Las mejores firmas madridistas del planeta

Resulta desconcertante a la par que ameno dar un paseo por las redes sociales y los diferentes medios de comunicación y comprobar cómo en los mismos se puede hallar una ingente cantidad de “informadores” que anticipan al aficionado madridista, ávido de información por naturaleza, las intenciones del Real Madrid en el mercado de verano.

Es especialmente divertido, sobre todo, cuando uno echa la vista hacia atrás apenas unas semanas y comprueba que prácticamente ninguno de los fichajes realizados por el club blanco fue adelantado por ninguno de estos periodistas o insiders, a excepción de Bernardo Silva, cuyo fichaje empezó a sonar vía Fabrizio Romano prácticamente cuando el Madrid ya lo tenía casi cerrado.

Bernardo Silva y Camavinga

Este contexto nos permite a nosotros, meros aficionados, aventurar con la misma posibilidad de éxito que cualquier profesional de la información el próximo fichaje del Madrid. No en vano el club vikingo lanzó esta misma semana un comunicado oficial negando incluso la intención de un fichaje, el de Enzo Fernández, que muchos periodistas daban incluso por avanzado y que en opinión de un servidor ha sido un mensaje claro y directo al representante del jugador, recientemente despedido por el propio Enzo: “Tú no decides la ruta de nuestro barco, Pastore”.

En estas circunstancias, uno puede permitirse el mismo salto del ángel a la piscina que cualquier periodista bien informado para lanzar sus designios acerca del futuro del Real Madrid. Estudiando el mercado realizado por el club blanco y, sobre todo, las más acuciantes necesidades del equipo entrenado por José Mourinho, me atrevo a sugerir con su permiso, galernautas de bien, un posible fichaje que me encajaría en demasía con ambos factores.

Kroos

El Madrid ha echado de menos un centrocampista de rigor, de carácter organizador y creativo desde la dolorosa marcha de Toni Kroos, cuya retirada dejó huérfanos tanto al Real Madrid como a la selección alemana, sumiendo a ambos en una crisis de juego e identidad. Por ello, me atrevo a anticipar que Florentino Pérez no va a permitirse un tercer año de probaturas con un centro del campo que no albergue al menos un mediocentro de este corte. Aunque en muchos medios siempre se sugirió la posibilidad de Rodri, las dudas acerca de su estado físico y esa misteriosa resonancia que le espera en Manchester tras el mundial parecen descartarle a priori.

Por ello, mi tapado es un centrocampista que en años anteriores llegó a sonar para el club blanco, pero que curiosamente no lo está haciendo en estos meses. El hecho de que la prensa patria y extranjera fuera incapaz de olerse siquiera los fichajes de Konaté, Dumfries, Cucurella y Bernardo refuerzan mi teoría de que este tapado pueda ser una posibilidad real. Cumple con el rol necesitado por parte del Real Madrid, es también un jugador experimentado con experiencia en grandes torneos (como los cuatro fichajes realizados por el club vikingo), su precio no sería tan prohibitivo como el del resto de nombres que están sonando, es campeón de Europa y sabe lo que es privar al Barcelona de una final de Champions, vistiendo precisamente los colores del equipo con el que el que sería su entrenador ya hiciera lo propio en 2010.

Hablamos, evidentemente, de Nicolò Barella. El centrocampista del Inter, a los 29 años, llegaría en una edad propicia para un jugador de su rol y posición, y su encaje en el once titular sería más simple que el de nombres como Enzo o Mateus Fernandes. Aunque la salida de alguno de nuestros centrocampistas sigue siendo necesaria para su llegada, por una cuestión más numérica que otra cosa, su adaptabilidad al club blanco y sistema de Mou (4-2-3-1) sería factible tanto con Tchouaméni (más posicional para dar vuelo al italiano) como con Valverde (cuyo recorrido y físico le darían para ser el nuevo Khedira del entrenador portugués).

Desconozco cuánto podría pedir el Inter por su traspaso pero, en las páginas especializadas que acostumbran a utilizar los equipos profesionales, su precio ronda los 50 millones. Ya pidan en torno a 10 ó 20 más, me sigue pareciendo más factible que el Madrid los pague por un jugador de nivel contrastado antes que por una joven promesa, viendo el perfil de jugadores que estamos contratando al son de la batuta de José Mourinho. Porque, al final de todas nuestras divagaciones, de eso va a depender todo lo que resta de nuestro mercado estival: de lo que diga Mou. O de lo que pida, en este caso. Sea Barella o cualquier otro: hágase.

 

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Buenos días, queridos. El Mundial sigue su curso y algunos detalles nos hacen recordar (tristemente) que algo huele a podrido, y no precisamente en Dinamarca, sino en Estados Unidos. Por mucho que el torneo se juegue en estadios de la MLS, algunos hechos, datos o estadísticas nos recuerdan a la MLN. La selección de Francia se clasificó anoche para los cuartos de final tras recibir una buena colección de patadas, agarrones y enganchones (dejémoslo ahí) de los defensores paraguayos. Pues bien, la primera tarjeta, para los franceses. Y la segunda, la tercera… La agresividad de la defensa sudamericana no fue frenada en ningún momento por el colegiado uzbeko Ilgil Tantashev.

El penalti con el que Francia derribó el cerrojazo paraguayo fue muy claro ya de primeras, pero al trencilla principal le dio por marcarse un Alberola Tantashev y no lo pitó. La única diferencia con la MLN es que en la sala VOR no había un González (ya sea Fuertes o González) que le indicara al principal “sigan, sigan, sí, puede haber sangre, pero aquí no ha pasado nada”. El penalti se cobró, que dirían por aquellos lares, y Francia pudo perforar la meta del excelente portero Orlando Gill.

Las portadas siguen a lo suyo, con ese cierto grado de desidia cuando no juega la selección española. O el combinado de la RFEF, o la Roja, como algunos quieren denominarla. Pedri ocupa toda la portada del diario As y, como tipo que vino del frío, hace como que juega al ajedrez, un deporte muy habitual de las zonas gélidas del norte de Europa.

Decimos que “hace como que juega al ajedrez” porque, si uno se fija bien en el tablero, veremos que está mal puesto (¡la blanca a la derecha, collons!) y que las piezas están dispersas al azar como si de una alineación de Deschamps se tratara, algunas hasta en la misma casilla. También como en una alineación de Deschamps.

La portada recoge el sufrimiento de la selección argentina la madrugada anterior para derrotar a Cabo Verde, con prórroga incluida. En este partido también vimos dos normas nuevas que solo se aplican a un equipo, ¡como en la MLN! Y se aplicaron a la albiceleste, al equipo de Messi. Por un lado, el árbitro no dejó sacar un córner hasta que se permitió el regreso de un jugador argentino al que habían atendido en la banda, y por otro, se dio validez a un lanzamiento de falta de Messi mientras el portero estaba situando la barrera. Vozinha estuvo muy rápido y el intento de “ejecución”, nunca mejor dicho, quedará en anécdota. Pero puede ser muy revelador.

El diario gallardo nos trae otra portada insípida, en esta ocasión, dedicada al magnífico delantero de la Real Sociedad, Mikel Oyarzábal, que está cuajando un excelente Mundial: marca goles, crea peligro, se le ve incisivo, acertado… acompaña a Lamine Yamal para que recoja los trofeos de “Man of the match”.

Las entrevistas de la prensa deportiva son como una loncha de pavo sin grasa sobre un pan ácimo integral. Podemos imaginar las preguntas que dan lugar a las respuestas del donostiarra:

—Se dudó de la selección tras el empate inicial con Cabo Verde, ¿confías en este equipo?

OYARZÁBAL.— Confío al cien por cien en este equipo.

—¿Te gusta el fútbol, Mikel?

OYARZÁBAL.—Disfruto del fútbol, porque me encanta la adrenalina de competir.

—¿Eres el mismo que antes de llegar a Estados Unidos o te han cambiado por alguien en el camino?

OYARZÁBAL.—Soy el mismo que cuando empezó el Mundial, igual de tranquilo.

Suponemos que el resto de preguntas serían de este porte. Le deseamos lo mejor al txuri urdin, incluso que sepa llevar con la misma tranquilidad que hasta ahora que los reconocimientos se los lleven otros.

Las portadas de la prensa catalana se vuelcan con el espectacular arranque del Tour de Francia en Barcelona, que dejó al danés Vingegaard como primer líder de la prueba ciclista:

Podríamos repetir el ejercicio realizado con Oyarzábal para imaginar las preguntas que posiblemente precedieron a las frases de Gasol y Gavi en ambas portadas:

—Pau, el Barça de baloncesto parece caminar sin rumbo, tres años seguidos sin comerse un colín, varios entrenadores en el camino, jugadores con salarios altos que no han dado la talla, un Palau que se cae a trozos…—sabemos que toda esta crítica sería impensable en el medio—, ¿crees que el equipo necesita un proyecto?

GASOL.—Sí, el Barça de basket necesita un proyecto.

—Gavi, la selección española ha empezado a jugar bien en el momento en que tú desapareciste de las alineaciones. ¿Es posible que tu presencia reste al conjunto, como se ha dicho de Portugal con Cristiano Ronaldo?

GAVI.—Cristiano no resta, marca la diferencia. De mí no puedo decir lo mismo.

En fin, queridos, hoy tenemos otros dos interesantes duelos de octavos, Brasil frente a Noruega, y México contra Inglaterra. Vini y Jude de nuevo sobre el campo. Parecen buenos esos dos chicos, ojalá verlos jugar en el Real Madrid.

Que paséis un gran día.

 

 

La sección de baloncesto del Real Madrid atraviesa un momento ciertamente turbulento. A mi juicio, los chocantes acontecimientos que están teniendo lugar no son más que manifestaciones de un trauma mayúsculo. El equipo perdió una final de la Euroliga después de haber hecho méritos heroicos para ganarla. Jugaba sin pívots, ante un colosal rival y con los árbitros patentemente en contra. No podía ganar, y aun así casi gana, y aun así perdió. Es una sucesión de acontecimientos prácticamente inasumible.

El primer grupo humano que acusó el trauma fue el protagonista principal del mismo, es decir, la misma plantilla que se vio a pocos segundos y pocos puntos de lograr el que habría sido el triunfo más meritorio y trascendente de la historia de la sección ante Olympiakos, cosechando en cambio la derrota más honrosa de su trayectoria continental, sin hombres altos pero pleno de enjundia, acierto e inteligencia táctica.

No se supera perder así, honrosamente. El Madrid no está para derrotas, y menos aún para derrotas honrosas. No sabe procesarlas cuando son justas, menos aún cuando desafían cualquier atisbo de aceptabilidad. Por eso estaba escrito el siguiente paso: desfondado, noqueado, en estado de shock, cayó inopinadamente eliminado en ACB, en el primer play-off, ante el Tenerife. ¿Una derrota (en cambio) deshonrosa? Sí. ¿Lo mínimo exigible para el Madrid es, si no puede ganar la Euroliga, dar la cara en la competición doméstica? Sin duda. ¿Fue una derrota profundamente comprensible desde un punto de vista humano? Ya lo creo. No habría habido grupo humano capaz de engancharse a una competición tan infinitamente menor a la Euroliga después de haberse quedado a un paso de haber tocado la gloria con una hazaña inenarrable. Cualquiera se habría hundido. El Madrid lo hizo, en lo más profundo de la llanura abisal con una roca de un quintal colgada al cuello. ¿Inaceptable? Sí. ¿Entendible? También.

El siguiente que fue incapaz de procesar el trauma fue Florentino. En esa circunstancia, o dejas todo como está, o cualquier movimiento de pieza desembocará en un efecto dominó imparable. El mandatario blanco se giró hacia su hombre de confianza, Juan Carlos Sánchez Lázaro, personaje tan denostado por parte de los medios especializados y redes sociales como responsable del mejor ciclo de la historia de la sección junto a su supuesta némesis Pablo Laso.

Algunos abonados del Movistar Arena amenazan con renunciar a sus abonos, lo que ha brindado esperanzas a algunos componentes de la eterna lista de espera para optar a ese privilegio

Sánchez estaba en la sombra, y el presidente volvió a ponerle el foco dándole el mando de la sección. De manera lógica y esperable, dimitió quien había llevado las riendas en la traumática temporada, el Chacho Rodríguez, y acabó siendo destituido también Sergio Scariolo, el técnico al que en principio no había intención de echar. Lo dicho: la tensión estaba tan a flor de piel que no había manera de tocar una pieza del organigrama sin que muchas más se desmoronaran y hubiese que empezar de nuevo. La catarsis estaba servida, para bien o para mal. El trauma se define como una situación en la que es muy difícil mantener la calma. Más difícil aún es acertar. Puede que todos estos movimientos hayan sido un error. Puede que no. El tiempo dirá si Florentino se precipitó porque lo que correspondía hacer era seguir confiando en el mismo factor humano, o si dicho factor estaba ya demasiado marcado por esa experiencia invivible y ha sido un acierto iniciar la revolución.

Cuando parecía que las redes y los medios no podían manifestar un estado más flamígero, llegó la elección del nuevo entrenador: Pedro Martínez. Nadie duda de la excelencia del hasta entonces entrenador del mejor Valencia de la historia, y aun así mucha gente se ha planteado la idoneidad del nuevo nombramiento por razones tan vehementes como extradeportivas. Se supone que Pedro Martínez es antimadridista e indepe, no necesariamente en este orden. La gente se ha echado al surco de la más profunda indignación a cuenta de ambas (supuestas) variables. Algunos abonados del Movistar Arena amenazan con renunciar a sus abonos, lo que ha brindado esperanzas a algunos componentes de la eterna lista de espera para optar a ese privilegio.

No sé si Pedro Martínez puede definirse como antimadridista. Pongámonos en el peor de los escenarios, o sea, que lo es. ¿Hay que recordar a Figo cantando “Blancos, llorones, saludad a los campeones”? ¿A Courtois entonando algo parecido desde el balcón de la alcaldía, mencionando canguros y sodomías? ¿No era, volviendo a la sección, Drazen Petrovic un acérrimo antimadridista antes de que Mendoza lo fichara? No sería el primer antimadridista que se contrata. No solo no debería, a mi juicio, ser un problema, sino que deberíamos encontrar un regocijo íntimo en hacer sucumbir a los infieles ante el argumentario más imbatible de la historia del deporte universal. ¿No procede aquí, de manera muy especial, acogerse al “nada importa tu vida anterior” de la Legión y regodearse malévolamente en lo inexorable de la conversión?

La otra cosa es que sea indepe. Eso también está por verse. Sabemos que se mostró crítico con el encarcelamiento de algunos protagonistas del procés, pero eso no implica necesariamente ser partidario del procés mismo. Hay matices que el apasionamiento nos impide a veces calibrar en la importancia que tienen. Respecto al tema catalán, por ejemplo, el mismo Pau Gasol se ha manifestado alguna vez partidario de un referéndum, pero desde una inequívoca postura a favor de la pertenencia de Cataluña a España. Nadie le puso a parir. El que firma estas líneas siente una gran repugnancia por el independentismo catalán, como variante de la que siento por los nacionalismos como fuentes de creación de problemas, pero no se me escapan estas sutilezas.

No sería el primer antimadridista que se contrata. No solo no debería, a mi juicio, ser un problema, sino que deberíamos encontrar un regocijo íntimo en hacer sucumbir a los infieles ante el argumentario más imbatible de la historia del deporte universal

Sin embargo, pongámonos también en lo peor. Pongámonos en que Pedro Martínez es un firme defensor de la independencia de Cataluña. Es una ambición desestabilizadora de la unidad nacional, qué duda cabe, pero no aludimos aquí a una ideología intrínsecamente violenta que no merezca algún respeto, aunque sea desde la más radical discrepancia.

Y sucede algo más: oponerse a la ideología de alguien como presuntamente contraria a la del Real Madrid supone la previa aceptación tácita de que el Madrid tiene ideología. Basta dar una vuelta a esta idea irrebatible para que todo aquel que abogue por un club blanco apolítico comprenda que, por muchas arcadas que le produzca a él personalmente el independentismo catalán, no puede negarse a nadie la posibilidad de entrenar al Madrid en virtud de sus ideas políticas.

Pedro Martínez es un gran entrenador. Ahora mismo, solo cabe confiar en su saber y su profesionalidad. El Madrid debe salir del trauma, y dar una oportunidad a un entrenador que viene avalado por grandes resultados parece el camino más sensato.

 

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Di Stéfano es, probablemente, lo contrario de la soledad. No solo porque jugaba en todas partes, de portero, de libre, de mediocentro, de delantero, de entrenador, de psicólogo y de encargado de mantenimiento. También porque desde que irrumpió en nuestras vidas, en la mayoría de los casos antes de que hubiéramos nacido, nunca ha dejado de estar.

Su frase más recordada, aquella de que ningún jugador es tan bueno como todos juntos, dista igualmente de la soledad.

Quizá Di Stéfano jugaba de todo porque no se fiaba del todo de nadie más, y así abogaba por el colectivo con la convicción de un cura que no cree del todo en el cielo pero sabe que hace falta que la parroquia se porte bien. Era un genio que había entendido que ni siquiera él podía permitirse jugar solo, y se pasó la carrera demostrándolo estando, un poco contradictoriamente, en todas partes al mismo tiempo.

Antes de los partidos, Gento repiqueteaba los tacos contra el suelo del vestuario sin moverse del sitio, como quien acelera en punto muerto. Alfredo lo escuchaba y, si le sonaba como debía, sentenciaba que Paco estaba bien y que ya podían salir a jugar.

Amancio, Di Stéfano, Gento y un perrito

Era lacónico y práctico. Los inteligentes no necesitan cuatro mil palabras para transmitir una idea. En la final de la Copa de Europa del 58, Rial se quejaba de que Liedholm lo regateaba hasta con las cejas. Alfredo lo solucionó diciéndole que dejara de mirarle la cara y le mirara los pies.

En ese mismo encuentro, hizo gala de nuevo de esa inteligencia útil. El inventor de la frase que coloca el grupo por encima de la individualidad, cuando observó que todos los compañeros —menos uno— se movían con el chivato de la reserva encendido, llamó a ese uno y le dijo: «Paco, gana la final». Y Paco marcó el 3-2 en la prórroga que supuso la tercera Copa de Europa consecutiva.

«Ningún jugador es tan bueno como todos juntos». La frase de Alfredo sigue colgada en el túnel de vestuarios del Bernabéu. la dijo el tipo que más cerca estuvo de desmentirla.

Cuando llegó Puskas al Madrid con medio mercado de abastos en la barriga, todos esperaban a que se pronunciara Di Stéfano. Lo vio jugar un rato y sentenció que manejaba la zurda mejor que él la mano.

Alfredo venía así de serie. En 1953, cuando parecía más cerca del Barça que del Madrid, Manuel del Arco le preguntó con qué permiso estaba en España. «Con el mío», respondió. Ya con bastón en mano, siguió igual. Después de un derbi, un reportero quiso saber cómo había visto el partido. «Sentado. ¿Cómo lo iba a ver si no?», contestó.

Este proceder puede parecer borde, sobre todo en esta sociedad almibarada de lenguaje absurdo que huye de la concisión, pero no es más que una consecuencia de su agudeza. También de su intolerancia a las boludeces.

Como entrenador conservó el mismo pragmatismo afilado. En el Madrid de Zanussi en el pecho, observó que un jugador no corría con la entrega requerida. Le soltó algo así como: «Che, te pesa la lavadora».

A los arqueros no les pedía que pararan todas las que iban dentro, pero sí al menos que no se metieran las que iban fuera.

Un tipo con ese lenguaje de Bogart en El sueño eterno no podía retirarse por una tontería como la merma de facultades físicas asociada a la edad. El motivo fue otro, mucho más serio: sus hijas ya no lo veían yendo por los campos calvo y en pantalón corto.

«Ningún jugador es tan bueno como todos juntos». La frase de Alfredo sigue colgada en el túnel de vestuarios del Bernabéu. La leen los jugadores antes de salir al campo. La mayoría, probablemente sin saber que la dijo el tipo que más cerca estuvo de desmentirla.

Esa es la mejor herencia que puede dejar un genio: convencer a los que vienen después de que no lo son, aunque él, en el fondo, tal vez nunca se lo creyera del todo de sí mismo. Cien años de Alfredo. Ninguno de soledad.

 

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Cuando el árbitro señaló el final del Croacia-Portugal, el tiempo no solo se detuvo en el estadio; se detuvo también en el corazón de quienes entendemos el fútbol no como una sucesión de estadísticas, sino como una forma de arte y resistencia. Posiblemente, vimos el último acto profesional de Luka Modrić en el fútbol élite.

Las cámaras no siguieron a Cristiano Ronaldo o a sus pupilos, que conseguían un luchado pase a octavos de final, no, todas las cámaras apuntaban al bueno de Luka.

Quizás termine fichando por algún equipo de su amada Croacia o por algún club que quiera darle la oportunidad de retiro en alguna liga relevante; y aunque el fútbol siga girando, el vacío que deja no es el de un jugador que se marcha, sino el de un pilar que, sencillamente, siempre estuvo ahí, sosteniendo el cielo blanco sobre sus hombros.

Mi madridismo, forjado entre la pasión y la razón desde los años 80, tiene un antes y un después de Luka. Desde la etapa de Zidane no sentía esta comunión espiritual con un futbolista. Mucho antes de que el Santiago Bernabéu coreara su nombre, ya lo seguía en el Tottenham. Me identifico con esos jugadores que habitan en la penumbra, lejos de los focos cegadores de las estrellas mediáticas. Aquellos que no necesitan el gol para justificar su existencia, aquellos que hacen el penúltimo pase o la pausa, porque su presencia es, en sí misma, una declaración de principios. Cuando veía sus movimientos en la Premier, un pensamiento recurrente me asaltaba: «Ojalá el Real Madrid lo fichara».

Modrić es un jugador especial, un ser único. Sus valores, esa esencia de caballero andante que pelea cada balón como si fuera el último, permanecerán en las paredes del club durante décadas

Cuando se hizo realidad (Gracias, Mou), la ilusión fue inmensa, pero pronto se tornó en una rabia sorda. Recuerdo perfectamente el ruido de la prensa, los titulares que lo juzgaron como un gasto innecesario, como un "jugador más" que no entendería la exigencia de Chamartín. Qué poco sabían. Luka no vino a hacerse estrella; vino a construir un imperio desde la humildad. Aprendió español a la velocidad de su pensamiento y tejió vínculos humanos que, sospecho, sobrevivirán a su carrera.

Por supuesto que hubo goles, algunos de una belleza plástica capaz de romper los cerrojos más oxidados; por supuesto que hubo asistencias que desafiaron las leyes de la física en la época más gloriosa de nuestro club. Pero lo verdaderamente inabarcable de Modrić no está en los números. Está en esos instantes de suspensión en el medio campo donde, tras un giro sutil, una pausa necesaria o un cambio de banda que dibujaba un arco perfecto, el equipo entero respiraba y se reorganizaba. Lo que construyó junto a Kroos y Casemiro no fue solo un centro del campo; fue una tríada mística que pasará a la historia y que difícilmente podrá ser igualada por generación alguna.

CMK

Luka Modrić es el jugador que durante más tiempo ha llevado la camisa 10 del Real Madrid. Va, esto lo voy a volver a escribir para que lo vuelvas a leer: Luka Modrić es el jugador que durante más tiempo ha llevado la camisa 10 del Real Madrid. Y esto no es un dato menor. Es una responsabilidad que pesa toneladas, y que él vistió con la ligereza de un bailarín, siendo el 10 del club más laureado en la historia del fútbol.

Si su carrera termina, lo hace tras haber dejado una huella imborrable. Luka es el hijo de la guerra, el niño que sobrevivió al horror de los Balcanes para entender que la vida, al igual que el fútbol, se trata de avanzar ante la adversidad. Siempre impecable, alejado de la polémica, familiar, un ejemplo de cuidado físico y profesionalidad absoluta. Seguramente fue quien enseñó a Vinícius la magia del exterior, forjó con Sergio Ramos una amistad eterna, y quien, al mismo tiempo, llevó a su amada Croacia a cimas que parecían inalcanzables.

Luka Modrić es el jugador que durante más tiempo ha llevado la camisa 10 del Real Madrid. Va, esto lo voy a volver a escribir para que lo vuelvas a leer: Luka Modrić es el jugador que durante más tiempo ha llevado la camisa 10 del Real Madrid

No existe jugador que haya sido aplaudido de pie en tantos estadios, propios y hostiles. No hay género, edad, nacionalidad, religión ni fanatismo que no se haya rendido a Luka y su liderazgo silencioso. Los madridistas tenemos grabada a fuego una cinemateca particular y me permito recordar solamente diez (como su dorsal): su golazo ante el Manchester United para enmudecer Old Trafford; aquel pase in extremis a Cristiano en Cardiff; la barrida quirúrgica a Messi para frenar al PSG; aquella cabalgada vertiginosa —¡qué gloriosa noche!— que culminó en la asistencia a Benzema frente al mismo PSG; un pase mágico con el exterior para que Rodrygo empatara la clasificación ante el Chelsea; ese corte defensivo en propia área contra el Bayern, justo después de cobrar un córner; su viaje en el autobús junto a Lucas Vázquez, camino a su último partido en el Bernabéu; la imagen de Luka, Casemiro y Kroos con sus manos abiertas, en señal de cinco Champions; su intento de baile con Rüdiger y Militao al ganar la decimoquinta y el abrazo con Toni Kroos, entre nuestras lágrimas, en su último juego con el Real Madrid. Diez momentos, diez imágenes de fe que ya son, por derecho propio, patrimonio del Real Madrid.

Me permito agregar una imagen que tengo grabada en mi retina: Camavinga jugando y bailando con los hijos de Modrić en el Bernabéu, luego de clasificar a la final de la decimocuarta. Eso también es Modrić.

Yo no pude escribir nada cuando se retiró del Real Madrid, no encontraba palabras. Ahora, meses después, con la mente un poco más fría, me permito compartirles este sentimiento. Ahora, cuando el silencio del retiro empieza a rodearlo, brota en mí (y apostaría que también en gran parte del madridismo más puro) un deseo profundo: que el club le brinde la despedida que merece. Un partido, un último escenario, ya sea en un partido Real Madrid versus Croacia o una danza entre los amigos de Luka. Modrić es un jugador especial, un ser único. Sus valores, esa esencia de caballero andante que pelea cada balón como si fuera el último, permanecerán en las paredes del club durante décadas.

Desde el madridismo, Luka, solo podemos desearte lo mejor en lo que venga. Te queremos profundamente. Gracias infinitas por hacernos tan felices, por enseñarnos que el talento, si va acompañado de humildad, es invencible, y por habernos hecho sentir, cada vez que te veíamos besar tus espinilleras, el inmenso orgullo de ser del Real Madrid. Has sido, eres y serás uno de los nuestros.

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Buenos días, galernautas.

Una de las grandes ventajas del oficio de portanalista en época de mundial en ultramar es que uno tiene tiempo de prepararse para según qué cosas. Sabe que ocurrirán, sí, pero los husos horarios nos benefician y nos regalan 24 horas para pertrecharnos y evitar males mayores, verbi gratia, un coma diabético.

Nadie duda de que mañana las portadas de todos los rotativos presuntamente deportivos de España porfiarán de manera enfermiza por escribir la mayor cursilería edulcorada e hiperbólica sobre el jugador más sobreprotegido de la historia. Genial y brillante, sí, pero la práctica totalidad de los triunfos de Messi están manchados por corrupción arbitral. Su paso por el club cliente de Negreira coincidió con los años más mefíticos de la historia del arbitraje español y, posiblemente, mundial.

Aprestémonos, pues, a leer y oír cosas que, como diría el coronel Trautman, harían vomitar a una cabra, pero eso será cosa de mañana.

Hoy, As, ese diario que una vez dirigió Relaño, nos cuenta que España asusta. Sinceramente, no es que los retratados en el frontispicio prisaico constituyan un canon de donosura, pero de ahí a sostener que asustan media un trecho. Entre los protagonistas sobresale el melenón leonado de Cucurella, recientemente anunciado fichaje madridista y excelso pelotero.

En Marca saltan a un primerísimo plano de Lamine Yamal dando un bocado al escudo de la camiseta de la selección española. El titular es un ejercicio de originalidad y audacia: “Quiere comerse el mundo”.  El rendimiento y estadísticas del jugador parecen desdecir un poco esta ola de loas insufribles que caen sobre el muchacho, que ya está reemplazando a Messi en los ánimos sobreprotectores de prensa e instituciones del fútbol español.

Saltemos a la prensa cataculé en un arabesco rayano en la parafilia. Sport cambia su habitual registro y habla de un Tour de Francia para la historia. Es lógico que le quieran dar relevancia, pues su primera etapa empieza en Barcelona. Esperamos que todos los participantes logren salir en buen estado de salud de la Ciudad Condal y con todas sus pertenencias intactas.

En su faldoncillo, Sport también refiere el próximo España-Portugal como un duelo generacional entre Cristiano Ronaldo y Lamine Yamal. No podemos sino disentir. Uno es una leyenda que, aunque ya en declive por cuestiones puramente biológicas, ha ganado todo lo que puede ganar un ser humano en el fútbol, mientras que el otro es un adolescente de inmenso talento y potencial, pero que, aunque se ponga de puntillas, aún no llega a alcanzar un taco de la bota de CR7.

En el Mundo Deportivo, diario del Conde de Godó, Grande de España, también personalizan el duelo ibérico en Cristiano Ronaldo y Lamine Yamal. Es agotador tener que repetir las cosas, pero hace mucho que nos convencimos de que los diarios presuntamente deportivos consideran que sus lectores tienen un coeficiente intelectual inferior a temperatura ambiente, así que muy bien. Cristiano contra Yamal. Estupendo.

Pasad un excelente día y deseemos un muy feliz 4 de julio a nuestros amigos estadounidenses.

Buenos días, amigos. España avanza a octavos en el Mundial gracias a una victoria sencilla (3-0) ante los rústicos amigos austríacos, entre los que se encontraba el entrañable David Alaba. El combinado nacional jugó bastante bien, aunque queda la cosa de no haber tenido enfrente un rival ni siquiera de mediana entidad. Esto último puede decirse no solo de Austria, sino también de todos los oponentes anteriores, a saber: la limitada Cabo Verde, la flojísima Arabia y la depauperada Uruguay. Ninguna de las tres, y tampoco Austria, fueron capaces de perforar la meta de Unai Simón, que a este paso se va a marchar de la Copa del Mundo con un cartel que ni Thibaut Courtois. Ya ha superado el récord de imbatibilidad de Zenga en la competición, y ello sin haberse visto forzado a estirar el brazo más que, a lo sumo, para parar un taxi en Chattanooga, que es algo que todo el mundo debería hacer al menos una vez en la vida.

De manera ligeramente hiperbólica, Marca nos hace saber que la llamada Roja jugó “como los ángeles” y que “rompió a jugar”. Exhausto sobre el césped vemos celebrando a Oyarzabal, que con su doblete y gran actuación se coronó en el corazón de los aficionados como el mejor del partido, razón por la cual el MVP del encuentro le fue otorgado a Lamine Yamal, quien por méritos propios recibirá también en las próximas horas el Premio Nacional de Ensayo Científico, el Nobel de Física, el Goya al mejor actor que ya no tiene solo 17 años y tres o cuatro Premios Cervantes. No nos consta que, a la recepción de ese trofeo individual, negara merecerlo, como de manera loable hizo Jude Bellingham tras aquel partido ante Ghana.

En la foto de Marca vemos también a Gavi, porque estaba allí en el momento en que se tomó la instantánea, y a Cucurella, que fue el mejor junto al propio Oyarzabal, a quien brindó dos asistencias de gol. Descomunal partido del nuevo lateral izquierdo del Real Madrid que, por serlo, no obtiene ninguna mención de su nombre en ninguna de las cuatro portadas del día. A fastidiarse, no haber fichado. Aquí el que la hace la paga, y si has desestabilizado firmando por el satánico club blanco asume las consecuencias. No haber fichado. Se siente.

As tampoco menciona el mayestático partido de Marc. Parafraseando a Gabriel García Márquez, diríamos que Cucurella no tiene quien escriba su nombre. Castigado sin postre, y nos parece requetebién, olé ahí. El chico no jugó mal, pero desde luego no se desenvolvió sobre la cancha con la misma eficiencia y brillantez que Penélope Cruz, Bardem y Rosalía, que en cambio sí ven hoy su nombre escrito en la primera plana del medio prisaico. Lógico. Penélope se marcó un hat trick con una triple asistencia de su marido, mientras Rosalía, que chutó al larguero, hizo fluir con maestría el juego en el centro del campo.

Cucurella no tiene quien escriba su nombre, pero ellos tres sí. Normal. ¿Acaso alguno de los tres ha fichado por el Real Madrid? Son chicos buenos, discretos y enemigos de la extravagancia que nunca harían algo tan feo. De ahí el premio de ver sus nombres en la primera plana de As, a diferencia de Cucu. Indiscutible.

Si teníamos pocas esperanzas de encontrar escrito el nombre de Cucurella en As o Marca, imaginad en la prensa cataculé. En páginas interiores imaginamos que sí lo mencionarán, aunque en DAZN estuvieron cerca de apañárselas para no decir quién había dado los pases de gol a Oyarzabal. Varios minutos tras cada tanto, y varias repeticiones de sendas jugadas después, seguía pareciendo que los pases se habían dado por ciencia infusa o que habían brotado de la nada, como este portanálisis que cerramos ahora, no sin antes felicitar a Cristiano Ronaldo por plantarse en octavos también, tras eliminar Portugal a Croacia. En esta foto podéis ver juntos, abrazos, posiblemente, a dos de los tres mejores jugadores de la historia del Real Madrid. Gratitud eterna.

Pasad un buen día.

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Qué puñetero es el subconsciente. Cuando menos te lo esperas, te juega una mala pasada. Y eso es precisamente lo que le ocurrió a Javier Tebas en un acto que, de por sí, ya tenía bastante poco sentido. Resulta que, en un hecho sin demasiados precedentes, el presidente de La Liga, de esa Liga tan manchada y tan mal vista fuera de nuestras fronteras, decidió asistir a la toma de posesión de Joan Laporta como presidente del Barcelona. Como socio y amigo —palabras de Laporta, no mías—, Javier no podía faltar a la cita.

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Claro que fue un lapsus, eso nos dirán. Que cualquiera puede equivocarse hablando en público, que un desliz lo tiene cualquiera y que no hay que buscarle tres pies al gato, faltaría más. Sería muy mal pensado interpretar otra cosa. Pero qué casualidad, eso sí, que el desliz le ocurra precisamente al hombre que lleva años recorriendo platós, conferencias y entrevistas defendiendo el mayor bochorno arbitral de la historia del fútbol español, porque reconocer la gravedad del caso Negreira supondría admitir que el producto que vende está seriamente devaluado. Pero nada, seguro que solo fue un error. Ya se sabe que el subconsciente tiene la mala costumbre de decir en voz alta lo que uno lleva demasiado tiempo intentando ocultar.

A mí, personalmente, ya me pareció rarísimo el simple hecho de ver a Javier Tebas detrás de un atril con el escudo del Barcelona en el acto oficial de la toma de posesión de Joan Laporta. ¿Qué pinta ahí? Sí, ya me conozco la respuesta que dará cuando le pregunten. "Yo, si me invitan, voy. No tendría ningún problema en asistir al acto de cualquier club". Muy bien, Javier. El problema es que, curiosamente, las excepciones siempre las rompes con el mismo. Y llega un momento en el que resulta agotador que nos sigan tratando como si fuéramos todos imbéciles.

Para quien no se haya enterado de qué va todo esto, porque ahora mismo todos tenemos la cabeza puesta en el Mundial, mientras Tebas subía al escenario rodeado de banderas blaugranas y con una imagen pública cada vez más desgastada —algo perfectamente comprensible, porque no debe de ser fácil dormir con según qué conciencia—, ocurrió lo siguiente. Durante su discurso pronunció una frase que hizo correr ríos de tinta: "Estoy seguro de que vamos a tener...". Se dio cuenta al instante y rectificó con un "el Barça va a tener muchos éxitos en los próximos años". Muchos se lo tomaron como una simple anécdota. Yo también me reí, porque es que no queda otra. Pero no deja de ser llamativo que el presidente de La Liga se sintiera tan cómodo en un escenario completamente blaugrana que acabara hablando en primera persona del plural.

Sí, claro, fue un lapsus y ya está, no hay nada más que ver. Aunque, cuando detrás existe un contexto como el del Barcelona, cuesta bastante tragarse según qué explicaciones. Porque hablamos de un club al que, año tras año, se le han aceptado operaciones económicas que a cualquiera con dos ojos le generan, como mínimo, muchas preguntas. Yo sigo convencido de que Tebas sabía desde el principio que muchas de aquellas famosas palancas no eran precisamente un ejemplo de normalidad financiera. Cuesta creer que el máximo responsable de la competición descubriera todo por sorpresa.

¿De verdad alguien entiende que el presidente de La Liga participe en un acto de semejante simbolismo institucional, elogie públicamente al club más señalado de los últimos años y termine incluso protagonizando un lapsus en el que habla como si formara parte de él?

Y luego está el caso Negreira. Un asunto que ya parece haberse normalizado tanto que da la sensación de ser como el que tiene un tío en Granada. Ahí sigue. Como si durante casi dos décadas el Barcelona hubiera podido pagar millones de euros al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros mientras competía en esa misma Liga y aquí no hubiera pasado absolutamente nada. Lo lógico sería pensar que el presidente de la competición, por una cuestión mínima de imagen institucional, mantuviera cierta distancia hasta que todo quedara aclarado, pero no. Resulta que con el Barcelona hay abrazos, discursos, bromas y fotografías.

En cambio, con Florentino Pérez rompió relaciones porque el presidente del Real Madrid le discute el modelo de gestión de La Liga. Debe de ser mucho más grave discrepar de cómo se organiza una competición que convivir con el mayor escándalo arbitral de la historia del fútbol o con unas cuentas que llevan años levantando sospechas.

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Por si todo aquello fuera poco, Tebas aprovechó su intervención para elogiar la situación del club. Habló del saneamiento financiero y del rumbo del Barcelona, llegando incluso a afirmar textualmente: "No tenéis nada que envidiar a ningún club de este país", con dos narices. Después de todo lo ocurrido durante los últimos años, ese era el mensaje institucional del presidente de La Liga.

Y entonces apareció Joan Laporta, que cuando tiene un micrófono delante nunca desaprovecha la ocasión para repetir el mismo discurso de siempre: que el Barcelona está solo contra todos. Contra todos. Es una frase que ya provoca risa.

¿Contra quién, Joan? Porque cuesta encontrar a esos enemigos. El vicepresidente del CTA estuvo casi dos décadas cobrando de vuestro club. El presidente de La Liga acude encantado a tus actos institucionales y tú mismo le llamas amigo delante de todo el mundo. ¿Quiénes son esos "todos"? ¿La gente de Twitter? ¿Los niños que juegan al fútbol en el parque?

Porque sí, Laporta no tuvo ningún problema en dirigirse a Tebas con un cariñoso: "Javier, te considero un amigo". Así, sin más. Y, por si faltaba algo, aprovechó para bromear con el fair play financiero y con las ventajas que traerá el nuevo Spotify Camp Nou para cumplir la normativa económica de la competición. Bromas con el fair play financiero y el estadio, cabe recordar que una palanca para cumplirlo fue unos palcos vendidos a no sé sabe quién cuando ni habían empezado las obras el estadio, tiene su gracia. Aunque, visto desde fuera, más que gracia produce una sensación bastante distinta.

Parece que, mientras las trampas sean conocidas por quien tiene que vigilarlas, dejan automáticamente de ser un problema. Al menos esa es la impresión que transmite todo este espectáculo. Resulta complicado explicar determinadas escenas sin que la credibilidad de la competición vuelva a quedar por los suelos. Todavía hay quien se sorprende cuando el fútbol español pierde prestigio fuera de nuestras fronteras. ¿De verdad alguien entiende que el presidente de La Liga participe en un acto de semejante simbolismo institucional, elogie públicamente al club más señalado de los últimos años y termine incluso protagonizando un lapsus en el que habla como si formara parte de él?

Todo junto resulta demasiado grotesco como para despacharlo únicamente con una sonrisa. Así que sí, Javier, juntos seguiréis teniendo muchos éxitos, no te preocupes. Al fin y al cabo, eso fue exactamente lo que se te escapó decir antes de rectificar. A lo mejor solo fue un lapsus o a lo mejor el subconsciente, ese que es tan puñetero, volvió a hacer de las suyas y terminó diciendo en voz alta lo que algunos llevan demasiado tiempo empeñados en negar.

 

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Hoy juega España contra Austria en dieciseisavos del Mundial. En clave madridista, Philip Lienhart y David Alaba han sido los dos jugadores austriacos que han jugado con el primer equipo madridista hasta el día de hoy. El primero lo hizo subiendo desde el Castilla para algún amistoso o el célebre partido de Copa ante el Cádiz de la alineación indebida de Cherysev, mientras que el segundo fue uno de los grandes refuerzos merengues en el verano de 2021. La historia pudo ser bien distinta si hubiera cristalizado el interés que tuvo el Real Madrid a finales de los años 90 cuando estuvo interesado en la contratación de Markus Schopp.

El cuadro blanco defendió su corona de la ‘Séptima’ en la temporada 1998-99. En el sorteo de la Champions League quedó encuadrado con el Inter de Milán de Ronaldo, el Spartak de Moscú y con los austriacos del Sturm Graz. En la primera vuelta de la liguilla el conjunto centroeuropeo visitó el Santiago Bernabéu en la tercera jornada, y Schopp impresionó.

El Real Madrid de Guus Hiddink goleó a los austriacos por 6-1, pero en el club impresionó el papel de Schopp, jugador de banda derecha que podía ser tanto lateral como carrilero o centrocampista por el costado. Sus principales cualidades eran su versatilidad, un buen manejo del balón, gran recorrido por la banda, inteligencia para medir sus subidas y una importante proyección ofensiva. Nacido el 22 de febrero de 1974 e internacional austriaco en 56 ocasiones, precisamente unos meses antes había actuado en el Mundial de Francia 1998 en el choque entre Austria y Chile de la jornada dos.

Los elogios al partido de Schopp se pudieron leer en la prensa al día siguiente. En AS lo calificaron como el dandy del partido por su “cabezazo al poste, una asistencia de tacón, un penalti no pitado y un subir incesante por la derecha. Sorprendente”. En la valoración jugador por jugador se decía que Schopp “fue el mejor de los austriacos. Subió la banda con peligro y creó mucho peligro”. Lo negativo de su encuentro fue que vio una amarilla que le impedía jugar el siguiente encuentro contra los blancos en territorio austriaco.

Esa semana, tras su partidazo, comenzó a publicarse que había gustado mucho y el cuadro blanco lo había incorporado a su lista de posibles fichajes futuros. En el diario AS se pudo leer que “Lorenzo Sanz ordena seguir a Schopp” y que “al presidente le gustó su actuación y sería un fichaje asequible”. El cuadro blanco tenía en su agenda al francés Ba, pero no acababa de convencer, y Schopp era una alternativa que “no solo se adapta a las necesidades del equipo blanco, sino que sería, además, un fichaje asequible, tal y como está actualmente el mercado”. Se valoraba que había sido “capaz de frenar las subidas de Roberto Carlos y recuperar hasta seis balones. Además, el jugador demostró tener proyección ofensiva, forzando los dos córners de los que disfrutó el equipo austriaco, y enviando hasta ocho balones al área madridista. Uno de ellos desembocó en el único gol del Sturm. Los datos muestras que se trata de un jugador completo”.

La periodista María Jesús Luengo entrevistó a Schopp unos días más tarde. El austriaco “se quedó con la boca abierta al conocer que los blancos seguirán sus evoluciones. Casi no pudo articular palabra alguna y se remitió a decir: “¿Es verdad, es verdad?”. Schopp declaró que “este interés me sorprende, pero es algo fascinante para mí. No tenía noticia de que el actual campeón de Europa se había fijado en mí. Aún no puedo decir nada de este interés porque no he tenido ningún contacto oficial. Me enorgullece que un club con una excepcional categoría quiera seguir mis pasos”. Por último, dijo que quedó prendado del Santiago Bernabéu: “Desde luego, el estadio madridista es impresionante. Allí se han vivido grandes momentos de la historia para el club blanco. Además, es maravilloso”.

A finales de octubre, el club blanco tenía pensado reforzarse y el objetivo era potenciar la banda derecha. Entre los candidatos estaban Schopp, el más asequible; el balcánico Ognjenovic en cuya operación se había metido también el Barça; el inglés McManaman, estrella del Liverpool; el gallego Míchel Salgado, una de las sensaciones ligueras en el Celta; y Javier Zanetti, que era una alternativa y estaba deseando fichar por el Real Madrid. La historia de Schopp la quisieron comparar a la que en su día ocurrió con Bernabéu y Stielike, es decir, cuando un jugador entra por los ojos a un presidente.

Antes de que el Real Madrid devolviera la visita al Sturm Graz en la Champions, la periodista María Jesús Luengo volvió a hablar con Schopp. El austriaco insistía en que “iría al Madrid sin pensarlo”. Agregó que “es el sueño de cada niño que juega al fútbol. Comencé con seis años y entonces ya pensaba en los grandes y en imitar a las estrellas de aquellos momentos. El Real Madrid es el equipo que todos tenemos como referencia. El Madrid es una religión en el fútbol. Yo empecé a seguir al Madrid desde la época de Butragueño. También jugaban Míchel y Gordillo. Había mucha calidad y hacían un juego muy bonito”. Por último, se definió como futbolista: “Soy un jugador más efectito en ataque que en defensa. Voy bien en el uno contra uno, y tengo buena llegada. Cuando tengo espacio llego hasta la línea de fondo”.

En el mes de noviembre fue el secretario técnico Pirri el que habló: “A Schopp le seguimos desde que jugó contra Inter y Spartak. La prensa lo ha dicho casi todo. Se está tratando de hacer algún contacto. Mi misión es informar al club de todos los jugadores que veo, cuando me desplazo a ver partidos y cuando me pongo a ver los vídeos. El Real Madrid, ahora mismo, podría fichar jugadores españoles, europeos y sudamericanos en el puesto que necesitara, pero creo que el equipo está bastante equilibrado. Aunque es cierto que hay más jugadores por la banda izquierda que por la derecha”.

Finalmente, el austriaco no fichó por el Real Madrid, principalmente porque se eligió a otros jugadores en las posiciones en las que se desempeñaba. Ognjenović aterrizó en el mercado de invierno de 1999 desde el Estrella Roja. Luego, en verano, en una operación ‘renove’ con muchos nombres en la nueva plantilla madridista se fichó a Míchel Salgado como lateral procedente del Celta y a Steve McManaman, que llegó libres después de agotar su contrato con el Liverpool. A su vez, por la puerta de salida desfilaron los laterales Panucci y Rojas y unos meses después Seedorf.

Schopp continuó un par de años más en el Sturm Graz y en 2001 se marchó al calcio italiano para jugar en el Brescia de Carlo Mazzone junto a Roberto Baggio, Guardiola o Luca Toni. En 2005 regresó a su país para jugar en el RB Salzburg, y terminó colgando las botas después de dos campañas en el NY Red Bull en 2008.

 

Fotos de Alberto Cosín

Buenos dias. En un acto sin precedentes, Javier Tebas y Joan Laporta escenificaron su bromance ante todo el planeta en el acto de toma de posesión del segundo, tras ser reelegido presidente del club que pagó a Negreira durante un mínimo de 17 años. El propio Laporta, por cierto, cuadriplicó los emolumentos percibidos por el entonces vicepresidente de los árbitros, lo cual no supone un problema (más bien parece que al contrario) para que Tebas, presidente de LaLiga y vicepresidente de la RFEF (y por tanto de los propios árbitros), le muestre en público su apoyo personándose por primera vez en la historia en una toma de posesión de un presidente de club y soltando, además, un abracadabrante lapsus linguae (¿lo fue?) en el cual se incluía, ya sin rubor, en el propio organigrama de la entidad.

-Vamos a tener… el Barcelona va a tener muchos éxitos.

Entendemos que puede ser un comienzo de portanálisis perturbador y chocante, pero la realidad es tal cual la describimos. Javier Tebas decidió salir del armario, hacer pública su devoción personal por el mundo culé y otorgar con luz y taquígrafos su devoción por la institución de Negreira, las palancas y las cautelares, pero lo cierto es que no hacía falta. No olvidemos que, sin Tebas, se habría hecho justicia en lo relativo a la corrupción arbitral más grave de la historia del fútbol, y no habría habido ni palancas, ni cautelares, ni demás favores descarados de la propia Liga y la propia Federación (Tebas representa a ambas) al club que ha protagonizado el fraude más ominoso de la historia del deporte. Ya se sabía que Tebas hace todo lo posible por favorecer a ese club tramposo y, de paso, perjudicar a su rival el Real Madrid. No hacía falta que saliera del armario. No quedaba una sola persona que le viera dentro del mismo. No había tal armario, como no hay decencia ni pudor. Se vio ayer.

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No hacía falta, no, pero la verdad es que nos encontramos ante una sublimación del arte de la desfachatez de tal magnitud que el mundo merece haberla visto. Ayer, Tebas y Laporta edificaron, en cosa de minutos, una verdadera catedral del descaro. Quita de ahí, Ken Follet, que aquí las catedrales se construyen sobre la marcha. Ya se sabe que la mujer del César no solamente debe ser honrada sino también parecerlo. En el caso que nos ocupa, la mujer del César no solamente no es honrada, sino que no manifiesta ya el menor interés en al menos parecerlo.

Andan más allá de eso. Ebrios como están de impunidad, no consideran que existan ya motivos para ocultar por más tiempo su siniestra alianza, y la lucen con orgullo ante los ojos pasmados de todo el mundo. Sin recato. Sin rubor. A calzón quitado.

Y esto es lo que hay, amigos. Las portadas del día ni siquiera mencionan esta obra magna de la jactancia. Somos corruptos, somos amigos y pensamos seguir siendo ambas cosas, ¿qué pasa? ¿Algo que objetar? ¿Qué vais a hacer al respecto? ¿Regañarnos mucho? ¿Castigarnos sin bocata?

Se ríen de nosotros haciendo todo el ruido que pueden, con exhibicionismo, mientras la prensa del día ignora el aquelarre a cuenta del partido del Mundial que hoy juega la selección de la federación que vicepreside (pero es él quien manda) el propio Tebas. Cómo será el calibre de la desfachatez que la prensa cataculé ni siquiera se atreve a poner en portada la presencia de Tebas en el acto ni da cuenta de su discurso, con subconsciente traicionado encima.

La Roja ganará o perderá. Es irrelevante. Lo que no debería suceder es que sirva de pantalla de humo para ocultar la bochornosa podredumbre del fútbol español, que no es ya que nadie ataque. No es ya que alguien intente ocultarla. Ahora ya se muestra en toda su impudicia, se diría que con orgullo de su propia condición séptica.

Pasad un buen día.

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