que yo no soy profeta, no sé qué va a pasar, pero sé bien lo que deseo que suceda. Espero que el equipo tenga clara la convicción de triunfo, la serenidad para enfrentar las crisis (que siempre llegan), el carácter para resistir en la trinchera cuando toque hacerse fuerte ante adversarios poderosos. Esto a mí me basta, sea cual sea el resultado. El fútbol me apasiona porque acaso sea el espejo más preciso de la vida: abunda la injusticia, la tragedia, la sorpresa que nadie había anticipado, los finales tristes y también (que tampoco somos masoquistas) las alegrías, que en el caso del Madrid son más dulces y continuadas que en ningún otro lugar. Incluso hay algunos casos de generosidad y magnanimidad, hay que decirlo. Yo, que por formación, decisión y convicción tengo una lectura tecnocrática de la realidad, me despojo de todo antojo cuantitativo ante el rectángulo verde y me dejo tomar por el sopor de las pasiones. En esto, como en tantas cosas de la vida, no soy nada original.
Para concluir, les cuento algo liberador. Este curso he decidido prescindir de toda influencia virtual en lo que tiene que ver con el Real Madrid: me desconecto casi por entero. Seguiré, por supuesto, leyendo La Galerna, donde se confirma día tras día que el texto escrito es ahora mismo el último reducto de la racionalidad y la prudencia, con mi pluma como la excepción que confirma la regla y cuya inclusión solo puede entenderse gracias a la generosidad de don Jesús Bengoechea. Me desenchufo, pues, de toda influencia de “creadores de contenido” y de los medios tradicionales, que asesinaron antes que nadie al periodismo. He decidido desconectar la máquina de hacer ruido. Que la selva de gritos y locura siga a lo suyo, pero lejos de mí. Yo solo veré los partidos, que es lo único que me importa. El imperio de la absurdidad mediática me resulta ya completamente irrespirable, además de que es totalmente accesorio, innecesario. Me voy haciendo viejo y cada día de vida se me ha vuelto más precioso, así que no pienso entregárselos. Para escuchar simplezas, amigo mío, me sobran y me bastan mis propias cavilaciones.
Nota Bene: Si ellos siguen, yo también. El acoso a Vinicius Jr., jugador nuestro, aunque a muchos esto parece importarles poco, continúa viento en popa a toda vela. El brasileño es la víctima de un ejercicio de escarnio sistemático y permanente que solo puede ser cultivado por gente miserable, gente sin alma. Esta campaña de machacamiento refleja a las claras el nivel de sociopatía imperante en una edad oscurecida como la nuestra, un tiempo infame en donde grandes sectores de la población se solazan en la práctica sostenida y pública de la crueldad; no se abochornan porque hemos perdido la brújula moral: la culpa y el remordimiento son ahora mismo piezas de un imaginario museo de la ética. No me importa, moriré con la mía. A los canallas hay que señalarlos; las injusticias deben ser mencionadas un día detrás del otro, aunque este mundo nuestro –enloquecido y putrefacto– sea hoy completamente ciego ante ellas. Los medios iniciaron una campaña de persecución infame sin otro incentivo que el de siempre, el dinero. Nunca es complicado conseguir algunas monedas a costillas del Madrid si quien las busca no tiene escrúpulos, ¿verdad? Su maquinaria de lucro indecente se alimenta del combustible más atroz: la carne humana. Ellos también volverán y aquí estaremos también nosotros, hasta el final de los tiempos, para mirarlos fijamente a la cara.
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