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Lo que hay que tener

Lo que hay que tener

Escrito por: Mario De Las Heras20 junio, 2016
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Pasado el fin de semana y ahora que estamos en época de elecciones yo me siento como Camba cuando caía un gobierno. Siento el aire más puro, a las mujeres más guapas y los manjares más sabrosos. Me siento liberado y eso que aún no ha caído ningún gobierno. Pero el efecto es el mismo, o similar. La lectura de la prensa deportiva española no en pocas ocasiones produce este efecto salvífico.

El principal motivo de esta dicha con la que comienzo la semana del mismo modo que Popeye cuando se tomaba su lata de espinacas o como cuando Astérix se bebía su sorbito de poción mágica, es que los aficionados del Real Madrid, entre los cuales me incluyo, según Diario Gol, son los aficionados más infieles de toda España.

El Madrid, mi equipo, otra vez campeón. Entiéndame, mis amables lectores. Para mí la infidelidad queda tan lejana como la orejona en San Siro, y sin embargo ambas las celebro. Al fin y al cabo esto es un equipo deportivo y se trata de ganar.

Pero no se ve una respuesta acorde del aficionado. No veo la Estatua de Cibeles acordonada y engalanada. No importa. Es esta una victoria íntima, secreta. Una victoria cuyos artífices, cuyos héroes, serán siempre anónimos. Y eso les honra. Cientos de madridistas encaramándose en espíritu hasta la cabeza de la diosa para cubrirla, amorosos (y tanto), con sus bufandas.

Les veo pasar cada día conduciendo sus coches, camino de casa o del trabajo, silenciosos, sin agitar sus banderas por fuera de las ventanillas, sin accionar sus cláxones, en dirección al paseo del Prado o al Paseo de la Castellana, a derecha e izquierda guiñándole un ojo furtivo al monumento. Un guiño interior junto al cosquilleo gustoso del recuerdo que les recorre la columna vertebral mientras una tonadilla alegre resuena sin descanso en su cabeza: "De las glorias deportivas..."

Diario Gol nos ha descubierto este hecho feliz, este nuevo triunfo que permanecía oculto como un tesoro arqueológico, y que a partir de ahora habrá que incluir en la sala de trofeos más llena de la historia del fútbol. Pero, ¿cómo mostrar al público una victoria privada, miles de victorias privadas? Ahí el Madrid también tendría que ser pionero una vez más, qué se yo, poner no un objeto, no un trofeo sino un olor o algo parecido.

Feromonas volátiles en la sala de trofeos del Santiago Bernabéu para que se advierta que ahí el Madrid también es el rey. Yo nunca había leído un artículo tan preclaro. Un artículo tan avasalladoramente periodístico. Yo al leerlo me vi catapultado al Washington Post de Bernstein y Woodward de la misma forma que al Decamerón. Una sensualidad periodística. Un prodigio.

decameron

Los días de partido yo acudiré al estadio y al mismo tiempo que suena el homenaje a las mocitas (¡Ay las mocitas!), o el himno de la Décima, o de la Undécima o de la Duodécima o de la Décimotercera, mi cuerpo se balanceará sinuosamente, misteriosamente, al ritmo de Je t'aime de Serge Gainsbourg que interpretará, por ejemplo Zizú, en un lenguaje soterrado en clave madridista.

Ahora comprendo aquello del miedo escénico. Pero no era miedo sino turbación. Turbación escénica. El visitante sometido por las feromonas de ochenta mil almas. El miedo a ser inevitablemente seducido, o algo peor. El Diario Gol destapando al Real Madrid y encontrándose con la realidad de que el triunfo está ligado (ligado) ineludiblemente al madridismo. Uno abre en canal a un madridista y se encuentra una Copa. Uno lo psicoanaliza y le salen Copas como el origen de su personalidad. Un bar de copas para ser infiel.

Qué elevado artículo el de Diario Gol.  Es la corriente, es el estilo. Hacia allí vamos. Yo les decía al principio de este texto que me sentía liberado como Camba cuando caía un gobierno; pero si a todo esto, viendo a las mujeres más guapas, sientiendo el aire más puro y los manjares más sabrosos, se le añade la lectura del último artículo de John Carlin sobre Cristiano, ya casi sólo le queda a uno despedirse porque ha visto la luz aquella que veían esos pilotos de los que hablaba Tom Wolfe al sobrepasar los límites de la atmósfera.

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.