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Lorenzo I, "el conseguidor"

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

Lorenzo I, "el conseguidor"

Escrito por: La Galerna22 marzo, 2020
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Buenos y tristes días. Esta guerra de los mundos que libramos contra el inopinado protagonista invisible de una mala película de ciencia ficción (subgénero catástrofes) ya se ha cobrado su primera víctima eminentemente madridista.

El maldito Coronavirus se ha llevado a Lorenzo Sanz, expresidente del Real Madrid y hacedor principal de la Séptima y la Octava, amén de la segunda Intercontinental y la primera Liga de Fabio Capello. El madridismo está de luto, y desde La Galerna enviamos un fuerte abrazo a su familia y otro envolvente a todos los madridistas, ya que supone una pérdida terriblemente sensible en la Historia contemporánea del club.

Lorenzo Sanz era un ganador de tal calibre que solo ha podido llevárselo por delante este tsunami que, junto a él, está causando estragos también en el planeta entero. Y aun así casi aguanta la corriente este coloso, metafóricamente aferrado a las vitrinas del Concha Espina, hasta que el caudal finalmente le arrastró. Descansa en paz, hombre grande.

“Adiós al presidente que recuperó para el Madrid la Copa de Europa”, reza la portada de Marca, y no puede tener más razón. La Séptima, que se hizo esperar 32 años tras la conquista de los yeyés en el 66, lleva su sello. Es una relación muy directa y cristalina: la Séptima, la gloriosa Séptima, la que clausuró un ansia y un complejo de más de tres décadas, no habría tenido lugar si Lorenzo no hubiese hecho lo que correspondía hacer, es decir, fichar a Pedja, a Davor, a Roberto, a Clarence, a Bodo... Lorenzo construyó una plantilla que habría reinado en Europa durante más de un lustro de no haberse cruzado por medio el vanitas vanitatis de los ferraris, contra el que nada podía hacerse. De modo que aquel equipo no ejerció en Europa la hegemonía para la cual estaba perfectamente diseñado, sino que “se limitó” a hacer inmensamente felices a los madridistas episódicamente. Menudo episodio. El mejor de nuestras vidas.

Lorenzo no se amilanó ante lo efímero de su éxito, colocó a los más conspicuos exponentes de la Quinta del Ferrari en diversos equipos europeos y rehizo la escuadra aprovechando los que le valían. Sin despeinarse (nunca se despeinó, como los galanes en las películas de espadachines) juntó otro equipo que volvió a ganar la Copa de Europa con piezas aparentemente humildes, como si habláramos de una recuperación del espíritu de aquellos yeyés. Tres centrales y una sola determinación. Salgado. Helguera. Iván Campo. Karanka. McManaman. La Octava, frecuentemente infravalorada por causa de oropel eterno de su predecesora, no es ninguna tontería. Dos Copas de Europa en algo más de tres años. La ratio de Lorenzo sería prácticamente insuperable si no habláramos del Real Madrid y su obsesión por ganar, que años más tarde -ya dentro del mandato de Florentino- nos llevaría a las 4 de 5 y las 3 seguidas.

“El hombre de la Séptima”, titula As, ejerciendo de altavoz del sesgo sentimental que el hincha vikingo da a esta pérdida de manera inevitable. Y de la Octava, oigan, cabría apostillar con toda la razón. Pueden discutirse sus ratios financieras o la transparencia de su gestión, pero no puede discutirse que dio a la gente lo que quería. Lo que soñaba. Lo que ni siquiera soñaba. Alguien (pensamos que fue Valdano, y si no se lo atribuiremos) señaló que la afición no va a Cibeles para celebrar una cuenta de resultados saneada. Lorenzo Sanz fue el hombre que le dio a la afición aquello que la levanta sobre sus pies y la manda a caminar en dirección a la diosa. Lorenzo I, "el Conseguidor". Si hubiera sido un político, se le habría acusado de populismo. Si hubiera sido un gobernante, se le habría acusado de demagógico. A él, por supuesto, le habría resbalado. Leed la entrevista que le hicieron en estas mismas páginas Jesús Bengoechea y Manuel Matamoros, y (re)descubrid una personalidad larger-than-life, de las que se dice que no se hacen más y es verdad. Con sus luces y sus sombras, como todo el mundo, nos hizo incalculablemente dichosos.

En sus últimos tiempos, era asiduo a los domingos del palco. Es maravilloso que pudiese llegar al final de sus días con el respeto y el reconocimiento de la actual Junta y del hombre que en su momento le derrotó para relevarle en la presidencia porque es lo que estaba en el camino del club (y hay que alegrarse por ello). Había un aire de institucionalidad estadounidense en el modo en que era aceptado como patrimonio muy actual de la entidad. “Siento que podría dar más al Madrid”, nos dijo en aquella entrevista. Era un expresidente en activo, un tótem, una fuerza de la naturaleza, un ganador tan obstinado en vencer como el equipo al que tanto amó y a cuya imagen y semejanza estaba hecho.

Os dejaremos las otras dos portadas porque querréis verlas.

Hasta siempre y gracias, Presidente Lorenzo Sanz.