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De Estepona a Kiev

De Estepona a Kiev

Escrito por: Athos Dumas4 mayo, 2018
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Por circunstancias varias, no pude asistir in situ al Bernabéu para la vuelta de la semifinal de la Copa de Europa ante el Bayern. Tengo mis supersticiones, como casi todos mis colegas de La Galerna, y anduve inquieto el lunes y parte del martes, paseando por Marbella, para decidir dónde demonios tenía que ver el partido. Preguntando a varios camareros (madridistas) del lugar, me comentaron varios sitios, pero tras explorarlos previamente, ninguno acababa de convencerme. La respuesta estaba en internet, buceando por las peñas madridistas de esa parte de la maravillosa Costa del Sol. Y, junto con mi amigo José María, decidimos que la clave para pasar la eliminatoria era acudir a una peña, no de Marbella, sino de la vecina Estepona, llamada - premonitoriamente - el Olimpo.

Situada en la calle Huerta Nueva, nada más ver el letrero de la entrada del Bar Peña Madridista Olimpo, todos mis temores y mis miedos se evaporaron al instante. El Bayern no tenía nada que hacer, nuestro Real Madrid ya estaba clasificado para la finalísima de Kiev. Y eso lo supe 45 minutos antes de que empezase el partido.

Nada más entrar en ese recinto mágico, me puse a charlar con la encantadora Inmaculada Rey, hija del presidente de la peña. Me contó brevemente la historia de esta asociación, fundada un 20 de mayo (¡aniversario de la Séptima!) de 2011, y que era la peña número 52 de las que se encuentran situadas en la provincia de Málaga. Me habló del día de la inauguración, en la que estuvo nuestro veterano Paco Bonet, de las varias visitas que les hizo el ya fallecido Manolo Velázquez, sin duda uno de los 10 mejores centrocampistas que han vestido la blanca en toda su historia, del también ex Pepe Salguero, malagueño y madridista, de Pepegoles (José Luis Peinado). Las fotos con todos ellos engalanan las paredes del bar-sede.

Según iban llegando los peñistas para prepararse para ver el choque, llegó el presidente de la Peña Olimpo. Ni más ni menos que Don Leovigildo Rey, a quien vemos con Manolo Velázquez en la foto que colgaba de la pared. Aquello no podía ser de otra manera, debía de estar presidido por alguien con nombre mayestático, de rey Godo por lo menos. Leovigildo, Leo para todos, es una persona excepcional, originario de Villanueva de Córdoba, y es inmensamente feliz siendo “madridista y español”. No necesita nada más. Junto a las fotos de los ídolos merengues, de numerosas portadas históricas de periódicos y de banderas, bufandas y banderines, Leo tiene colgados en las paredes varios marcos con frases suyas, todas relacionadas con el Real Madrid de su alma.

Algunas de las frases de Leovigildo Rey son las siguientes:

“Criticando a tu Madrid sólo consigues que nuestros enemigos se crezcan.”

“Si criticas, lo mismo tienes razón, pero no queremos oírte, así que mejor te callas.”

“El Madrid se cae y se levanta, y tú te callas y te aguantas.”

“Si sólo sabes ganar y no sabes perder, en nuestra Peña nada tienes que hacer. ¡Hala Madrid!”

“Un Escudo, un Emblema, una Bandera, una Institución, sobrados motivos para una gran Ilusión.”

“El Olimpo ama al Madrid, respeta nuestro sentimiento.”

“Un Madridista de corazón disfruta cuando su equipo gana, y cuando pierde, sufre; pero lo apoya y lo anima. ¿Haces tú lo mismo?”

“El Olimpo es un lugar destinado sólo a la ilusión., no intentes robárnosla.”

Y había muchas frases más del estilo, todas salidas del sabio cerebro de Leovigildo, frases sencillas de las que deberíamos sacar enseñanzas todos los madridistas, también los que silban a los jugadores, los que dan de comer a nuestros detractores, los que escuchan o leen medios a los que sólo les gusta dañar la imagen del Real Madrid.

A la Peña Olimpo acuden madridistas sencillos, a disfrutar del espectáculo, a gozar y a sufrir. Durante todo el partido, que se nos hizo eterno, en especial la segunda mitad, no escuché ni una sola mala palabra sobre ninguno de los nuestros. Ni por el sistema de Zidane, ni por qué Modric estaba tapando las incursiones de David Alaba, ni por el espuelazo fallido de Ramos en el primer gol bávaro, ni por la ausencia de Casemiro… Todo eran rostros esperanzados, a veces angustiados, pero en ningún momento críticos ni abatidos por el inmenso asedio al que fue sometido nuestro equipo.

Resistir a veces también es ganar. Aquella batalla que contemplaba por TV me recordó la de la mítica película “El Álamo”, en la que John Wayne como Davy Crockett, Richard Widmark como Jim Bowie y Laurence Harvey como el Coronel William Travis, resistieron junto a sus 180 hombres las acometidas de las tropas formadas por más de 7.000 hombres a las órdenes del general mexicano Santa Anna. Los nuestros no hicieron el mejor partido de sus vidas, pero se dejaron en el césped la piel y todo el sudor del mundo, resistiendo hasta la extenuación ante un equipo colosal, gigantesco y también heroico, excepcionalmente comandado por el General Heynckes.

Esa batalla la vivimos mi amigo José María y yo (las casualidades de la vida hicieron que otro amigo madrileño, Andrés, con sus dos hijos, recalase también en ese fortín madridista de Estepona) junto a unos 50 madridistas hasta entonces desconocidos para mí, y desde esa pequeña localidad malagueña enviamos todo nuestro aliento y nuestras mejores vibraciones positivas camino del Bernabéu, donde nuestros asediados resistían minuto a minuto los lances muniqueses por tierra y por aire, y donde la figura del gran Keylor Navas emergió como nunca, cual titán mitológico. No olvidemos que el titán Cronos fue el padre del dios Zeus y que Zeus moraba y reinaba en el Olimpo. Y nosotros nos hallábamos en el Olimpo de Estepona, sin nada que temer. Contemplando la clasificación del Real Madrid para la final de la UEFA Champions League por cuarta vez en cinco años. Que se dice pronto.

El otro héroe olímpico de la noche junto al coloso Navas fue el heraldo de los pies ligeros, el Hermes madridista, dios de los viajeros, del ingenio y de la astucia, Karim Benzema, que se burló de la vigilancia de Alaba para cabecear el 1-1, y que intuyó un posible fallo de Ulreich ante la cesión de Tolisso para clavar el 2-1. El resto de los nuestros fueron dioses del esfuerzo y de la perseverancia, siendo conscientes, por esta vez, de su inferioridad futbolística el martes pero también de su superioridad anímica y mental, cuyo único objetivo entre ceja y ceja era el de colocar al equipo en Kiev, sin reparar en florituras ni en gollerías. Fue un día de épica y no de lírica. De atarse bien fuerte los machos. Los romanticismos, el martes, eso era en otra ventanilla.

Por cierto que, tras cada gol de Benzema, en la Peña se apagaba el sonido de Antena3 TV y se escuchaba a todo trapo el himno del Madrid, el original, el de las mocitas. Y en el descanso sonaba el himno del Centenario, el de Plácido. Y tras la clasificación, y a todo volumen, el himno de la Décima, mientras los 50 de Estepona saltábamos como canguros. Y algo más tarde, ya cuando empezaba a bajar la adrenalina y se serenaban los ánimos, sonó también el himno lento y suave con la voz de José Mercé. Nada nos faltaba.

No puedo dejar de mencionar las exquisitas atenciones del yerno de Don Leovigildo, marido de Inmaculada. El gran Gaudencio, nombre de origen romano, del latín gaudium (alegría interior frente a laetitia, alegría exterior), una persona alegre, feliz, haciendo honor a su nombre de pila. Siempre atentísimo a todas las mesas, proveyendo a todos con sus viandas, carne mechada, lomo embuchado o jamón curado, tranquilizando a los peñistas en el descanso asegurándonos que “esto está hecho” pese a nuestros rostros atemorizados por los ataques de la Panzerdivision, siempre atento para reemplazar nuestros vacíos botellines de Cruzcampo en todo momento.

Inolvidable velada. Recomiendo la experiencia de ver un partido de alta tensión en una sede madridista como el Olimpo. Sin discutir con el de la mesa de al lado. Sin escuchar impertinencias ni comentarios fúnebres. A 600 kilómetros de Madrid, las buenas gentes de Estepona gozando y felices por ver a su Madrid clasificado, sin hablar de Kepa, ni de Neymar, ni de Kane, sin reírse de Bale ni anteponiendo la supremacía de unos jugadores sobre otros.

Muchas gracias a Inmaculada, Gaudencio, Leo, por hacernos pasar tan gratamente el tránsito hacia Kiev vía Estepona, provincia de Málaga, con tanta gente feliz, simplemente por el hecho de ser madridistas. Ni más ni menos.