La final que presenciamos el sábado en la Cartuja fue un duelo de igual a igual. De poder a poder. Dos equipos explotando al máximo todos sus recursos disponibles. Un partido que se decidió finalmente por detalles y errores individuales. Un monumento al fútbol.
El Barça comenzó dominando el partido, con un Real Madrid muy aculado y que sufrió durante los primeros minutos por el juego interior de los azulgranas, con un Ferrán Torres muy inspirado.
A partir del primer cuarto de hora, Ancelotti introdujo un par de ajustes y el Real Madrid cerró sus líneas refugiándose en un Tchouameni inmenso.
El partido del jugador francés es la confirmación de su redención. Su actuación fue una exhibición defensiva, con un 70% de duelos ganados. Desde que tocó fondo en noviembre, recibiendo un toque de atención del Bernabéu, se ha resarcido hasta mostrar su mejor versión desde que llegó al club blanco en 2022.
Sin embargo, cuando mejor estaba el Madrid y daba la sensación de haber estabilizado el partido, un error de atención de Bellingham, dejando la frontal del área libre, terminó con un golazo de Pedri, donde el jugador canario ajustó a la escuadra derecha un disparo inalcanzable para Courtois.
Arda asumió, como ya hiciera en Getafe, el rol de centrocampista organizador, pero esta vez en un contexto mucho más hostil y complicado: una final ante el eterno rival en la que se debía remontar. Cualquiera podría pensar que un jugador con tan poco protagonismo a lo largo de esta temporada se amilanaría y jugaría a no equivocarse. Nada más lejos de la realidad
Pero la segunda parte fue otra historia. La entrada de Mbappé y Arda Güler, la salida de un Rodrygo inexistente, y la presión de los madridistas cortocircuitaron la posesión de un Barcelona que se vio completamente superado. Prueba de ello fue que Flick, viendo cómo había girado el partido, quitó a sus tres centrocampistas uno por uno.
El Madrid consiguió remontar con un gran gol de falta de Mbappé, y un cabezazo de Tchouameni a la salida de un córner botado por Güler.
Y me quiero detener en el centrocampista turco. Su entrada cambió por completo la forma en la que el Madrid atacó. Arda asumió, como ya hiciera en Getafe, el rol de centrocampista organizador, pero esta vez en un contexto mucho más hostil y complicado: una final ante el eterno rival en la que se debía remontar. Cualquiera podría pensar que un jugador con tan poco protagonismo a lo largo de esta temporada se amilanaría y jugaría a no equivocarse. Nada más lejos de la realidad. Arda pidió el balón, organizó la salida de balón, y ordenó al equipo. Quizá si Ancelotti le hubiera dado más minutos esta temporada, asumiendo este papel, podríamos haber visto un equipo mucho más organizado y alegre.
A pesar de haberse puesto por delante, el Madrid no hizo una buena lectura a partir del 1-2, puesto que debió dormir el encuentro y encontrar espacios al contragolpe. Fruto de esta mala lectura, Lamine Yamal filtró un gran pase a Ferrán Torres, quien regateó a un Courtois que estuvo bastante desacertado en esta ocasión, porque se quedó a media salida en una situación en la que Rüdiger había conseguido alcanzar al delantero español.
Respecto a la prórroga, no hay muchos aspectos a analizar, como en la mayoría. Se juegan por jugar. El 3-2 definitivo llegó en un error imperdonable de Brahim alejándose de un balón que debió haber atacado para tocar de nuevo con Modric, o para forzar una falta.
En clave madridista, la final dejó varias lecturas.
Este equipo podía haber dado mucho más de sí durante esta temporada. Jugadores como Arda Güler o Endrick deberían haber jugado muchos más minutos porque poseían y poseen una serie de características que hubieran ayudado bastante a un equipo carente de la figura de un organizador y de un delantero centro clásico.
Jude Bellingham está firmando una temporada bastante gris comparada al nivel al que sabemos que puede rendir. Y ese nivel se vio reflejado en la exhibición que dio en la segunda parte. El británico fue el mejor jugador del campo. Regaló un gol a Vinicius, partió al Barcelona en conducción, ganó el 81% de duelos terrestres y fue el primer defensa en la presión que tantos problemas le causó al equipo de Flick.
Esta exhibición de Jude contrasta con un partido muy decepcionante de Vinicius. En sintonía con su temporada. Realmente sus números son buenos (20 goles y 14 asistencias), pero si profundizamos en su desempeño en partidos clave, que solían ser la especialidad del brasileño, nos encontramos un rendimiento muy por debajo de lo que se espera de un jugador de su categoría. Desconozco si las recientes informaciones acerca de su renovación están afectando a su rendimiento, o si hay otros factores que no conozcamos influyéndole, pero debe resetear y reencontrarse con su mejor versión, porque el Real Madrid le va a necesitar, tanto a corto como a largo plazo.
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En mi primer artículo en La Galerna, estrenando 2025, escribí que no me parecía que faltara mucho para que Ancelotti hiciera jugar al equipo. Estos jugadores debían poder jugar mejor. Con el tiempo he llegado a la conclusión de que no debía ser tan sencillo. Esta especie de Dr Jekyll y Mr Hyde que ha sido el Real Madrid este año tuvo todas sus manifestaciones en el partido de la final de Copa del sábado.
El partido empezó como el 80% de nuestras apariciones en liga: sin fútbol. Hemos ido sobreviviendo por la inmensa calidad de los futbolistas, condensada en unos pocos destellos intermitentes. Algunas veces fue por la repetición sobrehumana de esfuerzos de Vini. Otras, por la consistencia y la fe de Bellingham o de Valverde, todocampistas capaces de mejorar las estadísticas de kilómetros del equipo. Compareció por fin, pasado el ecuador de la temporada, el Mbappé goleador. Sus números anticipan grandes campañas. Sus chispazos están empezando a aparecer con asiduidad.
El equipo repitió errores y desesperó al madridismo en el primer tiempo de la final. Amagado atrás, apático, sin ideas y con tímidos intentos de presión alta. Sin confianza. Ancelotti ha repetido en ruedas de prensa que su preocupación es la defensa y el equilibrio, reconociendo que tiene un equipo desequilibrado (traducción: "me sobran delanteros y me faltan defensas") y que su patrón de juego favorito es el 442. Ave María purísima.
Ancelotti se ha equivocado mucho este año. Los rivales nos han analizado y han aprovechado nuestras debilidades en todas las competiciones. Lo peor es que no ha habido respuesta ni reacción
Ancelotti no ha sido capaz de resolver su cubo de Rubik particular con las posibilidades que le ofrecen los futbolistas de la plantilla. Probó con tres centrales y dos carrileros, con 4 centrocampistas... y al final se decantó por un 433 suicida, en el que la banda derecha ha quedado sistemáticamente expuesta con un menguante Rodrygo y un Lucas crepuscular.
Es evidente que, pese a la falta de piezas clave en el equipo por las lesiones y las posiciones no cubiertas de Nacho, Joselu y Kroos, Ancelotti se ha equivocado mucho este año. Los rivales nos han analizado y han aprovechado nuestras debilidades en todas las competiciones. Lo peor es que no ha habido respuesta ni reacción.
El Madrid puede jugar a la ruleta rusa en unos cuartos o semis de champions y puede salir bien una vez, dos, pero nunca sale bien si conviertes el riesgo en rutina. Nos hemos dejado plumas contra rivales muy inferiores sobre el papel en la Liga y en Copa. El sufrimiento ha sido una constante durante toda la temporada, en el césped, en la grada y también en el sofá.
Ancelotti no es un becario en esto del fútbol. Creo que saltamos a La Cartuja con un equipo pensado para aguantar la primera media hora ahorrando energía, sabiendo que el Barça es muy dominante pero que anda escaso de fuelle. Las decisiones de meter en el once a Ceballos y a Mendy, recién salidos de la enfermería, me sugieren control y un stopper para el futbolista más desequilibrante del rival. El plan no era exigirles mucho, sino cerrarle espacios a Lamine con ayudas y aguantar el balón frente la presión del Barça tras pérdida. Simeone lo habría firmado. Probablemente, eso no es lo que queremos los madridistas, pero eso es Ancelotti y no nos ha ido nada mal con él. La segunda unidad empezó a calentar en la banda en los últimos minutos de la primera parte. Esta vez el italiano estaba decidido a hacer cambios temprano aprovechando la ventana de sustituciones que tenía reservada para Mbappé. El 1-0 obligaba.
El Madrid puede jugar a la ruleta rusa y puede salir bien una vez, dos, pero nunca sale bien si conviertes el riesgo en rutina. El sufrimiento ha sido una constante durante toda la temporada
Y salió bien. El equipo nos regaló los mejores 30 minutos de la temporada. Las claves fueron los errores groseros que nos costaron goles; eso te puede pasar, aunque no tres veces en un partido y mucho menos en una final, pero el elefante en la habitación fue la dificultad de esta temporada para ganar por más de un gol y de amarrar resultados. Vini tuvo tres acciones de área en las que no eligió bien, dos acabaron en disparos a puerta sin premio y otra con un mal pase a Mbappé. Un Vini al 100% habría despachado el título en la primera media hora de la reanudación.
Los jugadores no están centrados en el fútbol. Por la larguísima y exigente temporada, por los resultados, por la putrefacta atmósfera extradeportiva que rodea al Real Madrid, por la deficiente preparación física. No me cabe otra explicación del error de Courtois saliendo de forma extemporánea a por Ferrán, después de haber hecho un paradón liverpoolesco a Lamine. Tampoco tengo explicación para la blandísima salida de balón de Modric, tras una recuperación en banda que puso muy fácil un chut desde la frontal. Mal Modric, mal Brahim. El Courtois de diez minutos antes habría detenido el disparo de Koundé. Colocado, pero no imparable.
Tener fe en el Real Madrid no es mucho pedir: siempre te acaba dando la razón
A pesar de la derrota estoy orgulloso de la reacción ante un resultado adverso frente a un enemigo que nos ha pintado la cara demasiadas veces. Un arreón mas que notable, que sembró dudas en el rival y que nos dio alas por momentos. También estoy conmovido por el inmenso ejercicio de voluntad de Jude, de Fede, de Vini y de Rudiger, que abandonaron vacíos el césped. Fran y Tchouameni hicieron un excelente partido y Asencio estuvo serio y solvente.
Pero perdimos. Se felicita al rival, se pasa página, se analizan errores y se corrigen para lo que viene, manteniendo lo que funciona. Es decir, dos arriba y Güler con la brújula señalando siempre el norte.
¿Verdad, Carlo?
El título de Liga pasa por ganar todos los partidos que quedan, empezando por el Celta y siguiendo por el de Montjuïc. Por lo visto en Sevilla, no es imposible, y si fueran victorias por más de un gol y mostrando el fútbol que vimos por momentos en la final de Copa, estaríamos transmitiendo las señales de vida futbolística que necesitamos para volver a pensar en celebraciones. Tener fe en el Real Madrid no es mucho pedir: siempre te acaba dando la razón.
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Buenos días. ¿Estamos jodidos? La respuesta es sí, estamos jodidos, y esta jodienda es el título de muchos antimadridistas que no olerán un título de los de verdad en, quizás, el tiempo que les quede de vida.
Media España está de fiesta porque el objeto de su envidia ha perdido la final de Copa. Ya celebraron mucho cuando nos eliminó el Arsenal de la Champions, hace algunas fechas. Están, pues, de enhorabuena. El saco de boxeo que les ofrece una vía de salida a sus frustraciones y su mediocridad ha sido desatado y arrojado al suelo, con lo cual ahora se desahogan pateándolo en medio de un paroxismo de graznidos impíos. Que lo gocen.
Que gocen también el hecho de que quien ha hecho eso posible es un club afín al independentismo catalán que se compró el sistema arbitral durante lustros, que muy probablemente lo tiene aún de su lado vía animadversión al Madrid hecha pública en rueda de prensa (quizá siguen también los pagos), que inscribe a quien le da la gana y como la da la gana merced a la protección de un gobierno que a su vez es socio de ese independentismo catalán, y que goza de otras muchas prebendas pasmosas.
Al antimadridismo todo esto le da igual. Es más, si hablamos del antimadridismo en su vertiente blaugrana (una de tantas), lo disfruta especialmente, claro. Están ahora mismo en la cresta de la ola, tocando el cielo, a veces literalmente, como se desprende de esta doble foto en la cual posan como si fuesen la tripulación de un vuelo de Negreira Airlines.
Negreira Airlines no es precisamente una aerolínea low-cost. Sus costes son elevados, como atestiguan las facturas que obran en poder de la Hacienda Pública, emitidas por quien da nombre al carrier. Entre los que posan vemos muy sonrientes a algunos de los máximos exponentes de mal ganar de esa plantilla, desde el fostiador compulsivo que se ríe en la cara de los que pierden al aspirante a nuevo Piqué que se atreve a afirmar que “ha ganado el fútbol” porque ha ganado el negrirismo. Si juegas para el club que se ha comprado el sistema arbitral durante tantos años, lo menos que deberías hacer es guardar un perfil bajo y no dar pretendidas lecciones morales al término del partido.
Porque eso es casi lo peor: tener que soportar monsergas de presunto corte ético por parte de gente que pertenece a la mayor organización delictiva que se ha conocido en el mundo del deporte.
A Marca le encanta, en general, poner a la gente en sitios. Primero pusieron a Vini “en el foco” para que pudiera ser acosado y sufrir insultos racistas sin cortapisas para los acosadores. Ahora pone a Ancelotti “en la picota”, palabra que tiene dos acepciones en el diccionario de la RAE.
Lo cierto es que la segunda acepción, la de la cereza, le viene a Marca al pelo si uno considera la profunda amistad del rotativo con uno de los dos ciudadanos que se apropiaron indebidamente del Atlético de Madrid, pero no pensamos que vaya por ahí la cosa.
Más bien tendemos a pensar que el diario de Gallardo pone a Ancelotti en la otra picota, es decir, en la columna de piedra donde se exponían públicamente las cabezas de los ajusticiados. No tienen ganas de sangre ni nada. Imposibilitados por el momento para exhibir la cabeza de Florentino, se contentan con la de Carlo como paso intermedio, suponemos.
Parece en todo caso que podemos estar ante los últimos estertores del carlettismo. En este portal queremos con locura al italiano, si bien la marcha de la temporada, que están siendo terriblemente amarga, parece aconsejar en efecto un cambio de rumbo. Nos comenta Ramón Álvarez de Mon que lo tiene casi hecho con la selección brasileña (Carletto, no Ramón). Nos alegramos mucho por él. Se convertirá en el primer entrenador que ha llevado las riendas del mejor club del mundo (ganando en él absolutamente todo) y la mejor selección del planeta.
Pero eso es el medio/largo plazo. As tiene hoy el buen tino de recordarnos que aún está en juego el título de liga, y esa es la prioridad en este momento. La final del sábado demostró que el Madrid puede ganar en Montjuic (¿acaso no estuvo a pocos minutos de hacerlo en Sevilla?), y si puede ganar allí también puede ganar el campeonato.
Para ello deberá superar la enésima serie de obstáculos en forma de lesiones y sanciones, evidencia todo ello de la necesidad de contar con una plantilla más amplia de cara a la próxima campaña. Descontamos que se está trabajando en ello.
Pasad un buen día.
La cortesía no debe perderse jamás y me gusta empezar así: muchas felicidades a los ganadores de la Copa, barcelonistas y los otros. Tras tantos años mamando —disculpen—, les llegó su momento. Mamadores y mamadoras. totum revolutum. Derrengados de tanto trabajar. Arriba, abajo, atrás, 'alante'. Una Copa de Europa, otra, otra más, esto. aquello otro... Un sinvivir.
Gentes con las mandíbulas dislocadas de por vida, algunas han necesitado de prótesis correctoras. Siguen con ellas. A muchas las visité en sus peores momentos. Les llevé compañía, consuelo, regalos... Un panorama largo y terrible. ¿Saben? Una es colega, Dios no me permitirá revelar su filiación, no me tienten. Un día bostezó y se quedó clavada. Culpa del Madrid, otra más. Yo lo vi. Un horror. Vamos: denuncié al Madrid y me desestimaron la cosa: in-comprensible.
Felicidades, sí. Porque no quiero imaginarme que la cosa acaba ganándola el Madrid y poco faltó. No están las urgencias de los hospitales para avalanchas extra. Se lo comenté a una amiga enfermera que estuvo de guardia aquella noche: pensó lo mismo. "Mono, entró el 2-1 y me temblaron las piernas".
Vivió una tremenda contradicción: es madridista como toda persona honesta, pero se vio recuperando gente al ritmo de cincuenta por hora. Sabedora de que algunos fallecerían sin remisión, pobres familias. Y tampoco es plan. ¿Que me llama mono? Es menorquina. Mono para ella es chato, guapo, bonico.
Total, que los ganadores están viviendo un gran momento. Como siempre, lo hacen con un ojo cerrado y otro abierto, y sin quitarse las prótesis. Saben que volverán a mamar, y mamador precavido vale por dos. O tres. No pienses, he comentado a los más amigos: disfruta, son dos días. Lo saben, claro.
Los ganadores están viviendo un gran momento. Como siempre, lo hacen con un ojo cerrado y otro abierto, y sin quitarse las prótesis. Saben que volverán a mamar y mamador precavido vale por dos
Lo tuvo cerca del Madrid, sí. No debe extrañar que a este equipo errático le costara la final dos errores propios. Se ha equivocado mucho este curso, lo de Sevilla fue un punto seguido. Lo errático es moverse sin rumbo fijo, sin asentarse en un lugar. Su temporada está siendo eso. Un aquí caigo, ahí me levanto, que le ha ido pasando una factura tras otra.
No se ustedes, pero a mí no me pareció que el tanto de Tchouaméni iba a ser definitivo. No es este un Madrid seguro, firme, luego la 'petardá' no debe descartarse en su caso. La dio. Y dos veces. Se le fue el trabajo al garete en un par de acciones que resumen su temporada: siempre le ha faltado una pela 'pal' duro.
Dolorosa esta última experiencia porque un cambiazo inesperado, como si en el descanso hubieran tomado sus jugadores una pócima milagrosa, le permitió darle vuelta a todo. De pronto, el dominador se vio cerca de la derrota. El Madrid empató, se adelantó, tuvo cerca el 3-1 y acabó sucumbiendo tras encajar el empate en el minuto 84, a seis del final más el alargue, y llevarse la definitiva cornada en el 116.
Eso le pasa a un equipo bisoño o a uno despistado, errático. Un Madrid serio, convencido, regular, el del año pasado sin ir más lejos, no pierde esa final ni en broma. Este sí porque perdió la eficacia, también la salud. Aquel Madrid de hace unos meses hubiese conseguido el 3-1 o que no se jugara más. Este, ni una cosa ni otra.
Las lesiones han tenido mucho que ver con eso. Kroos, ya. Fichajes que no se hicieron. Cantera que no se atendió: ¿no hay Asencio o cosa parecida para los laterales, esa cruz? ¿Ha jugado poco Güler? No cerca de la banda, donde el sábado. Este muchacho... Ancelotti, avispado no ha estado. En fin, lo que todos sabemos.
El clásico entre todos la mataron y ella sola se murió. El Madrid perdió. Como pierden todos, en su caso mucho menos. Ha tenido un año malo, no me equivoqué cuando en septiembre, nada menos, advertí que el niño venía de nalgas. Y fue engordando: está ya que supera los cinco kilos.
El parto va a ser de aúpa, pero ni en el mejor de los casos, ganar el primer Mundial de Clubes, la Liga dejémosla, debe ocultar la realidad y el reto. Este equipo necesita una profunda renovación. Está terminando un ciclo más que glorioso, hay que procurar otro. El tránsito hacia la era Mbappé no ha arrancado bien. No ha estado precisamente brillante un solo estamento del club. Puede pasar. Pero eso: en esta vida se pierde más que se gana... menos el Madrid. Pónganse manos a la obra.
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El día que Alfredo Di Stéfano fue presentado como entrenador del Real Madrid dejó una frase tan sencilla en apariencia como definitoria de la idiosincrasia del club. “Soy consciente de que ser el segundo en cualquier competición ya es para muchos un fracaso”, declaró. Y lo cierto es que, para su desgracia, no pudo ser más premonitorio de lo que le esperaba, nada menos que el nefasto récord de acumular cinco subcampeonatos.
Corría la temporada 82/83 y poco ha cambiado desde entonces en Chamartín. Si acaso, podríamos actualizar a La Saeta diciendo que al Madrid tampoco le alcanza con trofeos de segundo rango, como la Supercopa de Europa o la Intercontinental. Su historia le apremia y su afición le exige. La Liga es el mínimo; la Champions, la eterna ilusión; y la Copa, el último asidero para lavar la imagen.
En el siguiente curso, Di Stéfano tampoco llevó ningún título a las vitrinas del Bernabéu. En la Copa de la UEFA y la Copa de la Liga terminó fuera a las primeras de cambio contra Spartak y Atlético, y en la Copa llegó a semifinales, donde cayó ante el Athletic de Clemente en los penaltis. Sólo mantuvo el listón hasta el final, como reza su emblemático alegato, en la Liga, que perdió de forma dramática por el golaverage. Sin embargo, ese año el hispano-argentino dejó un legado más importante que las medallas, la apuesta por una generación, La Quinta, que revolucionaría el fútbol y, si me apuran, la cultura española, durante al menos un lustro.
Es importante no dejar a la Historia dormitar en los anaqueles, sino usarla como herramienta de análisis para los proyectos de futuro. Esta temporada todo indica que el ciclo del equipo de Ancelotti ha tocado a su fin. La decadencia de Modric, el último mohicano del mejor centro del campo de la época moderna, simboliza como pocas cosas que las reformas en la Casa Blanca son ya inexcusables.
Del mismo modo que es inútil seguir llorando a Kroos, resultaría extremadamente dañino hacerse el muerto en el próximo mercado. A menos que el Madrid quiera permitir un ciclo victorioso del equipo antes conocido como pagador del CTA, necesita cambios, y los necesita ya.
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Buenos días. El Madrid tenía muy difícil salir airoso de la final trampa de anoche y, por supuesto, no lo consiguió, a pesar de que anduvo más cerca de lo previsto. Pero aquí el casi no vale. El ciclo se ha agotado. Es necesario reaccionar y realizar los cambios necesarios que corrijan el rumbo errático con el que se navega.
Lo tenía todo en contra, incluida una parte de su afición que no entendía qué diantres hacía jugando un partido en cuya previa, por primera vez en la historia, los árbitros que iban a dirigir el choque habían evidenciado en rueda de prensa su animadversión hacia él, llegando a amenazarlo.
Después de alzar la voz, pero poco, y presentarse a la encerrona, la escapatoria se antojaba difícil.
Los colegiados habían picado a los blancos en la previa y sabían que con no actuar como de costumbre —prevaricando— sería suficiente para que el mundo se volviese contra el Madrid. No tardó en hacerse patente. Tras la anulación del penalti de Raphinha por obvio piscinazo, «MisterChip» publicó: «Lo cachondo que es el destino: González Fuertes (en el VAR) ha salvado al Real Madrid».
Lo cachondo que es el destino: González Fuertes (en el VAR) ha salvado al Real Madrid.
— MisterChip (Alexis) (@2010MisterChip) April 26, 2025
Es decir, que el árbitro del VAR hiciese su trabajo es equivalente a salvar al Madrid. Este simple tuit es muy representativo del grado de podredumbre moral al que hemos llegado. En una jugada en la cual un deportista finge haber recibido una patada para obtener ventaja competitiva, que en un primer momento es arbitrada mal porque el trencilla es objeto de engaño y que solo tras revisarse unos minutos (aunque fuese obvia y a diferencia de cuando ocurre al revés) se anula, en una jugada así, lo que piensa la gente es que han salvado al Madrid.
Decíamos que la escapatoria a la encerrona se antojaba difícil, y cuando uno pretende escapar, si se ata él mismo los pies, lo tiene más complicado aún. Ancelotti se empecinó en mantenerse en sus trece, a pesar de la evidencia, y dictó un once con Lucas Vázquez. Al 17 lo queremos mucho, pero actualmente hay opciones más competitivas. También decidió alinear a Mendy recién ¿recuperado? de su penúltima lesión. Y contar con el espectro de lo que fue Rodrygo en detrimento de futbolistas en forma y que intervienen en los partidos, como Güler.
Cómo serían de patentes sus errores, que Carlo no esperó a que estuviese finalizando el choque para realizar cambios, y antes de la hora de juego ya había deshecho en parte su entuerto. Pero no sirve, tendría que haberlo hecho de inicio. Un entrenador del Madrid se puede equivocar, no faltaba más, pero mantenerse en el error durante meses no.
Los cambios dieron otro aire al Madrid. Como escribimos en nuestra crónica con la ironía que provoca el dolor, «aunque parezca asombroso, el Madrid mejoró después de la entrada al partido de buenos jugadores».
Mejoró tanto que a punto estuvo de ganar. Los jugadores, que no tienen culpa del ruido extradeportivo ni de aciertos ni errores de otras instancias del club, compitieron dignamente. A pesar del autoboicot de Ancelotti, y a pesar de no ser un buen Madrid, no ganaron la Copa del Rey por errores groseros individuales.
Pero, como decíamos al principio, en el Madrid no vale el casi. Y una vez demostrado que este no es el camino, es necesario un golpe de timón. Ancelotti se ha ganado el respeto y el agradecimiento de todos con una trayectoria espectacular, pero hoy día no parece la mejor opción.
Es perentorio fichar jugadores para ciertos puestos en los cuales no es que haya pocos efectivos, es que no hay ninguno. Se antoja necesario no renovar, liberar o vender futbolistas que bien por falta de compromiso, de calidad, de futuro o de presente no son óptimos para vestir la camiseta del Real Madrid. A su vez, es urgente dar minutos a quienes son todo lo contrario. Asimismo, el club debe saber que, en el fondo, el fútbol es sentimiento, y si no se pondera este aspecto lo suficiente solo va a conseguir desapego de la afición.
Después de la autocrítica, vamos con la basura.
Cuando hemos visto la portada de As, nos hemos sentido como Rüdiger al finalizar el encuentro. A pesar de que habrá quien interprete que con ese «Ganó el Barça/ganó el fútbol» se refieren al «espectáculo» deportivo, hay una evidente mala baba contra el Madrid y una venganza ventajista contra el club blanco por haberse atrevido a denunciar la corrupción del sistema. Ganó quien delinque.
Recordemos algo: que el Madrid sea un descalzaperros no significa que no pueda —ni deba— señalarse que el FC Barcelona es una entidad podrida a la cual ningún organismo o administración pone freno. Que Ancelotti alinee a Lucas Vázquez o que Rodrygo se vuelva a borrar de un partido no justifica que el Barça se comprara el estamento arbitral sin consecuencia alguna, que los colegiados de la final amenazasen en rueda de prensa a los blancos, ni que el Gobierno inscribiese a Dani Olmo y Pau Víctor por intereses políticos. Aunque para As esto sea que ganó el fútbol. Mientras el Barça no pague por sus fechorías no cabe felicitarle por absolutamente nada.
Los ciclos se acaban y este ha tocado a su fin. La temporada es mala, y no solo en la sección de fútbol masculino. Y el Madrid no puede permitirse normalizar algo diferente al éxito.
Pasad un buen día.
Courtois: aprobado. Tuvo intervenciones de mérito, pero regaló el segundo gol.
Lucas Vázquez: suspenso. Constante, en su línea.
Asencio: notable. Combinó buenas acciones defensivas con excelente juego en largo.
Rüdiger: notable. Se sacrificó jugando cojo y con dolores terribles.
Mendy: sin calificar. Carletto decidió ponerlo directamente en el once tras su última lesión y duró 8 minutos.
Tchouaméni: notable alto. Otro buen encuentro del francés, que además anotó.
Valverde: notable. Omnipresente.
Bellingham: notable. Es el líder. Cogió al Madrid por las solapas cuando estaba en el suelo.
Ceballos: aprobado. Le puso ganas.
Rodrygo: suspenso. Un señor de Teruel asegura que le vio tocar un balón durante el tiempo que estuvo sobre el césped.
Vinícius: aprobado. Lo intentó, como siempre, pero sin acierto.
Fran García: aprobado. Tiene voluntad.
Mbappé: notable. Marcó un gran gol y creó peligro.
Güler: notable. Juega con sentido, que no es lo mismo que jugar consentido. Con él en el campo, cada balón parado puede ser un gol. Su participación se antoja necesaria.
Modric: bien. Buenas prestaciones de Luka. Su salida se notó para mejor.
Brahim: suspenso. Defraudó. Su error en el tercer gol fue definitivo.
Endrick: sin calificar.
Ancelotti: suspenso. Sus cambios propiciaron la mejoría del Madrid, pero no tendría que haber sido necesario realizarlos si hubiese planteado una alineación adecuada.
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El Madrid pierde una final que no pocos pedían que no hubiera jugado. Y la pierde merced a errores propios. El Madrid se pierde solo. Si bien es cierto que compitió mejor de lo esperado.
Comparecía el Real en La Cartuja después de que los jueces encargados de arbitrar mostraran su animadversión pública hacia él. De Burgos Bengoetxea y González Fuertes se quitaron la careta en directo en representación del CTA. Expresaron con palabras —y sollozos— lo que todos sabíamos.
La alineación de Ancelotti también ilusionó a los hinchas. Lucas en el lateral derecho, Mendy directo al once y Mbappé, aún no al 100 %, en el banquillo. Tchouaméni, Valverde, Ceballos y Bellingham en el medio y arriba los dos brasileños.
Como era previsible para todos menos para Carlo, que se marcó un Diego Costa, Mendy se resintió de su lesión antes del minuto 9 y hubo que gastar un cambio y una ventana para que entrase su sustituto Fran García. Probablemente, para el próximo partido, el técnico italiano alinee a Lucas Vázquez tanto en el lateral derecho como en el lateral izquierdo. El error de Ancelotti fue lo más destacable en un primer cuarto de hora donde no ocurrió nada interesante.
El Barça reclamó penalti por mano de Valverde, que tocó el balón cuando su extremidad iba camino de apoyarse en el suelo. Es decir, no punible, y por tanto razón suficiente para que el equipo médico habitual vociferase que ya estaban favoreciendo los colegiados al equipo que se enfrentaba al club que se compró el estamento arbitral.
El Madrid pierde una final que no pocos pedían que no hubiera jugado. Y la pierde merced a errores propios
Poco después, el equipo de los inscritos gozó de dos buenas ocasiones: un disparo cruzado de Lamine que se marchó fuera por menos de lo que quizá pensó Courtois y un buen cabezazo de Koundé despejado no menos bien por el belga.
El Madrid no creó peligro hasta después de los veinte minutos. Asencio rompió las líneas azulgranas con un pase largo y preciso para Bellingham. El balón acabó en los pies de Fran, pero la defensa desbarató su intento de disparo.
Cuando iba a cumplirse el 28' Yamal pasó hacia atrás al borde del área y Pedri marcó merced a un potente disparo. No había absolutamente nadie marcando al autor del gol. No había absolutamente nadie en hectáreas a la redonda. No había absolutamente nadie... no había absolutamente nadie.
Siete minutos después, Jude anotó en fuera de juego claro. Salvo un par de jugadas aisladas, la primera parte de los blancos estaba siendo tétrica.
Un saque de esquina de Olmo acabó en la madera tras deslizarse el cuero entre defensores y atacantes. Poco después, Lamine Yamal fingió burdamente sufrir dolores de parto después de que Ceballos le tocase. Es normal que España quiera tanto a este chico, lo tiene todo. Además, hoy nos deleitó con un nuevo peinado elegantísimo.
En el 46', De Burgos pitó un claro penalti sobre Vinícius, pero le avisaron que tenía que desdecirse para señalar fuera de juego. Minutos después mostraron los habituales muñecos pero no el momento del golpeo, con lo cual hay que hacer un nuevo acto de fe.
Así se llegó al descanso con solo 1-0 en el marcador. El juego del Madrid había sido atractivo y entretenido como observar el movimiento de las placas tectónicas, pero la escasa renta del Barça hacía posible aún la victoria.
Aunque parezca asombroso, el Madrid mejoró después de la entrada al partido de buenos jugadores
La segunda parte arrancó con Mbappé sobre el césped. Entró en sustitución de un Rodrygo que al parecer había disputado los primeros cuarenta y cinco minutos.
El Madrid robó un balón, Jude se lo cedió a Vinícius y el extremo remató dos veces consecutivas, y dos veces consecutivas despejó Szczęsny. La cosa pintaba bastante mejor.
Y entonces Ancelotti retiró a Lucas Vázquez. Junto a él, a Ceballos. Introdujo a Güler y a Modric. Poco después, Vini estuvo a punto de meterla otra vez. El brasileño lo intentó varias veces más. Aunque parezca asombroso, el Madrid había mejorado después de la entrada al partido de buenos jugadores.
En el 67', Mbappé realizó un regate mágico para plantarse ante Szczęsny. En ese momento, De Jong lo agarró mientras estaba tirando. De Burgos Bengoetxea no mostró la roja porque es De Burgos Bengoetxea, pero le salió el tiro por la culata, ya que Kylian la clavó de falta y colocó el 1-1.
Una contra fantástica de Vini no terminó con el 1-2 porque el pase de la muerte del siete no llegó al nueve. La jugada había surgido de otro robo. El juego de los blancos había subido varios niveles y la remontada —momentánea— no tardó, pues Tchouaméni incrustó de cabeza en la red un balón servido magistralmente por Güler desde el córner. Es lo que tienen los buenos, que saben centrar.
Courtois realizó a Lamine la parada a Salah de la 14 en el 81', y cuando parecía que al Madrid le bastaba con aguantar un rato, una acción defensiva muy mejorable la aprovechó Ferran para empatar el partido.
Un par de minutos antes del noventa, Brahim sustituyó a Vinícius.
El partido se dirigía a la prórroga y Rüdiger golpeó en la pierna de Ferran dentro del área del Madrid. Bien podría haber señalado penalti De Burgos. No lo hizo. Sin embargo, sí lo pitó poco después, en el último minuto. Raphinha se tiró ante una entrada arriesgada de Asencio. El defensa del Madrid no tocó al jugador azulgrana, que se marcó un Penalba de manual. El colegiado fue al VAR, comprobó el piscinazo, dictaminó que no había pena máxima y amonestó al blaugrana por simular.
Ya en la prórroga, Brahim gozó de una oportunidad tras jugada de Mbappé, pero chutó mal. El Madrid estaba de nuevo buscando el gol con ahínco y el Barcelona aprovechó para armar una contra que fue desbaratada por Fede.
En el 103, el minuto, no el brandy, poco faltó para que Ferran adelantase al club cliente de Negreira. Al inicio de la segunda parte de la prórroga sí marcó, pero en fuera de juego.
Rüdiger, que se estaba dejando la salud defendiendo la camiseta del Real Madrid, no aguantó más y en el 110 dejó su lugar a Endrick. Tchouaméni —cuajó otro gran encuentro— bajó a la defensa.
En el 112, un nuevo centro preciso de Arda no lo remató a gol Jude porque Koundé le empujó lo justo para impedírselo. Quedaban ocho minutos para intentar evitar los penaltis. Y fue precisamente Koundé quien los evitó al anticiparse a Brahim, robar el balón y marcar desde lejos.
Todos los goles del Barcelona ocurrieron gracias a errores del Madrid. El equipo blanco pudo ganar la Copa del Rey. Se sobrepuso a la alineación de Ancelotti y al mal juego de la primera mitad. Compitió con dignidad, pero no fue suficiente.
El partido concluyó con la expulsión de Rüdiger tras lanzar un hielo al campo.
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Buenos días. Por primera vez desde que tenemos mayoría de edad como espectadores en el fútbol de élite, esta noche vamos a asistir a un partido de fútbol en el cual los árbitros del mismo (el de campo y el del VAR) han declarado previamente, de forma pública, su inquina y su cólera hacia uno de los contendientes.
Esto es lo que, al respecto, escribía ayer nuestro editor Jesús Bengoechea en El Español.
Por primera vez desde que tengo uso de razón futbolera, en una rueda de prensa probablemente sin precedentes en la historia del balompié de élite, dos colegiados acaban de certificar ante la opinión pública su animadversión hacia uno de los contendientes del partido que arbitrarán mañana. Creíamos agotada nuestra capacidad de sorpresa, pero el negreirismo es un saco sin fondo de inmundicia.
Uno de los trencillas, De Burgos Bengoetxea, ha expresado su animadversión llorando. Ha dicho que a su hijo le dicen en el cole que su padre es un ladrón. Lo siento sinceramente por el niño, pero una de las formas de evitar el que eso suceda es no constituir uno de los más señalados exponentes del modus operandi de una institución manifiestamente criminal, una entidad (el CTA) que primero tuvo a su dirigencia comprada por el Barça y que ahora, conformada exactamente por los mismos individuos, se dedica a intentar hacer pagar al Real Madrid, partido a partido, la osadía de haberse personado ante el juez para que se estudie la “corrupción continuada” que durante 17 años perjudicó al club blanco.
Tampoco pueden perdonar a dicho club que, a través de su televisión, emita imágenes reales (no generadas por IA) que prueban la eficiencia de aquellos pagos y de la presente animadversión -suponiendo que a la animadversión no se unen nuevos pagos para asegurar el perjuicio, lo que ya es mucho suponer-.
González Fuertes, el otro juez de la contienda (¡de la contienda de mañana!) ha amenazado, ante una prensa que le daba carrete indisimulado para que lo hiciera, con acciones legales contra RMTV. No sabemos qué es lo que el susodicho Fuertes, o la institución que le acoge, plantean aportar ante el juez como prueba del comportamiento presuntamente ilegal del canal. ¿La invención de Grok a partir de la cual hicieron parecer que Fuertes se comía desde el VAR un penalti como una catedral sobre Vinícius en Vallecas? ¿Las diabluras de Elon Musk, que fraudulentamente habría manipulado vídeos para hacer parecer que De Burgos es sistemáticamente dañino contra los blancos? Buena suerte con ello, porque por el momento no parece que Grok ni Musk tengan nada que ver con lo que aparece en los videos de RMTV.
A la hora en que escribo este artículo, no se sabe qué sucederá con una final que corre serio riesgo de no disputarse. El Madrid, por lo que sea, ha encajado con algún recelo el que los árbitros que tienen que pitar mañana hayan declarado su cólera contra uno de los dos equipos que juegan. Es la penúltima vuelta de tuerca de la narrativa espuria que todo lo contamina: el Madrid es víctima de un sistema putrefacto, se opone públicamente a él y, por hacerlo, los magistrados que mañana le juzgan le declaran la guerra con luz y taquígrafos.
Respondiendo a la última alusión al futuro inminente por parte de nuestro editor, a esta hora sabemos que el partido se va a jugar, entendemos que por las enormes contraindicaciones logísticas de una cancelación. Nos falta conocimiento sobre estas variables. Quizá por primera vez desde el comienzo de los tiempos, se va a jugar un partido (una final de la Copa del Rey, nada menos) con una declaración previa de parcialidad por parte de quienes deberían impartir justicia. Es algo tan grave que no vale la pena seguir malgastando palabras para calificar el hecho. La mera exposición del mismo deja patente su inaceptabilidad.
Os dejamos las portadas del día para que os pongáis tan furiosos como nosotros. No podemos hacer mucho más en este momento.
Buenas tardes, amigos. Hoy os ofrecemos un portanálisis tardío. No hemos podido publicarlo antes porque nos ha ocurrido algo que no os vais a creer: nos ha intentado comprar el FC Barcelona. Como leéis.
A eso de las 6:00 am, un grupo formado por el portanalista del día, el señor de la limpieza, la CM y un proveedor de La Galerna fue abordado por un individuo muy motivado cuando se disponían a dar buena cuenta de un nutritivo desayuno en el Bar O’Neill.
—Escolteu, amics, ¿que sois vosotros de La Galerna, no?
—Buenos días lo primero —respondió nuestro proveedor.
—Bon dia, perdón, es que aún no he me acostado, la noche, la fiesta… ¿Y usted quién es, si puede saberse? No se parece al señor Bengoechea, lo veo a él en la tele y tiene otra cara. Usted es como más bruto.
—No soy el señor Bengoechea, soy representante de gildas.
—¿Pues cuántas Ritas Hayworths hay?
—De gildas de las que se comen, garrulo. Se nota que usted no duerme bien. En La Galerna hay devoción por las gildas. Desde tiempo ha. Les traigo el tarro de 5 Kg semanal.
—Si usted no es el señor Bengoechea, ¿con quién puedo hablar? Me gustaría comentarles algo que podría interesarles.
El portanalista, la CM y el señor de la limpieza, que habían reconocido al tipo motivado, se lanzaron una mirada que decía: «es más pesao que una vaca en brazos», se giraron y pusiéronse a pulular por la red social X, dejando el marrón al representante de gildas.
—¿Y se puede saber qué es eso que según usted puede interesarnos? Quiero decir, interesarle a La Galerna. Ya soy como de la casa, puede contarme.
—Si me permite, yo creo que su postura, la de la Galerna, no es la más inteligente. Según se madura, hay que dejar a un lado los ideales si uno quiere que le vaya mejor en la vida. Hay que saber fichar, perdón, arrimarse al árbol correcto para que le dé sombra. En Cataluña, los de nuestra clase lo sabemos muy bien. No nos ha ido mal con nadie en la historia, ¿sabe?
—No me gusta por dónde…
—Espere, espere… —En ese momento se gira con dificultad hacia la barra—. ¿Podría ser una tila? —Retorna a su posición inicial—. Después de una noche de cachondeo me cuesta relajarme, ¿sabe? Pero, como le iba diciendo, espere, que aún no ha escuchado lo que venía a proponerles. No, no se asuste, no es nada ilegal. Ustedes, con lo que escriben, están fomentando un ambiente de crispación contra nosotros.
—Oiga, que yo vengo gildas.
—¡Ya, pero esos de ahí de La Galerna no quieren escucharme!
—Desembuche de una vez. Pero en La Galerna escriben lo que hay. Si no le gusta, respeten las normas y la ley. Así no tendrán que leer lo que no quieren.
—Lo que le comentaba antes, que en ocasiones es más inteligente dejar a un lado ideales naif.
—Sospecho que usted llama dejar a un lado ideales naif a ser deshonesto y apartarse de los valores de cada uno.
—Llámelo como quiera, pero la vida está muy cara. Y todo el que nos escucha mejora.
En ese momento, los tres galernautas que desayunaban junto a ellos, comentaban una publicación de Miguel Galán.
El Barça @FCBarcelona_es pagó la factura por todos, Tebas ha aflojado la corbata, pero sólo después de que el Barça se quedara sin aliento.
En este momento, cuando el Barça ha logrado sanear parte de sus cuentas y ha estructurado su plantilla con jugadores jóvenes y salarios… pic.twitter.com/4QBHHbBf7u
— Miguel Galan (@MiguelGalanCNFE) April 24, 2025
—Ahora me agrada aún menos el derrotero que están tomando las cosas.
—Sea adulto. Si lo piensa, hacemos una gran labor social. Hay gente que si no se hubiese arrimado a nosotros jamás podría haberse labrado un futuro por méritos propios.
Los tres galernautas seguían comentando tuits. Ahora, uno de Pável Fernández.
🟥 Que bien le hubiera venido aquí una rojita a Endrick por esta acción con Domingos Duarte, y que el chaval vaya aprendiendo.
⚠️ Ojo, que con una amarilla me parece suficiente, pero con esta se aprende menos
⚽️ #GetafeRealMadrid
🎥 @DAZN_ES pic.twitter.com/qhwU01TAMa— Pável Fernández (@PavelFdez) April 23, 2025
El representante de gildas parecía haberse comido un kilo de las picantes, su rostro reflejaba indignación.
—¡Son ustedes la organización más corrupta de cuantas han mancillado el mundo del fútbol jamás!
—Pero no se ponga así, oiga. ¡Si mi interés se limita únicamente a pagar para que todo sea neutral!
En ese momento, el representante de gildas agarró el tarro de 5 Kg de las picantes, inmovilizó al tipo motivado y procedío, una a una, a…
Hemos decidido no continuar el relato. Ya os hacéis una idea del motivo por el cual se ha retrasado este portanálisis, las urgencias médicas no funcionan todo lo rápido que desearíamos. Con lo pintoresco de la situación, no pudimos comprar la prensa en ese momento. Acabamos de pasar ahora por el quiosco. Aquí os la dejamos.
Pasad un buen día.