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El muy madridista honor nipón

El muy madridista honor nipón

Escrito por: Athos Dumas3 julio, 2018
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Puede que haya sido el mejor partido del Mundial. Sin ninguna duda, el segundo tiempo ha sido lo más vibrante y digno de ver hasta ahora.
Frente a frente, dos selecciones valientes, desacomplejadas. Los hijos del imperio del sol frente al mestizaje talentoso de los belgas.
Japón acudía a su sexto Mundial consecutivo y a su tercera presencia en octavos de final tras 2002 (como anfitrión) y 2010. Equipo modesto, con escasos jugadores conocidos, algunos de ellos jugando en la Bundesliga como su figura Kagawa (Borussia Dortmund), Haraguchi (Hannover), autor de un bellísimo golazo a Courtois, Osako (Werder Bremen) o Hasebe, capitán de Japón y tras una gran temporada en el Eintracht de Frankfurt (campeón de copa de Alemania). El buen central Yoshida juega en el Southampton de la Premier. Dos de los titulares juegan en nuestra liga, Shibasaki (Getafe), y el espléndido Inui (ex Éibar y nuevo fichaje del Betis), autor del segundo gol, uno de los mejores del campeonato. El portero Kawashima, con varias paradas prodigiosas, juega en un equipo de segunda división francesa, el Metz. Otros de los componentes juegan en la aún modesta liga japonesa como el defensa Shoji en el Kashima Antlers que tanto nos hizo sufrir en 2016 para que el Madrid conquistara el Mundial de Clubs.
Todos estos modestos componentes parecieron durante la noche de ayer auténticos héroes dignos de ser “Samuráis azules”, el fiero apodo de su Selección. Descarados, sin complejos, con un exquisito manejo del balón, sabiendo buscar las espaldas de los belgas, fueron capaces de adelantarse 0-2 en el minuto 52, resultado que mantuvieron hasta el 69’, a falta de poco más de veinte minutos.
Suponía una nueva sorpresa en este Mundial, esta vez ante una selección de fútbol delicioso. Los belgas, una constelación de jugadores “caviar” con Eden Hazard a la cabeza (MVP del partido), y que por fin ha dado el paso al frente que muchos esperábamos de él y que ya claramente se postula para venir a nuestro Real Madrid. El gol del empate 2-2 vino precedido de una jugada mágica de Eden, controlando primero con la diestra y efectuando luego con su zurda un auténtico regalo para que Fellaini cabecease a quemarropa a las redes de Eiji Kawashima. Era el minuto 74 y todos pensábamos en el Okinawa nipón. No fue así. Aún el gran guardameta Courtois (¡fichar!) tuvo que efectuar dos soberbias intervenciones que podían haber tumbado a los Diablos Rojos belgas.
Japón, orgulloso e irreductible, no plegaba la rodilla. Todo hacía pensar en una nueva prórroga en este campeonato. Minuto 93 y córner a favor de los Samuráis. En lugar de sacar en corto y apurar segundos para ir a la prórroga, los nipones lanzan el balón al área. Y aparecieron las aventuras de Tintín, el gen astuto de los belgas. No era una casualidad, tenía que ser así. En la ciudad de Rostov del Don, ciudad de donde fue cónsul de Bélgica en los años 20 Joseph Douillet, autor del libro “Moscú sin velos”, que inspiró al gran Hergé para la primera aventura de su reportero Tintín, la poco conocida “Tintín en el país de los Sóviets”. Por cierto que Tintín fue un reportero de los de verdad, no como aquellos nefastos consejeros del aún más nefasto Rubiales, alias Rusiales, que segó a Lopetegui tras una decisión bolchevique.
En ese estadio de Rostov, Courtois fue el más listo de la clase. Atrapó el balón del córner, propició un contraataque fulgurante por medio de otro centrocampista digno de ser fichado por el Madrid, Kevin de Bruyne, que sirvió un balón a su derecha a Meunier. El buen lateral del PSG sirvió a Lukaku, algo gris toda la noche, que dejó pasar hábilmente el balón hacia su izquierda, donde entraba como una flecha (una flecha valona quizás) el recientemente incorporado Chadli, que fusiló sin piedad al meta de los Samuráis Azules.
Fue quizás una ingenuidad por parte de los japoneses. Lo fácil era ir a por el tiempo extra, y confiar en una nueva contra o en la fortaleza física y mental de los suyos ante la siempre temible tanda de penaltis. Para mí, y para algunos más como por ejemplo para mi amigo Fred Gwynne, fue una actitud madridista, valiente, audaz. Recordó al año pasado en el Bernabéu ante el Barça, cuando tras empatar a 2 (con gol de James) y en inferioridad numérica (por la expulsión de Ramos), el Madrid fue a presionar en un saque de banda casi en el córner contrario. La cabalgada de Sergi Roberto propició el 2-3 de Messi. No recuerdo ningún reproche a los nuestros en el estadio. Una vez más, “habíamos sido el Madrid, con un par”.
Los japoneses en ese saque de esquina se hicieron el harakiri, sin duda, pero como dijo tras el partido su seleccionador Akira Nishino, “No me arrepiento, lo volvería a hacer, queríamos ganar el partido y un córner representaba una oportunidad más para la victoria.” Honor a Nishino-San y a sus osadas y resueltas huestes. Eso se llama caer de pie, con dignidad y la frente bien alta. Como dijo Fred Gwynne en Twitter, acabábamos de ver al Real Japón de Madrid.
Y a los avispados, talentosos y esforzados belgas, herederos de la astucia de los cómics de Tintín. Mucha gloria, mucho arte y mucho esfuerzo pudimos contemplar anoche en unos octavos de final para recordar siempre.