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Cómo desactivar al madridismo

Cómo desactivar al madridismo

Escrito por: Jesús Bengoechea11 noviembre, 2020
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48 horas y muchas y muy cruentas críticas al Madrid después (también en La Galerna), llegan imágenes de las jugadas de Mestalla que dejan claro que lo que sucedió allí fue un expolio arbitral, pero tranquilos: un expolio arbitral en contra del Madrid, así que todo bien.

48 horas después, las nuevas tomas despejan cualquier duda: en el segundo penalti, Marcelo es quien recibe la patada y en el de Ramos, hay mano previa del atacante valencianista

48 horas después, ya no hay manera de decir nada sobre todo esto. Ha prescrito. El expediente está cerrado sin haber llegado a abrirse. Las nuevas tomas —que de manera inconcebible han tardado dos días en salir a la luz — despejan cualquier duda allá donde la había (Marcelo es quien recibe una patada en vez de darla, en la jugada del segundo penalti) y hasta allí donde no la había, para nuestra sorpresa y consternación: resulta que el penalti de Ramos, que todos dábamos por bien señalado, nunca debió pitarse por la mano previa del atacante valencianista que solo las nuevas tomas permiten apreciar. Tomas a las cuales el aficionado accede a través del estraperlo de Twitter y cuando ya nada importa, cuando la página está pasada, cuando el foco está puesto en partidos amistosos (o disfrazados de no amistosos) de las selecciones nacionales.

Ramos no penalti

 

Hablo de consternación en el descubrimiento tardío de la verdadera naturaleza de estos lances por no usar otra palabra más fuerte, una que como editor de un portal madridista que cada día tiene más reconocimiento no puedo evitar manejar. Esa palabra es arrepentimiento. Como editor de La Galerna, siento un apunte de arrepentimiento ante cada línea de vitriolo vertido sobre los jugadores del Madrid en La Galerna, del domingo a las once hasta este punto. Lo que catalogamos como un suicidio tal vez fuera un asesinato en toda regla. El Madrid (salvo por la ingenuidad de Lucas Vázquez en el primer penalti) no se salió del partido presa del empanamiento o la desidia. No. Al Madrid lo sacaron del partido.

Lo que catalogamos como un suicidio tal vez fuera un asesinato en toda regla

Quisiera ir atrás y sustituir cada denuesto escrito contra la falta de atención o de intensidad o de solvencia de los jugadores del Madrid en Mestalla por líneas incendiarias también, pero con otros destinatarios. En la prensa tradicional. En los chiringos televisivos. En Twitter. Y en La Galerna. El mero ejercicio teórico de imaginar el apocalipsis nuclear que se viviría aún a estas horas de haber sido el Madrid el beneficiado, en lugar del perjudicado, con la concesión de tres goles ilegales (falta a Asensio, penaltis incorrectamente marcados a Marcelo y Ramos), me enfurece hasta extremos difícilmente digeribles, y acrecienta mi rabia ante la imposibilidad de dar marcha atrás para dar en La Galerna el oportuno espacio para todo esto, pero hacerlo entonces y no ahora, con todas las ventanillas cerradas y la atención puesta en la enésima declaración de amor de Morata al enésimo equipo de sus sueños desde la concentración de Luis Enrique.

Marcelo no penalti

Me consuelan dos cosas, que aminoran mi sentimiento de culpa. La primera ya ha sido insinuada: solo ahora hemos podido ver esas tomas definitivas. En caliente, sin tener a mano las imágenes necesarias (¿y el VAR?, ¿las tenía el VAR?), descargamos nuestra ira ante lo que parecía un desvanecimiento indigno del equipo. El equipo no se desvaneció. Fue desvanecido, pero no pudimos advertirlo. Fuimos engañados por la pésima calidad de la información pero también (y aquí viene la pieza más endiablada de esta suerte de luz de gas que nos sitúa en los límites de la esquizofrenia deportiva) por la propia falta de reacción del Real Madrid ante el atropello. Aquí no hablo de lo institucional (Butragueño estuvo muy bien en sus declaraciones postpartido), sino de los futbolistas y del entrenador. Si los propios jugadores blancos no tienen los suficientes centilitros de sangre en las venas para protestar, ni siquiera cuando el protestar puede ayudar al árbitro a reconsiderar sus decisiones vía VAR, ¿cómo se nos puede reclamar a los demás que lo hagamos? Si Zidane se sienta delante de la prensa y dice "no hay excusas" (entendiéndose por excusa la minucia de que el rival haya marcado tres goles que no debieron subir al marcador), entonces al madridismo solo le queda inmolarse en la pira de los sacrificios que contentan al antimadridismo. Todo sea por la paz de España, ese fenómeno que solo tiene lugar cuando juega la Roja y/o cuando el Real Madrid ha sido convenientemente vejado sin abrir el pico para protestar. Ahora mismo se dan ambas circunstancias a la vez (la exaltación de la Roja y la silente humillación blanca), de manera que nada puede concitar más armonía, ni pueden piar más amorosamente los pajaritos en sus lugares públicos, que España en este 11 de noviembre.

Quisiera ir atrás y sustituir cada denuesto escrito contra la falta de atención o de intensidad o de solvencia de los jugadores del Madrid en Mestalla por líneas incendiarias también, pero con otros destinatarios

Sí, en La Galerna (y en realidad en todas partes, ese es el tercer consuelo) se han dado muchas hostias a Zidane y sus hombres en los últimos días. El cuarto consuelo es que en realidad sí las merecen, aunque solo sea por la falta de reflejos, o la indolencia, o el miedo, o lo que sea, de no tener el menor interés en hacernos ver que no las merecen.

Asensio falta

El madridismo se va pues a este parón dolido y amargado, presa de una melancolía inalcanzable. Pero le sucede algo peor todavía: se va confuso y desactivado por una amalgama de evidencias tardías y laissez faire. Ahora qué hacemos con esto, salvo mirar por la ventana abstraídamente, sin pestañear, predoliéndonos por la clásica derrota postparón de selecciones, reafirmada en nuestras intuiciones, esta vez, por la más desarmante derrota preparón de la que tenemos recuerdos. Dentro de veinte años podremos mirar atrás, como espectros pálidos, y decir lo de "en aquel partido de Valencia me maté yo", de igual manera que aquellos dos tenerifes nos enseñaron que nuestro destino como madridistas es agachar la cerviz y morir dócilmente por la patria, susurrando "me lo merezco" antes de expirar. Esta vez, por lo menos, no hemos tardado veinte años, sino tan sólo 48 horas, en salir del armario para proclamar que nos han robado.

 

Fotografías Getty Images.