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Road to Cardiff (III): Madridismo contra Brexit

Road to Cardiff (III): Madridismo contra Brexit

Escrito por: Jesús Bengoechea29 septiembre, 2016
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Todas las mañanas llevo a mis hijos al colegio andando. Con frecuencia llueve y cada uno va con su paraguas y una mochila. Hay tramos del paseo en los que la acera es más estrecha que sus paraguas, no digamos que el mío, sobre todo porque yo no llevo. Yo, acostumbrado ya al clima galés, he decidido que prefiero mojarme a olvidar el paraguas en cualquier tienda. A mis hijos les gusta mojarse si bien, comparativamente, les gusta más ir debajo del paraguas. It's cooler, dicen. A veces el idioma inglés se cuela en casa también.

Todas las mañanas, llueva o no, en este paseo hasta el colegio me cruzo con otro padre que lleva a los suyos al mismo colegio. Son casi vecinos y su hijo mayor va a clase del mío. El progenitor no sé cómo se llama. Es conocido en casa como "el padre de Miles". Cuando se ven de una acera a otra, los niños se saludan efusivamente, agitando manos y llamándose por sus nombres. No es que yo sea el colmo de la locuacidad por las mañanas, pero intento a veces, cuando llegamos a encontrarnos en un semáforo, entablar algún diálogo con el padre de Miles. Resulta que es hombre de pocas palabras, cosa rara en los galeses. Suele limitarse a emitir un saludo somero al que yo respondo con otro algo más jovial pero al fin y al cabo mañanero, todo ello en contraste con el jolgorio de las cinco criaturas que entre los dos juntamos.

-Nos echan.
-¿Ein?
-Nos echan. Del país.

Estas fueron las cálidas palabras con las que mi mujer me despertó aquella mañana. Nos habíamos acostado con los últimos sondeos del Brexit a favor. La interpretación deliberadamente tremendista que mi esposa hizo del giro de última hora deparado por las urnas tenía su gracia, si bien me turbó un poco escuchar sus palabras al abrir los ojos. La estupefacción, claro, se asentó y acrecentó a medida que una lectura más pausada de los medios online británicos confirmó el fondo de la noticia: los británicos habían votado mayoritariamente a favor de abandonar la Unión Europea.

No soy hombre de mañanas, creo que ya lo he sugerido. Soy en particular muy poco amante de aquella mañana. Salí de casa con los niños como siempre, con los paraguas y las mochilas pero esta vez acompañados por una incredulidad teñida de pesar e indignación que a los niños solo les tocaba tangencialmente, a través de mi aire taciturno. No tardaron en presentarse a nuestros ojos el padre de Miles y los dos hijos de padre de Miles, Miles incluido. Miles es muy rubio, casi albino. Su hermano menor es algo rechoncho y aparentemente más serio. El padre de Miles (y de su hermano) es de mediana estatura, complexión fibrosa, mirada adusta y coronilla despejada. No contaba con que hoy, en esta primera mañana post-Brexit de Gales, en esta primera mañana post-Brexit del mundo, el padre de Miles sí iba a tener ganas de hablar, contradiciendo su conducta habitual. Estaban esperándonos en el semáforo, y él llegó incluso a ensayar dos o tres pasos en mi dirección para descerrajarme lo siguiente, sin good morning previo ni hostias.

-What do you think of the fuck up we made yesterday?

Desde ese momento, y por primera vez en nuestra relación de encuentros camino al cole, seguimos hasta la escuela juntos, rodeados por todos los niños, en consternada conversación. El padre de Miles habló de la vergüenza que sentía por ser británico y ("what is worse") por ser galés, dado que contra todo pronóstico Gales también había votado Brexit. No así Cardiff, su capital, que en línea con la tendencia manifestada por casi todos los núcleos urbanos había infructuosamente votado Remain. Poco consuelo para el padre de Miles, quien despotricó todo lo imaginable y lo inimaginable en el paseo, mientras los niños hablaban de sus cosas.

-El lío que hemos montado, por amor de Dios. Somos un país de viejos que en pleno siglo XXI aún sueñan con el puto imperio y a quienes les importa un carajo el futuro. Es un "Que os jodan" de los viejos a los jóvenes. Es un "Ahí os quedáis, yo me voy a la tumba". Quiero que sepas que yo no he tenido nada que ver con esta mierda. Yo voté lo único que cabía votar aquí: lo único cuyo significado más o menos entendemos. ¿Qué va a ser de nosotros ahora? ¿En qué aventura de mierda nos han metido estas ratas de cloaca?

Desde aquel día y hasta el día de hoy, nadie en Cardiff ha manifestado ante mí una postura muy diferente a la del padre de Miles. Sabedores de nuestra condición de europeos, conocidos y a veces hasta desconocidos (enganchados en improvisada charla como ocurre con frecuencia por aquí) nos presentan sus abrumadas excusas por el desastre de imprevisibles consecuencias. "Me avergüenzo" es la declaración más veces repetida.

brexit-no

Las razones por las que yo quiero que el Real Madrid se plante en la Final de la Champions League en Cardiff el 3 de junio, y la gane a ser posible ante el Barça remontando un marcador inicialmente desfavorable, tienen muy poco que ver con cuestiones geopolíticas, pero casi todo en esta vida encierra lecturas relativas a casi todo. Cardiff es una ciudad joven y vibrante que no tiene el menor interés en un futuro de incertidumbre autárquica. Cardiff ha acogido con la legendaria hospitalidad galesa a miles y miles de europeos en los últimos lustros, estudiantes, turistas, trabajadores. Hay algo simbólico en ese evento tan quintaesencialmente europeo teniendo lugar sobre suelo galés el 3 de junio, en medio del proceso de lo que muchos temen será una salida dramática de la propia Europa a pesar de que Cardiff optara por quedarse. Si Cardiff tiene que irse, muy a su pesar, del futuro que con su actitud creía estar contribuyendo a forjar, que lo haga llevándose en la frente el beso del rey de Europa. No le servirá de nada y nosotros no lo disfrutaremos por esa razón sino por otras. Pero será un homenaje implícito, un hasta siempre, una dulce e ingenua pretensión de infinito vestido de doce. No sé, por ejemplo, lo que Gareth votó en relación al Brexit, pero tengo muy claro lo que su figura, le guste a él o no, representa en relación a esta causa.

Ninguna despedida sirve nunca para nada. Pero algunas despedidas solo las puede sellar el beso del Real Madrid.

Editor de La Galerna (@lagalerna_). @jesusbengoechea