Buenos días. En primer lugar, queremos transmitir nuestras condolencias a los familiares y seres queridos de las víctimas del horrendo accidente ferroviario en Adamuz, que a esta hora se salda con decenas de muertos y cientos de heridos. Una tragedia terrible ante la cual la actualidad deportiva se antoja insignificante, y lo que procede es estar junto a quien lo necesita y depurar responsabilidades para evitar algo similar en el futuro.
A pesar de las circunstancias, trataremos de realizar el portanálisis de hoy como mejor podamos.
Vaya por Dios, por un solo día, el CTA no ha puesto una alfombra de flores al Barça para que ganara. El Barcelona sufrió una real sacudida precisamente contra la Real Sociedad y sucumbió por 2-1. Con partidazo de Joan García. Un varapalo, según reza Mundo Deportivo.
El diario del Count of Godó, Grandee of Spain, utiliza el titular para señalar los motivos, según ellos, de la derrota: el VAR, que les anuló tres goles y un penalti; y los palos, remataron cinco veces a la madera. Los culés están sorprendidos, indignados, alucinados. Es normal, nunca les había pasado. ¡Para algo pagaban!
Sin embargo, quienes no se han comprado nunca el sistema arbitral sí han experimentado estadísticas de ese calibre. No hace falta irse muy lejos para recordar una: en octubre, Soto Grado e Iglesias Villanueva anularon tres goles al Madrid contra el Barça. En Mallorca, Sánchez Martínez y Pulido Santa, otros tres. La campaña pasada, Quintero González y Figueroa Vázquez, tres contra Las Palmas. Gil Manzano y Estrada Fernández, tres hace tres temporadas frente al Elche. Y otros tres ante el Eibar anulados por Díaz de Mera y Martínez Munuera en la 2020-21. Gracias a @cabaislois por los datos.
Se asustan los de DAZN porque al Barsa le han anulado tres goles y tienen razón para sorprenderse porque es la primera vez que ocurre en la historia. Sin embargo, que se los anulen al Madrid no es noticia, le ha ocurrido 5 veces, la última precisamente contra el Barsa, el https://t.co/SaWHRQc1oA
— cabaislois (@cabaislois) January 18, 2026
Como era de esperar, los adalides del respeto arbitral rajaron de los colegiados. Primero el capitán De Jong y luego Flick en rueda de prensa. Las declaraciones del entrenador que tan bien habla castellano y catalán fueron curiosas: «Siempre hablo muy bien de los árbitros, pero De Jong tiene razón en sus palabras sobre el árbitro». Valiente y coherente.
Como coherentes se mostraron la culerada y el antimadridismo. Para estos individuos, la segunda imagen es fuera de juego claro y la primera, un robo.
Lo más curioso es que el colegiado fue Gil Manzano, al que invitaron para el Gamper. Un despiporre.
A nosotros lo que nos parece es que el sistema de fuera de juego semiautomático es un fraude. Por dos motivos: el árbitro de VAR puede elegir el frame que quiera, con lo cual, de facto, decide si es gol o no; y además no se muestra en la misma imagen el momento del golpeo del balón, por lo que ha de realizarse un acto de fe en el sistema más corrupto que se recuerda.
Lo que ocurre es que cuando de forma recurrente el afectado es el Madrid, no pasa nada. Cuando le roza al Barça, es un drama. Los de Laporta se sienten como quien entra a una peluquería con final feliz, paga y solo le cortan el pelo.
Sport lleva en su portada a Lamine Yamal con un gesto de contrariedad. «Se acabó la racha», titulan. Entendemos que el bueno de Lamine estará doblemente triste: por un lado perdió su Barça y por el otro cayó derrotada su selección favorita ante Senegal. Parece que a Marruecos el asunto no le salió tan bien como a Argentina.
Ríete ahora pedazo de escoria.
Marruecos palmando la copa África y tu equipo palmando en liga mientras te arrastras por el campo. Payaso.
Buen domingo noche se le ha quedado a Lamine Yamal de Playa. pic.twitter.com/hJy8zEXhzo
— CHOLISMO (JODÍ A GEY CHOLO) (@AmableMatamoros) January 18, 2026
As abre con la misma foto de Yamal, pero con destacado distinto: «Hay liga». ¿Cómo que hay liga, si el Madrid entero está para demolerlo? Los de Arbeloa no pueden estar solo a un punto del todopoderoso Barça, antes de ayer asistimos a quizá la mayor pitada de la historia por un sector del Bernabéu hacia su propio equipo. Si tenemos en cuenta que ha habido años que ha acabado más allá del segundo puesto que ocupa ahora y ha ganado Champions, por lógica, debería ir noveno o décimo.
No, está mal, el Madrid no puede estar solo a un punto, debe encontrarse a diez o doce, por mucho que Marca también lo afirme en su portada.
Esto no para. Mañana, Champions. Contra el Mónaco. Jugamos en el Bernabéu. Lo que no sabemos es si como locales o como visitantes de nuevo.
Pasad un buen día.
Ni perseguir un partido entero a Vinicius… ¡en el Bernabéu! Se lo pongo aquí, de entrada, porque arriba, el titular, sería muy largo. Vamos.
Sostiene el filósofo José Antonio Marina que no todas las opiniones son respetables. Y lo remata: “sí lo es el derecho a expresarlas”. ’Quícir’, las personas merecen respeto, la respetabilidad de sus opiniones depende de su calidad, la de la opinión.
Dice el filósofo que hay opiniones estúpidas, blasfemas, racistas, injustas... ¿Respete mi opinión? Pues depende de la opinión, resume Marina. Lo pienso desde niño, mis broncas me ha costado.
Así, admito, y es un decir pues quién soy yo para admitir o no al prójimo y sus cosas, que el Bernabéu pite al equipo y al presidente. Las frustraciones. Es más: celebro que los pitones sean madridistas, sus colores son otros y… No quiero ni pensarlo.
Pero no considero respetable pasarse dos horas largas abroncando a los jugadores de tu equipo y/o pidiendo la dimisión del presidente.
Comprensible es la pitada cuando los muchachos salen a estirar las piernas, cuando se retiran, cuando se anuncian las alineaciones, cuando el palco empieza a poblarse.
Y lo es porque lo último del Madrid ha sido todo muy gordo y el deshago, higiénico e inevitable. Además, una bronca bien pegada curte, sin la menor duda. Lo del sábado, no.
Vamos con el presidente: «Es que se ha equivocado», dicen los pitones. ¡Gracias a Dios, digo yo! ¿Se imaginan una persona que no se equivocara nunca? ¿Son ustedes conscientes de la tarea de Florentino en la presidencia del Madrid?
no me van a convencer: «Florentino dimisión» no es una opinión respetable. No es una opinión de calidad. No a tenor de lo vivido en el Madrid todos estos años
Creo que sí pues al menos hasta el sábado, el madridismo elegía tres personajes sobre todos los demás en la historia del club y mira que ‘demás’ hay muchos y extraordinarios: Bernabéu, Di Stéfano y Florentino.
Y los tres se equivocaron. Mucho más acertaron, pero sus malos momentos tuvieron. Y a los tres les pitaron porque el Bernabéu es un ser vivo y la capacidad de encabronamiento española, mundialmente conocida. Oigan, los hay que pitaban a Nadal…
Pitada, bronca. ¿Pero «Florentino dimisión»? ¿De verdad? Échele usted en cara que le faltó Zubimendi o una bruja de Zugarramurdi. Que la difícil transición del Equipo de Oro 2 no ha sido lo diligente y acertada que era menester. Que no debió asistir al Barça y ayudarle a burlar su ruina, asistencia que ríanse de las de Llull y/o Campazzo. De por qué firmó a Xabi si no le convencía. De su manera de tratar a los futbolistas. Y a los entrenadores...
¿De algo más? Pues sí venga, lo que se les ocurra. Pero no me van a convencer: «Florentino dimisión» no es una opinión respetable. No es una opinión de calidad. No a tenor de lo vivido en el Madrid todos estos años.
Como tampoco tiene calidad tirarse un partido casi entero pitando a los jugadores, los tuyos. Que tienen tela, sí. Muy marinera la tela. Con especial dedicatoria a Vinícius, Bellingham, Camavinga y Valverde.
Una tarde curiosa que me recordó aquel fallido partido en Miami: el Madrid va a jugar 20 partidos de visitante esta Liga. De momento, si la cosa sigue así igual serán 21, 24… El partido con el Levante no lo jugó en casa, de local. Así lo quiso mucha de su gente.
De todas maneras no me llamé a engaño: desde el mismo momento en que acabó el partido en Albacete se puso en marcha un cerco al madridista. Radios, televisiones, youtubers, periódicos tradicionales o digitales todos a una, ¿usted pitará al equipo ante el Levante, a Florentino?
Menos en el programa de cocina de Arguiñano, la pregunta se formuló día y noche. El ambiente estaba caliente. El entorno, gran palabra, se agigantó y colaboró decisivamente en la hoguera.
Radios, televisiones, youtubers, periódicos tradicionales o digitales todos a una, ¿usted pitará al equipo ante el Levante, a Florentino? Menos en el programa de cocina de Arguiñano, la pregunta se formuló día y noche
Que tuvo en Vinícius el otro gran protagonista. Ya se le persigue en su casa. Sí, él tiene sus cosas. Muchos de estos males del equipo igual no hubieran sucedido sin su desplante la tarde del Clásico.
Vinícius se equivoca, pero lo que vivió el sábado en Chamartín no es respetable. Contadísimos serán los futbolistas que vivieron una situación así desde que los ingleses inventaron este juego.
Florentino y Vinícius protagonistas en una tarde delirante en el Bernabéu. El estadio donde se celebraron éxitos sin parangón en la historia del deporte mundial.
Tiempos no tan lejanos en los que no se discutía modelo, estrategia, nada. El montaje más triunfal en la historia del balompié.
Y sí, de un tiempo acá el motor se ha gripado. Y pilotos, ingenieros, mecánicos, sexadores de trócola y demás no dan con la avería. Lo de acertar siempre, miau. No hay infalibilidad en el fútbol, en la vida.
Enfado lógico, bronca inevitable. Incluso eso, saludable. Lo demás, no. Lo demás también acabó en «able»: lamentable.
Getty Images
La diligencia, a los muchos fordianos que además leen La Galerna, les evocará automáticamente a una de las mejores películas del célebre John Ford, y probablemente de la historia del western. Para los no tan aficionados a las películas del oeste, la palabra diligencia principalmente les suscitará cuidado, celo, eficiencia y prontitud en ejecutar una acción (así dice la RAE). Llevado al terreno madridista, diligencia es lo que seguramente ha faltado en el momento de tomar ciertas decisiones,fundamentalmente en el ámbito de la confección de la plantilla, la preparación física o en la gestión de ciertos egos y comportamientos de algunos jugadores. Esto, sumado a una considerable dosis de mala suerte en forma de lesiones, ha hecho que el Real Madrid se encuentre en la encrucijada en la que ahora está. No cabe duda, la directiva y la plantilla deben asumir su responsabilidad por no haber hecho las cosas como se debería y después rectificar. Ahora bien, la cuestión está en decidir cómo debe ser denunciada y castigada esa falta de diligencia.
Durante esta jornada en el Bernabéu se ha vivido el ambiente más hostil que se recuerda contra los propios jugadores, cebándose especialmente con algunos. Y aquí surge el debate: ¿es beneficioso para el equipo silbar a jugadores concretos durante todo el partido, como si en lugar de en su casa estuvieran jugando en el estadio de un acérrimo rival? ¿Realmente la gente piensa que así se logrará una reacción positiva a largo plazo?
En las escuelas de negocio, así como en los departamentos de recursos humanos de las más grandes empresas, se lleva tiempo hablando del Soft Leadership. Se refiere a un estilo de gestión centrado en las habilidades interpersonales y emocionales de los propios componentes de los equipos para, precisamente, motivar, colaborar y empoderar al grupo, fomentando un ambiente participativo y de confianza. Es la contraposición al rancio “estilo duro” enfocado más en la autoridad y las medidas coercitivas que tanto se llevaba en la empresa del siglo pasado. Los resultados de un estilo frente a otro están contrastados. Aun así, parece que en la grada del Bernabéu cierto sector sigue apostando por el método clásico. Lo curioso, es que muy probablemente muchos de los que han estado silbando e increpando a jugadores durante todo el partido, en su ámbito laboral y personal reclamen para sí mismos una tolerancia frente al error mucho mayor de la que hoy ayer concedieron ellos.
A tenor de lo anterior me pregunto también ¿a cuántos de los que hoy pitaban a Vinicius (o a otros) durante todo el encuentro, la última crisis del Euribor les pilló con la hipoteca a tipo variable? ¿Cuántos de ellos decidirían esperar en 2016 a comprar vivienda porque estaban convencidos de que iba a seguir bajando? Es más, apostaría que un gran número de ellos que cuentan ya con una edad compraron un video “Beta” allá por los 80. Por eso, volviendo al concepto de “diligencia”, ojalá todos fuéramos tan diligentes en nuestro trabajo y día a día como hoy se le exige ser al Real Madrid.
Señores indignados de la grada: ningún jugador o directivo está por encima del Real Madrid, pero ningún aficionado tampoco. Cuidemos lo nuestro. Dejemos de dar motivos a los rivales para que se sigan frotando las manos. En la vida se cometen errores. Todos los directivos actuales han logrado previamente el éxito en sus carreras profesionales y en el camino habrán cometido cientos de ellos. Se trata de aprender, corregir y seguir intentándolo. No tiene sentido, cual “Nerones”, prender fuego a la ciudad para disfrutar viendo cómo se quema desde dentro mientras se “aprietan” una bolsa de pipas.
Es un tópico eso de que quien no conoce la historia está condenado a repetirla, pero si algo nos gusta a los filósofos, a pesar de todo, es alertar para no repetir errores. Y, precisamente, entre las páginas de nuestro pasado, se conserva un episodio tan absurdo como fundamental: la Batalla de Karánsebes, donde se demuestra que la estupidez puede tener una influencia decisiva. Por no extenderme, lo resumiré contando que el ejército austriaco, presa de la confusión, la oscuridad y el pánico, creyó ver otomanos donde solo había compañeros de filas. Entre gritos y disparos erráticos, las tropas se diezmaron a sí mismas antes de que el verdadero enemigo llegara al campo de batalla. Al amanecer, miles de soldados yacían muertos por fuego amigo. Ayer, bajo la fría luz de la tarde madrileña y ante un rival presente, el Bernabéu decidió escenificar su propia versión de aquel desastre, demostrando que no hay imperio lo suficientemente grande como para sobrevivir a su propia neurosis.
Lo que ha ocurrido en el feudo blanco, con la sinfonía de pitos, los pañuelos contra el palco y la hostilidad visceral dirigida hacia sus propios jugadores —focalizada especialmente en Vinicius—, no es un acto de exigencia histórica como a muchos les gusta repetirse para justificar su ira. Es, desde un punto de vista estrictamente científico, un suicidio ritual. Quien silba a su equipo mientras el balón está en juego, ignora los principios más elementales de la neurobiología: el cerebro no procesa la hostilidad del propio entorno como un estímulo para la excelencia, sino como una amenaza directa a la supervivencia. Esto activa la amígdala y dispara los niveles de cortisol, y bajo este estado bioquimico, el lóbulo frontal —encargado de la creatividad, la toma de decisiones y la visión espacial… CASI NADA PARA UN JUGADOR DE FÚTBOL— se inhibe. El aficionado que silba cree ejercer su «soberanía de cliente», pero en realidad está saboteando el producto que tanto dice amar. Es como la paradoja del padre que golpea la mano del cirujano exigiéndole que no tiemble. El resultado, como hemos visto, sobre todo en la primera parte, es un equipo atenazado, impreciso y roto.
no es un acto de exigencia histórica como a muchos les gusta repetirse para justificar su ira. Es, desde un punto de vista estrictamente científico, un suicidio ritual
Esta dinámica de autoboicot revela una crisis filosófica, más profunda de lo que parece, en el seno del madridismo actual: la transformación del aficionado en cliente. El cliente exige garantías y devoluciones inmediatas; el aficionado, en su concepción clásica, ofrece soporte incondicional precisamente cuando la garantía falla. Los pañuelos blancos dirigidos ayer al palco presidencial en medio del partido son el síntoma de una masa social que ha perdido la tolerancia a la frustración, comportándose como una turba que quema el palacio real porque la cosecha ha sido mala en invierno, sin entender que el fuego solo garantiza el hambre para los años venideros.
Si el madridismo quiere salir de esta espiral, debe comprender que el estadio es un santuario, nuestro templo, no un tribunal. La historia del Real Madrid se forjó en las remontadas imposibles, donde la grada empujaba el balón hacia la red con su propio aliento. Ayer, el aliento se utilizó para que fuera el rival el que jugara con 12, olvidando que en el fútbol como en la guerra, destruir la moral de la tropa es la forma más rápida y estúpida de perder una batalla antes incluso de iniciarla. Y como aprendieron en Karánsebes, si disparas a tus propios hombres en la oscuridad, cuando amanece solo encuentras cadáveres propios y un enemigo que sonríe sin haber gastando una sola bala.
Buenos días. Tal y como empiezan muchos chistes, tenemos una noticia buena y una mala. La buena es que el Real Madrid, como ya sabréis, venció al Levante por 2-0 en liga, lo que afloja mínimamente la soga que le oprime el cuello después de perder dos títulos (Supercopa y Copa) en apenas cuatro días.
La mala es que fue una victoria “a domicilio”, como titulaba su crónica en La Galerna Jesús Bengoechea. Lo malo, sí, es que dicha victoria tuvo lugar en un Santiago Bernabéu que, en aquelarre absolutamente inédito en muchas décadas, no dejó de abuchear a los propios jugadores (especialmente a Vinícius) durante los más de noventa minutos de encuentro. En uso de su libertad de expresión, claro, pero con las consecuencias que pueden deducirse fácilmente de una actitud semejante: jugadores atenazados y, en particular, un Vinícius que (exceptuando los insultos racistas, o tal vez sin exceptuarlos del todo) se sintió casi tan mal como en Mestalla.
Resulta curioso que haya madridistas que piensen que esa iniciativa (sostenida, y lo repetimos porque es importante, durante el partido completo) puede ayudar en algo al equipo que se supone es el suyo. Hacer notar tu malestar es siempre legítimo, y por supuesto que hay razones para ese malestar, pero lo inteligente sería limitar el alcance de las protestas al comienzo y/o final y/o fases concretas del partido. Hacer que tu equipo sienta que está jugando fuera un partido que juega en casa nos parece la antítesis de lo que puede conseguir alguien que ama a dicho equipo. Nos parece, con el debido respeto, que el Bernabéu desbarró.
Lo que no es que nos parezca, sino que lo sabemos fehacientemente porque son hechos, es que Marca miente hoy en portada sobre los acontecimientos de ayer en el templo blanco, en particular sobre las declaraciones posteriores en rueda de prensa de Álvaro Arbeloa.
Sí. Aparte de asemejarse a algunas pinturas negras de Goya, la primera plana del diario marquista miente sobre lo dicho por el técnico del Real Madrid. Lo que Marca dice que Arbeloa dijo sobre los pitos lo dijo en realidad y en concreto sobre los gritos de “Florentino dimisión”, lo cual es muy distinto. No dijo “Los pitos no son de gente que no quiere a Florentino, sino que no quiere al Madrid”. Cambia el sujeto de la frase por “los gritos de Florentino Dimisión” y el titular pasa a ser cierto, pero de lo contrario es solo una falsedad, muy probablemente diseñada para enrarecer la relación entre el entrenador y la grada. Obligado por la cortesía con el público a la que no se siente ceñida La Galerna, el entrenador blanco dijo en cambio que el público estaba en su perfecto derecho de silbar.
Marca, tergiversando y malmetiendo desde 1938.
“Pitada y alivio”, titula As bajo una foto correspondiente a la celebración del gol de Raúl Asencio. En la foto vemos también a Mbappé y Güler. En total, tal vez los tres mejores jugadores de un partido que cambió radicalmente cuando Arbeloa, en el descanso, decidió dar entrada al campo al turco y a Mastantuono. A partir de ahí, hubo fluidez y el marcador se quedó corto para lo que debió haber sido. Se registraron multitud de ocasiones para una goleada que no se llegó a producir. La tuvo Mbappé para el doblete (antes convirtió magistralmente un penalti que él mismo provocó, a pase de Güler), la tuvo Bellingham para en lucimiento de Ryan y la tuvo Vinícius también. Lamentablemente, no pudo dar un disgusto a los miles de odiadores que la acosaron en las gradas, haciendo felices a millones de antimadridistas.
Así respira hoy, por ejemplo, el antimadridismo versión colchonera. Enhorabuena a todos los que han hecho posible esta felicidad.
“Hemos ganado”, suelta el cabestro. Que cada cual se haga ver la cuota que le corresponde en el logro de la felicidad de esta gente.
Los de la prensa cataculé, claro, rozan también el paroxismo orgásmico con el autosabotaje que se hizo ayer la masa social blanca. Pena para ellos que el Madrid ganara.
Hoy, a las 21 horas, juega el equipo cliente de Negreira en Anoeta, y aunque no queremos siempre albergamos la mínima esperanza de un pinchazo. La esperanza puede ser muy lesiva. Los de Flick están jugando bien y cuentan con el favor del sistema, con el mascarón de proa arbitral al frente.
Pasad un buen día.
Primera parte horrorosa del Real Madrjd contra el Levante. Indistinguible de la agonía de los últimos tres meses, en los que pareció que jugábamos una y otra vez el mismo partido como en el día interminable de la película de Bill Murray "Groundhog Day".
-Courtois: SIN CALIFICAR por falta de trabajo. El Levante no le puso a prueba ni una vez en los noventa minutos.
-Valverde: APROBADO. Solvente partido como lateral.
-Carreras: APROBADO. Discreto.
-Huijsen: SUSPENSO. Está bajo mínimos de confianza.
-Asencio: SOBRESALIENTE. Quizá el mejor sobre el césped, y no solo por su espléndido gol. Está en gran momento, y entronca con la tradición de centrales españoles temperamentales y de raza. Partido soberbio.
-Tchouaméni: APROBADO. Mejor en el segundo tiempo, como todos los demás.
-Bellingham: APROBADO. Tras un primer tiempo calamitoso, mejoró en la segunda mitad. Pudo marcar, pero Ryan lo impidió.
-Camavinga: SUSPENSO. Desastroso.
-Gonzalo: APROBADO. Mucho denuedo, poco acierto.
-Mbappé: NOTABLE. Implicadísimo y siempre amenazante.
-Vinícius: APROBADO. No dejó de intentarlo ante una grada hostil.
-Güler: SOBRESALIENTE. Sobre su gran técnica, a balón parado y en movimiento, se cimentó la victoria.
-Mastantuono: APROBADO ALTO. Fallón al principio, pero no se arredró por ello. Brindó dinamismo y un chutazo al larguero.
-Ceballos: APROBADO ALTO. Buen manejo del equipo en los minutos que tuvo.
-Alaba: SIN CALIFICAR por falta de tiempo.
-Arbeloa: NOTABLE. Reaccionó perfecto y a tiempo con la inclusión de Güler y, en menor medida, Mastantuono.
Arbitró Miguel Sesma Espinosadel colegio riojano. En el VAR estuvo Iglesias Villanueva.
Estreno del colegiado de Logroño en el Santiago Bernabéu y se notó que está muy muy verde.
Tarjetas claras al limbo, un listón para las faltas difícilmente explicable y algún fallo de apreciación para señalar córners. Por lo menos, acertó de primeras en el penalti a Mbappé
Comenzó el choque dejando sin pitar una falta clara sobre Mbappé en la frontal del área. Matturro le saca el cuero, pero antes Pablo Martínez lo arrolla. Luego, llegarían tres tarjetas. La primera para Vencedor por una falta a Vinicius en el 16', la segunda a Tchouaméni por derribar abajo a Carlos Álvarez en el 31' y la tercera a Gonzalo al llegar tarde en una pugna también con Carlos Álvarez en el 43. En este periodo hubo una caída en el área de Tchouaméni, pero sin nada punible.
En el segundo acto Carreras y Toljan pidieron ver tarjeta amarilla, pero los dos se libraron. También el trencilla riojano dejó sin pitar una obstrucción catedralicia sobre Vinicius y un derribo claro a Bellingham. Sí decretó de forma correcta el penalti sobre Mbappé en el minuto 57 cuando fue Dela fue al suelo y barrió a Mbappé. El VAR parecía que intentaba tirarlo atrás por el minuto de espera que hubo hasta la señalización final, pero en esta ocasión no encontraron un resquicio.
Sesma Espinosa, DISCRETÍSIMO.
La decisión de Álvaro Arbeloa, introduciendo a Arda Güler en el descanso, sirvió al Madrid para hacerse con tres puntos vitales en un ambiente irrespirable. Nunca en sus muchos años de vida madridista había visto este narrador al Bernabéu silbar continuamente (durante noventa minutos, no solo al principio o en fases) al que se supone que es su equipo. El Madrid logró una trabajada victoria a domicilio. Peor que a domicilio. Porque de tu gente, por muy mal que te vayan las cosas, no esperas esto.
Diez minutos después del inicio, lo único que había deparado el partido eran los silbidos de la afición, ante los que el equipo, en combinación con sus propias limitaciones de funcionamiento, se mostraba completamente bloqueado. Maniatado por un ambiente insoportable, aunque también por sus conocidos barullos tácticos, los de Arbeloa dominaban de manera abrumadora sin crear la menor sensación de peligro. Lo más parecido a una ocasión corrió a cargo del Levante, que tuvo la opción de una falta al borde del área, por fortuna sin consecuencias para los de Arbeloa. Sin consecutivas deportivas, o si no que la pregunten al ojo derecho de Valverde, que recibió un brutal balonazo apostado en la barrera.
La decisión de Álvaro Arbeloa, introduciendo a Arda Güler en el descanso, sirvió al Madrid para hacerse con tres puntos vitales en un ambiente irrespirable
La falta de confianza de todos en sus propias capacidades se veía reflejada en Huijsen, que hasta despejó fuera de banda, sin sentido, un balón que en condiciones normales debería haber jugado con arreglo a sus buenas condiciones técnicas. Pero nadie tiene buenas condiciones técnicas en el momento exacto en que ha dejado de creer en ellas. Sí además apenas rozas la veintena y tienes a 80.000 de los que se suponen tuyos silbándote, la receta para el desastre está servida.
Lo mismo vale para Vini, abucheado por la que se supone su parroquia en actitud que tiene pinta de haber creado un cisma irreconducible. El Madrid mostraba dos variantes igualmente romas: balón a un Vinícius abucheado como si fuera Negreira o baldíos intentos de pared por el centro, con Mbappé y Gonzalo. La ocupación de los espacios entre los tres delanteros mencionados amenazaba ser el mismo galimatías de hace tanto tiempo, si bien el reparto parecía ser Vini por la izquierda, el madrileño por la derecha y Kylian por el centro.
Hacia la media hora, un balón largo de Tchouaméni encontró a Mbappé, que decidió jugársela según le venía en lugar de controlarla y ponerse solo delante del portero. Una nueva muestra de la galopante falta de confianza de todo el equipo, e insistimos: en parte propia, en parte propiciada por la actitud nunca vista de la afición.
El Madrid estaba totalmente atenazado. Martínez lanzó una falta fuera por poco y el público suspiró con algo parecido a lastima. Querían el descalabro del equipo, o eso parecía. Camavinga o Bellingham, sobre todo el francés, acompañaban con una sucesión de despropósitos en el pase. La enésima perdía de balón de Eduardo propició una nueva falta al borde del área de Courtois, afortunadamente también sin consecuencias.
Y así, sin más noticias de las estrictamente sociológicas, se acabó el primer tiempo. (Nueva) pitada monumental y rostros crispados en su camino al túnel.
Tras el descanso, entraron Güler y Mastantuono por Gonzalo (uno de los pocos aclamados por parte de la afición) y Camavinga. El turco resultaría crucial en la ligera mejoría del juego y la victoria final.
La segunda mitad se inauguró con otra mala entrega de un desquiciado Huijsen. El Levante no hacía gran cosa, pero Etta Eyong resultaba amenazante. Un centro de Güler fue rematado sin precisión por Bellingham, sin fuerza, sin convicción, como cuando dudas durante horas si mandar o no un WhatsApp a la chica que te gusta porque tienes en la cara un herpes que amenaza con afearte hasta el jueves santo. Tchouaméni tiró fuera en una jugada en la que se hizo cierto hueco en la frontal.
El juego seguía siendo pobre, aunque la entrada de Güler parecía haber brindado un poco más de intención. Ponía en juego el Madrid un poco más de sentido gracias a la participación del turco, y de hecho chutó con intención tras combinar con Mbappé. Ryan estuvo seguro.
Y fue Güler quien vio magistralmente el hueco para la incursión de Mbappé, que fue derribado dentro del área. Sensacional, fría, la transformación de la pena máxima. Como decía nuestro colaborador Luis Montero Manglano, el silbido del árbitro pitando penalti fue el único silbido útil del encuentro. Sorprendentemente, el público celebró el gol, pero no se privó de abuchear a Huijsen en su sustitución. Actitud ideal para que el chico gane confianza en un momento aciago.
Güler demostró de nuevo ser la clave del partido al sacar, a los 64 minutos, un córner con la maestría que le es propia. Asencio se elevó a los cielos y conectó un cabezazo cargado de toda la ira colectiva de los madridistas que hoy no habrían pitado, o al menos jamás durante todo el partido. 2-0 y, extrañamente, nueva celebración por parte de los 80.000 espectadores levantinos.
El partido, con su cardíaco desarrollo, apuntaba no obstante a un final plácido con una importante victoria del Madrid a domicilio, con juego nada convincente de nuevo, pero victoria al fin y al cabo. El Levante parecía también más o menos resignado a dicha suerte, si bien Romero tuvo un buena ocasión, con un remate por encima del larguero. El que lo mandó directamente al larguero fue Mastantuono con un chutazo desde fuera, una de sus mejores acciones desde que aterrizó en la capital. Bellingham también la tuvo tras un gran pase de Valverde, pero Ryan estuvo espectacular.
Por su parte, Vini intentaba un gol que poder brindar a las miríadas de odiadores en la grada adversa, es decir, la propia. Hizo un slalom de fuera hacía dentro y chutó inocentemente. Parte de la grada se alegró de que Ryan la detuviera sin excesivo esfuerzo. Más tuvo que esmerarse al duro tiro de Bellingham, habilitado, de nuevo, por un estupendo Güler. También Ryan sacó bien un disparo escorado de Mbappé. Al final se había animado un poco la cosa, con rabona de Mbappé incluida. Vini seguía en sus trece, como suele cada vez que las aficiones de aquí y de allá le brindan el conocido acoso. Menos mal que siempre le quedará el Bernabéu.
Es broma. Ha perdido al Bernabéu también. Igual se marcha. Lo sentiremos. Los que le han pitado durante noventa minutos, los que más.
Buenos días. Dentro de un rato, como quien dice, el Real Madrid juega en el Bernabéu un partido por el que parece que nadie está preocupado, a pesar de que en el ganarlo se cifran gran parte de las posibilidades de seguir vivos en la liga dentro de este momento extraordinariamente convulso.
Los medios están más bien centrados en el recibimiento que el Bernabéu (que, con toda justicia, está enfadado y preocupado por la marcha del equipo) pueda brindar a los jugadores, al nuevo técnico e incluso al propio Florentino Pérez. La prensa plantea la posible pitada de la afición en términos sumarísimos.
“Juicio”, titula As, a lo que añade: “El Madrid se somete al veredicto del Bernabéu tras perder dos títulos en 72 horas”. La segunda parte de la frase es ya historia, verificable y dolorosa. La primera es un futurible tras el que se esa entrever la ilusión de tanta y tanta gente por que hoy se arme una gordísima en el recinto blanco.
Hoy es una fecha en la que se comiencen a suturar las heridas, a las que les falta mucho para cicatrizar, o bien, por el contrario, uno de esos días en los que más patente se muestre el divorcio entre buena parte de la afición y la plantilla, la directiva o el cuerpo técnico recién aterrizado. El público es soberano y el madridismo alberga a personas de toda índole y condición. Los socios son los dueños del club, los abonados sufragan buena parte del sostenimiento de esto que tanto nos gusta (o gustaba en muchos casos) y cada uno es muy libre de opinar y comportarse como quiera.
No obstante, desde La Galerna apelamos para que el público, soberano, opte por la inteligencia a la hora de manifestarse. Humillar al equipo propio durante el partido no conduce a nada que no sea contraproducente. La libertad siempre es mejor cuando es ejercida con responsabilidad.
No va a ser un día fácil, repetimos, y tampoco ayuda el horario tebano: las 14.00 horas. La hora del vermú y el picoteo. Ni 72 horas de descanso desde el desastre copero. Gracias, Tebas, por demostrar una vez más del lado de quién está. Ni siquiera somos capaces de recordar si el Madrid ha jugado bien alguna vez a la hora del aperitivo, pero es lo que toca y de nada sirve lamentarse.
Con el estado anímico por los suelos, los antis, que son manada, se frotan las manos. No hay más que ver las portadas y sus titulares.
“Peligro de incendio”. Cómo les gusta. Podría Marca conformar un título de película de sobremesa de Antena 3: “Juicio incendiario”, “Peligro letal”, “Fuego en las gradas”. Están gozando. Gozando y hozando con sus hocicos en el lodo, pues es un momento que llevan esperando desde hace muchos años. Hoy en definitiva, en este horario infame, es uno de esos días en los que el futuro puede quedar marcado, no ya el del club, que es muy grande y sabemos que siempre regresa a su sitio, sino el de un palco hacia el que miles de cabezas se van a girar. Y lo harán siguiendo la iniciativa de gente respetable, pero también de muchos zombies que vuelven de la penumbra en época oscura, como sintetiza nuestro amigo Andrés Torres. Nos saría demasiado asco haceros partícipe de las pancartas que han aparecido hoy colgadas de algunos puentes de Madrid.
Álvaro Arbeloa pedía el apoyo de la afición durante la rueda de prensa de ayer. Se manejó con soltura, quiso asumir los palos que seguramente tocaba recibir a otros y lanzó una señal clara a la prensa: él va a ser el escudo de protección, la coraza del espartano que va a soportar los golpes mientras pueda. Ahora toca a los jugadores demostrar quiénes son y por qué están en el mejor club del mundo. Es inevitable que haya pitos, todos sabemos que los va a haber. Si en el Bernabéu se ha pitado a las mayores leyendas del madridismo por fallar un pase o no dar una carrera, hoy no va a ser menos. Pero una vez puesto el balón en juego, esperemos que cambie la tendencia, que los jugadores sean capaces de revertir el cabreo de los aficionados y comiencen a demostrar que esto es el puto Real Madrid. Que el Levante nos levante el ánimo, pues quedan muchos retos en la temporada y hay que revertir la tendencia cuanto antes.
El diario Marca recoge que “Arbeloa apela al espíritu de Juanito para remontar y salir del hoyo”. Mucho más cerca que Juanito nos queda el espíritu de Usman Garuba, quien ayer dejó sobre la cancha del Palacio una muestra de lo que es el madridismo. Peleó cada balón, se dejó el alma en defensa y dio lo mejor de sí mismo en ataque para que, entre todos, se pudiera apalizar a un Barcelona que apenas dos semanas antes nos había cascado 105 puntos en el mismo escenario.
La enorme victoria del Real Madrid de los canastos apenas se recoge en la prensa de hoy, que le dedican un espacio ridículo (sacad la lupa para encontrarlo en la portada de Marca). Es de sobra conocido que el morbo de lo que pueda pasar en el Bernabéu les da más ventas que destacar los triunfos de la sección que tantas veces nos sirvió de refugio. De refugio y de ejemplo, y esta temporada se podría asemejar en varios aspectos: cambio de entrenador por un viejo conocido de la casa, una notable inversión en fichajes, sensaciones “raras” y unos resultados que no acompañaban. Pero los de Scariolo han sido capaces de sobreponerse poco a poco a las críticas y mejorar sus prestaciones de manera notable. Con un esfuerzo solidario, apretando el culo en defensa y animando al compañero que lo intenta, aunque no esté acertado. El hastío de otras jornadas se convirtió anoche en vítores y aplausos. Tras la victoria de ayer, el Real Madrid supera al F.C. Barcelona en la clasificación de la Euroliga, y, sobre todo, demostró que es un equipazo que sabe hacer las cosas, que puede aspirar a todo. Y eso mismo, que no es otra cosa que su obligación, confiamos en ver desde ya en el equipo de fútbol.
Os dejamos con la prensa cataculé, que también se relame, claro.
Que tengáis un buen día, compañeros de sufrimientos y alegrías. Ojalá hoy sea el inicio de la recuperación. A la hora de la siesta lo sabremos.