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Mascherano tiene un don

Mascherano tiene un don

Escrito por: Fred Gwynne12 marzo, 2017
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Hoy tenemos que contar. No hay más remedio. Empecemos. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve y diez. Repitámoslo diez veces más. Bien, ya hemos llegado a cien. Ahora sigamos contando. Ciento uno, ciento dos… ciento cuatro…ciento siete…bien, bien, no te pares ahora, estamos empezando, vamos a seguir hasta pongamos…doscientos…no, mejor trescien…quinientos. Contemos hasta quinientos.

Vale, perfecto, ya hemos llegado a quinientos. Un esfuerzo más y lograremos setecientos veintisiete, setecientos veintiocho… setecientos treinta…

¡ALTO! Setecientos treinta días. ¡DOS AÑOS! A Mascherano llevan MÁS de DOS AÑOS sin pitarle un penalti.

Sigamos. Setecientos cincuenta y uno, setecientos cincuenta y dos, ochocientos, ochocientos cincuenta, novecientos, novecientos cincuenta…

MIL. Hemos llegado a MIL DÍAS sin pitarle un penalti a Mascherano.

Mil a la una, mil a las dos, mil a las…Mil cien, mil ciento cincuenta, mil doscientos, MIL QUINIENTOS, mil seiscientos…

MIL SEISCIENTOS CUATRO DÍAS LLEVAN SIN PITARLE UN PENALTI A MASCHERANO EN LA MEJOR LIGA DEL MUNDO.

¡CUATRO AÑOS, CUATRO MESES Y VEINTE DÍAS!

Para hacer de Supermán no hace falta conocer a Supermán. Ayer mismo, en el patio de un colegio, vi a unos niños volando con su capa al viento y estoy convencido de que todavía no habían oído hablar de este superhéroe.

Un niño y una niña se habían colocado la capucha del chubasquero en la cabeza, se habían atado las mangas a la altura de los hombros, y con aquella improvisada capa corrían alborozados, sin saber el porqué (no hay forma de correr mejor que esa), sin preguntarse el motivo y disfrutando de una fina lluvia que empapaba sus caras. Comprobé que sus poderes (a pesar del peligroso acoso de los videojuegos) seguían siendo los mismos que habían estado presentes en mi niñez y aunque en aquel momento el mundo aparentemente no estaba en peligro, ni mi integridad física amenazada por ningún malvado inflado de kriptonita, me sentí reconfortado y seguro ante su presencia. Nunca Supermán protegió tanto mi ánimo como aquellos dos renacuajos con capa.

Estaba siguiendo embobado su carrera por el patio, esperando su despegue de un momento a otro, cuando pasaron al lado de un grupo de niños que giraban y giraban sobre sí mismos…

Y entonces recordé a Ángel Mari.

Llega un momento en la vida de cualquier niño en el que descubre por primera vez que si se pone a dar vueltas como una peonza acaba mareándose, y esa extraña (y novedosa) sensación le cautiva lo suficiente como para marearse a conciencia unas cuantas veces más. Es un proceso corto y no dura muchos días, es más, hay niños que lo experimentan una vez, se aburren y nunca más lo vuelven a hacer voluntariamente, mientras que otros niños disfrutan con ello, dan vueltas y vueltas, y luego al intentar caminar derechos se tropiezan, o se van al suelo entre risas. Todos menos Ángel Mari. Él nunca se mareaba. Daba más vueltas que nadie pero nunca se mareaba. Era la peonza más rápida del patio y cuando terminaba de girar, caminaba normalmente, sin un solo síntoma de mareo, sin vacilaciones, tieso como una vela.

Hay gente que tiene un don y eso les diferencia de los demás durante toda su vida. Ángel Mari tenía el don de no marearse nunca y hoy seguro que su vida sigue girando en torno a esa extraña virtud. A veces caminar recto o permanecer erguido en el mismo sitio, impertérrito, mientras pasan los años y los demás se derrumban a tu alrededor es una virtud que te abre más puertas que media docena de máster.

A Mascherano le pasa lo mismo. Tiene un don. Un don que estoy seguro de que cuando era pequeño y le pegaba patadas a un balón (y a sus compañeros) ya poseía.

Puede que Mascherano se marease al dar vueltas sobre sí mismo pero estoy seguro de que nunca le pitaban penalti. Puede también que usase su chubasquero como capa pero no había amigo, compañero, árbitro o profesor capaz de señalar el punto de penalti delante de sus narices. Y eso se lleva en la sangre, se tiene o no se tiene. Ese es su don.

Hoy hace 1604 días que no le pitan penalti. Que una cosa es que no le piten penalti al Barcelona en 164 jornadas de Liga  y otra muy diferente que no se lo piten a Mascherano, que comete media docena por partido.

Hoy hace 1604 días que no le pitan penalti, y comete media docena por partido.

Y desde aquí, desde La Galerna, queremos felicitarte Javier, queremos festejar esta efeméride como es debido. Es tu milésimo sexcentésimo cuarto día sin que te piten penalti y como bien dice mi mujer: y lo que te rondaré morena…

Nosotros no somos rencorosos, somos gente orgullosa de nuestras limitaciones y precisamente por eso, porque militamos en equipos rivales y el Señor no ha tenido a bien bendecirnos con esa gracia, somos capaces de alegrarnos de que en esta fecha tan señalada tu preciado don siga intacto.

¡Felicidades, Javier! ¡Muchas felicidades! No permitas que nada ni nadie enturbie esta larga racha. Y si Villar no se suma públicamente a tan dichoso día no te preocupes, no se lo tengas en cuenta. Sus obligaciones le obligan a guardar un respetuoso silencio allá donde solo hay gozo y regocijo. Él siempre te tiene en sus pensamientos y reza porque una virtud tan grande como la tuya siga vigente per secula seculorum. Estoy seguro de que hoy mismo, en el salón de su casa, Ángel Mari, mientras da vueltas y más vueltas sobre sí mismo, cuenta -Mil seiscientos cuatro, mil seiscientos cinco…-

Él, como tú, también tiene un don. Él nunca se marea.

 

 

 

 

 

Soy un hombre hecho a mí mismo. El problema es que me sobraron algunas piezas. SOL O CONTIGO. Persigo playas.