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Kiev y todo lo que ha cambiado

Kiev y todo lo que ha cambiado

Escrito por: Antonio Valderrama9 mayo, 2018
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Kiev es la capital de la República de Ucrania. Tiene quince siglos de Historia, más o menos. Fue uno de los primeros asentamientos eslavos en la cuenca del Dniéper, río que ya menciona Heródoto como ruta natural entre Escandinavia y el Mar Negro. En la llanura esteparia en donde los griegos situaban uno de sus confines del mundo, Kiev sobrevivió como vasallo escita hasta que llegaron los vikingos suecos que, entre matanzas y mescolanzas, fundaron la gran madre mítica de la nación rusa: la Rus de Kiev. En el siglo XVII el segundo Romanov la integró efectivamente en los dominios del zar de Moscú y desde entonces hasta 1917 sobrevivió acunada entre rusos, cosacos, tártaros, lituanos y polacos en uno de los márgenes más sangrientos de Europa. En ella nació Bulgakov, que le dedicó su primera gran novela. En Kiev estudió Vasili Grossman. Entra dentro de lo posible que el bisabuelo de Toni Kroos fuese soldado del káiser hace exactamente cien primaveras y la ocupase junto con el resto del contingente alemán tras el pacto de Brest-Litovsk y cabe la posibilidad, también, de que su abuelo pasase la primavera del 42 en ella, en la Segunda Guerra Mundial. El arcángel San Miguel es su patrón. Sale en el escudo de la ciudad, como en el de Bruselas, de donde también es santo patrón. En Bruselas ganó el Madrid dos de sus doce Copas de Europa. En Kiev jugará el Madrid su final número dieciséis, cuarta de Kroos, tercera como jugador madridista.

Entre el 20 de mayo de 1998 y el 26 de mayo de 2018 el Madrid habrá jugado siete finales de la Copa de Europa. Por poner un ejemplo, entre 1981 y 1998 sólo jugó una. Entre 1966, fecha de la Sexta, y 1981, ninguna. Hace diez años también se clasificaba Cristiano Ronaldo para una final de la Copa de Europa. Fue la primera de las dos seguidas que jugó con el Manchester United. Con la de Kiev serán seis para él. Seis en diez años.

entre el 20 de mayo de 1998 y el 26 de mayo de 2018 el real madrid habrá jugado siete finales de la copa de europa

También se cumple otra efeméride. El 2 de mayo de 2018 hicieron 9 años del 2-6. Aquel día, apenas dos meses después de que el Liverpool vapuleara al Madrid en la vuelta de los octavos de final de la Copa de Europa, el Real tocó fondo. Lejos de los grandes salones mundiales desde que jugara la semifinal de 2003 con la Juventus, quedaba hecho cenizas por un adversario que empezaba a establecer lo que los americanos llaman dinastía. Ni siquiera era posible mirar el palmarés como consuelo: hacía sólo dos años que el Milan se había puesto a dos copas de Europa del récord madridista. Con un presidente interino, un entrenador parche y la policía judicial registrando el Bernabéu en busca de las evidencias de un amaño electoral, si uno aguzaba el oído podía escuchar los cascos de los caballos de los jinetes del Apocalipsis trotando por La Castellana.

Un mes después llegó Florentino. Regresó. Dijo que había aprendido la lección. Nueve años y cuatro finales de la Copa de Europa después quizá sea el momento de darle la razón.

En 2011 resultaba razonable presumir que la década en curso en aquel momento iba a ser sin duda la Era Messi. Todavía en 2015 era lógico deducirlo. Cuando se cumplen diez años del primer Balón de Oro de Cristiano Ronaldo, de su primera final de la competición más grande, de la primera campaña de Messi en el fútbol adulto propiamente dicha, el asunto no está tan claro. Es difícil hablar de Era Messi cuando Cristiano pulveriza los mejores estadios de Europa, a los mejores equipos, a las mejores defensas, con una continuidad y una repetición propia de un martillo hidráulico; difícil, sobre todo, cuando Messi ha marcado tantos goles en el penúltimo escalón (generalmente el más peliagudo) que Benzema, cuatro. Ocurre que no se puede trazar con claridad el límite de la influencia individual en el fútbol de la época cuando uno de los dos, que parecía terminado hace tres años, ha liderado el camino de su equipo hacia un ciclo hegemónico de otro tiempo. Cristiano ha regresado al fútbol antiguo para destruir las verdades convencionales del moderno.

Ahora que la Copa de Europa ha quedado reducida a chatarra brillante según autorizadas voces de la opinión pública, que se le cantan poemas de amor y gloria a la Copa del Rey, que se habla del dinero de Florentino como en los 50 se hablaba del de Stalin en Occidente, conviene ir a los hechos exactos. Según Transfermarkt, desde la temporada 2009-2010 hasta la presente el Madrid es el sexto equipo que más ha gastado en el fútbol mundial, netamente hablando. Haciendo el balance entre lo que ha entrado y lo que ha salido, Manchester City, Chelsea, Barcelona, Manchester United y París Saint-Germain van por delante en este agregado histórico. En ese tiempo sólo el Barcelona ha ganado tantas Copas de Europa como el Madrid.

Hace unos días el Madrid se clasificó para su cuarta final desde que volvió Florentino, la cuarta en cinco años. Se realza el valor de la Liga queriendo devaluar el mérito madridista, un juego natural entre hinchas ante el que deberían mostrarse escépticos los periodistas con sentido crítico (pleonasmo que hoy resulta oxímoron). El año pasado, con su victoria en Cardiff sobre la Juventus, el Madrid de Zidane igualó al Milan de Sacchi: nadie desde entonces había repetido título en la Copa de Europa. Bien. Ese Milan no ganó ninguna de las dos Ligas correspondientes a las temporadas en las que se proclamó rey de Europa.

El Madrid de las cinco seguidas sólo ganó dos Ligas en ese tiempo. El siguiente en dominar Europa, el Benfica, ganó una de aquellas dos ligas portuguesas; luego el Inter, igual. Hasta 1972 no hubo campeón repetido: el Ajax tricampeón ganó, en ese lapso, dos Eredivisie. Le sucedió el Bayern, que ganó también tres Copas de Europa seguidas. De esas campañas, sólo ganó una Bundesliga: era la era del Borussia Mönchengladbach, que mientras el equipo bávaro trituraba a sus rivales en Europa se hizo con tres ligas seguidas. Se puede seguir. El Liverpool ganó la Copa de Europa del 77 y la del 78, pero sólo la liga del 77; la del 78 fue del Nottingham Forest, que alternó con el Liverpool la supremacía europea ganando las Copas de Europa del 79 y la del 80. Esas dos ligas, curiosamente, las ganó el Liverpool, que recuperó la gloria europea en 1981, año en que el Aston Villa atrapó la liga.

El Madrid le disputará al Liverpool en Kiev una Copa de Europa que puede ser definitiva en términos de narrativa histórica. No sólo deportivamente: la número 13 sería la consagración de un modelo institucional que se ha ido modulando con el tiempo a lo largo de un combate memorable, sostenido durante nueve años, no sólo frente a Messi sino también frente a gigantes europeos de ayer y de hoy que han introducido nuevas variantes en el ecosistema competitivo. Más dinero, más flexibilidad, nuevas técnicas de búsqueda y extracción de talentos (¡el scouting!) y un entorno más duro donde los errores estratégicos en la planificación deportiva pueden condenar un proyecto a medio plazo. El del Madrid de Zidane, sostenido por los hombros de un grupo de futbolistas excepcional, ha salvado la coyuntura de esta temporada con una cabalgata funambulista hacia la posteridad que merece ser contada por un Homero.