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Todo pasaba por Vinicius

Todo pasaba por Vinicius

Escrito por: Pepe Kollins4 febrero, 2019
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Todo lo que suceda a partir de ahora hasta final de temporada gira en torno a Vinicius, aunque en realidad fue así desde el principio.

Comenzó la temporada con una planificación que parecía, a ojos de una mayoría, no dimensionar en su justa medida el peso que había tenido, hasta entonces, Cristiano Ronaldo. Imposibles Neymar y Mbappé, los dos únicos jugadores por los cuales el club consideraba que era razonable hacer un gran desembolso, se buscaron respuestas dentro de la propia plantilla. Bale y Benzema, sin el encorsetamiento del portugués, e Isco y Asensio, con los minutos que no habían gozado hasta el momento, eran las apuestas elegidas.

Parecía de inicio un proyecto conservador, con un evidente déficit de gol y con las dudas, de diferente naturaleza, que despertaban, en cada caso, los jugadores sobre los que recaía la responsabilidad de liderar un equipo acostumbrado a ser favorito en todo. Desde el club justificaban que era suficiente para competir y se reafirmaban en la estrategia trazada, centrada en la captación y formación de jóvenes talentos, como la vía correcta para encarar un nuevo escenario - de jeques campando a su aire con el beneplácito de la UEFA - y donde ya no era posible pujar por jugadores consagrados, a excepción de ese par que se rentabilizaban por sí solos.

No es osado suponer que Florentino Pérez pretenda replicar la estructura del Real Madrid de baloncesto en la sección de fútbol. Aunque estos últimos han saboreado la gloria con frecuencia, carecen de la estabilidad de la sección que dirigen Juan Carlos Sánchez y Alberto Herreros. Se suele argumentar – tal y como nos comentaba la semana pasada Tomás Guasch - que esa mayor solidez responde a que en el deporte de la canasta hay menos foco y a que el presidente del Real Madrid “les deja hacer”. Pero lo cierto es que, si es así, es sobre todo porque hay una estructura, basada en la identificación y desarrollo de talento, consolidada desde hace tiempo y que permite que el club “fabrique”, sin pausa, estrellas de suficiente peso como para terminar liderando el primer equipo. Algo así, entendemos, pretenden hacer con sus homólogos del balón.

Incluso, no resulta aventurado imaginar que este verano se pensara que Lopetegui tenía un perfil similar al de su paisano Laso. Pero la cuestión es que el objetivo del club pasa por forjar balones de oro, no ficharlos. Y en esa convicción contrataron a Vinicius.

Tenía el club, desde que se formalizó el fichaje del brasileño, una fe en el chico muy superior a la que le profesan medios de comunicación y aficionados en general. Y en ello incide un mayor conocimiento del jugador, producto de un seguimiento exhaustivo por el cual tuvieron constancia de unas facultades que han sido obviadas, en múltiples análisis periodísticos y de la esfera de Internet, que han preferido centrarse en lo superfluo: su edad, su ratio goleador y hasta su fisionomía, un factor que ha derivado en una ridícula, pero persistente, comparación con Robinho, futbolista que, por tipología, es la antítesis de Vinicius.

Este desconocimiento provocó un alud de críticas por el precio pagado, así como una desorientación en torno a los planes del Real Madrid con respecto al jugador. Pero el club pagó de acuerdo con lo que consideraban que tenían entre manos: una auténtica joya que pretendían sumase y se consolidase esta misma temporada.

El primer contratiempo vino de la mano de Julen Lopetegui. El técnico vasco nunca creyó en los planes del club con respecto a Vinicius, lo cual derivó en un pulso entre ambas partes y con el jugador, en el limbo de la grada, en varios encuentros. Gran parte de la inestabilidad que fue acumulando Lopetegui tuvo que ver con un intento por ganarse al núcleo duro del vestuario apostando, desde el principio y unánimemente, por unos jugadores que evidenciaban un desgaste físico – por el Mundial – y mental – por todo lo ganado, por la cita mundialista y por la sacudida que provocó la pérdida de Zidane y Cristiano – y que no respondieron – quizás porque no podían – a lo que el entrenador esperaba de ellos.

Pero, precisamente, si algo necesitaba este grupo, esta afición y este club era la irrupción de un elemento que los revolucionase, que les ofreciese un horizonte de esperanza y que saltara al campo con la intención de comerse el mundo, como si le faltase tiempo para ganar las cuatro Copas de Europa que ya acumulaban sus compañeros.

De las cualidades de Vinicius es absurdo dudar a estas alturas. Se trata de un atacante dotado de una sensibilidad especial para determinar los espacios, así como las direcciones óptimas, donde recibir y hacer daño. Tiene la doble amenaza  - pie y desmarque - y un físico espectacular para dar sentido práctico a todo ese talento. Todavía tiene que aprender muchas cosas – lo normal con 18 años -, como gestionar esa capacidad de aceleración/desaceleración y, sobre todo, economizar gestos técnicos, acrecentando así su eficacia.

Porque estamos, pese a la idea extendida de lo contrario, ante un potencial gran rematador. Tal y como explicaba Ramón Álvarez de Mon en un reciente artículo, los mejores goleadores del momento (Messi, Cristiano Ronaldo, Suárez, Kane o Salah) no tenían mejores porcentajes de acierto a portería a la edad del brasileño. La eficiencia de Vinicius aumentará cuando aprenda a dominar los tiempos como ya domina los espacios. Y a buen seguro que lo conseguirá.

Lo hará porque la mejor virtud de Vinicius, aquello que no contemplaron ni Lopetegui, ni la inmensa mayoría de aficionados y medios, no es ninguna de las anteriormente expuestas sino su mentalidad competitiva – que ya dejó patente en Flamengo -, esa virtud – por otro lado, tan madridista - de creer en sí mismo ciegamente, de intentarlo una y otra vez y siempre con la misma convicción e ilusión. Esa mentalidad es, precisamente, lo que le une a ese grupo de elegidos anteriormente mencionados, pero también lo que le separa de algunos jugadores de la actual plantilla con tanto talento como miedo a equivocarse.

Esa mentalidad es, precisamente, lo que le une a ese grupo de elegidos, pero también lo que le separa de algunos jugadores de la actual plantilla con tanto talento como miedo a equivocarse.

El que crea que a Vinicius le va a asustar el Bernabéu se equivoca. El que piense que se va a arrugar porque le piten, no le conoce. El que suponga que le va a costar adaptarse a dobles marcas de los rivales cuando comience a ser identificado como una amenaza real, no le ha visto anteriormente. El que suponga que se le va a hacer pequeña la portería de todo un Camp Nou, no sabe qué tipo de competidor es. Su carácter recuerda más al de aquel jovencísimo Raúl González al que encontró dormido Valdano, cuando se acercó a él para tranquilizarlo en la previa de un partido trascendental, y que le espetó a su entrenador “Yo de ti lo haría si quieres ganar el partido”, al preguntarle, el argentino, si se veía capaz de salir a jugar un encuentro así.

El entrenador de Phoenix Suns y de la selección eslovena de baloncesto, Igor Kokoskov, declaró este verano que a deportistas como Luka Doncic no se les podía aplicar las mismas lógicas y tiempos que al resto, ya que cuanto antes comenzaban a competir al más alto nivel y más complicados eran