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Dirty Dancing

Dirty Dancing

Escrito por: Mario De Las Heras27 abril, 2017
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En el descanso Manuel Pablo decía tras la pregunta de la entrevistadora que no le sorprendía el nivel de este Madrid: "Llevan haciéndolo todo el año, es un gran mérito de Zidane y de los jugadores". "Por ahí no voy a entrar", debió de pensar el exdefensa deportivista. "Gran mérito de Zidane y de los jugadores", dijo un experto ajeno sin fobias ni complejos. El discurso oficialista ya sabemos que es otro, el del descrédito y el bulo y la tergiversación al que también se apunta buena parte de un madridismo que sólo respira con una crítica que si no fuera ésta sería otra.

Asensio era uno de los Oompa Loompas (esa "segunda unidad" de maravilla que tiene muerta de envidia y de recelo al aficionado y al periodista antimadridista, "gran mérito de Zidane y de los jugadores") que sacó ayer Zizú en Riazor. Todos al mismo ritmo removiendo el cacao y el merengue. Fallaba Lucas el pase del mallorquín en carrera al primer toque. Y esto era la segunda parte porque esta crónica transcurre como se merece igual que el cuento de Benjamin Button, donde Isco era un niño viejo que seguía haciendo punto. Sus pies moviendo las agujas con destreza y el punto entrelazándose sobre la yerba gallega.

A Manuel Pablo no le sorprendía el nivel de este Real Madrid

Hubo tres minutos como los veinte primeros. La madre de todos los veinte primeros minutos. Kovacic mostraba la sinuosa verticalidad de la fiesta oscura de Dirty Dancing. Yo asisto a ella y llevo una sandía y me llamo Baby. Isco (Patrick Swayze) decía: Do you love me? como los Contours, y la pelota aullaba: Watch me now, oh, work, work, ah work it all baby... para irse con Morata (al que dicen defender antimadridistas de libro cuando sólo lo usan como arma arrojadiza), que terminaba viendo venir a James que marcaba su segundo, el cuarto del equipo.

Daba gusto ver cerrarse a los Oompa Loompas sobre sus presas para lanzar el contragolpe. Isco casi hace honor al minuto sesenta y nueve dentro del área. Estaba loco. Tan loco de lujuria que el árbitro le sacó la amarilla para contenerle. Kovacic era nuestro John Garfield, una estrella de antigua, de los años cuarenta, un cartero que siempre llama treinta veces, como mínimo, y a veces, después del zigzagueo se topa con otro Oompa Loompa, como James, cuya clase es tan elevada que un solo toquecito suyo es como pasar por delante de la puerta de una pastelería en Brujas justo cuando sale alguien porque se escucha el tintineo.

Isco estaba en trance y tenía el pelo azul. Hasta se fue a beber agua (a lo mejor era fino) en mitad de una jugada, qué escándalo: es torería para contarla cuando seamos viejos. Isco jugando con las plantas de los pies, con el hueso del tobillo. Una leyenda de valor y de desdén. El malagueño se fue por la Puerta Grande en el setenta y ocho completamente hueco de esencia después de marcar el quinto. Iba a marcar Andone el segundo para el Depor en la relajación y luego Casemiro desde lejos entre los árboles. También marcaría Mariano en fuera de juego que no era, el segundo ya, o el tercero de la noche.

Qué más da si ya he llegado al principio. A los probablemente mejores veinte minutos de un equipo que yo haya visto sobre un campo de fútbol; que es como si Benjamin tuviera sesenta años y el aspecto de un adolescente. La madurez mental y la plenitud física: una fantasía hermosa que comenzaba a los cincuenta segundos con Morata dándose la vuelta al borde del área (como si lo hiciera en la cama moviendo todo su corpachón) a pase (de baile) de Isco, y disparando un cañón por el lado pequeño de la portería local.

Los Oompa Loompas trabajaban en equipo. Iban de la mano sobre el césped hasta que se adelantaba uno, bien Lucas, bien Asensio, bien James siempre cortantes, afilados. Una muesca dejó Isco en el palo derecho con su rosca fabricada en Albacete. Ya iban cuatro, cinco goles dibujados allí arriba, pero la defensa era lo mismo. La defensa Oompa Loompa "mérito de Zidane y de los jugadores". Nacho cortaba con el pecho, Danilo levantaba la pata para cogerla al vuelo y luego la lanzaba para el running- back Kovacic que avanzaba yardas y yardas sorteando rivales y alejando el peligro y creándoselo al rival. Kovacic era el corte de la tela de Saint Laurent, de Chanel en el taller de Riazor.

Morata hacía un invento delante del portero como si tuviera cuatro piernas. Un movimiento de Matrix que el defensa se creyó y cuyo remate final el portero detuvo porque se desmayó cayendo por el lado por el que el balón se dirigía al fond de la red. Eso era el sexto, o el séptimo de la noche. Pero sólo se había marcado uno. El juego era tan colectivo, con pequeños lujos espolvoreados entre medias como virutas de chocolate, de fresa y de menta, que aquello parecía aquel plan agrícola soviético e Isco (y Marcelo, y Lucas, y Morata, y James...) Josef Stalin.

Una de las cumbres de la noche llegó en el minuto trece. Kovacic inició la jugada dejando atrás en marcha a tres rivales como derrapando delante de ellos. Las gincanas de Kovacic. Kovacic es automático y secuencial. Hecha la mitad del camino, le dejó a la pelota a James que oteaba saltarín el ambiente sin dejar de avanzar. Observó a Lucas por la derecha que se metía hacia la línea de fondo. Allí recibió el gallego que esperaba y esperaba. Había un claro en el bosque deportivista y allí apareció de nuevo James, a quien envió Lucas el balón para que el colombiano rematara a gol con el exterior, un remate precioso, único, y dejándola pasar a pierna cambiada.

Kovacic es automático y secuencial

Ya no se lleva aquello de limpiar ficticiamente las botas. Este era un momento para retomar la celebración. Esa bota de James hay que mantenerla siempre brillante. Ya no eran las jugadas, ni los goles. Eran los pequeños detalles, las conexiones, los toques como si llevaran almohadones en los pies. La precisión, la inspiración, la primavera, la defensa, el talento, la juventud, la belleza. "El gran mérito de Zidane y de los jugadores".

Luego todo aquello se fue desvaneciendo poco a poco sin desaparecer del todo. El Depor se rebeló, luchó y marcó. El uno a dos parecía un milagro, una irrealidad que puso ser hasta un empate delirante. Pero las ráfagas del Madrid continuaban frente a la pujanza deportivista. Kovacic parecía Indiana Jones superando las diferentes pruebas para llegar al Grial, y se sucedían las ocasiones en ambas porterías. Contraataques y repliegues de cuento del Madrid. Una disposición perfecta y estética.

La creación brotaba de la tierra y hasta le dio tiempo al Madrid a sufrir, y al deportivismo a soñar. Pero con él llegó el escándalo, ese que no es mayor que el del resto de Oompa Loompas, sólo que el de éste es pinturero, andaluz, de mediocampista director. Al filo de la primera parte Isco recorría las líneas enemigas, se caía y se levantaba a la media vuelta para salvar las alambradas. Era un marine tocando las castañuelas cubierto de barro en pleno entrenamiento. El resto ya fue Marcelo, siempre Marcelo, que lanzaba (lo lanzaba todo) y Lucas que buscaba y encontraba, con la máscara antigás puesta, su premio que es el de un Madrid que divisa esta Liga con los dientes apretados a pesar de los malvados y de los cenizos. Quizá después de este curioso caso de Benjamin Button, podamos asistir a ver, quién sabe, Un Diamante tan grande como el Ritz.

Ha trabajado en Marca y colaborado en revistas como Jot Down o Leer, entre otras. Escribe columnas de actualidad en Frontera D. Sobre el Real Madrid ha publicado sus artículos en El Minuto 7, Madrid Sports, Meritocracia Blanca y ahora en La Galerna.

2 comentarios en: Dirty Dancing

  1. Lo malo es que la prensa esta presionando una vez mas para que Zidane lo ponga en sustitución de Bale, a pesar de que juega en posición distinta.

    Ya hizo lo mismo contra el Bayern, cambiando el dibujo a un rombo... y no había quien tapara las bandas, solo se arregló cuando sacó a Asensio y LV, volviendo al dibujo normal, pasamos a tener control del partido.

    Los únicos que pueden jugar en la posición de Bale son Asensio y Lucas Vazquez. Esperemos que Zidane no ceda a toda esta presión y ponga un substituto natural. Experimentos en partidos así, no.

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