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Ir a la ópera

Ir a la ópera

Escrito por: Mario De Las Heras16 enero, 2017
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Yo ya lo sentía desde el principio por el sevillismo. Y es que la fijación con Ramos no les iba a dejar disfrutar del partido. O pitar a Ramos o ver el fútbol pero las dos cosas al mismo tiempo no se pueden hacer. Cómo se debió de sentir Cristiano, igual que salir a la Quinta Avenida y encontrarla desierta mirando a su alrededor como Keanu Reeves o como Eduardo Noriega en la Gran Vía.

Jesús Bengoechea escribió un cuento en el que el Capitán Ahab no moría ahogado prendido a Moby Dick sino que pasaba largos años domiciliado en su estómago, junto a Geppetto y Pinocho. El antimadridismo es hoy Ahab luego de lograr salir del vientre de la ballena, y cree que llegará a una costa paradisíaca pero no sabe que le espera un Londres frío y gris y victoriano, que no es lo mismo que victorioso.

El partido yo casi no lo pude ver por transmitirse (jugarse) en cámara rápida. Todo el mundo corría de un lado a otro a toda velocidad pero Carlos Martínez, el locutor vidente y telepático, sí podía asegurar tras un contundente despeje de Varane que el francés no sabía qué hacer con el balón.

Maldini susurraba: "Keylor no está bien, Keylor no está bien... mi tesoroo" y Luka, el hobbit, salía de los marcajes como una exhalación derribando rivales con la estela del propulsor mientras se escuchaba la Cabalgata de las Valquirias al contraataque.

A los pitos respondía Sergio con pases Kroosianos y cortes Casemirenses que yo imaginaba que suponían el mismo dolor punzante que para Martínez significaba tener que interrumpir su emocionada alocución debido al concentradísimo desempeño madridista. Menos mal que Maldini debía de darle friegas para calmarlo.

Según este experto, estábamos todos disfrutando del mismo Sevilla que "vimos ahogar al Barcelona". Menos mal que ya no nos sorprende nada en este atroz mundo futbolero. Somos marines experimentados, boinas verdes acostumbrados a las electrocuciones y a las cañas de bambú bajo las uñas.

¿Qué si no es casi no escuchar un mísero elogio al corte imponente de Casemiro a Vitolo, un corte que decía: "Jamás en tu vida pasarás por aquí", y sí escuchar después: "Bonito gesto de Mariano" a un patadón de éste directo a la grada? ¿Qué si no es escuchar el Je t' aime dec Gainsbourg mientras Martínez habla de Nzonzi y de Vitolo?

Lo mejor es que el Madrid aguantaba este asalto de pandillas en callejones oscuros que era el plan de Sampaoli. Unas pandillas inspiradas que chocaban sobre todo con Casemiro, una alambrada de espino en el centro del Pizjuán, y también con Ramos, Varane y Nacho, ese Marty que le robó el Óscar al loco del pelo rojo.

Con Marcelo bien rodeado, el pizzicatto venía de las botas de Benzema, que tensaban cuerdas de violín, de viola y de chelo para dar pases sostenidos sobre las líneas que el sevillismo no podía sentir. Sergio Rico derribó a un Carvajal lanzado y se pitó el penalti que marcó Cristiano.

Luego vi a Varane salirse en un palmo de terreno. Modric parecía el último futbolista vivo jugando a vida o muerte contra zombis sevillanos. Karim ponía la bola en el carril y Marcelo subía y bajaba la manivela. El Sevilla estaba ciego y el Madrid concentrado, lo cual no fue suficiente para que Sergio no marcara en propia puerta.

Lo que vino después fue una descompresión momentánea. Quizá una leve carencia de adrenalina que no faltó en el contrario en los minutos finales cuando pisotearon los lirios dorados de Benzema y la, en este caso, cuadragésima primera sinfonía se acabó porque alguna vez se tenía que acabar como dijo al final Zidane con su sonrisa.

Hoy algunos ya estarán hablando de la crisis de los cuarenta, pero que sepan que eso en el Madrid no existe y yo, que quieren que les diga, sigo contento porque ahora, además, se presenta la oportunidad de cambiar de género musical y de poder ir digamos a la ópera.

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.