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La amenaza del maldinismo bascular

La amenaza del maldinismo bascular

Escrito por: Mario De Las Heras30 septiembre, 2019
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Yo creía que era algo inofensivo. Una forma sin más de ver y de describir el fútbol. Yo pensaba, además, que era una cosa maldiniana, o sea, propia de Maldini, el memorizador compulsivo del periodismo futbolero. Pero resulta que no. Se repiten patrones inquietantes. El exceso de atención al fútbol nos ha traído esto. La profusión de tertulias nos ha traído nuevas tipologías de tertulianos. El maldinismo ha arraigado y se expande como el universo. Es introducir un lenguaje pseudocientífico en un mundo de patadas y pelotas. Me gustaría saber qué opinaría de esto don Alfredo. Imagino una respuesta precisa, muy argentina. Es una suerte de locución retórica, plagada de términos de influencias inextricables.

Mientras todo esto se circunscribía a Maldini, yo lo achacaba a su particularidad. Pero la afloración de nuevos individuos que utilizan la misma jerga o incluso el mismo pseudolenguaje esotérico, me ha hecho pensar en la posibilidad del contagio, y, más allá, en el peligro de epidemia. He ido aún más lejos y me ha dado por pensar en una secta. La secta de los maldinianos. Es como si los maldinianos quisiesen apoderarse del mundo. Los maldinianos son neocursis, pero en ocasiones es difícil reconocerlos. A lo mejor usted tiene cerca a un maldiniano y no se ha dado cuenta.

Yo ya he descubierto, en mi recién comenzada investigación, que el verbo “bascular” y todas sus formas son comunmente utilizadas por los maldinianos, a quienes también podemos llamar basculadores o basculares. En el maldiniano siempre hay algo, generalmente un futbolista, que bascula. La basculación es una superación del maldinismo, cuyas ramas ya parecen elevarse solas. Podríamos decir que el basculador está dejando atrás al maldinista, o sea, a Maldini. Yo oigo “bascular” o cualquiera de sus tiempos verbales y me tenso como un perro de caza. El “bascular” los descubre. Yo he descubierto el punto débil de los maldinianos basculares. Quizá haya esperanza para la humanidad.

 

El lenguaje de los basculadores es además un poco como de la NASA, que prescinde mayormente de pronombres. Yo escuché el otro día a un basculador y creí que hablaba con Houston, pero no. Nos hablaba a usted y a mí. No estaba dirigiendo los milimétricos trabajos de un astronauta fuera de la nave, sino que estaba hablando de un partido de fútbol. Después transcribía lo siguiente (extracto): “Pere abre la puerta 2) Martín (21). Lat. dcho. Ni marca al jugador ni al balón. Defiende mal, no corrige a Pere y tras eso, Pacheco. Fallo defensivo en cadena”. “Repito: ¡fallo defensivo en cadena, fallo defensivo en cadena!... aquí Houston... Apollo responda...”, le faltó decir.

Los maldinianos son neocursis, pero en ocasiones es difícil reconocerlos. A lo mejor usted tiene cerca a un maldiniano y no se ha dado cuenta.

Es impresionante, pero no conviene en absoluto impresionarse porque existe un peligro evidente de basculación o, en menor afectación, de maldinismo. Uno puede una mañana despertarse como cada día. Ir por la tarde al bar a ver el partido de fútbol, y descubrirse de repente diciendo cosas como: “Muy sorprendente el fichaje de Trippier por el Atleti, la verdad. Reto grande para Simeone... si en la selección inglesa rindió bien fue por jugar como carrilero...”. “Carrilero” es otra palabra que descubre al basculador.

Alguien que dice “carrilero” es por lo menos un maldiniano que puede estar en vías de basculación. Y no es solamente la amenaza de expansión de estos usos neocursis en algo tan pelotudo. La neocursilería no es en sí misma un peligro sino un motivo simple para quitar el volumen del televisor, aunque es curioso, y alarmante, que el neocursi conviva sin problemas con el manolismo (con sus Kikos, Sanchíses y demás), que es casi lo contrario (incluso tiene su versión chiringuitera en el espasmódico D’Allesandro). Una pesadilla, vamos. Es la exaltación de la vulgaridad aderezada de datos la mayoría de las veces incomprobables. Un sindiós.

Yo lo he oído y suena como el horror de Conrad, aunque sus protagonistas parecen pasárselo de maravilla. Pero el riesgo mayor, el quid aterrador del maldinismo basculador lo he encontrado en la propia etimología. “Bascular” proviene del francés basculer. Y ahí es donde todo encaja. Ese es el principio de todo. ¡Los basculadores son culés! ¡Es una consigna! Cuando un basculador dice: “Fulanito bascula”, ¡está enviando un mensaje en clave! En realidad, está diciendo: “Fulanito basculé”, que a lo mejor es un conjuro para convertirnos a todos. Se comunican entre ellos sin que nos demos cuenta, además de cuando nos damos cuenta. Cada vez que alguien dice “bascula” nace un nuevo culé. No sé si aún estamos a tiempo de detener esta terrible invasión.

Mario De Las Heras
Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.

15 comentarios en: La amenaza del maldinismo bascular

  1. Creo que ya es tarde. Es una invasión imparable. Están entre nosotros sin que nos hayamos dado cuenta, como en la "invasión de los ladrones de cuerpos".
    Cualquier tertuliano acaba víctima de la infección convertido en un maldini, diciendo cosas como "tirarse a los costados", y aún peores.
    D’Allesandro es un caso único. Reúne en un solo ser lo peor del maldinismo junto con la zafiedad del manolismo.
    Llegados a este extremo, la única defens