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Odriozola: un pura sangre donostiarra en el Bernabéu

Odriozola: un pura sangre donostiarra en el Bernabéu

Escrito por: Oier Fano6 julio, 2018
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No sé cómo se gestó el fichaje de Álvaro Odriozola. Seguro que aciertan quienes aseguran que se cocinó a fuego lento desde hace un año. “Crónica de un traspaso anunciado”, escuchaba. Ni en Donostia ha sorprendido su marcha al Real Madrid, ni en la capital se han sobresaltado, así que damos por buena la narrativa. Pero a mí me siguen faltando detalles. Estamos en verano, queremos que nos cuenten historias. Supongo que estoy mal acostumbrado. ¿Qué quieren? Echo de menos el fútbol de los 90 y crecí con Florentino Pèrez contratando a Zinedine Zidane a través de una servilleta. El listón está elevado.
Por eso a Álvaro Odriozola, el futbolista más fascinante de la cantera de la Real Sociedad tras la irrupción de Xabi Alonso, me gusta imaginármelo como a Billy Elliot en una de las escenas finales en la Royal Ballet School. Pasando la última entrevista de trabajo antes de fichar por el campeón de Europa. Sentado ante un tribunal (pongamos que compuesto por Florentino Pérez y José Ángel Sánchez). Compungido, inconformista, tras no haber podido estrenarse en Rusia. De mala hostia pero manteniendo las formas y la educación marca de la casa. Y contestando a esta pregunta. “Álvaro: Cuando tienes el balón en los pies y entras en los últimos diez metros de césped y destrozas defensas pese al agotamiento acumulado, ¿qué sientes?”.  La respuesta, así me la imagino conociendo al ex lateral de la Real, no distaría demasiado de la del protagonista de la película. “No lo sé. Me siento muy bien. Al principio me siento agarrotado pero cuando empiezo a moverme lo olvido todo y todo desaparece. Y siento un cambio en mi cuerpo. Como si tuviera fuego dentro. Y me veo volando, como un pájaro. Siento electricidad”.
Electricidad y velocidad. Son las dos palabras que definen a Álvaro Odriozola. Dentro y fuera del césped. No recuerdo una carrera más meteórica que la del internacional guipuzcoano. Hace menos de dos temporadas, el hoy lateral derecho de 21 años militaba en Segunda B. Diecisiete meses después de su debut en Primera, y recién aterrizado de un Mundial, ficha por el mejor club del planeta. La distancia más corta entre dos puntos en el mundo del fútbol es la línea que traza Álvaro Odriozola.
El primer fichaje de la era Lopetegi destacó en el torneo de fútbol playero donostiarra. La Real pronto lo seleccionó para disputar el torneo de Canal Plus, siendo un crío, y alcanzó la final contra el Villarreal. Pero Odriozola causó baja. Se cayó de la cama haciendo el ganso con sus compañeros. A quién no le ha pasado.
Tras una carrera entera en Zubieta, jugando de interior, Iñaki Satrustegi lo reconvirtió en lateral. Aprendió el oficio pronto, suturó sus costuras defensivas a su estilo, a paso ligero, y sus destrozos llegando a línea de fondo no se hicieron esperar. Fue quemando etapas con la naturalidad marca de la casa, hasta que una lesión en cadena en la primera plantilla txuri urdin le dio la alternativa el 16 de enero de 2017 en Málaga. Aquella noche, todos supimos que estábamos ante el nacimiento de una estrella. Odriozola, a quien se le caen las asistencias de los bolsillos desde su debut hace 19 meses, ha llegado a registrar velocidades de 35 kilómetros por hora con la camiseta txuri urdin. La velocidad media de Usain Bolt cuando pulverizó el récord del mundo de los 100 metros es de 37,5 km/h.
El defensa guipuzcoano, estudiante de Empresariales en la Universidad Isabel I, tiene virtudes que hacen presagiar una larga carrera en el Real Madrid. Futbolísticas y no futbolísticas. Lo digo porque recientemente vimos naufragar a un canterano de la Real, Asier Illarramendi, por su pavor, sus carencias comunicativas -su elocuencia en castellano no era ni es su fuerte- y por su carácter retraído y endeble fuera de su hábitat natural, Mutriku.
Nada que ver con el donostiarra. Un “echao palante”. De esa clase de personas que prefieren pedir perdón a permiso, siendo la educación innegociable. En los tiempos futbolísticos que corren, con jugadores salidos del molde de Mujeres y Hombres y Viceversa, convendrán conmigo que es un valor en extinción.
Si me permiten la licencia, a Álvaro Odriozola lo conocí cuando él tenía 18 años y yo alguno más que dieciocho (dejemos los detalles sin importancia para otro día). Era una noche universitaria random y me abordó como aborda a las defensas rivales, directo, sin titubeos pero con educación, para presentarse y preguntarme por mi actividad tuitera. “Es que, tío, das muchos palos”, me dijo con una gracia marca de la casa que seguramente no sepa transmitir a través de estas líneas. Evidentemente le cogí la matrícula. Pensé que, si tenía la mitad de talento que desparpajo, no tenía techo. No suele ser habitual, pero no me equivoqué.
Asesorado por la agencia Best of You, que lleva la comunicación de Xabi Alonso, Álvaro Arbeloa o Esteban Granero entre otras leyendas blancas, Odriozola es un rara avis en el actual mundo del fútbol. Las formas importan para él, por eso siempre evitó referirse a su pasión por el Real Madrid, a pesar de que su equipo es -y será- la Real. “Que mi abuela pueda verme en Anoeta no tiene precio”, confesaba recientemente. Pero en sus tiempos mozos, especialmente en días de Clásico Real Madrid-Barcelona, se dejó ver asiduamente con la elástica blanca en la Plaza del Buen Pastor, centro neurálgico de los adolescentes de San Sebastián. Sin duda, un tipo con personalidad.
Cuando Florentino Pérez pronuncie el “Álvaro Odriozola nació para jugar en el Real Madrid”, lo hará sin faltar a la verdad.
En San Sebastián, las comparaciones son odiosas, especialmente tras la retirada de Xabi Prieto: un centrocampista de kilates vilipendiado por muchos durante su carrera, y ahora elevado a los altares especialmente por aquellos que le faltaron al respeto durante muchas fases de su intachable trayectoria, Álvaro Odriozola comentaba hace poco que le sorprendió que el ex capitán de la Real ejerciese con él de taxista. “Llevaba unos días en el club, eran las 5 de madrugada, y me acercaba a casa y yo pensaba, joder, es Xabi Prieto y yo soy un mindundi”. Declaraciones de un tipo agradecido.
Traía a Xabi Prieto a colación porque habrá quien cuestione la lealtad a la Real de Álvaro Odriozola. Gran equivocación.
Xabi Prieto nunca tuvo una oferta del Real Madrid ni de un club que se le acerque. En cualquier caso, nunca se animó a comprobar hasta dónde podía alcanzar su talento fuera de Donostia. Por amor al club, por comodidad, por humildad… Solo él lo sabe, y es un debate que tengo constantemente. Lo que tengo claro es que Xabi Prieto tomó la decisión correcta porque es la que le salía del alma. Mismo motivo por el que creo que Álvaro Odriozola acierta a fichar por el Real Madrid. Su inconformismo no conoce límites. Quería jugar en Primera con la Real, lo peleó y lo consiguió. Quería debutar con España, lo peleó y lo consiguió. Quería ir a un M