Hola, amigos. La ola de frío que sacude España, y Europa, y el hemisferio norte en su conjunto, está alcanzando cotas tan alarmantes que no podemos ya hacer como si nada. Como decían en una película de Woody Allen, a veces la vida tiene vida propia, incluida la vida atmosférica, y es así como no solo las bajísimas temperaturas sino también el temporal de agua y nieve que nos circunda entorpece incluso el normal desarrollo del deporte balompédico de élite.
Lo de “de élite” es un decir, por otra parte. Los clubes de élite tienen instalaciones de élite que les permiten afrontar inclemencias meteorológicas como las que estamos pasando sin demasiadas o sin ninguna consecuencia (qué graciosas suenan ahora aquellas viejas chanzas sobre la cubierta retráctil del Bernabéu), mientras los que se suponen que son de élite pero están en la más absoluta B desde lo financiero, desde lo institucional y (sobre todo) desde lo ético pasan por trances tan tragicómicos como lo sucedido ayer en el Camp Nou Spotify, plataforma donde soñaron uno tras otro clásicos como Have You Ever Seen the Rain, Rain Must Fall, Come Rain or Come Shine, Stormy Weather o Raindrops Are Falling on My Head, Riders on the Storm o Let It Rain.
Como comentan nuestros ingeniosos amigos del CD Ciudad de Zamora, el estadio azulgrana convirtióse mágicamente, tal vez por iniciativa de Donald Trump, a quien ya sabemos cómo gustan estas cosas, en un mastodóntico spa donde proliferaron los chorros terapéuticos y cañones de agua para hidromasajes capaces de satisfacer al más exigente usuario de balnearios y demás recintos para el cultivo de la vida sana. Es lo que tiene haber hecho una reforma de estadio tan falsa como el palmarés del club catalán durante los 17 años durante los que sobornó al vicepresidente de los árbitros españoles.
Hace no tanto, un youtuber de la órbita culé presumía ufano de que las nuevas posiciones de comentaristas, tras la falsa reforma llevada a cabo por un ingeniero o sexador de pollos turco, ¡tenían enchufes! Esperemos que ayer, con el improvisado Niágara en el cual mutó el fabuloso nuevo templo blaugrana, cuyos agujeros en el techo propiciaron la inundación, no se dieran más cortocircuitos de los estrictamente necesarios.
Spotify Camp Nou Gruyere Spa & Health Center.
Cuantísima gloria, amigos. Además del espectáculo del Camp Nou inundado, que suscitaría la indignación contra su propia gerencia de cualquier afición no aborregada, en dicho estadio hubo también fútbol. Nos lo recuerda el diario con la más clara encomienda de canonización de la figura de Lamine Yamal, que no es Sport ni Mundo Deportivo, como de entrada podríais haber pensado, sino sorpresivamente Marca, medio que la gente aún relaciona con la llamada (e inexistente) Central Lechera. Ningún medio catalán está siempre tan presto y dispuesto a deshacerse en loas a Lamine como lo está Marca. Ayer marcó un buen gol, se sentó en una valla publicitaria, en homenaje a Cristiano que habrá sentado mal en esos lares, y ahí sigue, recibiendo los vítores de la prensa que se le supone hostil al club que le paga (a él y a Negreira). Lo cierto es que el Barça jugó muy mal, pero a quién le importa ponderar eso.
A nadie.
Marca, en estos tiempos, ejerce fundamentalmente de mosca cojonera y tebiana del madridismo, de ahí lo de dar portadas a Lamine y moscas (valga la redundancia) a lo bien que le marcha a Endrick en el Olympique de Lyon. Es imposible no preguntarse qué hace tan lejos semejante proyecto de crack, si bien al final quizá haya que dar por bueno este fogueo en tierras extranjeras para que el Madrid recupere al futbolista no bien acabe esta campaña.
Marca no habla en cambio del ridículo de los goterones noucampianos, como también obvia las dos jugadas inenarrables (una por significativa, otra por escandalosa) que decantaron, qué raro, el encuentro hacia el lado negreiril.
Esta es la pintoresca/ significativa.
Martínez Munuera se inventa, con arreglo a la norma 17.8.4 emanante de sus muy morenos dídimos, que el portero del Oviedo agarra el balón fuera del área con las manos. Hay que estar muy seguro para pitar eso. Seguro de que te interesa pitarlo, queremos decir.
Y esta es la grave, la gravísima. La trascendental.
Jordi García agarra del tobillo al jugador ovetense Reina, cometiendo penalti. Sigan, sigan. Obsérvese cómo el CM de Sport, excusatio non petita, atribuye la acción exclusivamente a lo “rapidísimo” que se emplea Jordi García. Para “rapidísimo” el propio CM, justificando lo injustificable aun antes de que nadie le pregunte. Por si acaso. Preventivamente.
Ya con más calma, el resto de componentes del equipo de opinión sincronizada negreiril han negado asimismo la existencia del claro penalti. Lo que cabía esperar. No es ni siquiera gente que tenga un sesgo que condicione sus opiniones. Es gente que de manera pública opina lo que no cree en realidad, por sistema y para seguir bendiciendo un sistema arbitral tan nefasto y corrupto que ni un solo árbitro español es escogido para ninguna gran competición, UEFA incluida.
En fin. Los rotativos cataculés, por su parte, siguen la estela de quien se ha convertido en su líder intelectual, o sea, Marca, optando incluso por las mismas fotos. Ya no es que Marca sea el caballo de Troya del cuerpo de doctrina culé en la capital. Es al revés. El dedo de Marca les señala el camino y ellos siguen la estela encantados. En las astutas, taimadas, aviesas manos tebianas encomiendan todos ellos sus espíritus. Y no les va nada mal.
As es el único diario que, en este día de sensaciones térmicas bajo mínimos, nos recuerda que existe el Real Madrid. “Arbeloa ha dado con la tecla”, asegura el medio dirigido por José Félix Díaz. Amén, y es una tecla anímica que tiene que ver con la gratitud, como explicaba Jesús Bengoechea en su artículo de ayer, y con el debido entendimiento de la responsabilidad que apareja el escudo. Tan sencillo y tan inexorable como eso. Eso + claridad táctica + mejoría física. Pero sobre todo es fe en el plan.
La misma con la que os deseamos un día muy feliz, sobre todo a aquellos que nos leáis desde el hemisferio sur. Qué suerte.
El FC Barcelona venció (2-0) al Real Madrid femenino en la final de la Supercopa de España disputada en el estadio de Castalia. Las azulgrana se adelantaron mediante un tanto de Esmee Brugts y, aunque el Real mantuvo el duelo a un palmo de distancia, no consiguieron la igualada para llevar la disputada del primer título de la temporada a los penaltis. Ya en el descuento, Alexia Putellas anotó el definitivo 2-0 desde el punto de penalti.
En el cuento de nunca acabar que es el duelo desigual entre Real Madrid y FC Barcelona en el contexto del fútbol femenino, la final de la Supercopa de España volvió a dejar el tipo de escenas que, por reiteración, pueden verse aun con los ojos cerrados. Si el Real iguala el partido en lo colectivo, será un balón parado, un error individual o una jugada inconexa y desafortunada lo que desequilibre el choque en favor azulgrana; si el Madrid bordea el peligro y amaga con devolver la igualada, el balón se estrellará en el larguero o la árbitra olvidará el silbato cuando frenan un contraataque peligroso de Linda Caicedo. Y si un aficionado primerizo enciende la televisión, encontrará siempre los paupérrimos comentarios de la dupla Alicia Arévalo - Marta Corredera, de quienes es mejor ni hablar.
La victoria azulgrana, pues, viene a ser la conclusión lógica a la típica cadena de acontecimientos descritos. María Méndez y Maëlle Lakrar pueden ganar durante 45 minutos duelos en velocidad complejísimos frente a Ewa Pajor, pero de poco sirve el esfuerzo defensivo si basta un córner al primer palo para encajar gol. Es el sino de un Madrid que mejora cada año, y que con esfuerzo consigue igualar o, al menos, contener al Barça con el balón en juego, y sin embargo naufraga al perder un duelo individual esporádico o en un balón aéreo centrado al área.
Así sucedió durante la primera media hora de final en el estadio de Castalia. Sin disparos a portería y con ritmo calmado, el Madrid aguantó el esfuerzo mental de correr durante muchos minutos sin dominio de la posesión. Cuando llegó la primera intentona peligrosa, un disparo de Vicky López dede la frontal, Misa Rodríguez despejó a córner con una gran parada: nada que rechistar, hasta que en el saque de esquina posterior la lateral Esmee Brugts simplemente necesitó poner la cabeza para celebrar el 1-0. Mientras tanto, en el otro extremo del campo, cada córner del Real se quedó corto.
Es el sino de un Madrid que mejora cada año, y que con esfuerzo consigue igualar o, al menos, contener al Barça con el balón en juego, y sin embargo naufraga al perder un duelo individual esporádico o en un balón aéreo centrado al área
Al gol del Barça siguieron dos acciones llamativas por diferentes motivos. Primero, en un balón colgado sobre el área de Misa, Irene Paredes saltó al bulto cometiendo una falta clarísima sobre la portera. Aún así la defensa culé, ni corta ni perezosa, se atrevió a recriminar la acción a la árbitra en una evidente muestra de creer estar por encima del bien y del mal. Minutos después, en un contraataque muy prometedor de Linda Caicedo, Caroline Graham Hansen frenó a la colombiana desde atrás cuando se acercaba al borde del área, una amarilla de libro, sin que siquiera se señalara falta. Ninguna de esas acciones condicionó el partido, pero son detalles que dirigen la marea en una dirección concreta.
Al descanso se llegó tras un disparo al larguero de Sara Däbritz y, tras la pausa, el juego se abrió en ambas mitades del campo. Al Madrid le sentó bien, pues por primera vez consiguió enhebrar un par de jugadas de combinación cerca del área rival, pero el reverso de la moneda fue evidente: Misa Rodríguez acabó convertida en la futbolista más determinante sobre el césped al ver cómo las atacantes azulgranas probaban fortuna una y otra vez frente a sus dominios. La canaria creció tras cada atajada, llegando a salvar dos ocasiones a bocajarro de Ewa Pajor. Sus intervenciones permitieron al Madrid plantarse en los últimos quince minutos de final con el empate a un mero tanto de distancia… y Linda Caicedo tuvo en sus botas el gol tras un gran pase filtrado de Athenea del Castillo. Cuando llegó el turno de chutar con la zurda, eso sí, Ona Batlle metió el pie para bloquear la que debería haber sido la acción que mandase el partido a la tanda de penaltis.
Perdida la ocasión crucial, el Real Madrid supo que volvería a morir en la orilla. Que Alexia Putellas doblara la ventaja desde el punto de penalti ya en el descuento fue intrascendente: por entonces, todos sabíamos de memoria el final de la película. ¿Volverá a repetirse el guion en el próximo duelo frente a frente de Copa de la Reina?
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Buenos días, amigos. Dado que ha triunfado la cursilada esa de “dormir líderes”, podemos extender el lugar común a lo largo de las primeras horas del día siguiente, al menos hasta que juegue quien tiene la potestad de recuperar el liderato. De manera que a estas horas de la mañana el Madrid, todavía, “desayuna líder”, “saca a pasear el perro líder”, “toma de aperitivo un vermut y unas gildas” líder y “se pone una película de Netflix” líder antes de “echarse la siesta” (el equipo cliente de Negreira juega a las 16:15, le da tiempo) líder también.
Lo más importante, con todo, son las sensaciones absolutamente tonificantes que arroja la victoria en la Cerámica, que es una victoria de prestigio, una candidatura al campeonato que refrenda las excelentes perspectivas que trajo consigo la portentosa goleada ante el Mónaco. No conviene lanzar las campanas al vuelo, pero estaremos de acuerdo en que este es otro Madrid. Uno ambicioso que no cesa de presionar y que lo hace con sentido. Uno atento, concentrado, solidario y espectacular en las acciones de sus hombres de ataque, un Mbappé al que siguen cayéndosele los goles (eso no ha cambiado) acompañado por un Vinicius que facturó en Villarreal un segundo tiempo de fábula.
Marca destaca precisamente los dos goles del francés (“Mbappé… y a volar”, sueltan, como si fuera tan fácil), pero el partido tuvo mucho más que eso. Tuvo en Valverde y Carreras dos laterales casi centrocampistas que nos hacen implorar, en particular, que el uruguayo no abandone el puesto que dice rehusar pero que le sienta como un guante. Tuvo un Asencio imperial y un Huijsen mejorado. Tuvo un Camavinga que sufrió sustituyendo a Tchouaméni, como no podía ser de otro modo pues Aurélien es vital en el esquema, pero que estuvo maravillosamente auxiliado por un Güler y un Bellingham abnegados, sabios y dominantes. Tuvo a un Mastantuono que ha agarrado por los cuernos el puesto más disputado del equipo a punta de trabajo y talento. Tuvo incluso la gozosa reaparición de Brahim después de su traumática final de la Copa de África.
Fue un Madrid que invita a soñar. Como lo fue el del Mónaco. Lo que invita a soñar, precisamente, es esa continuidad.
“Esto marcha”, titula As, y no podemos estar más de acuerdo. Es el nuestro, no obstante, un acuerdo con cautela. “Esto marcha” es frase que también dijimos tras breves rachas triunfales del Madrid de Xabi. Necesitamos que la continuidad a la que antes aludíamos se sostenga en el tiempo.
“Un Madrid sólido y solidario gana en la Cerámica y se acuesta líder”. Como ya adelantamos antes, tenemos el gusto de actualizaros la información: no solo se acostó líder sino que se ha levantando líder también. Que sí: desayunó líder, se duchó lider, llamó por teléfono a su madre líder, se sonó los mocos líder y sacó a pasear el perro líder, si bien esta última operación duró poco porque hace un frío como no recordamos hace tiempo y el perro enfiló enseguida el camino de vuelta a casa.
Así sí, amigos. Así sí se puede confiar en este equipo.
La otra cara de la moneda en este domingo predominantemente feliz es el equipo femenino, que volvió a palmar contra el Barça, una vez más, esta vez en la final de la Supercopa. La prensa cataculé lo goza a modo, como veis, y no se lo podemos reprochar. Parece que seguimos a años luz del equipo de mujeres azulgrana y que nuestra gerencia no parece dispuesta a intentar poner remedio a esta situación sacando la chequera. En situaciones así se suelen desatar las tesis sobre lo que debería hacerse con la sección, tesis entre las que no faltan soluciones muy taxativas. En La Galerna abogamos por el mantenimiento de la sección, aunque admitimos que no es fácil asimilar el que un equipo que lleva nuestro escudo (sea de hombres, mujeres, cetáceos o grullas) acepte como costumbre el perder sin solución contra el máximo rival, por costumbre ya.
Pasad un buen día.
La mejor noticia de la fundamental victoria del Real Madrid en Villarreal es que, dejando a un lado la sensacional exhibición de Vinicius en el segundo tiempo y el nuevo doblete de Mbappé, resulta muy difícil elegir a los jugadores más destacados. Básicamente, todo el mundo estuvo entre bien y muy bien, que es otra forma de describir la importancia de la palabra clave: equipo. Fue un triunfo eminentemente coral que solo puede mover a concluir, como rezaba la crónica de Athos Dumas, que este Madrid va en serio. Es oficial, como se decía antes: hay un nuevo paradigma y los jugadores se lo creen.
La individualidad al servicio del colectivo era una de las ideas centrales de la cultura espartana, que por razones obvias lleva algunas semanas siendo revisitada por cronistas varios de la cosa vikinga. Lo vikingo y lo espartano suenan juntos a tormenta perfecta de la testosterona, pero es que eso mismo, bien entendido, es lo que bien propone y bien le está saliendo a Arbeloa, con determinadas variantes de la idea que convergen en un mismo estilo de juego. Ambición. Solidaridad. Firmeza. Agresividad. Denuedo. Determinación. Confianza.
“El único responsable soy yo”. fue esa frase, y no los 90 minutos de pitada impía, lo que les puso las pilas. Lo que les puso las pilas es la gratitud
Son sustantivos y los sustantivos no se conjugan, pero el verbo (que sí lo hace) se ha hecho carne en quien llama(¿ban?) títere, marioneta, palangana, bobo y pedante (pedante es mi insulto favorito, me lo dicen mucho y siempre lo disfruto: no es pedante quien quiere sino quien puede). Todas estas cosas le dicen/¿decían? a Arbeloa, pero resulta que con sus piedras hace él su pared, como las amantes lésbicas de la canción de Mecano. “Miguelito, ya sé por dónde vas” es frase característica de profesor en el aula, pero dicha con esa sonrisa y ese aplomo, en rueda de prensa, suena casi a lo contrario, es decir, al más listo de la clase, que no al pelota. El de “pelota” es otro de los denuestos que le han aplicado al espartano los infelices a los que ahora no solo se ve desconcertados, sino directamente enfadados, pidiendo a la realidad el libro de reclamaciones por no hacer coincidir los acontecimientos con las líneas maestras de su sectarismo.
Ya he usado alguna vez ese viejo aserto: un buen jefe es el que utiliza la propia polla (con perdón) para apartar las ortigas del camino de sus subordinados. Por desgracia (Albacete, pierde y vete), no pasó mucho tiempo antes de que los jugadores comprobaran que se encontraban precisamente ante ese tipo de jefe (“El único responsable soy yo”). La derrota fue tan vergonzosa como providencial: así se aprende de buenas a primeras la materia de que está hecha la gente. Al instante (“Insisto: el único responsable soy yo”) supieron que lo darían todo por ese tipo, en riguroso quid pro quo. Es esa frase, y no los 90 minutos de pitada impía, lo que les puso las pilas. Lo que les puso las pilas es la gratitud.
Así que no, no son exactamente unos vagos que solo corren cuando quieren, aunque la frase no esté exenta de un componente de verdad. Tampoco son del todo los damnificados por una pizarra inflexible que ahora vuelan libres de automatismos panenkitas castrantes. Son —y esto dice cosas malas y buenas del grupo— veintitantos jugadores que andaban en busca de autor, parafraseando a Pirandello, presa todos ellos de la confusión más que de la desidia, aunque también hubiera algo de eso último. A partir de ahora pasará cualquier cosa, pero podéis contar con una certeza: lo que acontezca tendrá sustancia, y no descartéis que a lo literario se una el frescor revitalizante del metal.
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Courtois: Aprobado alto. Apenas tuvo trabajo, aunque estuvo muy atento en varias salidas fuera del área que atajó a lo Manuel Neuer.
Valverde: Aprobado. Solvente en el lateral y aportando mucho esfuerzo.
Asencio: Sobresaliente. Atajó todo, despejó todo y aún tuvo tiempo para enviar varios pases medidos de 60 metros a sus delanteros.
Huijsen: Aprobado. Va mejorando. Cuando se ve en dificultades ya no se complica la vida.
Carreras: Aprobado alto. Parece que vuelve el lateral de principios de la temporada.
Camavinga: Aprobado. Muy impreciso en el primer tiempo, fue mejorando con el paso de los minutos. Evitó una contra muy peligrosa en los últimos minutos.
Güler: Notable. Muy buen primer tiempo, siempre preciso y también punzante. Acabó siendo sustituido, agotado por el esfuerzo.
Mastantuono; Aprobado. Buen partido, especialmente por su gran trabajo defensivo. Va para arriba.
Bellingham: Notable. Con su esfuerzo incansable, como siempre, estuvo en todas partes con un despliegue de sus mejores tiempos.
Mbappé: Notable alto. Tras un primer tiempo gris, resolvió nada más salir del vestuario. Y culminó forzando un penalti y marcándolo como un fuera de serie.
Vinícius: Notable. No paró de intentarlo, pese a las constantes faltas que recibió. Al menos la mitad del primer gol es suyo. Con la flecha hacia arriba.
Gonzalo: Aprobado alto. Enorme su trabajo de recuperación en las contras del equipo local.
Brahim: sin tiempo, pero qué bueno tenerlo de vuelta.
Arbeloa: Sobresaliente. Ha cambiado el equipo en apenas 10 días.
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Se trataba de un partido incómodo, colocado entre dos partidos de Champions, la competición que de verdad nos interesa a los madridistas. Además, fuera de casa, ante un Villarreal desahuciado desde hace semanas en Europa (con unos números lamentables), pero muy bien clasificado en La Liga, discutiendo con argumentos sólidos el tercer puesto con el Atlético de Madrid.
Empezó todo con una tremenda igualdad, con ambos centros del campo muy poblados y arriesgando poco en ataque. Quince minutos en los que no pasó prácticamente nada sobre el césped. Por parte blanca, se acumulaban pérdidas de balón en pases sencillos de Camavinga, Mastantuono y Güler. Pero fue precisamente el turco quien probó las manoplas de Luiz Junior tras una bella jugada individual por la derecha, con regate incluido.
Poco después, la mala noticia de la noche, con una grave lesión de Foyth, posiblemente con el tendón de Aquiles afectado. En esos momentos del partido, el Villarreal creó cierto peligro por su banda izquierda, con jugadas de Gerard y de Moleiro, culminada con centros envenenados de Pedraza que no encontraban rematador.
Mbappé probó de nuevo al meta amarillo con un remate muy centrado. Destacaba el buen trabajo en la medular, tanto de Güler como de Bellingham, así como una actuación impecable de Asencio en defensa. El primer tiempo acabó con sendos remates peligrosos, uno por equipo, que acabaron fuera: Vinícius tras una buena acción por la izquierda, y Pape Gueye, rematando desde la frontal.
El inicio del segundo tiempo fue inmejorable, gracias al tesón de Vinícius por su banda, uno de cuyos ataques culminó Mbappé batiendo al arquero rival por debajo de sus piernas. A partir de ahí, el encuentro quedó totalmente controlado por los merengues, con un carrusel de entradas que sufrió Vinícius: cinco faltas seguidas. El único peligro llegó a balón parado, tras una falta botada por Parejo que Gerard Moreno, en posición ideal, envió muy por encima del travesaño.
Poco a poco se dormía el partido, con ambos equipos agotados tras el esfuerzo europeo del pasado martes, lo que provocó imprecisiones en ambos conjuntos. Un par de ligeras ocasiones de Jude y de Mbappé, con poco peligro, dieron paso a un verdadero ejercicio de control de partido por parte del Madrid, que mostró su lado más solidario en defensa, sin conceder oportunidades al Villarreal. Hay que destacar que los amarillos apenas tiraron una vez a puerta, ya pasado el minuto 70, con un flojo tiro de Moleiro.
El partido estaba ya por terminar, por agotamiento de los contendientes, cuando surgió de nuevo Kylian Mbappé, que buscó y forzó un penalti a Pedraza, y que él mismo anotó en el minuto 93 con un panenka de mucha calidad: 0-2 y tres puntos en un estadio complicado.
Y el Madrid, como dicen los más cursis -muy tipico de los diarios de Barcelona-, se acuesta líder. Pero más que eso, se acuesta tras haber brindado un ejercicio muy serio, con gran trabajo defensivo y con una solidaridad que se echaba de menos en algunos partidos de la primera vuelta. Todo ello contando, además, con dos estiletes únicos en el mundo, como son Mbappé y Vinícius Junior. Parece que el efecto Arbeloa, tras el patinazo albaceteño, está comenzando a dar sus frutos
Ahora se trata de culminar en Lisboa una buena fase de previa de Champions.
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Arbitró César Soto Grado, del comité riojano. En el VAR estuvo Melero López.
Claros y oscuros en un arbitraje que no fue del todo redondo.
En el limbo se quedaron algún córner y un par de faltas cerca de la frontal en las que el colegiado se inhibió.
La primera amarilla llegó muy pronto, en el primer minuto: Foyth se cruzó ante Bellingham y tiró al inglés. No era roja porque el balón no iba directo a portería, sino en paralelo. Tres minutos después, los locales reclamaron penalti de Huijsen ante Mikautadze, pero fue una pugna de fútbol. La jugada más polémica del choque fue una contra cortada por Soto Grado que dejaba a Vinícius frente al portero. Luego, en la repetición, se vio que Vini empuja a Moleiro en su carrera. Parece que fue el cuarto árbitro el que avisó a Soto Grado.
La segunda parte empezó con otras dos amarillas para el Villarreal. La primera a Buchanan por derribar a Vini y la segunda a Pau también por cometer falta al brasileño y acumular ya varias faltas previas. La única amarilla para los madridistas tuvo como destinatario Mastantuono en una lucha con Pedraza al que derribó cuando se internaba en el área. A falta de 5 minutos Asencio tocó un balón con el brazo, pero previamente el cuero le tocó en el pecho. Además, era fuera del área y no revisable, por tanto. En el descuento Pedraza cometió un claro penalti sobre Mbappé al ir al suelo y barrer al francés.
Soto Grado, DISCRETO.
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A una persona a la que no le gusta el fútbol le resulta incomprensible cómo a alguien puede afectarle tanto, psicológicamente hablando, el que unos tíos en camiseta y pantalones cortos ganen o pierdan un partido.
Incluso a los que nos gusta el fútbol nos resulta incomprensible. Pero la mayoría de las veces, hay algo que está por encima del fútbol: EL AMOR. Amas el fútbol, y por encima de todo amas a tu equipo.
Para mí ser del Real Madrid es tener una relación idílica como las que sólo existen en el mundo Disney. Es un amor puro e incondicional, pase lo que pase. Incluso aunque se esté derrumbando todo alrededor. Me imagino a mí misma en el Bernabéu, de pie en medio de un terremoto terrible, viendo estallar el pánico, a la gente corriendo a salvar sus vidas mientras chocan conmigo, y yo ahí. Impasible.
No nos falla el Real Madrid. Nos fallan las personas que lo forman
Alguien podría decir que es una relación tóxica. Puede ser. No lo niego. Pero lo que me ha hecho sentir el Real Madrid no me lo ha hecho sentir nadie. La euforia, emoción, grandeza, irrealidad y pertenencia que he experimentado en mi cuerpo. Yo soy una persona muy emocional y visceral. Siento cada emoción en un órgano diferente.
La rabia en el hígado.
La pena en los pulmones y el corazón.
Los nervios en el estómago.
Y la alegría, la euforia … No sabría deciros dónde. O sí, sí sabría. Pero no lo voy a hacer. Lo dejo a vuestra imaginación.
También, a la vez, soy una persona muy racional. Sé que es muy difícil, porque o se es una cosa o se es otra. Por eso mi mundo interior choca continuamente. Es una tormenta. Pero yo soy así y me acepto y me quiero tal cual. No me queda otra.
El Real Madrid es ese amor pasional, puro, incondicional, orgásmico y glorioso que hace que nunca pierda la ilusión. No existe un amor como este. Y creedme que soy muy afortunada. He tenido y tengo una vida plena, con la mejor familia que podía tener (me transmitieron EL GEN, imaginad), los mejores amigos y las mejores parejas. Siempre he sido y sigo siendo una persona muy querida. Claro que también me he llevado mis decepciones y me han hecho la cama en algunos momentos. Por suerte, me la han deshecho mucho más veces (emoji pícaro de sonrisa lasciva). Me han hecho daño, pero han sido las menos.
Eso es lo que siento por ese escudo redondito con la corona encima que llevo tatuado en el corazón. Por eso, mi sangre no es roja, es blanca. Seguro que el amor por los hijos es algo parecido. Incondicional y puro, sin la parte pasional, claro. Pero no soy madre y no puedo saberlo.
El club es puerto seguro, es una filosofía de vida, es ese salvavidas o tronco de madera que pasa por tu lado y al que te agarras para no hundirte cuando estás naufragando. En quien te fijas para conseguir tus metas. ¿Cómo harían ellos? Si ellos pudieron, yo también puedo. Y te levantas. Y das un paso más.
Sabes que nunca te va a fallar.
—¿Cómo que no? – me preguntarás. —¿Lo que hizo el Real Madrid ante el Albacete no es fallarnos, a nosotros, a los aficionados que tanto lo amamos?
—No. No nos falla el Real Madrid. Nos fallan las personas que lo forman. Y es que son eso: personas. Humanos. Y los humanos tenemos estas cosas: fallamos. Pero esas mismas personas que ese día nos fallaron nos han hecho sentir lo más grande.
Por eso digo que alguien que no entienda este sentir lo puede interpretar como una relación tóxica: si tanto te hace sufrir, ¿por qué no lo abandonas para siempre? PORQUE NO SE PUEDE. En mi caso, personalmente, también porque no me da la gana.
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Buenos días, queridos amigos. El Real Madrid tiene un doble reto esta tarde-noche. A las siete, su sección femenina debe intentar dar la campanada y vencer al Barça en la final de la Supercopa, lo que supondría, aparte de una hazaña por la que pocos apuestan, el primer título en la corta historia de la sección.
A las nueve, el equipo de Arbeloa se enfrenta al Villarreal en tierras levantinas, en duelo que puede refrendar la excelentes sensaciones de la goleada europea ante el Mónaco o, por el contrario, devolver a la afición al estado de disgusto anterior a dicho encuentro. La temporada es, en el mejor de los casos, una montaña rusa que traiciona una y otra vez las expectativas de recuperación de juego y resultados, por lo que no es de extrañar que muchos madridistas se muestren escépticos respecto a la mejoría que se vio ante el equipo monegasco. Muchos no se creen que la mejoría pueda ser consistente, que no habrá otro gran bajón esperando tras la esquina.
Arbeloa y los suyos tienen esta noche la ocasión de devolver la fe al aficionado. Una fe que no sea endeble y que no esté sujeta al incómodo “¿qué Madrid veremos hoy?”, por la sencilla razón de que el Madrid sea positivamente previsible, en cuanto a conceptos pero, sobre todo, en cuanto a ambición.
As personaliza en Mastantuono este nuevo Madrid que soñamos con ver confirmado en un Madrid bueno y confiable. Confirmación es la palabra. Incluso para la Iglesia Católica, el sacramento de la confirmación tiene como principal argumento el fortalecimiento de la fe. Nos parece un paradigma trasladable, con todo el respeto, a la más extendida relación laica del planeta: el madridismo. “El partido de la verdad”, dice As, con aires de trascendencia que a duras penas disfrazan el simple deseo de colocar al Madrid una presión que le ponga nervioso. No os esforcéis, As: la presión le viene al Madrid de serie. Sí hoy intentará ganar, no será porque lo indicáis vosotros.
Marca destaca las palabras de Arbeloa en la previa. “Tengo una plantilla extraordinaria”, repuso Álvaro, en pregunta relativa a la posibilidad de acudir al mercado de invierno. Resaltó el valor de la cantera blanca (“la mejor del mundo”) como fuente única de la que extraer jugadores si las lesiones aprietan (ya lo están haciendo). Arbeloa es hombre del club y, en ese sentido, se entienden sobradamente sus palabras, pero si se mantiene el ritmo de lesiones la plantilla agradecería muchísimo la incorporación de un medio y un central en los días de enero que le quedan de vida al mercado. Nos tememos que no será así, y en este sentido no está mal que nuestro entrenador conozca las restricciones de su sistema y, con realismo, se enfrente a ellas desde el optimismo.
La prensa cataculé otorga casi todo el protagonismo al enfrentamiento entre Barcelona y Real Madrid que decidirá las nuevas campeonas de la Supercopa. Mundo Deportivo tiene el detalle de incluir en la portada a alguna jugadora blanca (en este caso, la estupenda Caroline Weir), mientras Sport ni se molesta: solo saca a Putellas, como si solo uno de los dos equipos jugara esta tarde, o como si el Barça solo jugara contra sí mismo, o como si ya estuviera todo decidido.
Muchos observadores dicen que lo está, que la brecha de calidad (y sobre todo, pensamos, la brecha física) es aún demasiado amplia entre ambos equipos y por lo tanto ya hay equipo campeón, antes incluso de jugarse la final. Ese desprecio debería acrecentar aún más la ambición de las nuestras e inculcarles algo de la rabia necesaria para hacer entender a esta gente que nada está escrito y que Caroline, Linda, Athenea y el resto de las nuestras están capacitadas para dar la campanada y brindarnos el primer título en la historia de la sección.
Ojalá.
Pasad un buen día.
Buenos días, galernautas. Se nos acaba LSDLERDRM, es decir, La Semana De La Enésima Resurrección Del Real Madrid. En La Galerna somos, por definición, muy de Faulkner, pero abrazamos con contumacia la mesura aristotélica. El Filósofo —y nos referimos a Aristóteles, no a Pep de Santpedor— sostenía que la virtud está en el término medio entre dos extremos igualmente viciosos. Creemos firmemente que ni el Real Madrid de hace siete días era digno de demolición y de posterior siembra de sal, ni debemos solazarnos en triunfalismos exacerbados tras un gran partido contra el Mónaco.
A la vista del nivel de sus portadas, su sintaxis, su redacción y su razonamiento, estamos en condiciones de afirmar que en Marca no han leído a Aristóteles. Es más: se creen que fue un tercer griego que vino al Sevilla junto con Tsartas y Marinakis. El diario gallárdico nos deleita con una instantánea de los goleadores madridistas del miércoles en la Champions, saltando abrazados como si ejecutaran una coreografía a medio camino entre la sardana y una danza masái. Tampoco vemos a los redactores muy doctos en música, pues nos hablan de rock and roll. Y conviene precisar: el rock and roll canónico es auténtico y tan brillante como crudo en su sencillez. Lo del miércoles fue otra cosa: excelencia técnica más propia del rock progresivo, bailes casi funk, pasajes rápidos casi punk, improvisaciones jazzísticas y, por momentos, un clasicismo de manual. Tanto que lo más rock and roll de la noche fue la celebración de Jude Bellingham, que habría enorgullecido a Keith Richards.
Saltemos a As, pero sigamos con la música. El diario prisaico nos ofrece una portada digna de cassette de gasolinera. El protagonista es Marcelino García Toral, fantástico entrenador de nuestro rival de este fin de semana. Eximio técnico, sin duda, pero no le vemos reinventando el chiste del perro Mistetas ni erigiéndose en el alma de una comida de sociedad gastronómica. No hay rastro del triunfalismo de Marca y, de hecho, sus declaraciones dejan entrever que nuestro equipo sigue en una situación delicada que, en sus palabras, aún “puede revertir”. ¿Revertirse qué? Estar a un punto del líder —que no es otro que el club cliente de Negreira— y clasificado matemáticamente para la siguiente ronda de la Champions, esa competición en la que su equipo solamente ha sumado un punto. Lo de Albacete fue una vergüenza, sí. Pero se puede estar peor.
La prensa cataculé, a la que volvemos la mirada en busca de ese enfoque humorístico que solo regala quien se toma demasiado en serio a sí mismo, nos habla de elecciones. Parece ser que el 15 de marzo tendrán lugar los comicios a la presidencia del Barcelona. Sport nos cuenta que la contienda es Laporta contra todos. Efectivamente: los candidatos opositores se unen a la verdad, el honor, la decencia, el decoro, la mesura, la educación, la templanza y la elegancia, que conforman —entre otros— la lista de rivales del bueno de Jan.
Vuelve la música al portanálisis, por más que ya intentábamos pasar página en el libro de partituras. "El Madrid, ante el juez por los conciertos", titula Sport en sus bajos. Nos consta que, para disgusto de este y otros diarios, en el Real Madrid existe escasísima prepcupación por las supuestas responsabilidades penales de poner la música demasiado alta en demasiados conciertos de 2024. Lo que también es indudable es que algo no se calculó bien en el estudio del binomio decibelios-vecinos. El club confía en que el asunto se podrá arreglar para que vuelvan los conciertos. Mientras se soluciona el evidente conflicto, por desgracia no calculado de antemano como debió hacerse, el estadio incrementa su rentabilidad a través de otro tipo de eventos.
El diario del Conde de Godó, Grande de España, evita el empleo de artículos y algunas preposiciones en su frontispicio y nos informa del proceso electoral. No sabemos si es la composición de la cabecera, pero transmite una sensación difícil de describir: algo de amaño, de falta de transparencia, de trampa. Es indefinible, pero ahí está. Aunque, por supuesto, sabemos que nos engaña el inconsciente: el club culé jamás desarrollaría conducta alguna que justificase tan peregrino razonamiento.
Pasad un excelente día y comprad el primer álbum de Marcelino García Toral en vuestra gasolinera de confianza: “30 años de grandes éxitos”.