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La Galerna de los Faerna
Ciento setenta y seis

Ciento setenta y seis

Escrito por: Angel Faerna21 enero, 2018

A mí no me han preguntado todavía qué es lo que tiene que hacer Zidane para salir del socavón en que se ha metido el Real Madrid, y no me lo explico. Llevo leídas en lo que va de mes no menos de 175 respuestas tajantes como hachas a tan sencilla pregunta, así que no puede ser que la mía no le interese a nadie. ¿Es que no me ven cara de listo? Es muy posible, pero al menos me la ven, no como a esos tipos duros del hacha al cinto, que no tienen costumbre de acompañar el comentario-mandoble con una mala foto de carnet. ¿Quizá mi nombre no les suena? Comprensible, alguna vez he pensado cambiarlo por un nick para que se me identifique mejor, pero tengo el problema de que me sentiría un poco tonto sentando cátedra con apodo. Rápido me viene a la mente esa imagen recurrente en las pesadillas nocturnas de los docentes: te subes solemne a la tarima y de repente te das cuenta de que vas con el culo al aire o llevas un gorro ridículo en la cabeza. ¿Será que he reconocido demasiadas veces que, como analista de fútbol, soy decididamente mediocre? Eso seguro que no, ahí no desmerezco en nada de mis 175 predecesores porque, ya se sabe (si se ha leído a Lichtenberg a su debido tiempo), que “a lo más a lo que puede llegar un mediocre es a descubrir los errores de quienes lo superan”. Dado que se trata precisamente de eso, de denunciar los crasos errores futbolísticos de quien nos supera de largo en la materia, mi opinión sería probablemente la menos prescindible de todas. Y como veo que ya se han persuadido de que no pueden pasarse sin ella, se la daré motu proprio.

— ¿Motu proprio? Pues empezamos bien.

— Verá, es que si no salpico mis opiniones con tecnicismos no me van a tomar en serio. Y eso del “medio de contención” no es lo mío, me suena como a material antidisturbios.

— Muy gracioso. Bueno, a ver, ¿qué le diría usted al míster?

— Yo le diría monsieur, que para eso es francés además de todo un señor.

— Muy gracioso otra vez. Me refiero a qué le aconsejaría.

— Ah, eso. Pues, para empezar, que se lea bien lo que le decimos 176 madridistas más mediocres que él, para ir descartando ideas.

— ¿Cómo dice?

— Ninguno hemos llegado a nada en el fútbol, así que me parece lo más lógico.

— Oiga, no le veo a usted muy crítico.

— Eso es que no se ha fijado bien.

— Sí, ya veo por dónde va, listillo, pero ¿no cree que los madridistas estamos aquí para ayudar al equipo con nuestras críticas y diagnósticos?

— Pues no se me había ocurrido, pero, ahora que lo dice, el fútbol es el único campo del saber en el que la etiqueta “aficionado” no te invalida automáticamente para dar opiniones expertas. Quizá la próxima vez que me tenga que operar de algo me ponga en manos de un cirujano amateur, a ver qué tal va la cosa.

— Qué risa, siga así. Total, que es usted otro de esos madridistas que lo ven todo divinamente, un buenista, un bienqueda, un pagafantas, un happy.

— Tecnicismo por tecnicismo, yo me definiría más bien como un madridista sine ira pero cum studio, y que Tácito me perdone.

— ¡Eh, pare el carro, que estudios tenemos todos!

— Cualquiera lo diría, caballero, porque me ha traducido usted fatal. Pero no importa. Volviendo al tema, los únicos que me parecen felices hoy son los del hacha, los que ven en este desdichado socavón la ocasión pintiparada para subirse al púlpito encendidos como Savonarolas, y con idéntica satisfacción por el doloroso deber cumplido que aquel severo fraile.

— Ese era el florentino que a mí me gustaba (para que vea que yo también sé ponerme pedante). Mire, mejor ser severo que complaciente, si no señalamos a los culpables el Real Madrid perecerá.

— ¡Bravo, ni fray Girolamo lo habría expresado mejor! Diga usted que sí, lo fácil es tomarse la píldora azul del autoengaño, hay que tener el temple de optar por la roja y afrontar la Amarga Verdad. Pero no sé yo quién se ha tomado aquí la pastilla equivocada: hace falta mucha fe para creer que tus diagnósticos van a salvar al equipo de nada; de hecho, hace falta mucha fe para creer que tus diagnósticos llegan directa o indirectamente a oídos de Zizou, o del mismísimo Flóper. Ahí tiene usted su Amarga Verdad. Eso sí, los silbidos en el campo les llegan perfectamente, y ayudan que no veas.

— Usted dirá lo que quiera, pero aquí hay que tomar medidas, ¡se nos vuelve a escapar la Liga!

— Le recuerdo que no hace nada que la ganamos.

— Psé, para lo que nos ha durado el buen sabor de boca...

— Pues mastique más despacio, que no son gachas precisamente.

— Ahí le duele, es un problema de falta de hambre. ¿No se da cuenta de que, si lo del año pasado no fue chiripa, y no lo fue, entonces lo de este solo puede ser desgana y falta de ideas?

— ¿Y usted no ha pensado que repetir un logro rara vez es tan sencillo como alcanzarlo? No me negará que resucitar a Lázaro tuvo bastante más mérito que procrearlo. Además, acabamos de repetir Copa de Europa, por si ya se le ha olvidado también tan insólito hito.

— Que no, hombre, que no, que no se puede vivir del pasado.

— Eso depende del pasado que tengas. Escuche la antigualla que me pongo yo estos días al final de los partidos para despedir al equipo [música en off]:

“Happy and I’m smiling,

Walk a mile to drink your water.

You know I’d love to love you,

And above you there’s no other.

We’ll go walking out

While others shout of war’s disaster.

Oh, we won’t give in

Let’s go living in the past”

— ¡Eso, siga en su nube, con la que está cayendo! La gente como usted me da pena: indulgentes, conformistas, transigentes, apegados a viejas glorias, incapaces de reconocer su irremediable declive. Cómo se ve que no ha oído cantar a Ian Anderson últimamente, jaja.

— No sea blasfemo y póngase en pie al pronunciar su nombre, como hay que hacer con Benzema tanto cuando acierta como cuando pifia.

— ¡El que faltaba! Ya veo que le divierte sacarme de quicio.

— Me parece que para eso no necesita mucha ayuda. Por cierto, ¿se ha fijado en que aquellos a los que les falta tiempo para sentenciar el declive de alguien nunca destacaron antes por ensalzar esa excelencia suya que luego echan de menos? Hay quien no ve el momento de que las glorias dejen de serlo y pasen a ser viejas para cargarse de razón.

— No me venga con historias, ni que fuera un pecado ser objetivo en tu juicio y no dejarte arrastrar por la pasión. ¡Si hasta lo acaba de decir Escohotado!

— Eso está muy bien si llevas toga y una peluca en la cabeza, pero lo veo raro en un señor sentado en una grada con una bufanda de colores. En cuanto a don Antonio, envidio su innegable talento para conjuntar peluca y bufanda, igual que de usted envidio su capacidad para no darse por aludido por ese artículo suyo.

— No sé de qué me habla, pero mire, dejémoslo, usted y yo no vamos a estar nunca de acuerdo.

— Exacto, y por eso tengo que discrepar de esto último que ha dicho.

— Supongo que se da cuenta del contrasentido en que acaba de incurrir.

— Yo no, solo imito a Epiménides. Pero atrévase a decir que, si esta temporada el Madrid vuelve a ganar un par de títulos, usted no estará de acuerdo conmigo en que la cosa habrá ido bastante bien.

— Nos ha jodido, pero al paso que vamos...

— Venga, tipo duro, no me haga pucheritos y apriete los dientes. Muéstrese un poco madridista, que hay niños y culés mirando. ¿Sabe qué es lo más gracioso de todo?

— Dígamelo usted, ya que es el que hace aquí las gracias.

— Que los que más le exigen al equipo que espabile y vuelva a creer en la victoria resultan ser los que más pronto dejaron de creer en ella. Los que, para infundir ánimos, empiezan por desanimarse y desanimar a todo el mundo. Los que reclaman una garra y un entusiasmo de los que ellos mismos carecen, pidiendo a gritos que los jugadores se aten los machos cuando a ellos no paran de temblarles las rodillas. Los que, para animar, pitan, y para aupar, denigran.

— Ya, ¿y qué se supone que debe hacer uno cuando ve dónde estamos en la tabla? Y no me sea equidistante, que le veo venir.

— ¿Equidistante yo? ¡Pero si ya se lo he dicho! Madridista sin cólera, pero con fervor, ¿recuerda? Para aguantar a pie firme, personalmente opto por ser tan parcial como puedo dentro de mis posibilidades, que me va la alegría en ello. Usted haga lo que buenamente pueda, no sé, póngase de vez en cuando el baloncesto, que da gloria verlo, distráigase con otras cosas si no es capaz de sobrellevar esto, pero sepa que no se puede militar y renegar a la vez, ya que hablaba de contrasentidos.

— Le cambio entonces la pregunta aprovechando su analogía: ¿y si los que reniegan son tus soldados, o no pueden ya con las botas, como me temo que está pasando aquí?

— Amigo, no sé cuántas píldoras azules se ha zampado, pero necesita un lavado de estómago urgentemente. Eso o que le pongan despacho en el Bernabéu para dejarle vivir su fantasía. De todos modos, hay una película que no deja de rondarme desde que empezamos la conversación. Iba de un general muy aficionado a mirar la guerra por el catalejo que ordena disparar contra sus propias tropas para motivarlas y que él pueda sacar pecho, que es lo que el cabrón entiende por amor a la patria. Tenía un título muy madridista, ahora no me viene, pero el papel del coronel Zidane lo interpretaba Kirk Douglas, eso seguro, y lo clavaba. No deje de verla, pondrá un poco de orden en su escala de valores.

— [...]

— ¿Ya se marcha? Espere, no se enfade, ¿no quería saber lo que le diría yo a Zidane?

— Suéltelo, me muero de ganas.

— Nada complicado, solo eso que los duros de verdad le dicen al médico desde el lecho del dolor y con la extremidad ya colgando: “doctor, ahí quieto y haga lo que tenga que hacer con esta maldita pierna, pero asegúrese de que yo en mayo salgo de aquí dando saltos”. Ahora no dirá que exijo poco.

— Anda que se habrá roto usted la cabeza. ¡Y todavía le extraña que no le pregunten! Venga, lárguese y métase el motu proprio por donde le quepa.

Número Dos

Ángel, el segundo de los Faerna, es profesor de universidad. Procura enseñar Filosofía sin hacer más daño del inevitable. Su especialidad, si acaso, es la epistemología y el pensamiento clásico norteamericano, extravagancia que compensa con una desmedida afición por los buenos arroces.

6 comentarios en: Ciento setenta y seis

  1. ¡Chapeau! Enhorabuena por el articulo de otro madridista happy, buenista, pagafantas...... o quizás mejor otro madridista sine ira pero cun studio.

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