Las mejores firmas madridistas del planeta
  1. Sistema de juego

Segunda jornada de la Champions League y el Real Madrid ha tenido que viajar a Asia para medirse al Kairat de Almatý. Un equipo debutante en la competición europea y que, hasta hace unas semanas, su nombre te venía a la mente por el conjunto de fútbol sala que ha sido campeón europeo en dos ocasiones, aunque son entidades independientes. Futbolísticamente hablando es uno de los equipos más flojos que han llegado a la fase liga de la Champions. En la previa realizaron un trabajo espectacular eliminando al Olimpia de Ljubljana esloveno, el KuPS finlandés, el Slovan Bratislava eslovaco y los escoceses del Celtic. Una de las cosas que más debe temer el Real Madrid es el largo viaje tras el derbi del Metropolitano, porque entre ambas escuadras hay una distancia sideral. De todas formas, Europa es Europa y siempre hay que salir concentrado y no confiado. El técnico Rafael Urazbakhtin utiliza habitualmente un 4-2-3-1 como sistema de juego, aunque no es descartable que busque protegerse más ante los blancos y poner un jugador más en la defensa o en l medio. Como bajas cuenta con las de Zarutskiy, Zaria y Anarbekov. El XI que alinee puede ser parecido al que jugó y perdió en Lisboa ante el Sporting Clube por 4-1. Sería el siguiente: Kalmurza; Tapalov, Martynovich, Sorokin, Luis Mata; Kasabulat, Arad; Mrynskiy, Edmilson, Gromyko; Satpaev.

2- Presión

En los primeros minutos, motivados por el ambiente y la adrenalina, tal vez puedan subir líneas y presionar arriba por si sorprenden a un Real Madrid que haya salido dormido, pero el resto del partido se prevé a un conjunto kazajo en un bloque medio bajo como pasó en Lisboa. La defensa en la frontal de su área, el mediocampo muy junto para no permitir espacios entre líneas y la delantera a varios metros de la medular del terreno de juego. Su idea es acumular hombres, cerrar huecos principalmente por el centro y mostrarse muy solidarios en coberturas. No habría presión intensa ni salidas de zona alocadas para que no se abran grietas en el entramado defensivo. El Real Madrid deberá tener paciencia, mover el balón con rapidez y tratar de desbordar por las bandas para desequilibrar la parcela defensiva.

3- Salida de balón

Un equipo predecible en este apartado que no duda a la hora de sacar el cuero ya sea por bajo o buscando un balón en largo. Lo importante es hacerlo con rapidez y de forma directa. No marean la perdiz. Los dos medios, Kasabulat y Arad, se colocan de manera escalonada y los centrales buscan de manera inmediata a los delanteros que bajan a recibir. Por tanto, se saltan en muchas ocasiones la línea del centro del campo y la conexión es zaguero-punta. En el caso de recibir una presión intensa de los adversarios utilizarán el recurso de los balones largos normalmente con Sorokin y Martynovich como ejecutores. El plan es que los atacantes peleen con los centrales, bajen el cuero y descarguen a los centrocampistas que vienen de cara o prolongue para la velocidad de los jugadores de banda. Una premisa importante de Urazbakhtin será no generar pérdidas cerca de su área que puedan desembocar en ocasiones de peligro para su marco en pocos toques.

4- Parcela defensiva

Los kazajos son un conjunto con debilidades y deficiencias en este apartado. Van a defender más por acumulación y juntar a muchos hombres atrás que por calidad y conceptos defensivos. En Lisboa recibieron cuatro goles, aunque pudieron ser bastantes más. En la primera mitad el equipo se sostuvo principalmente por las intervenciones de su portero Kalmurza. Un arquero muy ágil, rápido y palomitero que en el mismo encuentro es capaz de realizar paradas espectaculares y de mucho mérito y combinarlo con algún error grosero. La pareja de centrales, un bielorruso y un ruso, son duros, expeditivos y agresivos, pero les falta algo de velocidad. Por arriba también se manejan bien. Urazbakhtin pedirá mucho apoyo a su doble pivote formado por el israelí Arad y el kazajo Kasabulat. En las bandas es algo más fiable el lateral izquierdo portugués Mata y si juega Vinicius tiene una gran oportunidad para demostrar su nivel ante el veterano Tapalov. Si el Real Madrid tiene un buen día puede dejar sentenciado el partido en pocos minutos si roba arriba y eficaz de cara al marco porque la parcela defensiva de los kazajos es de las más endebles y frágiles de toda esta fase de la Champions League.

 

5- Aspecto ofensivo

El ataque del Kairat pasa principalmente por la inspiración de Satpaev, su mejor jugador, y del papel que puedan hacer el brasileño Edmilson o el portugués Jorginho, que son sus futbolistas más técnicos con la pelota en tres cuartos. Por las bandas disponen de velocidad con el bielorruso Gromyko y el kazajo Mrynskiy. El peligro está en la conexión que puedan tener Satpaev con Edmilson que suele jugar más atrás y es un buen llegador como demostró en Lisboa. Si en lugar del brasileño parte de inicio el luso Jorginho, también es un futbolista pequeño, hábil, con el centro de gravedad bajo, de buen manejo del cuero, y con capacidad de asociación y visión para filtrar pases. Otro punto en el que intentarán hacer daño a los blancos como viene pasando en este inicio de curso será en los balones aéreos tanto en jugadas de estrategia como en envíos cruzados laterales. El Real Madrid deberá tener especial atención a Edmilson y los dos centrales que pasan del 1,90cm.

6- Estilo de juego

Urazbakhtin apostará por un equipo muy junto, que defienda en bloque medio bajo y que no se complique para nada cerca del área. Su plan será aguantar atrás y tratar de salir rápido al contragolpe a ver si con velocidad sorprenden al equipo blanco. En su escenario ideal deben tener un excelente día en defensa, materializar con éxito las pocas llegadas que puedan tener al área blanca y organizar un verdadero plan de supervivencia ante el caudal ofensivo madridista. También buscarán cortar mucho el juego, que el Real Madrid no progrese y realizar faltas para que el cuadro de Xabi Alonso no coja ritmo de juego a lo largo del encuentro. Es el partido de sus vidas y se dejarán la piel en cada duelo contra los blancos.

7- Hombre clave

El delantero kazajo Satpaev está llamado a ser el mejor jugador de la historia del fútbol kazajo. Tiene 17 años y el Chelsea ya ha echado sus redes sobre él. Solo falta saber cuándo lo incorporarán al equipo blue o lo cederán a otro equipo del continente para que se foguee antes de llegar a la Premier League. A pesar de su edad no le afecta la presión, es el encargado de tirar los penaltis y en la fase previa se echó el equipo a la espalda en varias eliminatorias como la del Celtic. Puede jugar arriba o también escorado a la banda izquierda. Es ambidiestro, posee desborde, velocidad y un gran cambio de ritmo. Otra cualidad muy destacable es su formidable y potentísimo disparo. La pasada jornada en Lisboa ya estuvo cerca de marcar en un par de ocasiones con chuts lejanos. Es un jugador eléctrico. Con ver su técnica, estilo y finalización sabes que tiene talento para el fútbol. En su país incluso lo han llegado a comparar con Mbappé al que tendrá muy cerca en el estadio Central.

 

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Fue un acto magnífico al que asistimos anoche en Roisa Hotel, a unos centenares de metros de nuestro querido estadio Santiago Bernabéu.

El libro (Anatomía de un Negreirato – El juicio que no veremos) escrito por Rafael Gómez de Parada, aka Cuatro Amiguetes en redes sociales, es desde ya mismo una lectura imprescindible para todos los aquellos lectores ávidos de publicaciones sobre el caso de corrupción más grave acaecido en el fútbol mundial, desde que dicho deporte nació hace siglo y medio en la ciudad inglesa de Sheffield.

Anatomía de un Negreirato: Prólogo

Conocíamos ya en parte los primeros capítulos de esta obra, que se publicaron hace unos meses en La Galerna. Se trata a la vez de una obra de investigación, trufada de datos, de enlaces y de referencias, con apariciones de la mayoría de los personajes que han tenido que ver en esta trama bochornosa, aderezada a su vez por unos deliciosos diálogos en un hipotético juicio que, por desgracia, y según el propio autor, nunca se llevará a cabo.

Gómez de Parada inventa un juez, un abogado defensor, un fiscal y una abogada representando al Real Madrid, junto a un jurado popular de 9 integrantes, a cual más variopinto, para dilucidar una posible condena por los diversos delitos juzgados (falsedad documental mercantil y fraude, administración desleal, corrupción entre particulares) tanto a Enríquez Negreira como a los distintos presidentes del FC Barcelona que durante más de 17 años estuvieron pagando más de 8,3 millones de euros al ex vicepresidente del Comité Técnico de árbitros, entre 2001 y 2018, pagos a su vez debidamente documentados por la Hacienda española.

El autor mezcla intervenciones de personajes reales, en cuya boca pone declaraciones auténticas que hicieron en diversos medios de comunicación (citando fechas y medios en los que se publicaron), con momentos antológicos de caricaturización de muchos de los personajes que desfilan por el estrado. De esta forma, vemos pasar por las páginas auténticos esperpentos como Rubiales, Medina Cantalejo, Iturralde o Javier Tebas, pronunciando dichas frases reales. Se describen sus intervenciones con un exquisito tono humorístico, muy propio de la casa. De esta forma, el escritor consigue hacer de su obra, en 20 capítulos, un entretenimiento de 350 páginas que se lee en el transcurso de apenas unas horas, con ese estilo tan personal de Rafa a la vez tan punzante como divertido, satirizando lo que, en definitiva, es un caso vergonzante sobre las bambalinas del podrido fútbol español, con el FC Barcelona en la diana y como protagonista principal. Pocas veces se puede aplicar aquello de reírse por no llorar: el ensayo es de un enorme entretenimiento, pero lo que en definitiva describe no deja de ser una realidad patética sobre un asunto gravísimo que no ha sido ni suficientemente comentado ni por ahora convenientemente castigado, ni por los medios, ni por la opinión pública, ni por supuesto por la justicia.

No desvelaremos los alegatos finales tanto de la defensa como de la acusación, ni la deliberación de los 9 miembros del jurado, tan alejada de la seriedad de aquellos Doce hombres sin piedad de la película protagonizada por Henry Fonda o del magnífico Estudio 1 de principios de los años 70 en TVE, con José María Rodero y un reparto con los mejores intérpretes españoles de la época (Bódalo, Puente, Prendes, Gracia, Osinaga, Merlo, Lemos…). Menos aún comentaremos sobre el veredicto propuesto por Gómez de Parada en el capítulo vigésimo y último de la obra.

Lo que sí diremos es que cualquier madridista o cualquier persona de bien que se niegue a dar la espalda a un escándalo de dimensiones bíblicas como es este caso del FC Barcelona/Negreira, debe ponerse inmediatamente a leer el libro de Rafael Barney, siempre riguroso en cuanto a los datos aportados, a la vez que entretenidísimo como pocos libros en la actualidad. Necesario y placentero. Detallista hasta la extenuación y, al mismo tiempo, resulta ser una lectura fresca y libre para que no olvidemos jamás un caso tan mugriento como este, al que la prensa en su mayoría pretende tapar o desplazar a un segundo plano.

el escritor consigue hacer de su obra, en 20 capítulos, un entretenimiento de 350 páginas que se lee en el transcurso de apenas unas horas, con ese estilo tan personal de Rafa a la vez tan punzante como divertido, satirizando lo que, en definitiva, es un caso vergonzante sobre las bambalinas del podrido fútbol español, con el FC Barcelona en la diana

La edición de Círculo Rojo es impecable, con multitud de fotografías y recortes de prensa, tablas de Excel y caricaturas de todos y cada uno de los 9 miembros del hipotético jurado. La portada además homenajea al célebre cartel de la obra maestra de Otto Preminger, Anatomía de un asesinato (1959), diseñado por uno de los más grandes genios del diseño gráfico de la historia del cine, Saul Bass. Rafael también recuerda la célebre película al bautizar al abogado defensor como Jorge C. Scotto (George C. Scott), al fiscal como Jaime Estuardo (James Stewart) y a la abogada del Real Madrid como Luisa Ramírez (Lee Remick), es decir con los nombres castellanizados de los principales protagonistas de la película.

El acto resultó todo un éxito, en una sala muy agradable del Roiso Hotel, con más de 60 asistentes, y contó con la intervención del editor de La Galerna, Jesús Bengoechea – se ruega no confundirle con un árbitro cuyo segundo apellido es similar y cuyo nombre aparece algunas veces en el libro – para acompañar al autor.

Entre ambos repartieron mandobles a destajo destinados para el club cliente de Enríquez Negreira, el FC Barcelona. Las cámaras de Real Madrid TV, con la encantadora Lucía Heras, también tomaron buena nota – y buenas imágenes - del acto. Hubo además una abundante representación también por parte de La Galerna, ya que además del autor y del presentador pudimos saludar a Alberto Cosín y a Luis Montero, además de al fiel galernauta Yebrita y al mago de las estadísticas, Juanpa Frutos, que recibió una merecida ovación al ser mencionado por Bengoechea. Juanpa aportó muchos datos a Rafa Barney para su obra y, en contrapartida, aparece en su libro como perito de la acusación.

Desde estas líneas le deseamos un gran recorrido y una larga vida a esta obra imprescindible, a la vez de investigación y de puro entretenimiento, que debería venderse y ser leída por cientos de miles de personas. También estamos deseando asistir a la presentación de este libro en el mismo epicentro donde se cocinó esta trama delictiva, en la propia ciudad de Barcelona. Será seguramente durante el mes de noviembre y esperamos contarlo desde allí. ¡Enhorabuena, Rafa! Y muchísimas gracias por tu valentía y por tu enorme memoria, no falta ni un detalle en tu más que certero ensayo.

 

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Buenos días. El Madrid está ahora mismo, de todos los sitios que hay en el mundo, en Kazajistán. Hasta allí ha llegado tratando de huir de sí mismo, que ya es llegar lejos, y de su propia imagen reflejada en no sabemos qué espejo grotesco. El derbi, el puñetero derbi, todavía vibra por desgracia en la memoria, con una inmediatez insultante, con la reverberación grosera de saltos patéticos en busca de un balón esquivo y la alberola del agravio aún marcando la piel. (Se nos acaba de ocurrir que alberola es palabra que suena propicia para designar una suerte de hematoma, un cardenal que duele a la simple presión del índice, como una afrenta).

Todavía vibra el derbi, y nos remite información de lo no visto antes. Koke provocando de la forma más zafia a Vini y Vini respondiendo de manera admirable, por ejemplo. No todo fue horrísono en ese infame 5-2.

Sí, sí, lo que quieras, Mbappé es mejor que yo, pero juega en mi equipo, y por eso vamos a ganar más. Es una respuesta que tiene algo de lenitivo. Nos reconcilia un poco con el mundo esa reacción totalmente desprovista de ego de Vini, que responde a las ordinarieces de un sujeto mediocre con el concepto EQUIPO.

Ojalá sea el síntoma de algo. Necesitamos creer en algo en esta mañana de reconstrucción.

La portada de Marca, que es actualmente  el diario deportivo más hostil con el Real Madrid, tiene hoy un algo prácticamente plausible. Sí, estamos poniendo distancia geográfica con el derbi (6.000 kilómetros) para ver si esta se traduce en distancia mental, en desapego metafísico.

El mapamundi de Marca y sus figuras superpuestas dan para entretenerse en cercanías. La rodilla de Courtois casi se estrella contra Kuwait, y su corpachón de gigante herido oculta algún país de la zona, uno de esos que acaban en -tan. Pero no sabemos cuál es, lo cual es inquietante, como si fuera una reminiscencia de la propia indefinición de un Courtois desconocido que vive bajo el larguero y que es de pronto dolorosamente carnal. Un Courtois que fue siempre -tan sobrehumano y que desde el derbi, de pronto, se nos antoja -tan vulnerable…

Mbappé está flanqueado por Ankara y Siria, lo cual seguramente quiere decir algo también, aunque no tenemos ni idea de qué. A su lado, Huijsen tiene Atenas sobre la oreja derecha. Quizá eso indique que el Madrid deba recuperarse a ritmo de sirtaki, es decir, comenzando de manera lenta y casi renuente para poco a poco ir acelerando el ritmo y acabar en una orgía de dichoso vitalismo, describiendo saltos y giros en el aire. Vinícius tiene el Mar Mediterráneo brotando de la zona de la uretra, lo cual es sin lugar a dudas un augurio del modo en que pronto estará miccionando de nuevo, metafóricamente, sobre la coronilla de sucesivos e impotentes laterales derechos.

La cara de Valverde cae a orillas de Irlanda, lo que inevitablemente nos remite a U2 y aquella canción sobre la necesidad de salir del agujero en tiempos de depresión. El fútbol de Fede está ido, atrapado como parece encontrarse en un momento del que no puede salir. Pero lo hará, jugando como lateral derecho o donde precise el equipo. Lo hará.

I never thought you were a fool

But darling, look at you 

You gotta stand up straight, carry your own weight

These tears are going nowhere, baby

You've got to get yourself together

You've got stuck in a moment

And now you can't get out of it

El rostro de Xabi se nos va prácticamente hasta Reykjavik, capital de Islandia, donde nació la talentosa y siempre intrigante Björk, quien parece, asimismo, tener un mensaje para el tolosarra. A lo mejor, qué sabemos, le conviene deshacer algo de lo hecho últimamente.

It’s not meant to be a struggle uphill

Undo

Undo

If you're bleeding

Undo

And if you're sweating

Undo

If you're crying, darling

Undo

As no ha podido encontrar una foto más fea para su portada. La han buscado, eh. Su intención era sacar a Bellingham no feo, sino horrendo. Se han quedado en feo. No es logro despreciable, por cuanto Jude es un hombre apolíneo. Pero As quería rizar el rizo del feísmo, como si no hubiéramos tenido suficiente de eso el sábado, con la fructífera combinación de salvajismo y brillantez de las huestes cholistas.

Mundo Deportivo abre con una entrevista a Deco, Director Deportivo del club cliente de Negreira, quien se desboca entre el triunfalismo y la faltonería. Todo el mundo quiere jugar, según Deco, en el club que está ahora mismo siendo juzgado por comprarse el sistema arbitral durante un mínimo de 17 años, y quien “no es un ejemplo” es en cambio “el Bilbao”. Todo el mundo sabe que los seguidores del club vasco odian ser llamados “el Bilbao” (Athletic o Athletic Club es la fórmula que prefieren), pero parece que este individuo tiene problemas para encajar la falta de grandeza de su propio club en relación a otros, y por eso se refiere al Athletic Club peyorativamente, con ese matiz despectivo que Mundo Deportivo parece hacer suyo al citarlo.

Sport celebra la renovación del futbolista Bernal por el club cliente de Negreira, y le agradece no sabemos muy bien qué, pero opta en todo caso por hacerlo sin la correspondiente coma del vocativo. Es una rúbrica perfecta al feísmo del día, del fútbol de ahora, del mundo.

Otro día estaremos más alegres, lo prometemos.

O no.

Pasad un buen día.

Actores y actrices de buen nivel hay muchos. Actores y actrices guapos, también. Pero actores y actrices que al mismo tiempo hayan sido grandes profesionales, intérpretes de calidad y además haber tenido una gran belleza, tampoco ha habido centenares de ellos.

En el corto espacio de 10 días, el mundo ha conocido el final de la vida de dos bellezas que llenaban las pantallas con su sola presencia. Dos mitos del cine de los años 60 y 70, taquilleros como pocos. Y ambos, con sus míticas dobles iniciales: CC, Claudia Cardinale (tantas veces compitiendo con BB, Brigitte Bardot, recordemos Las Petroleras, rodada en 1971 en Colmenar Viejo) y RR, Robert Redford.

Quien les escribe estaba enamorado perdidamente de la Cardinale, cuando por primera vez la vio, en un programa doble de los cines de barrio de sesión continua (ya no recuerdo si en el Benlliure o en el Carlton de mi barrio): Cartouche, dando réplica a Jean Paul Belmondo. Como odié a Bebel por tener la oportunidad de rodar junto a CC, pocas veces la siciliana nacida en Túnez estuvo más hermosa que en aquella cinta de espadachines de Philippe de Broca. Luego, claro, ya la pude ver en su primer papel, Rufúfú (I soliti ignoti), recién cumplidos sus 20 años y llenando una película que de por sí desbordaba de estrellas: Gassman, Mastroianni, Totó.

Y luego, siendo musa de Visconti, aquel maravilloso vals con Delon (también te odié, Alain) en El Gatopardo o en un pequeño papel en Rocco y sus hermanos. Claudia visitó —y amó— Madrid allá por 1964, y rodó El fabuloso mundo del circo, cuando Hathaway vació el estanque del Retiro para montar una enorme carpa circense de un espectáculo que regía en la pantalla John Wayne.

Eran los años de las Copas de Europa de Di Stéfano, Gento y Santamaría, y aunque no está documentado que la Cardinale acudiese al Bernabéu, sí que fue a cenar justo enfrente en el restaurante Alduccio, que todavía existe. Y se admiten apuestas a que alguna noche coincidió con don Alfredo, ya que Alduccio era uno de sus restaurantes favoritos. Y desde su terraza se contemplaban las puertas del Fondo Sur, allá donde se marcaban y se celebraban la mayoría de los goles del recinto merengue.

No se le recuerda una única mediocre interpretación a doña Claudia, y dos joyas del western, Los profesionales (Richard Brooks) y Hasta que llegó su hora (Sergio Leone), contaron con su impagable presencia: profesionales como ella hubo pocos, y la música de Ennio Morricone del spaghetti western por excelencia, en el que Henry Fonda da vida a uno de los más perversos villanos de la historia, suena en nuestro estadio cada vez que se produce un minuto de silencio que conmueve a todos los presentes.

Contemporáneo de CC fue RR. Uno se fue a los 89 años, la otra a los 87. Dos estrellas de las que ya, desafortunadamente, quedan poquísimas, por no decir ninguna. Y pese a que coincidieron en el tiempo, e incluso en los mismos años en España (Claudia visitaba regularmente Madrid, amaba Toledo y rodó varias veces en Almería, mientras que Robert pasó largas temporadas a mediados de los 60 en Mallorca y, sobre todo, en Mijas, cuando apenas existía la Cala de Mijas, haciendo sus pinitos hippies como pintor amante de Pollock), jamás rodaron juntos una película y no hay forma de lograr una foto de ambos juntos, ni siquiera en los festivales de Cannes o de Venecia, donde ambos asistieron regularmente.

Redford era un poco como un David Beckham del cine. Su físico era tan atractivo, su simple presencia en un reparto o en una toma ya hacía que todas las miradas, tanto de hombres como sobre todo de mujeres, fueran hacia él. Quizás por ello —solo quizás— nunca fue considerado un actor de leyenda, pese a que tuvo interpretaciones destacadísimas que todos recordamos de memoria. Como Beckham, su bello físico pudo perjudicarle, ya que siempre se le consideró antes como una estrella que como un buen actor.

De hecho, Hollywood le premió con una estatuilla como Mejor director en 1980 (Gente Corriente) lo que jamás logró interpretando (solo nominado como secundario por El golpe). Finalmente, en 2002, levantó un Oscar honorífico por toda su carrera, como actor y como director. Pese a haber protagonizado papeles excelentes como Los tres días del cóndor, Todos los hombres del presidente o Memorias de África, en estas líneas nos quedaremos con su trabajo en una de las películas más madridistas de la historia: Las aventuras de Jeremiah Johnson (1972), dirigida por su gran amigo, Sydney Pollack.

En dicha cinta, recordada como una maravillosa sucesión de postales de Utah (donde más tarde crearía su célebre Instituto Sundance y viviría allí numerosos años, hasta el día de su muerte), Johnson es un aventurero que tiene que luchar contra todo: los elementos meteroológicos, la madre naturaleza, la fauna salvaje, los codiciosos tramperos, las tribus indias enemigas. El film es precioso de principio a fin y, pese a que los paisajes son maravillosos, toda gira en torno a Redford, el cual, en actitud profundamente madridista, se echa a sus espaldas todos los peligros que le acechan, los afronta y, en la mayoría de las ocasiones, sale vencedor de todos los elementos, contra todo y contra todos.

Además, como CC, RR fue siempre un profesional íntegro, director y productor prestigioso (El río de la vida, El hombre que susurraba a los caballos), activista a favor de la protección de la naturaleza sin llegar a ser un talibán intolerante, descubridor de talentos y adalid del cine independiente (a través de su festival Sundance, que tomó su nombre de su célebre personaje de Dos hombres y un destino, the Sundance Kid).

Claudia y Robert, amantes de la España de los años 60, época de yeyés madridistas, perfectos arquetipos de bellos, profesionales y triunfadores. No lloremos por ellos, volvamos una y otra vez a sus películas.

 

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Cuando sobrevuelan las primeras dudas en el Real Madrid de Xabi Alonso tras el violento frenazo del Metropolitano, conviene mantener la cabeza fría, no dejarse arrastrar por el torrente tuitero (siempre presto a la demolición) y repensar algunas ideas. Así que, como propósito de enmienda, podríamos comenzar por un genio de la pizarra y la palabra, el balcánico Vujadin Boskov, entrenador blanco entre 1979 y 1982.

Las costuras expuestas ante el Atlético, al que el Madrid no vence a domicilio desde 2022, apuntan tanto al banquillo —en el planteamiento inicial y las (no) soluciones del técnico tolosarra— como al césped —sobre todo por cuestiones de actitud y rendimiento de algunos jugadores—. Una circunstancia que nos lleva a una de las frases más definitorias y definitivas del pensamiento y la filosofía de Boskov: “Yo no le puedo decir a Pirri, Stielike o a Juanito cómo se juega al fútbol (…) mi trabajo consiste en motivar y acertar con las alineaciones. Los futbolistas son profesionales y conocen el oficio”.

Analizando el planteamiento, lo primero que resaltamos son los nombres, en ningún caso escogidos al azar. Pirri, símbolo inmaculado de raza y presteza, cumplía su última temporada de blanco; Uli Stielike, con 25 años, ya era una referencia del orden y la eficiencia desde el centro o la defensa; y Juanito, eterno verso libre, representaba como ninguno la imaginación, el talento y el corazón. ¿Cómo iba a imponerse ante el capitán del equipo? ¿Con qué argumento reasignaría las funciones al reloj alemán? ¿En qué momento consideraría positivo encerrar en una jaula de órdenes al siete maravilla? “Conocen el oficio”, concluye, inteligente, el yugoslavo, que destaca su no por ello menos relevante función: el acicate y acertar en los planteamientos.

Cuando sobrevuelan las primeras dudas en el Real Madrid de Xabi tras el violento frenazo del Metropolitano, conviene mantener la cabeza fría, no dejarse arrastrar por el torrente tuitero (siempre presto a la demolición) y repensar algunas ideas

¿Le dio un arranque de entrenador a Xabi Alonso al adelantar el ingreso de Bellingham a costa de cambiar el esquema y enviar a la periferia al hasta entonces su mejor hombre en la sala de máquinas, Arda Güler? ¿No encontró las palabras adecuadas antes del partido para que sus huestes salieran ante los rojiblancos como se espera de ellos, a morder antes de preguntar?

El bueno de Boskov, reconocido tanto por su revolucionaria concepción de los entrenamientos —fue el primero que en España le concedió a la pelota una posición preponderante en los ejercicios—, como por su buen manejo de los vestuarios, tenía además una cosa clarísima: para él, los enfrentamientos con los rivales directos (Barcelona y Atlético) valían doble: los tres puntos ganados y los tres arrebatados. Y qué razón tenía.

 

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El derbi de este sábado ha dejado un poso de melancólica impotencia en un gran sector del madridismo, en el cual me incluyo. Lo cual no es óbice para caer en la dicotómica volatilidad de los estados de ánimo en lo que respecta al fútbol y los momentos puntuales.

El Atlético de Madrid ha sido el primer morlaco serio al que se han enfrentado los de Xabi Alonso en esta incipiente temporada, y el resultado ha sido de enfermería, con una cornada de varias trayectorias. Y es por ello que deberían tomarse en consideración algunas cuestiones antes de sacar conclusiones.

No cabe duda de que el equipo entró al partido con una actitud y una falta de intensidad que nos hizo recordar tiempos recientes. Y es precisamente esto, por encima del mal juego, lo que más decepción y preocupación me causaron.

Si vas con todo y el rival es mejor que tú, no queda más que quitarse el sombrero. Puede ser también que esa superioridad del contrario genere un estado de desazón en el ánimo, producto de la impotencia, que se traduzca en una falta de intensidad no premeditada (es aquí cuando muchos aficionados no entienden que la dejadez que ven no es producto de falta de ganas).

Pero este sábado se puso de manifiesto desde el primer minuto que algo no funcionaba. Xabi Alonso ha manejado el vestuario con autoridad pero con buen talante. Ha sentado a jugadores que no estaban acostumbrados a ello y ha intervenido en los partidos introduciendo cambios en distintas fases, dejándonos ver su mano e intensidad en el seguimiento táctico de los mismos.

El equipo entró al partido con una actitud y una falta de intensidad que nos hizo recordar tiempos recientes. Y es precisamente esto, por encima del mal juego, lo que más decepción y preocupación me causaron

Estas cosas son algunas de las que esperábamos y ansiábamos, pues son indispensables para tener a un vestuario activado, encendido, con la intensidad que se había perdido —hasta la vergüenza— en el curso pasado y que son totalmente innegociables. El juego y los automatismos requieren más tiempo y paciencia. A veces llegan antes, otras después.

La salida de Bellingham entre los once de inicio sorprendió. La falta de ritmo fue clara y por momentos se le vio totalmente perdido. El que le ve entrenar todos los días es el entrenador, y no creo que simplemente fuese una apuesta, un brindis al sol. Más cuestionable fue que Güler fuese el elegido para salir del terreno por Mastantuono, en un momento en que el equipo empezaba a descoserse y era necesario controlar el juego. El turco y el argentino han demostrado que mezclan bien y quizás habría sido mejor opción. A partir de ese cambio, el centro del campo madridista estuvo a merced de lo que dictaban Koke y Barrios. Cuando entraron Camavinga o Rodrygo, poco cambió el panorama. Xabi puede equivocarse, faltaría más, y criticar la alineación de Jude es muy fácil a toro pasado.

Por otro lado, la salida de Militão en el descanso, lesionado, también tuvo un claro impacto en la zaga. El primer tiempo que realizó fue de gran nivel y vino a confirmar que este señor, con dos gravísimas lesiones de rodilla a cuestas, está volviendo al nivel de antaño. Asencio estuvo correcto, y la sensación de despiste en Huijsen o Carreras es más consecuencia del buen juego del contrario que de errores puntuales suyos. De nuevo, criticar con el resultado en la mano es facilísimo. Que Sorloth se imponga de cabeza no tiene que ser algo tan descabellado; la facilidad con la que llegaban los centros desde las bandas es más cuestionable. En mi opinión, el hecho de que la defensa se mostrase tan superada tiene mucho que ver con el desaguisado del centro del campo.

Y qué decir de nuestro capitán. Hace menos de un año, Carvajal se reventó la rodilla en lo que parecía su retirada. Verle jugar al nivel que está jugando es impresionante y va a ir a mejor. Su salida y la reubicación de Asencio en el lateral y Tchouaméni de central no hicieron sino enredar más las cosas.

Estamos a comienzos de la temporada y, a pesar del palo recibido, no se puede enterrar todo lo bueno que se vio hasta el sábado

Estamos a comienzos de la temporada y, a pesar del palo recibido, no se puede enterrar todo lo bueno que se vio hasta el sábado. Mbappé está en modo búfalo, Vinícius arroja brotes verdes (el que no lo vea, allá él), Carvajal y Militão parecen de vuelta, y Xabi en ningún momento da la sensación de sentirse abrumado; al contrario. Este martes en Champions es el típico partido que se puede enredar y más después de un resultado como el del sábado. Lo esperable es ganar, pero hay que estar preparados para todo y mantenerse fuertes y unidos.

Y para terminar, hay que destacar algo muy importante. Y no, no son los clarísimos errores arbitrales y la voluntaria inacción del VAR. Aquí lo importante es que el Madrid no se tapa las heridas buscando excusas y poniendo el foco en la acción arbitral. Ni el club ni el grueso de los aficionados. Porque, aun siendo lo del sábado una muesca más en el revólver de las decisiones en contra del club blanco, la grandeza del club está muy por encima de lloros y lamentos. Si las acciones que todos sabemos se hubieran producido en contra de otros, el escándalo hoy, pasados dos días, aún sería monumental.

 

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Perdimos en el Wanda y los vinagres de módena, de vino y de jerez ya exigen dimisiones en masa. El problema no es la derrota, sino la impaciencia de un sector de la afición que confunde al Real Madrid con Amazon Prime.

El madridismo tiene enemigos históricos fuera, pero a veces el enemigo más corrosivo está dentro. Se llama madridista vinagre. Agrio de nacimiento, ácido por vocación. Si el equipo gana, encuentra un pero. Si empata, exige cabezas. Si pierde, convoca un apocalipsis exprés. Y lo peor: se reproduce más rápido que los gremlins mojados.

Perder contra el Atlético en el Wanda duele. Duele como un traspié en la esquina de la cama a las tres de la mañana, duele como recordar a tu ex justo el día de tu boda, duele como morder un bocadillo de calamares y descubrir que son aros de goma del bazar chino. Sí, duele, pero de ahí a pedir la dimisión del entrenador, el exilio de Florentino a Santa Helena y el despido fulminante del guardia de la puerta 56 porque un día dejó pasar a un señor con camiseta rojiblanca, hay un salto lógico que solo el madridismo histérico puede dar con zapatillas de clavos.

Porque eso es lo que somos en ocasiones: histéricos de campeonato. Un día campeones de Europa, al siguiente un solar en ruinas donde hay que dinamitar Valdebebas y levantar apartamentos turísticos. El Real Madrid, para muchos, no es un club de fútbol, sino un servicio exprés de Amazon Prime: “Si no me llegan tres Champions antes del viernes a las ocho, devuelvo el producto”.

Conviene hacer memoria, aunque la memoria sea un bien tan escaso en este club como la paciencia. Entre 2014 y 2024 vivimos una década prodigiosa: seis Copas de Europa, varias Ligas y una colección de noches épicas que harían palidecer a Homero. El problema es que algunos lo han interiorizado como si fuera la dieta mediterránea: lo normal, lo de cada día, lo que toca por contrato. Como quien espera que todos los domingos haya paella y si le ponen lentejas se pone a llorar en el portal.

El Real Madrid, para muchos, no es un club de fútbol, sino un servicio exprés de Amazon Prime: “Si no me llegan tres Champions antes del viernes a las ocho, devuelvo el producto”

Pues no. Aquello fue irrepetible. Una anomalía histórica. El Real Madrid, en menos de una década, logró lo que otros clubes tardarían siglos en soñar. Y ahora, claro, viene la resaca: un equipo muy joven, un entrenador que aún está en prácticas (pero con matrícula de honor en potencial) y un proyecto que necesita lo más valioso del mundo: tiempo.

El tiempo, ese bien que no se vende en el Bernabéu Shop. El tiempo, ese mineral más caro que el oro, el gas o las cláusulas de rescisión de los jugadores del PSG. El tiempo, ese que la afición no concede ni aunque lo regalen en 2x1.

Queremos títulos como si fueran hamburguesas en un McAuto: rápidos, calientes y con extra de gloria. Pero construir un equipo lleva su liturgia: entrenar, crecer, equivocarse, corregir, consolidar. Es un proceso. Pero claro, los que piden tiempo son los mismos que se quejan si en el microondas la pizza tarda más de dos minutos.

Y aquí entramos en el capítulo de nuestros entrañables protagonistas: los madridistas vinagre. Los hay de todos los sabores y denominaciones de origen.

Está el vinagre de módena, sofisticado y cosmopolita, que pontifica desde Twitter como si fuera un sommelier del apocalipsis. Está el vinagre de vino peleón, agrio y tabernario, que sentencia en la barra del bar que “esto con Juanito no pasaba”. Y está el vinagre de jerez, añejo y rancio, que vive anclado en un pasado glorioso y mira con desprecio a cualquier futbolista que no haya nacido en los años 50.

Todos coinciden en lo mismo: llevan la acidez tatuada en el alma. Son incapaces de disfrutar de nada. El madridista vinagre no ve partidos, los sufre; no celebra goles, los cuestiona; no sigue al Madrid, lo fiscaliza.

Lo peor no es perder contra el mejor equipo de Canillejas (eso, al fin y al cabo, entra dentro del folclore), sino ver cómo un sector del madridismo se convierte en enemigo interior. No hace falta que el antimadridismo monte campañas mediáticas: ya nos las montamos nosotros mismos. El Real Madrid pierde un derbi y automáticamente encienden la pira en la Plaza de Cibeles: Florentino en el centro, rodeado de leña, el entrenador atado de pies y manos, y los chavales jóvenes con la cara pintada como si fuesen extras de El exorcista.

El madridista vinagre no ve partidos, los sufre; no celebra goles, los cuestiona; no sigue al Madrid, lo fiscaliza

Pedimos paciencia para todo menos para el Real Madrid. Si un chaval se compra un piso sobre plano, espera cuatro años a que lo entreguen y hasta da las gracias al promotor. Pero si un centrocampista de veinte años tarda más de tres partidos en parecer Modric, exigimos su venta inmediata a la segunda división turca.

La historia, tan olvidada, debería servirnos de consuelo y advertencia. En 1994, después del 5-0 en el Camp Nou, se pedían cabezas con más pasión que en la Revolución Francesa. En 2004, tras caer en Mónaco, había quien quería arrasar la ciudad deportiva a cañonazos. En 2010, cuando nos eliminó el Lyon, se pedía la dimisión de Florentino y la demolición del Bernabéu. ¿Y qué pasó? Que el Real Madrid siempre volvió. Porque el Madrid no es un club que viva en presente continuo, sino una máquina de resurrecciones.

Queremos ser eternos, pero vivimos instalados en el minuto a minuto. Nos proclamamos el club de la historia, pero reaccionamos como si no tuviéramos memoria. Nos vendemos como el equipo de las remontadas imposibles, pero pedimos la cabeza del entrenador tras el primer tropiezo serio. La paradoja blanca es esta: exigimos estabilidad eterna, pero practicamos la inestabilidad como religión. Y ahí, el madridista vinagre (ya sea de módena, de vino o de jerez) se siente en su salsa: cuanto más turbulencia, más disfruta echando acidez sobre la herida.

El Real Madrid necesita tiempo. Tiempo para que los chavales dejen de ser promesas y sean tótems. Tiempo para que el entrenador deje de parecer “demasiado joven” y empiece a parecer “demasiado bueno”. Tiempo para que Florentino termine de armar la última gran obra de su vida deportiva. Y tiempo, sobre todo, para que algunos madridistas entiendan que perder un partido, incluso un derbi, no es el fin del mundo, sino parte del camino hacia volver a ganarlo todo.

Porque el apocalipsis no llega por perder contra el Atleti. El apocalipsis llega cuando el madridismo se convierte en una bodega de vinagres. Y ahí sí que no hay Champions que lo cure.

La paradoja blanca es esta: exigimos estabilidad eterna, pero practicamos la inestabilidad como religión. Y ahí, el madridista vinagre se siente en su salsa: cuanto más turbulencia, más disfruta echando acidez sobre la herida

El madridista vinagre no necesita títulos. Necesita ácido. Un gol en contra y ya prepara la guillotina. Un empate y ya convoca un congreso de salvación nacional. Un mal pase de un chaval de 19 años y ya lo compara con Spasic (el pobre). El Madrid gana y protesta porque no goleó. Pierde y exige refundar el club. Empata y directamente cambia de canal para ver petanca. El vinagre no entiende de ciclos. Vive en el tic-tac del reloj de cocina. El vinagre no celebra Copas de Europa: las contabiliza para usarlas como excusa en su próxima queja. El vinagre no anima: amarga. Un vinagre de módena en Twitter vale por cien. Un vinagre de vino peleón en la barra del bar intoxica a toda la parroquia. Un vinagre de jerez en tertulia de sobremesa amarga la paella entera.

Pero el Madrid siempre ha sobrevivido a sus vinagres, sobrevivió en Chamartín cuando pedían dimisiones en 1948. Sobrevivió al 5-0 del Dream Team. Sobrevivió a Lyon, a Mónaco y a la Séptima que tardó 32 años en llegar. Estoy convencido de que sobrevivirá también ahora. Y va a sobrevivir porque el Real Madrid no es vinagre: es vino gran reserva. El único capaz de madurar con el tiempo y brindar eternamente.

Y mientras tanto, que los vinagres sigan chorreando acidez. El Real Madrid, como siempre, volverá a convertir su amargura en champán.

Me despido como siempre, estos días más que nunca. Ser el Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida. ¡Hala Madrid!

 

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He querido esperar 24 horas para escribir, como recomienda el maestro Álex Ramírez-Arballo, y tener tiempo de empaparme del estado de ánimo del madridismo digital. Del otro no tengo dudas. Pero el de YouTube y sobre todo el de X me dejan claro lo que ya vemos en la sociedad a todos los niveles: infantilismo, necesidad compulsiva de satisfacer los deseos de forma inmediata, ignorancia de la historia, escasa reflexión, militancia ovina.

A los profesionales de las redes los tengo ubicados perfectamente: la moderación, el dolor legítimo y catártico del bendito y querido @RamonAlvarezdeMon, la crítica corrosiva y catastrofista tan rentable de @inakiangulo, mezclando churras, merinas, corderos y lobos, facturando que es gerundio y pastoreando a la legión de descontentos contra el club. El conflicto vende, y despotricar contra Florentino Pérez es un deporte con numerosos practicantes en X. También me alimento de la ecuanimidad y buen juicio de Eduardo Bañón, @FanaticosRealMadrid y de Miguel Serrano, @MiguelSerranoTV.

Dejo aparte a @PepeKollins, pertenece a otra categoría: el madridismo generacional. Kollins pilota su canal con el sentido común que le dan los años de mili y las horas de vuelo en la vida. También merece un apartado específico RMTV, que, sin ignorar el catastrófico partido del equipo y lamentando la debacle, subraya el efecto colateral del Negreirato de baja intensidad que vivimos en el Metropolitano. Es irónico que probablemente sea uno de los medios más serios en el análisis futbolístico de los partidos. Comentarios arbitrales aparte, no nos vende humo sobre el buen juego del equipo cuando perpetramos un atentado contra la historia del club como en el derbi. Obviamente, no va a ejercer una crítica descarnada sobre el entrenador o los jugadores, para eso ya están todos los demás opinadores y los medios subvencionados por ese gran madridista de apellido Tebas. A @pepegh7 no le he visto después del partido. Estará, como todos, masticando cristales y asimilando la derrota desde su oficialismo genético, sabiendo, como sé yo, que la derrota es el único camino hacia la victoria. Sólo puede ganar uno, y el segundo es el primero de los perdedores. Hemos ganado tanto y hemos defenestrado por el camino a tantos rivales, que un poco de paciencia hasta nos viene bien. Imagínense ganar otras tres Champions seguidas u otras seis en diez años... no lo resistiríamos.

Si fuera admisible un símil futbolístico, diría que Ramón es un buen portero. Seguro, fiable, siempre bien colocado. No canta nunca y para lo que hay que parar, a veces mucho más allá de la lógica, como Courtois, como Casillas; Miguel y Eduardo (perdónenme la familiaridad, con todos estos tipos comparto algunos ratos impagables. Son familia). Decía, Miguel y Eduardo son centrocampistas. Miguel es más creativo, organizador, da estructura; su brújula siempre apunta al norte. Toni Kroos. Eduardo es el mediocentro que vigila, que anticipa y que no deja pasar un rival por la línea de contención. Siempre al quite, va fuerte y al balón con nobleza. Calmado, pero contundente. Casemiro.

El conflicto vende, y despotricar contra el Real Madrid es un deporte con numerosos practicantes en X

Iñaki es el nueve. Un killer guadianesco. Tiene días estelares y días para olvidar. Siempre encuentra un culpable de su falta de puntería. El 50% las clava en la escuadra; el 50% se adorna, se pierde, se embolica. A pesar de que no tiene pudor en echar mierda sobre los compañeros, también encaja la crítica. Un Romario en plenitud, capaz de la cola de vaca sobre Alkorta y de acusar de asesinato a su mejor amigo porque se lo dijo una gitana en una noche borrosa en la memoria.

Es lo que nos queda. Líderes de opinión autoempleados ante la escasez de talento, de criterio y de voces libres de los medios formales, que no lo quieren pagar porque no lo necesitan. Sólo necesitan que siga llegando la paguita en forma de contratos de publicidad institucional. Ustedes ya me entienden. Algunos de nuestros influencers son periodistas, otros ejercen adquiriendo los rudimentos del oficio sobre la marcha. Cada uno tiene su formato y su estilo. Todos han canalizado la frustración del derbi a su manera. Ninguno sabe por qué Huijsen y Carreras salieron al campo con las piernas flojas. Por qué Valverde no encuentra su sitio. Por qué Xabi quitó a Güler o alineó de inicio a Jude. Por qué Courtois no salió de debajo del larguero en todo el partido para neutralizar la única arma del rival.

No voy a meterme de lleno en el tema arbitral, bastante se ha dicho ya y todos lo hemos visto: no le sacaría roja a Sorloth por celebrar con su afición diga lo que diga el reglamento, y sí, puede que a nosotros sí nos expulsaran a Vini por lo mismo. No habría pitado falta en el gol de LeNormand que se apoya en Tchouameni para sostenerse en el aire y rematar. Y sí, sé que a Rüdiger le han pitado veinte faltas por lo mismo. No habría pitado el penalti de Güler jamás. Ni a favor ni en contra de mi equipo. La cabeza va al pie, no el pie a la cabeza, como la semana pasada con Mastantuono y el cazador de Kylians. Por supuesto, jamás habría anulado el gol de Julián Álvarez. En un mundo normal, no en esta cosa aberrante que nos está quedando, si el Real Madrid hubiera jugado decentemente y hubiéramos palmado digamos 3-2 siendo ese gol el tercero, simplemente lo habría admirado, como obra de arte que es, de un futbolista excepcional. Y a otra cosa.

Hubo un tiempo en que los derbis eran los partidos del año. Lo del Barcelona es un artificio buscado (y pagado) por generaciones de delincuentes en la presidencia. Nunca fue el enemigo. La rivalidad conciudadana fue históricamente una cosa seria. Algunos lectores serán demasiado jóvenes para acordarse, pero se podía pagar perfectamente la entrada sólo para ver cómo se buscaban Paco Buyo y Paolo Futre o cómo jugaba al fútbol el Atlético de Hugo Sánchez o posteriormente, el de Schuster a las órdenes de Luis Aragonés, con Abel Resino en la portería. El Atlético tuvo grandes equipos.

El tardogilismo y el descenso a Segunda coincidieron cronológicamente con el comienzo del Negreirato y los pagos de ese club del que usted me habla al número dos del CTA. El Atlético, de repente, dejó de ganar títulos nacionales, también le robaron algunos al Real Madrid, mientras empezó a ganarlos el Barcelona con bastante facilidad, fruto de la compra del sistema arbitral en España. Jesús Gil fue muy explícito en una entrevista de 1993 (!), en la que afirmó que "Negreira es el hombre que hace ganar ligas al Barcelona en los despachos". El Barcelona de Núñez ganó cuatro ligas consecutivas entre 1990 y 1994, mucho antes de las facturas. Se sabe que en ese tiempo la constructora de Núñez pagó la hipoteca de la casa de un árbitro, revelado por Lluis Canut, periodista de TV3, para no mentir. Gil debió vivir para declarar en el caso Negreira. Nos habríamos divertido. En 1994 el presidente atlético volvió a la carga explicando lo que llamó "el método Negreira" en el programa de García. El método consistía en la organización de ascensos, descensos y designaciones arbitrales. Todo claro como el agua clara desde 1994.

El Atlético languideció en su paso por Segunda y cruzó el umbral de la intrascendencia hasta la llegada de Simeone, que recuperó al equipo, levantó un par de títulos e instaló incomprensiblemente en el imaginario colectivo rojiblanco la peregrina idea de que no se le podía competir una liga a Real Madrid o Barcelona y que ser terceros era el objetivo realista del club para garantizarse jugar la Champions.

El Cholo

Desde 1903 hasta 2001 el Atlético ganó 22 títulos nacionales. En 2001 bajó a Segunda y cosechó cero títulos hasta la llegada de Simeone en 2011. En diez años un equipo eminentemente copero podría haber rascado alguno... pues no. Con Simeone el club ha ganado dos ligas, una Copa del Rey y una Supercopa, además de cuatro entorchados europeos, dos UEFA Europa League y dos Supercopas de Europa.

Desde su fundación hasta 2001, el Barcelona levantó 37 títulos nacionales: 17 Ligas, 17 Copas del Rey y 3 Supercopas. Entre 2001 y 2011 la cosa pareció mejorar, sin que sepamos explicarlo bien... Sandro Rosell diría que con Messi y Piqué no necesitaban ayuda del CTA, sin embargo, pobres, continuaron pagando porque corromper la competición era una tradición implantada por Núñez. Como dicen Les Luthiers, "la pereza es la madre de todos los vicios y, como madre, hay que respetarla". Todos decidieron honrar las decisiones delictivas del President, porque como President, había que respetarle. 12 títulos en tan sólo 10 años, incluyendo 4 Ligas, 2 Copas del Rey y 6 Supercopas. La cosa se aceleró prodigiosamente entre 2011 y nuestros días: 7 Ligas, 5 Copas del Rey, 5 Supercopas. Todo lo que no sea desposeer a esta gentuza de los títulos comprados con dinero no será justicia.

Los atléticos decidieron ahacer crecer su antimadridismo y educar a generaciones sucesivas en el odio al vecino y en la admiración al club corrupto, en lugar de preguntarse por qué no ganaron algún título más

Pero los atléticos, ay... los atléticos... En medio de semejante aberración estadística, complementada con los saldos arbitrales, ellos decidieron abonar, regar y hacer crecer su antimadridismo y educar a generaciones sucesivas en el odio al vecino y en la admiración al club corrupto, en lugar de preguntarse por qué no ganaron algún título más. Nunca me alegré de una derrota del Atlético hasta que Simeone confundió el deporte y la competición con sus demonios personales y su complejo de inferioridad, a razón de más de 20 millones al año. Hoy ya es imposible recuperar la vieja rivalidad de vecinos. Ni siquiera tenemos ya el Vicente Calderón encima de la M-30 y en la ribera del Manzanares. El Atlético ha tomado partido por la corrupción y se ha sumado al linchamiento del Real Madrid cuando protesta por los atracos sistemáticos del CTA. En un alarde de miseria moral, su director general ha abandonado la Superliga para intentar hacerse un hueco en el aparatchik del fútbol europeo que le permita pedir favores llegado el momento. Cada uno elige en qué ciénaga quiere bañarse.

Dicho esto, se felicita al ganador, se lame uno las heridas como puede y a pensar en el siguiente partido y en el futuro deslumbrante de nuestra colección de chavales (11 menores de 25 años en la plantilla), a los que es posible que todavía les quede grande el uniforme, el Bernabéu, que les pese la historia sobre sus espaldas. Hasta puede que alguno tenga que irse a buscar otro estadio y otra tierra para ser feliz, pero los que se queden llenarán la camiseta, lucirán orgullosos el escudo y saborearán la gloria.

 

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A menudo, me gusta imaginar un mundo paralelo, un mundo imposible y utópico. Soy una soñadora nata. Es un mundo en el que la justicia existe realmente, en el que los gobiernos son honestos y se preocupan por los problemas del país y sus ciudadanos, en el que no existe ningún club de fútbol que compre el sistema arbitral ni corrompa una competición durante décadas, y en el que el Real Madrid es un equipo respetado y admirado en España.

Es un mundo en el que el Balón de Oro se otorga sólo por pura meritocracia.

Una quimera, ya os decía.

Para mí, este premio ya empezó a emitir un extraño olor cuando Michael Owen, jugador entonces del Liverpool, lo recibió en 2001 por delante de Raúl González Blanco. Vale, yo tenía 19 años y mi corazón madridista y enamorado del 7 del Real Madrid no respondía a criterios objetivos. Lo cierto es que ahora que ya peino algunas canas y tengo más conocimiento y temple, sigo sin entenderlo. ¿Había ganado el bueno de Michael una Champions o algún trofeo importante? Ese año el Liverpool había ganado la UEFA. También ganó dos competiciones domésticas, como la FA Cup y la Carling Cup. Pero ya está.

Raúl octava

En cambio, Raúl venía de ganar dos Copas de Europa con el Real Madrid en 1998 y 2000, y ese mismo año había conquistado la liga de su país.

Raro, raro, raro…

En los siguientes años, el Balón de Oro se entregó en ocasiones a jugadores que lo merecían, y sin embargo otros que también deberían haberlo recibido por ganarlo todo con sus clubes y sus selecciones nunca lo ganaron. Como el caso de Andrés Iniesta. Durante un tiempo, la hegemonía Cristiano-Messi lo dominaba todo. Algunas veces lo ganaron justamente porque eran dos bestias, pero otras no fue así y debieron ganarlo otros compañeros. Lo curioso es que el astro argentino aún sigue haciéndolo, cuando ya prácticamente es un exfutbolista. Algo esperado, porque sabemos cómo funciona, pero no deja de ser un escándalo que este “prestigioso premio” fuera entregado en 2023 a Lionel Messi por ganar un mundial en Qatar que prácticamente estaba apalabrado.

A menudo, me gusta imaginar un mundo paralelo, un mundo imposible y utópico en el que el Balón de Oro se otorga sólo por pura meritocracia

Con unos designios cada vez más politizados y amañados, el Balón de Oro fue perdiendo credibilidad poco a poco, pero aún le dábamos cierto crédito.

El colmo fue el año pasado, bochorno mayúsculo al que asistimos viendo cómo, en lugar de entregar el Balón de Oro a Vinícius, quien habría sido justo vencedor por haber realizado una temporada excelsa con un juego magistral y haber anotado 31 goles y 14 asistencias que le llevaron a ganar la liga española y la 15ª Champions para el Real Madrid, decidieron concedérselo a Rodrigo Hernández, jugador del Manchester City.

Por… porque sí. Porque no querían dárselo a Vinícius, porque es del Real Madrid y ellos son el enemigo. Alguien podrá decirme: “¡pero ganó la Premier League y la Eurocopa con España!”. No fue su mejor año ni de lejos.

Si había poca confianza en el premio, eso terminó de dinamitarlo todo. Por eso me cuesta entender que aún haya gente que le dé algún tipo de importancia y credibilidad. Y no, no es por pataleta porque no ganen los míos. Es que, si te paras a reflexionar, no tiene sentido.

Esto es sólo la opinión de una humilde servidora, pero en mi mundo paralelo el Balón de Oro tendría sentido si y sólo si cumpliera estos requisitos:

- Lo organizase una entidad seria. Un organismo europeo o mundial del fútbol que, con sus cosas porque nadie es perfecto y todos cometemos errores y pequeñas irregularidades, fuera una entidad honesta y transparente. Lamentablemente, eso no existe porque la UEFA y la FIFA son corruptas hasta el tuétano.

- Se otorgara un galardón por posición. El fútbol es un deporte de equipo. Por tanto, dar este premio a un jugador único no tiene lógica. Un futbolista es un jugador de dicho deporte. Tan futbolista es un portero como un delantero y no se pueden comparar entre ellos porque no tienen nada que ver. Todas las posiciones son importantes. Si el delantero mete muchos goles pero el portero se las come todas o la defensa es un drama, el equipo es un desastre.  Por eso, se debería otorgar un Balón de Oro por posición: mejor portero, mejor defensa, mejor centrocampista y mejor atacante.

- Lo votaran SOLAMENTE jugadores y entrenadores en activo de las principales ligas europeas. Ni afición, ni medios de comunicación, ni nada. Sólo ellos. Y que no pudieran votar ni a sus compañeros de equipo ni tampoco a ningún jugador de su mismo país.

- Puntuación bien definida y por méritos. La calificación debería estar formada por diferentes parámetros tales como títulos internacionales conseguidos (teniendo más peso siempre una Champions que una EL y un Mundial que una Eurocopa, pero podrían tener la misma puntuación ganar la máxima competición europea a nivel de clubes y a nivel de selección). En segundo plano estaría la liga doméstica. Y, evidentemente, se puntuaría según parámetros individuales como paradas realizadas, pases, goles, recuperaciones, etc, según su especialidad. Las tarjetas amarillas y rojas restarían puntos.

Tarjeta roja

Pensad que hablo de UN MUNDO JUSTO en el que no existen Negreira ni su legado, por lo que el arbitraje también lo sería. De otro modo, con un Real Madrid con más amarillas que nadie recibiendo el doble de faltas que cualquier otro equipo, sería imposible que ningún jugador pudiera optar a recibir el premio.

Imposible, ¿verdad? Ya os decía que era una utopía. El sueño de una madridista romántica e ingenua que piensa que un mundo mejor aún es posible.

¿Qué opináis vosotros?

PD: No quiero despedir mi estreno en este prestigioso medio sin antes dar las gracias. Desde luego, el primero debe ir para @lagalerna_ por aceptar publicarlo. El segundo, a Javier Vázquez (@RmadridDatos), porque en una conversación en un grupo fue quien propuso que escribiera estas líneas, por tanto, gracias a él estoy aquí. A @ClaudiaReznik, reciente supermamá, que alentó a que me atreviera a redactarlo. Y a todos los que día a día me apoyáis en muchas facetas de mi vida y compartís grandes momentos, madridistas o no. Un enorme gracias a todos. Sé que no estoy a la altura de tan ilustres autores, a los que leo cada día, como Antonio Valderrama (@fantantonio), Tomás Guasch (@Guaschcope), Alberto Cosín (@albertocosin_) o Jesús Bengoechea (@JesusBengoechea), pero sé que me vais a perdonar.

 

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Buenos días.

«Se ha quedado un fin de semana para que mañana sea lunes». Genial frase escrita ayer por el galernauta Rafa Moreno que describe a la perfección el sábado y el domingo. Ni fútbol ni canastos ni na de na y el negreirato manipulando el partido de su cliente, para variar. Pero lo bueno, y lo malo, de la vida es que todo pasa, hasta la propia vida, y estadísticamente el Madrid es el club que menos periodos nefastos ha pasado por la sencilla razón de que es el que más ha ganado. Por tanto, como escribe hoy el maestro Guasch en La Galerna: «Yo no cerraría el Madrid. De momento, vamos».

Afortunadamente, siempre hay buenas noticias, y la que vamos a tratar en este portanálisis es el paso adelante que ha dado el Madrid en el caso Barça-Negreira. El club ha aportado en el juzgado diversas declaraciones en las que altos cargos del FC Barcelona confesaban de facto la comisión del delito, según ha anunciado Estrada Fernández en X. Un delito, por cierto, que ya está demostrado desde el momento en el que hay facturas en poder de Hacienda que demuestran el pago del Barça al vicepresidente en activo de los árbitros españoles.

El Madrid se ha presentado en sede judicial con declaraciones de Joan Gaspart, Toni Freixa, Albert Perrín y Alfons Godall. Vamos a recordarlas:

Perrín, vicepresidente de 2005 a 2010: «Mejor seguir pagando o nos perjudicarán».

Freixa, exdirectivo con Rosell: «Todas las juntas lo sabían».

Godalls, exvicepresidente: «En la Federación se cuecen los árbitros».

Gaspart, expresidente: «Si había irregularidades, el presidente lo sabía seguro».

Freixa es uno de los más propensos a sacar la lengua a pasear y ha admitido públicamente extremos como: «Cuando se descubre por parte de la junta, llegan a la conclusión de que es mejor seguir haciéndolo por si pasara algo» y «Eso lo hacen todas las juntas. El Barça, que tiene la característica de que cuando llegan unos suprimen todo lo que se ha hecho antes… esto no se suprimió nunca. Esto pasó de un presidente a otro: Núñez, Gaspart, Laporta, Rossell, Bartomeu…». Blanco y en botella. Perdón, azulgrana y en la trena.

En su escrito, el Madrid afirma que «Al referirse públicamente a los hechos han revelado extremos sin duda relevantes para confirmar el sentido y la finalidad corruptora de los pagos efectuados; y solicitar las diligencias de instrucción que se expresarán para dotar de fehaciencia tanto a la realidad y el contenido de tales manifestaciones como a la vinculación de sus autores con el citado club».

Este paso adelante del club, este endurecimiento en la estrategia judicial es una actitud que los madridistas aplaudimos y llevamos tiempo reclamando. Se cumple lo anunciado por Kollins, quien tras instar a la entidad blanca a adoptar posturas como la que ha llevado a cabo ahora, nos anunció que el Madrid le había contactado para decirle más o menos aquello de Florentino: «tranquilo».

Aunque, como decíamos, el delito está demostrado ya con las facturas al tratarse de un ilícito de mera actividad —simplemente que un club pague al número dos de los colegiados ya es ilegal en sí mismo—, es necesaria la presentación de estas pruebas para sustentar aún más la denuncia, porque sabemos que la tendencia del sistema es exonerar al FC Barcelona.

Ya se maniobró en el CSD —el Gobierno— y en la RFEF para asegurar las prescripción deportiva y Tebas se apresuró a vocearlo a los cuatro vientos. Tanto presidente como líder de la oposición quitaron hierro al mayor escándalo deportivo de la historia. Los estamentos futbolísticos no han depurado a las personas de aquella negra etapa. Y los medios se afanan en no cumplir con su obligación, silenciar todo lo referente al asunto y no denunciar los flagrantes conflictos de intereses que aún se dan en el pútrido fútbol español. Por tanto, todo empuje es poco para lograr que se cumpla la ley, algo que suena ridículo pero que por desgracia no es tan habitual.

Los antimadridistas han reaccionado como esperábamos: “el Atleti les mete cinco y sacan a Negreira como cortina de humo”. No. Nunca hemos dejado de recordar que el Barça pagó millones de euros al vicepresidente del CTA durante décadas sin haber sufrido sanción alguna por ello. No hemos parado de pregonarlo ni cuando ganábamos ni cuando perdíamos ni cuando empatábamos. Y no vamos a parar de hacerlo hasta que sean condenados y cumplan el correspondiente castigo (sin amnistía de por medio).

Os dejamos con las portadas del día, hoy relativas a Márquez, ganador de otro Mundial de MotoGP. No las comentamos porque nos parecía más relevante el asunto que hemos tratado, pero felicitamos a Márquez, como no podía ser de otro modo.

Pasad un buen día.

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