Las mejores firmas madridistas del planeta

Arbitró César Soto Grado, del comité riojano. En el VAR estuvo Melero López.

Claros y oscuros en un arbitraje que no fue del todo redondo.

En el limbo se quedaron algún córner y un par de faltas cerca de la frontal en las que el colegiado se inhibió.

La primera amarilla llegó muy pronto, en el primer minuto: Foyth se cruzó ante Bellingham y tiró al inglés. No era roja porque el balón no iba directo a portería, sino en paralelo. Tres minutos después, los locales reclamaron penalti de Huijsen ante Mikautadze, pero fue una pugna de fútbol. La jugada más polémica del choque fue una contra cortada por Soto Grado que dejaba a Vinícius frente al portero. Luego, en la repetición, se vio que Vini empuja a Moleiro en su carrera. Parece que fue el cuarto árbitro el que avisó a Soto Grado.

La segunda parte empezó con otras dos amarillas para el Villarreal. La primera a Buchanan por derribar a Vini y la segunda a Pau también por cometer falta al brasileño y acumular ya varias faltas previas. La única amarilla para los madridistas tuvo como destinatario Mastantuono en una lucha con Pedraza al que derribó cuando se internaba en el área. A falta de 5 minutos Asencio tocó un balón con el brazo, pero previamente el cuero le tocó en el pecho. Además, era fuera del área y no revisable, por tanto. En el descuento Pedraza cometió un claro penalti sobre Mbappé al ir al suelo y barrer al francés.

Soto Grado, DISCRETO.

 

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A una persona a la que no le gusta el fútbol le resulta incomprensible cómo a alguien puede afectarle tanto, psicológicamente hablando, el que unos tíos en camiseta y pantalones cortos ganen o pierdan un partido.

Incluso a los que nos gusta el fútbol nos resulta incomprensible. Pero la mayoría de las veces, hay algo que está por encima del fútbol: EL AMOR. Amas el fútbol, y por encima de todo amas a tu equipo.

 

Para mí ser del Real Madrid es tener una relación idílica como las que sólo existen en el mundo Disney. Es un amor puro e incondicional, pase lo que pase. Incluso aunque se esté derrumbando todo alrededor. Me imagino a mí misma en el Bernabéu, de pie en medio de un terremoto terrible, viendo estallar el pánico, a la gente corriendo a salvar sus vidas mientras chocan conmigo, y yo ahí. Impasible.

No nos falla el Real Madrid. Nos fallan las personas que lo forman

Alguien podría decir que es una relación tóxica. Puede ser. No lo niego. Pero lo que me ha hecho sentir el Real Madrid no me lo ha hecho sentir nadie. La euforia, emoción, grandeza, irrealidad y pertenencia que he experimentado en mi cuerpo. Yo soy una persona muy emocional y visceral. Siento cada emoción en un órgano diferente.

La rabia en el hígado.

La pena en los pulmones y el corazón.

Los nervios en el estómago.

Y la alegría, la euforia … No sabría deciros dónde. O sí, sí sabría. Pero no lo voy a hacer. Lo dejo a vuestra imaginación.

También, a la vez, soy una persona muy racional. Sé que es muy difícil, porque o se es una cosa o se es otra. Por eso mi mundo interior choca continuamente. Es una tormenta. Pero yo soy así y me acepto y me quiero tal cual. No me queda otra.

El Real Madrid es ese amor pasional, puro, incondicional, orgásmico y glorioso que hace que nunca pierda la ilusión. No existe un amor como este. Y creedme que soy muy afortunada. He tenido y tengo una vida plena, con la mejor familia que podía tener (me transmitieron EL GEN, imaginad), los mejores amigos y las mejores parejas. Siempre he sido y sigo siendo una persona muy querida. Claro que también me he llevado mis decepciones y me han hecho la cama en algunos momentos. Por suerte, me la han deshecho mucho más veces (emoji pícaro de sonrisa lasciva). Me han hecho daño, pero han sido las menos.

Eso es lo que siento por ese escudo redondito con la corona encima que llevo tatuado en el corazón. Por eso, mi sangre no es roja, es blanca. Seguro que el amor por los hijos es algo parecido. Incondicional y puro, sin la parte pasional, claro. Pero no soy madre y no puedo saberlo.

El club es puerto seguro, es una filosofía de vida, es ese salvavidas o tronco de madera que pasa por tu lado y al que te agarras para no hundirte cuando estás naufragando. En quien te fijas para conseguir tus metas. ¿Cómo harían ellos? Si ellos pudieron, yo también puedo. Y te levantas. Y das un paso más.

Sabes que nunca te va a fallar.

3-2: El Alba anocheció al Madrid

—¿Cómo que no? – me preguntarás. —¿Lo que hizo el Real Madrid ante el Albacete no es fallarnos, a nosotros, a los aficionados que tanto lo amamos?

—No. No nos falla el Real Madrid. Nos fallan las personas que lo forman. Y es que son eso: personas. Humanos. Y los humanos tenemos estas cosas: fallamos. Pero esas mismas personas que ese día nos fallaron nos han hecho sentir lo más grande.

Por eso digo que alguien que no entienda este sentir lo puede interpretar como una relación tóxica: si tanto te hace sufrir, ¿por qué no lo abandonas para siempre? PORQUE NO SE PUEDE. En mi caso, personalmente, también porque no me da la gana.

 

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Buenos días, queridos amigos. El Real Madrid tiene un doble reto esta tarde-noche. A las siete, su sección femenina debe intentar dar la campanada y vencer al Barça en la final de la Supercopa, lo que supondría, aparte de una hazaña por la que pocos apuestan, el primer título en la corta historia de la sección.

A las nueve, el equipo de Arbeloa se enfrenta al Villarreal en tierras levantinas, en duelo que puede refrendar la excelentes sensaciones de la goleada europea ante el Mónaco o, por el contrario, devolver a la afición al estado de disgusto anterior a dicho encuentro. La temporada es, en el mejor de los casos, una montaña rusa que traiciona una y otra vez las expectativas de recuperación de juego y resultados, por lo que no es de extrañar que muchos madridistas se muestren escépticos respecto a la mejoría que se vio ante el equipo monegasco. Muchos no se creen que la mejoría pueda ser consistente, que no habrá otro gran bajón esperando tras la esquina.

Arbeloa y los suyos tienen esta noche la ocasión de devolver la fe al aficionado. Una fe que no sea endeble y que no esté sujeta al incómodo “¿qué Madrid veremos hoy?”, por la sencilla razón de que el Madrid sea positivamente previsible, en cuanto a conceptos pero, sobre todo, en cuanto a ambición.

As personaliza en Mastantuono este nuevo Madrid que soñamos con ver confirmado en un Madrid bueno y confiable. Confirmación es la palabra. Incluso para la Iglesia Católica, el sacramento de la confirmación tiene como principal argumento el fortalecimiento de la fe. Nos parece un paradigma trasladable, con todo el respeto, a la más extendida relación laica del planeta: el madridismo. “El partido de la verdad”, dice As, con aires de trascendencia que a duras penas disfrazan el simple deseo de colocar al Madrid una presión que le ponga nervioso. No os esforcéis, As: la presión le viene al Madrid de serie. Sí hoy intentará ganar, no será porque lo indicáis vosotros.

Marca destaca las palabras de Arbeloa en la previa. “Tengo una plantilla extraordinaria”, repuso Álvaro, en pregunta relativa a la posibilidad de acudir al mercado de invierno. Resaltó el valor de la cantera blanca (“la mejor del mundo”) como fuente única de la que extraer jugadores si las lesiones aprietan (ya lo están haciendo). Arbeloa es hombre del club y, en ese sentido, se entienden sobradamente sus palabras, pero si se mantiene el ritmo de lesiones la plantilla agradecería muchísimo la incorporación de un medio y un central en los días de enero que le quedan de vida al mercado. Nos tememos que no será así, y en este sentido no está mal que nuestro entrenador conozca las restricciones de su sistema y, con realismo, se enfrente a ellas desde el optimismo.

La prensa cataculé otorga casi todo el protagonismo al enfrentamiento entre Barcelona y Real Madrid que decidirá las nuevas campeonas de la Supercopa. Mundo Deportivo tiene el detalle de incluir en la portada a alguna jugadora blanca (en este caso, la estupenda Caroline Weir), mientras Sport ni se molesta: solo saca a Putellas, como si solo uno de los dos equipos jugara esta tarde, o como si el Barça solo jugara contra sí mismo, o como si ya estuviera todo decidido.

Muchos observadores dicen que lo está, que la brecha de calidad (y sobre todo, pensamos, la brecha física) es aún demasiado amplia entre ambos equipos y por lo tanto ya hay equipo campeón, antes incluso de jugarse la final. Ese desprecio debería acrecentar aún más la ambición de las nuestras e inculcarles algo de la rabia necesaria para hacer entender a esta gente que nada está escrito y que Caroline, Linda, Athenea y el resto de las nuestras están capacitadas para dar la campanada y brindarnos el primer título en la historia de la sección.

Ojalá.

Pasad un buen día.

Buenos días, galernautas. Se nos acaba LSDLERDRM, es decir, La Semana De La Enésima Resurrección Del Real Madrid. En La Galerna somos, por definición, muy de Faulkner, pero abrazamos con contumacia la mesura aristotélica. El Filósofo —y nos referimos a Aristóteles, no a Pep de Santpedor— sostenía que la virtud está en el término medio entre dos extremos igualmente viciosos. Creemos firmemente que ni el Real Madrid de hace siete días era digno de demolición y de posterior siembra de sal, ni debemos solazarnos en triunfalismos exacerbados tras un gran partido contra el Mónaco.

A la vista del nivel de sus portadas, su sintaxis, su redacción y su razonamiento, estamos en condiciones de afirmar que en Marca no han leído a Aristóteles. Es más: se creen que fue un tercer griego que vino al Sevilla junto con Tsartas y Marinakis. El diario gallárdico nos deleita con una instantánea de los goleadores madridistas del miércoles en la Champions, saltando abrazados como si ejecutaran una coreografía a medio camino entre la sardana y una danza masái. Tampoco vemos a los redactores muy doctos en música, pues nos hablan de rock and roll. Y conviene precisar: el rock and roll canónico es auténtico y tan brillante como crudo en su sencillez. Lo del miércoles fue otra cosa: excelencia técnica más propia del rock progresivo, bailes casi funk, pasajes rápidos casi punk, improvisaciones jazzísticas y, por momentos, un clasicismo de manual. Tanto que lo más rock and roll de la noche fue la celebración de Jude Bellingham, que habría enorgullecido a Keith Richards.

Saltemos a As, pero sigamos con la música. El diario prisaico nos ofrece una portada digna de cassette de gasolinera. El protagonista es Marcelino García Toral, fantástico entrenador de nuestro rival de este fin de semana. Eximio técnico, sin duda, pero no le vemos reinventando el chiste del perro Mistetas ni erigiéndose en el alma de una comida de sociedad gastronómica. No hay rastro del triunfalismo de Marca y, de hecho, sus declaraciones dejan entrever que nuestro equipo sigue en una situación delicada que, en sus palabras, aún “puede revertir”. ¿Revertirse qué? Estar a un punto del líder —que no es otro que el club cliente de Negreira— y clasificado matemáticamente para la siguiente ronda de la Champions, esa competición en la que su equipo solamente ha sumado un punto. Lo de Albacete fue una vergüenza, sí. Pero se puede estar peor.

La prensa cataculé, a la que volvemos la mirada en busca de ese enfoque humorístico que solo regala quien se toma demasiado en serio a sí mismo, nos habla de elecciones. Parece ser que el 15 de marzo tendrán lugar los comicios a la presidencia del Barcelona. Sport nos cuenta que la contienda es Laporta contra todos. Efectivamente: los candidatos opositores se unen a la verdad, el honor, la decencia, el decoro, la mesura, la educación, la templanza y la elegancia, que conforman —entre otros— la lista de rivales del bueno de Jan.

Vuelve la música al portanálisis, por más que ya intentábamos pasar página en el libro de partituras. "El Madrid, ante el juez por los conciertos", titula Sport en sus bajos. Nos consta que, para disgusto de este y otros diarios, en el Real Madrid existe escasísima prepcupación por las supuestas responsabilidades penales de poner la música demasiado alta en demasiados conciertos de 2024. Lo que también es indudable es que algo no se calculó bien en el estudio del binomio decibelios-vecinos. El club confía en que el asunto se podrá arreglar para que vuelvan los conciertos. Mientras se soluciona el evidente conflicto, por desgracia no calculado de antemano como debió hacerse, el estadio incrementa su rentabilidad a través de otro tipo de eventos.

El diario del Conde de Godó, Grande de España, evita el empleo de artículos y algunas preposiciones en su frontispicio y nos informa del proceso electoral. No sabemos si es la composición de la cabecera, pero transmite una sensación difícil de describir: algo de amaño, de falta de transparencia, de trampa. Es indefinible, pero ahí está. Aunque, por supuesto, sabemos que nos engaña el inconsciente: el club culé jamás desarrollaría conducta alguna que justificase tan peregrino razonamiento.

Pasad un excelente día y comprad el primer álbum de Marcelino García Toral en vuestra gasolinera de confianza: “30 años de grandes éxitos”.

El Real Madrid cursa con estrépito de platos rotos. Hay bronca en la casa, sobre todo desde que el madridismo se mudó a tuiter, ese patio de corrala. Uno se adentra en ella y ve lo que vio la Jacinta galdosiana al entrar en la corrala de Ido del Sagrario: “mucha ropa tendida, mucho refajo amarillo, mucha zalea puesta a secar”. Pero si Jacinta oyó “un zumbido como de enjambre”, en la corrala tuitera del madridismo lo que predomina es una batahola ensordecedora y disonante. Frases lapidarias a voz en grito, opiniones sentenciosas, cuñadismo a timbre de gloria e insultos que vuelan como cuchillos en un espectáculo circense. Verdulerismo digital, o sea.

El aficionado bernabeuista está llamado a una irrenunciable y elevadísima misión: asegurar la grandeza del Real Madrid. el arma no es la palma sino el pito. El suyo. El del aficionado bernabeuista.

Quien dice tuiter dice todo, claro. Ahora ya todo es tuiter. Uno no escribe tuiter como sinécdoque de las redes sociales, sino, ay, de la sociedad. Da igual que sean tertulias televisivas, programas radiofónicos, prensa o discusión de barra de bar. Se piensa con las tripas y se opina con las gónadas. Y a ver quién la dice más gorda. Ahí, presumiendo, como si el tamaño de la burrada fuera indicativo del de otros atributos, no precisamente intelectuales.

Todo es opinable y, mayormente, todo es condenable. Nadie se libra: ni el presidente, ni la junta directiva, ni el entrenador, ni los jugadores, ni la tía Juana, que pasaba por allí. Y no sólo es tuiter o youtube. La información ya no interesa ni a gran parte de los periodistas. Para qué informar si lo que cuenta es el click y el click no es hijo de la información seria y contrastada, sino del titular sensacionalista y abracadabrante. No es que la prensa deportiva haya sido nunca un ejemplo de rigor y credibilidad, pero al menos antaño había cierto pudor para según qué cosas. Rigor y pudor, casi nada. Mencionarlos en este contexto es todo un sarcasmo.

Y claro, todo ello desemboca en lo que desemboca. El aficionado madridista es un especimen singular en la evolución de la especie. Hace ya muchos años que Pepe Kollins efectuó una brillante taxonomía del aficionado madridista en estas páginas. Pero de toda la rica tipología de aficionados madridistas, a mí me fascina la subespecie del aficionado madridista que acude al Bernabéu. El aficionado bernabeuista, digamos.

Un partido en el Bernabéu de los 90

El aficionado bernabeuista está llamado a una irrenunciable y elevadísima misión: asegurar la grandeza del Real Madrid. ¿Y cómo asegura el aficionado bernabeuista la grandeza del Real Madrid? ¿Animando a su equipo sin descanso, convirtiendo el estadio en una olla a presión, desollándose las manos a fuerza de aplaudir y poniendo a prueba la robustez de sus cuerdas vocales en incesantes cánticos de apoyo rugidos a pleno pulmón? Bueno, a veces. En las grandes noches europeas, ya se sabe. Pero en la rutina del día a día, en las tardes y noches de Liga y Copa, el arma no es la palma sino el pito. El suyo. El del aficionado bernabeuista.

En la espuma de los días, el aficionado bernabeuista no puede bajar la guardia. La grandeza del Madrid está en juego. Por eso pita. Pita mucho. Pita sin descanso y con todas sus fuerzas. No precisamente al rival, sino a su equipo. Cosa que podría parecer contradictoria, contraproducente e incluso ridícula a algún que otro observador despistado. Pero no al aficionado bernabeuista. El aficionado bernabeuista, que conoce como nadie los intríngulis de la grandeza del Real Madrid -de la que, recordemos, es can Cerbero por la gracia de Dios-, sabe que el apoyo debilita, y que la exigencia en el mundo del fútbol adopta la forma de pito. De su pito. Esa es la alta responsabilidad que le ha sido conferida -por él mismo- y a ella se entrega con celo insobornable. Es una tarea ingrata, pero que ejerce con una generosidad, una abnegación y un altruismo dignos del mayor elogio (o del mayor de los pitos, no se nos vaya a enfadar algún aficionado bernabeuista por traicionar su lógica motivadora).

No todo el mundo lo entiende igual, por desgracia. Todavía, aquí y allá, hay dizque madridistas que afean al aficionado bernabeuista su querencia por el pito, e incluso van más allá y le censuran por ello, con el falaz argumento de que pitar durante noventa minutos a los jugadores sólo consigue minar su confianza, enrarecer el ambiente y dificultar el desempeño del equipo. Hay quien incluso, no contento con ello, añade que es impropio de cualquier aficionado silbar al equipo durante noventa minutos. Afortunadamente, no se arredra fácilmente el aficionado bernabeuista ante crítica tan pueril y contraria a la grandeza del Madrid, pues sabe que sólo puede obedecer a la  malevolencia o a la ignorancia de cómo funciona la grandeza madridista. Así que imposta la voz, hincha el pecho, y responde campanudo que aquí se ha pitado hasta a Zidane y a Di Stéfano. “Y no nos lo hemos hecho mirar”, debería agregar para rematar el argumento.

el madridismo es una corrala estridente, caótica y con frecuencia inhabitable. en ella se multiplica y crece el aficionado bernabeuista con su pito sanador

Pero si abnegada, a menudo incomprendida, y  siempre huérfana de reconocimiento es la labor del aficionado bernabeuista, tampoco sería justo esconder las evidentes recompensas que encierra. Cuando el equipo juega bien y golea, como en la noche del Mónaco, al aficionado bernabeuista le inunda la satisfacción del deber cumplido, y la alegría de saberse artífice de la reacción del equipo. Es un orgullo íntimo y poderoso, indestructible, que no se paga con dinero. El aficionado bernabeuista saca pecho y presume de su pito, porque ya se ha dicho que es la forma que adopta la exigencia en el Real Madrid. Está por escribirse el gran tratado pendiente sobre la grandeza del Real Madrid y el pito del aficionado bernabeuista, y esa falta de reconocimiento es una injusticia lacerante que algún día deberá reparar el madridismo.

Así que sí, el madridismo es una corrala estridente, caótica y con frecuencia inhabitable. Pero bienvenido sea todo ello, porque es el caldo de cultivo en el que, entre refajos amarillos, zaleas y ropa puesta a secar, se multiplica y crece el aficionado bernabeuista con su pito sanador.

 

 

 

Hola, amigos. Prosiguen los ecos de la formidable victoria del Real Madrid en el Bernabéu, anteayer, ante el Mónaco, pero prosiguen en los bares, en las estaciones de metro y en los patios de los colegios. Los medios están ya a otras cosas. No están, por ejemplo, a pedir perdón a Arbeloa por la catarata de insultos que siguieron a su mero nombramiento y/o a su primera rueda de prensa. No están a reconsiderar su faltón escepticismo hacia el hombre que parece haber dado un giro de timón en la primera plantilla del club más seguido e ilustre del planeta.

La pregunta para tantos y tantos periodistas y opinadores de medio o gran pelo es bien clara, pero no parecen de momento inclinados a enfrentarse a ella. Después del excelente partido ante el Mónaco, con marcador de tenis incluído, ¿pueden retirar sus improperios hacia el técnico blanco y otorgarle, cuanto menos, la oportunidad de empezar a entrenar?

De momento, los opinadores que a continuación glosamos no han tenido a bien responder a esta cuestión. Por supuesto que hay mucho por hacer. Por supuesto que una victoria (en realidad son dos) no sirve, por convincente que sea, para dar a Arbeloa un aval que apareje algo de tiempo (ah, el tiempo, esa mercancía de precio desorbitado en el Madrid). Pero al menos debería servir para que los autores de las descalificaciones que a continuación siguen se aprestaran a retractarse o cuanto menos matizar.

Recordemos.

Este era el nivel de tirria y saña contra Álvaro Arbeloa desde el mismo momento de su toma de posesión. Son términos que en ningún caso puede justificar ni siquiera la animadversión más enquistada por cualesquiera diferencias pasadas, pero que a la luz del partido ante el Mónaco deberían mover, aún con más razón, a una rectificación, cuando no a una petición de disculpas.

Matías Prats Jr. Jr. coincidió con el enfermizo antimadridista Kike Marín en llamar “pelota” a Álvaro. La palabra prat significa algo inquietante en el slang británico. Cuánto más en plural. Al menos han tenido que pasar tres generaciones para que el apellido pueda amoldarse a dicha acepción. Se ve que la degeneración genética va despacio, menos mal.

Y de Sique… ¿Qué decir de Sique? Sus calificativos son los más inaceptables de todos los que conforman estos ataques furibundos y groseros. Ay, Sique, Sique… Las barbaridades que tienes que decir para hacerte perdonar por tus correligionarios blaugranas el haber destapado el caso Negreira hace ya tres años. Por cierto, estuvo muy feo lo de informar al Barça antes de hacerlo, y darles un tiempo antes de publicar (“el último favor a un reo condenado a muerte”). ¿Te haces una idea de cuántas pruebas pudieron ser destruidas por culpa de tu “generosidad”? ¿O es que ese era precisamente el objetivo al posponer la publicación del caso?

A todo esto, las portadas del día no se recrean, como nos habría gustado, en el magnífico juego de los blancos ante el Mónaco. No nos hablan de los incontables balones robados en campo contrario, ni de las implicaciones tácticas de jugar con dos laterales tan ofensivos como Valverde y Camavinga, ni del partidazo de Mastantuono, ni del sacrificio de Bellingham coronado en gol, ni de…

No. Todo lo que les interesa es el morbo de Vinícius y su posible renovación.

Nada nos gustaría más que ver cerrarse pronto la renovación del contrato de uno de los mejores jugadores del Real Madrid, pero no es momento para estas especulaciones. Es momento de resaltar el evidente cambio positivo que ha dado el equipo, como también lo ha dado el propio Vini, pero no es eso lo que interesa a nuestra prensa.

Marca viene con la misma matraca especulativa, pero al menos nos introduce en ella utilizando la foto más bonita que nos deparó el encuentro ante el Mónaco, es decir, la de Vinícius abrazando a Arbeloa tras la consecución de su gol. Abrazar al jefe también puede ser visto como acción propia de pelotas, por lo que nos aprestamos a escuchar a psiques como Kike o Sique acusar de esto al brasileño, al cual odian todavía más que a su entrenador. Adoptamos aquí nuestra más esperada pose Clark Gable para espetar hasta qué punto nos interesan sus opiniones.

Por otro lado, el Atleti empató en tierras turcas pero nadie le regañará por ello. Lo de siempre: exigencia cero para el club de quienes se lo adjudicaron indebidamente y ahora lo re(?)venden por un precio exorbitado.

Os dejamos con la prensa cataculé, que celebra la insulsa victoria de ayer en Praga con caracteres de gesta épica. Tiene toda la pinta de que, en la última jornada, se meterán en el Top8 de la liguilla de Champions. Se trata de un logro en principio independiente del hecho de haber pagado durante un mínimo de 17 años al vicepresidente de los árbitros españoles, pero nos apetecía recordar que esto pasó, aunque aún no se haya hecho justifica en modo alguno.

¿Se hará algún día?

Pasad un buen día.

El Real Madrid necesitaba algo más que una victoria. Necesitaba una noche que se pareciera al fútbol, al disfrute y, sobre todo, a una reconciliación emocional con su gente. El 6-1 ante el Mónaco en el Santiago Bernabéu fue todo eso a la vez: una goleada, un espectáculo y una bocanada de aire fresco en medio de un ambiente enrarecido que amenazaba con hacerse irrespirable. Y todo ocurrió apenas una semana después de la llegada de Álvaro Arbeloa al banquillo blanco.

No es casualidad que el partido más divertido del curso haya llegado justo cuando el club atraviesa uno de sus momentos más delicados a nivel institucional y social. La afición estaba —y sigue estando— enfadada. Enfadada con los jugadores, señalados por su falta de compromiso en semanas anteriores, y enfadada con Florentino Pérez, cuya figura vuelve a situarse en el centro del huracán. En ese contexto aterriza Arbeloa, un técnico nuevo, sin apenas tiempo de trabajo, pero con una idea muy clara: unir antes que corregir, abrazar antes que exigir.

Desde su primera rueda de prensa, el mensaje ha sido inequívoco. Defensa cerrada del vestuario, elogios constantes a sus futbolistas y palabras casi reverenciales hacia el presidente del club. Un discurso que ha sorprendido a muchos y ha irritado a otros, precisamente porque llega cuando una parte importante del madridismo pedía lo contrario: autocrítica, exigencia y explicaciones. Arbeloa, sin embargo, ha optado por el camino de la armonía, por crear un entorno cómodo, casi protector, para que los jugadores vuelvan a sentirse importantes, queridos y respaldados. Y, al menos de momento, la apuesta ha funcionado. No me sale culparle de lo que pasó en Albacete, qué queréis que os diga.

La imagen que resume la noche no está tanto en el marcador como en un gesto: Vinícius Júnior corriendo hacia el banquillo para abrazar a su entrenador tras marcar

El Real Madrid fue reconocible por primera vez en mucho tiempo. Jugó con alegría, con desparpajo y con una sensación de libertad que no se veía desde hacía meses. El balón circuló con rapidez, los atacantes se movieron sin miedo al error y el equipo atacó como si el fútbol volviera a ser un juego. Seis goles no se explican solo por la debilidad del rival; se explican por una actitud distinta, por una energía renovada y por la sonrisa que apareció en muchos rostros que llevaban demasiado tiempo fruncidos.

La imagen que resume la noche no está tanto en el marcador como en un gesto: Vinícius Júnior corriendo hacia el banquillo para abrazar a su entrenador tras marcar. No es una escena habitual en el Bernabéu, y menos aún en un contexto tan tenso como el actual.

Ese abrazo no fue solo celebración; fue mensaje. El brasileño, tantas veces señalado, criticado y cuestionado, parecía liberar una carga emocional que llevaba semanas arrastrando. Arbeloa respondió de la misma manera: cercanía, complicidad y una sonrisa que hablaba de confianza mutua.

Ese es, de momento, el gran triunfo del nuevo técnico. Ha conseguido que los jugadores se sientan cómodos consigo mismos. Que vuelvan a disfrutar. Que se liberen del ruido exterior y se centren en lo que mejor saben hacer. El Real Madrid del martes fue imperfecto, sí, pero también fue valiente y atrevido. Y eso, en este punto de la temporada, ya es mucho.

Ahora bien, el entusiasmo no debe ocultar las carencias. Porque si el partido fue divertido, también fue revelador en otro sentido: el Mónaco generó demasiadas ocasiones. El resultado final maquilla una fragilidad defensiva que sigue ahí, latente y peligrosa. El equipo concede espacios, sufre en las transiciones y muestra una desorganización que, ante rivales de mayor nivel, puede convertirse en un problema serio.

Aquí aparece la gran incógnita del proyecto Arbeloa. El “espíritu de la amistad” es un punto de partida interesante, incluso necesario, para reconstruir un vestuario tocado anímicamente. Pero el fútbol de élite no se gana solo con abrazos, elogios y buen rollo. Tarde o temprano llegará el momento de exigir, de corregir errores y de imponer un mínimo de rigor táctico, especialmente en defensa. Y ese momento llegará en los partidos grandes, en las eliminatorias decisivas, cuando el margen de error se reduce a cero. De momento, a gran parte de la afición madridista, le aburre mucho escuchar a Arbeloa, otra cosa será que, tras una serie de resultados positivos, convenza como método hacia las victorias.

Esto es Esparta

El propio Arbeloa lo sabe. De momento, ha elegido proteger a los suyos y cerrar filas alrededor del club y de su presidente. Una postura que le permite ganar tiempo, crédito y confianza dentro del vestuario. Pero también una postura arriesgada, porque puede volverse en su contra si los resultados dejan de acompañar. En el Real Madrid, la amistad suma, pero no sustituye a la autoridad.

La goleada ante el Mónaco no soluciona todos los problemas, ni mucho menos. No reconcilia del todo a la afición con Florentino Pérez, ni borra de un plumazo semanas de decepción. Pero sí ofrece una pista interesante: este equipo necesitaba sentirse vivo. Necesitaba volver a disfrutar para empezar a competir. Y Arbeloa ha sabido tocar esa tecla en tiempo récord. Una tecla que quedará en nada si lo demostrado en el Bernabéu no se confirma en Villarreal, evidentemente.

Por eso queda por ver si sabrá tocar las siguientes. Porque el fútbol, como la vida, no es solo entusiasmo; también es orden, trabajo y responsabilidad. El Real Madrid ha recuperado la sonrisa, pero aún debe recuperar el equilibrio. Si lo consigue, el “espíritu de la amistad” puede ser algo más que una anécdota simpática. Si no, quedará como una noche feliz, intensa y efímera, de esas que se recuerdan con cariño… y con cierta nostalgia. De momento, el Bernabéu se fue a casa contento. Y eso, tal y como estaba el ambiente, ya es una pequeña victoria.

Desde el 6 de noviembre del 2019 no marcaba 6 goles el Real Madrid. El himno de la Champions, el aura del Bernabéu, y la pitoterapia de los aficionados ante el Levante puso en bandeja un escenario de lujo para que los futbolistas le dieran vuelta a la situación. Para ello, necesitaban a un entrenador que confíe en ellos y los ponga en la mejor posición posible para conseguir sus mejores versiones.

Valverde y Camavinga en los laterales lideraron una alineación valiente compuesta por 6 mediocampistas y 3 delanteros donde todos brillaron. Y brillaron por la libertad que les otorga Arbeloa para moverse permanentemente por distintas zonas del campo. Así llegó el primer gol, con Valverde saltando líneas, combinando con un gran Mastantuono que encontró a Fede y este dejó a Kylian de cara al arco para que pusiera el primer tanto del Madrid en tan solo cinco minutos.

Con Ancelotti en la grada, y Mbappé de mensajero, volvió el mejor Vini, que a pesar de no empezar acertado mantuvo una actitud, una garra, y una entrega a la altura de lo que pide el Real Madrid. Fue él quién asistió a Kylian en el segundo gol dando síntomas de recuperar su alegría. Al descanso, con el 2-0 en el marcador, daba la sensación de que solo había un equipo en el campo, aunque es inevitable una que otra parada de Courtois.

Arbeloa es la figura que representa una nueva idea y el tipo de líder que necesita el Madrid. Un tipo cercano, que los defiende a capa y espada, y que no trata de sobreenseñarles nada

Arrancó el segundo tiempo y Vini quería más. Cuando parecía que iba a rematar a placer, resolvió rápido y levantó la cara para dejar solo a Mastantuono, que se estrenaba en el Bernabéu. Los abrazos en las celebraciones y la comunión del equipo para no irse nunca del partido alegraron a todo el Bernabéu.

No se trata de que se genere un debate sobre si Arbeloa es el nuevo Mourinho, el nuevo Zidane o un inexperto sin la mano dura necesaria para poner orden en un vestuario lleno de egos. Arbeloa es la figura que representa una nueva idea y el tipo de líder que necesita el Madrid. Un tipo cercano, que los defiende a capa y espada, y que no trata de sobreenseñarles nada. La carrera de Mbappe con el partido 5-0 para bajar a defender, el abrazo de Vini con Arbeloa y la celebracion de Jude burlándose de los memes sobre su vida nocturna reflejan el cambio de ambiente que hay en el equipo.

Pero ¿cómo se consigue mantener cierta constancia en el nivel futbolístico? La primera clave es la importancia que le da Arbeloa a que sus dos máximas estrellas esten siempre en zonas de ataque. Vimos ayer cómo el Madrid era capaz de ejecutar transiciones rapidas gracias al posicionamiento de Vinicius y Mbappe, que en ningun momento se estorbaron. La segunda clave, y para mi la mas importante, es establecer qué centro del campo quieres. Tras la primera mitad, donde el Madrid domino sin complicaciones, Arbeloa metió a Ceballos para dar mas fluidez en la salida de balon e incorporar mas efectivos en ataque. Sin embargo, en las noches grandes, creo que el doble pivote es lo que mas favorecería al Madrid. Eso te permite dejar a alguien por delante, sea Güler o Bellingham, para enlazar con Mbappe y Vinicius.

Arbeloa paso ya el tramo dificil,: asentarse en el banquillo, soportar el runrún del Bernabeu, y lidiar con el foco fuera del fútbol. La clave es que siga dando importancia a los jugadores (“Si me hubiese ido al otro banquillo, el resultado hubiese sido el mismo”, comentó jocoso). Arbeloa debe seguir apagando incendios como en estos dos partidos, con goles y resultados que, como bien sabe él, es el mejor estilo para el Madrid.

La sala de máquinas del Real Madrid a comienzos de los años 60 necesitó ser renovada tras las retiradas de Miguel Muñoz y Zárraga, y la marcha de Santisteban. Bernabéu miró de nuevo al Stade de Reims para fichar al francés Lucien Müller, un jugador muy del gusto de Alfredo di Stéfano. En Francia era conocido como ‘Le petit Kopa’, mientras que en España se le empezó a llamar cariñosamente Don Luciano.

Nacido el 3 de septiembre de 1934 en Bischwiller (región de Alsacia), era hijo de alemanes. Müller era un interior y medio de enorme calidad, clarividencia para el pase y técnica individual. Otra característica es que aguantaba muy bien el cuero y apenas perdía balones. El periodista francés Jean-Philippe Rethacker lo definió así: “Organizador de juego sereno, sobrio, inteligente, y muy hábil, se adapta a la perfección al puesto de medio de ataque”. Sus inicios fueron en el FC Bischwiller de su localidad natal en edad juvenil. Su primer paso profesional tuvo lugar en el Estrasburgo en el que jugó cuatro años para más tarde disputar dos campañas en el Toulouse. En ‘Les Violets’ llamó la atención del gran técnico francés Albert Batteux que lo reclutó para el Stade de Reims en 1959. Allí coincidiría con la vuelta de Kopa al cuadro galo y ambos junto a Fontaine, Piantoni y Vincent formarían una de las más excepcionales delanteras europeas de la época durante tres campañas y cosechando dos títulos de Liga y una Supercopa. Müller puso su granito de arena en el célebre fútbol champagne que impuso Batteux en un equipo que bordaba el fútbol por su estilo alegre y espectacular, repleto de pases, combinaciones y regates.

En el mes de diciembre de 1961 la selección española se midió a Francia en el estadio de Colombes. El choque terminó empate a uno y Di Stéfano puso la primera piedra para la llegada de Müller a Madrid unos meses después. ‘La Saeta Rubia’, enamorado de su estilo, le convenció para jugar en el club blanco y Santiago Bernabéu marcó en rojo su nombre de cara al periodo de fichajes de 1962, en el que también llegarían Amancio y Zoco, entre otros.

Las negociaciones fueron muy rápidas y llegaron a buen puerto tras pagar el Real Madrid cuarenta millones de francos al Stade de Reims. El consejo directivo sacó una nota confirmando el acuerdo: “En el día de hoy, después de una serie de conversaciones entre el Real Madrid y el Stade de Reims, se acordó que el jugador Lucien Müller actué la temporada próxima con el equipo español”. Todo se cerró en Lieja en una reunión entre Raimundo Saporta y el presidente del cuadro francés M. Henri Germain.

El contrato firmado por Müller fue por tres temporadas y en sus primeras declaraciones a un medio de su país dijo que “ha sido un golpe inesperado, la verdad. Si jugar en el Stade de Reims es la máxima ambición de todos los futbolistas franceses, hacerlo en el Real Madrid es el sueño constante de todos los del mundo”.

También se refirió a Di Stéfano: “Todos sabemos que nadie ha entendido ni practicado el fútbol colectivo como Alfredo. No ha habido nadie como él. Ha marcado goles con los dos pies y con la cabeza a cientos y ha hecho posible que sus compañeros marcaran otros tantos. Además, por su omnipresencia, ha evitado igualmente muchos goles en su puerta”. También confirmó que había hablado con Kopa, antiguo jugador madridista: “Me ha dicho Raymond que en plan técnico puedo estar a la altura de los jugadores madridistas, pero que acusaré sin duda la velocidad y la dureza del fútbol español”. Preguntado por su contrato espetó que “es tan bueno que prefiero no hablar de el. Estoy muy contento”. Por último, acerca de la posición en la que podría jugar manifestó que “no sé de qué me alinearán, pero no me preocupa. Creo que jugaré en el centro del campo, bien como medio, bien como interior. Juegue donde juegue, haré el máximo para triunfar. Para mi son los jugadores los que juegan, los que deciden y no los sistemas que defiende las diversas personalidades. Creo que se olvida demasiado al jugador, por lo que este pierde rendimiento y hasta calidad”.

Müller jugó su primer partido de blanco, al igual que Amancio y Zoco, en un partido de pretemporada en Ghana. El Real Madrid viajó a Accra en agosto de 1962 y allí se midió al Ghana Black Stars en el estadio Nacional. El partido terminaría empate a tres y sería la primera vez de una media que todavía recuerdan los socios más veteranos del conjunto madridista: Müller-Zoco. Miguel Muñoz estaba enamorado del juego del francés y fue un indiscutible de su once, pese a que siempre fue tachado como un jugador algo lento, flemático y frío.

En su primera campaña compartió más minutos en la media con Pachín por la juventud de Zoco. Müller aportaba claridad en la distribución del juego y el navarro era el pulmón del centro del campo. El futbolista francés rindió a buen nivel y apenas tuvo problemas físicos por lo que jugó 26 de los 30 partidos ligueros. Su primer tanto oficial con la zamarra blanca fue en la quinta jornada en el Santiago Bernabéu contra el Elche. Así lo describió Jesús Fragoso en Marca: “Puskas devuelve a Müller la pelota, Müller, con la izquierda y desde el centro, dispara y bate a Villar”. El conjunto merengue conquistó la Liga con enorme claridad por delante del Atleti y se repuso así de su pronta y sorprendente eliminación en la primera eliminatoria de la Copa de Europa ante el Anderlecht. En la Copa, que Müller no podía disputar por ser extranjero, el Real Zaragoza eliminó a los madridistas en semifinales.

En la segunda temporada de Müller ya se instaló el dúo del francés con Zoco en la media tras ser Pachín desplazado a la defensa. El centro del campo creció en calidad sin perder un ápice de solidez. Su gran capacidad para organizar el juego era fundamental en la idea de Muñoz que lo consideraba un referente del once blanco. Además, la regularidad y tono físico que ahuyentaba las lesiones le permitía jugar cada semana sin problemas. Sumó 25 encuentros ligueros, aunque en este curso no vio puerta en Liga, pero sí en la Copa de Europa contra el Zürich. El cuadro blanco tuvo más resistencia por parte del Barça, pero volvió a levantar el título. En Europa se quedaron cerca del doblete al perder la final contra el Inter en Viena. Aquella noche se vio una enorme batalla en la medular entre Müller y Zoco ante Tagnin y Suárez que cayó del lado nerazzurri. Fue la gran oportunidad que tuvo el jugador francés de haber conquistado la Copa de Europa.

Su último curso en la casa blanca fue en la temporada 1964-65. La pareja que hacía con Zoco se complementaba con el navarro en funciones más defensivas y el francés canalizando el juego y demostrando visión, pase y técnica. El Real Madrid dominaba la Liga a su antojo y logró su tercer entorchado consecutivo. Se trataba de un equipo con gran regularidad, con una defensa sólida, un centro del campo equilibrado e imaginativo y una delantera que aunaba juventud con Pirri, Grosso y Amancio y veteranía con Puskas y Gento. La traumática marcha de Di Stéfano en verano no se notó en demasía en la parte ofensiva. Müller actuó en 26 de los 30 partidos y de nuevo se quedó a cero en su contador de tantos. El rival por el trofeo fue el Atlético de Madrid que se quedó a cuatro puntos de su eterno adversario. En la Copa de Europa, al igual que en 1962, el ogro fue el Benfica de Eusebio que apartó a los blancos de la competición en semifinales.

En los últimos meses de contrato, en la primavera de 1965, Müller avisaba que “quiero quedarme en el Madrid”. Sin embargo, si no renovara el contrato decía que le “gustaría continuar en España en un equipo famoso”. Ya había rumores de interés del FC Barcelona y el RCD Español, y unos días después se sumó el cuadro belga del Standard de Lieja. En el mes de abril, en una entrevista para el diario Pueblo, expuso que el “Real Madrid desea que me quede, y yo también”, pero el aspecto económico era importante porque “en las actuales condiciones económicas es imposible. Soy el jugador extranjero más barato que tiene el club”. Un mes después se confirmó que Puskas, Santamaría y Gento seguirían en el conjunto blanco pero la cuestión económica con Müller seguía en punto muerto. Al final fue el apartado para clave para no seguir en la capital. El francés había pedido una cantidad superior a los ocho millones por los tres años que abarcaría su nuevo contrato, mientras que el club blanco le ofreció un millón de pesetas por temporada, más sueldo y primas, y Müller no aceptó. El centrocampista ya estaba en negociaciones con el Barça que le colmaría sus pretensiones económicas y acabaría tomando el puente aéreo para la Ciudad Condal. Así cerraba su etapa blanca después de tres campañas, 92 encuentros oficiales y tres goles. A su palmarés en el fútbol francés añadió tres Ligas.

En el conjunto catalán también estuvo tres temporadas con un bagaje de 125 partidos, cinco tantos y dos títulos: una Copa de Ferias y una Copa. Con 34 años y al final de su trayectoria deportiva decidió regresar al Stade Reims para cumplir sus dos últimas temporadas como profesional hasta retirarse en 1970. En la selección francesa fue internacional en 16 ocasiones, anotó tres tantos y entró en la convocatoria en dos grandes torneos, la Euro’60 que se celebró en su país y el Mundial de 1966 con sede en Inglaterra.

Después de colgar las botas dio el salto a los banquillos siendo un entrenador con una larga trayectoria y nómina de equipos. La mayoría de su tiempo entrenando fue en España siendo las primeras plazas Castellón, Burgos en dos etapas y el Real Zaragoza. A finales de los 70 volvió al Barça como técnico, aunque no concluyó el curso 1978-79, y después vivió un tercer periodo en el Burgos. La única oportunidad para entrenar en el fútbol de su país fue en el Monaco entre 1983 y 1986. Más tarde, retornó a España para sentarse en el banquillo del Mallorca y su carrera la terminó en el sitio en el que la comenzó, el Castellón. Sus mayores éxitos fueron tres ascensos a Primera con el Castellón, Burgos y Mallorca y a nivel de títulos una Supercopa francesa con el Monaco en 1985.

En una entrevista en la década de los 90, ya retirado de toda actividad, afirmó que “los tres jugadores más grandes han sido Pelé, Di Stéfano y Puskas”. Respecto a su estilo explicó que “mi principal cualidad era que nunca perdía el balón, sin esta cualidad no habría podido jugar en el Real Madrid”. También abogaba porque los jugadores de su época “serían hoy los mismos jugadores”, en relación a la gente que pensaba que no podrían jugar en un fútbol más rápido y físico. Por último, en cuanto a la comparación de estilos pensaba que el fútbol había “empeorado, ya no hay grandes equipos del pasado, ni tantos grandes jugadores. No se ven grandes partidos. Hoy, casi no se juega, se hacen pases, se resalta un gol o una jugada con pases inútiles, pases laterales, pases atrás. Antes, en tres pases, llegábamos delante de la portería”.

Se trató de una persona admirada en varios puntos de España y más olvidado en Francia que, con el paso de los años, estableció su lugar de residencia en Reims. Allí falleció el pasado día 20 de enero a los 91 años.

 

Fotos: archivo de Alberto Cosín

 

Anoche el Real Madrid ganó 6-1 al Mónaco en el Santiago Bernabéu. Anoche nuestra vieja amiga la Copa de Europa volvió a aliarse con el club fundado en 1902 para ofrecer un recordatorio para los desmemoriados: cuando más den por acabado al Real Madrid, éste seguirá en pie como Sylvester Stallone en Rocky. Ya sea Apollo Creed o Iván Drago el que esté enfrente, El Potro Italiano parecerá inasequible al desaliento. Con una goleada así, la clasificación a la siguiente fase de la Champions en la mano y a punto del líder en La Liga, doy por hecho que cualquiera que me esté leyendo no ve tan mal al Madrid, ¿verdad?

Sé que normalmente los antimadridistas fingen su enfado cuando esto ocurre porque en el fondo de su alma saben que siempre acaba pasando. Ahora en cambio parece ser que también hay una parte mayoritaria de la afición madridista que lleva con pesar que su equipo gane y gane bien. Como cantaba aquel, la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida. Un poco más adelante me ocuparé de estos autoproclamados madridistas que disfrutan cuando los suyos sufren. O más bien, gozan tratando de hacer sufrir a sus propios jugadores, dando por saco a su vez a otros aficionados que sí aman a su equipo.

Las notas del Real Madrid - Mónaco

Kylian Mbappé abrió el marcador tras un pase magistral de Vinícius Júnior. El supuesto capricho del presidente también hizo el segundo. Franco Mastantuono también se unió a la fiesta, pues ninguno de los señalados por los gurús de los odiadores quiso desaprovechar la ocasión. En la noche perfecta para cobrarse las ofensas, Vinícius Júnior hizo un golazo que coronó un partido perfecto. Su MVP fue la guinda para el astro del fútbol mundial en una noche en la que dio dos asistencias además del golazo.

Por supuesto, cómo no, Jude Bellingham hizo el 6-1 definitivo para cerrar el marcador. La estrella británica regateó al portero Köhn tras una asistencia de categoría de Federico Valverde. Sí, Fede Valverde, otro de los perseguidos por los gurús y los odiadores que dicen ser madridistas. La verdad que a la noche sólo le faltó que Florentino Pérez bajara al césped a saludar al tendido del 7 tras el pitido final.

En los últimos meses se ha extendido un lugar común, que es hablar de un supuesto bajo cociente intelectual de nuestros jugadores. En la cruzada patológica de una parte importante de la afición contra nuestra plantilla, muchos de los cruzados hacen mofa de un supuesto déficit intelectual de los miembros del primer equipo. Me llama mucho la atención que tengamos tantos cerebritos capaces de detectar la falta de inteligencia de nuestros deportistas.

Valdano La Galerna

Como digo, esta estupidez no deja de ser otro lugar común. Ya en su día Jorge Valdano comenzó a defender a sus compañeros de profesión, haciendo ver al respetable que para jugar al fútbol profesional del máximo nivel debes tener algo más que cualidades físicas, habilidades o instinto. Para Valdano, el jugador posee una inteligencia subestimada. Esto se traduciría en la lectura del juego, el desarrollo estratégico del deporte o la capacidad para lidiar con momentos de gran tensión.

Para jugar al fútbol tienes que tener una inteligencia especial, diferente al resto. Una inteligencia, a menudo subestimada, que va más allá de lo físico. Un jugador del máximo nivel tiene unas capacidades únicas que le otorgan un plus para competir. La lectura de juego, el olfato y el instinto obedecen a esa capacidad. Quien ponga en duda que los jugadores del Madrid poseen esta cualidad es un cenutrio pagado de sí mismo.

parece ser que también hay una parte mayoritaria de la afición madridista que lleva con pesar que su equipo gane y gane bien. Como cantaba aquel, la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida

 

El aficionado está legitimado para expresarse en los términos que considere dentro de un marco contextual. Y si el aficionado está legitimado a expresarse negativamente, yo como particular también tengo derecho a calificarlos a ellos como crea oportuno. En esta vida no todo vale, no todas las manifestaciones son tolerables.

Algunos presumen orgullosos de que seguirán su cacería insana contra Vinícius hasta que se vaya. Entendemos entonces que no es un tema deportivo, es algo más profundo y que obedece a intereses espurios. Igual podemos concluir con el juicio contra Florentino amparado en lemas tan desagradables como “Florentino deja la galaxia” seguido de una barbaridad. El lema lo hemos podido ver circulando por las redes y repetido en pancartas. Asco. Ni La Galerna ni yo queremos repetir la incalificable pancarta.

Vinícius y Florentino

Destaco a Vini y a Florentino porque son las dos figuras de caza mayor. No nos engañemos, aquí hay un movimiento orquestado para deslegitimar a ambos. No se trata de nada deportivo ni de una cuenta de resultados que enmendar. Aquí hay una serie de muñidores que llevan años esperando su momento. Y también hay muchos peones que se dejan manipular encantados.

Muy pocos de los descerebrados que se expresaron de forma cruenta de veras se creían lo que decían. Quiero creer que no hay tanta maldad en el mundo. Lo que sí observo de un tiempo a esta parte es que nuestra sociedad está llena de personas enajenadas. Y con esto no trata de justificar conductas censurables, pero sí contextualizar un poco el comportamiento inhumano que a cualquier hijo de vecino le debe parecer vomitivo.

Por último, me gustaría dirigirme al crítico bienintencionado. Mira, entiendo tu frustración pero puedes trabajarla. El primer paso es aceptar una realidad: lo normal en el fútbol no es ganar. Y si has tenido la suerte de hacerte del Madrid y aun así te sientes frustrado, te aguantas. El éxito desmedido del club se te ha subido a la cabeza y tienes el juicio nublado. Eres tú realmente el que tiene que cambiar y no reclamar una limpieza de vestuario. Espero haber sido claro. Para todos los demás, feliz semana y recordad la enseñanza de Epicteto: “Hay solo una vía hacia la felicidad: dejar de preocuparte por cosas que están fuera de tu control”.

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