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Apunte tras tropezón

Apunte tras tropezón

Escrito por: Jesús Bengoechea26 septiembre, 2015
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Hemos visto este partido mil veces. La última en Gijón, hace muy pocas fechas. Podemos hacer un análisis de lo sucedido a la luz del Madrid de Benítez y con el afán de juzgarlo, y sería legítimo, pero por el mismo precio podemos interpretarlo desde la óptica del Madrid de siempre.

Es, como el de Gijón, un partido increíblemente incómodo de comentar, porque te deja entre dos aguas. Por un lado, el raciocinio (o el corazón, no se sabe) te conduce al legendario “Poco más se puede hacer por ganar, siete mil ocasiones, qué se le va a hacer, lo que importa es crearlas, ya entrará”. En paralelo, y conduciéndote a un término medio donde en este caso no hay virtud sino zozobra, el corazón (o, quién sabe) el raciocinio te escupe en la cara el clásico y desabrido “No se puede perdonar así”. Es un balance incómodo, por cuanto apenas da margen para el desahogo sin apretar la conciencia, ni para el alivio sin que la pasión lo aborte.

¿Y qué hago yo ahora?, nos preguntamos, con el peso ominoso de la duda. ¿Subrayo el semisesteo o exceso de confianza del primer tiempo, o sería ingrato desde el prisma del muy loable esfuerzo (y juego) del segundo? ¿Me quedo con la fluidez y el empeño de la segunda mitad, o no hacer el necesario hincapié en el deficiente primer tiempo supone caer en la autoindulgencia?

El otro equilibrio desequilibrante tiene que ver con la ponderación de lo arbitral. Al Madrid le robaron el partido pero el partido se debió ganar aunque nos robaran. La frase que acabó de perpetrar, ¿es exigencia o piperismo?

Lo que es claro, a la luz de la historia del club en los últimos treinta años, es que este mismo partido, jugado en abril en lugar de septiembre, normalmente se habría ganado en los últimos minutos. El Real Madrid tiene que verse en el mismísimo brete de perder para siempre un título para que le funcione la épica del gol salvador en las postrimerías del partido. Ninguna liga se pierde en septiembre, que es una razón tan de peso para explicar este inesperado empate como la pésima puntería exhibida o el expolio de un gol injustamente anulado y otro fantasma que pareció gol. Cuando el Madrid está al borde del simple tropezón (entendiendo por tal casi lo contrario a estar al borde del mismísimo abismo), siente en las piernas la rémora de la responsabilidad en lugar de experimentar en el alma el aliento de la leyenda. Ante el riesgo de traspiés, el Madrid se aturulla. Ante el riesgo de hecatombe, se crece indomeñable.

cr se lamenta

El Madrid necesita auténticos desafíos al límite (Lisboa, la liga casi perdida y redimida en un cabezazo de Diarra -¡de Diarra!-) para que le funcione el minuto 93. Un partido de liga contra el Málaga en septiembre, aunque sea a finales, es una mariconada, y por eso no se gana sino que se empata. Se empata por lo que sea, pero también se empata precisamente porque empatarlo no es gravísimo. Se empató porque había ansiedad sin angustia, denuedo sin gesta.

El Madrid, normalmente, cuando tiene que ejecutar una hazaña, la ejecuta y punto. Solo una vez, que yo recuerde, se ha quedado al borde de llevar a cabo una auténtica hombrada cuando la auténtica hombrada hacía falta: fue contra el Borussia Dortmund el último año de Mourinho. También, quizá, en aquella eliminatoria de Copa contra el Zaragoza en que hacían falta cinco y solo les cayeron cuatro.

El problema de ayer es que no hacía falta una hazaña. Faltaba trascendencia, faltaba dificultad, y sin embargo estaban los nervios de lo que el transcurso de los minutos iba convirtiendo en más que verosímil cagada. El partido se empató porque importaba mucho y se puso muy difícil, pero nunca llegó (y ojalá no llegue a importar) lo suficiente, ni tampoco a ponerse decididamente imposible.

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea

3 comentarios en: Apunte tras tropezón

  1. Estoy como tú si me pongo razonable, pero como habitualmente en temas futboleros me gobiernan las tripas ando entre el cabreo con la golfada arbitral y el sesteo de la primera parte, por no dar varios tirones de orejas a varios jugadores q no están dando la talla y a Benítez por no mover banquillo ni siquiera cuando tuvimos superioridad numérica.
    Saludos

  2. Estos partidos hay que salir a ganarlos desde el minuto 1. Esta desidia es imperdonable. No es la primera vez que nos pasa y diría que es algo ya arraigado en el equipo. Pasa que cuando no entra la pelotita llegan las prisas y se acaba haciendo el tonto.

    Lejos quedan los años en los que el Bernabéu en el minuto 20 pitaba si íbamos 0-0 y veía signos de apatía. Como ya dije en el artículo referido al tema de los pitos no hay que pitar a nuestros jugadores pero para estas situaciones o la del nefasto motoleño son "pitos sanos".

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Hoy es el estreno de "Onán" en el teatro Salón Cervantes de Alcalá de Henares, una obra de nuestro querido amigo galernauta @NachoFaerna. Les deseamos la mejor de las suertes y os animamos a ir a verla.

¡Mucha mierda!

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