Las mejores firmas madridistas del planeta

Hay un axioma indiscutible en el fútbol: Argentina es la selección más competitiva del planeta. Todo ello sin hablar de calidad, ni de talento, ni de tácticas.

El miércoles volvió a demostrarlo. Scaloni es ya un entrenador/seleccionador más que consolidado. Su triunfo en Catar 2022 ya le colocó para siempre en la élite mundial. Como primer técnico de la Albiceleste, ya ha superado a César Luis Menotti (1 Copa del Mundo conquistada en 1978) y acaba de igualar en palmarés a Carlos Bilardo (1 Copa del Mundo en 1986 y un segundo puesto en 1990).

Scaloni logró su título de entrenador en España, y, entre otros, uno de sus profesores fue el seleccionador de España, Luis de la Fuente. Sin duda aprendió mucho en aquellos meses de los tan laureados entrenadores españoles.

Sin saberlo al cien por cien, podemos afirmar que Lionel Scaloni leyó, al menos unos cuantos capítulos, del célebre manual de Sun Tzu, “El arte de la guerra”. El partido de semifinales ante Inglaterra da fe absoluta de ello.

Todo comenzó con una guerra de desgaste, de provocaciones, de fortaleza psicológica. Todo es discutible, los métodos que emplearon los suyos pueden parecer ignominiosos, más propios de una guerra, en la que todo vale. En el fútbol, no todo debería ser lícito, puesto que en teoría hay un reglamento que debe de ser acatado por ambos contendientes y respetado por el juez de la contienda. Pero da la impresión de que Argentina, en concreto, juega con reglas diferentes a las del reglamento FIFA, y que cuenta con una red salvadora en cada momento, pudiendo hacer -casi- lo que le viene en gana.

En ese sentido, Scaloni parece ser más bilardista – “al contrincante, písalo” – que menottista, más amante del arte este último, aunque bien es cierto que en el Mundial´78 contó con la red videlista, además de la aquiescencia de la FIFA. Scaloni antepone la madera a la varita mágica, y ya desde el minuto 3 el joven Anderson pudo comprobarlo en su propia nuca gracias a un duro pescozón propinado por Enzo Fernández.

Acto seguido, tangana y rodeo a los contrarios y al árbitro -dice los que ven la MLS que era el favorito de Messi, con el que nunca había perdido un solo partido, una especie de Clos Gómez para el Barcelona de Negreira –. Obviamente, cero consecuencias, y ni siquiera una reprimenda para el agresor.

A partir de ahí, hubo hasta 20 faltas en el primer tiempo, dos tercios de las cuales fueron hechas por los argentinos, y el balón apenas corría unos segundos entre infracciones, interrupciones y protestas varias. Scaloni lograba lo que quería: que no pasase absolutamente nada, mientras Paredes, Cuti Romero y Simeone Júnior repartían cera como si no hubiese un mañana y ante la pasividad absoluta del sospechoso referee.

Mientras tanto, la flema inglesa iba cayendo por el sumidero, ante tal pasividad arbitral y tantas provocaciones gesticulares por parte del equipo de Messi. A los madridistas, este escenario nos sonaba casi a rutinario, era como cualquier visita al estadio del Mallorca, o al Sadar o al Metropolitano (4 de los 11 argentinos titulares ayer habitan habitualmente en ese paradero). Tarascadas por doquier y sin fin, y la primera tarjeta amarilla para el equipo que quería practicar fútbol. Anderson fue amonestado antes que los Enzos, Giulianos y Nahueles de turno.

Inglaterra, poco después del descanso, logró adelantarse tras un buen servicio de Rogers culminado por Gordon. Para cualquier equipo del mundo, aquello debía de representar la gloria, y media puerta abierta para la final de Nueva York. Para el equipo de Tuchel, paradójicamente, empezó a ser su propia sentencia de muerte.

Según Sun Tzu, un ejército debe cambiar sus tácticas según evolucionan las circunstancias. Y no estancarse y empecinarse en el plan primario. Y justo después de encajar el gol, Scaloni cambió de esquema. Ya no se trataba de hacer pasar el tiempo y de desgastar física y psíquicamente al rival. El partido necesitaba otras cosas si no querías perder la batalla.

A los madridistas, este escenario nos sonaba casi a rutinario. era como cualquier visita al estadio del Mallorca, al Sadar o al Metropolitano. Tarascadas por doquier y sin fin, y la primera tarjeta amarilla para el equipo que quería practicar fútbol

Adelantó líneas. Hizo entrar a Nico González, un avión en las áreas para los balones colgados. Y, empujando a las huestes inglesas. Tuchel, que no ha debido leer a Sun Tzu, ni quizás ningún libro de interés en su vida, debió pensar que, como contra México y contra Noruega, sus pretorianos resistirían tranquilamente cualquier ataque enemigo durante poco más de media hora.

Argentina por fin comenzó a elaborar pases y fintas. Y pasó lo de los pájaros disparando a las escopetas. Argentina colgando balones al área, empleando la vieja forma de jugar de toda la vida de los ingleses. Córners y centros. Inglaterra elaboró menos de 10 pases en más de 20 minutos. Todo era sacar agua del buque y pelotazos de Pickford fuera de banda o a los pies de los centrales sudamericanos. “Ataca donde el enemigo no está preparado”, escribía Sun Tzu. También decía: “Muévete como un trueno, que golpea antes de que puedas tapar los oídos”.

Tuchel llegó a acumular seis defensas, de los cuales cuatro eran centrales, sacando a enormes torres como Konsa y como Burn, además de sus dos laterales. Y ninguno sabía lo que tenía que hacer. Veíamos achicar balones de su propia área a Kane y a Bellingham, como si fuesen centrales del Numancia de Lotina.

Sin elaborar ni una sola jugada coherente, se impuso la lógica, el talante, el talento y, sobre todo, el hambre por derrotar al rival. Inglaterra era un ejército cuyo general había perdido el norte y no sabía cómo defender lo que tanto había conquistado ganar en la primera hora de partido.

Todo el estadio, y los millones de telespectadores de todo el mundo, tras ver la lluvia de córners, de oportunidades, de tiros a los postes y de llegadas interminables, sabía que la resistencia desorganizada de los ingleses iba a acabar cayendo. El resto, ya lo saben. Un misil de Enzo y un cabezazo de Lautaro a pase - ¡con la derecha! - de Messi. Y la batalla terminó.

La reacción absurda y tardía de Tuchel, sacando dos delanteros a falta de cuatro minutos, fue totalmente estéril. Argentina ya ni tembló. Kane no disparó en todo el partido. Bellingham hizo el récord de kilómetros más inservible de la historia.

Scaloni se coronó como general y como estratega. Tuchel, como incompetente y carente de ideas. Pero todo ello, no lo olvidemos, con la inestimable connivencia del colegiado. Y es que, en una guerra, lo repetimos, todo vale, todo es lícito. Sobre todo, en las guerras modernas, exentas del romanticismo y de la caballerosidad de siglos pasados.

Pero eso no debería aplicarse a un deporte/espectáculo como el fútbol, y menos todavía en una semifinal de un torneo de máximo nivel, con todo el universo pendiente de un partido. Scaloni fue mucho más listo, más astuto, ganado también la pelea psicológica. Aplicando nuevamente la máxima de Sun Tzu: “Un ejército que comparte un mismo propósito y mantiene el espíritu intacto en los momentos de angustia es invencible.” Pero contó con ayudas, y no precisamente divinas ni caídas del cielo. La suma de tener al mejor general más la inestable ayuda arbitral fue letal para un equipo de calidad, muy mal liderado y, además, castigado por un juez que no fue imparcial.

Ya puede tomar nota de todo esto Luis de la Fuente, el que fue maestro de Scaloni. El discípulo también querrá desquiciar desde el primer minuto al equipo español.

 

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Hola, amigos. ¿Nos calificaréis de excesivamente cínicos y corrosivos si empezamos contando que la selección bendecida por la corrupción del fútbol español jugará la final contra la selección bendecida por la corrupción del fútbol mundial?

Nah, reservaremos semejantes dosis de acidez (no exenta de verdad) para mejor ocasión en beneficio de las sonrisas de los niños de este y otro lado del Atlántico. Bendita sea su inocencia, aunque disculparéis que a estas alturas, con mil tiros pegados y décadas de un negreirismo plenamente vigente a las espaldas, nos cueste mucho abrazar la ingenuidad tal vez precisa para disfrutar del fútbol. A Marca, por ejemplo, no le falta esa ingenuidad, quizás (solo quizás) porque es la misma ingenuidad que Tebas quiere inocularnos mientras ordena a propios y extraños que barran todo el detritus bajo la alfombra.

Ganó, en efecto, Argentina. Que el resultado de este hecho sea o no, en efecto, “la final más bonita del mundo” estará siempre abierto a discusión. Tuchel optó por una táctica hiperconservadora tras adelantarse Inglaterra en el marcador, cosa que aprovechó Argentina para ejercer su derecho a remontar con dos golazos de Enzo y Lautaro.

Y entonces sucedió algo grave, que sin embargo no acarreará absolutamente ninguna consecuencia (¿0s suena?).

Al término del partido, en la efervescencia y el jolgorio de la celebración, los de Scaloni sacaron pancartas relativas a las Malvinas. Las manifestaciones políticas están rigurosamente prohibidas por FIFA. Morata y Rodri fueron sancionados con un partido por cánticos relativos a Gibraltar en la celebración del último Europeo, también ganado a Inglaterra.

¿Sancionará Infantino a Enzo, Nico, Simeone y, entre otros, el mismísimo Messi por posar junto a esa pancarta? Bastaría con la misma sanción que a Rodri y Morata, o sea, un partido. Lo que hace interesante la respuesta a nuestra pregunta es que el próximo partido, susceptible de ser objeto de la sanción, no es cualquier partido.

Veremos qué pasa.

Es un decir, ya sabemos qué va a pasar.

Os dejamos con el resto de portadas. Pasad un buen día.

 

 

 

AS

 

SPORT

 

MD

Se nos acaba de marchar el gran Pepe Legrá, “el Puma de Baracoa”, que llegó a ser campeón del mundo de peso pluma a final de los años 60. De origen muy humilde, en su Cuba natal se ganaba la vida como limpiabotas, y también zambulléndose en el mar para recuperar las monedas que le lanzaban los turistas para entretenerse.

Siempre quiso ser boxeador profesional, y en la Cuba castrista tan solo podía ejercer como amateur. Así que logró afincarse en Madrid, gracias a la vieja gloria cubana de los rings, Evelio Mustelier, más conocido como Kid Tunero, quien fue su mentor y su preparador durante muchos años.

Legrá, 7 veces campeón de Europa – logró su primera corona en el viejo Palacio de los Deportes de Madrid, arrebatándosela al francés Desmarets en 1967 -, se proclamó campeón del mundo de su peso en un mítico combate disputado en Gales ante el púgil Howard Winstone. Aquel duelo lo pudo seguir toda España, ya que se retransmitió en directo por TVE.

En aquellos momentos, José Legrá era tan popular en España como cualquier gran futbolista de la época, ya fuese Amancio, Iríbar o Pirri, o como los toreros más en boga como eran El Cordobés o Sebastián Palomo Linares. Copaba habitualmente las portadas de los diarios deportivos y también los semanarios de la prensa del corazón.

Aunque perdió su cetro mundial ante el australiano Johnny Famechon, en una decisión muy polémica, lo logró recuperar en 1971 ante el boxeador mexicano Clemente Sánchez. Su popularidad era enorme también en las Islas Británicas, en donde le apodaban “el pequeño Cassius Clay”, en especial por su juego de piernas, por pelear casi siempre con la guardia baja, y por su extraordinario carisma.

Perdió su segundo título en 1973 y su aura empezó a palidecer. Así como su popularidad. Y se dedicó a montar negocios que casi nunca le funcionaron, siempre viviendo en Madrid.

Recuerdo que, unos años después, mi madre se encontró con él en el Corte Ingles de Goya. Se quedó mirándole fijamente. Entonces, Legrá le preguntó si podía ayudarla en algo, a lo cual mi madre le dijo: “No, muchas gracias, no necesito que me pegue nadie.” Pepe Legrá cerró la escena riéndose abiertamente.

Pasaron muchos más años, y tuve la suerte de conocerle personalmente. Fue al llevar unos trajes a la tintorería de mi barrio, cerca de Manuel Becerra. Ahí estaba él, simpático, ya peinando muchas canas y ya con escasa cabellera. Pero lo reconocí inmediatamente, había sido un ídolo de mi infancia.

Estuvimos charlando un rato y logré invitarle a un café en la calle Francisco Silvela. Creí recordar que le gustaba el fútbol y la conversación fue por esos derroteros. Me dijo que había sido muy asiduo al Santiago Bernabéu, sobre todo en los años 70 y 80, y me reconoció su gran madridismo. Cada vez que le reconocía el público en el estadio, era ovacionado por la afición blanca, que recordaba sus numerosos entorchados internacionales.

Presumió de su amistad especial con Alfredo Di Stéfano, a quien seguía viendo, aunque cada vez menos. Ambos eran mitos nacidos en Latinoamérica, y habían coincidido en numerosos eventos y homenajes. Me comentó su absoluto respeto por Don Santiago Bernabéu, que siempre fue muy atento con él. También me habló con cariño de la Asociación de Veteranos del Real Madrid, que le apoyó notablemente en todos los sentidos cuando Pepe perdió gran parte de la fortuna amasada en sus años de gloria.

Me habló de sus duelos con el gran Manuel Calvo, también antiguo campeón de Europa del peso pluma, de sus cetros mundiales y de la frustración que fue para él haber sido derrotado por los puntos por Famechon en una ciudad inglesa cuyo nombre había querido olvidar. Nos dimos un abrazo, ya no había tanta gente que lo reconocía por la calle y menos aún que le dedicase unos minutos de atención.

Pepe Legrá era y será siempre un mito en la cima del deporte español. Ciento cincuenta combates y apenas una decena de derrotas.

Le recordaré siempre. Descanse en Paz.

 

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Creo que no soy sospechoso de ser un panenkita, ni de adular gratuitamente a la selección española. Basta con leer mis artículos anteriores. Sin embargo España, salvo algunos minutos ante Bélgica, ha demostrado ser el mejor equipo del Mundial. La exhibición que han hecho ante Francia es de quitarse el sombrero, por lo que venían demostrando les bleus hasta ahora y porque son unas semifinales de un mundial. Estaba convencido de que contra Francia no había nada que hacer por varios motivos. Estaba completamente equivocado.

Kylian y Cristiano esperando a Toni…

¿Por qué daba pocas opciones a la llamada Roja? España triunfó en la Eurocopa de 2024 gracias, entre otras muchas cosas más, al espectacular juego por bandas de Nico Williams y Lamine Yamal, que fueron fundamentales en el juego del equipo. Pero en este mundial, Nico apenas ha podido disfrutar de minutos, porque no ha llegado en las mejores condiciones, y aún se resintió más en el partido ante Austria. Lamine no ha tenido ningún partido para enmarcar, no ha mostrado todavía su potencial en ningún partido. Además, Zubimendi no ha dispuesto apenas de minutos por el mismo motivo que Nico, y fue importante en la Eurocopa. Merino, aunque ha sido clave en dos partidos saliendo desde el banquillo, tampoco está al 100% y no está jugando los minutos que jugó hace dos años en Alemania.

Por otro lado, el último precedente con Francia, la Nations League, aunque llegó a ir ganando España por 5-1, no me parecía el mejor ejemplo a tener en cuenta para analizar esta semifinal, porque Francia en dicho encuentro lanzó más a puerta que España, fallando al menos tres goles (recordemos que se ganó 5-4 finalmente). Mbappé, Doué y Dembelé,no llegaban en su prime a dicho encuentro, y Olise no era la estrella que es ahora.

Por todo lo expuesto, pensé que la situación completamente diferente que teníamos ahora decantaría la balanza a favor de los franceses, a pesar de que no tienen un centrocampo que sepa crear y mover al equipo. Su fortaleza está en que son muy fuertes físicamente y tienen cuatro bombas de relojería arriba,. Ganan por insistencia de estos jugadores, que percuten sin parar hasta derribar cualquier muro.

El Bayern no vende a Olise. De momento

España es equipo formidable que juega como un bloque. Con tantas diferencias en sus jugadores entre la Eurocopa y este Mundial, cabría haber esperado un bajón de juego, y bajo mi punto de vista ha sucedido todo lo contrario. Para ello, ha habido algo fundamental en el juego del equipo que, en eso sí, es el mismo esqueleto visto hace dos veranos en Alemania. La manija del equipo la llevan Rodri, Fabián y Dani Olmo. Mirad el once de la final de Berlín y el que ha dispuesto España cuando se han jugado los partidos decisivos de este mundial. Mirad también el único título que ha perdido España en este periodo, la Nations League- ¿Quién faltaba? Rodri, por su grave lesión.

Con este esqueleto, da igual lo que cambies a su alrededor, España juega con una jerarquía espectacular, y domina de cabo a rabo los partidos, porque en el fútbol de hoy en día se necesita tener un mediocampo para mover al equipo y hacerle jugar, y España lo tiene. Hace dos días, en X, mi querido William Pogue, ante mi vaticinio de que Francia ganaría el partido, me dijo que España ganaría bien, porque teníamos un centro de campo brutal. Tenía razón él, y De la Fuente ha demostrado ser superlativo tácticamente, al margen de que Deschamps demuestra ser malísimo.

También se ha demostrado que, aunque Pedri es muy buen jugador, no es la quintaesencia de la calidad que tratan de vendernos, con mención honorífica a Juanma Castaño en una rídicula entrevista a Unai Simón hace bien poco. En la Eurocopa Kross lesionó a Pedri, y Olmo se hizo con la titularidad, cuando ya la estaba mereciendo desde antes. En este Mundial, el entrenador ha apostado por el mencionado esqueleto, quitando a Pedri de la ecuación cuando ha habido que jugarse las habichuelas.

Rodri ha demostrado seguir estando al mismo nivel que antes de la gravísima lesión. si se le sabe administrar durante una temporada entera, seguiría siendo un buen fichaje

Por cierto, me parece de locos  y completamente injusta la cera que se está dando a Tchouaméni por el partido de ayer y criticando al Real Madrid por su reciente renovación. Aurélien fue de lo poco decente y salvable del Real la pasada temporada, y Mourinho, en la reunión que mantuvo en el Hotel Santo Mauro con Calafat y José Ángel Sánchez, dijo que para él era indispensable en su proyecto.

Tchouaméni Francia Inglaterra

Es un mediocentro defensivo, que ha demostrado que puede jugar de central también, con un físico envidiable y que siempre da el máximo por el equipo.  Tratar de hacer responsable a Aurélien del pésimo juego de Francia en medio campo, o de la derrota contra España, es de saber muy poco de fútbol. Primero, porque no es un jugador que tenga la misión de hacer jugar al equipo, y segundo porque España ha demostrado que tácticamente anula a cualquier escuadra contra la que juega.

También es cierto que Rodri ha demostrado seguir estando al mismo nivel que antes de la gravísima lesión, y que puede aguantar un ritmo alto jugando con intensidad y cada pocos días, como se hace en una Copa del Mundo. Quizás, y a pesar del riesgo de recaer por la lesión que tuvo, si se le sabe administrar durante una temporada entera seguiría siendo un buen fichaje. En este caso entendería tanto ficharlo como no hacerlo, por las dudas de la edad y lesión sufrida.

No me retracto en absoluto de lo dicho en mis dos artículos anteriores: he tenido todo el Mundial un fuerte desapego por España, hasta el punto de no haber gritado ni uno solo de sus goles; creo que la RFEF y De la Fuente no han tratado bien al Real Madrid; y sigo pensando que esa España que se ríe del caso Negreira y que asume como propios los triunfos de Messi con Argentina se merece que Argentina robe a España en la final. De hecho, la FIFA ya ha puesto su granito de arena con el árbitro designado para la semifinal contra Inglaterra.

Los que no adulamos a Messi cuando no lo merece, los que no nos reímos del caso Negreira, no nos merecemos que nos roben este Mundial. Mi hijo, que cumplirá trece años el mes que viene, se merece la alegría de ser campeón del mundo, cosa que nunca ha vivido. Una cosa es que dijera en mi artículo que sería de justicia divina que le regalaran el mundial a Argentina, y otra es que lo desee, ya que también dije en mi primer artículo mundialista que Argentina es la única selección que no quiero que gane el mundial.

Tengo un mensaje para los culés que se ríen de nosotros por la escasez de jugadores madridistas: en la creación de juego de España, y en el total de jugadores titulares, tampoco es para que saquen pecho. Ellos tres, nosotros uno.

Quiero aprovechar para, a pesar de todo lo que he dicho previamente, dar la enhorabuena a esta selección. Termine como termine el Mundial, para mí han demostrado ser el mejor equipo del torneo. De hecho, lo visto en el campo ante Francia, no lo vimos tan siquiera en 2010, y eso son palabras mayores.

 

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Espero, y deseo, que España gane este mundial, porque no me duelen prendas reconocer las cosas, y porque me gusta el buen fútbol, y creo que España es de lejos la selección que mejor juega a este bello deporte y merecen poner un broche de oro a su actuación en este mundial.

Buenos días. La selección de la Real Federación Española de Fútbol ya está clasificada para la gran final de la Copa del Mundo que se celebrará el próximo domingo, 19 de julio, en el estadio de New Jersey-New York. En estas páginas, que tienen su manera de existir por y para el madridismo, nos congratulamos en todo caso, ya que la mayoría de nuestros lectores son españoles, y muchos de ellos fueron muy felices anoche tras el incontestable triunfo por 2-0 ante la selección francesa.

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“Impitoyable”, titulaba a medianoche el rotativo L’Equipe, reconocimiento sin poner paños calientes de la superioridad futbolística absoluta de la selección que ayer lució camiseta blanca. “Impitoyable” no significa ganar “con el pito”, como aquella famosa frase del gran Benito Floro, sino más bien “sin piedad”, “cruel”, “implacable”. Ni el más forofo admirador de Juana de Arco podría hoy negar la evidencia, y es que la selección española fue muy superior a la gala en todos y cada uno de los minutos de la semifinal.

Empezando por la actitud de todos los componentes del equipo. La superioridad fue, por momentos, hasta insultante. Lo del centro del campo Rodri-Fabián-Olmo fue de otro planeta. Los cuatros defensas, impecables, sin una sola fisura. Haremos mención especial a los dos laterales que, en teoría, tenían que bregar con los elementos más peligrosos del grupo de Deschamps. Cucurella y, sobre todo, Pedro Porro (elegido MVP del partido) hicieron un despliegue de matrícula de honor. Incluso Lamine Yamal, en un partido discreto, fue capaz de dar mil vueltas al penoso lateral Digne (inDigna su prestación) y de provocar un penalti, tan claro como evitable, de nivel patio de colegio.

Futbolísticamente, no hubo color. Es cierto que todo fue a favor de obra para España desde los primeros compases del partido.

  1. Penalti absurdo de Lucas Digne.
  2. Lesión temprana del mejor central rival, Saliba.
  3. Incompetencia de Deschamps por no sustituir inmediatamente a Digne.
  4. Incompetencia de Deschamos por no sustituir en el descanso a Dembélé, un cero a la izquierda anoche.
  5. La manía que tiene Deschamps de poner músculo en el centro del campo, ignorando al único talento que tiene en esa zona, que es Zaïre-Emery.
  6. La escasa utilización de Cherki, sobre todo viendo las nulas aportaciones ayer de Olise.
  7. En los minutos finales, colgando balones con Mateta, el mejor cabeceador galo, en el banquillo.

Podríamos seguir. Zidane, que con total seguridad sustituirá a Deschamps, tiene mucha labor por delante para construir una mentalidad ganadora en un grupo sobrado de talento.

Las portadas patrias rebosan todas, y con razón, una euforia desmedida. Posiblemente ha sido la mejor exhibición de una selección española en toda la historia de las Copas del Mundo, incluyendo los partidos que la hicieron campeona en 2010 en Johannesburgo.

Ya nadie discute a Luis de la Fuente, quien tan solo hace tres años era conocido como “el aplaudidor de Rubiales”: su superioridad técnica, táctica, emocional, gestora de egos y, en definitiva, futbolística, sobre Deschamps fue incuestionable.

Del partido podemos sacar otras conclusiones, por ejemplo, la de que Michael Olise no vale ni de lejos 150 millones, ya que fue superado en todas las facetas del juego. Su cotización, así como la de la mayoría de los franceses, cayó ayer en picado en el índice Transfermarkt, mientras al alza contemplamos las de Rodri, Porro, Fabián y Cubarsí, entre otros.

Como viene siendo habitual las portadas barcelonesas se siguen mirando de reojillo y acaban poniendo los mismos titulares. Es posible que los de AS recibieran llamada interprovincial desde el prefijo 93, ya que titularon prácticamente lo mismo.

El elemento común denominador de todas las portadas pone en el centro a Pedro Porro, quizás el menos mediático de los 26 jugadores convocados por De la Fuente, pero que ya se ha consagrado con diferencia como el mejor lateral derecho de esta Copa del Mundo, a sus 26 años.

Que ustedes pasen un gran día. Y atentos al Argentina-Inglaterra de esta noche. 40 años después de la ignominiosa “Mano de Dios”. Hay muchos ánimos de revancha en Inglaterra. Desde aquí, como madridistas, apoyaremos a nuestro Jude Bellingham.

Los sentimientos no siguen por fuerza el mismo camino que el gusto futbolístico. Así, incluso los que no consideramos que la selección federativa represente a nuestro país (aunque se arrogue el hacerlo), disfrutamos anoche sin pasión, con los ojos del juego, de la apabullante victoria de España ante Francia, la cual sitúa a los de De la Fuente en la final del Mundial.

Es el equipo de Tebas, Louzán y Fran Soto y, por tanto, del CTA, el CSD y Pedro Sánchez, o sea, de todos los múltiples agentes involucrados en la tarea de consagrar la impunidad de la corrupción rampante en el fútbol español. Es el equipo que blanquea tan innoble tarea.

Por ello, por desgracia, muchos no podemos compartir con tantos compatriotas el júbilo de ayer. Querríamos, pero no. Sin embargo, sí podemos (y debemos) admirar lo que nos dictan las pupilas y las papilas, o sea, que España jugó admirablemente. Y así debe consignarse, sin la emoción de la alegría pero con el deleite de lo estético y el reconocimiento de la excelencia futbolística. Ni Tebas ni Louzán ni Fran Soto ni el CTA ni el CSD ni mucho menos Sánchez tienen nada que ver en ello. Habría que reconocer la calidad de la selección aunque hubiera fugas de mérito en esas direcciones, pero es que ni siquiera las hay. El mérito es exclusivamente del seleccionador y de sus futbolistas, que el domingo van a ganar el Mundial a menos que se cruce en su camino otra corrupción de rango más planetario.

Los sentimientos no se pueden controlar. Lo que sí se puede hacer, siempre, es admirar la destreza técnica de una escuadra que está a un paso de reeditar la gloria

No sorprenderá que en los próximos días el marketing siga hablando de esta como “la selección de Lamine”, cuando lo cierto es que hay no menos que otros ocho nombres que podrían seguir a la preposición con mucho más motivo. Es la selección de Olmo, de Cubarsí, de Rodri, de Pedro Porro, de Cucurella, de Laporte, de Oyarzabal y de Fabián, entre otros. Son un equipo que jibariza al contrincante a punta de técnica y solidaridad. El mercado está lejos de haber finalizado y el Madrid haría bien en incorporar a alguno(s) de los protagonistas de este hito a la plantilla. Sería un gran movimiento no solo de orden deportivo, sino también mediático y sociológico. En 2010, curiosamente también con Mourinho al frente, el Madrid fue presentado como la némesis del equipo campeón del Mundial de Sudáfrica, lo que ayudó al antimadridismo y al sistema (valga la redundancia) a llenarse de presuntos argumentos a favor. Abortar esa opción incorporando a alguno(s) de los campeones (descuento que lo serán el domingo) sería una jugada maestra que dividiría al enemigo, precisamente en un momento en que ganar la narrativa se antoja esencial. Y luego, claro, de manera más importante aún, estaría lo futbolístico: son jugadores formidables.

Los que no podemos, porque la corrupción nos lo impide, disfrutar de los éxitos de la selección federativa somos ahora mismo el Grinch. Qué le vamos a hacer. Anoche caminaba por calles encendidas de pasión y algarabía, y me dolía sentirme excluido de la fiesta. Iba a escribir “autoexcluído” pero no. Yo no me salí, a mí me sacaron. Me queda al menos una conciencia tranquila. Me quitaron la selección de mi país y ahora vago por un limbo incómodo. Los sentimientos no se pueden controlar. Lo que sí se puede hacer, siempre, es admirar la destreza técnica de una escuadra que está a un paso de reeditar la gloria.

 

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A lo largo de la historia, el conjunto madridista se ha enfrentado en partido amistoso a varias selecciones nacionales. Inolvidable fue la visita de la campeona del mundo Uruguay a Chamartín en 1954, o cuando Argentina y el equipo blanco se enfrentaron en la final del torneo que festejaba los 75 años del club capitalino. Con la selección francesa, el cuadro merengue ha tenido dos enfrentamientos, ambos en el Parque de los Príncipes.

El primero tuvo lugar en la primavera de 1969 cuando a la UNFP, el sindicato de futbolistas profesionales, se le ocurrió la idea de organizar el partido. El Real Madrid vivía un momento dulce puesto que unos días antes había conquistado el título de Liga cantando el alirón en casa contra el Real Zaragoza. El partido, que se celebró el 2 de abril, sería una puesta a punto de los titulares para la Copa que se disputaría un mes después. Por el otro lado, la selección francesa no pasaba por su mejor etapa. En la Eurocopa del año anterior cayó en semis goleada en el global de su eliminatoria por Yugoslavia. En ese instante, también estaba inmersa en la clasificación para el Mundial de México 1970 en un grupo con suecos y noruegos. En su primer partido, perdió de manera sorprendente en Estrasburgo contra Noruega y meses después no logró enderezar su situación quedando fuera de la cita mundialista.

El equipo dirigido por Miguel Muñoz aterrizó en París el día 1 tras volar en un DC-9 de Iberia. Fueron recibido con una gran expectación por varios directivos de la federación en el aeropuerto Le Bourget. La Federación Francesa de Fútbol (FFF) los había traído animados por la esperanza de que el nombre del Real Madrid despertara a una afición dormida por la debilidad de su fútbol en los últimos años y para que recuperara ánimos perdidos. Santiago Bernabéu fue una de las grandes estrellas para los medios franceses, que se mostraron ávidos de entrevistarle. El Real Madrid era admirado en Francia desde las primeras ediciones de la Copa de Europa, y siempre captaba el interés como el gran club de la historia del fútbol.

En París todavía no había entrado de lleno la primavera y recibió a los blancos con frío y lluvia. En la previa se entrenaron en un estadio Parque de los Príncipes en obras de ampliación, y se calculaba que hasta 1972 no estaría terminado con una capacidad para 60.000 espectadores. El terreno de juego se encontraba algo resbaladizo por la lluvia. El entrenamiento contó con público francés que pudo ver desenvolverse a los futbolistas blancos. Miguel Muñoz dio a conocer al término de la sesión el once blanco formado por Betancort; Calpe, De Felipe, Sanchís; Pirri, Zoco; Bueno, Amancio, Grosso, Velázquez y Gento.

En la selección francesa, por su parte, el choque iba a consistir principalmente en una prueba para varios jugadores jóvenes y menos habituales. Se había tomado la decisión de convocar a promesas (espoirs) y una decena de futbolistas sub23. Sus principales bajas eran el defensa central Bosquier, que estaba enfermo, y el joven extremo Bereta lesionado. Una de las grandes novedades era la presencia del interior izquierda Horlaville, jugador del Queville, un modesto equipo cercano a Rouen y que era el único amateur en una formación de profesionales. La comisión técnica francesa encabezada por Georges Boulogne anunció el siguiente equipo: Chaveau; Djorkaeff, Lemerre, Novi, Rostagni; Michel, Broissard; Loubet, Revelli, Horlaville y Bras. Boulogne declaró que “ha sido para mí una gran satisfacción encontrarme con que estaba concertado este partido con el Real Madrid, cuyo prestigio, si hiciera falta, se encuentra realizado ahora por haber ganado una vez más, y sin perder un partido, el Campeonato de España, país cuyo fútbol alcanza la más alta clase. No me pida un pronóstico que no me gusta hacer. Lo que puedo asegurarle es que la selección francesa hará todo lo posible por estar a la altura de su rival y que será un buen partido”.

En su edición diaria L’Equipe habló de los blancos subrayando que “llega como campeón de Liga y podría realizar una hazaña este año que ni siquiera el dúo Di Stéfano y Puskas fue capaz de conseguir: la imbatibilidad en todo el Campeonato de Liga”. El medio destacaba a “Pirri, Velázquez y Mancio, sin olvidar a Gento, que, a pesar de diferentes ensayos de otros jugadores, no tiene igual en su puesto de extremo izquierda”. Por último, respecto a Santiago Bernabéu apuntó la importancia de la venida del presidente porque “ya no hace sino pocos desplazamientos con el equipo. Ha querido aprovechar la ocasión de ver a sus amigos franceses, y se sentiría muy contento si el Real Madrid hiciese una exhibición de su fútbol ante el público de París”.

La victoria del duelo fue para la selección francesa que sorprendió por su “buen juego, velocidad y técnica”, según la crónica desde el Parque de los Príncipes firmada por Sarmiento Birba en el diario AS. El cronista también destacó que “los galos jugaron con excesiva dureza”. En la parte madridista se señalaba que “aunque el tanto fue adverso, el Madrid, a pesar de sus fallos defensivos, luchó bravamente”. El resultado fue de 5-3 para Francia en un estadio que fue una fiesta por la gran ilusión, interés y ambiente que despertó el Real Madrid en París. Los goleadores fueron Revelli (3), Loubet y Bras en las filas francesas y Manolín Bueno (2) y Gento en las madridistas. Lemerre, Broissard, Loubet, Bras y Revelli destacaron en la selección francesa, y Gento y Bueno fueron los mejores de los blancos en un choque decepcionante del equipo de Muñoz porque fue “una sombra del que normalmente viene actuando en el Campeonato Nacional”, en palabras del cronista de AS.

Miguel Muñoz, en el postpartido, se quejó de la dureza local: “Parecía que los franceses salían a jugar un partido de Copa”. Además, mostró su disgusto por los problemas físicos, aunque leves, de Pirri, De Felipe y Grosso. También habló el exmadridista Kopa, que vio el partido afirmando que “el Real Madrid ha jugado hoy por debajo de sus posibilidades, pero, de todas maneras, ha hecho un gran partido y ha jugado con nobleza y limpieza”. Respecto a su selección dijo que había jugado “con mucho entusiasmo y codicia", y que le habían gustado particularmente Revelli, Loubet y Broissard. "Este es un buen principio para la recuperación del fútbol francés”, recalcó.

Seis años después, se repitió el enfrentamiento en la pretemporada del equipo madridista. Fue el primer encuentro que disputaron los blancos tras el regreso de las vacaciones veraniegas. La sede del duelo, el día 19 de agosto, fue el estadio más espacioso y moderno de la ciudad parisina, el Parque de los Príncipes, cuyas obras de remodelación de años pasados ya habían concluido.

El Real Madrid, con el balcánico Miljan Miljanic como técnico, se reforzó ese curso con Sol, Guerini, Andrés y Sánchez Barrios tratando de conseguir otra campaña de títulos después de un curso anterior sobresaliente en el que conquistaron el doblete de Liga y Copa. En la parte francesa, continuaba la crisis de resultados al no haber conseguido la clasificación para los últimos eventos importantes. No acudieron a México 1970, se habían quedado fuera del Mundial de Alemania 1974, superados en su grupo por la URSS, y tampoco disputaron la fase final de la Euro de 1972 al ser terceros en su liguilla con Hungría, Bulgaria y Noruega como rivales. En ese momento estaban inmersos en la clasificación para la Euro 76, pero el proceso no pintaba demasiado bien porque después de tres partidos contra Bélgica, Alemania Oriental e Islandia solo sumaban dos puntos.

La expedición blanca partió hacia París a mediodía del día 17 con la sorpresa de la no inclusión de Velázquez y Grosso en la convocatoria (algunos lo achacaron a las posibles renovaciones de ambos futbolistas). En los medios franceses, apuntaban a que el Real Madrid reunía las mejores condiciones para entrenar a les bleus. El seleccionador de Francia, el rumano Stevan Kovacs (que dejaba la selección el 1 de diciembre), estimaba que el equipo merengue “endureció su defensa, marcando severamente al adversario, lo que permitirá a los delanteros someterse a una prueba válida”. A diferencia del año 69, los franceses sí convocaron esta vez a muchos de sus mejores hombres, y Kovacs anunció un equipo con bastantes titulares formado por Baratelli; Domenech, Adams, Tresor, Bracci; Michel, Guillou, Largue; Rocheteau, Molitor y Emon.

Con 40.000 espectadores en las gradas del Parque de los Príncipes el triunfo fue de nuevo de los bleus ante un Real Madrid que notó las piernas pesadas tras su reciente inicio de pretemporada. Los blancos se mostraron fatigados y faltos de cohesión. El once de Muñoz estuvo integrado por Miguel Ángel, Uría, Pirri, Touriño, Camacho; Vitoria, Breitner, Netzer, Amancio, Santillana y Guerini. El argentino debutó con los madridistas y también lo haría en la segunda parte Sánchez Barrios. Otros futbolistas que tuvieron minutos fueron García Remón, Rubiñán y Roberto Martínez. Francia ganó con claridad por 3-1 y fue superior en el juego. Los goleadores por los franceses fueron Rocheteau en dos ocasiones y Michel, mientras que el tanto blanco llevó la rúbrica de Santillana. En la crónica de Pueblo se destacó a la delantera francesa a la que calificaron como “dinámica, juvenil y con facilidad de tiro”. Por su parte, en el diario AS, el enviado especial Mateo Rosello incidió en que el “equipo madrileño exhibió mejor técnica que el galo, pero los discípulos de Kovacs evidenciaron un mayor juego de conjunto”.

A la vuelta a la capital Miljanic habló en las páginas del diario Arriba diciendo que “fue un partido útil a pesar del resultado. Se jugó con mucha deportividad y se brindó un buen espectáculo”. El técnico le restaba importancia y trascendencia al marcador, afirmando que “lo mismo que perdimos, pudimos ganar. Todavía tenemos que jugar mucho, el equipo se está haciendo ahora; el campo estaba un poco pesado y eso se notó, pero no creo que mis jugadores estén cansados.”

También hablaron con el periódico los dos fichajes que debutaron. Sánchez Barrios manifestó “no estar satisfecho porque hemos perdido”, pero en cuanto a su papel dijo estar “bien; me encontré un poquito agarrotado, no sé si por los nervios o por qué”. El argentino Guerini llevaba sin jugar y lo acusó: “Sí, un poco; llevaba ya sin meses sin jugar un partido y eso siempre se nota, de todas formas, no me sentí cansado y creo que he respondido bien. El campo no estaba muy acorde con mi juego, pero las cosas me salieron bastante bien”.

 

Fotos de Alberto Cosín

El fútbol de selecciones, que parecía desactualizado en este líquido mundo postmoderno, nos regala de pronto un España-Francia nada menos que un 14 de julio. Es un partidazo, la final anticipada: los dos equipos que más sensación de campeón han dado, cada uno con unas virtudes que inciden en las debilidades del otro.

La Copa del Mundo de la corruptísima FIFA y de las fétidas federaciones nacionales sigue siendo, guste más o guste menos, el torneo más importante del fútbol. Da igual todo, hasta que Argentina juegue con otro reglamento. Si será una cosa tan extraordinaria un mundial que consigue lo inexplicable: que Mbappé defienda o que Bellingham resucite su majestad barroca de llegador con instinto fatal de killer, ese halo inexplicable que nos enamoró sin remedio a los madridistas en sus primeros seis meses de blanco. No creo que sea una cuestión de sentimientos nacionales, de patriotismo o de identidad sino de mística y de memoria asociada con la niñez y los sueños: es la tradición y salir en los libros de Historia, es una mitología labrada cada cuatro años que se alimenta precisamente de todas esas historias que con el paso del tiempo van tomando las hechuras imprecisas, vagas y luminosas de los cuentos.

Esa frecuencia de lustro hace mucho porque los mundiales sean todavía los acontecimientos deportivos más seguidos, comentados e importantes de un mundo saturado de eventos y ocio: nos obliga a considerar dónde estábamos en el mundial anterior y cuántos años teníamos en los anteriores, nos pone frente al espejo de la vida y de la vejez, nos ubica en la larga senda por la que caminamos junto a nuestros mayores y con los que nos sucederán.

España pasó el Rubicón, que es ese partido de las dudas que todos los equipos tienen en su camino al éxito. Me acuerdo, por ejemplo, del Madrid el año de la Décima. Ese partido, qué duda cabe, fue la vuelta contra el Dortmund en cuartos de final. Si se sobrevive al momento de crisis, las opciones se multiplican porque, por dentro de los jugadores, se forja una mentalidad ganadora, que es a medias resistencia y a medias, fe.

Esta España me está recordando mucho al Madrid. Tiene un no sé qué en su juego, un magnetismo: una baraka que recuerda a la del Real cuando entra en trance. No juega tan bien como en 2024 ni es mejor equipo, pero las cosas van sucediendo de un modo natural. En la Eurocopa, España aprendió a ganar y eso se nota. Merino ejerce de sacerdote de lo inevitable, como Joselu en la Quince, y el resultado es que por fin la selección española de fútbol ha cuajado una personalidad propia y al mismo tiempo, «winner» que la emparenta con lo madridista en tanto que anida en la imaginación —y en los terrores— de los equipos y aficiones rivales. Los partidos pueden ir de un modo u otro y no obstante si calienta Merino por la banda parece, como cuando se pitaba un córner a favor del Madrid y estaba Ramos, que el gol es irremediable. Ni una tonelada de propaganda mediática es capaz de perturbar esa impresión y ayuda el hecho de que la importancia del elemento barcelonista esté siendo tan recalcadamente artificial, impostada, publicitaria: Lamine MVP aunque no genere ni una ocasión de gol, la realidad mostrando a Pedri como el centrocampista menor que es.

Esta España me está recordando mucho al Madrid. Merino ejerce de sacerdote de lo inevitable, como Joselu en la Quince

Si lo madridista no es un «estilo» sino un tsunami que va subiendo hasta inundar el área contraria con voluntad de catástrofe, el estilo de la selección de Luis de la COPE es muy madridista: España chuta desde lejos y mete goles de rechace. Inclina el campo en los balones divididos y gana todas las rifas cuando suenan las trompetas de la hora de la verdad; controla el diapasón de los partidos hasta el aburrimiento y halla el pase decisivo por dentro; permite la elevación de secundarios con los que nadie contaba e incluso sus errores no son castigados por el Destino, como si una mano sobrenatural la protegiera, que es una de las razones esotéricas con las que los antis, en momentos de desesperación, justifican que el Madrid, a veces, parezca invulnerable.

Lo que viene a confirmar que todo se hermana en la victoria. Si el madridista, históricamente, consideraba su afecto por la selección como si se tratase de animar en la vida a un hijo tonto; y por la misma razón para el antimadridista el triunfo de la selección era la proyección astral de una venganza largamente pospuesta por las conquistas blancas, que España se establezca como una grande nos permite a todos encontrarnos, sin muertos en el armario, en la misma mesa. Como en esas familias peleadas durante años que finalmente se reconcilian: al final, no había tantas razones de verdad por las que detestarse.

Hay un motivo, además, supersticioso por mi parte. Llevamos tanto tiempo leyéndonos en esta tribuna que me van a permitir la superchería: cuando el Madrid fichó a Mourinho por primera vez, España ganó el Mundial y en los años siguientes comenzó la forja del mejor Real de la Historia.

Por más que ya no sienta, personalmente, la selección como cuando era un niño, cuando la emoción era pareja a la que sentía por el Madrid, no dejan de alegrarme sus triunfos. Pues, en el fondo, se trata de que ocurra una alegría que levante la moral de un país hundido. Cuando el Madrid de la Edad de Oro jugaba en los campos de Suiza, Francia o Alemania, Bernabéu exhortaba a sus jugadores a ganar por todos los exiliados españoles que poblaban aquellas gradas. Eso no se puede olvidar, forma parte del núcleo mitocondrial del madridismo. España camina cabizbaja como nación moribunda, bajo la impresión de haberle sido negado el futuro, en la perenne división política y sujeta a la acción maligna de tantas y abyectas formas de luz de gas por parte de sus poderes políticos y económicos. La Copa del Mundo no va a remediar ninguno de los grandes problemas que comprometen la viabilidad futura del proyecto común (ni el hecho mismo de que no exista ninguna conciencia, por mínima que sea, de ese proyecto), pero tampoco las Copas de Europa del Madrid hacen que yo encuentre trabajo o que el gobierno deje de tratarnos como pueblo conquistado. Sin embargo, el Madrid es una de las pocas razones que permite a los españoles sonreír, levantar la cabeza y alzar la mirada con orgullo al cielo: sea con España también y disfrutémoslo todos.

 

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Buenos días, amigos. La prensa del día se ocupa de manera monográfica del partido de esta noche entre España y Francia, selecciones que se batirán en duelo por una plaza en la final del Mundial. A nosotros, como publicación eminentemente madridista y básicamente apátrida que somos, la final del Mundial (y no díganos la semifinal) nos resulta casi indiferente si la comparamos con, por ejemplo, el Teresa Herrera, que este año recupera después de décadas la presencia del Madrid.

No tenemos remilgos en confesarlo: nos atrae más ver al equipo blanco disputar en Coruña ese torneo veraniego de tronío que cualquier cosa que pueda acontecer en estos partidos ya postreros y decisivos de la Copa del Mundo. Lo lamentamos. Sabemos que se nos odiará profundamente por admitir una cosa tan contracultural, pero es así. Preferimos el Teresa Herrera al Mundial, y no estamos solos.

A nuestra preferencia general por el fútbol de clubes se une ahora nuestra inevitable desafección por todas aquellas entidades  que abonan la corrupción del fútbol patrio. Entre ellas, no hay más remedio que incluir la propia selección federativa, ideal para lavar la cara de personas como Tebas y Louzán (por este orden, no por el que falsamente indica el organigrama), que no han movido un dedo para llevar a cabo una verdadera purga de la institución arbitral podrida como resultado de los pagos continuados a Negreira. En el mejor de los casos, Tebas y Louzán (con toda la estructura federativa y arbitral detrás) son personal de limpieza que barre el detritus bajo la alfombra. En el peor, son cómplices del mayor latrocinio deportivo de la historia.

Lo lamentamos profundamente, pero la selección es fundamentalmente su equipo, el equipo de estas personas. Respetamos e incluso admiramos a los que son capaces de pasar por encima de esto y ver a ese grupo de futbolistas como la genuina representación del país. A nosotros nos cuesta demasiado, y bastante hacemos con reprimir nuestras emociones negativas y acabar adecentando a la llamada Roja con la pátina de nuestra indiferencia. Como español, no es obligatorio sentirse representado por ese grupo. Nosotros nos acogemos a la prerrogativa de no hacerlo.

Marca nos habla del corazón. Nosotros preferimos no hacer uso de él y, más bien tirando de cerebro, porque como tiremos el corazón se puede liar, mantener una prudencial distancia emocional con ese grupo. Si ganan, bien. Si no, bien también. Asegura Marca que Lamine es “garantía frente a la escuadra gala”. No vemos de qué modo la “garantía” puede ser un futbolista que solo de manera reciente ha comenzado a aparecer con cuentagotas y no otros de rendimiento sostenido como Cubarsí, Oyarzabal, Merino, Laporte o Cucurella, pero ya se sabe que vivimos en la permanente simulación de creer que un buen futbolista potencial como el hispano-marroquí es ya, de facto, uno de los mejores del planeta, hay quien dice que el mejor.

As personaliza también en Lamine la cosa, y solo puede ser también en virtud de ese juego de simulación en el que os contamos que vivimos. Abajo, en el faldoncillo, se nos comunica el “kilómetro cero” del Madrid de Mourinho. Nos interesa más ese kilómetro cero que la posibilidad de que la Roja cruce con éxito la línea de meta, al final de su recorrido.

“Primera final”, titula Mundo Deportivo. No estamos seguros de entender o, caso de hacerlo, de asimilar hasta qué punto se puede gafar más la antesala de una hipotética final que proclamarla la primera de ellas. En la portada del rotativo catalán vemos a Mbappé y Lamine, ocho goles contra uno, puestos en igualdad de méritos e importancia. De hecho, se asevera que la Roja “se encomienda a la magia de Lamine”. ¿Es una simulación o una distopía? A la “magia de Lamine”. No de Merino, que tiene casi más goles que minutos. No de Oyarzabal, máximo anotador del equipo. No de la solvencia de Rodri, Pedro Porro o Cucurella. No. De Lamine.

Aceptemos los términos marketinianos de esta suerte de realidad virtual y sigamos adelante, con la esperanza de que el próximo diario que nos echemos a la cara sea un poco más realista y no personifique en el chaval los argumentos de los de De la Fuente.

Si no querías sopa, toma tres tazones y medio. Primerísimo plano de acné y brackets, aunque en la letra pequeña se trate de repartir el protagonismo de Lamine con Pedri, su compañero de equipo. Este todavía no ha comparecido en el Mundial, por así decirlo, y sin embargo se nos insiste en que volverá al once en detrimento de Fabián, bicampeón de Europa con el PSG dos años consecutivos y excepcional pelotero. La creencia popular afirma que no hay dos fuerzas motrices del cosmos como el sexo y el dinero. A ver si alguien añade pronto a estas variables la de la propaganda.

Pasad un buen día, y que gane el mejor.

Supimos hace unos días que Mourinho viene con entrenador de porteros propio, don Nuno Santos concretamente. La elección aparta del primer equipo a Luis Llopis, considerado por muchos el mejor del mundo en la especialidad. Y además, un tío cojonudo. No me gusta un pelo el cambio.

Pero quién soy yo, ¿verdad? Un entrenador elige su equipo de trabajo, faltaría más. Y nada a favor o en contra de Santos. Dudo nada más que sea mejor que Llopis.

Me consuela que Luis seguirá en el club, lo que asegura resultados en la función que desempeñe. Resultados, seriedad, formación deportiva y humana. Por lo visto esta semana, se reunirán y sabremos más cosas.

Es muy conveniente que los clubes tengan en nómina a gente especial por su jerarquía y es el caso de Llopis. Tipos blindados fuera de la voluntad del entrenador de turno. Gente de club. También en baloncesto, claro.

Da un aire de organización, seriedad, tranquilidad. Por si pasa lo tremendo, Xabi Alonso y su gente ‘out’ en medio año, y por tener una certeza en el loco mundo del fútbol: este está porque sabe.

Esto que les comento confirma que la pretemporada se va a acercando. También que del Mundial quedan seis días a Dios gracias.

La última es que la Confederación Sudamericana de Fútbol, la famosa Conmebol, pretende que en 2030 participen 64 selecciones. De esta metemos a Italia o ya será cosas de muy brujas, mucho brujas, brujas cosa mala. No se. Si se empeña igual se mete el Castilla.

Mañana jugamos contra Francia lo que aquí servidor considera la primera final del torneo. Para completar la oficial competirán Inglaterra y Argentina. ¿Y? Pues que todo es posible pensando en España. Ellos tienen la etiqueta de favorito y toca rompérsela. España no enamora perdidamente, pero sí sabe competir. Es un equipo. Y a ratos, muy bueno. Le podría valer. España a por el balón y Francia, a que les llegue a los de arriba. En ataque son tremendos, mete gol cualquiera que esté jugando y al menos dos de los suplentes.

En realidad, son titulares que serían felices de que, aprovechando lo de las 64 selecciones, la FIFA decidiera que al fútbol se juega mejor 14 contra 14. El aumento que no cesa. Ya que estamos, a ver los salarios españoles. Los franceses han dominado lo que llevamos de torneo con amplitud. No sé si serán campeones, pero hasta ahora cuesta encontrar un equipo que haya dominado el Mundial como este de Deschamps. Kylian está que se sale, a Tchouaméni le ha sentado bien la renovación y Olise está en sus cosas. Me cuesta pensar que lo suyo y el Madrid vaya a activarse, estaremos atentos.

El Bayern no vende a Olise. De momento

Como con lo de Bellingham, del que se habla como Balón de Oro si mantiene su nivel y su equipo se carga a Argentina y ya puestos gana la final. Esta no la habíamos pensado. La verdad es que está como cuando llegó al Madrid y nos dedicó un año en plan Di Stefano pues fue el mejor en todas las zonas del campo.

Sería la magia del Mundial. No es la primera vez que sucede, recuerden a Cannavaro. La estrella del equipo campeón tomará la delantera, pero, desde el no a Vinicius certeza, ni una. Estarán todos en manos de lo que los periodistas farmacéuticos que completan el jurado del Balón lleguen a pensar.

Interesante el Argentina-Inglaterra, y ojo que ya pasó lo que pasó. Aquella locura del 86 la viví en el estadio. La Mano de Dios fue mano como su enunciado indica, no es una figura literaria. Fue mano y dieron gol. Eso sí: aquella Argentina con Diego al mando no era lo que se dice íntima de la FIFA. Fue mano. Jude, Harry y cía no habían nacido. Pero sí, fue mano. Por la dudas diría Messi.

 

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