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Florentino Pérez deja el fútbol

Florentino Pérez deja el fútbol

Escrito por: Fred Gwynne25 agosto, 2019
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Estaba agotado, necesitaba un descanso, cambiar de aires, buscar alternativas a mi exitosa faceta de AIC. Ya, ya sé que ahora estaréis pensando: “A ti te metía ocho horas a trabajar en un andamio, gilipollas”. Y os entiendo, en serio, es normal, os quedáis en la superficie, me veis en el Palco de Honor, al lado del Presidente, con las bandejas de canapés dando vueltas y mi copa de champagne en la mano, y enseguida os pensáis que todo el monte es orégano, que uno se queda calvo sin esfuerzo, de la noche a la mañana. Y no, estáis muy equivocados, son horas y horas de visionar partidos, de innovar tácticas, de ensayar con jugadores el Robocop, de probar diferentes tintes para el pelo, de no dormir...

Buscaba algo nuevo, una ilusión que sacase lo mejor de mí mismo, un cosquilleo al levantarme que me hiciera sentir vivo. Lo primero en lo que pensé, dada mi condición de calvo oficial, fue en montar una peluquería para jugadores de fútbol. No es por presumir, pero tengo alma de peluquero. Tanto peinado, tanto corte artístico y vanguardista, tanta mecha y tirabuzón han hecho de mí el Llongueras del balompié. Acumulo tanta experiencia que ya reconozco los tintes adecuados para cada jugador como las águilas a los gorrioncillos, a distancia, como el cazador a su presa. Yo diferencio un Wella Professionals Hollywood Brunette de un Garnier Caoba Terracota N8 con los ojos cerrados, sólo por el olor.

Un peluquero calvo siempre es una garantía, da un plus especial, un estatus al alcance de unos pocos elegidos. La calva de un peluquero es el mantel blanco de un restaurante, el lienzo de un pintor, el origen y el final.

Mi idea, antes de dar el paso y ser el peluquero oficial del Real Madrid, era empezar desde abajo, de forma humilde, sin local, en la calle, con una simple mesa, una silla, un espejo, tijeras, peine y cincuenta tintes selectos. Para practicar había decidido empezar con los vecinos del patio y luego colocar un pequeño chiringuito en el paseo marítimo de Conil, entre los jipis del diábolo y la médium argentina que te leía el futuro. Era un emplazamiento perfecto, me permitía un horario flexible, irme al agua sin problemas y tomar el aperitivo andando unos escasos cincuenta pasos. Además, tenía miles de clientes potenciales y varios equipos con los que hacer mis pinitos. Pensaba invitar a un corte gratuito (y revolucionario) a los jugadores del Sevilla y a un tinte carnavalero a los del Cádiz, que te dejaba el pelo como las tortillitas de camarones, con pintitas color gamba.

Estaba en plena faena, haciendo mis primeros pinitos de peluquero, rizando la media melena del señor José, un vecino del patio de 87 años, que siempre iba a la última y quería algo especial para el baile de los viernes, cuando unas brillantes sirenas de Twitter se cruzaron en mi camino. Me había tomado un pequeño descanso, encendí el móvil y allí estaban: rojas, altivas, desafiantes. Fue un flechazo, descubrí un mundo nuevo, me enamoré de aquellas luces como un adolescente. Supe inmediatamente que quería ser un Insider, un infiltrado en el Real Madrid para dar exclusivas, un sirena-man.

Lo tenía todo, conocía la casa, conocía sus entresijos. Nada podía salir mal. Como diría mi buen amigo Florentino, yo había nacido para ser Insider.

Con las prisas y la emoción por empezar cuanto antes mi nueva faceta, dejé al señor José con media melena rizada, media lisa y una coleta a lo Steven Seagal que improvisé sobre la marcha y que, no es por presumir, además de quedarle monísima, le quitaba un montón de años. Desgraciadamente no me dio tiempo a usar el Cobrizo Sensation Perfect Me que había elegido para la ocasión, ya que siempre he sido un precipitado y estaba deseando empezar con mi nueva vida de Insider.

Mi primera predicción la hice a lo loco, sin pensar, como los grandes del género, con sus sirenas centelleantes y un “OS INFORMO” bien gordo. Un Insider sin sirenas no es nadie, a más sirenas más confianza.

El mismo viernes repetí el tuit con un TIC TAC TIC TAC bien grande, aviones, relojes y un “Gracias por confiar”. No quería que nadie pensase que era un advenedizo y decidí cumplir con todos los cánones establecidos. Las cosas o se hacen bien o no se hacen.

Lo sé, lo sé, metí la pata, reconozco que no medí bien las consecuencias. Yo quería hacerlo igual que los profesionales, sin acertar, sin dar ni una. Y así fue. Eso lo clavé. El problema llegó después. Quería empezar a lo grande, innovando desde el primer día, a mí me parecía que lo de cerrar mi cuenta, si no acertaba la predicción, era de perdedor, de segundón, algo pasado de moda, de Insider cobardica. Quería ir más allá, si fallaba quería cerrar otras cuentas, ya sabéis, mosqueteros, guionistas, indeseables de La Galerna y gente así.

Se lo pedí educadamente:

La contestación, aunque no se hizo esperar, no cumplió exactamente con mis expectativas.

¿Os podéis creer que los muy cansinos no lo hicieron? Yo soy cumplidor, tengo palabra. Me hicieron quedar fatal. Al final tuve que dejar sus cuentas abiertas. ¡Qué vergüenza, Dios mío, qué vergüenza!

Esa noche, en la cama, elaboré un plan infalible. Le di vueltas y más vueltas hasta que llegué a la solución total. Iba a conseguir lo que nunca había conseguido ninguno de ellos, lo que nadie se esperaba, lo que iba a revolucionar el mundo de los Insiders: ACERTAR.

A la mañana siguiente, a primera hora, descolgué el teléfono y puse en marcha mi plan:

- Floren, necesito ayuda.

- Lo que quieras, para eso estamos, hoy por ti, mañana por mí. Además te debo una, tus tácticas están obrando el milagro. ¿Has visto cómo ha cambiado el equipo?

- Normal, ya sabe que no me gusta presumir, Presi, pero son años y años de estudios y calvicie. Si Zidane aplica a rajatabla mis métodos no habrá quién nos gane. En fin, a lo que estamos, ahora me he metido a Insider, para eso le llamo.

- ¿Insider? ¿Qué es eso?

- Infiltrados, son infiltrados para dar noticias. Están por todas partes, como las ortigas en el monte.

- No lo había oído en mi vida.

- Eso le pasa por no usar la cuenta de Twitter que le creé. A ver, se lo explico, los Insiders son personas que se infiltran en el Real Madrid y luego dan exclusivas. Algunos llevan sombrero, otros la cara pintada y la mayoría ocultan su identidad, son misteriosos y esquivos, como los espías de la Guerra Fría.

Los hay de Champions y de Regional. A mí algunos de ellos me parecen genios, me encantan, hacen feliz a la gente dándole esperanzas, tienen su propia marca. No admiten comparaciones. Son inimitables. Lo importante, lo que los une, es que no aciertan nunca sus predicciones.

- ¿Periodistas?

- No, bueno, sí, también, la verdad es que hay de todo, familiares, millonarios, agentes, periodistas, infiltrados, con sirena, sin sirena…

Yo le llamo porque quiero revolucionar los métodos, ir un paso más allá, usar las sirenas más gordas del mundo y, siéntese si está de pie, Presi, no se lo va a creer: ACERTAR.

Voy a revolucionarlo todo, seré el primer D.I.C de la historia que acierte sus predicciones.

- ¿DIC?

-Sí, Despistado Insider Calvo. Quiero ser un Insider cercano a sus seguidores, mostrarme tal cual soy, humanizarme, demostrarles que cualquiera que se lo proponga puede llegar a ser un excelente DIC. ¿Se puede ser despistado e insider? Sí, al no ser Oficial, se puede. Y no vea lo que gana la gente en autoestima.

- Y a mí, ¿para que me necesitas?

- Quiero ir más allá. He pensado que igual usted podría ayudarme fichando algunos jugadores. Total, fichaje arriba, fichaje abajo, a usted le da igual y a mí me vendría de perlas. Quiero ser un DIC infalible, que la gente se quede con la boca abierta. Y no solo eso, quiero ser un DIC que trabaje todo el año. ¿Qué cojones hacen estos vagos en invierno? Nada, ya se lo digo yo, Presi, nada, rascarla todo el día. Y esto va a cambiar, vamos a pasar de Summeriana a Winteriana. La primavera y el verano son para ganar títulos e ir a la playa. Trabajar de mayo a octubre es una ordinariez. Yo me voy a esforzar porque quiero revolucionar el género, pero hay que fichar en febrero o en noviembre, cuando nadie se lo espera. Lo tengo todo...

- Fred

...planeado, yo le digo a quién fichar, me hago el despistado, y ¡ZAS!, presentación...

- Fred

...al canto...

- ¡FREEEEEEED! Por Dios, calla, calla un poco, descansa, no se puede fichar en febrero, está prohibido.

- Ni si piidi fichir in fibriri, ninininini…

- Fred, te estás pasando.

-Lo siento, Presi, tiene razón. Es que estoy desatado, los DIC somos así, fichamos cuando el resto de los Insiders descansan, cuando nadie se lo espera, por sorpresa. Piénselo, en febrero, Madrid, todo el mundo con su bufanda y el chocolate con churros, la nieve cayendo…

- No, Fred, en serio, no puede ser. Hay que cumplir las normas, tenemos hasta el 2 de septiembre para fichar.

- En fin, se hará lo que se pueda, lo pienso y le mando algo en unos días para ver si me puede ayudar. Le noto la voz cansada. ¿Se encuentra bien?

- Sí, sí, mucho trabajo, necesito descansar un poco, nada más.

- Vale, cuídese mucho. Un abrazo.

- Otro.

Esa noche, después de un análisis exhaustivo de la situación, tuiteé mi primera predicción de DIC. Quería ser honesto. Un Insider humilde, cercano, despistado.

Vale, sí, iba c