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Cristiano y el tiempo

Cristiano y el tiempo

Escrito por: José María Faerna11 julio, 2018

Yo no sé por qué Cristiano ha decidido irse y probablemente nunca lleguemos a saberlo. En Kiev nos dijo aquello de tenemos que hablar y todavía estamos esperando, aunque todo el mundo al que un jefe o una novia le hayan dicho eso alguna vez sabe bien a qué atenerse. Como todo el mundo especula tampoco me voy a privar, aunque sea con algo de rigor holmesiano. Puestos a hacer el indio, como decíamos antiguamente, que al menos sea con vitola de prestigio, que uno es un pedante de La Galerna a mucha honra. Si es cierto eso que dicen, que Agnelli le va a pagar lo mismo que le ofrecíamos aquí, solo caben dos hipótesis –si una vez descartadas todas las posibilidades probables por no encajar con los hechos, cuentas con una absurda que sí cuadra con ellos, quédate con ella, prescribía el doctor Conan Doyle por boca de Sherlock–, a saber: el vértigo de no estar a la altura a su provecta edad deportiva de las exigencias morrocotudas del Real Madrid, o bien el mejor rendimiento fiscal en Italia de sus ingresos en el extranjero una vez probadas las horcas caudinas de la Hacienda española. O sea, una acomodación de sus propias expectativas que su orgullo le impediría reconocer incluso ante sí mismo –y menos aún ante una afición juventina que va a pagarle la ficha con ingenierías financieras y una sustancial subida de sus abonos–, o bien las razones económicas que a todo el mundo mueven a la hora de cambiar de trabajo, aunque no se sabe bien por qué los deportistas profesionales se niegan siempre a admitir paladinamente.

Ninguna de ambas son razones ilegítimas ni reprobables. Pero a mí no me importa tanto cuáles sean las razones de un Cristiano ya virtualmente bianconero como las del club para haberse prestado a la operación. Cristiano no ha hecho honor a su palabra de darnos explicaciones “en unos días”, y yo estoy dispuesto a perdonarle esa pecata minuta a quien tanta gloria ha compartido con nosotros. El club, en cambio, sí que nos debe alguna explicación a los aficionados. No sobre las razones de Ronaldo, sino sobre las suyas para vender a su principal estrella al precio que lo ha hecho y al club al que lo ha vendido, el único que en los últimos cinco años ha sido capaz de sacarnos de la Champions. Se dice que el Madrid no le da la llave a nadie como ha hecho el Barça con Messi. Bien está. Pero eso incluye también la opción de decirle a tu jugador que está bajo contrato, así que ajo y agua si eso es lo que el club considera beneficioso para sus intereses. Eso es lo que ha hecho Levy con Pochettino, sin ir más lejos. Y con Kane. Y el jeque, de momento y en buena hora, con Neymar (lagarto, lagarto). Por las mismas razones, tampoco excluye que Florentino esté tomando la decisión buena. Al fin y al cabo a él le toca tomarlas y eso supone afrontar riesgos.

Se dice también que el precio lo dicta el mercado, que nadie ha venido a pujar con cifras más altas. Yo no soy un creyente del mercado –de hecho, no soy un creyente y, por extensión, tampoco del mercado–. Sí, amigos liberales, el mercado son los padres, o sea, yo mismo si poseo un bien que otro desea. Si no estoy dispuesto a soltarlo por debajo de según qué precio y otro lo quiere vehementemente habrá que ponerlo a la altura de su vehemencia. Y no estoy seguro de que la vehemencia de Agnelli haya sido puesta a prueba con toda la exigencia necesaria. Si se dan maña para cien ya se la habrían dado para ciento cincuenta o ciento sesenta, y si no permanezcan atentos a la cotización de las acciones juventinas en bolsa en los próximos tiempos. No es cuestión de avaricia, sino de prudencia: si le vendes a un bicho como Cristiano a uno de tus peores enemigos, es preciso asegurarse de que no podrá reforzarse mucho más, o incluso de que habrá de soltar lastre para acoger al nuevo polizón. Puede que Ronaldo esté abocado a ser cada vez menos Ronaldo, pero incluso ese hipotético Cristiano minorato da bastante miedo alineado con Dybala y Pjanic por detrás y Douglas Costa por el flanco. Ya nos han causado suficientes problemas con Higuaín y Mandzukic, comparaciones odiosas. Aún así, conviene no perder de vista que lo cobrado ahora es más de lo que se pagó hace nueve años y que, por más que la libra de crack cotice ahora a precios que no son los de entonces, estamos hablando de años de inflación contenida.