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Cristiano y Messi, el hombre y el niño

Cristiano y Messi, el hombre y el niño

Escrito por: Antonio Valderrama10 septiembre, 2020
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Las decisiones del argentino engrandecen la resolución del portugués

Como a propósito para dejarme en ridículo y negar mi último artículo en esta tribuna, Messi anunció el pasado fin de semana que no se iba del Barcelona. Lo hizo días después de afirmar rotundamente todo lo contrario en un burofax. Scriptum, scriptum est, me dijo una vez un franciscano que me dio matemáticas en el colegio. Lo escrito, escrito está, hasta que deja de estarlo, supongo.

A esta ley de nuestro tiempo están sujetos incluso los asertos contenidos en un documento jurídico, como el casus belli legal que declaró en vano Messi al Barcelona a través de sus abogados. Ya no te puedes fiar ni de lo que dice la gente que va a hacer: Zidane aseguró el verano pasado que a Bale le quedaba un rato en el Madrid y aún sigue aquí haciendo el don Tancredo. Como las vidas de Messi y Cristiano transcurren paralelas al modo de Plutarco, me resulta imposible no comparar también la no-salida del 10 del Barcelona con la marcha de Ronaldo a Italia, último acto de un duelo entre los dos lleno de episodios memorables, de símbolos, que, al final, también va a ganar el portugués.

Florentino ficha a Cristiano

Messi se queda en Barcelona y Roma tendrá a su Aníbal en guerra un año más, por lo menos. Es curiosa la analogía con los grandes adversarios de la Segunda Guerra Púnica pues Escipión, que en este caso sería Cristiano Ronaldo, también salió tarifando de Roma. Que no paga traidores, ni héroes, pues nadie está por encima de la institución, como es bien sabido desde Di Stéfano. Por encima del Barcelona parece que sí, pues Messi lleva un lustro pasándole la factura de la década anterior, la más gloriosa de la historia de ese club, de la cual él fue el principal artífice.

Nadie está por encima del Real Madrid. Por encima del Barcelona parece que sí

La no-salida de Messi del Barcelona es un anticlímax que guarda dentro de sí el significado profundo de la carrera del argentino. Sobre todo, ilustra la diferencia notable, notabilísima, con respecto a Cristiano y su mentalidad agonista, de agón, que en griego significaba lucha: es difícil imaginar a Ronaldo, un monomaníaco obsesionado con batirse a sí mismo en carrera desquiciada por ser el mejor de todos, quedar atrapado por la burbuja que aisló a Messi de la realidad exterior durante quince años, y de ser incapaz de traspasar la barrera y tomar el control de su propia vida.

Es un lugar común en la opinión pública que “el Madrid no sabe despedir a sus figuras”, como si el Barcelona sí o como si esto no ocurriese igual, más o menos, en todas partes. Lo que sí es cierto es lo asombrosamente similar que me ha parecido siempre la salida de Cristiano del Madrid y la de Di Stéfano. Que los dos mejores futbolistas de la historia del Madrid hayan terminado sus carreras en el club chocando con los dos mejores presidentes no deja de encerrar un extraño simbolismo: el Madrid es un club forjado con la sangre y los huesos de patriarcas pero como los saloons de las películas del Oeste, no deja sitio nada más que para uno en cada momento. Sin embargo, otras figuras capitales para la identidad del Barcelona, como Cruyff o Guardiola, por ejemplo, tuvieron el mismo adiós abrupto, siendo la tradición de esa institución tan distinta de la madridista y tan apegada a los vaivenes e interioridades del catalanismo como movimiento político. Por no mencionar a Maradona o a Ronaldo Nazario, despedidos con mucha menos gracia que, sin ir más lejos, Raúl, al que el Madrid pagó el sueldo en el Schalke: una cortesía desusada, qué duda cabe, desde luego en modo alguno recíproca en este caso.

El entorno hiper-protegido en el que Messi ha desarrollado su carrera en Barcelona ha acabado condenándolo a un año en el infierno

Es gracioso pensar que el entorno hiper-protegido en el que Messi ha desarrollado su carrera en Barcelona, sobre todo a partir de 2009, ha acabado condenándolo a un año en el infierno, pues eso y no otra cosa parece esta prórroga de su contrato que se ve obligado a cumplir “por no llevar a juicio al club de su vida”. Chico de laboratorio, su evolución contrasta con la trayectoria de Cristiano, que llegó a Lisboa de chaval para formarse en la academia del Sporting sin su familia, sin un duro y con un acentazo madeirense muy cerrado que provocaba las burlas de sus compañeros. La carrera de Messi parecía un guión de Disney y el primero que lo vio fue Guardiola, quien se esforzó al máximo por sacarle todo el partido no ya futbolístico, sino estético e ideológico. La de Cristiano, en cambio, ha seguido siempre el arco narrativo de una tragedia clásica.

Con pocos meses más de los que tenía Messi cuando Rijkaard lo hizo debutar con el Barcelona, Cristiano Ronaldo fichaba por el Manchester United heredando el 7 de Beckham. Desde el primer día su adaptación a la “cultura Premier” fue dura. Foco de las chanzas y de las burlas de media Inglaterra, Ronaldo maduró bajo el ala de Ferguson, que era una especie de Abraham bíblico, padre cruel pero justo. Se convirtió en el mejor jugador del mundo, ganó la Copa de Europa y el Balón de Oro. En mitad del camino de su vida, icono mundial, Apolo deseado por el mundo, odiado a partes iguales, se encontró con que en España salió Messi y le quitó la corona de la cabeza en la final de Roma. En lugar de acomodarse a un destino cierto y cómodo como dios del fútbol en Inglaterra, acumulando Premiers en el club más rico del mundo, Ronaldo eligió tirarse sin paracaídas sobre el ojo del huracán. Vino a disputarle a Messi la condición de número uno levantando la bandera de una institución noqueada, en el verano del triplete, un desafío personal a la altura de la confianza en sí mismo que mostró desde sus comienzos.

Ronaldo era el bad boy de los bad boys, pues la llegada de Mourinho vino a acentuar esa dicotomía entre el ángel barcelonista y el Lucifer

Y esa autoconfianza, esa seguridad en sus capacidades, en su talento, fue siempre su único fiador. Muy pronto se estableció una comparación entre ambos que trascendía lo puramente deportivo. Messi estaba en la cresta de una ola, digamos, cultural: era el chico bueno, el novio de España por así decirlo. Ronaldo era el bad boy de los bad boys, pues la llegada de Mourinho vino a acentuar esa dicotomía entre el ángel barcelonista, el chico que superó el enanismo para encarnar la Gracia laica del siglo XXI y liberar el paraíso de la democracia y la libertad catalán de la lúgubre cárcel de los pueblos conocida como España. Ronaldo era el Lucifer al que las fuerzas oscuras habían puesto como cancerbero de esas ansias de expansión del Bien y de la Bondad que llevaba Messi puestas como una capa. Era el cuento de hadas perfecto.

Toda esa fama de niñato y mal compañero ha perseguido siempre a Cristiano porque España es el paraíso de la falsa humildad. Ahora que el velo se ha rasgado con el burofax de Cuatrecasas, la prensa catalana, un verdadero cerrojo de la verdad (el órgano propagandista mejor lubricado de Occidente) empieza a sacarle algunas miserias al Messi capitán. Se oyen rumores sobre su despotismo, su tendencia a los clanes, a vetar compañeros, su caprichosa inclinación a someter a las juntas directivas del Barcelona a renovaciones tan abusivas que recuerdan al rescate que pidió Pizarro por el Inca Atahualpa: el amor de Messi por los colores puede tasarse aproximadamente en cien millones brutos anuales.

Ronaldo igualó la desventaja de cinco Balones de oro y guió a su equipo hasta el hito de las Copas de Europa.

Resulta curioso confrontar estos momentos álgidos del tramo final de las carreras de ambos. En el “prime” de los dos Ronaldo igualó una desventaja de cinco Balones de Oro frente a uno, en lo individual, guiando a su equipo en la consecución de un hito histórico en la Copa de Europa. Enfrentado a la desintegración de esa burbuja paradisíaca en Barcelona, Messi reaccionó como un adolescente enfadado, huyendo en la hora más oscura de su equipo, tras una paliza histórica que además retrató su impotencia actual en el gran escenario de la aristocracia del fútbol, la Copa de Europa (una impotencia que se alarga ya por más de cinco años). Peleado con Florentino por sus problemas fiscales, Cristiano lanzó un órdago y lo llevó hasta el final, aunque con ello rompiera drásticamente con sus planes de finalizar su carrera paladeando en Madrid las mieles del éxito y probablemente erigiéndose en el mejor futbolista de la historia del mejor club de la historia.

Me dijiste que me iba si te traía cien millones, aquí los tienes, adiós. El portazo de Cristiano le dejó ante su última oportunidad de batirse a sí mismo, con 34 años, en una liga nueva, en una cultura futbolística nueva, el reto más arriesgado de su carrera. Dos temporadas después, quizá el riesgo fuera excesivo teniendo en cuenta el éxito de la Juventus en la Copa de Europa, pero como Aquiles cuando marchó a Troya, Ronaldo sabía exactamente a qué se enfrentaba. Los devaneos de este Messi crepuscular que ya se ha ido, como dice Valdano, del Barcelona, aunque se quede otra temporada más (como Bale el verano pasado: en cuerpo siguen aquí, en alma…), sus decisiones contradictorias, volátiles (como lo de abandonar la selección argentina para luego desdecirse por la presión popular) engrandecen todavía más la resolución de Ronaldo, un hombre ante todo libre que sólo se ha debido siempre a su espada, como los caballeros de fortuna medievales.

 

Fotografías Getty Images.

 

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Madridista de infantería. Practico el anarcomadridismo en mis horas de esparcimiento. Soy el central al que siempre mandan a rematar melones en los descuentos. En Twitter podrán encontrarme como @fantantonio

22 comentarios en: Cristiano y Messi, el hombre y el niño

  1. Cristiano ha estado a la altura de Messi muchas temporadas e incluso lo ha superado en alguna. Lo que ha hecho él a nivel particular y el club a nivel general, compitiendo con Messi y con el FCB en una situación clara de desventaja (arbitral sobre todo, pero también futbolística especialmente en el periodo Guardiola) es innegable. El Madrid, como siempre en su historia ha sabido adaptarse y competir, hasta el punto de mejorar en algunos aspectos al que ha sido, según los culés, el mejor FCB de la historia. Es algo que nos debe llenar de orgullo. Ronaldo a la cabeza de todo, siendo el eje de un equipo en el que marcaba diferencias por competitividad y calidad. Hasta que no llenemos ese hueco, seguiremos siendo muchos los que le echaremos de menos.

  2. Y durante todo el tiempo, el periogolferío nacional vendiendo toooodo lo que hacía el pequeñajo como maravilloso (daba igual lo que hiciera) mientras que nos vendían todo lo de Cristiano como malo, cuando el tiempo ha demostrado que ni los malos eran tan malos, ni los buenos tan buenos; e incluso diría que la cosa es más bien al revés.

  3. Para mi hay un elemento muy curioso en la comparativa entre ambos. En efecto ambos son egolatras y divos , uno enfocó su ego a competir y el otro en dominar su entorno. Pero, mi pregunta es: no es posible que dichas diferencias hayan aumentado pir como sus clubes han respondido a sus pretensiones?. Messi pedía pedía y le daban le daban, desde los 20 años. Cr pedía y pedía y le daban lo que su club consideraba justo.. Para mi este elemento puede haber sido vital

  4. Cristiano se fue con 33 años por pedir más pasta y por 100 kilos, digamos que su último capricho no se lo aceptó Florentino. Estoy seguro cr se arrepiente. Messi sigue cobrando 100 y ridículo tras ridículo en Europa y el único capricho que no se le ha concedido es salir gratis... Y es Messi el que se arrepiente de seguir

    1. Ronaldo se fue no por pedir más pasta sino porque el aparatchik político español, decidió expoliar, ilegalmente (cambió la interpretación de la ley a media temporada) a los extranjeros que vivían y trabajaban en España, con lo que consiguió que se esfumaran inversiones extranjeras y que algunos clubes (VAR S.A.) se endeudaran irremisiblemente al pagar los confiscatorios impuestos de sus jugadores (aunque, por otro lado y, bajo cuerda, prácticamente se los devolvieran vía TV3 y Generalidad). Cristiano se fue porque, en italia, por sus derechos de imagen fuera del país en que trabaja, sólo debe de pagar 100.000 € y no la millonada que debía de pagar en España siendo, además, tratado de delincuente.

  5. Antonio, felicidades por el artículo. Tienes razón: ese entorno protector del muchacho al que se administra un programa hormonal de crecimiento durante estos 20 años ha disparado contra todo lo que pudiera oponersele o competir y sigue formando parte de todo el golpismo separatista catalán del cual el mesqueunclub es un Titanic. Recuerdo aquella noticia comparativa entre Cristiano y Cuchitini acudiendo cada uno en un Maserati al entrenamiento: el uno era un chulo ricachón y presumido, el otro el muchacho humilde hecho a si mismo y sencillo de barrio...En mi opinión, ese entorno caracteriza la seudo leyenda de Cuchitini en el club de la esquina peninsular: dinero, prensa, árbitros, Federacion, radios y la última la Liga, alabanzas sin fin, renovaciones al año y medio, rumores nunca desmentidos de napoleonismo en el vestuario y en el campo, sin sanciones, sin lesiones, todo siempre seny guay (incluso le perdonaron que no sepa una papa en catalán...), como le perdonan y le justifican está burofetada al club de su vida sacándolo en el telediario cuando ahora acude el primero al entreno, baboseandole sin parar...Veremos este año cómo le protegen, pitan a su favor, lo endalza....y tiene ya 34 años. Solo hay que esperar unos meses...

    1. Quizá toda esa baboaa sobreproteccion que siempre ha rodeado a Messi tenga mucha culpa de su nulo liderazgo y su falta de carácter para sobreponerse cuando vienen mal dadas.
      Saludos.

  6. Ni Messi, ni Ronaldo.
    Florentino es el que marca las diferencias. Nadie por encima del club, nadie por encima del presidente. Sin el Madrid, Ronaldo habría ganado más de ficha, pero no tantos títulos, ni tantos contratos publicitarios. Se lo ha ganado por su trabajo y calidad, pero sin el Madrid no le hubiera lucido tanto.

  7. Si seguimos la analogía con la segunda guerra púnica (a mi también me sorprenden las similitudes), a Anibal Barca - Messi ( y a la fenicia Cartago de los Bárcidas) le falta su Zama. Aunque yo creo que Escipión Africano no es Ronaldo, sino Zidane. Veremos si el final de esta guerra reporta siescientos años más de dominio de los RoManos de las blancas togas.

    1. Yo siempre pensé que nuestro Escipion saldría del 2-6 del Bernabéu. Eso fue nuestra Canas. Si Guardiola era Aníbal, vagando está fuera de Cartago, como le ocurre. Decidirá suicidarse, al ver que no ganará la Champions sin su caballería ( Messi)y sus veteranos iberos (Xavi, Puyol, Iniesta)
      Que conste que Aníbal es mi personaje histórico favorito por sus capacidades estrategias, de mando y determinación.

  8. Curiosamente, ha cambiado la redacción original del artículo. En un principio, decía de Messi que le habían ayudado a no ser enanito (o, algo así). No. Es falso. Nunca hubiera sido enanito. Hubiera sido un varón de talla baja, como el resto de los de su familia. El
    enanismo es un transtorno, generalmente de origen genético, que tiene que cumplir una serie de requisitos clínicos para poder ser certificado. Requisitos que nunca cumplió Messi. De haberlo hecho, la S.Social de Argentina le habría proporcionado, con todos los pronunciamientos legales a su favor, la hormona de crecimiento. Cosa que no hizo, porque no era legal administrar esa hormona fuera de las indicaciones correctas. Por eso se los consiguió el VAR S.A. Lo que extraña y extrañará siempre es que la FILFA haya aceptado ese tratamiento -que está incluído como dopaje- y haya permitido que un jugador así dopado haya competido con el resto de jugadores.

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