Las mejores firmas madridistas del planeta

Hace ya algunos años, en una entrevista en El País, el bueno de Leo Beenhakker dejó algunas perlas que conviene rescatar en estos tiempos de zozobra. Una de ellas es especialmente significativa y nos habla de la importancia de los líderes y el espíritu ganador en los grupos. Relataba el neerlandés que, en una ocasión en la que el Madrid vivió toda una odisea para disputar un partido en el norte —con dos desvíos de avión, un regreso a Madrid y viaje en tren con camas incluido—, Camacho le pidió permiso para tomar la palabra en la charla previa al partido. Y lo hizo para dirigirse al por entonces emergente líder una generación que iba a marcar historia, Emilio Butragueño: “¡Oye, tú! ¡Nene! ¿Estás cansado? ¿Y qué? ¿Qué pasa? ¿Que el equipo tiene que pagar la cuenta porque tú estás un poquito cansado? ¡A tomar por culo! ¡Estamos rotos, pero pase lo que pase, aquí no vamos a perder! ¡De ninguna manera!”. Y no perdieron. El partido fue horroroso, pero los madridistas ganaron por la mínima: 0-1.

“Se creó un ambiente triunfador porque había un auténtico equipo. Las emociones de todos iban unidas”, destaca Beenhakker en la conversación. En esta frase, que abandona las páginas de los libros de autoayuda para convertirse en capital cuando manejas un vestuario, está el quid. Si lo tienes todo, jugadores de nivel y un cuerpo técnico a la altura, pero no hay ambiente de victoria, no tienes nada; si te falta algo, calidad o un fútbol fluido, el impulso de la unión siempre te hará alcanzar cotas inimaginables previamente.

El primer técnico extranjero en lograr tres Ligas de manera consecutiva y último del Madrid en conseguir dos seguidas concluye para el mármol: “Tuvimos malos días, pero jamás perdimos un partido por motivos extradeportivos”.

Guardemos las antorchas y veamos lo que se puede salvar y lo que se ha de reconstruir, porque siempre será más sencillo edificar desde los cimientos que hacerlo sobre las cenizas

Ahora que arrecian los francotiradores con blancos favoritos, principalmente el entrenador más laureado de la historia de la casa blanca, sería buen momento para reposar la ira, obviar a los que tenían las soluciones antes de que aparecieran los problemas y realizar un análisis completo y profundo de las carencias del equipo. Porque, no nos engañemos, con todas las deficiencias más que evidentes, instantes antes del inicio del partido contra el Arsenal en el Bernabéu se podían contar con los dedos de una mano aquellos que no creían en la remontada.

Así que guardemos las antorchas y veamos lo que se puede salvar y lo que se ha de reconstruir, porque siempre será más sencillo edificar desde los cimientos que hacerlo sobre las cenizas.

 

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El Madrid homenajea a Márquez, el 93. ¡Enternecedor!

 

Es pura ternura el Madrid. Emoción tierna, conmovedora. Que ablanda el corazón, dice un libro que tengo a mano. Hay muchos adjetivos que se le pueden aplicar, enternecedor es indiscutible.

Está también ese puntito sádico. Lo último fue tremendo. El baloncesto ganó por un punto a un estupendo Andorra, el equipo del estupendísimo Joan Plaza. El fútbol, pues eso.

El baloncesto evitó la prórroga porque el cañonero Kuric pisó con la puntita la línea de tres. Parecido al órsay que le pitaron después a Endrick, vamos. Como el Madrid ganaba por eso, por tres, se conformó ganando por uno. Tremendo. Y ahora el Olympiakos: Ave María Purísima.

Lo del fútbol tiene una gran lectura. Sólo una gente así de especial es capaz de sufrir lo del miércoles, sentarse el sábado ante la tele, ver el Barça-Celta y salir el día siguiente dispuesta a dejarse la piel en pos de un imposible: ganar esta Liga. Igual ustedes no lo saben, pero no la gana ni jugando el líder sin portero lo que queda. Enternecedor.

No les voy a marear con lo del penalti de Montjuïc. Mi conocida generosidad me anima a admitir que lo fue. No discutamos. Penalti. ¿Pero y todo lo otro? Penalti tras revisión. Bellingham no tuvo esa suerte, por cierto. Pero sí. OK, háganme caso: penalti al inscrito Olmo. ¿Pero y todo lo otro? Revisión cero, insisto. Como lo de Jude, vuelvo a insistir.

Igual ustedes no lo saben, pero el Madrid no gana la liga ni jugando el líder sin portero lo que queda. Enternecedor

No estoy de acuerdo por tanto con quienes claman por lo sucedido en el partido de Barcelona. No lo vi en directo, uno se cuida. Un resumen me bastó: no hubo nada raro. Lo que pasó fue normal…

Pues va el Madrid, se lo traga y horas después sale a jugar como si na. Como si disputara una Liga seria. Se planta en el estadio, se viste y sale tan pancho, ¡hola, Puskas! Enternecedor.

Y se tira picando piedra más de hora y media buscando dos imposibles. Uno, ganar a los Leones, lo parecía. El otro, revalidar el título. Insisto: nadie hace por la Liga más que él.

Debió marcar mucho antes. Lo hizo en el 93, fue un homenaje a Marc Márquez, el 93 con alas. Otra cosa son ganas de molestar. Marc lo merece. Marc es dos cosas: culé y uno de los nuestros. ¡Viva Márquez!

Pues eso, que en el 93 apareció Valverde y alargó esta agonía. Sabe perfectamente el Madrid que esta pelea la tiene imposible. Pero ahí lo tienen. Memorable tras el gol el rugido de jugadores, técnicos, niños, militares sin graduación: el pueblo.

¡Qué maravilla la gente de este club que sigue emocionándose con estas cosas! Lo suyo sería que al Bernabéu se llegaran guiris y similares, y más en Domingo de Resurrección. Socios, si acaso para cumplir una promesa, no se me ocurre cuál. Pero madridistas con las cuatro reglas, esos por la tele, si acaso.

Cómo nos explican que una cosa es penalti y la otra no, eso es expulsión y aquello otro, ilusión óptica. ¡Y dicen que el fútbol es caro! Los partidos del Madrid, no les cuento los del Barcelona, no tienen precio

Es cómodo y asegura la carcajada, además. Cómo nos explican que una cosa es penalti y la otra no, eso es expulsión y aquello otro, ilusión óptica. ¡Y dicen que el fútbol es caro! Los partidos del Madrid, no les cuento los del Barcelona, no tienen precio.

Pues eso. Que siguieron los tíos empujando y en estas apareció Valverde con esa piedra de Supermán que Dios le dio y ñaka. Y hala, ahora a Getafe el día después de que el Barça reciba al Mallorca, pobres gentes. El punto sádico.

Tengo buena relación con el entrenador mallorquinista, el gran Jagoba, y con Darder, el cerebro del equipo. Hoy mismo les recordaré que se acerquen a Montjuïc sin relojes, cadenas, anillos, pulseras… Lo saben, claro. Pero a la gente que aprecias tratas de recordarles estas cosas con el noble objetivo de evitarles disgustos.

El Madrid, decía, el miércoles a Getafe, lo que tiene una ventaja: pueden ir en taxi desde sus casas. Y luego, la final de Copa. Podrían hacer lo mismo. O meter 15 taxis en el AVE, todo lo que sea despelote será bienvenido. Del partido, lo que más me pone es si serán capaces de 'hacerlo' delante de SM El Rey. Lo harán. El misterio es cuántas veces.

De la final de Copa, lo que más me pone es si serán capaces de 'hacerlo' delante de SM El Rey. Lo harán. El misterio es cuántas veces

Ah. Según The Objective podría archivarse lo de Negreira por un asunto formal. Oigan: muy razonable. Formalísimo ha sido y mucho. Una cosa formal es una cosa seria y eso no admite discusión.

Propongo que sea antes de la final, en cuanto acabe el himno. Que salga el secretario del juzgado y diga ‘urbi et orbi’, ¡se archiva! Desde el ¡ha prescrito, ha prescrito! de Tebas tras conocerse la cosa no se habrá visto nada igual. No entiendo cómo muchos de ustedes se toman esto a pecho.

 

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En La importancia de llamarse Ernesto de Oscar Wilde, Jack reconviene a Algernon: “No me explico cómo puedes estar ahí sentado, comiendo magdalenas tranquilamente cuando nos encontramos en un lío tan terrible”. Algernon, intenta razonar: “Bueno, no puedo comer magdalenas agitado. Probablemente me mancharía los puños con mantequilla. Siempre hay que comer magdalenas con calma. Es la única manera de comerlas”. Pero Jack insiste: “Te digo que es completamente inhumano comer magdalenas en las circunstancias actuales”. Algernon defiende finalmente su apetito: “Cuando tengo algún apuro, lo único que me consuela es comer”.

El madridista es de sangre caliente. Está bien que sea así. Por eso nunca tenemos el pecho frío. Sin embargo, de la justa indignación a la injusta desesperación hay un paso estrecho, y veo a muchos entregados al innoble ejercicio de prenderle fuego a todo. Apaguen la pira. Relájense. La temporada no ha terminado. También en eso debemos mostrar que luchamos hasta el final. Sirvámonos unas malditas magdalenas.

La eliminación de la Champions fue un palo, cierto, pero lo que me preocupa es que la indignación más salvaje estalló después de la vuelta, al ver que no había remontada. Es decir, había más enfado en el madridismo por no remontar un 3-0 que por haberlo encajado en la ida. A veces se nos olvida que para cualquier equipo ese resultado en la ida sería equivalente a una eliminatoria cerrada. Que el Madrid haga milagros a menudo no debe sacarnos de la realidad hasta el punto de considerar el milagro, algo extraordinario, como si fuera algo ordinario. La Champions se perdió en la ida, si es que podemos admitir que nuestro fútbol esta temporada era el de un equipo favorito a conquistar Europa. Y, con todo, una minúscula taza de suerte que nos fue negada —un gol tempranero, incluso un gol en su campo— habría obrado la remontada en la vuelta. Qué más da ahora.

de la justa indignación a la injusta desesperación hay un paso estrecho, y veo a muchos entregados al innoble ejercicio de prenderle fuego a todo. Apaguen la pira. Relájense. La temporada no ha terminado

Se acerca el momento de las conclusiones, pero todavía no ha llegado. Aunque culmino estas líneas a unas horas del partido contra el Athletic, la Liga está abierta, o al menos todo lo abierta que puede estar para el Real Madrid esta corruptísima competición cuyos responsables parecen haber elegido ya al ganador hace meses. La Copa está a la vuelta de la esquina y el hecho de que sea contra el equipo ungido por los dioses del Negreirato supone, no ya un aliciente, sino un imperativo blanco: después de la triste eliminación en Champions y las humillaciones en Liga, estos jugadores deben vengarse del destino ganándole la final al Barcelona, si el colegiado nos lo permite, o incluso aunque no lo permita.

Y luego, más al fondo, vendrá el Mundial de clubs del que todavía nadie sabe qué decir, si es un trofeo interesante o si se trata de una tontería más próxima a las copitas regionales de pretemporada que a las competiciones que uno imprime en su camiseta.

A quienes tienen urgencia por cambiar de ciclo en el banquillo, les pediría también un poco de calma. En pocas semanas resolveremos las dudas sobre la presente campaña, y ojalá la despedida de Carletto no sea por inmerecidos malos resultados, sino por agotamiento de la fórmula maestra.

estos jugadores deben vengarse del destino ganándole la final al Barcelona, si el colegiado nos lo permite, o incluso aunque no lo permita

Tras la Copa y la Liga, y con independencia de ambas, sí será tiempo de reflexionar. Todos sabemos, algunos lo hemos escrito ya a comienzo de temporada, que la mayor diferencia entre el Real Madrid de la pasada campaña y el actual es que ha dejado de ser un equipo. No creo que tal cosa sea causada por una sola razón, ya sea la llegada de Mbappé, el agotamiento de Ancelotti, el adiós de Kroos y las lesiones, o el juego entre melancólico y apático de Vini. Más justo será admitir que todo ha influido y quizá sea necesario analizarlo en detalle antes de ir a lo importante, que es decidir de qué modo puede solucionarse.

Y ya estoy cayendo en lo mismo que quiero evitar. Llegará el momento de destripar la temporada. Pero ahora, a 20 de abril, no hay nada nuevo, salvo que no hemos logrado remontar un 3-0 en casa, una gesta que iba contra el fútbol y la lógica. De modo que es tiempo de relajarse, seguir apoyando a los nuestros para que ganen todo lo ganable para la sala de trofeos, abrir un gran paquete de magdalenas, y mantener la calma. El Real Madrid no debería olvidar que su papel, en este momento, es ser el Algernon de Wilde. Y seguir comiendo.

 

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Buenos días. El fútbol es una estafa. Probablemente siempre lo haya sido, en tanto en cuanto que es un invento humano, y ya sabemos cuál es la naturaleza de algunos hombres, que lo mismo se compran un inspector de Hacienda que un vicepresidente del CTA que un órgano. Pero ahora, paradójicamente cuando hay más medios de control, la estafa es mayor.

Cada jornada queda patente, no es necesario nada más que observar el diferente criterio arbitral para decidir las jugadas importantes del partido del Real Madrid en comparación con las del Barcelona. Además, la realidad es caprichosa y en no pocas ocasiones se suceden, en cuestión de horas, dos acciones calcadas resueltas de modo opuesto. Si el protagonista es el inscritísimo Olmo, penalti; si es Jude, residual (residual es el cerebro de algunos). Si empuja Raphinha, el rival hace teatro; si el protagonista es Vini, roja.

«Este es el fútbol moderno», como dijo anoche Ancelotti en rueda de prensa y recoge As en su portada.

Podríamos recurrir a aquello del odio eterno al fútbol moderno, aunque sería más acertado odio inmortal a la estafa actual.

Parte de esa estafa actual es la tecnología del fuera de juego semiautomático. Ayer anularon un golazo a Vini porque, según el aparato, Endrick tenía adelantada unos centímetros la puntita de la bota. Probablemente lo fuese, pero hay un problema, que no nos han demostrado que estuviese en órsay. La estafa viene porque ahora no se muestra el balón en la jugada, en la justificación oficial solo aparecen los jugadores, y el espectador ha de tener fe en que se haya elegido el momento exacto del golpeo de balón. Y, por lo que sea, tener fe en los árbitros y en quien maneja las imágenes es tarea harto complicada.

Es aterrador que hayamos normalizado que en un fuera de juego no se nos muestre el elemento esencial para decidir si es o no es: el momento del golpeo del balón. Hay tecnología suficiente para mostrar la jugada completa. Si no se hace es por algo.

Aunque no debemos olvidar cómo es el tipo de hincha medio en España.

Para el penalti no pitado por Martínez Munuera a Bellingham no es necesario recurrir a la tecnología, simplemente actuar como si no hubiera pasado. Para ello lo mejor es contar con un profesional como la copa de un pino en estas lides, Carlos Martínez, que sabe torear estas jugadas con maestría. Un auténtico valladar del relato.

¿Por qué no entra el VAR a revisar la patada a Jude? Porque no quieren que el Madrid gane esta liga. ¿Cómo van a querer que venza el torneo el único equipo que aboga por el fin de la corrupción sistémica arbitral gracias a la cual quienes viven del arbitraje gozan de un nivel de vida muy superior a sus capacidades?

Mientras la estafa actual siga vigente, una de las mejores maneras de evitar que te gane los partidos es a zambombazo limpio. Como tituló Genaro Desailly su crónica, «Obús de Valverde al negreirato». Para qué discutir si puedes pelear, que cantaba Loquillo.

«Valverde mantiene viva LaLiga», titula Marca. El trallazo de Fede también ha servido para quitar de enmedio la macroencuesta de los gallardos en la que miserablemente se arrogaban la voz de la afición. Pero como la naturaleza de cada cual siempre asoma la patita, podemos leer esta regurgitación de Juan Ignacio García-Ochoa en páginas interiores.

Si uno se siente cómodo con la manera de proceder de este diario regado con el dinero de quienes quieren hundir el club para después manejarlo a su antojo, que se lo haga mirar.

En lo que respecta a los blancos, la prensa abiertamente del FC Barcelona señala que el Madrid sigue vivo gracias a Valverde. La verdad es que tiene mérito no haber perdido ya la liga por segunda vez después de haberla perdido en febrero cuando tres actuaciones arbitrales dantescas consecutivas ante Espanyol, Atleti y Osasuna descabalgaron a los blancos del liderato. Y sobre todo no haber sucumbido aun cuando el Madrid es la negligencia hecha club y el FC Barcelona es paradigma de todo lo bello y bueno que habita el planeta Tierra.

En clave madridista, lo único cierto es que, después de haber ganado ya dos títulos y haber sido eliminados de la Champions, aún restan por dirimirse otros tres. Y la obligación del Real Madrid es salir a ganar siempre, con independencia de que el fútbol actual sea una estafa, con independencia de lo que piensen sus aficionados e incluso con independencia de que a menudo juegue fatal.

Pasad un buen día.

-Courtois: APROBADO. Casi no fue exigido.

-Valverde: SOBRESALIENTE. Revolvió el partido con un trallazo marca de la casa. El madridismo lo valora mucho, pero ¿suficiente?

-Camavinga: NOTABLE. Excelente segundo tiempo, haciendo valer su exuberancia.

-Rüdiger: APROBADO ALTO. Rocoso.

-Asencio: NOTABLE. Nunca falla.

-Tchouaméni: NOTABLE. Robó infinidad de balones y fue el equilibrio en el segundo tiempo.

-Ceballos: SUSPENSO. Aún no está del todo de vuelta. Pero lo estará.

-Bellingham: APROBADO ALTO. Muy buen segundo tiempo, aun sin suerte en el remate.

-Modric: APROBADO. Sigue habiendo un solo Luka Modric.

-Rodrygo: APROBADO. No llegó a inquietar demasiado.

-Vinícius: NOTABLE. Demostró que no es el problema del equipo. (A este cronista no le hacía falta que lo demostrara).

-Güler: NOTABLE. Muy lúcido en los minutos de los que dispuso.

-Endrick: APROBADO. No entró mucho en juego. Juega acelerado.

-Brahim: APROBADO. Discretos minutos.

-Lucas Vázquez: sin calificar

-Ancelotti: APROBADO. Logró que el equipo reaccionara en la segunda mitad. Algo más precoz en los cambios, afortunadamente.

Arbitró Juan Martínez Munuera del comité valenciano. En el VAR estuvo Cordero Vega.

A Munuera los empujones con dos manos no los considera falta si es un jugador vestido de blanco. Si el destinatario de las entradas es Vinicius directamente ya se da la vuelta para no ver nada. Bastante desesperante en tramos de la primera mitad el trencilla de Benidorm. En esos minutos puso el listón de las tarjetas alto, porque Modrid y Gorosabel con sendos pisotones a Paredes y Vinicius respectivamente pudieron ver cartulina.

La segunda comenzó con esa línea en lo disciplinario, porque Camavinga cortó una contra de Berenguer que era para tarjeta. El primero que vio amarilla fue Unai Núñez por perder tiempo al llevarse el balón tras cometer falta. Le siguió Asencio por derribar a Maroan cuando se iba en el 75'. El último tarjetazo fue Beñat, de forma injusta porque tocó el balón ante Endrick.

Las jugadas polémicas llegaron en los últimos diez minutos. Vinicius marcó gol pero en el centro Endrick molesta a Paredes que cae en la porfía. Tras varios minutos de tensión el trencilla fue al VAR para decidir que Endrick influye en la jugada. Luego, los muñequitos enseñaron que la puntera de la bota de Endrick estaba adelantada.

Pocos minutos después el que cayó en el área fue Bellingham. Núñez le golpea el pie en un balón dividido y es penalti. Más de árbitro de juego que de VAR, pero se han mandado a los colegiados para al menos ver la jugada en el monitor por acciones similares en lo que va de Liga. Al Madrid siempre le sale cruz. La casualidad...

Martínez Munuera, SUSPENSO.

El Real Madrid, tras un gran segundo tiempo, se ha impuesto agónicamente al Athletic Club con un gol estratosférico de Valverde en el descuento.

El ambiente venía torcido a cuenta de la feísima eliminación ante el Arsenal y la infalibilidad futbolisticoarbitral del líder del campeonato, a la sazón club que sobornó al vicepresidente de los árbitros durante 17 años, que se sepa. El público, no obstante, dio de entrada su cara amable y comenzó recibiendo con indulgencia a los suyos, que formaban con un 442 clásico, con Camavinga y Valverde como laterales, Ceballos entre los centrocampistas, Bellingham en lo alto del rombo y los dos brasiniños (ya no tan niños) en la punta. Si el cambio de sistema se debía solo a la baja de Mbappé, y tras su retorno volveremos al infausto 4231 o no, es cuestión que se dilucidará en los próximos partidos.

Decíamos que el público daba su cara amable pero no tanto, pues algunos silbidos contra Vinícius se dejaban oír cuando el brasileño, en los primeros minutos, se mostraba como el atacante más incisivo. Hay dos tipos de imbéciles que venderían a Vini: los que simplemente lo venderían y los que lo harían “con un lacito”. Que vean su segundo tiempo de hoy.

El partido discurría en sus inicios por los derroteros aburridos de tantos partidos de la temporada, con un Atleti bien plantado, un Modric muy activo, un Vini con demasiadas ganas de reivindicarse y cero jugadas dignas de ser llamadas peligrosas. Munuera afanaba faltas a favor de los blancos con empeño digno de mejor causa, aunque "lo mejor" de su actuación estaba por llegar.

Aparte de esto, a los veinte minutos no había sucedido prácticamente nada, si exceptuamos los cánticos en honor a Asencio con cada uno de sus oportunos quites.

Poco a poco, Vini empezó a carburar, creando peligro por la izquierda pese a enfrentarse casi siempre a dos marcadores. A veces se iba por velocidad, a veces a punta de virguería. Era el único argumento ofensivo de los de Ancelotti, con un Rodrygo jugando la pelota con corrección en sus múltiples intervenciones pero irrelevante ofensivamente. Tampoco Bellingham aportaba casi nada. Eso sí: como manifestación de su enorme afán reivindicativo, Vini robó la pelota y regaló dos regates estratosféricos para luego tirar muy desviado.

Decíamos que Vini era el único argumento y mentíamos: el otro era bombear el balón como si fuéramos el Athletic, pero no este de ahora, sino el ochentero de Clemente. El actual, por su parte, no era capaz de crear más peligro que una incursión de Berenguer, abnegadamente desbaratada por Rodrygo en área propia. Entre los blancos no funcionaban ni Ceballos ni Modric ni Jude, con Tchouaméni, al menos, entonado en el robo de balón. Munuera decretó el final del primer tiempo antes del minuto 45, seguramente para compensar por los 8 minutos que otro negreiro había descontado en la víspera en Montjuic.

El Madrid inició los segundos 45 minutos con otros aires. Rodrygo intentó una rosca de las suyas, después de regalar en el área un regate muy característico, pero el balón salió rozando el poste. A renglón seguido, una arrancada brutal de Camavinga obligó a Simón a efectuar la primera parada de la noche. El Madrid embotellaba a los vascos dando mucha más sensación de peligro y forzando muchos córners. Lástima que el Madrid parezca haberse prohibido a sí mismo el crear peligro desde el saque de esquina. Carletto, en el intento de aprovechar el momento, introdujo en el campo a Endrick en lugar de un desacertado Ceballos.

Al borde de la hora de partido, un pase con el exterior de Vini (lo que ya es tan marca de la casa como de la casa Modric) fue cabeceado por Jude, dando lugar a una parada escandalosa de Unai Simón. El córner posterior lo remató fuera por poco el propio Bellingham. La diferencia con el primer tiempo era abismal, pero seguía contando horrores penetrar el cerrojazo vasco. Los disparos lejanos rebotaban en la empalizada de piernas, o en el exterior de la red, como el de Valverde.

Se iban los minutos y se iba la liga. Carletto mandó a Güler y Brahim que se quitaran el chándal. Salieron en lugar de Rodrygo y Modric. Vini marcó un golazo, pero un fuera de juego anterior de Endrick fue juzgado como que interfería. Munuera anuló el gol. Asombroso, pero la negreirada auténtica venía a renglón seguido, cuando no se pitó penalti sobre Bellingham por aquello de que “no es suficiente”. Ya lo creo que lo era.

La tuvo Bellingham después de controlar con el pecho, pero otra vez sin suerte. Chutó Valverde, obligando a Unai Simón a intervenir otra vez. Era el preámbulo de lo que se venía, el golazo salvador del uruguayo. La angustia se apoderaba de un Madrid que, por lo demás, jugaba muy bien ahora.

El premio llegaría en el descuento. Un regate fallido de Brahim acabó en los pies de Valverde, que soltó un voleón impresionante. El balón buscó la escuadra con la decisión y la legitimidad de quien aspira a prevalecer en la liga, cuando llegue la última jornada, sobre los tramposos.

Semana Santa, Dios ha muerto, tiempo de pasión, el via crucis, el Gólgota… Tras sendas derrotas frente al Arsenal y al París Basketball, la profusión de alegorías eficaces desbordaba las pretensiones del cronista blanco más ocurrente, en cualquiera de las dos secciones masculinas de la entidad. En este sentido, el cierre del play-in en Viernes Santo podía constituir el colmo de los colmos: la posibilidad de una nueva eliminación aparecía simultáneamente como la más dolorosa de las puntillas y como el cliché más manido.

En situaciones tan decisivas, quien escribe corre el riesgo de cierta mímesis con los protagonistas. En la pista, cuando un jugador se ve atenazado y contra las cuerdas suele recurrir a su gesto técnico predilecto, aquel que le aporta más seguridad: un posteo, un carretón, una parada a media distancia con un tiro en suspensión… Del mismo modo, cuando la tensión de la hoja en blanco se entremezcla con los nervios propios del hincha, el columnista se aferra al tópico y a la anécdota, y sobre el pilar de la efeméride coyuntural edifica su artículo, engarzando metáforas que compensen la ausencia de una reflexión más sosegada, para la cual su alterado ánimo no se halla preparado. Soy consciente de que el lector habitual de la Galerna empieza a estar acostumbrado a encontrarse esta clase de digresiones metaperiodísticas, a caballo entre la confesión y la disculpa, incluidas en la introducción de más de un artículo. Pero ese mismo lector, mon semblable, mon frère, sin duda excusará la osadía: al fin y al cabo, si ha seguido el martirio de temporada europea de los blancos comprenderá que es imposible no resultar repetitivo cuando cada partido constituye, una y otra vez, el obstáculo final sobre el abismo.

Sin embargo y por fortuna, el guion varió respecto al del martes, resultando más coherente con la trayectoria ascendente que los muchachos de Chus habían demostrado en las semanas anteriores a la pifia contra el París. Además, el coraje defensivo llevado a su máximo exponente y la boya salvadora alrededor de la cual se cimentan casi todos los sistemas merengues se vieron esta vez acompañadas de un espectacular acierto en el triple, hasta ahora el principal punto flaco de la temporada. A diferencia de lo que ocurre con Ben-hur y otras películas tradicionales por estas fechas, el conocimiento anticipado del argumento no aporta cálida placidez sino angustia ante lo inevitable, así que los cambios a mejor siempre son bienvenidos en el Palacio. Aunque el espectador, curtido ya en partos sin epidural, no ceja de fruncir el ceño ni cuando el Madrid gana de quince puntos, esperando un giro brusco de los acontecimientos. Algo que suele coincidir con los momentos en que Tavares se sienta unos segundos a recuperar el resuello, el pobrecillo obligado más por el convenio colectivo y la Declaración Universal de Derechos Humanos que por la conveniencia.

En este caso, conviene insistir en que no hubo la más mínima opción de tragedia. Un arranque efervescente liderado por Campazzo, ese “amigo que nunca falla”, sometió desde el comienzo a un Bayern que no supo recuperarse del destrozo sufrido en ese primer cuarto. Un 7/8 en el lanzamiento exterior inicial noqueó a unos alemanes que quizá habían entregado la cuchara desde el instante en que se supo que su mejor hombre, Carsen Edwards, era baja de última hora. Por otro lado, la recuperación de Deck, la concentración y el compromiso de Abalde, el mes bueno de Ibaka y el destierro de los fantasmas de Feliz han aumentado las posibilidades de rotación del Madrid, de manera que se evita parcialmente el sempiterno problema de la pérdida de las ventajas cuando los titulares se sientan. Anoche ni siquiera la presencia de Difallah enturbió la plácida noche en Goya, y las miradas acusadoras que algunos dedican a los brates no llegaron a producirse: Mario estuvo sereno y brillante -lo primero suele aparejar lo segundo- y Musa, que comenzó errático, se fue entonando y reencontrando sensaciones con el paso de los minutos.

Las manos encogidas del Bayern no mejoraron en la segunda mitad, en la que solo los arranques individuales de Napier encontraban, de forma esporádica, el aro blanco. El Madrid, en todo momento dominador del encuentro, amenazaba con rematar a su rival en cada posible ruptura definitiva del marcador y luego levantaba el pie, como queriendo disimular el hecho de que los germanos ya estaban muertos. En esta ocasión, aquellos minutos de la basura a los que tantas veces se refería Trecet duraron más de un cuarto y medio. O, para qué engañarnos, acaso el partido entero.

De cualquier modo, no hay lugar posible para la euforia, puesto que el triunfo blanco guardaba un premio envenenado. Envía a los chicos a jugar frente al Olympiacos, ese eterno ogro que ha aterrorizado durante décadas las canchas de toda Europa. El liderazgo de Fournier y Vezenkov se halla escoltado esta temporada por una plantilla envidiable, cuya rotación repleta de recursos convierte los enfrentamientos en un suplicio. Semejante desafío, en este annus horribilis, no parece una hoja de ruta propicia para que un cronista aterrado abandone sus vicios. No obstante, la oración más sagrada de todas pide ayuda en el esfuerzo de no caer en la tentación, de modo que habrá que intentarlo. A ver si así se cumple íntegra, y también nos libra del mal.

 

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La ocasión obligaba a lo máximo y la tropa de Chus Mateo se acercó al suyo. Con tensión desde el comienzo, una gran dirección del Facu Campazzo colocó a sus compañeros en la vía correcta, en el sentido preciso. La cierta carencia de presión defensiva se solventó para maniatar al rival alemán, al tiempo que el ataque fluía con pases en dirección al mejor situado. Un ejercicio sobre el potencial que atesora un equipo que está sufriendo la temporada, en esencia, por las lesiones como mal continuo y por alguna irregularidad de sus hombres clave.

Sin embargo, ayer retornó el Hezonja de las grandes ocasiones con una exhibición de sus virtudes que son muchas y sorprendentes por su naturalidad. Cuando Mario se convierte en Súper, el baloncesto parece un juego de niños de cinco años, sencillo para cualquiera que se acerque a practicarlo. Pues “¡que me traigan un niño de cinco años!”, que diría Groucho Marx. También Musa tuvo una buena noche, así que la anotación quedó determinada.

Quien cada día está más sereno y certero en ataque es Alberto Abalde que está cumpliendo un gran final de temporada. El ferrolano defiende con fuerza y pasión y se entrega a este cometido, no siempre suficientemente recompensado, de forma que entre su acierto y su presión, se está convirtiendo en cimiento del equipo, lo que es mucho decir tratándose del Real Madrid, pero un servidor lo cree firmemente.

También Serge Ibaka ha mejorado sus prestaciones, ocupando más espacio, moviéndose con rapidez e intimidación, convirtiéndose en el perfecto suplente del gigante de Maio, Walter Tavares, que parece haber bajado un poco el pistón tras unos partidos estratosféricos. Tranquilos, que sólo ha dado un paso atrás para tomar impulso.

Quien cada día está más sereno y certero en ataque es Alberto Abalde que está cumpliendo un gran final de temporada. El ferrolano defiende con fuerza y pasión

En definitiva, el equipo aparece restaurado, tras un gran esprín final en el que sólo ha fallado el día del París, más por la ansiedad en busca del triunfo y el desorden consecuente. El rendimiento invita así al optimismo, con los lesionados recuperados. Toquemos madera por Andrés Feliz, enorme en estos últimos tiempos, que arrastra un problema entre la musculatura y el hueso de una pierna.

Nadie quería al Real Madrid como rival en los play-off y ayer volvieron a demostrar por qué. Sencillamente, porque tiene de todo, y mucho, y sólo nos queda confiar en que las mentadas irregularidades de alguno de sus líderes se aparquen hasta el final de temporada para que un año más toquemos la gloria. No será fácil e insisto que se habrá de dar lo mejor, pero no seré yo quien dude de un equipo que nos regala partidos enormes como el que disfrutamos ayer. ¡Vamos a por el Olympiakos!

Hay verdades inmutables. El agua moja, el cielo es azul y al Viernes Santo le sucede el Sábado Santo. Y hay muchas más: el Portanálisis os desea los buenos días, la redacción de La Galerna está bastante irritada y Marca, que es la hoja parroquial de Tebas, asciende cada día un peldaño más para convertirse en el diario estrella del antimadridismo.

Hay mucha hojas de ruta en las redacciones de los diarios deportivos españoles. Hojas de ruta perfectamente trazadas. En tiempos complicados para el Real Madrid, en esos momentos en los que la reflexión parece necesaria y no ayuda el que la prensa presuntamente afín añada escollos (fraudulentos, como veremos), aparecen esas hojas de ruta perfectamente definidas.

Marca

“La afición mira al palco”. Pero, pero… ¿quién cajones es “la afición” para la redacción del diario Marca? Las hojas de ruta tienen al presidente en el centro de la diana y aprovechan este momento para lanzar sus dardos. ¿Qué cajones sabrán estos tipos de lo que piensa “la afición”? Quieren hacer colar que “la afición” son votantes en su web. Pero ¿quién cajones establece un control según el cual quienes votan allí son madridistas? Nadie. Por lo tanto, la llamada “macroencuesta” es un fraude. Fijaos cómo el propio Marca no se atreve a decir “la afición madridista”, consciente de que eso ya sería querellable, y se guarda las espaldas escribiendo solo “la afición”, pero dando a entender que se refieren a la afición del club de Concha Espina.

Según la “macroencuesta”, la “afición” ha votado que la culpa de todo es de Florentino, que pedimos a Xabi Alonso y que nos gustaría vender a Vinícius. Pero qué hoja de ruta más sibilina, qué hoja de ruta más perfectamente definida desde que el brasileño llegara a España. Los mismos que le pusieron “en el foco” mientras llovían sobre Vinicius los denuestos injustificados, el acoso y los insultos racistas, se sacan ahora de la manga “macroencuestas” que pretenden reflejar el sentir del madridismo. Un fraude al lector. Un intento de engaño. Ni más ni menos.

El Madrid está en una situación deportiva complicada por su mal juego y su eliminación en Champions, pero eso no amerita ataques torticeros y engañosos. Critíquese lo que se quiera en buena lid. No engañéis al lector.

Por lo visto, 63.000 personas votaron ayer en la web de Marca por esa posible salida de Vini. Votarían algunos madridistas, claro, pero ahí votaron también (y sobre todo, aseguraríamos) los enemigos de Vini, los que le odian, que están fuera del madridismo, claro. Votaron los que han visto cómo el jugador al que trataron de ridiculizar e infravalorar ha sido decisivo en varios títulos del Madrid; los que han sufrido con sus goles ya en dos finales de Champions, ¡dos!, y en las rondas previas, y en las 3 ligas que Vini se ha adjudicado con su equipo en contra del fétido sistema; los que le han sufrido viéndole echarse el equipo a la espalda en eliminatorias contra el Bayern de Múnich, el PSG, el Liverpool o el City; los que han celebrado cómo los tipos Máffeos de LaLiga le zumbaban con los tacos por delante bajo la mirada cómplice de los trencillas negreiros. Todos esos, más Rubén Uría, Fran Guillén, Míster Seitán, Pérez de Rozas, Pável Fernández y hasta Iván San Antonio votaron ayer en Marca para ver si Vinícius Jr. abandona el Real Madrid. No había control ni restricción para votar, así que votaron (o pudieron votar, da igual) todos los antimadridistas del orbe, todos los antiflorentinistas no madridistas y los odiadores de Vini, con el dedito trémulo de saña al pulsar el ratón.

Ojalá nos lea Vini. Ojalá alguien le explique que las hojas de ruta que piden su venta no representan a la afición del Real Madrid. Ojalá Vini siga muchos años con nosotros y los odiadores que han votado ahí sigan sufriendo sus carreras y sus goles por muchas temporadas.

Tenían tantas ganas de disparar al palco y a Vini que para Marca pasa casi desapercibida la buena noticia de la clasificación anoche del Real Madrid para el play off de la Euroliga. Un buen partido en el que el acierto de los nuestros con el triple posibilitó una victoria cómoda, necesaria. Espera el Olympiacos, el mejor equipo de la fase regular, pero ¿acaso alguien dijo que fuera fácil? ¿No están los griegos ahora mismo tan preocupados como los nuestros, si no más? ¿Contra quién perdió el equipo del Pireo su última final de Euroliga? Hoy podréis leer en esta vuestra página a Joe Llorente y Pablo Rivas sobre este partido.

El faldón inferior tiene un titular al que no hemos podido resistirnos: “Duelo de sueños”. Hombre, que sí, que Las Palmas no ha desplegado un juego brillante este año y el equipo del Cholo resulta soporífero el noventa por ciento de las veces, pero creemos que les ha traicionado el subconsciente.

Las portadas de As y Mundo Deportivo son las de ayer, por ser hoy Sábado Santo, y solo Sport se dignó a trabajar ayer y facturar una para hoy (bueno, además de Marca, que los caminos de la vesania no entienden de festivos).

Sport

Sport otorga su primera plana a un tridente de jugadores inscritos fraudulentamente. El fraude es el pan nuestro de cada día, como veis. Fraude institucional. Fraude mediático. Fraude arbitral. Con esto lidiamos y en esto seguiremos, nos acompañen (o no), los resultados del equipo, porque esto no tiene nada que ver con si el Madrid gana o pierde.

Esto tiene que ver con la decencia.

Que paséis un gran Sábado Santo, amigos.

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