Esta noche tenemos cita con la Vecchia Signora. El Santiago Bernabéu recibirá a una Juventus de Turín que no atraviesa su mejor momento ni en lo deportivo ni en lo institucional. No obstante, el partido invita a sacar nuestras mejores galas porque asistiremos a un encuentro disputado por la verdadera realeza europea. Siempre da gusto enfrentarse contra equipos históricos y rememorar tantos duelos de altísimo nivel por el cetro europeo.
En la rueda de prensa previa al partido, preguntado por el nivel de la plantilla, Xabi Alonso comentó lo siguiente: “Vamos en línea creciente y pensando que podemos competir de manera constante. Es una plantilla completa, con jugadores modernos y dinámicos, y potencial para desarrollarse”. La visión del técnico es muy acertada. Si bien tenemos una plantilla con grandes efectivos, nuestros jugadores tienen mucho margen de crecimiento. Lejos esto de ser un impedimento, es un gran aliciente. El futuro es de los que arriesgan.
Llega el primer puerto de montaña de la temporada. Tras el último encuentro liguero contra el siempre rocoso Getafe de Bordalás, se suceden Juventus en casa y Fútbol Club Barcelona para el próximo domingo. Siempre asaltan dudas de si el equipo coronará con éxito el Tourmalet, este año no iba a ser menos. Lo cierto es que no hay respiro porque se sucederán Valencia, Liverpool y Rayo Vallecano. Este final de octubre será tan correoso como las dos primeras semanas de noviembre. Los pupilos de Xabi Alonso demostrarán de qué pasta están hechos.
Volvemos a nuestra amada Champions tras una nueva oleada de improperios nacionales. En la última jornada liguera cosechamos el odio del antimadridismo. Al parecer, le sorprendió al personal que se les expulsara a jugadores que pararon de forma antideportiva a Vinícius Júnior. ¿Qué pretenden con esta última campaña de desprestigio? Ni los más tontos del lugar pueden comprar la mercancía averiada.
Queremos construir un fútbol mejor y liderarlo con nuestro propio ejemplo. En este proceso mantenemos nuestra educación y nuestras formas
Finalmente se ha cancelado el Villarreal-Barça que se iba a disputar en Miami, lo cual suponía una evidente adulteración de la competición. El Real Madrid está abiertamente frente a Tebas y sus desmanes. Es verdad que nuestros rivales están cada vez más conectados en un frente común cuyo máximo objetivo es darnos por saco. El desgaste puede ser tremendo, pero esta es nuestra obligación moral. Entiendo que muchos aficionados no vean con buenos ojos la política de acción del Madrid. Por ejemplo, para muchos no es buena idea incomodar al CTA con vídeos en la televisión del club. Creen que si ya es difícil de por sí sacar adelante los partidos con una organización que nos detesta, darles más motivos puede ser nocivo para nuestros intereses.
El caso es que nos encontramos en esa trinchera infinita en la que muchos combatientes de la Primera Guerra Mundial permanecían largas semanas padeciendo las de Caín. Puede resultar desagradable pero creemos firmemente en nuestros ideales. La peor batalla es la que no se da, no podemos entregar las armas.
Liberarnos de nuestros enemigos exige paciencia y tiempo. ¿Es mejor ganar la guerra o solamente una batalla? Queremos construir un fútbol mejor y liderarlo con nuestro propio ejemplo. En este proceso mantenemos nuestra educación y nuestras formas. Brillamos por nuestro fútbol y por una forma de conducirnos en el deporte.
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Tercera jornada de la Champions League y visita el coliseo merengue un clásico europeo como es la Juve. De nuevo el Real Madrid tendrá un rival con gran cartel al igual que sucedió en el estreno contra el OM. Los bianconeri no llegan en buen momento, pero seguro que vienen dispuestos a cortar su mala racha, y qué lugar mejor que el Bernabéu. El pasado fin de semana perdieron con el Como en el Scudetto y en la Champions ocupan la 23ª posición con dos puntos. Tudor cuenta con una baja clave en defensa, como es el brasileño Bremer, y también con Cabal, Zhegrova y Pinsoglio. Xabi Alonso tiene fresco todavía el enfrentamiento en el Mundial de Clubes en el que los blancos eliminaron al conjunto italiano. En su último encuentro contra el Como, cambió un poco el equipo y no salió demasiado bien, por lo que se espera que vuelva a una línea de tres centrales en lugar de cuatro defensas atrás. Por ello, su esquema sería de 1-3-4-2-1 con Di Gregorio; Rugani, Gatti, Kelly; Kalulu, Locatelli, Koopmeiners, Cambiasso, Conceiçao, Yildiz y David.
A Tudor le gusta presionar a los rivales que tienen una defensa con cuatro atrás, pero es cierto que en los últimos encuentros, por ejemplo en Villarreal, no se vio una presión tan agobiante como en otras ocasiones. Tal y como llega la Juve, no sería de extrañar que apostase por una disposición en bloque medio sin una presión arriba que ahogue y busque recuperar ante los centrales rivales. La razón es que si el Madrid salta la primera línea de forma sencilla se encontraría un equipo largo, con distancia entre sus hombres y así las posibilidades de hacer daño sin el plantel compacto son mayores. Es probable que la Juve espere al Madrid, junte líneas y se mueva en un espacio de terreno corto en lugar de ir arriba a la presión.
Un apartado interesante y que tendrá bastante importancia a lo largo del duelo. Si el Real Madrid se decide a presionar arriba como acostumbra, la Juve es un equipo con alternativas para sacar el cuero jugado desde atrás y armar el ataque. Si la presión es al hombre, a sus centrales y centrocampistas, se puede ver un pase en largo para que David en el juego directo luche con los centrales para bajar el balón. Las otras opciones son sacar el balón jugado, principalmente con Rugani y Gatti, o que directamente retrase unos metros Locatelli para recibir y desde ahí iniciar la transición defensa-ataque. La Juve tiene jugadores con buen pie, claridad para salir de la presión y calidad para evitar pérdidas en lugares peligrosos. Será una bonita batalla táctica.
El técnico croata sigue sin dar con la tecla y es una de las razones de tanto cambio. En Como probó la línea de cuatro y tampoco le dio resultado. En Villarreal acabó sacando un empate, pero tampoco la defensa dio muestras de solidez, eficacia y contundencia. Todo indica que retorna a la idea principal de tres centrales para acumular hombres, cerrar las bandas con dos carrileros y contar con la ayuda del doble pivote. En un aspecto donde sí son fuertes es en el juego aéreo, con tres centrales con centímetros, especialmente Gatti. En el calcio sus números son siete dianas encajadas en siete encuentros, y en Champions todavía peor, con seis en dos partidos. Es complicado ver a la Juve dejar el marco a cero y es un hándicap importante cuando llegas al Bernabéu y ante un Real Madrid con tanta pólvora arriba.
La Juve es un equipo con mucho talento individual, velocidad, desborde y gol. La plantilla es más amplia gracias a los últimos fichajes y en ataque cuentan con diferentes variantes, tanto de inicio como desde el banquillo. Los dos jugadores de banda son auténticos diablos, con el turco Yildiz y el portugués Conceiçao. Arriba está siendo titular David, aunque sigue dejando algunas dudas. Pero es que en el banquillo cuentan con gente como Vlahovic, Openda y Kostic. Es baja el kosovar Zhegrova, que ya se salió contra los blancos el año pasado con la camiseta del Lille. Las dos bandas son puntos a vigilar por su factor desequilibrante. Ambos buscan siempre diagonales para asociarse cerca de la frontal del área o el disparo de rosca al segundo palo. David tiene potencia y gol, aunque es un jugador más de rachas y destellos que regular. Como casi siempre ante el Real Madrid, el peligro a balón parado será un arma del rival que dispone de cuatro o cinco rematadores peligrosos en las jugadas de estrategia.
Equipos cortos, compactos, intensos y equilibrados es lo que busca el librillo de Tudor, aunque en la Juve lo está consiguiendo a ratos y no cada fin de semana. En el Bernabéu es muy factible que abogue por transiciones muy rápidas tras recuperar el cuero y que su equipo haga daño con espacios a la contra. Alternan el juego corto o en largo, pero siempre con velocidad, verticalidad, buscando con celeridad el saltar las líneas de presión y en los últimos metros meter una marcha más. Le dará campo y balón al Real Madrid para tener, tras recuperar, huecos para correr y ser muy directos. El Real Madrid debe tratar de finalizar jugadas y no sumar pérdidas en las circulaciones para evitar que la Juve se lance rápida y vertiginosa arriba.
El turco Yildiz es el jugador diferencial de esta Juve. Si tiene su día puede desequilibrar un partido él solo por su calidad. Un futbolista muy a tener en cuenta y que sigue en constante evolución. Juega volcado a la izquierda, pero es diestro. Por ese carril desborda con su gran regate, es eléctrico con su velocidad y zancada y es decisivo por su disparo, uno de los mejores del continente. Si tiene tiempo para armar el golpeo es potente y preciso y lo envía con bastante facilidad a cualquiera de los dos ángulos. Todavía le falta un poco de continuidad en su juego, porque puede desaparecer en tramos del choque o pasar más inadvertido de lo normal si no es su mejor tarde.
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Buenos días, amigos. Cada país exporta aquello que produce bien y en abundancia. Alemania vende —o vendía— coches; Francia, perfumes; Bélgica, chocolate; Suiza, relojes; Holanda, tulipanes. España, en cambio, exporta corrupción, que es lo que mejor fabrica. Además, es una corrupción sostenible, inclusiva, con perspectiva de género, resiliente, de proximidad, eco-friendly y con denominación de origen. Esta vez, sin embargo, el cargamento con destino a EEUU ha sido devuelto por la aduana. El comprador se ha olido que la mercancía estaba adulterada. De modo que no habrá corrupción en Miami (al menos, de momento).
As y Marca lo anuncian en la franja superior.
Como todo lo que ocurre en este esperpéntico país, el desenlace tuvo tintes berlanguianos. Fernando Roig Nogueroles se encontraba en Manchester chupando un piti de plástico en el palco del Etihad viendo cómo palmaba su Villarreal contra el City, cuando leyó en el móvil la noticia de la cancelación. No le había avisado nadie. Roigito montó en cólera e hizo aspavientos. Puro goce para los sentidos.
🚨 No habrá Villarreal - Barça en Miami.
🎥 La reacción de Fernando Roig Negueroles, en exclusiva en @MovistarPlus.@sguasch #UCL #LaCasaDelFútbol pic.twitter.com/UlubwCbsD8
— Fútbol en Movistar Plus+ (@MovistarFutbol) October 21, 2025
Llama la atención esta reacción tan airada, ¿no decía el Villarreal que ellos no iban a cobrar nada?
Quien no había ocultado que el partido de Miami iba a suponer una fuerte inyección económica para su club había sido Laporta, que en la asamblea del Barça afirmó que la merma de ingresos debida a jugar en un campo de los pinypon como el Johan Cruyff se vería compensada con lo percibido por disputar un partido en los USA. Es decir, el FC Barcelona iba a ser compensado económicamente a costa de todos (la liga). ♫Miami me lo canceló ♫, probablemente bailara anoche el presidente del Barça, que a pesar del disgusto seguramente no perdonara la salida nocturna.
Anoche Tebas sufrió una intoxicación de realidad, se embriagó de mundo real, y no pudo articular ningún tuit hasta esta madrugada, cuando los síntomas ya habrían disminuido y solo quedaban abierto los afters.
UNA OPORTUNIDAD PERDIDA PARA EL FUTBOL ESPAÑOL.
Hoy el fútbol español ha perdido una oportunidad para avanzar, proyectarse al mundo y fortalecer su futuro.
Se invoca la defensa de la “tradición” desde una visión cerrada y provinciana, mientras las verdaderas tradiciones del…— Javier Tebas Medrano (@Tebasjavier) October 22, 2025
Nosferatu Tebas habla de «visión cerrada y provinciana». Sí, él, el mismo que se opone con todo su ser tanto al nuevo Mundial de Clubes como a la Superliga. No tiene vergüenza, sin embargo, coherencia tampoco.
Dedica un fragmento a culpar al Real Madrid de Florentino —su obsesión— de que el Barça se comprara las competiciones españolas durante décadas vía pago al vicepresidente de los árbitros: «Se apela a la “integridad de la competición” desde quienes llevan años cuestionando esa misma integridad, presionando a árbitros, a gobernantes, construyendo relatos distorsionados o utilizando la presión política y mediática como herramienta deportiva».
Curiosamente, cuando se conoció públicamente lo que él ya sabía, el caso Barça-Negreira, no escribió ninguna parrafada en contra de la adulteración de la competición ni censuró el mayor escándalo deportivo de la historia. Simplemente se apresuró a afirmar que todo estaba —lo habían— prescrito.
A Tebas, Laporta y Roig les ha ocurrido lo que a la lechera en el cuento, se les ha caído el cántaro con forma de cerdito-hucha y han perdido los dineros. Vaya por Dios, qué lástima más grande.
Además de la humillación del de Fuerza Nueva, al Atleti el Arsenal le metió cuatro, el Villarreal palmó contra el City y Courtois ofreció la mejor rueda de prensa que se recuerda en años. Thibaut, verdadero capitán sin brazalete.
Sobre el tema de Miami, el meta, antes de conocerse la cancelación ya lo había resumido a la perfección: «Adultera la competición. Luego es fácil hablar de la NBA, NFL... La NBA tiene 82 partidos y luego se juega un playoff que no cambia nada. En la NFL votaron los dueños de todos los equipos. Aquí LaLiga lo mete ellos porque les sale de ellos. Adultera la competición y no cumple con el convenio de los jugadores. Debemos jugar en casa y fuera. No es igual jugar en casa que fuera. Jugar fuera de casa en Liga es muy complicado como nos ha pasado contra la Real, el Getafe. El Villarreal fuera es difícil».
Pero el espectáculo había comenzado antes. A la pregunta de la «mano blanca» insinuada por Laporta, Courtois sacó el asunto Barça-Negreira en una rueda de prensa de Champions, con medios internacionales y en víspera de un partido contra la Juve, club que sí ha sido sancionado cuando ha corrompido el campeonato: «Laporta dice lo que tiene que decir. El caso Negreira... Nunca he notado que nos han favorecido, más bien lo contrario». Ojalá en todas las comparecencias mediáticas los representantes del Real Madrid sacasen a relucir el asunto Barça-Negreira hasta que el club azulgrana sea sancionado como merece.
Prosiguió poniendo a Tebas en su sitio cuando le cuestionaron por la censura de la Liga y de los medios apesebrados a las protestas de los futbolistas contra el partido en Miami: «No sé qué os sorprende, hace contestaciones públicas, en redes... No he visto nunca a un presidente de una Liga hablar así. Ocultarlo y además cambiar de porque estamos protestando es censurar y manipular y es grave». Perfecto, que el mundo conozca a Su Excelencia el Generalísimo Tebas.
Pero la cosa no quedó ahí, el mejor portero del mundo también tuvo tiempo para defender a Vinícius: «No es fácil. Con 18 años, muchos de vosotros os habéis burlado de él». Por fin un compañero de profesión ha defendido a otro del acoso sufrido por la prensa subvencionada.
Los chicos de Tebas de Barcelona llevan en su portada el 6-1 del Barça a Olympiacos. Cómo sería la magnitud del robo sufrido por los griegos, que Mundo Deportivo califica como «rigurosa» la expulsión de Hezze. Recordemos que fue él quien sufrió la falta y no quien la cometió. Parece que el compadreo de Laporta con Ceferín y el que juega al pádel con los de Marca está dando ya sus frutos.
Esta vez no habrá corrupción en Miami. Al menos por ahora. Dentro de poco, inventarán una nueva manera, porque la gente ha de mantener su nivel y modo de vida.
Antes de irnos, recordad, esta noche: Madrid-Juve. En La Galerna recibiréis cumplida información antes, durante y después del partido.
Pasad una excelente jornada. Cada día que pasa es un día menos para librarnos de Tebas.
Mientras el grueso de la opinión pública, adicto a las polémicas artificiales, se centra en maquillar de forma inexplicable —o, pensándolo mejor, de forma totalmente explicable— la acción de Nyom sobre Vinícius, los focos esquivan lo relevante. El verdadero tema que debería ocupar tertulias, columnas y desvelos no se está tocando con la hondura que merece, a pesar de que el elefante lleva paseándose por la habitación desde hace más de un año. El encuentro de Getafe constituyó la enésima prueba: el Real Madrid, ese equipo que a menudo vive entre lo sublime y lo absurdo, entre la orquesta sinfónica y el solo de batería improvisado en un garaje, continúa huérfano de un director. La vacante lleva sin cubrirse desde junio de 2024. Desde que Toni Kroos no está, el eco de su ausencia resuena más fuerte que cualquier protesta de banda o que cualquier controversia inflada mediante la burda selección de las repeticiones más ambiguas.
Este hueco no se mide en estadísticas ni en highlights, sino en el pulso invisible del partido, en esa cadencia que antes se modulaba con un cambio de orientación en diagonal, un mandar a parar o un toque que convertía el ruido en orden. El Madrid perdió, hace año y pico, bastante más que un futbolista: perdió su metrónomo, su sentido del tiempo. No es solo que falten sus pases; es que falta su pausa. Falta esa respiración intermedia, ese segundo suspendido en el que el rival se desordenaba mientras él, con solo perfilarse, recolocaba las piezas del tablero. Kroos no jugaba al fútbol: más bien lo editaba a su gusto, como esos realizadores perversos tratan de hacer con el relato. La virtud del alemán no era correr, sino detener el tiempo para que los demás supieran hacia dónde debían correr. Ahora, el equipo se atasca igual ante las defensas cerradas, pero, cuando hay espacios, su impaciencia acumulada se traduce en una ansiedad contraproducente: temeroso de no tener otra oportunidad, suele acabar precipitándose, víctima de la confusión entre intensidad y sentido.
Los reemplazos no terminan de cuajar, cada uno por distintos motivos. Camavinga, en aquellos ratos en que las lesiones le permiten pisar el verde, intenta gobernar el caos como sabe: nunca disminuye la entropía y la aceleración, sino que trata de cabalgarlas a lomos de su energía. Sin embargo, cuando el contrario cierra líneas y embarra, cuando el duelo exige pensamiento y paciencia, su fútbol continúa alimentándose en exceso de la fe y del entusiasmo: potencia sin brújula. Tchouaméni, por su parte, es otra cosa. Sólido, serio, innegociable en el corte, pero incapaz de girar el juego con la naturalidad de quien ha nacido para ver el campo desde arriba, no desde dentro. Donde Kroos veía ángulos, Tchouaméni ve obstáculos. Y, por otro lado, al bueno de Aurélien le sucede como a Valverde: el abnegado compromiso de ambos los convierte en chicos para todo, condenados a parchear, esparcidos entre varias posiciones alejadas de aquellos roles en los que sus virtudes destacarían más.
Quizá Ceballos sea lo más parecido que queda en la plantilla para esa búsqueda de armonía. Tiene el compás, tiene la intención, tiene incluso el cariz de artesano capaz de buscar el detalle en medio del desorden. No obstante, carece de algo que Kroos tenía grabado en el ADN: la capacidad de elevar el nivel de su juego cuando el ruido del escenario es ensordecedor. En los encuentros grandes, donde el balón quema y el aire pesa, Ceballos aún mira de reojo al precipicio. El utrerano necesita subir ese escalón invisible que separa al buen músico del director de orquesta.
Kroos no jugaba al fútbol: más bien lo editaba a su gusto, como esos realizadores perversos tratan de hacer con el relato
Y luego está Güler, que no pretende dirigir la sinfonía, sino irrumpir en ella. Más cercano al mediapunta clásico que al centrocampista total, su fútbol es incisivo, casi pictórico: traza líneas hacia adelante donde otros dibujarían círculos. Es luz valiosísima en los últimos metros, pero a la lámpara le falta una ménsula que le permita aguantar los envites del medio campo. Aporta chispa antes que control, es pincelada antes que trazo. En un equipo que necesita estructura, Güler ofrece inspiración. Bendita, aunque insuficiente de momento. Desde luego, tiene potencial para desarrollarse como cerebro, si bien el Madrid no puede garantizar el tiempo que requiere su transformación sin resultados simultáneos que llevarse a la boca.
De modo que, mientras se resuelve el concurso-oposición, el equipo parece condenado a vivir entre fogonazos: la genialidad de Bellingham, el empeño de Valverde, la pegada de Mbappé, la furia intermitente del actual Vinícius. Sin un hilo conductor constante. Hoy no hay quien pida la pelota y decida cuándo acelerar y cuándo dormir hasta que el rival se desespere antes de que lo haga el público del Bernabéu, sacando a relucir ese bisbiseo implacable de espera. Porque Kroos, en sus mejores tardes, se permitía hasta dirigir el murmullo de la grada.
Mal haría el madridismo en postergar este debate para ponerse a seguir a esos flautistas de Hamelin que prefieren minimizar golpes, inventar, fabular o escribir tratados de urbanidad a cuenta de los gestos de Vinícius, renegando de repente del hasta ayer alabado cancherismo del “Esto es fútbol, papá”. Es más fácil discutir la superficie, pero más útil analizar el vacío. En mi opinión, el problema del Madrid no está en las piernas sino en la cabeza: en la falta de una mente que piense el juego desde dentro, que lo ordene, que lo calme, y que guíe a un grupo de futbolistas merengues cuya calidad técnica a menudo supera su capacidad de discernimiento de la mejor elección. Una mente que convierta en sinfonía la jam session. Al fin y al cabo, pese a que la metáfora filarmónica pueda parecer demasiado manoseada, fue Xabi Alonso quien prometió el regreso del rock&roll. Y, aunque a veces el ruido resulte excitante, algunos no podemos evitar echar de menos la música.
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Muchos de ustedes quizás recuerdan la película “Misery”, basada en una novela de Stephen King, allá por 1991. La trama de la historia era sobre una lectora apasionada sobre los libros protagonizados por una tal Misery. Bueno, más que apasionada, se podría decir que enfermizamente obsesionada sobre dichas novelas y sobre ese personaje. No haremos spoiler al escribir que al principio de esta historia, a la lectora, Annie Wilkes -magníficamente interpretada por Kathy Bates, que obtuvo aquel año el Oscar a la mejor actriz principal -, no se le ocurre otra idea mejor que secuestrar al autor de sus novelas favoritas, Paul Sheldon - espléndido en su papel también James Caan –, a fin de que escriba para ella una nueva historia sobre Misery, a quien el autor quería mandar al baúl de los recuerdos.
Al recordar dicho larometraje, me ha llegado a la mente la enfermiza obsesión, rayando con el acoso permanente, que tiene el mandamás de La Liga, Javier Tebas, con el Real Madrid. Ambos, Tebas y Annie Wilkes, proclaman a todas horas y a los cuatro vientos que adoran y son fans declarados de quien, a cada momento, no paran de acosar, molestar y vituperar.
Annie adora a Sheldon, pero le secuestra, le maltrata, le agrede sin parar, supuestamente porque le adora como escritor y como creador de su personaje favorito.
es preferible la actitud de la protagonista de Misery, que está para que la encierren en un manicomio, pero que actúa realmente por amor y por pasión, antes que la actitud de Tebas
Tebas, aunque no se lo pregunten, empieza con aquello de que es seguidor desde siempre del Real Madrid, pero no pierde nunca la ocasión ni la oportunidad para criticar a su presidente y a la entidad, ya sea por los vídeos de RMTV, por los derechos televisivos, por la Superliga o por el partido de Miami.
Por momentos, es preferible la actitud de la protagonista de Misery, que está para que la encierren en un manicomio, pero que actúa realmente por amor y por pasión, que la actitud de Tebas, detrás de cuyas declaraciones bélicas contra el Real Madrid siempre se percibe la sombra de algún interés sórdido para su propio beneficio y su propia pompa.
Misery es una novela de terror, la película también lo es – y más que notable, posiblemente la mejor adaptación de King a la gran pantalla –. Pero el bochorno de asistir casi a diario a las declaraciones de Tebas, que en un 90% de los casos tienen como destinatario negativo al Real Madrid, hacen de sus frecuentes apariciones en chiringuitos o tertulietas auténticas escenas de terror – además de dar verdadera vergüenza ajena –. Es un terror que supera con creces a cualquier película que vayan a ver ustedes, próximamente, en Halloween.
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Confesado o no, un libro encierra siempre un propósito. Y el último de Posteguillo, Los tres mundos, tercero de su saga sobre César, nos deja una doble llamada que merece la pena subrayar y guarda cierto paralelismo con el Madrid y su ADN.
De un lado, el autor de novela histórica más vendida de España repara en un hito no siempre observado en toda su dimensión, la construcción de un puente entre los ríos Mosela y Rin. Sucedió en el contexto de la guerra de las Galias, cuando el general romano, con el doble objetivo de sortear el obstáculo de la naturaleza e infligir un golpe moral a los enemigos germanos, encargó a Vitrubio la quimérica misión no sólo de hacerlo, sino de lograrlo en diez días.
Y lo consiguió. Y los romanos pasaron, intimidaron, y ganaron. Pero no sólo eso, y aquí viene lo más audaz de la operación: dos semanas después del prodigio, César ordenó destruir el puente como demostración de que únicamente ellos podrían volver a levantarlo. Se conocen pocas demostraciones de poder más aplastantes en la historia.
La segunda idea fuerza del libro desmiente una perfectamente anquilosada en el imaginario colectivo. Las Galias, el territorio que encumbró a César, no se circunscribía únicamente a Francia, sino que se extendía por lo que hoy es Bélgica, Holanda, parte de Alemania y el norte de Italia. Así que podemos concluir que el hombre que terminó con la república oligárquica romana y cambió el sino del mundo occidental conquistó Europa (o gran parte) antes de regresar a su origen para celebrar el merecido triunfo.
Por tanto, tenemos Europa y una hazaña que sólo un actor histórico es posible de protagonizar. ¿No les suena? Seguro que si les menciono términos como ‘noches mágicas’ o Bernabéu ya terminan de apuntar el tiro hacia las remontadas del Madrid (Salva Martín: "El Madrid convierte lo paranormal en cotidiano" - La Galerna). Y es que, como en el caso de la osadía de César, lo más asombroso para propios e inquietante para extraños de los milagros blancos -desde el de Derby (1975) hasta el del Bayern (2024)-, no reside en su capacidad de lucha hasta el final. Ni siquiera el desafío a la razón de los goles in extremis. Sino que radica en la conciencia de que sólo el Madrid es capaz de bailar sobre la cuerda, regresar de donde los muertos y desafiar al más incrédulo. Porque remontar no es parte de su vida, sino su vida misma.
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Es solo una teoría. Pero están pasando tantas cosas raras en el fútbol español que una más no va a convertirlo de repente y como por ensalmo en un deporte noble. De hecho, siempre fue un deporte de rufianes, todo lo contrario del Rugby, históricamente practicado por caballeros. El fútbol español está regido como negocio por un empresario irresponsable, muñidor y consentidor de tropelías, gobernado por mandos federativos sucesivamente corruptos y arbitrado por jueces de cuya neutralidad se duda desde los noventa. Dudábamos mucho antes de tener acceso a las contundentes evidencias del saldo arbitral. El dato objetivo dice que la competición se alteró en beneficio de ese club del que usted me habla. Sus directivos han confesado que pagaron por neutralidad, sin especificar qué pretendieron al cuadruplicar los pagos. Probablemente, quisieron obtener mucha más "neutralidad".
El fútbol español seguirá siendo un estercolero. Y seguirá albergando lo más degenerado y maloliente de la sociedad: la envidia, el odio, la política, la corrupción. El máximo ejecutivo de LaLiga seguirá siendo un sujeto zafio, imprudente e impulsivo, incapaz de dirigir un negocio más complejo que una administración de Lotería.
LaLiga, es decir, Javier Tebas, no sabe cómo salir del embrollo en el que se ha metido con el partido de Miami entre el Villarreal y el Barcelona. Corre por sus venas sangre baturra. Será arrollado por el tren, pero jamás se apartará de la vía. Sabemos que el Villarreal cobrará en especie. LaLiga (o su patrocinador, tanto da) sufragará el palizón de viaje para los aficionados que quieran presenciar el excéntrico capricho de Tebas en manga corta, cuando en España estemos a 10 grados. También sabemos que el Barcelona, quién lo dudaba, cobrará en cash. El propio Joan Laporta lo ha afirmado en su habitual paseo triunfal en la Asamblea Ordinaria de socios del pasado domingo, de estilo Castrista esta vez. El evento tuvo una duración de once horas catorce minutos, con pausa para comer. Como es costumbre, se anestesió a la parroquia culé telemáticamente (el acto no fue presencial) para evitar preguntas incómodas cara a cara, entre aprobación y aprobación de cuentas, de deudas, de trolas.
No sabemos cuánto cobrará el Barcelona, pero según Laporta, compensará la falta de ingresos por los dos partidos jugados en el estadio Johan Cruyff. Considerando la diferencia de aforo con Montjuic y un precio medio de 80 euros por entrada, estaríamos hablando de un caché mínimo de 7 millones de euros. Calderilla, para el lío en que se ha metido Tebas con el resto de clubes.
en un escenario optimista veo que tal vez los árbitros se están rebelando contra el CTA, convencidos de que por el camino de la prevaricación para complacer a lo que queda del conglomerado corrupto, no van a ningún lado
Parece que algo se está moviendo en el arbitraje español. Expliquenme, sin acudir a fenómenos paranormales, el arbitraje del domingo en el partido de nuestro equipo con el Getafe en el Coliseum. El partido transcurría en slow motion, con el Real Madrid transitando por el campo minado de Getafe, con poco fútbol y muchas interrupciones. Todo era previsible hasta que saltó al césped Vinicius José Paixao de Oliveira Júnior, para encender la mecha de la revolución.
Vini encaró, buscó la banda y al lateral Kiko Femenia con insistencia, siendo totalmente consciente de su superioridad frente al defensor. Tal fue la magnitud de lo que se veía venir que Bordalás, probablemente el entrenador más astuto del fútbol español, hizo saltar al campo a Nyom, para tratar de contener las percusiones de Vini. Duró 40 segundos sobre el césped. El primer desmarque de Vini fue interceptado con una llave de judo por el francés, derribándolo con una pierna y con el brazo izquierdo. Vini al suelo. Ippon y roja directa.
A diferencia de otras ocasiones, Vini permaneció impasible ante la lluvia de insultos y desprecios desde la grada. Más tarde, sobre el césped, Álex Sancris, desquiciado y torpe, le dio una inofensiva patada de impotencia, por detrás y sin balón. Segunda amarilla y a la caseta. Por primera vez desde que el brasileño llegó a LaLiga, para sorpresa general, el árbitro sancionó y amonestó a sus rivales en lugar de llamarle la atención a él por celebrar un gol, rodar por el suelo dolorido tras una embestida o por levantar los brazos pidiendo justicia. Vini consiguió sacar de quicio a todo el mundo durante la media hora que le dio Xabi, Bordalás incluido. Dominó el partido. Desconectó al rival y a su entrenador aplicándoles su propia medicina. Le faltó coger el balón y ponérselo bajo el brazo, como hacía Cruyff: "Aquí se juega cuando yo diga".
Ahora resulta que es muy grave que un futbolista le tome el pelo "made in Turkey" a un entrenador al que le va la marcha. Hemos convertido el fútbol en un fenómeno woke. Miguel Rico me recordó la otra noche que Luis Aragonés llamó a un jugador rival desde la banda para decirle "es usted más feo que un dos caballos" y de propina: "mire si es usted tonto que le llama el entrenador rival y acude". De usted. La educación ante todo. Como dice Bordalás, "es fútbol, papá". Era fútbol. Pero Vini no puede decirle a Bordalás que había hecho un gran trabajo sacando a Nyom a defenderle. El futbolista más diesel de LaLiga, con 37 años, marcando a uno de los delanteros más rápidos del mundo, con tremendo uno contra uno. A Bordalás le escoció la derrota, pero no le dio ni la más mínima importancia al tema. La prensa subvencionada por Tebas, sin embargo, encontró un filón. Tienen para días de clickbait con Vini. Otra vez.
Vuelvo al carril. Mi teoría tiene dos variantes: Primera, en un escenario optimista veo que tal vez los árbitros se están rebelando contra el CTA, convencidos de que por el camino de la prevaricación para complacer a lo que queda del conglomerado corrupto, no van a ningún lado. Negreira era un síntoma, la causa es un ecosistema (LaLiga, Mediapro, RFEF, CTA) que favorece la corrupción. Podrían estar separando su destino del final del CTA (sálvese quien pueda), que no parece demasiado halagüeño. Podrían haber decidido pitar, por fin, lo que ven, sin dejarse condicionar ni por los señalamientos de RMTV, ni por las acusaciones de corrupción, ni por la tibia defensa de sus jefes, que los mandan al matadero o a la nevera semana tras semana, con criterios desconcertantes. El problema no es RMTV, el problema es que están entre la espada y la pared. Ya no está Negreira, pero nada ha cambiado. Son víctimas de sus jefes y de los clubes, el eslabón más débil. Podrían haber decidido, secretamente, volver a ser jueces en lugar de sicarios del silbato. El arbitraje de Munuera nos dejó estupefactos. O hay rebelión o gato encerrado.
La segunda trayectoria de la teoría, la del gato encerrado, es menos esperanzadora y tal vez una paranoia mía, no lo niego; pero es que estos ojos de Nexus 6 han visto cosas que no creeríais. El arbitraje de Munuera en el Coliseum podría ser parte de un plan. Una coartada anticipada de nuevos atracos, que demostrarían que el CTA sigue arbitrando los partidos por control remoto. Decisiones a la carta, desde el césped y desde el VAR. Manipulación de la competición ya no por los pagos directos, sino por los anticuerpos contra la ética que genera un sistema podrido. El enemigo es quien intente eliminar la infección. Este plan añadiría premeditación a los arbitrajes terroristas y anularía mi tesis buenista sobre la rebelión de los colegiados en defensa de sus puestos de trabajo. Argumentario: "¿va a decir RMTV algo sobre arbitraje de Getafe?”, “no decíais que los árbitros no protegían a Vinicius?
Desactivada la queja tras un memorable (por normal) arbitraje, el primero esta temporada, tienen la excusa perfecta para ningunear las críticas si nos dejan con diez en el primer tiempo del partido del domingo, porque el protegido ese día sabemos de sobra que no será Vini. Espero equivocarme.
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El domingo por la noche, el Madrid ganó al Getafe por la mínima, que es como más se saborean estas victorias en la charca liguera. Bordalás, que tiene fama de duro, salió llorando en rueda de prensa. «Vinicius no me puede provocar así», se quejó el inventor del Esto es fútbol, papá, lema del neo-catenaccio contemporáneo y prohombre de la filosofía del fútbol macho. Todo porque el 7 del Madrid le dijo, en tono de chacota, «buen cambio» en cuanto Nyom, expulsado nada más salir, embocó rezongando el túnel de vestuarios. Vini, que salió desde el banquillo, forzó, nada más entrar, una amarilla a Kike Femenía, que era el lateral derecho del equipo local. En seguida Bordalás recurrió a Nyom, un bigardo con antecedentes, para frenar a Vinicius. Con lo que, con la roja instantánea del recién llegado, Vinicius logró que Bordalás no sólo perdiese un hombre sino a sus dos laterales derechos y la estabilidad emocional del equipo en menos de cinco minutos. Acto seguido llegó el gol de Mbappé.
Así que Vinicius, casi sin tocar el balón, decidió él solo el encuentro.
Da la sensación de que Vini, por fin, tras un año largo de bajada a los infiernos, se ha rehecho y no sólo eso. Parece que está logrando transformar su punto débil, la irascibilidad y la facilidad para entrar al trapo, en una fortaleza. «Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo», dejó escrito Tsun Tzu en El arte de la guerra, «serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas».
El genio chino de la estrategia también escribió que «la mejor victoria es vencer sin combatir» y recomendaba «llevar a los enemigos a un punto del que no puedan salir, y morirán antes de poder escapar». Los autores intelectuales del atentado moral del balón de oro del año pasado conocían bien al público español, por no decir al pueblo español. Que, hoy, siente inclinación por la villanía y se muestra, ante todo, cruel y bajuno con el débil, con el doliente y con quien se expone a corazón abierto ante el mundo. Sabían muy bien el tsunami de mezquindad que la humillación del balón de playa supondría para el adalid del Madrid multicampeón moderno y al que Vinicius quedó inerme desde el siguiente partido. Las consecuencias, alineadas con la difícil mezcla con Mbappé, quedaron a la vista durante toda la anterior campaña. Da la impresión de que la cosa está cambiando.
España es un país triste y Vinicius es una estrella alegre. Es una gran noticia que este manicomio a cielo abierto no pueda enterrar a semejante supernova
Vinícius desquició al Getafe aprovechándose de que los rivales estaban avisados contra él. Utilizó sus trucos contra ellos. Sabía que lo estaban esperando y lo encontraron. Pero esta vez no fue la pelea infantil de un muchacho desesperado contra cien mil becerros en estado de exaltación, sino un sutil toreo de muleta con el que el 7 blanco, con su sonrisa por bandera, toreó patadas, puñetazos, provocaciones e insultos, que se volvieron, como un boomerang, en contra de quienes lo lanzaron.
El detalle revela un trabajo psicológico de fondo. La verdad es que resultaba imprescindible pues había un riesgo real de que Vinícius interrumpiera su carrera, siempre ascendente, y se enfangara en una guerra mercadotécnica que no fuera sino un callejón sin salida. Dos cuestiones esperanzadoras, y no menores, del Madrid de Xabi Alonso hasta el momento, son la evolución de Vinicius hacia una versión abenzemada de Mbappé y la toma de galones de éste, tan natural como aceptada en apariencia por los demás. Ya no compiten por los espacios, que parecen repartidos (a la izquierda, el 7, en la bombilla del ataque, el 9) ni por la jerarquía (Mbappé es un primus inter pares) y además Vinicius está recuperando olfato, colmillo e influencia en el juego aislándose de la atmósfera hostil.
Algo semejante ocurrió hace años con Cristiano Ronaldo y a la postre se puede decir que el portugués utilizó todo el odio de un país para alimentar sus ganas de ser el mejor. Ese era el camino, ya estaba marcado, y parece que Vinicius lo está entendiendo. La buena operatividad de sus dos mejores jugadores, más aún, de sus dos superestrellas, es un espaldarazo a un equipo todavía cogido por alfileres que va ganando sus partidos más por efectividad que por estilo.
Lo que no deja de resultar obsceno es que Vini siga siendo, para un país ofendido y humillado por su clase política cada día de cada semana de cada mes de cada año, como echar sal en una herida. Quizá no pueda ser de otra manera, quizá su sonrisa de niño feliz y sin complejos incida en un trauma social muy hondo cuya raíz principal sea la tristeza. España es un país triste y Vinicius es una estrella alegre. Es una gran noticia que este manicomio a cielo abierto no pueda enterrar a semejante supernova.
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Buenos días. La Champions League ya está aquí. Bienvenido sea el soplo de aire fresco que representa en nuestras vidas futboleras.
La Champions es un extraño milagro. Está regida por la UEFA, organización de características esencialmente truchas, pero que ha querido y sabido evitar que esa corrupción se filtre al estamento arbitral. Los árbitros en competición europea se equivocan como cualquiera, pero no se observan patrones ni tendencias sospechosas, y las instituciones no guardan un bochornoso contubernio con los medios a través del cual se crean estados de opinión y se demoniza a según quién, por ejemplo a Vinicius, a la par que se trata de disfrazar de robo cualquier actuación arbitral justa hacia el Madrid. Porque digámoslo ya: el otro lado, en España, no considera que el Madrid merezca justicia arbitral. Lo veremos con un brutal ejemplo dentro de pocas líneas.
El caso es que el Atlético de Madrid juega hoy contra el Arsenal en Londres, en partido de Champions. ¿Qué es el Atlético de Madrid?, puede que se pregunten nuestros lectores. Es una pregunta legítima, pues su respuesta más honesta no es del dominio público, pero antes de responderla vamos con las portadas del día, íntegramente consagradas a la Champions del club cliente de Negreira y del propio Atleti.
Volviendo a la pregunta anterior, podríamos definir el Atlético de Madrid como un club de fútbol cuya propiedad está en manos de unos tipos que se lo adjudicaron por apropiación indebida, aunque el delito prescribiera, y cuya razón social sociológica (valga la redundancia) reside cada día más en el odio al Real Madrid, a pesar de que existan honorables ejemplos de colchoneros que no odian al vecino. Parece que, dentro del colchonerismo, es predominante la corriente cholista, denominada así en honor a su actual entrenador, Diego Pablo “El Cholo” Simeone.
—Entendido. Por curiosidad, ¿qué opina el cholismo sobre el asunto Negreira?
Magnífica pregunta. Habría que preguntar uno por uno, pero diríamos que el grueso de los atléticos rabian ante el hecho incontestable de que fuera el FC Barcelona, y no el Real Madrid, quien sobornara a la cúpula arbitral española durante un mínimo de 17 años. Si el culpable del escándalo hubiese sido el Real Madrid, ello habría abonado su narrativa, según la cual los colegiados favorecen al equipo blanco desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, no es el Madrid, sino el gran rival del Madrid, quien lo hizo, lo que les agarró con el pie cambiado.
Ese pie cambiado se tradujo, para algunos, es un silencio bastante vergonzante. Para otros se tradujo en algo más vergonzante aún: dado que el club cliente de Negreira es el único capaz de hacer sombra al odiado enemigo, apoyan secretamente los pagos al vicepresidente arbitral llevados a cabo por el aliado azulgrana.
¿Secretamente? No siempre, cuidado. La furia desinhibe, y la (errónea) percepción de que Munuera Montero había pitado a favor del Madrid en Getafe les inoculó tal cantidad de bilis que algunos desvelaron con luz y taquígrafos su apoyo al contubernio. A lo mejor conviene empezar a estudiar una nueva tendencia o tribu urbana: el negreirismo cholista.
A esa escuela de pensamiento (¿?) parece pertenecer Ramón Ramos, tertuliano de Intereconomía que al término del partido del domingo noche se descolgó con este incalificable trino.
Ahí lo tenéis. ¿Qué os parece? (no nos referimos a la chocante falta de ortografía). “Poco pagaban”. Hay que tener tragaderas para digerir el que alguien, alguien que ni siquiera es a priori culé, aplauda el hecho de que el FC Barcelona se comprara el sistema arbitral durante décadas. Es más. No solo le parece bien. Le parece que “poco pagaban”.
Si es por eso, Ramón Ramos puede estar tranquilo, porque son abundantes los testimonios de directivos culés (Freixa, Perrín) revelando que los pagos comienzan ya en la presidencia de Núñez. Los 8’4 millones en 17 años es solo lo que está documentado con facturas. Es solo la punta del iceberg.
De manera que Ramón Ramos puede estar tranquilo. Pagaron más. Pagaron mucho más.
Mañana esperamos (sin mucha fe, la verdad) poder traer a esta sección opiniones (y gente) más edificantes.
Pasad un buen día.
Chamartín. Alta velocidad. Dos carteles: coches 1 a 3, por la fila de la izquierda; del 4 en adelante, en tres filas por la derecha. Los miembros de la tripulación de Iryo que leen el QR del billete están dispuestos en la cabecera de las cuatro hileras humanas, pero solo comienzan a dar paso a la fila preferente. Los demás trabajadores esperan de pie sin hacer nada unos minutos. Coche 8, asiento 16, apenas un rato más de cola.
De momento no hay nadie al lado. Bien. Me quito las gafas de miope, sin ellas puedo leer y ver el móvil con claridad. A cambio, vislumbro las caras de los pasajeros de manera difusa, como el Ecce Homo de Borja recién restaurado. Pero ¿qué importan los rostros de quienes viajan en el vagón? ¿O acaso sí?
Brrrr-brrr. Vibra el móvil. «Paco, ¿te acuerdas de esta foto? ¿Recordabas que Gonzalo Miró sale en ella?». WhatsApp de Jesús Bengoechea.
En la estación de Cuenca suben dos señoras. Cuando van a tomar asiento delante de mí, comprueban que hay un hombre mayor que se había cambiado allí desde su asiento original del otro lado, el izquierdo. «Disculpen, ya me quito. Me había sentado aquí porque me daba el sol».
La más joven de las mujeres, ya en edad de jubilación, alaba la comodidad de los asientos, pero comenta con su compañera el inconveniente que supone viajar a contramarcha mientras se levanta e intenta girar la butaca entera 180º. No puede.
«Sí recuerdo la foto, pero es la primera vez que veo a Miró ahí», respondo a Jesús.
Este Gonzalo Miró está en todas partes —pienso—, goza de una ubicuidad no vista desde hace dos mil años. Ha invadido las emisoras de radio, ha colonizado todos los platós de televisión y ahora también aparece en una foto antigua. Un momento, quizá… no, imposible.
El hombre usurpador de asientos, ya en su plaza, graba con el iPhone por la ventanilla. También el interior del vagón. Después trastea con el aparato, quizá para enviar el vídeo a alguien.
A ver si Gonzalo Miró… Nah. Nada, nada.
El señor del iPhone lleva un dispositivo de esos que permiten hablar por el móvil sin colocárselo en la oreja. Su tono de voz es potente, al igual que su afición por conversar telefónicamente de manera pública.
«¿Has visto el vídeo, hija? No está mal el Iryo este, podéis invitarme a más viajes cuando queráis. Me gusta más el AVE, pero este es mejor que el AVLO».
Asiento mentalmente, el AVLO es incómodo. A pesar de ser nuevo, parece que uno viaja sobre un martillo hidráulico. El traqueteo es tal que hace muy complicado trabajar con el portátil a bordo porque el puntero del ratón se mueve más que los precios, como decía Chiquito. Además, suena un zumbido continuo similar al de conducir por carretera con las ventanillas traseras del coche abiertas y las delanteras cerradas.
Yo creo que Gonzalito Miró no estaba en la foto de Villar, Calderón y Cerezo. Me resisto a darle credibilidad a un pensamiento que me ronda. No tiene sentido. Y si… No, abandona esa idea, loco.
Se me había ido el santo al cielo cuando el móvil vibra de nuevo. Es Jesús. Bengoechea, me refiero. «¿Puedes enviarme una foto de la última Gala de La Galerna? ¿Una en la que salgamos Joe, Ramón, Emilio y yo?». «Ahora mismo», respondo.
Comienzo a pasar fotografías con el dedo. Esta —me digo sin hablar—, aquí salen los cuatro. Un momento. Agrando la imagen como quien alisa las arruguitas de un mantel con los dedos. ¿Este de la derecha no es…? ¿Cómo narices va a serlo?
Siento un vértigo helador. La señora de delante recrea la vista sobre un pantano que se atisba desde la ventanilla. Quizá le recordase sus tiempos mozos. El señor usurpador sigue perturbando el silencio con sus conversaciones telefónicas. ¿De verdad es él? ¿Está en la foto de la Gala de La Galerna?
¿Lo haría para dinamitar el acto, para emponzoñar nuestros recuerdos? ¿Cómo no nos dimos cuenta? A no ser que…, pero eso es imposible.
De repente, nos cruzamos con un tren en sentido contrario a toda velocidad: ¡fíun! «¡Coñe!», exclama a la par que respinga la señora mayor de delante.
Y así, al compás del chacachá, del chacachá del tren, extraigo otra vez el móvil del bolsillo. «Champions Milán 2016», busco en Google. Scroll. Ramos con la copa. Cristiano quitándose la camiseta. Zidane manteado… A ver, una coral. Esta. Ay.
Me pellizco para comprobar que no estoy en mitad de un sueño. Bebo agua. Muevo los piececicos. No parece que esté dormido. Es real.
Afortunadamente nadie ha ocupado el asiento de al lado, donde descansa mi mochila. Saco los auriculares. Quizá escuchando un poco de música pase esta pesadilla. Venga, me pongo el Sergeant, que hace siglos que no lo escucho. Cuando llegue el bodrio ese indio de Harrison lo paso y arreglado.
A Day In The Life es un prodigio; Lucy, una delicia; When I’m Sixty-Four, una pequeña joya. Una lástima que entonces no se incluyesen los singles en los LP y Strawberry Fields Forever/Penny Lane quedase fuera. No es el disco que más me gusta, pero su importancia radica en múltiples aspectos. Entre ellos, su portada. Quizá sea buena idea echarle un ojo mientras lo escucho, así me distraigo.
Descargo una foto, voy ampliando cabezas mientras intento acertar de quién se trata. Algunas personas son sencillas, otras no tengo ni idea. Voy de izquierda a derecha. Poe, Marilyn, Fred Astaire… Esas son fáciles. Tarzán está debajo. Varias que no conozco. Anda, no recordaba que estuviese Marx. Y encima de Karl… ¡Ay!
Empiezo a emparanoiarme. Me descorcho los cascos de las orejas. El señor del iPhone sigue hablando a voces por teléfono. Ahora cuenta batallitas de cuando trabajaba en su empresa.
Pienso en algún acontecimiento donde no pueda estar. Busco imágenes del 23-F. Reviso decenas. Me voy tranquilizando. No hay nada raro. Una me llama la atención, en la vista previa del buscador distingo a un joven Bono que parece mucho menos acaudalado que ahora.
La descargo para verla entera.
¡Ahí está también! Abajo a la derecha. Y encima parece estar tomándoselo a cachondeo.
Ahora me acaloro, con sudores fríos. Sensación de irrealidad acrecentada por lo borroso que veo todo más allá del móvil. Pero parece real. Acaba de pasar un azafato con el carrito de la comida y la bebida. Sin gafas apenas veo su silueta, pero el uniforme rojo de Iryo es inconfundible.
Megafonía. Musiquita. Voz femenina. «¡Hola! Estamos llegando a… Valencia Joaquín Sorolla, final de trayecto. Por favor, tengan cuidado a la hora de desembarcar con el espacio entre coche y andén, y recuerden llevar consigo todas sus pertenencias. Iryo y todo el equipo de asistentes esperamos que el viaje haya sido de su agrado y deseamos verles de nuevo pronto a bordo. Muchas gracias». Silencio. Musiquita. Voz masculina. Habla raro. «Jelou! Güilbi jagüer nagüer destineision…». Sí, es el mismo mensaje de siempre, esto es de verdad.
Apenas restan unos minutos para llegar. Navego medio paralizado por las noticias para encontrar alguna explicación a este sindiós. Me tiemblan las manos. Apenas acierto a pulsar donde quiero. No encuentro nada.
Hasta este momento, me he negado a dar pábulo a la idea, pero cada vez hay más pruebas. Gonzalo Miró ha invadido nuestro pasado. Me río de mí mismo. Es una majadería, una insensatez. Tremendo dislate es imposible, sí, ¡mas las fotos están ahí!
Tranquilo, piensa en otra cosa —me digo—. Busco algo totalmente ajeno al asunto. Comienzo a leer un artículo sobre la visita de Kissinger a Carrero Blanco para, entre otras cosas, comunicarle el malestar de EEUU con el proyecto Islero, programa cuyo objetivo era desarrollar una bomba nuclear española. Al día siguiente, asesinaron a Carrero. Una foto ilustra la pieza. Parece normal. Un momento. Ese de la izquierda…
¡Es el colmo! ¡¿Dónde diantres no está Gonzalo Miró?! ¡Solo falta que estuviera en La última cena! Acalorado, busco el fresco de Leonardo en Google.
Taquicardias. Accedo al álbum familiar de fotos en la nube. Gonzalo Miró está mi boda, en mi divorcio, en la comunión de mi primo, ¡hasta en la ecografía de mi hija! ¡No puede ser!
El tren reduce su velocidad, se acerca a la estación. Los viajeros empiezan a bajar sus maletas de los compartimentos superiores. Lo mejor será ir a tomar una tila cuando baje del vagón.
El tren se detiene. Guardo el móvil y me pongo las gafas. ¡Noooo! El señor del iPhone tiene la cara de Gonzalo Miró. Las dos señoras mayores de delante tienen la cara de Gonzalo Miró. El azafato del carrito tiene la cara de Gonzalo Miró. Todos los viajeros del vagón tienen la cara de Gonzalo Miró. Miro por la ventanilla y todas las personas del andén tienen la cara de Gonzalo Miró.
Saco el móvil, me quito las gafas. Me enfoco con la cámara frontal. Yo también soy Gonzalo Miró.
Fotografías modificadas con IA