Me pregunto a qué parámetros debe ser fiel un libro para aspirar a convertirse en el libro del verano. Supongo que uno de ellos es que sea de reciente publicación, y otro que no tenga un grosor difícilmente conciliable con el sopor del estío. O sea, “El tambor de hojalata” no podría ser reivindicado como el libro del verano de 2026 sin suscitar algunos arqueamientos de ceja y pocas adhesiones.
“Crónicas raulistas”, de Juan Carlos González Guerrero, no cumple a rajatabla con el primer requisito (lleva unos cuantos meses en el mercado), pero es ligero como para transportarlo entre el traje de baño y la rabadilla, sacarlo como quien desenfunda a la llegada a la playa, empezar a leerlo sentado en la toalla antes de que nadie empiece a molestarte (te molestarán igual, pero al menos quedará claro desde el principio que lo están haciendo) y, en tres sentadas como esa, acabarlo con un solaz infinito.
Para que ese solaz infinito se produzca, tiene que interesarte mínimamente el objeto de su estudio, que no es otro que Raúl González Blanco, a quien el autor sigue a lo largo de un puñado de partidos específicos en su carrera. Guerrero ha visto de nuevo todos y cada uno de los encuentros que comenta, aunque el término “crónicas” es deliberadamente simplista. Es solo un método de trabajo. Al final de cada capítulo sale la ficha del partido en cuestión (alineaciones, cambios, minutos y autores de los goles), pero cada crónica constituye una puesta en contexto del momento en la carrera de Raúl en que cada partido se juega, e incluso del momento en la historia del Real Madrid, valga la redundancia. Hay, por ejemplo, a la luz de lo que hay sabemos sobre Negreira, una reinterpretación de un penalti de Sergi, escamoteado en un mal llamado “clasico”, que hiela la sangre en las venas.
La memoria celebra los partidos y los goles que ya recordaba, los que emergen gracias a la lectura y los que, una vez rescatados por Guerrero para ti, permanecen sumidos en la llanura abisal del olvido. “Este se lo ha podido inventar”, piensas, sobre todo al llegar al Schalke o al periodo arábigo, y casi desearías que fuese así para tener algo malo que decir sobre el autor. Ya nos embelesó con otro delicioso librito de madridismo desbocado, “Fondo blanco”, y tanto talento honesto es irritante. “Crónicas raulistas” es el tipo de libro que tardará en ser capaz de escribir la IA, que tal vez algún día pueda seleccionar veinticuatro partidos de entre 741 de manera que sean significativos desde un prisma global. Tal vez algún día pueda revisitarlos con ojos dotados de la sabiduría y la pasión del hincha cultivado. Y tal vez, aunque no parece fácil, pueda contártelos con un despliegue similar de tino, frescura y levedad.
Hay sin embargo una cosa en la que la IA jamás podrá igualar a Guerrero: no los habrá vivido. El resultado podrá ser igual, pero ¿qué me decís del camino? Juan Carlos González Guerrero vuelve sobre el que ya ha recorrido. También lo recorrió el protagonista del libro y, lo que es mejor, también lo recorriste tú.
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Vinicius Júnior, nuestro Vini (porque es nuestro y lo será para siempre, independientemente de si renueva o no, y lo es desde que lo vimos salir lesionado y llorando por la banda del Bernabéu, en el partido de vuelta aquel contra el Ajax: recién llegado, y cuando la pelota parecía una peonza entre sus tobillos, se había echado un equipo tricampeón a la espalda ante la dejación de los jerarcas, y su pasión poderosa e infantil casi resucita a un muerto) se ha hecho una cosa muy rara en la cara. «Armonización del mentón», la describen, expresión que me parece siniestra, como si la mandíbula de Vini estuviera mal y hubiese que arreglarla.
Me parece triste tener que renunciar a los rasgos genéticos que uno ha heredado de sus mayores. Es como cambiarse el apellido, una refutación general de tu propio ser. Han aparecido capturas de pantalla por X en las que se intuye que Vini lo habría hecho para agradar a su novia, la tal Virginia, a la que ya estoy tentado de mirar como las suegras a las potenciales nueras. Si la leyenda dice que los futbolistas de antes fumaban y bebían, los de ahora no dejan lugar a fabulación alguna: ya se encarga su nutrido entourage de parásitos de airearlo todo. Todo esto alimenta, claro está, el chisme, que nunca falta, más bien al contrario: es el alimento principal de la nueva industria periodística de ámbito deportivo que nos ha deparado el Internet de segunda, tercera o cuarta generación, no sé por cuántas vamos ya.
La sonrisa de Vini era una marca registrada. Encarnaba la alegría del madridismo, al menos del madridismo alegre, desacomplejado y disfrutón. Los rasgos físicos de Vini representaban perfectamente los del arquetipo del negro cimarrón: aquel que huía a la cima —de ahí la etimología del vocablo— escapando de la esclavitud y en busca de la innegociable libertad. La rebeldía de Vini constituía una lucha sobre todo contra la mediocridad nacional, que primero se empeñó en ridiculizarlo, por fallón, y después directamente en defenestrarlo y convertirlo en villano de España.
Me parece triste tener que renunciar a los rasgos genéticos que uno ha heredado de sus mayores. se intuye que Vini lo habría hecho para agradar a su novia, la tal Virginia, a la que ya estoy tentado de mirar como las suegras a las potenciales nueras
Como Vini siempre se ha mostrado tal y como es, ha sido un blanco fácil y seguro para este país de chichinabo en el que vivimos, donde mostrar los verdaderos sentimientos conlleva exponerse y el qué dirán es sinónimo de anatema. Esa sonrisa y esos labios grandes y abiertos, que dejaban ver siempre la dentadura blanca como la nieve y esos ojos rasgados y enormes eran per sé un icono de la felicidad desmesurada. Que así es siempre la felicidad del madridismo, o debiera serlo: total, absoluta, sin medida. Era la sonrisa de un tipo fundamentalmente noble, sonrisa de ingenuus, que en latín quiere decir hombre libre. De Vini sabíamos que es puro corazón y que por tanto, con la misma desmesura con la que ríe, llora. En Vini no hay doblez ni cálculo, es transparente como el agua igual que lo era Cristiano Ronaldo, por eso resultan intolerables en el país de la apariencia y del teatro, como es España.
Quizá había algo en esa cara, que tiene que ver con esa expresión sin impostura de las emociones que el español medio no soporta y que como sugiere Jesús Bengoechea en su relato Fuchinho ha terminado contaminando el espíritu del propio Vinicius, hasta el punto de convencerle de disfrazar su verdad mediante la cirugía estética.
Hay algo terrible en inducirle a Vinicius esta transformación facial, una ruindad en apariencia pequeña o anecdótica pero muy grande, en realidad: como no cederle el asiento en el metro a una embarazada o contarle a los niños que los Reyes Magos no existen.
El rostro de las personas es un equilibrio asombroso y frágil. Basta tocar una cosa para fastidiar una armonía misteriosa en la que sin embargo reside la esencia de su identidad. No es pecata minuta, afilarse el mentón de esa manera y separarse los ojos revela alguna clase de trauma con su yo interior, o una inseguridad, que contradice al Vinicius que hemos conocido a lo largo de todo este tiempo: el futbolista-volcán, el puro terremoto con quien no pueden los rivales, por más que lo insulten, apaleen o echen del campo a empujones.
La sonrisa de Vini tendría que ser como el muslo izquierdo de Roberto Carlos, que decían que estaba asegurado. Era como la marca del Zorro, un ris-rás con el florete en toda la jeta de los tristes. ¡Y anda que no hay tristes en este mundo!
La sonrisa de Vinicius era la Samba de la Bendición de su tocayo De Moraes: É melhor ser alegre que ser triste / Alegria é a melhor coisa que existe / É assim como a luz no coração. Era la libertad sin domesticar del tiburón blanco, o sea del Madrid: un vestigio del mundo que ya fue. Vinícius era el portador de una llama que podía incendiar el orbe entero. Para ese fuego resulta también imprescindible, como bien sabía Vinícius de Moraes, um bocado de tristeza. Si no, não se faz um samba não. La sonrisa de Vinicius fue el mascarón de proa con el que un barco insumergible navegó tormentas pavorosas: todo un país entero riéndose de un muchacho brasileño que sólo quería ganar con el Madrid.
Ahora, Vinicius la ha cambiado por una faz impersonal, el rostro duro e irreconocible de un rapero de Los Ángeles, o de un boxeador de combates amañados del Hollywood pre-Code. No sé cómo eso afectará a su juego, pero será raro verlo bailar. En las imágenes que han salido parece un niño desconcertado ante algo que no comprende: una criatura al que le explican de pronto en qué consiste la adultez. Dan ganas de abrazarlo y decirle que todo va a salir bien.
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Buenos días. Diomande es el hombre del día, de la semana. Posiblemente del mes que ya agoniza. ¿Del año también? Su fichaje por el Real Madrid aún no está cerrado, pero parece cuestión de horas. Habrá que tomarlo con la debida calma y no darlo por hecho. Somos forofos viejos, y hemos visto arruinarse acuerdos aparentemente hechos a cuenta de flecos que se reviraron, como sucede a veces con los de las alfombras con consecuencias menos devastadoras.
De todos modos, sal tú ahora mismo ahí fuera y di que al final no. La gente no ha visto jugar a Diomande, pero ya lo necesita. El Madrid, su Madrid, lleva dos años muy frustrantes y necesita sacar para la foto la cabeza de la ilusión. Le vale quien le digas que le tiene que valer, aunque cueste cien millones y pico (no son de su bolsillo, al fin y al cabo). Cuando ya esté fichado, dirá que no los valía, al minuto siguiente de hecho. Pero ahora, de momento, lo que tienes que hacer es ficharle. ¿No conoces esta historia, más vieja que el propio tiempo?
Los periódicos ya le dedican portadas a Diomande.
No solo eso. La gente le hace canciones. Para que rime, hemos acordado que la palabra es aguda, incluso aunque no tengamos ni idea de francés, menos aún de francés marfileño. Al fin y al cabo, sabíamos que Benzema era palabra aguda también, aunque no viéramos ninguna tilde, porque el consenso indicaba que lo era. Benzemá. Diomandé. No es la grafía, pero lo pondremos temporalmente así para que todo el mundo las cante como Dios manda.
Oh Diomandé Diomandé,
quero dançar con vocé.
Firma esto ahora, mejor que después.
Oh Diomandé Diomandé
Si Ana Belén se antoja demasiado sofisticada, siempre nos quedará Tamara, aquella artista inefable que alternaba con otros monstruos (sic) de la canción como Leonardo Dantés y Tono Genil, este último conocido en algunos círculos como Toni Genital. Tamara —a la sazón apellidada Seisdedos, y cuya madre amasó también bien ganada (?) fama— facturó un hit llamado “No cambié”, en cuya incomparable melodía podréis si la recordáis encajar los versos más tristes esta noche, o los más alegres esta mañana, que pega más.
Dio-mandé, Diomandé, Diomandé,
Dio-mandé, Diomandé, Diomandé.
Sigo siendo vinagre,
pero ya no sufro por Mbappé
(N. del E.: en la composición de estos apabullantes éxitos ha colaborado el Consejo de Redacción de La Galerna en pleno, con especial mención a John Faltstaff,, melómano empedernido y hombre de vastísimo y también bastísimo conocimiento musical).
El caso, amigos, es que no está hecho aún ni lo de Diomande (volvemos a la grafía correcta) ni lo de Rodri, aunque ahora la IA les ponga la camiseta blanca en un abrir y cerrar de ojos. Sucede que lo que hace la IA no es necesariamente verdad por el simple hecho de que ella lo haga ilusoriamente factible. Si no, sería todo muy sencillo, incluso para José Álvarez, personaje chiringuitero que en esta summeriana ha conseguido el irrepetible hito de adjudicar al club cliente de Negreira cuatro fichajes que al final, uno por uno, han acabado o están a punto de acabar en el Madrid. Una cosa loquísima, mítica.
José podría perfectamente, vía IA, vestir de blaugrana a Konaté, Cucurella, Dumfries y hasta Diomande, pero eso solo resolvería el problema de manera aparente. Tanto José como el club cliente de Negreira, y proveedor suyo, seguirían en las mismas, con todo lo que "las mismas" implica en este contexto.
En fin, amigos. Os dejamos con el resto de portadas del día (As trae una interesante entrevista con Nacho Fernández), y os conminamos a escribir vuestra propia canción de Diomande, sin perder de vista que falta concretar el traspaso.
Pasad un buen día.
Hay momentos en los que uno comprende que el trabajo que está realizando empieza a incomodar de verdad. No porquealguien rebata tus argumentoscon otros argumentos. No porque desmonten tu documentación con pruebas mejores, sino porque, de repente, aparecen los abogados.
Hace unos días recibí, junto a mi compañero Juan Luis Martín de Pozuelo, un burofax del Fútbol Club Barcelona. No voy a entrar aquí en cuestiones jurídicas, pero lo que está claro es que hemos incomodado mucho a dicha entidad con nuestras denuncias a la UEFA, FIFA y Federación. Quiero explicar cómo lo he vivido y qué significa para mí.
Llevo mucho tiempo dedicando cientos de horas junto a mis compañeros, a estudiar el mayor escándalo que ha conocido el fútbol español y el deporte en general: el denominado caso Barça/Negreira.
No soy juez. No soy fiscal. No soy quien debe dictar sentencia. Mi papel ha sido otro: leer, contrastar documentación pública, analizar diligencias judiciales, escuchar a especialistas y trasladar a la opinión pública aquello que considero relevante. Eso es exactamente lo que hemos hecho. Nada más. Y nada menos.
Durante todo este tiempo hemos creado un equipo de investigación formado por personas que, de manera absolutamente altruista, han invertido incontables horas recopilando documentación, ordenando información y tratando de comprender un caso extraordinariamente complejo.
Fruto de ese trabajo nació la página web www.negreiragate.com, espacio concebido para recopilar documentación pública, resoluciones, escritos y toda aquella información que pudiera ayudar a cualquier ciudadano a entender mejor un procedimiento judicial que, por su trascendencia, afecta a la credibilidad del fútbol español. Nunca hemos pretendido sustituir a los tribunales pero, sí hemos aportado todas las pruebas que hemos tenido a nuestro alcance y hemos denunciado siempre los hechos con firmeza y vehemencia.
Siempre hemos defendido exactamente lo mismo: que sean las instituciones competentes quienes investiguen, quienes valoren las pruebas y quienes adopten las decisiones que correspondan.Precisamente por eso, también hemos acudido a distintos organismos deportivos cuando hemos entendido que existían hechos que, a nuestro juicio, merecían ser conocidos por ellos. Hacer llegar información a las instituciones forma parte del ejercicio legítimo de los derechos que cualquier ciudadano posee en un Estado de Derecho. Después serán esas instituciones quienes decidan qué hacer con ella.
Esa siempre ha sido nuestra posición. Dura y firme, eso sí. Tengo que decir, que la recepción de este burofax tampoco me extraña mucho porque ya sabemos cómo actúa el Fútbol Club Barcelona, pero pueden estar seguros de que nos defenderemos de forma legítima y amparados en la ley.
Mi interpretación personal es que este tipo de actuaciones pueden generar un evidente efecto disuasorio sobre cualquiera que decida investigar asuntos de enorme relevancia pública. Y eso debería hacernos reflexionar a todos, pensemos como pensemos. La libertad de expresión y la libertad de información no significan que todo valga, claro está, pero cuando las pruebas aportadas son hechos consumados y diligencias judiciales, el peso de la prueba y la responsabilidad por nuestra parte está más que probada y justificada. Todo esto significa que quien investiga, informa u opina debe hacerlo con responsabilidad, respetando la ley y aceptando, si llega el caso, el control de los tribunales. Exactamente igual que cualquier otra persona o institución tiene derecho a defender su honor y sus intereses mediante los instrumentos que el ordenamiento jurídico pone a su disposición. Ese equilibrio es el que sostiene nuestro Estado de Derecho. Entiendo perfectamente el poder mediático del Fútbol Club Barcelona y todo lo que tiene detrás. También entiendo que el club catalán se defienda, y que sus aficionados traten de negar o minimizar el que a todas luces es el delito más grande de la historia del deporte. Pero una cosa es un club con una historia centenaria y otra muy distinta son los hechos que están siendo objeto de investigación judicial y el debate público que esos hechos han generado.
Aunque es francamente difícil, visto como han actuado en este país en los últimos años y décadas, debemos intentar respetar a las instituciones futbolísticas. Precisamente para que no nos cueste tanto creer en las instituciones, estos organismos tienen que actuar y dar respuesta cuando se producen hechos tan graves como los que han sucedido en el fútbol español en las últimas décadas. ¡Es que un club ha tenido a sueldo vicepresidente de los árbitros durante décadas!
Lo que si respeto mucho más es la justicia -por lo menos parte de ella- y también a sus profesionales. No me corresponde decidir responsabilidades. Esa tarea pertenece exclusivamente a los jueces. Pero sí me corresponde (como ciudadano, como aficionado al fútbol, y como comunicador) es expresar mi opinión sobre asuntos de interésgeneral y trasladar la documentación pública que considero relevante para que cada uno saque sus propias conclusiones.
Eso seguiré haciendo.
Les iba a recordar que ayer se cumplió una semana de la finalísima y mi última idea al respecto. Argentina nos trajo a Di Stéfano luego está habilitada, ¡jaaaja, habilitada!, para pedir la repetición de la final, 80 mil semejantes lo bramaron en el Obelisco. Pedirla y obtenerla, por supuesto.
Y que la ‘repe’ empiece 4-0 a su favor y dure 20 minutos con tres pausas de hidratación. Y que, por aquello del ahorro, siempre aconsejable, se dispute en Buenos Aires, también valdría Rosario, patria chica de Messi, y que pite un Munuera, un especialista en trabajos finos.
Esta idea la he desparramado por donde he podido y La Galerna no iba a ser menos. Pocos medios pueden entender mejor que ella lo que supone Di Stéfano, su procedencia y tal para el mundo, el universo, todo. Si acaso, TV3 y el diario Marca.
Pero el Madrid ha fichado a Diomande, paren las máquinas. 19 años y se habla de 110 kilos para el Leipzig, su equipo. Unos 5,78 kilos por año de vida. Kilos de dinero, no de peso. ¡Y es diestro, aleluya!
El Madrid y sus cosas, siempre sorprendiendo. Llegó Bernardo (32 tacos cumplirá el 10 de agosto) y salieron los analistas en bloque: ya no fichan jóvenes. O sea, casualmente el Madrid se estaba equivocando. Con Dumfries (30), Konaté (27) y Cucurella (28), recibieron su ración de alpiste. Y de pronto, ñak. Diomande, 19.
El primer costamarfileño en la historia del Madrid. No llegó Drogba, aquel fenómeno. Le recuerdo un partido de Champions en el Bernabéu - primer año de Cristiano juraría - con el Marsella: estuvo colosal, para haberlo secuestrado. No cabían todos, claro.
Drogba protagonizó una gran carrera en el Chelsea, donde jugó uno de los partidos más históricos de la historia: aquel Chelsea-Barça del gran Obrevo. Una foto suya, de Drogba, con cara de hombre absolutamente ido reflejó como nada ni nadie lo que fue aquello. Otra de Ballack confirmó que el mangazo no diferencia razas, enloquecen igual negros y blancos, amarillos y aceitunados.
El caso es que lo de los 110 kilos tiene su guasa si pensamos que incluso la IA dice que el chico había jugado hasta ahora en el Leganés y el Leipzig. Y al Madrid se le ha ocurrido ir a buscarlo a Alemania.
¿Un error? El Leipzig pagó 20 millones por él al Lega en julio de 2025, lo que supone que un año después, uno, ha multiplicado por cinco largos su apuesta. ¡Felicidades!
¿El Madrid no le vio? Pues supongo que sí, simplemente la apuesta era otra. Aquel mes de julio la cosa pintaba a Rodrygo, M`Bappé, Vinícius más Mastuantono, por que el apoquinó 63 millones, y otros. Tampoco lo vieron Atleti, Villarreal, la Premier, la Liga italiana, la francesa y demás. O sea, el Barça y sus palancas.
Y es que todavía existen los cuentos de hadas. Al Leganés llegó tras ser rechazado incluso por el fútbol yanqui. Y meses después, un año escaso, se presentará en el Madrid como uno de los fichajes más caros de su historia, aspirante a la banda derecha y recambio del imposible Olise. O eso parece.
Hay un camino por explorar, tampoco barato. Que el Madrid cree su centro de acogida de MENAS, con un pequeño matiz. No se trataría de menores no acompañados y sí menores acompañados por el Real Madrid, los MEARM.
Suena feo, le da sentido y tronío la eme final. MEARM suena a ‘mi arma’ , una cosa cariñosa y que orientaría bien de lo que se trata: recoger a los Diomande de la vida y meterlos en un centro habilitado en Valdebebas para la ocasión.
Chavales que apuntan, que no caben en la cantera que el Madrid apadrinaría mandándolos al Leipzig de turno a ver… Y lo recuperaría cuando estuviera seguro de que es él. O ellos. Una pasta, desde luego. Una manera bonita también de que los aspirantes a la presidencia y alrededores colaborara con una pasta. ¡Yo mantengo cinco mearm! ¡Pues yo diez! Si alguno llegara al primer equipo, el tutor estaría en su presentación, y haría el saque de honor la tarde del debut del muchacho. Precioso, ¿verdad?
En fin, cosas. Y eso, que el Madrid avanza y el asunto está ahora en si un central y si Rodri, otro o ninguno en esa posición. Lo del central lo veo chungo, el Madrid no tiene la máquina de hacer billetes. Veremos.
También faltan las salidas. ¿Una gorda? Sería Vinícius. Lo demás, no. Nos lo venderían como cosa gorda y no lo sería. Vamos, necesitaría ser Courtois.
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Buenos días, amigos. Leipzig es una ciudad alemana famosa, entre otras cosas, por ser la sede de la orquesta sinfónica más antigua del mundo: la Gewandhausorchester, u Orquesta de la casa de prendas, que así de originales son los alemanes cuando les da por poner nombres creativos. La Gewandhausorchester fue fundada en 1743. En aquel mismo año, un tal Johann Sebastian Mastrop…, queremos decir, Johann Sebastian Bach andaba enfrascado en la misma ciudad en la composición de El arte de la fuga.
Hoy, casi trescientos años más tarde, la Gewandhausorchester continúa siendo una de las orquestas más prestigiosas del mundo, y no sabemos si los lipienses, que tal es el gentilicio de Leipzig aunque lo parezca de Liliput, siguen perfeccionando el arte de la fuga, houdiniano oficio para el que acaso no resulten del todo redundantes las alas que les da la empresa fundadora y propietaria de su equipo de fútbol. El último que ha escapado, en cualquier caso, es un señor con nombre de barón de opereta, que no es lipiense sino stuttgarter (sprechen sie Deutsch?), y que ha abandonado a los de las bebidas energéticas para intentar devolver viejas glorias a la Nationalmannschaft (disculpadnos, amigos, si os ha salpicado algún perdigonazo).
¿El último, decimos? Puede que ya no, al cierre de estas líneas. Hay otro señor que tampoco es lipiense sino costamarfileño, y que no tiene nombre de barón de opereta sino de canción de Tamara y Leonardo Dantés, que parece estar también a punto de escapar de Leipzig, si es que no lo ha hecho ya cuando os echéis a la cara estas líneas tan desordenadas como las lágrimas de Melendi. Un señor que pretendía el PSG, pero que todo indica va a salir del túnel de Shawshank con las manos extendidas al cielo, vestido de blanco impoluto y dejándose empapar extasiado por la gloria que con frecuencia llueve a manta de Dios en el vestuario del Bernabéu.
Las portadas del día se hacen eco de la novedad en el escaso espacio que les permite la gesta de Pogacar conquistando su quinto Tour con una superioridad y a una edad tan inverosímiles como insultantes. “Vía libre para Diomande”, afirma Marca en su faldón superior; un faldón que esta colocado tan arriba que es más bien un minifaldón superior, un minifaldón cuya brevedad cortaría el hipo si las piernas que dejara ver con tanta generosidad no fueran precisamente las de Marca.
El diario de Gallardo, que no parece tener gran confianza en la memoria de sus lectores, les recuerda que ya informó ayer de la oferta del Madrid por el jugador. Se olvida de recordar Marca que el resto de la prensa también informó ayer del interés blanco por el costamarfileño. También, por esa regla de tres, se olvida Marca, a propósito del triunfo de Pogacar, de recordar a sus lectores que ayer informó de que iba líder en el Tour. En fin, olvidemos tales olvidos, pero harían bien los responsables de Marca en no olvidarlos, toda vez que hacerlo sería tanto como olvidar que sus lectores son olvidadizos, o que por tales los tienen.
As, por su parte, anuncia en otro minifaldón que “Diomande está al caer”. O sea, el It´s raining men, que cantaban las Weather Girls (¡aleluya!), pero en versión hombre solo. Llueve, pero menos; será cosa del calentamiento global. En cualquier caso, bravo por Diomande: esto de desaparecer de Leipzig y aparecer cayendo del cielo de Madrid no lo supera ni el mejor Houdini. Os sugerimos de todos modos que os calcéis un buen casco si salís a la calle, que el bueno de Diomande es un buen morrosko mazado a escoplo, y no es cuestión de que le caiga a uno encima en lo que cruza la calle para comprar el pan.
Hablando de pan, añade As algo que tiene bastante miga: la llegada de Diomande “no condiciona el futuro de Vinicius, que quiere renovar su contrato con el club blanco”. Votamos porque esa renovación se materialice lo antes posible y podamos disfrutar muchos años más del excepcional y muy querido delantero brasileiro, sin duda uno de los mejores jugadores del mundo.
Mundo Deportivo saca una portada muy parecida a la de sus congéneres madrileños, con la diferencia de que no dedica a Diomande ningún minifaldón superior, sino uno de los cuatro faldoncillos inferiores. Para que luego digan que no hay diversidad entre la prensa de simpatías barcelonistas.
Sport, por su parte, anuncia a toda plana que “Julián no se rinde”. Heroico Julián, dispuesto a todo para cumplir su sueño de jugar en el Barça, incluso -esto no lo aclara Sport- a renunciar a su salario. Bueno, quizás a esto no. A nosotros, en cualquier caso, el titular de Sport nos trae ciertos aromas zarzueleros, que celebramos con entusiasmo. Bien está que si hemos principiado hablando de opereta, saltemos de ella a su prima española y concluyamos zarzueleramente:
-¡Vamos…! ¡Chh…! ¡Julianillo…! ¡Luego dirás que no eres un chiquillo!
-¡No me llame usted niño, señá Rita!
-¡Que tiés madre!
-¡No me lo repita!
Y es que el Barcelona nunca deja de ser una verbena, aunque no precisamente la de la Paloma.
Pasad un buen día.
Buenos días, amigos. El Real Madrid está siendo el gran agitador del mercado de verano. Al serlo, por el mismo precio, nos está quitando años de encima. Esto de fichar aquí y allá, en lo que al Madrid respecta, es incipisecular (atención al neologismo), o sea, de principios de siglo, cuando aún no existían los petroclubes (o existían pero sin la primera parte de la palabra) y el club blanco imponía su ley en el mercado. Recordemos, por ejemplo, el estío de 2009, cuando, en palabras de Valdano, hubo que “hacer en un verano lo que se habría hecho en tres”. Así vinieron del tirón Cristiano, Kaká, Xabi Alonso y Albiol, y puede que nos dejemos alguno.
Hacer algo parecido ahora supone obrar un milagro, ya que el contexto financiero de los clubes top de Europa es muy otro, y el Madrid no lleva precisamente la delantera en términos de cash-flow. Esos son otros, los que tienen un tubo que va directo de los pozos petrolíferos a la cuenta corriente, o los que son amamantados por algunos de los fondos de inversión más potentes del planeta. Aun así, ya están en la buchaca Cucurella, Konaté, Dumfries y Bernardo Silva, con opciones ahora de que a esta ilustre lista se una el mismísimo Rodri y…
Sí, amigos. El fulgurante extremo costamarfileño Yan Diomande podría ser la contratación estrella del verano si se llega a un acuerdo con el Leipzig, en una hipotética operación que ha dejado a todo el mundo con los ojos como platos. A los amigos de Marca, por ejemplo, les ha dejado con los ojos como platos y haciendo juegos de palabras propios de Paco Sánchez Palomares, eximio redactor jefe de La Galerna, sensacional escritor, gran persona y horrendo perpetrador de calambures.
—Diomande suena a diamante. ¿A que no te atreves a hacer un juego de palabras con eso?
—¿Que no? ¡Sujétame el cubata! (Es una frase hecha, con ella no queremos dar a a entender que en la redacción de Marca se beba en horas de servicio. Es más: tal vez la cosa fuera más soportable si se hiciera).
Diomande-Diamante. ¿Lo pilláis? La operación, como dice el gallardo diario de todos los equipos menos de uno, superaría los 100 millones de euros, lo que teniendo en cuenta la inflación y el devenir del mercado no quedaría encuadrada en términos cristianorronaldescos pero por ahí, por ahí. Si se nos pregunta, lo cierto es que no sabemos si el jugador vale ese montante de dinero, pero ¿qué es “valer”? El City acaba de pagar 130 por Anderson, aseado centrocampista inglés. El mercado está loco, y el Madrid no solo forma parte de él sino que, como hemos indicado, lo agita como pocos.
Lógicamente, con las limitaciones financieras del Madrid a las cuales aludíamos, limitaciones derivadas de un contexto hiperinflacionado por los hidrocarburos y los fondos, para que entre gente tendrá que salir gente.
Los amics de Sport ya se relamen pensando que quien pueda usar la puerta de salida en el club rival sea ni más ni menos que Vini Jr. Ahora entendemos por qué le han insultado y tratado de vejar a lo largo de los años: porque le temen. Le temen mucho. De otra manera, no le darían una portada a su posible marcha del equipo rival.
En el código sportivo, darle una primera plana a algo que pase en el Madrid equivale a tocarse por lo que allí está pasando, en el sentido de que no beneficia al oponente. Se ve, pues, que están deseando ver partir al delantero brasileño, en la misma medida en que nosotros, en La Galerna, estamos deseando lo contrario, o sea, que se quede. Parece no obstante que las desavenencias son profundas en el aspecto económico, de cara a una hipotética renovación, y que si no hay renovación habrá que estudiar una venta que comporte algún retorno económico para la entidad. Sería traumático, pero también lo fue ver cerrar la puerta por fuera a Cristiano o Sergio, jerarcas absolutos, y aquí seguimos.
El Madrid, amigos, por encima de todo. Siempre.
Finalizamos nuestro repaso de hoy con Mundo Deportivo y con el interés del club cliente de Negreira por Julián Álvarez. Lo quieren, pero sin pagar mucho porque no les viene bien lo de pagar. Por lo que sea.
Según su hoja parroquial, el club cliente de Negreira no subiría “la oferta que ya hizo por 100 millones”. Sucede que, como sabéis, el club propietario de los derechos del delantero argentino ya recibió por él una oferta de 150 millones, no sabemos si recordéis de parte de qué club, la cual fue rechazada de forma desabrida y faltona porque el club interesado les cae secularmente mal.
Sucede también que esa entidad es ahora propiedad de un ingente fondo de inversión estadounidense, Apollo, que por lo que sea no entenderá bien que se rechace una oferta de 150 millones para luego aceptar otra de 100, simplemente en coherencia con fobias ancestrales e irracionales que a Apollo le parecerán ridículas.
En fin. El quilombo es notorio, y seguiremos informando.
Pasad un buen día.
Música de piano.
Una versión melancólica de Michelle flota en las ondas. El piano entra despacio, nota a nota, y se cuela en miles de dormitorios insomnes. Poco a poco, la melodía se desvanece hasta dejar únicamente una respiración pausada al otro lado del micrófono.
Silencio.
—Amigooooos… …amigaaaaas… amigues…
La voz de Querubín Consuegra, presentador del programa nocturno más escuchado del país, cae sobre los oyentes como un chorro de chocolate caliente deslizándose por la espalda: espesa, dulce, envolvente. Antes de que puedas resistirte, ya le has entregado el corazón.
—Vuelve el fútbol… …vuelve… Madridistas en la noche.
Regresa la melodía. Michelle sube, baja, se enreda en cada sílaba de Querubín.
—¿Los miedos te atenazan? ¿No sabes cómo sobrevivir a otra temporada sin títulos? ¿Necesitas un amigo que comprenda tu sufrimiento blanco? Soy…Querubín Consuegra. Llámame. Te escucho.
La última nota de Michelle se funde con los primeros acordes de And I Love Her.
—Tenemos la primera llamada de la noche. Nos escucha Josefina, desde Cartagena.
—Buenas noches, amiga Josefina.
—Hola, Querubín. Soy Josefina, la mujer de Manolo Mercado. Llamé hace un mes. No sé si te acordarás de mí.
—Cómo no voy a acordarme, querida Josefina. Tu historia conmovió a toda la audiencia por la franqueza con la que nos la contaste. ¿Te importaría recordársela a los oyentes que no estaban aquella noche?
—¿Ahora?
—Claro. Aunque, si prefieres, la cuento yo.
—No, no… Es que todavía me da vergüenza.
—Estás entre amigos, Josefina.
—Verás, cuando pierde el Real Madrid, mi Manolo deja de funcionar en la cama. Se enfurruña, se encierra en sí mismo y ni defiende ni ataca. Y eso que yo se lo pongo facilísimo: el balón en el área pequeña, para empujarla.
—¿Y el Mundial? Ya me entiendes, Josefina. ¿Con el Mundial no has tenido algo de consuelo?
—Pues ni por esas. Al idiota de mi marido lo sacas del Madrid y ni se entera.
—Te entiendo perfectamente, amiga.
—Estoy muy preocupada, Querubín. Yo ya no estoy para nadapletes. He visto los partidos del Madrid con angustia, con un nudo en la garganta, y esta temporada no quiero volver a pasar por lo mismo. Ya no sé a quién recurrir. Yo llamaba para ver si alguno de tus oyentes me puede dar algún consejo para sobrellevar esta situación.
—Claro que sí, amiga. Este es el espíritu de nuestro programa: ayudarnos entre madridistas, compartir nuestros problemas. Gracias una vez más por tu valentía, Josefina. Mucho ánimo y permanece atenta a nuestra emisora. Buenas noches.
La voz de Querubín se funde con And I Love Her. El piano suena y suena…
…
—Nos llama Antonia, desde Albacete.
—Te escuchamos, Antonia.
—Yo llamaba por lo de Josefina.
—Dinos, Antonia, ¿tienes algún consejo? ¿Puedes ayudarla?
—Bueno, creo que sí. Yo tengo el mismo problema con mi marido y he encontrado una solución. ¿La digo ya?
—Cuando quieras, Antonia, estamos expectantes.
—Le recito la alineación de la Decimocuarta.
—¿Le recitas la alineación?
—Sí. Mi marido, si pierde el Madrid, se cabrea como un mono, se cierra en banda y estoy a dos velas hasta que vuelven las victorias. El caso es que un día, después de una derrota, así, a lo tonto, por consolarlo, le dije que no se preocupara, que ya volverían los buenos tiempos, que se acordara de las tres Champions seguidas, de Zidane, de Modrić, Kroos, Casemiro… Mano de santo, Querubín, mano de santo. Fue nombrar a estos jugadores y ya lo noté distinto, más animado. Ahí vi un filón. Me aprendí de memoria la alineación completa de la Decimocuarta, la de las remontadas, nunca mejor dicho, y en la siguiente derrota del Madrid puse el plan en práctica.
Se había acostado cabreado, mascullando tacos. Yo me tumbé desnuda a su lado, me apreté a él y empecé a susurrársela al oído:
—Courtois… Carvajaaaal… Uffff… Meeendy… Aaaaalaba… Militaooooooohhhhhhh… Krrrrrrros… Casemiiiiiiiiiiro… afff… Moooooo oh oh dric…. No llego ni a la delantera, Querubín. En cuanto nombro a Modrić, aquello es un volcán, se me viene arriba como si tuviera veinte años.
—Muchas gracias, Antonia. El Madrid es el club más grande del mundo por aficionados como tú, por vuestra solidaridad y empatía. Eres grande, Antonia. Dios te bendiga. Espero que estos sabios consejos ayuden a nuestra amiga Josefina a recuperar el amor. Somos… Madridis…
—Espera, espera, Querubín.
—Dime, amiga.
—No he terminado. Esto de las alineaciones tiene… cómo te diría… daños colaterales.
—¿Daños colaterales?
—Sí. Mi marido se viene arriba, demasiado. Se emociona tanto que se pone a retransmitir y me baja la libido. Es Manolo Lama con Energisil.
—¿Te retransmite?
—Todo. Estamos en la faena y empieza: que si amago por la derecha, que si encaro, le he cogido la espalda… No calla. Y el muy idiota, cuando termina, canta lo de «Así, así, así gana el Madrid». Lo peor es que algunos días, además de narrador, se convierte en entrenador: saca una pizarra, cuatro imanes de colorines y me explica el sistema, los movimientos, el bloque compacto…
—Ahá.
—Ni ajá ni ajó. Estoy harta del Madrid. ¿Puedo saludar?
—Claro que sí, amiga, saluda a quien quieras.
—Saludo a Florentino Pérez, que me estará escuchando. Floren, por Dios, ficha, que llevamos dos años a verlas venir.
—Gracias, querida amiga, por tu desinteresada ayuda. Un beso y que tus deseos se cumplan.
La melodía regresa.
—Así somos los madridistas, solidarios, ejemplares. ¿Tienes algún problema? ¿Necesitas que nuestros corazones latan al unísono? Llama a… Madridistas en la noche. Nos llama Conchi, desde Murcia.
Habla casi en un susurro.
—¿Conchi?
—Sí, sí, aquí estoy.
—Te escuchamos muy bajo, querida.
—Es que mi marido está dormido y no quiero que se entere de que os llamo. Os escucha todos los días.
—Me alegra oír eso, querida amiga, oyentes fieles, madridistas de cuna.
—No, no. Mi marido es del Atleti y se caga en todos vuestros muertos. Os escucha por morbo.
—¡Pero, Conchi!
—Ya, ya lo sé, Querubín, pero es que él es así, un poco obtuso. En fin, que yo llamaba por lo de Josefina.
—Dinos.
—A ver, que lo he pensado mucho y creo que tengo una solución que nos beneficia a las dos.
—Cuenta, cuenta.
—Cambiar los maridos.
—¿Cómo que cambiar los maridos?
—Sí, mira, mi Ricardo es antimadridista perdido. Si gana el Madrid no le veo el pelo, pero si pierde… Ay, si pierde. Qué noches, Querubín, qué noches. Fuego. Brasa viva. Mi Ricardo se prende como una tea. Y he pensado que, oye, si llegamos a un pacto, salimos ganando las dos: que pierde el Madrid, ahí que le mando a mi Ricardo; que gana, me manda a su Manolo, y santas pascuas. Lo comido por lo servido. De Cartagena a Murcia hay media horita.
—Hombre, Conchi, ¿y ellos qué van a decir?
—Ellos ni mu, felices, y si se lo toman mal, pues peor para ellos. Lo importante es que…
—Conchi, dame un segundo. Nos llama Josefina. ¿Te importa que os ponga a las dos en antena?
—Al contrario, estoy deseando hablar con ella.
Se oyen un clic y un leve golpe de línea.
—Hola, Conchi, soy Josefina, encantada de conocerte.
—Hola, Josefina, lo mismo digo.
—Conchi, que sí, que acepto, es una idea estupenda. Eso sí, yo llamaba para decirte que mi Manolo no es ningún adonis; vamos, que es calvo, tiene su tripita y da para lo que da. Que luego no quiero quejas, ya me entiendes.
—Tranquila, Josefina, que mi Ricardo tampoco es Brad Pitt, pero menos da una piedra. ¿Quedamos, tomamos un café y cuadramos fechas?
—De mil amores.
El piano toca Debussy.
-Amigos… amigaasss… amigues… Ya ven, una noche más, este programa os escucha, os ayuda a ser felices, a vivir nuevas experiencias. Corazón con corazón, alma con alma… Soy Querubín Consuegra. Os quiero. Escuchas…Madridistas en la noche…
Llámame.
Madridistas en la noche (1): Madridistas en la noche - La Galerna
Cuando el abuelo empezó a cogerle manía a Vinícius, todos interpretamos que eran los síntomas de la demencia diagnosticada un año antes. Se te olvida si ya desayunaste o no, vacilas para encontrar las palabras y te parece que Vini es malísimo. Conductas, en definitiva, que denotan cambios cognitivos propios de algún trastorno neurológico degenerativo.
Luego nos dimos cuenta, sobre todo gracias a las redes sociales, de que mi abuelo no era el único. Muchísimos otros madridistas aborrecían también a Vini, y ninguno de ellos tenía Alzheimer ni ninguna otra dolencia de ese tipo, no al menos aparentemente. A todos los nietos nos parecía raro, puesto que Vini nos resultaba cojonudo. Sin embargo, a pesar de que los años pasaban y el brasileño se convertía en la gran estrella del mejor club del mundo, al que hacía campeón de Champions dos veces y ganaba otros muchos títulos, un sector del madridismo de X y del propio estadio se la tenía jurada a nuestro icono sin necesidad de tener diagnosticada ninguna alteración en sus facultades, como sí la tenía diagnosticada el viejo. Su tirria se agrandaba partido a partido. Se había convertido en el mayor de los odiadores del chico.
Los domingos íbamos a su casa a ver el partido con él. Se sentaba en pantuflas en su butaca favorita y se apretaba un whisky mientras seguía en la televisión las evoluciones del equipo de sus amores. Nadie sabía a ciencia cierta qué efectos obraría en su estómago el cóctel de Lagavulin y queitiapina, pero cualquiera se lo quitaba. Uno de los efectos adversos de la mezcla era, aparentemente, y si ello fuera posible, una exacerbación de sus sentimientos negativos.
—¡Mírale! ¡Ya la ha vuelto a perder! Regatea, regatea y regatea y luego nada. Os lo digo: ¡con un lacito!
Lo del lacito era su penúltima obsesión. Eso de que muchos madridistas empaquetarían a Vini y lo mandarían a Arabia Saudí, “por cien millones y con un lacito”, se lo había oído a algún locutor de la cadena Cope, hoy afortunadamente extinta. A mí el sintagma me daba una grima horrible. ¿Vender a Vini? ¿Por qué? ¿Con un lacito, encima?
—¡Con un lacito, ya os digo! Siempre toma la decisión equivocada. ¡Y ya está protestando! ¡Mírale! Necesita apoyo psiquiátrico. Desestabiliza al equipo con sus continuas quejas.
—Pero, abuelo, que le forran a patadas y encima el rival nunca ve tarjeta— le decía el primo Carlos.
—Tiene que aprender a controlarse. Patadas también le daban a Amancio y a Butragueño y no montaba esos circos. Por cierto, ¿qué tal tu madre?
La madre de Carlos (o sea, la tía Claudia, o sea, la hija mayor del abuelo) había muerto varios años atrás, pero de vez en cuando se le olvidaba. ¿Quiénes éramos nosotros para recordarle el drama?
—Está estupendamente, abuelo— respondía Carlos.— Me ha dicho que te dé un beso. Ya sabes lo dolorida que anda con su hernia. Casi no sale de casa. Por eso no viene a verte.
—Ah, es verdad, se me olvidaba. Ya sabes que se me olvida todo. Si mañana se muere, también se me olvidará, jajajaja. ¡Pero mírale! ¡La ha vuelto a perder! Solo tiene una jugada y encima siempre la acaba mal.
Los berrinches que el abuelo se agarraba con Vinícius nos tenían a todos francamente preocupados, no porque se nos presentaran como una gran injusticia (al fin y al cabo, Vini vivía perfectamente ajeno a las diatribas de nuestro patriarca), sino porque podían terminar siendo nocivos para su salud. Por eso vimos el cielo abierto cuando, en el verano de 2026, sucedió algo relativo al jugador pero aparentemente extrafutbolístico, si es que hay algo que pueda acontecer a un profesional del balompié que no revista consecuencia alguna para su carrera. Vinícius, aquel verano, decidió someterse a una intervención estética que le afiló el mentón. Quedó indudablemente más guapo, pero sobre todo quedó, al menos a nuestros ojos, esencialmente irreconocible.
He olvidado de cuál de nosotros nació la idea. Probablemente fuera mi hermana Sonia, siempre tan creativa. Parecía evidente que correspondía aprovechar la circunstancia para ahorrar al abuelo tanto sofoco. Ni le venía bien ni nos agradaba escucharle decir tantas y tan agrias bobadas.
—¿Te has enterado, abuelo? Parece que Florentino te ha hecho caso por fin y hemos traspasado a Vinícius al Bayern.
—Qué me dices…
Los ojos del abuelo brillaron con ese destello que solo confiere la mezcla de las buenas noticias y la mala cabeza. Estábamos en una de tantas visitas de pretemporada en su casa de la calle Ardemans. Hacía un calor del demonio y el ventilador acunaba nuestra conversación y sus delirios.
—Lo que oyes— dije yo.— Hemos vendido a Vini y ya tenemos aquí a su sustituto.
Con un gesto, indiqué a Sonia que interviniera, señal a la que mi hermana respondió mostrando al abuelo, a través de su móvil, la cara retocada y prácticamente nueva del extremo brasileño.
—Este es nuestro nuevo delantero, abuelo— intervino Carlos.— Se trata de Fuchinho, el atacante más prometedor del campeonato de aquel país. Ha deslumbrado desde la banda izquierda del Fluminense. Tiene 19 años, aunque parezca más talludito, y se desenvuelve por la misma zona del campo que lo hacía Vini.
—Pero mejor— repuso el abuelo, como sirviendo de altavoz a sus propias esperanzas.
—Pero mejor— le reafirmó Sonia.— Ya no sufrirás más con Vini. Hemos estado viendo vídeos de Fuchinho y te podemos asegurar que es otra cosa.
—Es otra cosa…— repitió el abuelo con avidez, las pupilas extraviadas en el infinito de un idílico porvenir futbolístico.
—Ya verás. El día 22 es el primer partido de la nueva temporada, contra el Espanyol. Vendremos aquí a verlo contigo. Estamos seguros de que Fuchinho te va a encantar.
Fieles a nuestra promesa, aquel 22 de agosto acudimos prestos a la cita con el abuelo. Prestos pero algo nerviosos, claro. Digamos que seguía una política irregular en lo de regir o no regir. Tan probable era que se la diéramos con queso como que se percatara de la añagaza. Al principio pareció enteramente lo segundo, pero estábamos preparados para ello. Sabíamos cómo reaccionar. Habíamos previsto el obstáculo.
—Pero… pero… ¡en la camiseta pone: 7 VINI JR.!
—Claro, abuelo. Aunque a ti no te guste Vini, es una inspiración para los jóvenes cracks en ciernes que salen de Brasil. Fuchinho ha prometido que lucirá el dorsal y el nombre de su ídolo en homenaje a él.
—Esto es como cuando se retira el dorsal de un jugador que ha sido muy importante pero al revés— terció Carlos.— Es un homenaje por presencia de dorsal en lugar de por ausencia. Parece que va a llevar el número y el nombre de su predecesor mientras dure esta campaña, que es su primera en la plantilla. De todos modos tú fíjate en su cara y en su juego. ¡No tienen nada que ver!
En medio de una calma tensa, fuimos verificando cómo el abuelo tragaba. Una sonrisa se fue dibujando en su rostro. Nosotros vivíamos para esa sonrisa. Queríamos tanto al abuelo.
A medida que transcurría la 26/27, el abuelo se enamoraba más y más del desempeño sobre el césped de Fuchinho. El equipo iba primero en liga y pasando ronda tras ronda de Champions, en parte gracias al dribbling eléctrico y la capacidad de desborde del nuevo fichaje.
—Da gloria verle— decía el abuelo, embelesado en regates, golazos y asistencias.— Este chico también es un poco individualista, pero juega con sentido. Se queja al árbitro de vez en cuando, sí, pero no tanto como el otro, y con otros modales. Este sí es digno de nuestros valores.
La historia de amor entre el abuelo y Fuchinho siguió y siguió y siguió. Minimizaba los errores de su nuevo futbolista predilecto, y magnificaba sus aciertos hasta extremos lindantes con el fanatismo. Fuchinho se convirtió en la nueva pasión del abuelo.
—Lo único que no me gusta— nos decía— es eso de que siga llegando el nombre y el número del otro a la espalda. ¡Menudo petardo era aquel! ¡De buena nos libramos con ese traspaso! Estoy deseando que llegue ya el año próximo para que se acabe el homenaje y poder leer en su chepa el nombre de nuestra estrella. ¡Fuchinho!
Cuando expresaba ese último deseo, nos mirábamos con preocupación y disimulo, con un adelanto de sonrojo. Pero en fin. Ya pensaríamos cómo reaccionar cuando se presentara esa tribulación. A cada temporada le basta con sus cuitas, de igual modo que a cada hombre le debería (o no) bastar con su mentón.
No habría por desgracia ocasión de volver a poner a prueba nuestro ingenio para salir del atolladero. No habría próxima temporada. Tras una victoria especialmente convincente del Madrid, con doblete de Fuchinho incluido, el abuelo anunció que se encontraba regular y que se iba a acostar. Con la ayuda de Jenny, la chica que le cuidaba, le ayudamos a ponerse el pijama, le arropamos bajo la manta canturreando el himno de las mocitas y nos despedimos de él hasta el próximo partido. Nunca despertó.
Ya sabéis que en la tienda oficial del Madrid, tras adquirir la camiseta blanca con ribetes verdes y rosas, puedes serigrafiar a la espalda lo que estimes oportuno. La zamarra con el 7 de Fuchinho adornó el féretro en la capilla ardiente, y hasta juraría que el último ídolo del abuelo le dedicó el siguiente gol, con aquel índice al cielo, al hombre a quien tanto quisimos.
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Buenos días, por decir algo. Hoy el portanálisis lo va a escribir su puta madre. No sabemos si estamos hablando con claridad. Confiamos en que sepáis leer entre líneas.
La Comunidad de Madrid y una parte cercana de Castilla León (la provincia de Ávila en concreto) arden en medio de una catástrofe sin precedentes en territorio no solo madrileño, sino nacional. Muchos de los que hacemos La Galerna, la gran mayoría, vivimos en la zona, y estamos consternados. Más de 60.000 personas han sido evacuadas, e incontables otras han sido confinadas para sortear los terribles efectos del fuego y el humo. No hay ganas de analizar la fatuidad vulgar de las primeras planas del día, ni perspectivas de que las haya en muchas horas o días. La catástrofe es total. Sería frívolo ponerse a comentar cosas tan intrascendentes como las que día a día copan las portadas de la prensa deportiva patria. Os las enseñaremos porque querréis verlas.
Hoy ha amanecido algo más despejado, pero ayer por la tarde/noche una nube de ceniza impenetrable cubría el estadio que tanto amamos, impulsada desde la sierra desvalida por vientos aviesos. Era (es aún) un espectáculo con tintes apocalípticos que nos recuerda nuestra insignificancia en el plan que Dios, el cosmos o quien sea depara cada día sin aviso y sin piedad. Como célebremente sentenció Pitita Ridruejo, hay gente a la que el apocalipsis le viene fatal.
Nosotros, lo confesamos, estamos incluidos en esa categoría.
Vaya nuestro abrazo a los afectados, y nuestro más profundo desprecio para los responsables directos e indirectos de esta tragedia.