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Modric, verso suelto

Modric, verso suelto

Escrito por: Andrea Ferró6 febrero, 2018
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Un suspenso más, y ya hemos perdido la cuenta. La falta de oficio, sumada a la abulia de la mayoría de jugadores titulares, significaron otra sangría de puntos. Y eso que al principio todo eran luces de colores porque el fútbol manaba de las botas de Modric. Dos chispazos del Levante en los últimos minutos de la primera y segunda parte fueron suficientes para cortar la corriente blanca. El Madrid de Zidane es, ahora mismo, un eterno cortocircuito.

El sábado sólo un hombre podía contrarrestar la nada: Luka Modric. El croata no se dejó obnubilar por la luna de Valencia y respondió al bloqueo general jugando al fútbol, en un alarde de talento, movilidad e ideas claras. Le falto rematar sus propios centros. Él no distingue entre un aburrido partido de una liga imposible y la final de Champions. Su esfuerzo no mereció ese absurdo final.

La dignidad de Lukita dejó en mal lugar a sus compañeros. La BBC, acunada por dos laterales vitalicios y abotargada de pases al pie de Kross, armonizó a las mil maravillas con el pasotismo adolescente que en esta ocasión exhibió Varane. La cantidad de recursos sin utilizar en el Madrid es un misterio hasta para Zidane, empeñado en poner al mejor equipo posible a partir del minuto 70.

No sabemos, dada su profundidad, dónde estará el fondo de esta crisis. El desorden del equipo convierte los partidos en batallas peligrosas e impredecibles, una moneda al aire cada noche. Pura agonía para el espectador. Quedan tres meses de sufrimiento, que ojalá culminen con la gloria como recompensa a tanto desvelo, donde la cara es Lukita y la cruz el PSG. In God We Trust.

4g & Hala Madrid

9 comentarios en: Modric, verso suelto

  1. Es mi mayor y ahora mismo única debilidad. Del resto de la plantilla la mayoría por mí se pueden ir a freír espárragos. No trago más ni con champions ni con gaitas. Si la ganan la celebraré como todos o como nadie, pero no olvidaré este desastre de termporada que nos han hecho tragarnos a los aficionados sin que a la mayoría de ellos se les haya movido una pestaña.