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Del rojo al amarillo

Portanálisis: "Una mirada irónica sobre la prensa deportiva diaria"

Del rojo al amarillo

Escrito por: La Galerna9 octubre, 2016
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En 1963, Manolo Summers, a la sazón padre de David Summers, dirigía la estupenda película Del rosa al amarillo, título que hoy nos evocan nuestras portadas deportivas, llenas no de rosa, pero sí de rojo y amarillo. Basta un vistazo para percibir cómo predominan ambos colores en la tipografía de las primeras planas de nuestros medios y basta una lectura para que algo más de amarillo que de rojo se cuele metafóricamente por algunos de sus temas. Como excepción, pongámoslas hoy todas juntas para mejor notar el triunfo de los colores mencionados.

As Portada Lopetegui 09.10.16Marca Portada 09.10.16Mundo Deportivo Neymar 09.10.16Sport Portada virus FIFA 09.10.16Ahí tiene el cuadro completo, acaso un Pollock hecho como a jirones de color, expresionista aunque tal vez más concreto que abstracto. Mucho rojo literal y mucho rojo España. Juega hoy la Selección contra Albania y la cosa pide ese color y no otro. Es cierto que Lopetegui viste de azul en la rueda de prensa que enseña As, pero siendo el actual seleccionador, el rojo es su color, como rojas son desde antiguo las letras de Marca, esas que tapa la cabeza de Piqué, vayan ustedes a saber si por simple capricho estético de los responsables del periódico o como queriendo decir de ese modo que al central catalán le molesta un rojo que no se llame grana y no venga acompañado de un blau.

El caso es que, repetimos, hoy juega España en Albania y que, a decir de As, Diego Costa y Sergio Ramos "están bajo la lupa". No hemos visto aún lupas rojas, pero válgamos la cercanía metafórica que existe entre el ese color y la sangre para no dejar pasar la ocasión de mencionar lo que suele gustarle a nuestra prensa deportiva eso de necesitar sangre para vivir. No hablamos de vampiros, que la necesitan literalmente como fuente de alimento, pero de algún modo sí. De hecho, el largo viaje de la Selección hacia tierras albanas nos evoca aquel, tan penoso, que hacía Jonathan Harker camino del castillo del famoso conde, tan amigo él del color rojo, no necesariamente de España. Las nacionalidades eran cosa irrelevante para el vampiro, cosa que le honra y que no puede decir todo el mundo.

Pero pasemos al amarillo, obviando por decoro la sutil e indirecta referencia que los bajos de Marca incluyen a un Summers, en concreto al afamado grupo musical del hijo del director de la película que hoy nos sirve de motivo. Variedad de letras en amarillo, en uno muy llamativo, imposible de pasar desapercibido, suponemos que como estrategia de venta. ¿Cuánto amarillo puede soportar el ojo humano? Parece que mucho, y más viendo la portada de Mundo Deportivo, donde se nos presenta un enternecedor Top secret sobre Neymar que casi roza la canonización del brasileño. Puede que el delantero esté a punto de ser procesado por estafa y corrupción, pero sepan ustedes que el hijo del padre de Neymar Jr. es un santo varón, una Teresa de Calcuta en masculino, en resumen, una persona que jamás en la vida ha movido un dedo por dinero. Qué miseria la de Duk, el jugador boliviano que declara en los bajos de As que Neymar "va de sobrado" y que "debe respetar a sus rivales". La cosa es al revés, amigo Duk, debemos respetar nosotros, rivales o no, al brasileño, tirar pétalos de rosas amarillas a su paso, ponerle una alfombra roja allá donde vaya, sea al Camp Nou o a los juzgados.

También virus se escribe en amarillo, porque todo el mundo sabe que un virus asusta más en ese color, que es el de algunos esputos que anuncian lo peor. El Barcelona aparece enfermo en la portada de Sport, no como el Madrid, que se queja de vicio cuando le llegan algunos jugadores lesionados tras sus respectivos periplos. Habla Sport incluso de "maldición" y es que el camino por los Cárpatos del citado Harker alberga horrores, más o menos como el de James hacia y desde Colombia. Nos ponen hasta los kilómetros algunas portadas, aunque hay cierta disparidad en los números ofrecidos por As y Marca. Pero ya sean 22.363 o 23.000 kilómetros, la cifra asusta, y el amarillo (aquí de nuevo metafórico) obliga a que así sea, para que parezca que el jugador ha recorrido esos kilómetros a pie, a nado, morral al hombro, afanosamente y sin cantimplora. Un dolor de viaje, un peregrinaje por el desierto, también él tan amarillo y monótono como las portadas deportivas de hoy.