El Real Madrid femenino venció (2-1) al Rosenborg mediante una remontada en el partido de vuelta de la última ronda de acceso a la Women’s Champions League y, gracias a un resultado global de 5-1, estará en la fase de grupos de la competición continental. Caroline Weir y Athenea del Castillo anotaron los tantos blancos tras el gol inicial de Emilie Nautnes.
Del Real Madrid femenino se ha dicho y escrito mucho en sus tres años de vida. A menudo y sin quererlo, la sección más joven del club se ha visto envuelta en debates que escapaban al análisis del desempeño de sus jugadoras en el campo. Fútbol femenino sí o no, equipo con o sin aspiraciones, sospechas sobre los méritos de sus futbolistas… de todo se ha hablado. Quizás no importe, ni deba extrañar, considerando la repercusión del Real, siempre y cuando se escudriñe del mismo modo el anverso de la moneda. Y en él lo que ya hay grabado son dos participaciones en la Copa de Europa, de dos posibles. Un éxito rotundo.
Anoche en el estadio Alfredo Di Stéfano, tras haber dejado en la estacada al Manchester City antes de golear al Rosenborg en su feudo, el equipo de Alberto Toril volvió a ganar para certificar el objetivo que le había sido asignado. Quedaba lidiar con el partido de trámite —bestia mitológica en la mente de cualquier aficionado blanco— y pronto quedó confirmado que el viaje aún tenía en su trazado alguna curva cerrada.
Toril repitió el esquema y la mayoría de piezas con las que salió a disputar el partido de ida en Noruega, a excepción de la aparición de Lucía Rodríguez en el lateral diestro y de Maite Oroz en la mediapunta. El Rosenborg, que no varió nada, tampoco alteró su entrada al duelo: fuertes al choque y decididas a la presión en cuanto el Madrid optaba por jugar hacia atrás. Su apuesta no tuvo fortuna frente a su público, pero el esfuerzo se vio recompensado en Madrid.
Del Real Madrid femenino se ha dicho y escrito mucho en sus tres años de vida. Quizás no importe, ni deba extrañar, considerando la repercusión del Real, siempre y cuando se escudriñe del mismo modo el anverso de la moneda. Y en él lo que ya hay grabado son dos participaciones en la Copa de Europa, de dos posibles. Un éxito rotundo
El partido había empezado vivo, alegre y suelto, tanto que el marcador se movió antes de cumplirse el diez de juego. Por la banda de Sofie Svava, algo errática, la extremo Synne Hansen ejecutó los pasos del manual de instrucciones clásicos de su demarcación, buscando el centro al área en cuanto la danesa le dejó espacio suficiente. Mientras tanto las centrales madridistas, que todavía andaban tomándole la medida a su par en el área, llegaron tarde a la internada voraz de Emilie Nautnes y la delantera visitante celebró el gol que tanto llevaban buscando.
El 0-1 —y la extraña sensación de que la eliminatoria seguía controlada— le sentó fatal al Real Madrid. Unas y otras se fueron contagiando con cada acción fallada y con cada movimiento sin colmillo, por lo que desde el banquillo Alberto Toril intentó alterar la dinámica cambiando de posición al tridente que arriba escoltaba a Esther González. Maite Oroz pasó a la izquierda, Athenea a la derecha y Caroline Weir se hizo con el enganche. Aun así, los fogonazos de luz que producían las tres cuando se hacían con el balón no eran suficientes para iluminar el camino, y en nada ayudó la lesión desafortunada de Sandie Toletti en un mal apoyo.
¿Era definitivamente uno de esos partidos en los que los dioses del fútbol se empeñan en llevarte la contraría? Sí, lo era. Ocurre sin embargo que, en tan poco tiempo, el Real Madrid ha ido vistiendo de blanco a una serie de futbolistas de las que gustan en el Bernabéu: aquellos —aquellas— que se plantan cara a cara frente al destino y lo retan con una sonrisa de medio lado. Athenea y Weir, no cabe duda, nacieron para jugar en el Real. Entre las dos resolvieron el partido en Lerkendal y ahora, al borde del descanso, combinaron dentro del área cuando el tiempo se agotaba para redescubrir el camino al gol.
El Real Madrid ha ido vistiendo de blanco a una serie de futbolistas de las que gustan en el Bernabéu: aquellos —aquellas— que se plantan cara a cara frente al destino y lo retan con una sonrisa de medio lado. Athenea y Weir, no cabe duda, nacieron para jugar en el Real
El tanto fue antirreglamentario, pero no importó. El chasquido, aun sin materializarse, demostró que el fuego prendería. Ni tres minutos tardaron en encontrarse la ’22’ y la ’11’ tras la reanudación. Teresa Abelleira ejecutó un buen cambio de sentido hacia el costado derecho, Athenea controló de espuela y su centro tenso lo mandó a la red Weir sin despeinarse. Bastó una jugada acertada para que el resto del equipo recuperase el control del juego perdido, situación ante la que el Rosenborg no pudo responder.
Las visitantes, que harán bien en volver a casa con la cabeza alta, compitieron hasta alcanzar el tope de su potencial, pero sobre el verde les fue imposible defender los picos de excelencia de las blancas. En el minuto 61 llegó el definitivo. Caroline Weir lanzó un contraataque desde el carril central gracias a su elegante zancada larga —¿me permitirían los lectores de La Galerna trazar aquí una muy sutil comparación con Zidane? —, esperó a que la eléctrica Athenea ganase vuelo y en el instante preciso le cedió el balón. En cuanto la cántabra pisó área, sola contra el mundo, quedó visto para sentencia el duelo. Amagó hacia dentro, dribló hacia fuera con una bicicleta y, ya sin marca, remató duro a la escuadra larga de la portera Christensen para que las crónicas pudiesen usar —por una vez con criterio— el calificativo de golazo.
Sería imposible encontrar mejor broche con el que poner fin al periplo blanco por el sinsentido de rondas previas establecido por la UEFA. El fin del cuento, que no es sino un nuevo principio, vuelve a ser el mismo por segundo año consecutivo: a golpe de calidad, carácter y grandeza, el Real Madrid femenino sigue abriéndose camino.
Fotografías @realmadridfem
Buenos días, amigo. Si eres español, estás de enhorabuena. Tu selección de fútbol se ha clasificado para la Final 4 (también conocida como F4) de la Nations League. ¿Qué es la Nations League?, dices mientras clavas en mis pupilas tu pupila azul. Y, ya que estamos, ¿qué es la F4? Lo cierto es que ya has tenido tiempo para haberte enterado, dado que es la segunda presencia de la Roja en ello.
-¿En qué?
En la F4. En la F4 de la Nations League, para ser exactos. Es que no estás atento, lo reconocerás. El que todavía no se haya enterado de qué es ni de cómo funciona la F4 es porque no le ha puesto interés. También te digo que estás en tu perfecto derecho de no ponerle interés si no te presta hacerlo. A los amistosos de antes no se lo ponías, y esto son los mismos amistosos pero con un nombre mucho más molón. Imagínate qué diferencia. Dices: “Hemos ganado a Portugal 0-1, gol de Morata”, y está bastante bien. Pero es que dices: “Hemos ganado a Portugal 0-1, gol de Morata, y gracias a eso jugaremos la F4 de la Nations League”, y no veas cómo flipas. Lo puedes celebrar como si hubieras ganado un Mundial y vender como algo épico.
Épico. ¿Y por qué no? Lo que no se sabe lo que es puede uno adjetivarlo como quiera. La foto de portada de Sport es suficientemente significativa respecto al grado de euforia que se desató entre jugadores y cuerpo técnico al término del choque. No seremos nosotros quienes pongamos puertas al júbilo, ni siquiera aunque se nos escapen las razones del mismo. Arrimando el ascua a su sardina, con perdón, nos hace notar Sport que “La entrada de los azulgrana revolucionó al equipo”, y a lo mejor es eso lo que pone tan ufano a Sport, que tiene el corazón contento y lleno de alegría, por definición, ante el menor estímulo que permita soltar propaganda de la causa. Pero no es Sport el representante del culerío mediático que más lo goza ante la hazaña (?) de los de su Lucho. Ved si no el juego de palabras que perpetra hoy en primera plana Mundo Deportivo. Se conoce que corrió el cava en abundancia en esa redacción a partir del momento en que el árbitro decretó el final del encuentro en el Estadio Municipal de Braga. De otro modo, jamás habrían llegado a este hallazgo de titular.
Toma ya. Pues hombre, por lo menos nos hemos reído, aunque es un juego de palabras un poco boomer, no sabemos si las nuevas generaciones saben lo que es un “braguetazo”. A ver, un braguetazo es por ejemplo cuando te enrollas con la hija de tu seleccionador nacional para asegurarte de que estás en la lista. (Insertar GIF del Capitán América diciendo I Understood That Reference). Un seleccionador, por cierto, que dejó fuera del partido a Eric García, su central titularísimo, para que su Barça (el del seleccionador, no el de Eric, aunque también) no afrontara el riesgo de más lesiones. Luis Enrique es un señor que hace precisa y rigurosamente lo que le sale de las narices. Como los resultados le acompañan (nada para tirar cohetes, pero siempre cubre el mínimo y un poco más), es de esperar que seguirá haciéndolo mientras sus narices quieran.
Derroche de imaginación (o de espionaje industrial) en As y en Marca, que salen con exactamente la misma portada, foto y titular. Final feliz. Pues muy bien. Os dejamos con un rápido recordatorio de cómo ha quedado la Nations League, aunque os sabemos al tanto de ello, por supuesto.
España, Croacia, Países Bajos e Italia jugarán la F4, sea lo que sea, dado que todos ellos se han clasificado para ello haciendo algo, no nos pidan que seamos muy específicos.
Bajan a la Liga B Gales, Austria, República Checa e Inglaterra. ¿Qué es la Liga B y qué deméritos acumulan esas selecciones para hacerse acreedoras a tal escarnio? Os lo miramos si queréis, en un rato os lo decimos.
Armenia, Rusia, Rumanía y Suecia bajan a la Liga C, que deben de ser ya las calderas de Pedro Botero, el infierno de Dante. Liga C, suena como el culo, ¿no? Suponemos que a Rusia la han descendido a esa fosa abisal por un quítame allá esas invasiones, pero lo de Armenia, Rumanía y Suecia nos parece una crueldad intolerable. Son países que no han hecho mal a nadie, en particular los suecos que han dado al mundo a Abba, IKEA e Ingmar Bergman. La Liga C tiene que ser un lugar horrible donde las cremalleras se encasquillan todo el rato a ritmo de reggaetón. Nadie merece eso, pero nosotros tampoco nos merecemos los parones de selecciones y aquí nos tenéis.
Resistiendo.
Pasad un buen día.
Maffeo y Raíllo son dos futbolistas del Mallorca que tienen nombre (no me fastidiéis que no) como de malos de opereta. Cada uno por su cuenta suena a villano de tebeo, pero el efecto conjunto de ambos nombres no puede ser de mayor maldad chusca. Dan ganas de sugerir a Ibáñez que les haga un spin-off de Mortadelo y Filemón, a pesar de que ellos nunca salieran originalmente en Mortadelo y Filemón. Nadie es perfecto, ni siquiera Ibáñez.
Maffeo y Raíllo. Podría ser al revés, Raffeo y Malillo, tanto daría. Maffeo (o en su caso Raffeo) sería el malo oficial, el que sin dejar de dar risa por sus constantes fracasos en incontables iniciativas pérfidas tiene un más elevado rango villanil. Raíllo (o Malillo en la otra variante) sería el malo vicario, el lugarteniente de lo lúgubre, el contramaestre torpe y cobarde que se arrastra, muerto de miedo, ante Maffeo o Raffeo, cagándola con frecuencia de puro temblor ante la autoridad. Cuando la avioneta de siete alas paralelas (o cacharro loco equivalente) se les estrella invariablemente contra el pajar, del que salen renegridos y bufando, Maffeo se quita el sombrero de copa, cuyo tope ha quedado chamuscado, para golpear con él a Raíllo. La culpa siempre es de Raíllo en la perpetua apoteosis del slapstick que protagonizan. Visten de negro y lucen perillas y/o gafas de pioneros de la aviación.
Cuando aparecen en escena, en la película suena siempre la misma música de farsa triste, con trombones que se lamentan despacio, como paquidermos renqueantes de una orquesta bufa, y el espectador se regocija ante el guiño, tan familiar. Cuando Maffeo y Raíllo entran en plano, precedidos siempre por los trombones, sabemos que asistiremos enseguida a un descacharrante fracaso de lo lóbrego. Prepararán un artefacto explosivo que detonarán por error en sus mismísimos bigotes, tratarán de secuestrar a la chica para darse cuenta al desenmascararla de que en realidad raptaron al anciano mayordomo, se autoenvenenarán tratando de matar al héroe y solo les salvará el antídoto que habrán de inhalar en las posaderas de la soprano gorda. Todo será un festival de merengues (sí: merengues) estrellados contra sus caretos hirsutos, de apariciones involuntarias en paños menores en el frenético vodevil, de caídas interminables por barrancos, a horcajadas sobre bicicletas imposibles.
Maffeo y Raíllo son dos futbolistas del Mallorca que tienen nombre como de malos de opereta. Cada uno por su cuenta suena a villano de tebeo, pero el efecto conjunto de ambos nombres no puede ser de mayor maldad chusca
El héroe, mientras tanto, no sólo sobrevivirá impoluto, sin un rasguño y sin despeinarse, a los hilarantes ataques de Maffeo y Raíllo, sino que es muy posible que la película finalice sin que haga acuse de recibo de la existencia de su doble némesis. Maffeo y Raíllo hacen como que quieren aniquilar al héroe, que siempre se parece a Tony Curtis, pero en el fondo se contentarían con que el protagonista supiera que están ahí, que son muy malos. Se conformarían con que el héroe les considerase una mínima amenaza capaz de rozarle. Pero al héroe ni le suenan los nombres de Maffeo y Raíllo, por sonoros que sean, dado que está demasiado ocupado en sortear obstáculos de cierto calibre.
Al final, el héroe gana la Gran Carrera, besa a la chica y deslumbra con el brillo de su sonrisa perenne. Maffeo y Raíllo, por su parte, hacen mutis por el foro con las orejas gachas y su tristeza de pareja de hecho, dejando que los trombones hablen en nombre de la mediocridad venida a más mientras Maffeo vuelve a golpear a Raíllo con el sombrero y le culpa de todo.
PD: Estoy en deuda con The Great Race (Black Edwards, 1965) tanto por las fotos como por la inspiración.
Hoy hubiese cumplido 86 años un actor que fue claramente un referente absoluto en mi infancia.
Sancho Gracia, el mítico Curro Jiménez, madrileño de nacimiento y uruguayo de adopción (en Uruguay vivió unos quince años y de hecho se casó con una charrúa), allá por 1970 protagonizó en aquellas espléndidas novelas de TVE la adaptación de “Los tres mosqueteros”, encarnando a D’Artagnan, encabezando un magnífico reparto donde estaban Elisa Ramírez (Milady), Maite Blasco (Constanza), Víctor Valverde (Athos) y Mónica Randall (Ana de Austria), entre otros.
“Curro Jiménez” fue el papel por el que todo el mundo lo recuerda, aquellas maravillosas aventuras junto al Algarrobo (Álvaro de Luna) y Pepe Sancho (el Estudiante), en donde las tropas francesas invasoras de Napoleón padecían todo tipo de derrotas y de sinsabores a manos de los bandoleros patrios.
Sancho Gracia, amante del fútbol y pelotero frustrado, era fiel seguidor del Real Madrid y también de Peñarol de Montevideo, y en la primera copa Intercontinental de 1960, asistió al partido de ida (0-0 en Mobtevideo) y tras el partido, fue a celebrar el buen resultado con sus amigos Rial, Puskas y Di Stéfano. Le tiraba mucho el blanco (los colores de Peñarol también ya que era el club favorito de su mujer) y mantuvo amistad durante tiempo con el gran Pepe Santamaría y con el propio Alfredo, que solía ver las obras de teatro del actor en Madrid.
Sancho Gracia fue un amante del fútbol y pelotero frustrado, era fiel seguidor del Real Madrid y también de Peñarol de Montevideo
Sancho Gracia también fue un gran actor en papeles dramáticos, como su inolvidable interpretación como el asesino Jarabo (en la serie “La huella del crimen” y dirigido por Juan Antonio Bardem) y en la maravillosa “12 hombres sin piedad”, de Estudio 1, en el que hace un magnífico papel del jurado número 7, capaz de desquiciar a sus otros compañeros del jurado por su actitud insoportable. Pocos recordarán que dicha producción española estuvo a la altura de la película dirigida en 1957 por Sidney Lumet y con el gran Henry Fonda encabezando un ilustre reparto de Hollywood.
Mi recuerdo pues para este actor de carácter, que mucho gente encasilló como bandolero de Sierra Morena, y que tenía decenas de registros, sobre todo en el teatro, tanto para comedia como para drama. Además de una fuerte personalidad, encanto y cariño por nuestros colores madridistas.
Buenos días. Hoy Fantantonio ha titulado su artículo “Asensio, o la pereza”, y nosotros bien podríamos haber titulado este Portanálisis “España, o la pereza”. Es una sinécdoque, claro está, nos referimos a la selección española, que impregna todas las portadas de sopor, nos amodorra y empapa en pesadez la vida durante cada parón de selecciones. Hoy se enfrentan a Portugal con el propósito de lograr un puesto en la Final Four de la Liga de las Naciones, competición supermítica donde las haya.
Marca se decanta para su portada por un “cuando lo pides, cuando te llega por AliExpress” de manual con Cristiano Ronaldo y Morata. Eligen a la estrella de Portugal y a la estrella de…, bueno, en España no hay estrella, solo la que luce sobre el escudo, así que han optado por Morata. Hubiese quedado mejor hasta la estrella de Galicia, y no nos referimos a la cerveza, que también, sino a Iago Aspas, que junto con otros futbolistas como Nacho, por ejemplo, seguro que elevarían la calidad de esta selección.
As apuesta por varias frases de Luis Enrique para su portada, pero elige la fotografía de otros dos señores jugando al corro de la patata. Dice el técnico español que en Zaragoza mandó un mensaje equivocado, que la primera parte de la selección no fue tan mala. Huele a que le han dado un toque para rebajarle esa soberbia que le lleva siempre a echar la culpa a los otros. Pero la declaración más destacable de Lucho es: “Nuestra línea más potente es la defensa. Aquí defiende todo el mundo”. Aquí defiende todo el mundo, principalmente —añadimos nosotros— porque está Eric García y hay que suplir el déficit que ello genera.
“España tiene que ganar en Braga para poder estar en la fase final de la Nations League” subtitula Sport. Deseamos que con ganar vestidos sea suficiente, no nos seduce nada la idea de ver a Gavi y a Pedri en Braga corriendo por el campo. Además, Pedri podría resfriarse en caso de jugar en paños menores.
Mundo Deportivo lleva en su frontispicio a Los Pecos.
Perdón, son Pedri y Gavi, por la mañana todas las “superestrellas” del Barça son pardas. Los de Godó también tiran de sinécdoque y anuncian para hoy: “Pedri y Gavi, contra Bernardo Silva”. Su objetivo es apropiarse, aún más, de la selección antes conocida como española, y barçalizarla al máximo, si eso es posible. Incluso representan a toda Portugal en la figura de Bernardo Silva porque lo quieren fichar y ya lo tratan como a uno más de La Masía.
Bien podrían cantar los Pecos de La Masía:
Háblame de ti (Raíllo), de tu ansiedad
de la eternidad, si fuera verdad (algo de lo que dices, Raíllo)
Porque lo que más nos ha escamado hoy, como es habitual, no aparece en las portadas. El responsable es el mallorquinista Raíllo.
Otro más que se sube al carro de atizar a Vinícius, que es lo que se lleva ahora, como el tractor amarillo. Dice: “Vinícius que baile pero que no falte, que no insulte y no menosprecie a los compañeros de profesión; luego cuando se le tilda de provocador usa el comodín del racismo”. Raíllo invita a Vinícius a que aguante estoicamente la colección de golpes e insultos que recibe de sus compañeros de profesión y público partido tras partido, que no se le ocurre levantar la voz para defenderse y denunciar el trato recibido. Si Vinícius fuese dócil, agachase la cabeza y solo recibiese, Raíllo estaría feliz, y no hay nada más importante en este mundo que Raíllo esté feliz.
Según Raíllo, que un espectador acompañado de un menor le grite insultos racistas en el Camp Nou, que los reciba en el propio estadio del Mallorca o en un programa de televisión, o que una turba de neonazis lo llamen mono fuera y dentro del Metropolitano es usar el comodín del racismo.
Para ser sinceros, tampoco esperábamos más de Raíllo. Recordemos:
En aquel partido Raíllo lesionó a Rodrygo, un compañero de profesión, y luego declaró que había sido falta del madridista, que si vistes de blanco el criterio es diferente. Rodrygo tuvo que ser retirado en volandas del terreno de juego porque no podía apoyar siquiera en el suelo.
En ocasiones, el fútbol realiza una gran labor social y permite a muchos llevar una vida que no podrían soñar si este deporte no existiera.
Las declaraciones de Raíllo corresponden a una entrevista concedida al Diario de Mallorca, pero el diario As se hace eco en un artículo cuyo título ya es bastante esclarecedor: “Raíllo manda un aviso a Vinícius”, y cuyo final es simplemente deleznable: “Raíllo ahora lanza un mensaje de respeto al delantero. Veremos si le hace reflexionar”. Asco, diario As.
Ante la avalancha de mediocres atizando a Vini nos preguntamos: ¿desgrava linchar a Vinícius?
Pasad un buen día.
Un 27 de septiembre de 1978 el Real Madrid logró anotar su gol número 300 en la máxima competición continental. Su autor fue Jensen y tras ese tanto se esconde una historia bastante singular y algo surrealista.
El equipo blanco había conquistado la Liga 1977-1978 y en el primer sorteo de la Copa de Europa quedó emparejado con el equipo luxemburgués amateur del Progrès Niedercorn en treintaidosavos. La ida se celebró el 13 de septiembre de 1978 en el Santiago Bernabéu y el resultado fue de 5-0, aguantando mejor de lo previsto el cuadro de Luxemburgo. La vuelta tuvo lugar el 27 del mismo mes con un tanteo de 0-7 y ahí fue donde el conjunto merengue alcanzó la cifra redonda de los 300 tantos.
La eliminatoria estaba decidida pero Molowny alineó prácticamente el equipo de gala, con García Remón; San José, Pirri, Sol, Isidro; Del Bosque, Wolff, Stielike; Juanito, Jensen y Santillana. En la segunda mitad hicieron su debut oficial en la Copa de Europa tanto Poli Rincón como García Hernández, que se sumaron a Isidro. El primer gol fue obra de Pirri a los 10 minutos, que sumaba el número 299. Nueve minutos después Jensen hacía el 300. La crónica de MARCA firmada por Andrés González describió así la diana del danés: “Jugada persona de Del Bosque, que llega incluso a burlar al portero, pasando el balón a Jensen, quien marca a placer”.
Lo curioso de toda la historia es lo que había ocurrido en el minuto 12. El portero titular Schaffer, que había realizado una buena actuación en el Bernabéu, se lesionó. Y el encargado de sustituirlo fue el ¡entrenador! Los acontecimientos se desarrollaron de este modo según se pudo leer en MARCA: “El buenazo de Schaffer, en cuanto ha recibido la primera diana y ha comprobado que los blancos no se lo tomaban a título de inventario, ha optado por el paro laboral alegando una lesión. El mozo ha debido pensar que le esperaba una sesión agotadora y como en la ordenanza laboral luxemburguesa no debe haber horas extras, se ha ido a los vestuarios, cediendo su portero al suplente. Y aquí ha llegado la sorpresa de la tarde, ya que el guardameta que ‘calentaba’ el banquillo junto a los demás reservas se ha ido al vestuario con el titular y ha dicho que a él no le iba nada en esta danza goleadora de los madridistas. Vamos, que no se le había perdido nada en el campo. Y allá va la otra sorpresa de la jornada. El entrenador Schoder ha tomado una decisión heroica ante la deserción de sus dos porteros; se ha puesto los guantes, se ha calado la visera y se ha plantado entre los postes y les ha dicho a los suyos algo así como ‘aquí no pasa nada’”.
Lo curioso de toda la historia es lo que había ocurrido en el minuto 12. El portero titular Schaffer, que había realizado una buena actuación en el Bernabéu, se lesionó. Y el encargado de sustituirlo fue el ¡entrenador!
El técnico del Progrès contaba entonces con 38 años y una barriga prominente, lo que dejó atónitos a varios jugadores merengues cuando vieron que enfilaba a ponerse bajo el marco con la camiseta con el dorsal 16. Posteriormente, explicó en rueda de prensa que no le quedó otro remedio que jugar ya que “el portero suplente se enfadó y no quiso salir”. Luego deseó suerte a los blancos y comentó que le “gustaría que el Real Madrid llegara muy lejos en la Copa de Europa. Siempre he sido un admirador suyo”.
La tarea de buscar sobre la vida de un entrenador y anteriormente jugador luxemburgués en los años 60 y comienzos de los 70 no ha sido sencilla pero se ha encontrado algún dato para corroborar que tenía experiencia en la portería. Romain Schoder perteneció a mediados de los 60 al Spora de su país y actuaba indistintamente como centrocampista o guardameta. Con el cuadro capitalino llegó a ganar la Copa luxemburguesa en 1965, jugando la final contra el Jeunesse Esch de arquero, y en 1966 saliendo como medio y anotando el 2-0 ante el mismo adversario. Esas victorias permitieron al Spora disputar las Recopas de 1966 y 1967, enfrentándose al Magdeburgo y Shamrock Rovers respectivamente. Anteriormente, con Schoder como titular, también participó en la Copa de Ferias 1964-1965, donde cayeron frente al Basilea a las primeras de cambio.
En los 70, Schoder cambió de equipo y firmó por el modesto Jeunesse Hautcharage (hoy en día UN Käerjéng 97) compatibilizando la labor en el césped con sus inicios como entrenador. En el conjunto blanco participó en el mayor éxito de su historia que fue la conquista de la Copa de Luxemburgo en 1971. En la final contra el Jeunesse Esch (uno de los grandes del país), el Hautcharage venció por 4-1 con Schoder con un puesto en el centro del campo. Al año siguiente compitieron en la Recopa en cuyo sorteo inicial de 1/16 les tocó el Chelsea, que era el vigente campeón de la competición. La eliminatoria resultó un paseo para los blues que ganaron 0-8 en Luxemburgo y 13-0 en su feudo, con Schoder teniendo la fortuna de pisar el césped de Stamford Bridge. Su carrera de técnico prosiguió llevando al Progrès Niedercorn a un extraordinario y único doblete de Liga y Copa luxemburguesa en la temporada 1977-1978. Más tarde, dirigió entre otros equipos al CS Grevenmacher en la temporada 1983-1984.
En las últimas horas han salido noticias, rumores más bien, sobre un hipotético acuerdo para que el año que viene Marco Asensio fiche gratis et amore por el Fútbol Club Barcelona. Aunque esas noticias parecen un bulo, también parecen verdad. Es decir que se non è vero, è ben trovato que Asensio, cuyo contrato el Madrid no da la sensación de tener muchas ganas de renovar, pueda acabar de azulgrana en el verano de 2023. Que es verosímil que complete un trasvase menor e indoloro entre los enemigos íntimos parecido a lo que estuvo de moda en los primeros dos mil entre Milan e Inter. Lo peor, en realidad, es que a estas alturas al aficionado del Madrid le da lo mismo si Asensio se queda, se va al Barcelona o se retira a vender vino tinto en Japón con Iniesta. Al final ha sido verdad lo que prometían sus impresionantes hechuras cuando emergió a la superficie de la élite allá por el verano de 2016: sólo tiene 26 años pero ya lo ha hecho todo en el fútbol, hasta el punto de convertirse en la pura nada. Cuando la verdad y la mentira son indistinguibles y su repercusión, encima, es ninguna en el ánimo de la gente, ¿en qué punto se encuentra uno? En efecto, perdido en el océano de la intrascendencia.
Lo peor, en realidad, es que a estas alturas al aficionado del Madrid le da lo mismo si Asensio se queda, se va al Barcelona o se retira a vender vino tinto en Japón con Iniesta
Asensio fue robarle el Mediterráneo al Barcelona, pero el Mediterráneo ha acabado horrorizándonos, como en el poema de Luis Alberto de Cuenca. En estos seis años su involución ha sido tan grande como grandes fueron las esperanzas que pusimos en él. Inmensas, olímpicas. Asensio lo tenía todo para ser un jugador no sólo de época sino de culto: un zurdo púnico-fenicio que le daba al Real una maravillosa salida al mar; el mayor talento español desde la quinta que ganó el Mundial, un mallorquín mesetarizado, castellanizado, la refutación práctica y directa de la mentira (ampliamente difundida por esos mundos de Dios, hace poco la volvió a repetir Cantona, aunque Cantona, por antecedentes familiares, no es neutral) de que Cataluña ganó el Mundial de Sudáfrica 2010. Un talento generacional, contemporáneo de Mbappé, el genuino futbolista español del siglo XXI, del patio del colegio al universo a base de pepinazos por la escuadra. Un muchacho sin ninguno de los complejos del jugador español tradicional, que sometía Múnich sin darle importancia y que destruía desde dentro el mito del dominio barcelonista sobre el vivero de la catalanoesfera.
En gran medida Asensio se cayó sin pedestal cuando todavía no tenía ni medio cuerpo encima de él por su desinterés por gobernar. Él no estaba en el Madrid para “tirar del carro” porque a pesar del brillo cegador de su comienzo, Asensio era en realidad un retrato robot de la generación zoomer: altamente preparado para muchas cosas que no considera importantes, sin muchas ganas de implicarse en el fárrago cotidiano de las cosas, con un altísimo grado de vanidad y egoísmo y una conciencia desproporcionada de la deuda que el mundo tiene con él desde el día en que nació. Asensio lleva desde su lesión tan desconectado de la realidad como de su propio lugar dentro de la tradición madridista y española, como si nada de esto tuviera que ver con él y como si su estatus dentro del equipo fuera una cosa ajena al mérito personal y a su evolución como futbolista. Como si, en verdad, él tuviera que jugar en virtud a la mera acumulación funcionarial de trienios.
Asensio simboliza esas grandes pasiones de la literatura del XIX que una vez satisfechas conducen irremediable y groseramente a un hartazgo prematuro. En ese sentido es un jugador muy Larra
Esta actitud oficinesca ante la vida ha matado el éxtasis que causó su meteórica aparición entre la afición madridista. El madridismo puede perdonar muchas cosas pero jamás la dejadez. La pereza es el pecado capital en un club donde se puede ser genial sólo a ratos, como Guti, pero no un simple pisapapeles. Todo ese halo literario y ese aroma magnético y seductor que envolvía a Asensio, perfume de mundo nuevo, de fútbol moderno con un deje de clasicismo campeón y antiguo, se ha difuminado. Hay pocas cosas peores que vulgarizarse, quizá aceptarlo sin más, aceptarlo con el espíritu de un gregario del US Postal de Lance Armstrong. Asensio ya ha puesto caritas y hecho morisquetas asomando ladinamente el rostro amohinado a través de los canales bien conocidos a través de los cuales se han manifestado siempre los futbolistas españoles que se creen en su fuero interno, agraviados: mediante las confidencias a sus periodistas de cámara. Asensio ya ha dicho que jugar en el Barcelona es algo que él no puede decir que no ocurrirá, con lo que insinúa que se percibe a sí mismo como un principito ofendido al que se le niega el lugar que le corresponde en el gran escaparate del mundo. Por lo que si no le dejan más remedio tendrá que acudir a donde sea a reclamarlo.
Pereza, en latín, tiene que ver con la flojera pero también con el lamento. O sea, con el victimismo. Analizar el por qué un futbolista de repente deja de ser lo que se creía que iba a ser y se convierte en otra cosa peor, diferente, es una cuestión de fondo. No es fácil. Asensio se rompió la rodilla y eso, como la apendicitis, puede destruir una carrera. O robustecerla. Por lo que sea Asensio no fue nunca más el jugador explosivo de regate eléctrico y de determinación gigante que decidía semifinales de Copas de Europa. Se refugió en una versión pequeña de sí mismo, burocrática. Como a su pie izquierdo se le caen las esmeraldas, todavía le vale para machacar defensas comunes en la Liga, pero ha perdido, parece que irreversiblemente, aquella cualidad indetectable, raulesca, pero también de Iniesta, de asociarse en corto y cruzar con velcro en el empeine las líneas enemigas, siendo el rey del espacio que surge de la bruma de la imaginación, anticipándolo un segundo antes de que materialmente exista.
Digno hijo de su tiempo, lo que mejor explica al actual Marco Asensio es su condición de portada en tiempo de parón de selecciones. Nada hay más descriptivo, ni más desolador
Si Asensio se fuera al Barcelona lo haría como una especie de hijo pancatalán pródigo que regresa al seno que le estaba predestinado por geografía sentimental. En ese contexto seguramente estaría muy cómodo porque además, vendría del Madrid, de ser-pero-no-ser en el Madrid, y allí le cuidarían. No en vano aterrizaría con galones de jefe en un Barcelona de segunda fila que intenta a la desesperada recuperar el lustre perdido en el tardomessismo. Sería un fichaje moral, muy laportiano. Además sigue siendo el ojito derecho de Luis Enrique, que se conduce como seleccionador abominando de todo lo madridista y prácticamente de todo lo meridional. Seguramente el cambio de colores le vendría muy bien de cara a su carrera internacional con España. En la Selección sí que ha logrado establecerse como el asteroide menor cuya jerarquía apenas es discutida, en este caso, seguramente también, por la falta de competencia real. Con “la Roja”, dantesco apelativo, Asensio es cabeza de ratón y parece muy satisfecho de ello.
Aquejado de spleen, molesto por la inanidad del reflejo que el espejo le devuelve cuando se asoma a su propio vacío, Asensio simboliza esas grandes pasiones de la literatura del XIX que una vez satisfechas conducen irremediable y groseramente a un hartazgo prematuro. En ese sentido es un jugador muy Larra. Como una de esas grandes atracciones que terminan enfriándose, el madridismo, a estas alturas, lo que siente por Asensio es una mezcla de fastidio y de aburrimiento. Es como las últimas letras de una hipoteca demasiado larga. Ha perdido toda capacidad de sorprendernos. Vinicius, Valverde o Rodrigo le han pasado por encima como caballos de guerra que galopan desbocados colina abajo. Su protagonismo cada vez es más residual y el madridista echa en falta un arranque de orgullo, de gallardía, cuya ausencia también es completamente zoomer. Digno hijo de su tiempo, lo que mejor explica al actual Marco Asensio es su condición de portada en tiempo de parón de selecciones. Nada hay más descriptivo, ni más desolador.
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¿Sería pertinente que el Real Madrid C. de F. reconociera oficialmente el 26 de septiembre como el “Día Mundial de las Peñas Madridistas”? En mi opinión sí, y no solo en la mía, sino que coindicen en este juicio numerosos representantes de peñas blancas, de los cinco continentes, con las que comparto con frecuencia impresiones a través de redes sociales y WhatsApp.
Este no es un día cualquiera. El 26 de septiembre de 1920 se fundó en Madrid la primera peña madridista de la historia, la peña Mariano. Fue la primera peña deportiva de España registrada oficialmente y también una de las primeras peñas futbolísticas de Europa y, por tanto, del mundo. Aunque ya existían grupos y peñas consolidadas que apoyaban al club blanco desde el mismo año de su fundación (hay registros que dan fe de ello), ninguna se había registrado formalmente.
El 26 de septiembre de 1920 se fundó en Madrid la primera peña madridista de la historia, la peña Mariano. Fue la primera peña deportiva de España registrada oficialmente y también una de las primeras peñas futbolísticas de Europa y, por tanto, del mundo
El papel de la peña fue trascendental para la construcción de nuestro actual estadio, ya que este se financió gracias a unas obligaciones de pago que emitió el club y que fueron rápidamente adquiridas por socios y aficionados madridistas. Cabe destacar que resultó ser altísimo el porcentaje de las aportaciones de socios que pertenecían a la peña Mariano. Fue, además, la única peña madridista oficial hasta 1952, y por ello tiene el honor de ser la única peña presente en los partidos jugados en el campo de O´Donnell, el velódromo de Ciudad Lineal, el estadio de Chamartín y el actual Santiago Bernabéu, así como de haber presenciado, entre otros muchos títulos, las 35 Ligas y las 14 Copas de Europa que con tanto orgullo exhibimos en nuestras vitrinas.
Nuestro club solo ha tenido, a lo largo de su historia, dos estadios en propiedad: el estadio de Chamartín y el “Nuevo Estadio de Chamartín”, actualmente denominado Santiago Bernabéu. Ambos, comprados fuera de Madrid pero con la visión de futuro siempre presente de dos presidentes visionarios, Pedro Parages y Santiago Bernabéu.
El primero se inauguró en 1924 en el creciente barrio de “Chamartín de la Rosa”, al norte de Madrid, junto a la carretera que unía el barrio con la capital.
El segundo comenzó su andadura en 1943 y fue inaugurado el 14 de diciembre de 1947 (estamos a unos meses de celebrar su 75 cumpleaños). Se construyó en parte sobre el antiguo estadio, impidiendo que se siguiera jugando en este.
El único nexo común de ambos estadios fue el acceso, al este, de la mencionada carretera. Esta creció y mejoró y pasó a denominarse calle del padre Damián, calle que hasta el día de hoy es parte inherente a nuestro estadio y, por extensión, al Real Madrid, quien intervino en la denominación. Y es que el nombre no fue casual como tampoco lo fue la de la calle Rafael Salgado, en la que hoy está ubicado el fondo norte del Santiago Bernabéu (recordemos que a Rafael Salgado se le debe una parte muy importante de que se construyera el estadio Santiago Bernabéu ya que fue él, desde su posición de presidente del Banco Mercantil e Industrial, quien se atrevió a aprobar el entonces disparatado proyecto que le propuso el presidente del Real Madrid).
pienso que procede solicitar al club un día de reconocimiento oficial para las peñas, un día en el que podamos unirnos y reunirnos todos los peñistas madridistas del mundo en torno a celebraciones, eventos y actos compartiendo lo que nos une, nuestro amor hacia el Real Madrid C. de F., el club más grande del mundo y de la historia
El 26 de septiembre, precisamente, se celebra el santo del padre Damián.
Por todo ello, pienso que procede solicitar al club un día de reconocimiento oficial para las peñas, un día en el que seamos nosotros los protagonistas y en el que podamos celebrar todos los peñistas nuestro día. Queremos que sea la lanzadera para que en futuros años podamos unirnos y reunirnos todos los peñistas madridistas del mundo en torno a celebraciones, eventos y actos compartiendo lo que nos une, nuestro amor hacia el Real Madrid C. de F., el club más grande del mundo y de la historia.
Porque a nosotros se nos debe mucho del #historiaquetúhiciste pero, sobre todo, nos queda mucha #historiaporhacer.
Fotografías @realmadrid
Pasado mañana se cumplen cuatro meses. De la 14, digo. Buen momento para recordar cositas de aquel día. Entre pitos y flautas ha ido pasando el tiempo y la otra noche convinimos Bengoechea, Dumas y servidor que convenía participarles situaciones que sucedieron… y volverán a suceder. Las viví con un común denominador: se trata de merengues catalanes. Algunos con ochenta apellidos. Acompáñenme.
La primera llegó al cuarto de hora de partido, Courtois había aparecido un par de veces y recibí un mensaje de mi amigo el-más culé-del-mundo. Escribió: gana el Madrid. 1-0 gol de tu Vinicius. Inmediatamente desapareció hasta el mismo momento que el árbitro pitó el final. Estaba pitando Turpin y él ya escribía. Fue sucinto: ¿lo ves?
Luego fue turno de un paisano que veranea en el Pirineo, muy madridista él. Acabando el primer tiempo, cuando el gol anulado a Benzema, se rindió. Agarró el teléfono, una linterna de mano, un gorra con luz incorporada, puso la radio y se echó a andar. No aguanta la transmisión entera casi nunca. Apaga y enchufa, enchufa y apaga. El caso es que al rato se perdió. Llegó a acollonarse, era noche cerrada. A las doce del día, hoy mismo, no se pierde. Seguro. Y si le pasa, a los cinco minutos se orienta. No aquel 28-M. Se sentó, fumó. Perdió la cobertura. No supo del gol ni de nada. Cuando por fin se orientó y recuperó la señal escuchó los gritos de alegría, dice que hablaba Ancelotti.
—Hemos vuelto a ganar.
En su casa no le echaban en falta. Le conocen. Tardará en volver. Regresó feliz, medio asustado todavía y dispuesto a incorporarse a esa legión de propios que repiten cada final del Madrid lo que hicieron la anterior. Hay quien se viste igual, sé de uno que con la ropa de cuando la Séptima. Camisa, pantalón y zapatos. Terna que guarda y no aparece hasta la siguiente. Ah, también una gorra de Nueva York, descolorida es poco. El perdido, imagínense: la próxima volverá a perderse, todo eso.
Hay una egión de propios que repiten cada final del Madrid lo que hicieron la anterior. Hay quien se viste igual, sé de uno que con la ropa de cuando la Séptima. Camisa, pantalón y zapatos. Terna que guarda y no aparece hasta la siguiente
El campeón del mundo, posiblemente, es uno que se sube en el coche la mañana del partido, muy pronto. Cruza la frontera de La Junquera y no para hasta que da con un hotel de pueblo siempre tras asegurarse de que no ponen el partido. En cierta ocasión llegó a Dinamarca, no les miento. En esta se refugió en un pueblecito suizo.
El final también tiene su costumbre. Llama a un amigo común. Si no le coge el teléfono es que ha ganado el Madrid. Reza y reza. ¡No lo cojas, no lo cojas! Aguanta hasta que se corta la comunicación y vuelve a llamar entre aullidos. No sabe nada, desde luego el marcador. Cuando el otro descuelga se abrazan en la distancia, profieren ciertos insultos aprendidos de niño y mejorados después. Cuando cuelgan, cosa de una hora después, el viajero pilla un cabreo enorme porque las más de las veces, en el hotel de pueblo por ahí, está cerrada hasta la yogurtera. La experiencia hace que haya comprado antes cualquier cosa comestible. Nada serio, pues si palmara el Madrid se le quitaría el hambre diez días. Al día siguiente, sí. Hubo una vez, en Portugal norte, allí llegó, desayunó una mariscada. Diría que fue cuando la Novena.
Y la abuela, también de Barcelona, como el viajero, no permite que nadie, y eso incluye hijos y nietos, la visite el día de la final. Exige soledad. A su marido, un santo, le confina en el salón. El hombre es del Barça, lo cual explica la cosa. Ella se rodea de seis o siete vírgenes, dice y será verdad que algunas las tenía desde siempre y otras las ha ido incorporando después de la Séptima.
—Los demás —le incordio yo— seguro que también rezan.
—Pues seguro, pero yo lo hago mejor y más fuerte.
El campeón del mundo, posiblemente, es uno que se sube en el coche la mañana del partido, muy pronto. Cruza la frontera de La Junquera y no para hasta que da con un hotel de pueblo siempre tras asegurarse de que no ponen el partido. En cierta ocasión llegó a Dinamarca, no les miento
Vírgenes y demás. Otro tipo especial. Cuando aquella final Barça-Milán en Atenas (4-0 ganaron los italianos) me invitó a acompañarle en un recorrido muy especial por el barrio Gótico de Barcelona. Lo empieza en cuando rueda la bola.
—Vente, voy a rezar un Padrenuestro en siete iglesias. No puede ganar el Barça, se pondrán pesadísimos.
El recorrido: Santa Ana, Iglesia del Carmen, la del Pino, Catedral, San Severo, Santa María del Mar y Basílica de la Merced, patrona de Barcelona. Si alguna estaba cerrada, rezaba fuera. Aquella final del 4-0 se jugó en mayo del 94. Cuatro después llegó la Séptima. El tío repitió recorrido eclesiástico. Y desde entonces, hasta la última. ¿Si va parando, si visita además bares o similares? No. Fuma un puro o dos. Es después. Después se destapa y en un par o seis de finales blancas llegó milagrosamente a casa.
Se preguntarán si no repitió cuando los azulgrana ganaron la copa. Pues no. Es un tipo respetuoso y creyente.
—Una vez pedí por el mal ajeno. Se me concedió con creces. Una y no más. Hay que pedir para bien. Que no me equivoqué lo confirma que han llegado ocho más al Bernabéu. Ocho.
El tipo tiene 67 años, Dice que a diez más llega.
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Buenos días, amigos. Valdano escribió el sábado en El País que el Madrid “no es que gane de cualquier manera, es que gana de todas las maneras”. Esta máxima —que pareciera tener décadas pese a haber sido alumbrada hace un par de días— ayer volvió a corroborarse, porque el Real Madrid Club de FÚTBOL ganó la Supercopa de BALONCESTO.
Se trata de la quinta Supercopa consecutiva de los blancos y el primer título para el palmarés de Chus Mateo como primer técnico madridista. El encuentro fue trepidante, con el Barcelona un paso por delante en la primera fase del mismo hasta que Llull encadenó tres triples seguidos que sacudieron al Madrid como un café con electroshock y cambiaron el rumbo del choque, que terminó con un Tavares de récord, 40 de valoración. Destacables también los 22 de Deck o los 20 de Musa, el más determinante de los fichajes. Precisamente sobre Musa versa este artículo que hemos publicado hoy. Pero para comprender bien la final lo mejor es leer la crónica de José Luis Llorente Gento para La Galerna.
Como escribíamos antes, la de anoche fue la quinta Supercopa seguida que gana el Madrid, otro día más en la oficina visto desde fuera y un trabajo ciclópeo observado desde dentro. Los de siempre aducen que es un trofeo menor, imaginamos que ignoran los requisitos necesarios para disputarlo y que se ha obtenido frente a un Barça dopado económicamente con una plantilla tremenda.
Más allá de una respuesta racional a la frustración connatural del anti, basta con echar un vistazo a los números; durante la presidencia de Florentino Pérez se han ganado (por el momento) 54 títulos entre fútbol y baloncesto. Bueno, titulitos, perdonadnos, como bien tuiteo anoche Richard Dees. A saber:
- 6 Championcitas
- 5 Mundialitos de Clubes
- 5 Supercopitas de Europa
- 6 Liguitas
- 2 Copitas del Rey
- 6 Supercopitas de España
- 2 Euroliguitas
- 1 Intercontinentalcita
- 7 Liguitas
- 6 Copitas del Rey
- 8 Supercopitas de Españita
Se han ganado sin proponer, por supuesto, sin jugar a nada, sin dirección deportiva y, además, siendo el Madrid responsable de la caída de Lehman Brothers, de la invasión rusa de Ucrania y, lo que es peor, del divorcio de Lolita y Guillermo Furiase, por no hablar de la reciente separación de Risto Mejide y Laura Escanes o de la ruptura del engagement entre Tamara Falcó e Íñigo Onieva. Se han ganado jugando mal adrede, con entrenadores incompetentes mantenidos o no en su puesto de una manera irresponsable, con jugadores dañinos que tendrían que haber sido vendidos pero con la mala costumbre de aparecer en todos los momentos clave y en cada una de las fotos de la memoria victoriosa del Madrid. Una cosa sin pies ni cabeza, oigan, cuya única explicación es la casualidad, no vayan a pensarse que detrás de estos 54 titulitos hay un ápice de trabajo y/o de buen hacer. Nada, todo suerte. O regalado.
Las portadas madrileñas dedican su espacio principal al Madrid de Baloncesto.
El titular es el mismo, pero As lo ha escrito correctamente. La fotografía destacada y la estructura también es similar: foto de los campeones y un espacio a la derecha para el récord de Kipchoge en la maratón. En la foto que ha elegido Marca, el atleta parece haberse sorprendido a sí mismo: “¡cáspita, la que he liado!”.
La portada de Mundo Deportivo podría ser una portada de Sport de un verano cualquiera. El titular es “Bernardo Silva sí o sí”, impreso sobre un Bernardo no menos cariacontecido que el maratoniano Kipchoge, que ilustra la parte superior del diario. Dicen los chicos de Godó que el Barça está decidido a conseguir que el centrocampista del City sea su gran fichaje el próximo verano. Hoy es 26 de septiembre.
Se ve que andaban con estas cosas tan urgentes en la redacción de Mundo Deportivo cuando alguien se ha acordado de los donuts y ha dicho: “¡que no hemos puesto en la portada que el Madrid ganó la Supercopa de baloncesto!”. Y a regañadientes hicieron un hueco entre la publicidad y el ciclismo con la esperanza de que no lo leyera nadie.
En Sport la victoria blanca tampoco es la noticia principal, pero al menos no hay que buscarla con denuedo para encontrarla en su portada, que está dedicad a Ansu: “Toda la verdad”. Por suerte para el Barça se ciñen al asunto de su delantero, porque si escribiesen toda la verdad que se acumula debajo de las alfombras del club tendrían que publicarlo en formato serial con más entregas que el Telediario.
Pasad un buen día.