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El Real Madrid es de todos

El Real Madrid es de todos

Escrito por: Ismael Ahamdanech15 enero, 2020
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Era mediados de los años ochenta. Yo estaba en cuarto o quinto de EGB y tenía dos obsesiones: un estuche Pelikan e ir a ver un partido del Madrid en el Bernabéu. Los más jóvenes no lo sabrán, pero los cuarentones como yo difícilmente habrán olvidado aquel estuche duro que se puso de moda en esa época y que inundó todos los colegios de España. Tenerlo era estar a la última y por recordar, recuerdo hasta cuánto costaba el más básico: novecientas pesetas más o menos. La economía familiar no daba para las dos cosas, éramos tres hermanos estudiando y en casa solo entraba un sueldo con el que era difícil llegar a ningún lujo. Así que mi padre me propuso un trato: si en el segundo trimestre sacaba sobresaliente en todas las asignaturas, podría elegir entre el estuche o el partido del Madrid. Yo cumplí mi parte del trato, y mi padre también, así que un domingo de primavera fui por primera vez en mi vida al Santiago Bernabéu para ver un (aburridísimo) Real Madrid – Hércules, que acabó con un empate que supuso la salvación del equipo alicantino (una de las imágenes que tengo es la de uno de los jugadores del Hércules de rodillas dando gracias al cielo cuando acabó el partido).

Cuento todo esto porque siempre me han hecho gracia los comentarios que afirman que el Madrid es un equipo de derechas o de ricos. Mucha gracia. Más aun cuando el entrenador de un club vecino afirma (sí, todavía lo hace) que ellos son el equipo del pueblo. Supongo que yo, o mis amigos de un barrio obrero de Alcalá de Henares, madridistas acérrimos que han podido estudiar a base de becas, no somos pueblo. Ni mi padre, que se levantaba todos los días a las cinco de la mañana para sacarnos adelante. No somos pueblo, o lo somos un poco menos porque apoyamos a un equipo de ricos que además era el de Franco y bla, bla, bla… Mentiras y más mentiras que se han repetido tantas veces como para que algunos hayan llegado a creérselas. Ya lo dijo en una ocasión un periodista: mientras el Madrid se había dedicado a ganar, otros habían empleado su tiempo en construir un relato victimista para explicar por qué no ganaban.

mientras el Madrid se había dedicado a ganar, otros habían empleado su tiempo en construir un relato victimista para explicar por qué no ganaban

Y en esas seguimos. Poco antes de Navidad se volvió a montar el Belén porque Santiago Abascal estuvo en el palco de jugadores del Bernabéu. Y, claro, los que saben sumar enseguida dedujeron que dos y dos eran cuatro y que el Madrid era lo de siempre, un equipo de derechas con el que simpatiza (sobre todo) la gente de derechas (fachas los llaman ahora que hemos descubierto que todos, menos unos pocos afortunados, somos fachas). Lo primero que pensé al leer la polémica que se estaba generando es que el Madrid debía devolver inmediatamente las medallas que le había entregado a Franco por haberle regalado seis Copas de Europa en aquella época en la que, como es bien sabido, el dictador mandaba en todo el continente, donde solo se hacía lo que él quería. Por suerte, después me enteré de que no habíamos sido nosotros lo que habíamos hecho tal cosa, sino otro equipo que inventó el fútbol y, parece ser, también la política, si entendemos por esta arrimarse siempre al sol que más calienta.

No, el Madrid no ha sido nunca el ejército desarmado de un pueblo oprimido, ni ha tenido grandes escritores como el genial Vázquez Montalbán para glosar sus virtudes, aunque estas fueran una simple leyenda sin viso alguno de realidad. Lo que sí que ha tenido es gente con arrestos y coherencia, como don Santiago Bernabéu, que en la época más negra de la dictadura se atrevió a echar del palco del estadio de Chamartín al todopoderoso Millán Astray, el mismo que se ha hecho famoso ahora por la película Mientras dure la Guerra, que narra su enfrentamiento con mi querido don Miguel de Unamuno.

Para otra película igual de buena daría la reconstrucción del Madrid después de la guerra, con don Santiago (Bernabéu, que quede claro) yendo casa por casa de los antiguos socios para que aportasen dinero a fin de refundar un equipo que había sido destruido durante aquel conflicto criminal provocado por (estos sí que lo eran) los fascistas. Digo bien: el equipo había quedado destruido, su presidente había sido fusilado por los franquistas y muchos de sus futbolistas habían muerto en la contienda. Y no hace falta decir mucho de lo que le costó a Bernabéu que el Madrid levantase el vuelo, con ese período negro entre el treinta y nueve y el cincuenta y cuatro que fue el más magro en lo que se refiere a títulos y en el que estuvimos a punto de bajar a segunda. Por entonces había otro equipo de la capital, que hoy se autoproclama del pueblo que contaba con muchas más adhesiones en el ejército franquista. Sin embargo, no está de más recordar que el estadio que hoy es nuestra casa fue levantado sin que el Estado aportase un solo céntimo, con una emisión de deuda suscrita por particulares. No todos los clubes pueden decir lo mismo, por mucho que hoy se presenten como la quintaesencia de la democracia y la libertad.

1944. Don Santiago Bernabéu pone la primera piedra del estadio.

Yo no voy a decir aquí lo que pienso de Santiago Abascal (aunque quienes me conocen ya lo saben y lo he dejado escrito en otros medios) porque no es el sitio. No lo es este digital, que generosamente acepta mis colaboraciones, ni tampoco ningún foro en el que se hable del Real Madrid. Porque si algo sé, es que el Madrid no es de derechas ni de izquierdas, como no es de Madrid, ni siquiera de España. No. El Real Madrid es un trasunto de la ciudad que lo acoge, y si madrileño es cualquiera que quiera sentirse madrileño (para mí el mejor ejemplo es mi padre, un madrileño de Chauen), madridista es cualquiera que ame al Madrid. Sin importar sus ideas, el color de su piel o la religión que profese. Porque eso es lo que pasa cuando eres el más grande: que dentro caben todos.

el Madrid no es de derechas ni de izquierdas, como no es de Madrid, ni siquiera de España. No. El Real Madrid es un trasunto de la ciudad que lo acoge, y si madrileño es cualquiera que quiera sentirse madrileño, madridista es cualquiera que ame al Madrid

Post Data: Una de las primeras cosas que aprendemos los economistas es que correlación no implica causalidad. Un estudio publicado por la página web spurious correlations demostró que el número de ahogados en Estados unidos estaba fuertemente correlacionado con las películas realizadas por Nicolas Cage. Pero es evidente que ni Nicolas Cage tiene nada que ver con los ahogamientos en aquel país, ni los gobiernos, sean de derechas o de izquierdas, con las Copas de Europa que gana el Madrid.