Buenos días, amigos. Lo novedoso del torneo y las fechas en las que tiene lugar nos inducen subliminalmente a un análisis desde el prisma exclusivo del futuro próximo, como si estuviésemos en pretemporada. Así, somos injustos con el hoy. El hoy es que el Madrid está en semifinales del Mundial de Clubes.
Como aún nos falta perspectiva histórica para calibrar la importancia de la competición, puede que no tengamos una idea cabal de la grandeza que en sí mismo tiene este éxito, cosechado a lomos de un fútbol muy convincente cuyo nuevo paradigma ha sido implementado en tiempo récord por un nuevo técnico. Ojalá se pueda rematar el día 13 con un éxito completo, es decir, levantando el trofeo.
Antes, el día 9, queda el tour de force de esta singladura apasionante: el vigente (y brillante) campeón de Europa, el PSG. Así nos lo recuerda Marca, sin darnos un segundo para saborear la victoria en un partido frente al Dortmund que parecía no tener historia hasta que en los últimos minutos, de sopetón, concitó tomos y tomos de Yuval Noah Harari.
Como bien señala Marca, el Madrid ganaba 2-0 en el minuto 20 y lo tenía todo perfectamente controlado. Es legítimo empezar por criticar lo negativo, a saber, la inexplicable bisoñez de Rüdiger en un rechace que nos complicó la vida encajando un 2-1 absolutamente evitable. Ahí se produjo el grandioso golazo de Mbappé que Marca trae a portada, el 3-1 que parecía sentenciar la cosa, abortando sustos.
Pero los sustos siguieron a raíz de la bisoñez de Huijsen (esta vez comprensible debido a su edad). Si el error de Rüdiger era grave porque comprometía el triunfo en este partido, el del central español, que pese a esto está deslumbrando en el torneo, lo es porque compromete las semifinales: por un fallo garrafal de Dean, que se hizo expulsar cometiendo un penalti innecesario, no podremos contar ante el PSG con el concurso de un hombre fundamental en la construcción de las jugadas desde campo propio. El fallo de Dean nos duele porque nos priva de él. Hay errores que retratan excelencias.
Sería muy injusto, no obstante, no señalar lo positivo, que fue más y que ilusiona, o que “enciende”, por usar el verbo que el propio Xabi acuñó en su presentación con gran eficacia comunicadora. Lo positivo, en primer lugar, es el resultado. Ese 3-2 accidentado encierra gloria. La senda de este nuevo Madrid en un torneo que está siendo un éxito representa otro éxito en sí mismo.
As se centra en uno de ellos: el éxito de la Fábrica, o sea, de la cantera blanca, representada por Gonzalo y Fran, autores de los dos primeros goles, ambos españolísimamente apellidados García. ¿Alguien ha hecho ya la gracia del retorno del “Madrid de los García”? Estos dos jóvenes aglutinan gran parte de aquel espíritu artesanal de esa generación de aguerridos vikingos ochenteros que por poco desafían la lógica ganando la que en 1981 habría sido la Séptima. Por la calidad de sus compañeros, sin embargo, estos Garcías apuntan más alto que aquellos. Apuntan a la gloria.
Más buenas noticias:
-El golazo de Mbappé lo sitúa en la mejor disposición para dar lo mejor de sí en un partido de altísimo voltaje competitivo y emocional: el duelo ante su exequipo en la semifinal de un Mundial. Su golazo fue dedicado marcando con los dedos un número 20 que después, en redes sociales, confirmó lo que parecía ser: un homenaje a Diogo Jota. Todos los equipos que quedan en competición quieren ganar el título en memoria del malogrado futbolista portugués, cuya inesperada muerte ha supuesto una conmoción terrible en el mundo del fútbol.
-Hay futbolistas en estado de gracia. Tchouaméni (uno de los sobresalientes en las notas del partido por parte de Gutiérrez de Panga) está intratable.
-Güler ha agarrado la velocidad de crucero destinada a llenar las botas de Luka Modric, nada más y nada menos. Su asistencia en el gol de Gonzalo fue “un caramelo”, como reconoció el propio delantero madrileño.
-Trent engalanó sus cifras con una nueva asistencia, que propició el gol de Fran. Va mostrando poco a poco su indiscutible calidad. Ayer lo hizo en un partido inmanejable desde el punto de vista psicológico, con la noticia del adiós de su gran amigo Diogo aún caliente. Ayudemos a Trent.
El Madrid se encuentra a dos pasos de volver a hacernos abrazar la gloria. La ilusión ha vuelto.
Os dejamos con la prensa cataculé, que ya no sabe cómo disimular su inquietud por lo que puede pasar en el Mundial a punta de minimizar el espacio dedicado a la competición. Pobrecitos.
Pasad un buen día.
Nueva York no destaca precisamente por ser una urbe futbolera. Tiene bastante con ser la capital financiera del mundo. Pero sí que es una ciudad que alberga grandes entidades deportivas, empezando por el equipo más laureado de la historia en béisbol, los New York Yankees, vencedores en 27 ocasiones de las series mundiales de la Major League Baseball. En fútbol americano, los Giants ganaron cuatro veces la Super Bowl y sus rivales, los Jets —ambos comparten estadio, precisamente el MetLife de Nueva Jersey—, tan solo una vez, en 1969. En la NBA, los Knicks, conocidos mundialmente gracias a los protagonistas de la maravillosa serie Friends, lograron dos anillos hace ya más de 50 años (1970 y 1973). Por último, por hacer un breve repaso a los cuatro deportes más famosos y seguidos en Estados Unidos, cabe decir que tres equipos, los Rangers, los Islanders y los Devils —estos últimos de Nueva Jersey— lograron ser campeones más de una vez, aunque hace ya bastantes años, de la National Hockey League.
En fútbol, poca cosa, apenas un éxito en 2021 de los New York City —relacionados con el grupo City, dueño del equipo de Manchester y también con los NY Yankees de béisbol— en la MSL (Major Soccer League), que juegan sus partidos en el célebre Yankee Stadium, lugar los triunfos de los Yankees y tantas veces protagonista de éxitos cinematográficos.
No vamos a olvidar a los Cosmos de Nueva York, en una época pre-MLS —años 70—, fundados por el que fuera genial productor de cine y mandamás de la Warner, Steve Ross.
Logró hacer campeones a los neoyorquinos en el campeonato que se llamaba entonces North American Soccer League (NASL). Primero fichando al gran Pelé, con la inestimable ayuda diplomática del por entonces secretario de Estado Henry Kissinger, y poco a poco logró atraer más talento, como el Káiser Beckenbauer, el fabuloso lateral brasileño Carlos Alberto, el goleador itailano Chinaglia, el yugoslavo Bogićević, el holandés Neeskens, el belga Van der Elst o el paraguayo Romerito. Aquellos fueron los únicos —por ahora— años dorados del fútbol en Nueva York, con cinco trofeos conquistados en la NASL y llenando varias veces el estadio de los Giants con más de 70.000 espectadores.
Durante las décadas siguientes, el soccer fue perdiendo interés para los neoyorquinos, de tal forma que, por ejemplo, la final de la Copa del Mundo de 1994 se jugó en Los Ángeles. Poco a poco, gracias a la pasión increíble que hay en EEUU por el soccer femenino, y por el empuje de millones de seguidores de la comunidad hispana, parece que el fútbol vuelve a generar interés cerca de la Gran Manzana, que ya cuenta con dos equipos —el City y los Red Bulls— en la MLS. Hecho significativo también es que en 2026 la final de la próxima Copa del Mundo se celebrará en el MetLife de Nueva Jersey, recinto con capacidad para más de 82.000 espectadores, y que cobija los partidos de NFL de los Giants y de los Jets.
Precisamente el MetLife acaba de ser la sede del encuentro de cuartos de final disputado entre el Borussia de Dortmund y el Real Madrid. Gradas llenas y, como viene siendo ya habitual, una mayoría de espectadores, más del 95 %, a favor de los merengues. Y es que son precisamente estos partidos los que poco a poco van calando en Estados Unidos, un país en el que gustan sus propios deportes, obviamente, pero que disfrutan viendo a los mejores del mundo en otros deportes no tan suyos. Y para ello, no hay mejor embajador que el club más laureado del planeta.
El partido que acabamos de ver no era el primero jugado en estas tierras por los nuestros, de hecho, hasta nuestro Paco Gento tuvo la dicha de posar con Rita Hayworth —emparentada con la joven promesa Gonzalo García— a principios de los 60 en el Yankee Stadium. Pero sí ha sido el primer encuentro oficial, de ahí su importancia. Que la capital del mundo sea la anfitriona de un partido oficial del Real Madrid, club que rige el dominio del planeta fútbol en el balompié, supone un acontecimiento mundial de primer orden. Y enfrente, un campeón de Europa (1997) y que además era el penúltimo finalista de la Champions de 2024. Un cartel de prestigio para una competición con futuro.
Y los nuestros estuvieron a la altura, al menos en el 95% de la duración del partido.
Xabi Alonso, de inicio, alineó a los 11 del partido de la Juventus, con una quinta titularidad consecutiva del goleador Gonzalo, que dejaba en el banquillo no solo a Mbappé, ya en fase última de recuperación, sino de nuevo a Rodrygo Goes, que no deja de ser uno de nuestros futbolistas más cotizados. El MetLife Stadium lucía impecable, a las 4 de la tarde, con un sol de 30 grados. Las condiciones para el juego eran mucho mejores que en Miami, que en Charlotte y que en Filadelfia.
Los primeros 20 minutos del Madrid fueron, sencillamente, soberbios. Si esto es un preludio de lo que vamos a ver la próxima temporada, va a ser imposible aburrirse con este equipo. Una auténtica exhibición que salía casi siempre de los pies de Huijsen, pasaba por la banda izquierda, con un Fran estratosférico. Suyas fueron las primeras incursiones, volviendo loco al pobre Ryerson, penetrando como bisturí en margarina. El gol tenía que llegar, y fue tras una delicatessen de Arda Güler que Gonzalo clavó en la red de Kobel.
Era el rock’n’roll prometido por Xabi, pero también era una composición de piano con gotas de jazz, una Rapsodia en blanco propia del neoyorquino de Brooklyn, George Gershwin. Tenía que llegar otro gol, y fue con un golazo de Fran después de una nueva asistencia —la segunda, tras la de la Juventus— de Trent, tras otra intervención de Gonzalo.
Los García, Fran y Gonzalo, habían destrozado a un Borussia que no sabía por dónde le venían las flechas blancas, permanentemente en movilidad y apareciendo por cualquier inesperado lado de la cancha del MetLife.
Bajó decibelios el equipo merengue, y dejó la posesión, estéril a los renanos, que no crearon ni una sola clara oportunidad de peligro. De hecho, Jude Bellingham y Vinícius, en dos ocasiones, pudieron perforar de nuevo la meta de Kobel, destacando la oportunidad de Jude en el minuto 26, tras otra sinfonía de talento y de armonía futbolística.
Tchouaméni volvía a ser el jefe de la banda desde atrás y Courtois fue un atacante más al lanzar los contraataques tras sendas paradas a lanzamientos de córners amarillos. Y todo el equipo trabajó a destajo durante los 48 minutos que duró el primer periodo.
Ya no hubo mucho más. Y es que el partido acabó en el minuto 20 tras el gol de Fran García. Los blancos estaban esperando ya a la semifinal y no querían hacer esfuerzos adicionales. Entre Arda y Valverde se ocuparon de controlar el partido y dormirlo plácidamente. Luego entraron Modric y Ceballos para dormir aún más al Borussia, y también Mbappé entró por Vinicius. Jude y Trent, la pareja inglesa, se reservaba para el parido de la semifinal.
Poco pasó entre el minuto 60 y el 90, un tímido tiro de Beier atajado por Courtois y algún escarceo blanco con tiritos de Modric y de Valverde. También entraron en los minutos finales Asencio y Rodrygo por los agotados Tchouaméni y el goleador Gonzalo.
Todo estaba decidido cuando empezaron siete minutos de auténtica locura. Ya no había rock’n roll, ni rapsodias, ni lieder alemanes. La macumba se cernió sobre el MetLife, en pleno bochorno vespertino y muy húmedo a los bordes del río Hudson.
Marcó el 2-1 en el 92’, casi sin querer, tras un regalo infantil de Rüdiger. Ni lo celebraron los alemanes. Acto seguido, tras nueva asistencia de Güler, una chilena prodigiosa de Mbappé volvía a dar la tranquilidad a un equipo que se había relajado en demasía.
3-1, y todavía celebrando y agasajando todo el equipo a Kylian cuando se interna por el centro el francés Guirassy, prácticamente inédito en los 90 minutos, y Huijsen comete un penalti imperdonable, de párvulo. Mejor era dejar dispara a Guirassy, pero el reciente fichaje, impecable en el Mundial, agarró al delantero renano sin posibilidad de jugar el balón. Penalti y tarjeta roja.
Guirassy fusiló a Courtois el 3-2 y aún tuvo que haber milagro postrero de Courtois, que salvó el empate a 3 y una temible prórroga tras un paradón descomunal, propio del mejor del mundo, ya en el minuto 99.
Es más que posible que Xabi no haya apreciado en demasía la pereza o la desidia final de los suyos, que habían hecho un partido inteligente y ahorrando fuerzas para lo que queda de torneo.
Espera en semifinales el campeón de Europa, el PSG, un club totalmente contrapuesto al nuestro, de escasa raigambre, con una historia de poco más de 50 años, totalmente artificial, construido a base de los abundantes petrodólares de Catar. Que pasó su cruce ante el Bayern con cierta dosis de fortuna y, sobre todo, gracias a la ingenuidad en ataque de los bávaros y a los regalos de su línea defensiva, incluyendo al estrambótico Neuer, cuyas pifias ya no las corrige como antaño con paradas milagrosas.
Habrá importantes bajas en ambos equipos, los centrales Pacho y Lucas por parte gala y Dean Huijsen, por parte madridista, verán el partido desde la grada.
Es el momento de poner las cosas en su sitio y que la tradición, los valores de un club de fútbol de verdad, la transparencia y el señorío, pongan a los de Catar en sitio. Es de ley, y, además, hará mucho más prestigiosa en el futuro a esta competición creada por Infantino y bendecida por el modelo del nuevo fútbol que Florentino Pérez lleva buscando desde hace años. Hágase pues el próximo miércoles, de nuevo en este Metlife Stadium, con una nueva mayoría aplastante de seguidores y amantes del Real Madrid.
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Arbitró el brasileño Ramón Abatti Abel. En el VAR estuvo el mexicano Guillermo Pacheco Larios.
En el partido contra el Pachuca ya nos desesperó. Hoy ha confirmado que es un auténtico sinvergüenza. Si el Dortmund llega a empatar en la última jugada es para que Lula no le volviese a dejar salir del país. Una golfada en toda regla porque la acción del penalti era la última del partido y permitió otra más de forma injusta e innecesaria.
No deja muchas más ganas de comentar el resto de su actuación. Amonestó a Gross y a Couto por entradas de amarilla a Bellingham y Fran respectivamente. En el bando madridista, expulsó a Huijsen en una acción de roja porque el agarrón significa no querer jugar la pelota y enseñó amarilla por protestar a Mbappé. Esta última bastante prescindible.
Ojalá no verle nunca más pitar al Real Madrid.
Abatti, SUSPENSO CATEDRALICIO.
Courtois: sobresaliente. Un paradón en el último segundo supuso la clasificación para semifinales de un Madrid que se complicó la vida al final del encuentro.
Trent: bien. Tiene muy buen pie y firmó una nueva asistencia.
Rüdiger: aprobado. Un mal despeje en los últimos minutos revivió al Borussia.
Huijsen: aprobado. Agarrón innecesario en el último minuto de partido que le costó la expulsión y la baja para semifinales.
Fran García: sobresaliente. Llevaba un Mundial entonado y hoy ha brillado especialmente —gol incluido— sobre todo en la primera parte. Quizá su mejor encuentro con el Real Madrid.
Tchouaméni: sobresaliente. Otro encuentro sólido de Aurélien. Es la cuña que asegura la cabeza del martillo al mango. Pletórico.
Valverde: notable. Primero, en el centro del campo. Después, en el lateral. Es el sustrato sobre el cual crece el Real Madrid.
Güler: notable. Se ha apoderado de las llaves del coche y no quiere dejar de conducir el bólido.
Bellingham: bien. No vio amarilla y podrá disputar el partido de semifinales el miércoles contra el PSG.
Vinícius: aprobado. Trabajó, pero estuvo poco acertado con balón. Al igual que Jude, estaba apercibido y evitó la tarjeta.
Gonzalo: notable. Lucha, presiona, descarga, se ofrece, dispara y marca goles. Hoy descorchó el partido. No es una promesa, es una bendita realidad.
Mbappé: notable. Salió y marcó un gran gol.
Modric: bien. Disfrutó de una ocasión para marcar.
Ceballos: bien. Contemporizó.
Asencio: sin tiempo.
Rodrygo: sin tiempo.
Xabi Alonso: notable. Cada día se nota más su mano. Se atrevió primero a alinear a Gonzalo por delante de Mbappé y después a cambiar a Vini antes que a Gonzalo para incluir a Kylian. Acertó en ambas decisiones.
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Buenos días, amigos. En un giro inesperado de los acontecimientos, Nico Williams y el Athletic Club han anunciado la renovación del contrato del delantero hasta 2035.
La noticia ha dejado al club cliente de Negreira y sus satélites mediáticos completamente estupefactos. Abatidos. Picuetos. Iracundos. Cualquier adjetivo que retrate una ignominiosa amalgama de cólera, pasmo, frustración y constancia de la propia podredumbre es aplicable a esta inesperada pero gozosa situación.
Gozosa al menos para todo aquel a quien reste un resquicio de fe en el ser humano. Resulta que las malas artes no siempre salen bien. Resulta que la grosería no siempre obra el efecto deseado, que no siempre lo hace la desfachatez. Resulta que hay un rayo de esperanza para quienes esperen que el hacer las cosas bien (o sea, precisa y exactamente como las hace ese club llamado Athletic) en ocasiones trae fruto.
Si tú quieres a un futbolista, pagas su precio y te callas. No enredas en los medios, tratando de socavar la dignidad y la resistencia del otro club, mientras te rascas la sien pensando en cómo vas a pagar esa cláusula.
As lo explica muy bien en su primera plana de hoy. Las calabazas son de época. Ya hay quien las compara con las que Mbappé dio al Madrid durante siete años. Claro, ya sabemos que el club cliente de Negreira no ha parado de ganar Champions mientras aguantaba las continuas calabazas con trenzas del extremo español. Jejeje.
El club cliente de Negreira pretendía llevarse al futbolista sin pagar la cláusula por la sencilla razón de que no tiene cómo pagarla. Para ello, ejerciendo el dominio de los medios que los propios medios atribuyen en cambio a Florentino, ha creado un caldo de cultivo ambiental que favoreciera el que al final la operación se diera a cabo por lo civil o por lo criminal (esta última vía no tiene secretos para los culés).
No contaban con la dignidad y la resistencia de un club, el Athletic, que primero les ha plantado cara a base de indagar sobre las fraudulentas inscripciones de sus jugadores y que luego ha aprovechado las legítimas dudas de Nico (¿quién no tendría dudas de firmar un contrato con una entidad tan intrínsecamente chunga como el més que un club?) para poner el lazo de una renovación histórica, como histórico es el ridiculé cosechado por Laporta y sus compinches.
La portada de As da en la diana al hablar de las garantías de inscripción (o de la falta de las mismas) para explicar la decisión final del excelente punta vasco. Vistas las angustias de jugadores como Olmo el verano pasado, Nico y su representante exigían unas mínimas garantías de que el fichaje no comportaría ese suspense. La respuesta de la envilecida entidad catalana ha sido patética y mezquina, como la práctica totalidad de lo que hacen.
—No solo no te damos esas garantías, sino que ¿quién te has creído tú para pedirlas? Mira que azuzo a mis medios afines, que son los míos propios y los de Roures, para presentar semejante exigencia como una excentricidad y una canallada.
El club cliente de Negreira confiaba en que, en el peor de los casos, el CSD terminaría presentando la inscripción de Nico como de interés general para todos los españoles, como hicieron con Olmo (no en vano Laporta apunta primordialmente a componentes del equipo nacional, sabedor de que el Gobierno jugará esa carta para protegerles por enésima vez). Resulta que Nico, por lo que sea, no ha querido esperar al in extremis. Por lo que sea, no ha querido ponerse en las manos de las maniobras de última hora de Jan, en connivencia con Uribes, Sánchez y los políticos catalanes que les sostienen.
Sí: resulta que Nico Williams tiene mucho más honor que todo eso, como lo tiene el respetabilísimo club con el que ha cerrado su futuro para los próximos diez años.
As refleja también la otra caída en desgracia de los negreiros en un viernes verdaderamente negro. “Caído el 4 de julio”, podría llamarse la película. 15 millones de euros de multa de la UEFA por saltarse el Fair Play financiero, que es justo de lo que hablamos aquí. Sus trampas han hecho que Williams no confíe en ellos, y sus trampas han desencadenado esa sanción. La reflejan también, pero tan pequeñito como pueden, las portadas de la prensa cataculé.
Lo que decíamos: estupefactos, abatidos, picuetos, frustrados, iracundos.
—Niño, no me pongas solo el chasco del Williams, cojons. Véndeme en portada algo que dé esperanza también, para compensar, ya sabes. Ponerme un Luis Díaz ahí. Ponme un Rashford. Que Jan está que trina y ya solo falta que nos cierre el grifo.
Por su parte Marca, hoja parroquial del Padre Tebas, evita la tentación, pues quien lo hace evita el pecado, queridos niños, y prefiere a Topuria como elemento central de su primera plana. Tebas quería que Nico Williams fichara por el culerío, y lo de la sanción por el Fair Play no le interesa que se sepa, de manera que para encontrar lo primero en la portada marquista hay que usar una lupa como la de Peter Cushing en Top Secret, y para hallar alguna referencia a lo segundo hay que valerse de un microscopio preparado para desagregar átomos como quien prepara unos huevos con chorizo junto a Jan.
¿Importa todo esto que os hemos contado? Importa hasta un punto. Lo verdaderamente fundamental ya sabéis lo que es. Lo verdaderamente fundamental es que el Real Madrid de Xabi Alonso se juega esta noche a las diez, frente al Dortmund, la posibilidad de plantarse en la semifinal de este exitoso Mundial de Clubes de la FIFA, que aspira a ganar de manera pionera.
Sobre el muy respetable y peligroso rival de esta noche os han contado cosas en los últimos días/horas, en esta página, Athos Dumas y Gonzalo Páramo.
Hala Madrid.
Pasad un buen día.
El Real Madrid se mide mañana con el Borussia Dortmund por una plaza en las semifinales del Mundial de Clubes: un viejo conocido.
En los últimos trece meses, el Real Madrid se ha enfrentado al conjunto alemán en dos ocasiones: la primera, en aquella final de la Champions a principios de junio de 2024 que supuso la consecución de la decimoquinta en Wembley; y la segunda y más reciente, en aquel 5-2 de octubre de 2024 con remontada incluida en el Bernabéu, en uno de los mejores partidos de Vinícius Júnior con la camiseta blanca.
En ambas ocasiones se enfrentó al mismo rival, pero a dos equipos completamente diferentes. El finalista de la Champions 23-24 era un equipo coral. Ordenado. Un bloque prácticamente impenetrable que consiguió dejar a cero su portería ante el París Saint-Germain en las semifinales, y que supuso un hueso duro de roer para el propio Real Madrid en aquella final. Edin Terzic construyó una defensa ordenada y sin fisuras a partir de las figuras de Gregor Kobel y Mats Hummels: un auténtico “Muro Amarillo”.
Sin embargo, la salida del entrenador alemán, sumada a la baja de Hummels, debilitó mucho al Dortmund. El equipo que jugó en octubre de 2024 en el Santiago Bernabéu nada tenía que ver con el de unos meses antes. Tenía capacidad de amenazar al contragolpe (no en vano se adelantó con un 0-2) gracias a jugadores como Malen, Gittens o Guirassy. Pero demasiado frágil en defensa. Y esa desorganización, ante un jugador como aquella versión de Vinícius, se paga muy cara. El muro que tan bien funcionó la temporada anterior ahora tenía fisuras y era fácil de resquebrajar.
La principal debilidad del Dortmund reside en su defensa. Es un equipo que se parte con mucha facilidad en transiciones, que no cierra bien los pasillos interiores, y que en la defensa del área a menudo comete errores de marcaje
El Borussia Dortmund que se va a encontrar el Real Madrid se acerca más a esta segunda versión que a la primera. Cuenta con jugadores de gran calidad ofensiva, como el mencionado Guirassy, quien será un rival duro para los centrales, y con atacantes muy veloces con capacidad de romper al espacio y amenazar al contragolpe, como Karim Adeyemi.
Su centro del campo, compuesto por tres jugadores de gran nivel como Felix Nmecha, Pascal Groß y Jobe Bellingham, va a sufrir una baja muy importante. El jugador inglés, recién llegado al conjunto bávaro para este Mundial de clubes, vio una tarjeta amarilla en los octavos de final ante Rayados de Monterrey, por lo que cumple ciclo de sanción de cara a los cuartos y, por lo tanto, no estará disponible para Niko Kovac, además de no poder reencontrarse con su hermano mayor Jude.
Se trata de una baja sensible para los alemanes, ya que Bellingham estaba siendo uno de sus mejores futbolistas y había supuesto un soplo de aire fresco en un equipo bastante irregular.
Pero la principal debilidad del Dortmund reside en su defensa. Como he comentado antes, es un equipo que no ha conseguido rehacer una estructura defensiva sólida tras la marcha de Hummels, a lo que se suma una caída de rendimiento de Gregor Kobel. Es un equipo que se parte con mucha facilidad en transiciones, que no cierra bien los pasillos interiores, y que en la defensa del área a menudo comete errores de marcaje.
Son debilidades muy explotables para un Real Madrid que cuenta con los jugadores y los perfiles necesarios para aprovechar estas carencias.
Estoy realmente ilusionado con este Real Madrid de Xabi Alonso. Este tipo de ajustes reflejan el trabajo del entrenador, al igual que la organización colectiva en la presión tras pérdida
Huijsen nos ha enseñado su gran capacidad para encontrar a compañeros entre líneas y filtrar pases que rompen líneas de presión. Cuenta con un dato completamente anómalo y extraordinario para ser defensa central: en los cuatro partidos que ha disputado, ha completado un total de 55 pases en el tercio final. Algo que, sin lugar a duda, será muy útil para romper la defensa del Borussia con Vinícius o Bellingham incrustándose en esas zonas entre defensa y centro del campo.
Gonzalo García es una de las revelaciones del torneo y, junto a Huijsen, el mejor jugador del Real Madrid en lo que llevamos de Mundial. Ya no es solamente su producción (tres goles en cuatro partidos), es el resto de las cosas que aporta: una presión agresiva, a la que se suma el efecto colmena que contagia a sus compañeros; presencia en área rival; y capacidad de remate. Todo ello, sumado a un gran centrador como es Trent Alexander-Arnold, convierte al canterano madridista en un arma realmente interesante no solo de cara al resto del Mundial, en el que debe seguir siendo titular, sino también de cara a la siguiente temporada. Puede cumplir el rol que tuvo Joselu, aunque con bastantes más recursos técnicos que el exjugador merengue.
Estoy realmente ilusionado con este Real Madrid de Xabi Alonso. Veo un equipo comprometido, organizado y muy equilibrado gracias al rol de Tchouaméni como tercer central o pivote, según el momento del partido. Este tipo de ajustes reflejan el trabajo del entrenador, al igual que la organización colectiva en la presión tras pérdida. Una presión estudiada al detalle y con jugadores dispuestos a ejercerla.
Una presión que será clave para derrumbar el “Muro Amarillo”.
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Buenos días, amigos. Ayer vivimos una jornada trágica. Diogo Jota falleció junto a su hermano André Silva en un accidente de tráfico ocurrido en Zamora. El terrible suceso nos conmocionó a todos. Aún lo estamos.
Por la tarde conocimos el deceso de Peter Rufai, exguardameta nigeriano que militó, entre otros clubes, en el Hércules y en el Deportivo de la Coruña.
“El mundo del fútbol os llora”, titular Marca.
También falleció el piloto de motos Borja Gómez, de 20 años, tras un accidente en Magny-Cours.
Fuera del mundo del fútbol, otra noticia luctuosa: la muerte de Michael Madsen, actorazo y uno de los intérpretes fetiche de Tarantino. El cuerpo de Mr. Blonde fue encontrado sin vida en su casa de Malibú.
Cuesta hablar de temas deportivos, pero es nuestra labor y procedemos a ello una vez tratadas con respeto las tristísimas noticias anteriores.
Imaginad un mundo en el cual el sindicato del crimen se organizara de manera oficial y sopesase presentarse en el Juicio de la Comisión de la Mafia. Pero sopese presentarse contra las víctimas, no contra las Cinco Familias de Nueva York acusadas de extorsión, asesinato, etc. Ojo.
No hace falta que imaginéis más, porque en España, conceptualmente hablando y salvando las distancias entre los presuntos delitos, ha ocurrido algo similar. Ocho de los árbitros de la era Negreira que se mantienen en activo han constituido un sindicato. No el del crimen, sino arbitral: la AESAF (Asociación Española de Árbitros de Fútbol). Aparece en el BOE, aunque no especifica si para pertenecer a este sindicato es necesario ser un llorón público o no.
Los promotores de esta asociación son: Del Cerro Grande, González Fuertes, Hernández Hernández, Soto Grado, Cuadra Fernández, Sánchez Martínez, Gil Manzano y Martínez Munuera.
The Hateful Eight —por cierto, película de Tarantino también protagonizada por Madsen— son los mismos odiosos ocho que eran conducidos y tutelados por Javier Enríquez desde el hotel de concentración al Camp Nou hasta el día que se hizo público que el Barça llevaba lustros pagando millones de euros a Negreira, vicepresidente del CTA y papá del chófer y coach.
Así comunicó el Partidazo de COPE las intenciones del sindicato de los Hateful Eight:
🚨 ÚLTIMA HORA | La Asociación Española de Árbitros de Fútbol se presenta como acusación particular en el ‘Caso Negreira’ y en la causa abierta contra Real Madrid TV por los vídeos contra los árbitros
📻 #PartidazoCOPE pic.twitter.com/pmws2nLiU1
— El Partidazo de COPE (@partidazocope) July 3, 2025
Merece varias puntualizaciones. Los odiosos ocho no se presentan como acusación particular en el “Caso Negreira” (sic), ya que, según reza su propio comunicado, están evaluando los casos antes de actuar. Y mucho menos se presenta en la causa (sic) abierta contra Real Madrid TV por los vídeos contra (sic) los árbitros. Confundir un expediente sancionador administrativo con un proceso criminal supone una anencefalia que es imposible de creer, ni siquiera en estos sujetos. Por lo que solo queda la explicación de la mala fe. Ni es causa ni los vídeos son contra los árbitros. Si a los Hateful Eight les encrespa que se realicen piezas audiovisuales que muestren, sin manipular, cómo realizan un trabajo por el cual cobran más de 300.000 € al año, y les afecta tanto como para organizar un sindicato y plantearse tomar medidas legales, probablemente tengan un grave problema con la libertad de expresión y el estado de derecho en general.
El asunto es que las estructuras del sistema están podridas y lo que suceda obedecerá más a los intereses crematísticos del sindicato y demás mafia que a la verdad y la justicia, por lo que ningún escenario es descartable. Tiene más probabilidades el Madrid de descender a Segunda por que el Barça se hubiera comprado al estamento arbitral durante décadas que el propio Barça en recibir siquiera una multa de aparcamiento.
Abandonamos el tema mafioso y hablamos de baloncesto. En el faldón de As leemos la noticia de la firma de Scariolo por el Madrid hasta 2028. El italiano releva a un Chus Mateo que se despidió como lo que es: un tipazo y un gran madridista, valga la redundancia.
Dicen que la aflicción es el precio que se paga por perder aquello a lo que se ama bien.
Esa es ahora mi sensación y no quiero que sea otra. Ya se pasará…Se mezcla esta, con el orgullo que siento de haberlo dado todo por mi club, al que siempre he tratado de representar
— Chus Mateo (@MateoChus) July 3, 2025
Es necesario ponderar la quizá infravalorada trayectoria de Chus en el Madrid, singladura cuyos trofeos fueron una Euroliga, dos Ligas, una Copa de Rey y dos Supercopas de España en tres años.
También llegó el Chacho y se marchó Herreros. Qué decir de Alberto, 30 títulos en 20 años en el cargo, incluidas tres Euroligas.
Gracias por todo, gracias por tanto a ambos y los mejores deseos en sus nuevas etapas.
Hemos comenzado este portanálisis de la peor de las maneras, con el corazón encogido por tantas muertes. Queremos terminarlo con algo menos feo.
Lo que más pesa es el corazón ❤️#AthleticWIN #AthleticClub 🦁 pic.twitter.com/do1QvtqYbP
— Athletic Club (@AthleticClub) July 4, 2025
Nico ha decidido quedarse en un club de fútbol y no ir al Barça. Prefiere el deporte a las triquiñuelas. Los aficionados al fútbol estarán contentos. Laporta, el youtuber adulto con gorra y demás mamporreros y rebaño se habrán llevado otro chasco.
“Si se inclina por ser blaugrana deberá dejar de lado la cláusula liberatoria que quería en su contrato”. Os ha durado la portada, Mundo Deportivo, el mismo tiempo que vuestro amado Barça está sin quebrantar ninguna norma. Porque estamos curados de espantos, si no en una sociedad sana sería un escándalo que se le recrimine a un profesional que exija garantías para poder desempeñar el trabajo para el cual se le pretende contratar, que exija, en definitiva, que se cumpla ley.
Pero vivimos en un mundo donde el sindicato del crimen acusa a las víctimas.
Pasad un buen día.
No habrá duelo fratricida en Nueva York. Jobe Bellingham vio una tarjeta ante Rayados de Monterrey y nos perderemos un cara a cara más que atractivo entre Jude y Jobe. Un duelo al sol, a las 3 de la tarde hora de la Costa Este norteamericana. Habrá que esperar para ver en acción contra los blancos a la que fue hasta hace un mes la joya de los Black Cats del Sunderland.
Pero hay muchos más atractivos este próximo sábado. El Borussia, club amigo, como diría nuestro presidente, es un habitual competidor de los nuestros en Champions League, con grandes recuerdos para el Madrid (Wembley 2024 en la memoria de todos, la semifinal de la portería en 1998 y algunos más), y algún lejano nubarrón en semifinales en 2013, con el célebre póker de Lewandowski en Dortmund.
El Borussia, tras la llegada de Niko Kovać —que llegó a entrenar, entre otros muchos, al Bayern de Múnich— en febrero, efectuó un sprint final descomunal en la Bundesliga, pasando de un undécimo puesto a falta de diez jornadas hasta conquistar el cuarto lugar en la última jornada, logrando un año más colarse en la mejor competición mundial para la temporada que viene.
Pese a contar con la baja de su mejor defensor, el central internacional Schlotterbeck, se ha plantado con justicia en cuartos de final de este Mundial siendo primero de su grupo por delante de la revelación carioca, el Fluminense, y dando buena cuenta en un partido equilibrado del Rayados de Monterrey en octavos de final, pese a un "momento Ramos" en el minuto 91 que no culminó en las mallas del meta Kobel.
El equipo renano echará de menos a Jobe Bellingham, sin duda, pero tiene buenos sustitutos en Brandt y en Gross en el centro del campo teutón.
El veterano Süle será el encargado de liderar la defensa, posiblemente de tres centrales, y, como es costumbre en el Dortmund, tratará de equilibrar líneas, con un centro del campo muy poblado; de defender seguramente en bloque bajo ante el Madrid, y lanzar a correr a sus dos componentes más peligrosos, el extremo Adeyemi, que ya hizo diabluras en la primera mitad de la final de Wembley, y su goleador Guirassy, en plena forma y héroe ante los mexicanos de Monterrey.
forman un bloque compacto, muy solidario y poseen su gen competitivo de siempre, aderezado con el liderazgo de Kovać: indudablemente van a querer vender cara su derrota
Quizás no tengan las figuras de antaño, véase Sahin, Lewandowski, Reus y los más recientes Dembélé, Hummels, Haaland Sancho y el propio Jude Bellingham, ni cuenten con un entrenador top como Jürgen Klopp, pero forman un bloque compacto, muy solidario y poseen su gen competitivo de siempre, aderezado con el liderazgo de Kovać: indudablemente van a querer vender cara su derrota.
Tienen para ello una triple motivación, el Real Madrid enfrente, por supuesto, la posibilidad de colarse en semifinales de un Mundial, cuando hace unos meses nadie apostaba un euro por ellos, y una gran bolsa de dinero, que les permitiría reforzarse de cara a la Bundesliga y al resto de competiciones, para no volver a ser sobrepasados por su rival regional, el Bayer de Leverkusen.
Xabi Alonso conoce bien a este contrincante y procurará aminorar sus virtudes, en particular a las dos flechas amarillas, Adeyemi y Guirassy, capaces de perforar líneas a base de talento y de velocidad.
El Metlife Stadium de Nueva Jersey, morada de los dos equipos neoyorquinos de la NFL, los Jets y los Giants, acogerá este atractivo partido entre dos grandes de Europa —mejor dicho, entre el más grande del mundo y un grande de Europa—, como también será la sede de la final de este Mundial y de la final de la Copa del Mundo de selecciones en julio del año próximo.
Al ganador de esta eliminatoria le esperará, también en el Metlife, o bien el PSG de Luis Enrique o bien el Bayern de Vincent Kompany el próximo miércoles 9 de julio. Pero esa será otra historia que esperemos narrar en este blog galernauta.
Mientras tanto, los nuestros abandonan ya la cálida Florida para —confiemos— pasar muchos días cerca de la Gran Manzana, donde tantas historias inolvidables han transcurrido y nos han sido narradas en centenares de cintas cinematográficas.
Equipo tipo del Borussia Dortmund (3-5-2):
Kobel
Süle, Anton, Bensebaini
Ryerson, Gross, Nmecha, Brandt, Svensson
Adeyemi, Guirassy
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Los enemigos del fútbol —sobre todo si poseen alta estima por sí mismos e ínfulas intelectuales— suelen caer en el lugar común de emparentarlo con la violencia. Se trata de una de esas medias verdades de las que abominaba ese Machado cuyos aforismos gustan de citar: sin duda el deporte depende del contexto social en el que se inserta, y resulta innegable que las lealtades profundas generadas y el sentido de identidad colectiva a veces desencadenan conductas denunciables que no pueden cobijarse bajo el eufemismo de apasionadas; ahora bien, atribuir una tendencia obscena de disfrute contemplativo de la violencia al grueso de los aficionados, como si el fútbol fuese intrínsecamente perverso, tal cual decía Franco —Mastantuono no, el otro— de los rojos, supone un exceso intolerable, y por desgracia no del todo infrecuente.
Reflexiono sobre este cliché injusto mientras tengo puesto el Palmeiras-Botafogo, y los lectores de esta página que hayan visto el encuentro comprenderán por qué. Las faltas constantes no solo rompen el ritmo que todo partido necesita para enganchar al espectador neutral: por momentos, la dureza de algún indisimulado ajuste de cuentas me hace apartar la mirada del televisor. La violencia, incluso en una expresión atenuada, no solo no seduce al actual futbolero medio, sino que lo espanta. Por la noche, el noticiario me informa de que el Palmeiras ganó en los últimos instantes, para enseguida dar paso a los prolegómenos del combate de Ilia Topuria. El torrente de elogios con que se promociona la velada me saca una sonrisa de ironía.
El fútbol, ese muñeco del pimpampum de una cofradía peor que la de los tontos: la de los semicultos.
Primer día de piscina del verano, obtenido gracias a la gentileza de unos amigos de una urbanización de las afueras. La estampa costumbrista es perfecta, de una vulgaridad absoluta y, precisamente por ello, reconfortante. El sol cae a plomo sobre el mosaico azul, que chispea como un espejo roto en las lentes polarizadas de varios adolescentes que se pavonean por los bordes. Los chapoteos de los niños ahogan las conversaciones de los mayores, a menudo más centrados en una novela negra o en el tupper de tortilla que en el cuidado de su incansable prole. El césped se halla salpicado de tumbonas y toallas en las que los vecinos disfrutan de esa cálida complicidad que solo aparece en sitios donde la rutina compartida convierte a todos en parte del mismo cuento. El tiempo se disuelve aquí entre crema solar, risas y el rumor del transistor de un señor de cabellos blancos, único hilo conector con ese inhóspito lugar que es el mundo de afuera.
En otro momento, la ruptura del blindaje del refugio me hubiese resultado irritante, pero esa radio, que parece querer compensarnos, va narrando, inmisericorde, todos y cada uno de los goles con que el PSG sepulta al fatigoso y almibarado Inter de Miami. La paliza es de tal envergadura que ni el más cafetero de los messistas va a encontrar ningún asidero retórico al que agarrarse: con toda probabilidad el Inter pasará mañana de ser “el equipo de Leo” al “equipo de Luis Suárez”, o de algún otro cabeza de turco. A partir del tercer tanto me recoloco, sin disimulo, para poder escuchar mejor. El dueño del aparato se percata, se mesa complacido la rotunda papada y se toca el ala del sombrero de paja con el estilo de un caballero antiguo. A continuación, cae el cuarto. Me digo entonces que toda la felicidad del mundo está concentrada en este instante exacto: en la camaradería silenciosa, en el olor a cloro, en este rincón donde todo sigue su curso sin prisa. Como un verano bien vivido, o como una siesta que no se programa, pero llega.
Corre como la pólvora por las redes una predicción de los periodistas de la COPE de los resultados de la eliminatoria de octavos de final del Mundial. Los expertos habituales efectúan un pronóstico rutinario, cuasi funcionarial, mientras que Tomás Guasch, colaborador de este diario, obsequia a los oyentes con lo que a priori se trata de otra de sus disparatadas boutades. Las risitas en el estudio certifican el carácter irónico y bromista de la apuesta, que nadie se toma en serio.
Sin embargo, la victoria del Fluminense frente al Inter de Milán permite a don Tomás anotarse un valioso tanto en su credibilidad; algo que de inmediato quedará empequeñecido por la campanada de la madrugada posterior, digna de un texto de Hemingway y directa a la historia del torneo: los árabes se cargan al supuestamente renovado Manchester City, segundo máximo favorito para campeonar. Etimológicamente, Al-Hilal significa “luna creciente”, acaso una improvisada alegoría del desarrollo fulgurante de los equipos saudíes. Un amigo me escribe lamentándose por las consecuencias para el deporte europeo de un hipotético predominio árabe, a lo que le respondo con el emoji del encogimiento de hombros. Como si el dinero del Golfo —importante la mayúscula— no hubiera tenido repercusión ya, con ejemplos tan palmarios como el propio Manchester City de Guardiola. Alguien al que seguramente la derrota le conceda una nueva lluvia de millones para comprar, qué sé yo, un cuarto mediocentro o un séptimo central.
El Madrid vence a la Juventus, y el escaso aforo del bar, donde solo el acostumbrado antimadridista, ataviado con la camiseta de la Juve, rompe el silencio al escupir maldiciones contra la pantalla, me hace perderme en mis habituales soliloquios veraniegos. El campeonato del canterano Gonzalo me recuerda que, en otra ocasión estival, se me ocurrió relacionar al Madrid con Kafka, y vuelvo a merodear la idea.
En uno de los principales relatos cortos del escritor checo, Ante la ley, un campesino se presenta ante la gigantesca puerta de la ley, buscando el acceso a una justicia que nunca se le concede. Un guardián le dice que no puede entrar por ahora, aunque quizá podrá más tarde. El campesino espera, paciente y resignado, toda su vida. Muere sin haber entrado y, en el último instante, el guardián le revela que esa puerta era sólo para él, y que ahora va a cerrarla. La parábola trata de la arbitrariedad del poder, de la crueldad de las estructuras jerárquicas, de la ausencia de sentido —y por ende, de justicia—, y de la espera sin final. Algún cínico chistoso dirá que también describe la cantera de muchos equipos, y singularmente la del Madrid. Es posible. Lo que me queda claro es que Gonzalo constituye la osada antítesis de ese campesino, dispuesto a cruzar todas las puertas que se tercien. Ojalá lo consiga.
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Entregas anteriores:
1.- Dietario millennial de un Mundial de Clubes (I)
2.- Dietario millennial de un Mundial de Clubes (II)
“Hoy juega el Madrid”, pienso al despertar. Es una emoción extraordinaria, reconocible y gozosa hasta la más recóndita médula de mis huesos. Lo he sentido siempre: algo que no se puede nombrar con palabras humanas va a pasar en alguna cruz marcada puntualmente sobre la geografía del planeta. Esa mañana es diferente, ese día señalado es fundamentalmente distinto a todos los demás porque sé que a una hora determinada el Real Madrid —que no es una entelequia inasible sino una masa viva de gente, ideas y sentimientos concretos— se volverá fiesta, combate y agonía sobre el rectángulo verde.
Los días en que esos once jugadores de blanco persiguen un balón (porque la victoria, lo sabemos todos, es redonda) me levanto de la cama, camino a la ventana, recorro la cortina un poco para inspeccionar el mundo y me doy cuenta de que la luz es buena y que haber nacido fue lo mejor que me pudo haber pasado. Luego suspiro y pienso que un día ya no estaré aquí para verlo, aunque para mi fortuna y la tuya, ese día, bendito sea Dios, no es hoy. No te conozco pero sé bien, sin estar al tanto siquiera de tu nombre, que a ti te pasa exactamente lo mismo. Amanece siempre distinto entre quienes han comulgado con la gloria.
Así fue, pues, el otro día (1 de julio de 2025) cuando en Miami el Real Madrid C.F. se enfrentó a la Juventus F.C. La experiencia de alivio derivada del partido anterior me hizo anticipar una jornada placentera o por lo menos una en la que la victoria volviera con nosotros a casa; claramente sucedió más lo segundo que lo primero. El partido fue de menos a más y subrayo más la porfía que la funcionalidad. No me importa. Es más fácil perfeccionar los algoritmos tácticos cuando se van acumulando victorias. “Lo importante es volver a ganar”, recuerdo que decía Zidane tras un tropiezo: no se equivocaba.
“Hay brotes verdes”, dicen algunos, y yo también lo creo; rodeado de tantos desencantados del fútbol y de la vida, me es imperativo imponer las voces de la esperanza, de una esperanza afincada en hechos y no en deseos: Gonzalo García es una realidad de tres goles en cuatro partidos, lo mismo que Güler con más de cien intervenciones con noventa y dos por ciento de efectividad en pases. Valverde sigue siendo fiel a su vocación de guerrero total: seis remates, cuatro entre los tres palos; cinco ocasiones creadas; veintinueve transiciones en el último tercio del campo; seis recuperaciones y noventa y tres por ciento de precisión en los pases. Don Federico es un marine que no entiende la vida como mero capricho de la voluntad sino como una serie de misiones que cumplir exitosamente. El uruguayo se va llenando el pecho de medallas asaltando trincheras enemigas.
Los días en que esos once jugadores de blanco persiguen un balón (porque la victoria, lo sabemos todos, es redonda) me levanto de la cama, camino a la ventana, recorro la cortina un poco para inspeccionar el mundo y me doy cuenta de que la luz es buena y que haber nacido fue lo mejor que me pudo haber pasado
Tal es lo que veo ahora mismo, sobre todo teniendo en cuenta el contexto en el que el nuevo entrenador ha debido asumir el reto enorme de esta competencia. Aunque acaso sea necesario aclarar que no me son ajenas las irrupciones recurrentes de antiguos vicios del equipo: los comienzos flojos (salvo en el caso del partido contra el F.C. Red Bull Salzburg), las ocasiones concedidas como consecuencia de una falta de concentración endémica, los laterales —vacilantes en defensa y tímidos al abordaje—, el medio campo propenso al desorden…
Pensemos ahora en términos dramáticos, es decir, teatrales. El montaje de una obra supone más que la memorización del guion. En un momento resulta necesario implementar algo denominado el “marcaje” o puesta en escena corporal; se trata de la intervención del director para que sus actores se desplacen por el escenario e interactúen entre ellos —y con los objetos— tal como él lo desea. Es un proceso cansino y que supone memorización mecánica. Toma tiempo, sí, pero da sus frutos: sin el marcaje cada uno va a su aire, produciendo el efecto ridículo de actores que chocan entre sí, que no saben qué hacer con las manos, que se ponen nerviosos y esto, como es evidente, afecta su desempeño histriónico. No importa lo talentoso que sea un actor o actriz, si no sabe dónde debe estar parado, el resultado de su esfuerzo interpretativo será siempre mediocre. Pues bien, en esas estamos todavía.
En el Madrid no hay paciencia, dicen muchos. Pues debe haberla y la hay, digo yo; si no lo cree, recuerde la temporada anterior. No se puede intervenir a saco a las primeras de cambio con tal de arrojar carne cruda a la charca de caimanes hambrientos alentados con sevicia desde la prensa. Gestionar el talento, por grande que este sea, supone incluir al tiempo en la ecuación y, más concretamente, pensar a largo plazo, algo que prácticamente ha desaparecido en este nuestro mundo tiktokizado. Los que hemos vivido en el campo entendemos que no se puede segar mañana lo que hemos sembrado hoy; los demagogos populistas de la acera de enfrente hacen todo lo contrario porque son un fraude piramidal, un engaño festivo apalancado en complicidades políticas, propaganda vomitiva y una grey infantilizada.
Solo hay dos clases de personas que quieren imponerle al Madrid sus ritmos vitales: los perversos y los mentecatos. Paciencia crítica es lo que pido yo, una paciencia que no sea ciega ante los hechos, pero que permanezca sorda ante los ruidos del exterior, que terminan siempre por inocular su veneno a grandes sectores del madridismo pusilánime. Vendrán victorias y derrotas, vendrán títulos, vendrá un equipo bien fraguado y la gloria continuará quemando sus inciensos en avenida Concha Espina y Paseo de la Castellana porque tal es, amigos míos, la hermosa y dulce fatalidad blanca: la épica se encuentra a sus anchas en nuestra casa.
Solo hay dos clases de personas que quieren imponerle al Madrid sus ritmos vitales: los perversos y los mentecatos. Paciencia crítica es lo que pido yo, una paciencia que no sea ciega ante los hechos, pero que permanezca sorda ante los ruidos del exterior, que terminan siempre por inocular su veneno a grandes sectores del madridismo pusilánime
Nota Bene: Con la goleada anecdótica que le propinó el F.C. Bayern Munich al Auckland City F.C., los detractores del Mundial de Clubes de la FIFA 2025 se desgarraron las vestiduras asegurando que el asunto era un “coñazo”, es decir, una competición condenada a producir entre la audiencia un tedio infinito. Al parecer no habría sorpresas, todo era previsible y las gallinas de arriba terminarían cagándose en las de abajo, tal como solía decir con vulgar precisión un amigo mío. Pues bien, la otra noche (30 de junio de 2025) el Al-Hilal S.F.C. derrotó al Manchester City F.C. de Pep Guardiola. Fue un partido trepidante que disfruté como un niño viendo el número de los payasos en el circo. Sin embargo, me confundí un poco a la mañana siguiente al ver que los mismos apóstoles de la sorpresa y la espontaneidad se quejaban porque aquello “no era posible” y el asunto solo revelaba lo que “ya se sabía desde el comienzo”, esto es, que los equipos de Europa no se estaban tomando el asunto en serio. Afirman impúdicamente una cosa y la contraria con tal de atizar los fuegos de su incurable rabia. Ahora más que nunca quiero que el Madrid gane esta copa del mundo. Anticipo ya —con morbosa satisfacción— sus aullidos de lobas desesperadas. Sería, además de justo, tan bello.
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