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Cuando el necio miró la Luna

Cuando el necio miró la Luna

Escrito por: Miguel Cuesta31 julio, 2018
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Miguel Cuesta. Escritor de La Clave Mendes y colaborador de Real Madrid TV.

En los últimos días, las redes se han inundado de fotos del eclipse lunar más largo de la historia. Muchos pensarán que somos unos pesados los que, cámara en mano, hemos intentado captar este momento y compartirlo con los demás. Durante horas no se hablaba de otra cosa. Pero estos eclipses suceden con más frecuencia de la que pensamos. ¿Cuántas veces algo anecdótico ocupa la atención, no sólo de las redes, sino también de los medios tradicionales de comunicación? ¿Cuántas veces se pierden las noticias verdaderamente enriquecedoras para dar espacio, minutos y protagonismo a detalles sin importancia?

Todos somos culpables.

La anterior frase la he dejado ahí, sola, en un párrafo, para que quede claro el concepto. Porque muchas veces no nos damos cuenta, pero somos partícipes de lo que sucede en la sociedad a la que tanto criticamos. ¿Quién no ha compartido alguna vez un meme ‘gracioso’ que se mofa sobre alguien? (yo también). ¡Ojo, digo alguien! Una palabra que se refiere a un ser humano y no a un ser que habita en una pantalla de televisión y que se dedica a cantar, actuar, gobernar o darle una patada al balón para ganarse la vida. Esos ‘seres’ habitan, como nosotros, en este planeta. Tienen vidas, emociones, sentimientos, familia, seres queridos, conciencia. Y todo esto lo comento porque muchas veces el exceso de lo superfluo nos lleva a convertirnos en acosadores a un nivel terrorífico.

Hace unos días, el ex portero del Real Madrid, Iker Casillas, lanzó un tweet en el que denunciaba la situación que se ha creado entorno al guardameta del Liverpool Loris Karius tras su partido en la final de Champions de Kiev:

Una denuncia a la que siguió una campaña iniciada por el guardameta del Porto adjuntando un vídeo de los fallos que ha cometido a lo largo de su carrera para criticar la ‘nueva moda’ de poner en el punto de mira al portero alemán incluso cuando se equivoca en un entrenamiento de pretemporada:

Probablemente muchos de ustedes no supieran siquiera de la existencia de estos tweets, lo más seguro es que ninguno de los que están leyendo estas líneas compartiera estas palabras de Casillas en sus grupos de whatsapp, donde lo serio no genera tantas respuestas ni tantos likes. Por ese motivo, ni en prensa ni en televisión se le dio la importancia necesaria a la denuncia de un fenómeno que cada día aceptamos terriblemente como la normalidad. Todos participamos de manera colectiva en un acoso brutal; un cyberbullying que nos parece un espanto cuando se produce entre menores de edad en las aulas, pero no cuando formamos parte de un macabro chiste colectivo cada vez que un profesional comete un error. Al hilo de la luz arrojada por Casillas se recordaba la historia de Robert Enke. El portero, entre otros equipos, del Barcelona y del Tenerife terminó suicidándose por no poder superar el fallecimiento de su hija. Algo a lo que no ayudó la constante presión sufrida desde la grada y los medios de comunicación cada vez que cometía una cantada que le llevó a tener un miedo patológico al fracaso. Espero que ninguno tengamos que lamentar haber contribuido a un final similar de Karius. O si lo prefieren pueden cambiar Karius por David de Gea o tantos otros.

Muchas veces nos olvidamos de lo más evidente que es que el fútbol lo juegan, no 11 futbolistas, 11 personas. Que el profesional del fútbol antes que ponerse las botas y salir a jugar es hijo, es padre, hermano, esposo, tío, sobrino… y nos olvidamos. Nos olvidamos nosotros y también los medios de masas que deciden qué es y qué no es importante. De qué merece la pena hablar y de qué no. Qué noticias tendrán más pinchazos y qué será el próximo reto viral. Por eso me gustaría aprovechar para dejaros aquí un extracto de una rueda de prensa que nunca visteis en prime time ni abriendo ningún informativo de televisión. Son unas sabias palabras de Víctor Sánchez del Amo, ex jugador del Real Madrid, cuando entrenaba al Deportivo de la Coruña. Aquel día el entrenador quiso lanzar un mensaje al mundo del fútbol sobre los valores que inculcamos a los más jóvenes y, tristemente, sus palabras se silenciaron porque no hablaba de ningún fichaje galáctico, de ninguna polémica o de si el hombre ha llegado o no a la Luna:

“El fútbol es un deporte de equipo donde se alimentan los aspectos individuales de una forma feroz. El fútbol nace como un juego, ese juego que hemos jugado todos desde pequeñitos para disfrutar. Pero cuando se llega al fútbol de la élite y del negocio y se entra en esas academias de equipos profesionales se nos educa para competir. Disfrutar está muy bien, pero se nos educa para ganar. Se nos educa en jugar para ser mejor y esto se alimenta en el fútbol profesional con las distinciones individuales: mejor jugador, mejor goleador, mejor portero, mejor jugador del mundo…Se alimenta mucho el ego desde bien pequeñito. Digo esto porque es la causa de conflicto principal que se da en la gestión de grupos.

El reglamento te permite jugar con 11 futbolistas a los que se etiqueta como titulares y ya tienen esa categoría de preferentes. Te quedan en una plantilla otros 14 que han sido educados en el ego porque han sido protagonistas hasta ese momento y ahora tienen que aceptar un rol de suplentes o incluso de no convocados. Esto genera frustraciones evidentemente en individuos que están acostumbrados a ganar, a ser protagonistas, a ser mejores que. Ante esa situación de frustración hay dos tipos de conducta: responder luchando, esforzándote, queriendo superarlo a base de trabajo y esfuerzo; que es la positiva, la que ayuda al grupo, la que suma. El otro tipo es el que en vez de esforzarse elige el camino cómodo de la queja, del lamento, de la excusa; y ese no suma, esa resta. Son conductas muy típicas: no le gusto al míster, me tiene manía, es que me trata diferente al otro, es que, es que, es que… eso es lo que tenemos que corregir”.

Víctor Sánchez del Amo. Entrenador del Deportivo de la Coruña. 13/05/2016.