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En blanco y púrpura

En blanco y púrpura

Escrito por: Antonio Valderrama5 julio, 2022
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Uno de mis mejores amigos, el más antiguo, acaba de tener un hijo. Ha nacido un mes después, día arriba, día a abajo, de que el Madrid levantara en París su Copa de Europa número catorce. Ahora, mientras lo pienso, siento un poco de envidia y también otro poco de tristeza. Me gustaría tener la oportunidad, como él, de poder vivirlo todo de nuevo, como si fuera un sueño, como si fuera la primera vez. Admirarme de todo, engolosinarme de todo, asombrarme de todo. Poder conocer de nuevo y desde el principio la extraordinaria historia del incomparable Real, o sea, enamorarme otra vez de él, pues conocer es amar, ¡qué goce! Pero a la vez creo que si me hubiera perdido todos los momentos de esa historia que he vivido a través de mis 34 años, mi vida sería mucho más pobre. Menos bonita, menos splendente. No, no es que lo crea, lo sé. Tengo la certeza. Si me pusiera a contar los momentos de alegría, tristeza y desespero que el Madrid me ha ofrecido, tardaría tanto como en contar los granos de arena que hay en una playa. Mi memoria sentimental está fundida en blanco y en púrpura. El Real, con su corona y con su escudo, está inserto en la luz de mis recuerdos, pues es una forma de mirar.

Como cumplir años me pone siempre un poco nostálgico, a esa sensación tan recurrente para mí a lo largo de mi vida se ha unido lo tierno (y por qué no decirlo, mucho más viejo) que me ha puesto el hecho de que dos buenos amigos hayan sido partícipes de eso que Dostoyevsky llamaba con razón uno de los dos milagros absolutos y misteriosos de la vida, el nacimiento y la muerte. Así que como además mi amigo no es para futbolero sino un acendrado odiador, especialmente de la camiseta blanca, quisiera dejarle aquí escritas, para cuando pueda leerlas, unas líneas a su primogénito: unas líneas donde yo le intente explicar a su hijo qué es ese fenómeno de la naturaleza y de la historia llamado Real Madrid que se va a encontrar en cuanto sea capaz de abrir sus preciosos y diminutos ojos y orejillas al mundo que los rodea.

A primera vista le podrías decir que ha llegado aquí cuando el Madrid ya lo ha hecho todo, así que, ¿qué razón tendría para interesarse por un hecho humano aparentemente finito? 14 copas de Europa, 35 ligas, noches europeas que se dilatan a través del tiempo y del espacio, tardes de gloria por los campos de España, en fin, todo eso lo puede encontrar en la Guía MARCA, que por cierto no sé si sigue editando, espero que sí, para mí fue una auténtica puerta abierta al conocimiento, una pequeña biblioteca de Alejandría futbolera. Pero lo que en realidad me gustaría decirle es que, al contrario de lo que se podría pensar, todo está por hacer. Y él podrá verlo.

El Madrid se parece también a los recién nacidos. Quiero decir que comparte con ellos uno de los rasgos fundamentales con los que yo definiría la naturaleza esencial de ambos prodigios. Los dos renuevan la capacidad que tenemos todos para imaginar

Pues eso también es el Madrid. No, no, mejor aún, eso empieza ser el Madrid: la oportunidad de quitarle el papel de regalo el mundo, de estrenarlo, una mañana de Reyes que no cesa. El Madrid no ha llegado al final de ningún trayecto, todo el futuro está por conquistar y por escribir. Todo está por hacer y el brillo de la camiseta blanca, blanca como la nieve, irradia confianza en el futuro bajo los monstruosos focos de halógeno de los estadios. Ese blanco refulge como una página en la que todavía no se ha escrito, como un pedazo de mármol al que el escultor aún no le ha clavado el cincel. Esa cualidad lumínica casi religiosa, esa cualidad santa, iluminadora de almas, aún la conserva el Madrid, y ese es un valor incalculable en un mundo que ya no mira el mañana con ilusión sino con miedo. En un mundo atenazado por una infinidad de oscuros molinos, el Madrid es un caballero blanco que sigue embistiendo contra gigantes.

El Madrid es, sobre todas las cosas, un amigo. Sé por experiencia que te intenten convencer todo el tiempo de cosas que no tienen sentido. Que eres del Madrid porque gana mucho, como si todo se redujera a una cuestión crematística. Que es fácil ser del Madrid, como si ganar fuera una actividad mecánica, un truco, la búsqueda del confort, de la comodidad material. El Bayern también gana mucho y, como dijo una vez un sabio, no hay niños en el Congo con camisetas del Bayern gritando Mia San Mia. El Madrid es la promesa de un mundo mejor, Pero eso es chino mandarino para quienes chamullan todas esas cosas. Es gente que no tiene ni idea y que chamulla mucho y mucho rato muy fuerte. El fútbol no tiene nada que ver con lo material y por supuesto no es nada racional. El fútbol es una cuestión de amor.

El Madrid es lo que era el cine para los niños de la posguerra española: Marte. Es ese Hollywood en Technicolor donde suceden todas las aventuras posibles. Es John Ford y es Emilio Salgari, es la India salvaje y fabulosa de Fritz Lang y es Julio Verne, en cuya mente no había imposibles. En Madrid es la suspensión de la incredulidad

En Madrid es, sobre todas las cosas y como decía antes, un amigo. Cuando llegas a una edad determinada los amigos empiezan a faltar. La vida y sus Escilas y Caribdis te obligan a navegar por aguas procelosas. Empiezas a bordear islotes pedregosos en los que oscuros poderes convierten sin que te des cuenta a toda tu tripulación en una piara de cerdos. Entonces miras atrás y haces recuento de todos los que te han acompañado a lo largo del camino. Te acuerdas de los que se quedaron mientras doblaba las esquinas, de los que se fueron y de los que siguen siendo. Te acuerdas de los tropiezos y también, por qué no, pues los ha habido aunque sean pocos, de los triunfos. Te acuerdas de las noches sin dormir y de todas (¡tantas!) las horas de espera. Te acuerdas de las decisiones equivocadas y de los caminos que no tuvieron retorno. De las tardes aquellas de las que nunca regresaste, de los caminos que no escogiste. De las cosas que se quedaron a medias. Te acuerdas de todo eso, ves las fotos y te fijas en lo que nunca cambió: el Madrid.

En todas las fotos está en Madrid, el gran, el viejo amigo. Esto me recuerda otra cosa importante. El Madrid se parece también a los recién nacidos. Quiero decir que comparte con ellos uno de los rasgos fundamentales con los que yo definiría la naturaleza esencial de ambos prodigios. Los dos renuevan la capacidad que tenemos todos para imaginar. Uno cuando conoce a un bebé por primera vez, y más si es de un amigo, piensa y evoca todo lo que ese niño puede ser en la vida. Se parece a tener delante un folio en blanco. ¡El mármol sin esculpir! Todo es posible porque el mundo empieza otra vez y estaba por escribir. Todos los hombres están dentro de ese pequeño hombrecillo. Todos los futuros serán a un mismo tiempo en el mismo sitio. Eso es el Madrid.

El Madrid es la capacidad de imaginar, que es el umbral del sueño. El Madrid es lo que era el cine para los niños de la posguerra española: Marte. Es ese Hollywood en Technicolor donde suceden todas las aventuras posibles. Es John Ford y es Emilio Salgari, es la India salvaje y fabulosa de Fritz Lang y es Julio Verne, en cuya mente no había imposibles. En Madrid es la suspensión de la incredulidad, la ruptura de esa frontera entre lo verosímil y la leyenda. En Madrid nos devuelve al estado de la niñez en el cual todo era cuesta abajo y siempre hacía un sol de media tarde, el mar ardía en destellos blancos y nada se pagaba. Esa capacidad de imaginar nuevos mundos posibles es la fuerza que desde la niñez nos impulsa hacia delante. La potencia motriz que nos saca de la abulia y de la grisura de la adultez. Por eso se llenan los cines. Por eso se llenan los estadios. Por eso, si Florentino construyera tres nuevos Bernabéus, se llenarían. Imaginar es salirse de las costuras con las que nos sujeta la vida. Desbordar el cauce, trascender. Nadie sabe lo que puede cultivarse en la mente de un niño sacudido por imágenes oníricas, envuelto en el incienso de seis minutos como los del milagro de Rodrygo contra el Mánchester City. No hay dinero que pague esas cosas porque el dinero es una moneda de cambio corriente y humana y las historias que alimentan nuestra fantasía proceden del más allá, de ese lugar tan alejado del concepto pragmatismo con el que los hombres entretienen en sus horas y entierran sus viejos sueños, que eran viejos, pero eran buenos sueños.

Por último, el Madrid es una cosa muy importante en este mundo avejentado y triste en el que de pronto vivimos. El Madrid es un motivo por el que festejar. Festejar con los nuestros, ahormarnos en un sentimiento espontáneo de júbilo que nos devuelve a ese territorio fuera del tiempo en el que celebramos los cumpleaños en el patio de casa con nuestros abuelos y en donde no había ninguna razón por la que no festejar. La alegría no había que explicarla. Festejar es importante porque el tiempo no sobra y las ocasiones escasean. El Madrid es una ocasión por la que reunirse. Es un motivo por el que estar feliz, un motivo para escribir a tus amigos antes de los partidos, una razón para llamar a tu padre, es el primer WhatsApp que mandas después de un gol de Vinicius.

Todo lo que hay de universal y majestuoso queda en el poso de la nación que descubrió, exploró y colonizó medio mundo, reside aún en el Madrid. El Madrid es un milagro, es una de las razones, pocas, que tiene el español de 2022 para sentirse orgulloso de lo que le dejaron sus padres. El Madrid es una razón para acordarte de tu abuelo y un motivo para sentirte hermano de millones de desconocidos. El Madrid es una quijotería, una justificación disparatada de la existencia, la cofradía de todos los desequilibrados de la tierra. La calma de Cervantes y el reposo de Velázquez en mitad del apocalipsis. Que la ballena te coma como a Jonás y salir de ella pegando un taponazo igual que si descorcharas una botella de champán. El Madrid, al fin y al cabo, es una razón para estar vivos.

 

 

 

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Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio

11 comentarios en: En blanco y púrpura

  1. Lo que más me alucina de Valderrama, es como se puede escribir tan bien y con tantas referencias culturales una persona tan joven. Me imagino que de pequeño te dirían que te había hecho las redacciones tus padres. Chapeau

  2. Las razones para ser del Real Madrid son muchas y variadas. En mi caso , aunque esté comprobado científicamente que hasta la memoria puede "engañar", creo que la principal y en la que se sustentaban todas las demás es el hecho de ser el mejor. Mejor fútbol, más prestigio y más trofeos en las vitrinas. Añadiré que en aquella época, televisivamente en "blanco y negro", de los Amancio, Pirri, Grosso, Velázquez, Zoco, Fleitas, De Felipe, Gento (sobre él y su sobrenombre comenté ayer a un joven madridista, conminándole a hacer su primer click - tal como pude comprobar- en nuestra querida Galerna). Y digo bien, puix la siento un poco mía. Advierto a la estupidez con patas que la seguiré queriendo y entrando , las veces que se me antoje, con plena libertad y máximo desparpajo. A mi aire. La blancura fue un motivo fundamental para que me atrajera el Real Madrid. Un chaval como era lo percibía en términos de pureza, pulcritud .Y otro elemento diferencial, he advertido en alguna ocasión que con 5-6 años ya era un tipo peculiar, tenía que ver con la ciudad. Madrid como capital; ese era el concepto abstracto que uno tenía de chinorri. Lo de capital, a mi manera, me sonaba a solemne e importante . También influyó en mi convicción madridista el hecho de que los amiguitos fueran todos del farça. Al principio de los 70, siendo muy niño, ya había añadido a mi tozuda obstinación por lo blanco el factor ya consciente de la rebeldía...puix ya me había dado cuenta del victimismo, fanatismo y trampas que se gastaban "els amics". Mi tozudo amor por el Real Madrid hizo que con 11-12 años me las compusiera para abonarme al boletín informativo del Real Madrid venciendo todos los obstáculos , por las características del club dónde vivía, y consiguiendo lo más importante: que llegara cada mes a mis manos. ¡ Qué ilusión ! Las portadas, los pósteres, las crónicas...¡ el baloncesto!

    Y es que...vaig néixer català i moriré madridista !

    1. Para ser honesto, deberías explicar cómo en una família de clase social media alta, un tipo que tuvo acceso a la mejor educación al abrigo de sus padres, acabó siendo un paria que pasó media vida en los foros de opinión de diarios deportivos como As, donde fue expulsado, y Mundo Deportivo. Un sociópata carente de habilidades sociales e incapaz de mantener relaciones sexuales, cuyas ocupaciones se limitan a escribir los 7 días de la semana en distintos foros con distintos nombres para no ser reconocido, dado que siente vergüenza por su condición, y cobrar la pensión de jubilación.
      Éste tipo, que en el foro utiliza el nombre de Floquet de neu con la foto de perfil de un orangután, se llama Joan Llorens y entre otras taras, se vanagloria de ser madridista cuando sus quejas y deseos pasan por hablar de una Cataluña en la cual todos los habitantes tuvieran su mismo punto de vista, y que tiene mayor interés en el día a día del Barcelona que en el propio Real Madrid. Ninguneado en su tierra y resentido con ella. Un amargado crónico.

        1. La apuesta la gane yo. Has pasado a ser de un tipo al que tenían en cuenta sus opiniones en el foro, a ser el tarado al que nadie quiere contestar ni conversar. Un apestado jajajajajajaja

          1. Tiempo y esfuerzo he invertido, pero ahora cuando llegue agosto y me vaya de vacaciones, tú seguirás como un perro buscando la atención de la gente y nadie te hará caso. Igual cuando vuelva ya la palmaste, que con el porvenir que tienes jojojojojojo

          2. Sigue sufriendo, loser.
            jajajajajajajajajaaaá jajajajá. Olisqueando, campeón, y bailando a su son.

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"Es paradójico recordar a Isco y sin embargo vivir a Modric. Uno tiene la sensación de que Isco se acabó cuando Luka estaba haciendo la comunión entre bombas, y no fue así, pero el cerebro no se caracteriza por la fidelidad de sus recuerdos".

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Fantantonio: “El Madrid, como Belmonte, es hermosura entre tanta bajeza”.

@JesusBengoechea entrevista a @fantantonio, quien nos habla de su nuevo libro, de toros, de la vida y, cómo no, del @realmadrid.

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Un amigo, un colaborador leal y un genio que, además, tiene libro nuevo.

Leed. https://twitter.com/lagalerna_/status/1556600952693878785

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El galés volador anotó un golazo frente a unos hijos de Utah.

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Hoy me he puesto a escribir sobre Isco para @lagalerna_ y me he dado cuenta de que Isco se me olvidó hace mucho tiempo.

Se me olvidó que te olvidé, Isco.

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