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Rubiales: un asunto capilar

Rubiales: un asunto capilar

Escrito por: John Falstaff4 julio, 2018
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Ahora todos volvemos la mirada a Rubiales, pero yo a Rubiales lo entiendo: ser calvo, llamarte Rubiales y que cuando por fin aposentas las posaderas en el sillón tanto tiempo calentado por el trasero de Villar te encuentres a un entrenador que peina raya en medio es una combinación capaz de desnortar hasta a la estrella polar si la estrella polar tuviera folículos pilosos.

Yo me imagino al bueno de Rubiales, que siempre fue moreno, pasándose la Gillette por la cocorota cada mañana frente al espejo y viendo frente a sí no el reflejo de su calva puntiaguda y algo extraterrestre, sino ese orgulloso parteaguas que luce Lopetegui en lo alto de la azotea y que divide en dos el tejado de su nutrida cabellera. Y claro, a Rubiales tal visión le sube la presión, la bilirrubina, el azúcar e incluso el pan, porque al calvo Rubiales, moreno, nadie le toma el pelo aunque sólo ahora esté empezando a saber lo que valía el peine de Lopetegui, o tal vez por ello. Una cosa es lucir raya en medio como un chaval de cuando entonces, quiere decirse de cuando el Madrid ganaba copas de Europa en blanco y negro, y otra hacerlo delante de un calvo que se llama Rubiales y que querría conservar el pelo de color Juanma castaño oscuro, porque entonces la cosa ya pasa de ídem. Y Rubiales no tiene un pelo de tonto, eso es seguro.

Dijo el otro día el calvo Rubiales, soltándose el pelo muy de forma muy campanuda, que la decisión de prescindir de Lopetegui fue serena y meditada. Y es que otra virtud que ha demostrado atesorar Rubiales es la de tener los mismos pelos en la lengua que en la mollera, aunque no nos consta que por la primera se pase la Gillette. A mí, visto lo visto, me da en la nariz que la serenidad en el calvo Rubiales es como la humildat en el Jardiner, una cosa de la que presume mucho pero de la que nunca se ha tenido noticia, aunque qué sabré yo.

Afirmó el calvo Rubiales que Lopetegui desobedeció una orden que Rubiales le dio con pelos y señales, pero lo que no dijo es si la meditación tuvo lugar antes o después del comunicado de prensa de la Federación en el que aquélla reconocía estar al corriente de las negociaciones y pedía respeto hacia el seleccionador. Cierto es que ese tal comunicado desapareció con la misma rapidez que el pelo huyó de la testera de Rubiales. Pero si Rubiales sostiene sin cortarse un pelo que echar al seleccionador dos días antes del inicio del Mundial por un evidente ataque de cuernos es una decisión serena y meditada, habrá que hacer abstracción del sentido común y creerle.

Puede que la selección haya hecho un juego de medio pelo, ganando un partido por los pelos y empatando otros tres para pasar la fase de grupo dejándose los pelos del VAR en la gatera. Puede que nos haya crecido el pelo viendo esa sucesión interminable de pases insustanciales. Incluso puede que alguno se haya tirado de los pelos al ver a un equipo aturdido, confundido, sin rumbo y sin capacidad ni de acción ni de reacción; un equipo groggy ante el mazazo que el calvo Rubiales le asestó a los dos días de comenzar la competición. Pero hay que entenderlo. La culpa es de Lopetegui por gastar esa insultante raya en medio, así que al calvo Rubiales le vino al pelo que fichara por el Madrid para poder demostrar que es hombre de pelo en pecho. Pelillos a la mar.