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Cuando el Real Madrid temía a las brujas

Cuando el Real Madrid temía a las brujas

Escrito por: Athos Dumas1 octubre, 2019
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Los aficionados madridistas de menos de 40 años de edad no lo recordarán apenas, pero lo cierto es que en los años 70 y en los 80 del siglo pasado, los partidos que jugaba el Madrid fuera de España constituían muy a menudo un inmenso dolor de muelas.

Hoy en día, tras las últimas conquistas europeas que nos han vuelto a destacar en el podio, con nuestras 13 orejonas, quizás sea difícil explicar que equipos hoy en día fuera de la élite, como el Grasshoppers de Zurich (1978-79), el Standard de Lieja (1969-70), el Ipswich Town inglés (1973-74), el Sparta de Praga (1983-84), estos dos últimos en copa de la UEFA, fueran capaces de eliminarnos por nuestra clara inferioridad jugando lejos de Chamartín.

Uno de esos equipos que nos eliminó por entonces fue el Club de Brujas, en octavos de final de la Copa de Europa 1976-77. El año anterior, el Madrid había alcanzado las semifinales, donde fue eliminado por el Bayern de Munich en la famosa eliminatoria del “loco del Bernabéu”. Precisamente ese incidente le costó al Madrid el cierre de su estadio por dos partidos que debía cumplir la temporada siguiente. En deiciseisavos de final, jugando como locales en Mestalla (¡qué tiempos aquellos en los que el estadio del Valencia era como nuestra segunda casa!), eliminó el Madrid al Stal Mielec polaco de Kasperczak y Grzegorz Lato.

La eliminatoria de octavos , que por entonces se jugaba entre octubre y noviembre, deparó el choque frente a los belgas, por aquél entonces entrenados por Ernst Happel, uno de los mejores estrategas del fútbol europeo y con un nutrido palmarés en los Países Bajos y en Bélgica. Hoy en día, insisto, parece impensable, pero en 1976, el sorteo creó un cierto pánico entre los nuestros, más aún al tener que jugar el partido de vuelta en la ciudad flamenca de Brujas.

El partido de ida se jugó esta vez, para acabar de cumplir con la sanción UEFA, en el estadio de la Rosaleda de Málaga, y nuestro equipo fue incapaz de perforar ni una vez la meta defendida por Birger Jensen. Nuestro XI fue el formado por Miguel Angel; Uría, Sol, Pirri, Camacho; Rubiñán, Breitner, Velázquez; Henning Jensen, Santillana y Guerini. Hombre por hombre, nuestro once titular pintaba bastante bien, y enfrente el más afamado de los belgas era el centrocampista René Vandereycken. El resto, unos jugadores disciplinados y con buen físico, pero la mayoría desconocidos para el gran público.

Empate a cero en Málaga y la vuelta fue el 3 de noviembre de 1976 en el estadio Jan Breydel de Brujas. Un viejo recinto para 32.000 espectadores que se convertía en una caldera en cada partido, ya que el Brujas dominaba la liga belga tras unos periodos de supremacía del Standard de Lieja y del Anderlecht bruselense. La alineación merengue fue la misma que en la ida, con la excepción del capitán Pirri, que fue reemplazado por Goyo Benito en el eje central de la defensa.

El Madrid, como tantas y tantas veces desde su lenta decadencia de los años 60, salió amedrentado al campo rival, y apenas buscó la portería contraria, y eso que un simple gol a favor hubiese dado a los blancos una gran oportunidad para clasificarse para cuartos de final.

Todas las crónicas de la época reflejaron lo mismo, una cierta pusilánime actitud que bloqueaba a los nuestros al atravesar los Pirineos, se sentían inseguros, acomplejados, inferiores, tanto física como psicológicamente. Escuché aquel partido por la radio (Radio Nacional de España), y apenas nos acercamos al área flamenca. A los 19 minutos nos cayó el primero, obra del atacante Le Fevre, y poco antes del descanso un autogol del gallego Rubiñán prácticamente nos echaba de Europa. Pese a los cambios que efectuó Miljanic en el descanso, Del Bosque y Roberto “Pipi” Martínez por Manolo Velázquez y el argentino Carlos Guerini, el segundo tiempo fue un auténtico paseo para los locales, que se bastaron sin hacer ni una sola sustitución para que los Leekens, Krieger y compañía no fuesen inquietados lo más mínimo en su línea de zagueros.

Hoy en día, ningún niño o adolescente madridista cree ya en brujas ni en fantasmas, sobre todo tras haber contemplado ese maná de Champions que nos han llovido desde 2014. El fútbol belga a nivel de selecciones sigue siendo muy competitivo, pero su liga casera deja bastante que desear y sus equipos apenas llegan, como este año, a la fase final de la Champions tras pasar cruces en los meses de agosto. El miedo cambió de acera hace tiempo. Y, por si fuera poco, los dos mejores belgas que veremos mañana sobre el terreno de juego vestirán la elástica merengue: Thibault Courtois y Eden Hazard. Esperemos, 43 años después, que los nuestros desagravien a unos jugadores míticos del madridismo (Santillana, Pirri, Benito, Camacho, Breitner), que todavía reinaban en España pero que sufrieron, como nuestros emigrantes en aquellos años, de un cierto complejo: no se creían ellos mismos lo buenos que podían ser, tanto dentro como fuera de casa. Vaya por ellos, por el Madrid de mis años de niño.

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