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Simple realidad (2)

Simple realidad (2)

Escrito por: Antonio Escohotado6 marzo, 2019
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Nunca se acerca algo tanto a su cumplimiento como cuando sucumbe, y el búho de Atenea se abstiene de batir las alas antes de que el crepúsculo clausure el día. El entendimiento que no se eleva a una contemplación desapasionada de las cosas sencillamente se condena a no entender, porque toda realidad se compone de luces y sombras, y cuanto más oscile el péndulo en una dirección más recorrido abre al movimiento inverso. Cierto es que muchos no disfrutan de estar sin dolores como placer óptimo, suponiendo que la vida debería colmarnos de goces más positivos, como el premio gordo, el sí de la amada o –sin ir más lejos- cuatro Champions en un lustro.

Pero yo quería un coronel y no me quiso él. La belleza carente de fuerza es como la inteligencia que huye de la contrariedad, en vez de aprovecharla para tocar fondo y rebrotar desde el más sólido de los fundamentos, como si la diferencia entre lo real y lo imaginario no fuese el detalle infinito de lo primero, contrapuesto al maniqueísmo de lo segundo. El fanático imaginará, por ejemplo, que potencias malignas humillaron porque sí a unos 700 millones de seguidores, y a gran parte de quienes llevan tres partidos presenciando cuatro derrotas seguidas en el Bernabéu, donde tradicionalmente impera el lema de que cualquier marcador adverso resulta molto longo de sostener, como decía Juanito.

Pues resulta que no, aunque los pormenores del caso emancipan de simplismos –ahí está la ventaja de la realidad frente a la fantasía-, y si lo miramos con detenimiento casi todo es esperanzador tras quedar apeados de cualquier competición, simplemente porque abundan tanto los trofeos en la sala dedicada a ellos como falta en el césped un asomo de buena suerte. Los aficionados jóvenes ignoran lógicamente que en las últimas seis décadas el Real pasó por equipos muy inferiores, castigados de modo inmisericorde por equipos ingleses, alemanes e italianos –incluyendo al admirable Ayax de Cruyff-, sin por eso venir de ganar cuatro Orejonas; y el más cercano ejemplo de desesperación ante una plantilla echada a perder fue la espantada de Florentino, cuando los galácticos se dejaron ganar todo otra vez.

Como testigo de otras presidencias –desde Luis de Carlos a Sanz y Calderón, entre ellas-, aseguro que lo de anoche tiene amplios precedentes, casi todos más amargos todavía, y que solo la amnesia lo cubre con un púdico velo, sin duda porque las mieles del triunfo van unidas a las hieles del fracaso, y los equipos más ilustres han conocido sin excepción alguna el revés total, en los raros casos donde lograron elevarse de la mediocridad a la excelencia.

Pero si lo miramos un poco más de cerca comprobaremos que la mala suerte se apoya sin duda en torpeza y falta de forma, aunque en los últimos partidos intervino una constelación de adversidades muy superior a marrar docenas de ocasiones, solo comparable con el golpe de suerte ligado a Zidane, un entrenador bisoño que amplió los logros de Ancelotti, evitando de milagro el mérito a menudo superior de algunos rivales. Si a ambos se suman la insondable enfermería de esta temporada –pues ¿por qué demonios Llorente desaparece tras brillar con intensidad, por qué Nacho y Casemiro no se recobran, por qué Ramos demuestra tanto brío como inconsciencia, por qué Kroos (e Isco) se esfuman, por qué a Vinicius le da por romperse justamente cuando su lateral carga con una precoz amarilla, por qué Modric culmina tan falto de aliento un gol hecho en el último tercio del partido?-, tampoco tendremos una visión ecuánime sobre las veleidades de Fortuna.

Para ser justos, resulta que el Ajax mete cuatro goles inmejorables, y que el Barça marca tres partiendo de dos ocasiones. Dudo de que Schöne y Didac, o el propio Suárez, cuenten con los dedos de una mano aciertos comparables en toda su carrera, aunque la casualidad los haya acumulado en cuatro días, que si se suman a los desaciertos del Real tornan todo comprensible, incluido el testarazo de Varane al larguero en los prolegómenos de anoche. Es indignante comprobar, por ejemplo, que la blandura de Kroos provocó los primeros goles de los dos últimos lances, sin ninguna acción ofensiva meritoria como compensación; pero doy por seguro que habrá de ganarse la titularidad en adelante, y sugiero mirar las ventajas derivadas de esta temporada aciaga por lo que respecta a títulos.

Queda un trimestre largo para rearmar lo que quedó tras perder a Ronaldo, y al menos Vinicius y Reguilón son activos tan imprevistos como prometedores. Lo mismo pienso de Valverde, aunque le quede un tramo largo de consolidación, como quizá a Odriozola, y algún día volverá Llorente. Algunos jeques desataron la inflación con fichajes y sueldos inauditos; pero veremos qué fruto puede pescar el Real con una caja saneada, y hasta seis estrellas transferibles si de aquí a junio no espabilasen, pues un mal año no condena a ninguno de los tetracampeones. Ahora hay tiempo para cultivar la humildad y recuperar a los rezagados –me parece imposible, por ejemplo, que Marcelo no reverdezca sus laureles, en Concha Espina o allende-, manteniendo a algunos por gratitud o por méritos demostrados, mientras otros y la hornada nueva renuevan la ímproba tarea de Sísifo, subiendo su piedra a lo más alto.

Nadie es más que nadie, y al Madrid le toca recomenzar casi desde el activo con el que cuentan el Valencia, el Sevilla y plantillas análogas, españolas y foráneas, aunque en ese casi no contamos con la millonada de medio equipo transferible, y el patrimonio intacto de una camiseta que todos los cracks –salvando a Messi, obligado lógicamente hacia quien tanto premia sus esfuerzos- aspiran a llevar como último escalón de sus carreras. Por una vez sobra tiempo, y no hay compromiso distinto del amor propio y la buena letra, sabiendo que la caída ha sido tan estrepitosa como ayudado por la peor de las fortunas, quizá el puntual inverso de la óptima disfrutada durante el último quinquenio.

Todo vuelve a estar por hacer, y si por mí fuese solo tendría claro que nada debe excluirse salvo contratar a Mourinho, un míster tan competente como estresante para sus plantillas, porque segundas partes nunca fueron buenas, y lo que el Real necesita es mirar tranquilamente hacia delante. Será muy ameno ver cómo se asegura volver a la Champions, y qué camino adopta la inevitable regeneración. No olvidemos tampoco que se trata de un juego, urgido exclusivamente por el prestigio –sin muerte, hambre o campos de concentración-, y que en términos de fama y tesorería su marca sigue siendo un fenómeno sin parangón. Pocos podrán reiniciar la marcha desde tan arriba.

 

Antonio Escohotado
Escritor de una veintena de obras de referencia, como Historia General de las Drogas, Caos y Orden o Los Enemigos del Comercio. Su hijo Jorge administra sus RRSS. @aescohotado

17 comentarios en: Simple realidad (2)

  1. Lo que no entiendo de este año y el anterior es como se pueden hacer partida os en supercopa del año pasado y este contra la Roma, y de repente desaparecer como si nada de lo anterior existiera