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Franqueando el Himalaya

Franqueando el Himalaya

Escrito por: Antonio Escohotado14 julio, 2020
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A los diez minutos Mendy había hecho otra de sus jugadas pasmosas, quizá una de las más acertadas de todo el año futbolero, y poco después una combinación al primer toque permitió a Benzema seguir incrementando su canasta de goles con otro de bella factura, donde un quiebro puso la pelota a disposición de su pierna mejor, y se coló inapelablemente por potencia y puntería. Para cuando los equipos se fueron al descanso los del Madrid habían logrado deparar una exhibición superior todavía a la del partido del Alavés, Mendy sembraba el terror con cada aparición y el Granada corría en vano buscando el balón. Aplastamiento parecía el término más adecuado para describir lo ocurrido.

El segundo tiempo insinuó la posibilidad de seguir así, hasta que una madrugadora pifia de Casemiro permitió un pase soberbio a Darwin, que superó a Courtois metiéndosela entre las piernas, como solía hacer entre otros Ronaldo el brasileño. Todo cambió desde entonces, y de pasar por encima el Real hubo de conformarse con un toma y daca donde dar entrada a Rodrygo y Asensio apenas bastó para mantener el marcador favorable. Olvidando gentilmente la pifia de su compañero, Ramos resumió lo ocurrido entendiendo que el equipo quiso relajarse en los laureles, cosa por demás muy humana, cuando procedía más bien ir resueltamente hacia el tercer tanto.

Es absurdo imaginar siquiera que las ráfagas de fútbol majestuoso exhibidas durante el primer periodo podrían prolongarse indefinidamente, y bien lo sabe para empezar el Barça, forzado a perseguir con la lengua fuera un mano a mano donde no depende ya de sí mismo, como le ocurriera no pocas veces en los últimos años al propio Real; pero en este particular caso los blancos tienen a su favor una aleación de pericia y amor propio que sencillamente no le recuerdo, a despecho de seguir atentamente su juego desde 1954, cuando mi padre me llevó a ver el primer partido en el Bernabéu.

Aquél día vi hacer diabluras a Rial y a un juvenil Gento, que corría como un galgo, asistiendo repetidamente al emperador Alfredo. Luego seguí con intensa atención todo cuanto hacía un equipo que el uruguayo Santamaría sellaba en defensa, con una capacidad que quizá tampoco haya vuelto a ver en términos de colocación, porque los balones parecían imantados por sus borceguíes, y finalmente me rendí por completo cuando los animosos y fuertes jugadores del Eintracht encajaron tres de Di Stéfano y cuatro del inefable Puskas, que gordo y próximo a los cuarenta se bastaba para acumular Pichichis. Raro fue desde entonces perderme un partido de los blancos, que irían acumulando proezas –enturbiadas aquí y allá por el peso de la gloria-,  capaces de convertirle en el rey indiscutido del fútbol desde principios de los años 50, y en el primer puente sólido de unión con el mundo civilizado tras el sombrío interludio de la guerra civil y la dictadura. De hecho, empezó a ser dictablanda cuando por una parte sus genios ganaban el mejor partido del siglo, y por otra Eisenhower recorría la Castellana aclamado por una ingente multitud, harta de aislamiento.

Anoche volvieron a brillar las sensaciones de esta temporada, que a fin de cuentas son Sergio y Karim, las almas del grupo, uno marcando y otro sacando un balón que se colaba. Pero hay muchos más, desde los ya consagrados a promesas como Mendy y Rodrygo. Me conmovió especialmente Modric, un tipo que emularía a Messi si tuviese su disparo, y continúa siendo decisivo para el apasionante duelo creado por la reanudación, con un partido cada tres días. Florentino y Jas tienen buenas razones para felicitarse por sus clarividentes fichajes, y el míster por una plantilla capaz de ganar nueve lances seguidos, unas veces por tenerlos bien puestos y otras por maravillas tan inverosímiles como las del recién llegado Ferland.

El alirón se acerca, sin alterar lo más mínimo el suspense de dos últimos enfrentamientos. Repartida por todo el globo, la parroquia blanca anda exultante, y un vejete como quien escribe estas líneas felicita a todos y cada uno. No es necesario soñar: basta mantener los ojos bien abiertos para hacer afición.

Antonio Escohotado
Escritor de una veintena de obras de referencia, como Historia General de las Drogas, Caos y Orden o Los Enemigos del Comercio. Su hijo Jorge administra sus RRSS. @aescohotado

8 comentarios en: Franqueando el Himalaya

  1. He leído muchas crónicas del Maestro Escohotado, y creo que ésta, incluyendo esa pequeña referencia a sí mismo y a sus inicios como aficionado del Real Madrid, debe de ser de las mejores, si no la mejor.

    Más allá de la ya famosa solidez, lo que nos ha hecho llegar hasta aquí es la concentración y el amor propio. Ahora estamos en una idílica situación (digo idílica porque la habríamos firmado durante las semanas de confinamiento en la que permanecimos atormentados por el famoso Gol de Tello y la caraja general del partido del Betis), y lo que queda es rematar la faena. Ayer lo que menos me gustó fue que volvió un leve amago de caraja en la segunda parte, alimentado además por el tremendo esfuerzo físico y mental de un partido cada 3 días con un calendario endemoniado creado para beneficiar a nuestros enemigos. Por lo demás primera parte imponente que debe ser el modelo para finiquitar a los del Villarreal por la vía rápida.

    Ánimo para todos, ya queda menos.

    Abrazos madridistas