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Isco ya vuela

Isco ya vuela

Escrito por: Quillo Barrios6 junio, 2017
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Es difícil quitarse de encima una etiqueta cuando medio mundo te la ha puesto porque parte del mismo inició una corriente hacia ninguna parte. El fútbol es un imparable generador de etiquetas absurdas y tópicos desgastados. Isco fue, durante mucho tiempo, víctima de ese lenguaje rancio. Primero parecía un mediapunta del montón, con clase, regate y poco más. Luego lo convirtieron en un revulsivo de media hora, pero con las obligaciones de un titular indiscutible. Isco siempre se jugaba la temporada en un rato. Era el examen final cada cuatro días. Los que quisieron convertirle en una sombra le acusaban de intoxicar desde un entorno que, en realidad, fue respetuoso y guardó silencio en los momentos más delicados. A Isco nunca se le escuchó una declaración resbaladiza pese a que su fútbol exigía más protagonismo, especialmente a partir de su tercera temporada.

"Quiero seguir en el Real Madrid sea o no titular en Cardiff", declaró semanas antes de la gran final. Fue tan tajante que pocos encontraron una grieta por la que hacer volar los puñales. En la temporada en la que más veces se ha echado el equipo a la espalda -inolvidable Gijón, por ejemplo-, siguió hablando como uno más, con tono humilde, pausado, centrando el discurso en el equipo y acompañando las frases con sonrisa adolescente, sincera. Isco es feliz en el Madrid. Seguramente quiera jugar más y deba jugar más, pero en su cabeza está dar el 100% cuando salta al campo y dejar que los demás lo juzguen como si él mismo fuera un deporte nacional.

Con Bale recuperado, aunque no a tope físicamente, Zidane decidió apostar por Isco en el partido en el que Real Madrid podía hacer historia. No fue un guiño, fue un acto justo. Si alguien se había ganado estar en el once más esperado, ese era el malagueño. Ya no era un mediapunta con clase. Tampoco un revulsivo. Isco se había convertido en un futbolista total. Tan pronto se sitúa al lado de Casemiro para sacar el balón jugado como aparece en el balcón del área para bajar el telón de las transiciones. Algo grande estás haciendo cuando te conviertes en el principio y el fin del trayecto ofensivo del Real Madrid.

Zidane apostó por Isco en el partido en el que el Real Madrid podía hacer historia

Isco arrancó algo tibio en Cardiff, como si el escenario le abrumase y la responsabilidad pesase más que otras veces. Sin embargo, fue esquivando los miedos como el que madura a base de hostias. Hubo un momento, entre el desenlace de la primera parte y el huracán que montó el Madrid en la segunda, en el que Isco, sin saber cómo, gobernó el partido con puño de hierro. Pidió hasta los balones que quemaban. Había perdido el miedo. De repente levantó la cabeza y se vio ahí, delante de medio mundo, consciente de que la noche era esa y no otra. El Real Madrid no espera a nadie, y menos a los que llevan etiquetas injustas encima.

Isco acabó completando un partido memorable. Tuvo un noventa por ciento de acierto en el pase, siendo, su inmensa mayoría, de centro del campo hacia delante. Atrás transmitió serenidad cuando bajó a recibir la pelota. Cien por cien de acierto, sin fisuras. Calmó las aguas cuando la Juventus buscaba la tempestad. Llegó incluso a rozar el gol, aunque este le dio la espalda sin extravagancias. Pese a ello, el planeta observó la gigantesca figura de un futbolista llamado a escribir su paso por el Real Madrid con letras de oro. 2017 ha sido el año en el que Isco se ha sacudido las etiquetas y le ha dicho al mundo, desde el silencio, que él habla con el balón. El joven de la sonrisa adolescente ya es una estrella mundial.