-Courtois: NOTABLE. Sacó dos grandes manos. Parece que está volviendo a parar lo imparable.
-Valverde: SOBRESALIENTE. Se dejó hasta el último aliento, y casi siempre con acierto. ¿Se puede armar el juego desde el lateral derecho? Se puede.
-Asencio: NOTABLE. Seguro y contundente. En su línea.
-Tchouaméni: APROBADO. No desentonó.
-Fran García: APROBADO. Ni fu ni fa.
-Camavinga: APROBADO. No anda muy lúcido.
-Modric: APROBADO. Falto de fuelle.
-Brahim: APROBADO. Bien defensivamente, poco en ataque.
-Bellingham: APROBADO. No se le puede juzgar por la expulsión porque no sabemos qué pasó.
-Vinícius: NOTABLE. Portentoso segundo tiempo, con el equipo a la espalda.
-Mbappé: APROBADO ALTO. Gol y buen juego general, pero fallón en algunas tomas de decisiones claras.
-Rodrygo: SIN CALIFICAR.
-Ancelotti: APROBADO. No se le puede acusar del mal resultado. Sí, quizá, de quemar innecesariamente a los titulares antes del miércoles.
Getty Images
Arbitraje miserable del CTA personificado en José Luis Munuera Montero y Daniel Jesús Trujillo Suárez en el segundo aniversario del escándalo Barça-Negreira.
No es fútbol, es corrupción.
Getty Images
El Madrid empató. Lugar: Pamplona. Rival: Munuera Montero. Razón: la misma.
Sorprendió (o no) Ancelotti alineando pocos jugadores de rotación, como la inminencia de la vuelta ante el City parecía aconsejar. Tan solo Camavinga, Modric, Brahim y (hasta cierto punto) Fran.
A los tres minutos ya habíamos tenido ocasión de indignarnos y de lamentarnos. Lo primero, al ignorar Munuera una mano en área rojilla apelando a esas circulares que los colegiados conciben para recuperar parte de la discrecionalidad que les quita el VAR. Segundo, al pifiar Vini un remate de cabeza claro tras diablura de Mbappé por la izquierda. Le dio con el hombro.
A los siete minutos, trabaron a Vini dentro del área. ¿Era penalti? Más claro que el anterior, pero hombre, tampoco como para pitarlo, que es el Madrid y hay que honrar a Negreira en el día en que se cumplen dos años del descubrimiento del caso. No sabemos a qué circular pretendía acogerse esta vez.
El Madrid dominaba y creaba, y Herrera salvó con el pie una ocasión de Mbappé con poco ángulo. Pudieron hacerle un tercer penalti a Vini, esta vez ni comentado por Guti y los suyos porque para qué, pero cuando estábamos ocupados en enfadarnos se internó Valverde por derecha y su canónico centro lo remató a gol Mbappé, de manera inapelable. La jugada había estado protagonizada por los dos mejores jugadores hasta el momento.
Se vino arriba Osasuna, pero se mostró recia la defensa blanca despejando el peligro. Munuera amonestó a Ancelotti por protestar el ¿cuarto? penalti no señalado a favor del Madrid en 23 minutos. Guti insistía en que esto tampoco era penalti, pero es posible que le pudiera el sesgo osasunista, al haber jugado en El Sadar tantos años (??).
El guion hostil de Munuera en esta Mugrienta Liga Negreira estuvo a punto de fructificar en un remate que tuvo que sacar milagrosamente Courtois, aunque el Madrid falló a renglón seguido, en contragolpe pintiparado, una ocasión en la que faltó egoísmo a Mbappé. Se la quiso dejar hecha a Vini, pero al brasileño se le quedó el balón un palmo atrás y no pudo precisar.
Mbappé se quedó tirado en el suelo a resultas de un codazo descarado de su marcador. Nada, nada, sigan, sigan. ¿Nos encontrábamos ante la peor encerrona en años, y sabemos que es mucho decir? Pues posiblemente. Volvieron a derribar a Mbappé tras iniciar un desmarque tras pase de Brahim. Era mínimo amarilla. No fue nada. Volvió a pasar, esta vez sobre Vinícius. Nada. Lo que pasó, en cambio, fue la expulsión de Bellingham. Si el inglés insultó al árbitro, lo hizo haciendo gala de un lenguaje corporal muy contradictorio. El que sí le voy a insultar soy yo. Sinvergüenza.
Llegados a este punto, el cronista se fue a merendar. El cronista está hasta las pelotas. No sé si me explico. Hasta las pelotas de que una competición podrida por el club cliente de Negreira siga como si nada. Vuelvo de tomar un café con picatostes y me encuentro con que el sinvergüenza de Munuera Mobrevo, que le ha perdonado no sé cuántos penaltis a Osasuna, señala los once metros por un pisotón residual de Camavinga.
Vámonos de aquí. Vámonos del campo y de esta liga de mierda. Ese era el clamor en las redes sociales.
El cronista entra en una fase de voluntario/involuntario nihilismo. Es una especie de huelga de bolígrafo caído. No soy nada del otro mundo. Pero me merezco escribir sobre cosas mejores.
Vini hizo una jugada descomunal, pero para entonces Munuera ya había pitado no sabemos muy bien qué. La vida no tiene el menor sentido, me disculparán. No hay absolutamente ninguna razón por la cual la mejor institución de la historia del fútbol mundial deba pasar por esta cochambre, por esta humillación. Vámonos a la liga portuguesa. A la liga turca. A donde sea.
Vinícius volvió a liarla por la izquierda, pero si siquiera esto importaba. La volea de Modric, tras su gran centro, salió fuera.
El Madrid jugaba bien, pese a la inferioridad numérica. También daba igual. La vida es una mierda, amigos. La vida es Munuera Mobrevo, Tebas, Louzán, Medina Cantalejo, Laporta. Eso es la vida, y no hay absolutamente nada más fuera de esa fosa séptica. Bueno, está la Champions, pero la Champions es muy difícil ganarla.
Mbappé casi la mete en una prodigiosa incursión por la derecha, pero Herrera mete una gran mano. ¿Y qué importa?
Getty Images
Hay algo tremendamente presuntuoso en la manera en la que el Manchester City engalana el Etihad ante las visitas del Real Madrid. Si hace un año nos mostraron orgullosos su apabullante colección de Champions (las mismas que el Aston Villa y una menos que el Nottingham Forest), este año nos recibieron con un tifo con malintencionada dedicatoria presumiendo de su primer y único Balón de Oro. Puede que en ambas ocasiones se hayan arrepentido tras el partido de su genial idea, así que quién sabe si habrá un tercer intento de provocación.
Uno no podría imaginarse esa actitud (al menos institucional) en Anfield, Old Trafford, el Allianz o el Giuseppe Meazza. Que vayan a muerte a ganarnos, se da por hecho. Que pretendan hacernos sufrir un ambiente infernal es siempre bienvenido y celebrado. Pero todo desde el mayor de los respetos por un equipo y una institución que todos comprenden encarna los valores tradicionales de la vieja Copa de Europa y de la nueva Champions. Lo más parecido que se recuerda es el cartel de Joan Laporta deseando “volver a vernos”, y bueno, ya sabemos cómo va de momento ese tema.
Juan Pardo, allá por los 80, cantaba los siguientes versos: “Caballo que te acercas a mi yegua / ¿Por qué vienes pateando? /¿Por qué llamas su atención? / Me sabes algo viejo y ya cansado / Provocando en tu galope a este pobre corazón”. El City, equipo construído bajo el cheat code del dinero infinito ( y de procedencia irregular), es el caballo joven llegado para conquistar su lugar como líder de la caballada. Un equipo regado de petrodólares, con una plantilla llena de estrellas y el considerado por muchos mejor entrenador del mundo no debería permitirse menos que conquistar Europa una y otra vez, creando su propia y brillante dinastía.
Sin embargo, la hegemonía esperada no ha llegado. Y, si no lo ha hecho, ha sido porque hay una variable que ninguna cantidad de dinero (ni de corrupción) en el mundo puede comprar: El Real Madrid, en Europa, es inevitable. En las últimas temporadas, el Madrid ha sido el muro casi infranqueable que ha impedido que los citizens conquistaran la gloria total a puro golpe de chequera emiratí. Nadie más, solamente el Madrid, ha sido capaz de contener sus arrogantes maneras de nuevo rico.
Nosotros no ganamos la Champions todos los años, claro, aunque en la última década lo parezca. Pudiera ser que este año no la ganemos, pero el equipo que lo hiciera sabría que, en el fondo, sólo va a disfrutar de un préstamo temporal. La Copa de Europa/Champions sólo tiene un dueño, y es el equipo que cada año, incluso segundos después de levantar la Orejona, pone a cero su contador de ambición continental. El equipo cuyo baremo para medir el éxito es tan tremendamente salvaje que sólo acepta el mayor triunfo de todos. Todo lo que no sea reinar en Europa es un fracaso, no importa lo que se hayan engordado las vitrinas de trofeos menores. El Real Madrid vive por y para un único destino y todos saben que, para quitarle ese honor, hay que matarle. Y si puede ser, rematarle al menos diez segundos después de que pite el árbitro el final del partido. Si no, corres el riesgo de comerte tu último tifo ocurrente.
En las últimas temporadas, el Madrid ha sido el muro casi infranqueable que ha impedido que los citizens conquistaran la gloria total a puro golpe de chequera emiratí. Nadie más, solamente el Madrid, ha sido capaz de contener sus arrogantes maneras de nuevo rico
No, el City no se está topando solamente con un equipo aguerrido y curtido en mil batallas. Se está enfrentando al equipo que inventó la maldita guerra. Se enfrenta a un club que ha domado la épica una y otra vez hasta convertirla en costumbre, para asombro y rabia de extraños y paganos. Un equipo al que deberían aprender, quién sabe si a la tercera lo harán, que quizá sea mejor no provocar. Y aún menos hacerlo exhibiendo exiguos botines que provocan más risa que enfado cuando uno piensa en las vitrinas que tiene en casa.
Ya lo dijo Juan Pardo, insisto, cuando terminó su canción con esta estrofa:
Porque si tú eres joven no eres sabio
Y hay que darle tiempo al tiempo
Y aprenderse la lección
Porque si tú eres joven yo soy bravo
Caballito que galopas…
Getty Images
La calle Puigcerdá de Madrid está concurrida a pesar de la lluvia y del City-Real. Nadie se percata en la oscuridad de la noche invernal de que estas siluetas gigantes, que caminan con la pausa obligada de la edad y las huellas de la alta competición, forman parte de la historia del deporte europeo. Les aseguro que no es una de las hipérboles a las que se aferran los cronistas deportivos con frecuencia para dar lustre a lo vulgar. Es la realidad. Pura, llana o ensalzable, que para todo hay medidas. Pero, en este caso, ni el más puntilloso podría objetar una minucia, porque los protagonistas pertenecen a la casta de los pioneros. Ellos levantaron el Real Madrid de baloncesto y hasta el propio deporte de la canasta en España y en Europa.
Aun con su trascendencia deportiva les une algo más profundo, pues a su través se forjó la evolución del ser humano: la hermandad. Algunos lazos permanecen por el vigor con que se anudaron, en torno a dificultades, pero también de alegrías y compromisos compartidos. Con la edad de jubilación cumplida hace un tiempo se reúnen en torno a la mesa de un restaurante, no para recordar sus batallas cumplidas hace medio siglo, sino para refrendar el vínculo de la amistad, para mantenerlo vivo, o mejor, para vivirlo nuevamente.
En torno a los cubiertos, Emiliano Rodríguez, Lolo Sainz, Wayne Brabender, Vicente Ramos, Vicente Paniagua, Cristóbal Rodríguez, Juan Antonio Corbalán, Luis María Prada, José Manuel Beirán. Ausentes por motivos de fuerza mayor, pero presentes en el recuerdo y en las citas, algunos para ser honrados como se merecen, el magnífico Clifford Luyk; otros para ser tratados con respeto recíproco, como suelen hacerlo ellos, mis compañeros de quinta, Fernando Romay y Juan Manuel López Iturriaga, aficionados al sarcasmo.
El motivo de la reunión es recibir a un cofrade distinguido, a un compañero muy querido. Walter Szczerbiak suele acercarse con frecuencia de año y medio, así, a ojo de buen cubero. Y cada que vez que viene, con o sin familia —la querida Marilyn, simpática y amable, que fuera una Doris Day en Madrid; el madrileño Wally, casi tan gran jugador como su padre— es motivo de celebración. No es que nos falten para reunirnos, pero es la frecuencia con la que el resto nos vemos la que resalta el vacío de los que están lejos.
En cuanto llega el invitado se suceden los abrazos y las preguntas, como si hubiera un protocolo escrito para la ocasión. Siempre ocurre lo mismo, aunque desde hace unos años mantengamos contacto casi diario grupo de wasap mediante, que algo bueno han de tener las nuevas tecnologías, como que usted esté leyendo estas líneas, por ejemplo. Wayne Brabender, el último en llegar, es recibido con aplausos.
Pronto, la conversación deriva hacia temas de actualidad, Donald Trump y Luka Doncic, sin ir más lejos; y cómo no, hacia historias mil veces contadas de las que el tamiz de la memoria se empeña en fabricar nuevas versiones. Por ejemplo, nadie en la mesa, ni siquiera Wayne y Walter, los protagonistas, recuerdan haberse enzarzado en una pelea que terminó con ambos en el suelo, como asegura mi maestro Juan Corbalán. Pero ambos aprovechan para lanzarse la misma pulla de siempre, que ya sólo causa sonrisas, por más que el ajuste de cuentas se haya contado cientos de veces.
Walter se queja de que Brabender era intocable y siempre reclamaba cuando fallaba, aunque sólo fuera por el leve roce en una uña. Wayne asegura con cara de no haber roto un plato en su vida que nadie puede invadir su “cilindro” * cuando tiene el balón, lo que genera el asentimiento colectivo con cierto tono socarrón, ya que quien más y quien menos se ha llevado un codazo de recuerdo al intentarlo. Menos suerte tuvieron otros —rivales y compañeros— tatuados con la huella de puntos de sutura. Ante la acusación, Wayne levanta las cejas, vuelve a aludir a su cilindro con tono inocente, y Corbalán le excusa con figura literaria: “el reflejo del Tigre”, apunta en tono científico. De esta forma les gustaba llamar al combativo Brabender, que, a su vez, se queja de que Paniagua le freía a palos en los entrenamientos.
Así que, casi por alusiones, Pani, siempre nostálgico, interviene para comentar que acude al citado cilindro con frecuencia en Real Madrid Televisión y apostilla que los jugadores de hoy podrían evitar muchas personales de seguir los consejos de su entrenador manchego cuando era infantil en Alcázar de San Juan: “hoy intentan robar el balón golpeándolo con la palma de la mano y eso se ve mucho. ¡Hay que golpear así!”. Gira la mano y hace el gesto característico del golpe de karate ante el regocijo general. Una voz anónima apostilló: “¡Claro! Y luego tu entrenador se fue a Estados Unidos a rodar con Bruce Lee”.
De fondo, en una televisión de plasma el Madrid va doblegando al City con esas explosiones controladas características desde que las balas Kopa y Gento pateaban los campos europeos. Se alternan las bromas y la seriedad, hasta que la conversación se dirige a los orígenes de la profunda comunión que nos vincula, al sentimiento estable de nuestras muchas afinidades, vivenciales, emocionales, grabadas en la mente, la piel y las entrañas.
“¿Te acuerdas, Pani, cuando Emiliano nos invitaba a comer a su casa? Sólo éramos unos chavales”, le pregunta Cristóbal. “Claro que me acuerdo. Y de las cervezas a las que nos invitaba Moncho Monsalve”, contesta el aludido. Vicente Ramos añade “la cantidad de veces que fuimos juntos a comer con nuestras novias o al cine y a bailar”. Y cuando llegaban los americanos al equipo todos se volcaban en su integración. Quizás más Clifford y Wayne por razones de idioma, tal vez por eso también la conexión entre Walter y Brabender, quién sabe si por las muchas adversidades deportivas que sus manos solventaron.
Así que, cuando el rubio llega a la cena, Vicente Ramos, respetuoso y detallista se levanta para cederle su sitio al lado del invitado, Walter. “I love you, man”, le saluda el residente en Long Island. Se abrazan ante la mirada complacida del resto, y se me ocurre que la escena resume la índole de nuestra tribu: la prontitud en el favor; la humildad para que los protagonistas precisos ocupen la escena; la mirada puesta en el bien común; hacer sin pedir nada a cambio. Así se ganan Ligas, Copas y Copas de Europa cuando el respaldo es el del mejor club. Y, más importante aún, se fraguan aprecios que nunca decaen.
(Continuará)
*Cilindro: en baloncesto, es tal figura imaginaria que un jugador forma con su silueta, brazos y balón incluidos. Salvo sanción mediante, nadie la puede invadir, nadie puede tocar al jugador.
—Adelante, amigos. Pasad, pasad. No hagáis mucho ruido que la criatura está durmiendo aún. Le espera un día repleto de emociones y movimiento con esto de su segundo cumpleaños y es mejor que siga descansando un rato más. Sed bienvenidos todos.
—Bien hallado, Jan. Gracias por invitarme a la fiesta. ¿Dónde puedo dejar el abrigo? —Preguntó Louzán—. Ya sabes, soy un recién regado y aún desconozco ciertas costumbres…
—Pues para ser nuevo no vas nada mal. Tus declaraciones contra el Madrit y Florentino son propias de alguien que ya llevara mucho tiempo al frente de la Federación. Vas bien, Rafael. Se ve que tienes las cosas claras y que sabes que quien a buen olmo se arrima, buena sombra le cobija —prosiguió Laporta—. Y el abrigo, puedes dejarlo en la salita que tienes a tu espalda.
—¡Anda, si la habitación está llena de merchandising de UNICEF y de cajas con la discografía de Camela en CD y folios con sus letras impresas! —regresó Louzán algo sorprendido tras dejar el abrigo.
—¡Ja, ja, ja, ja! Al final elegiste a Camela para rellenar las cajas con las que apareciste en aquella pantomima de rueda de prensa —se carcajeó Tebas—. Eres un cachondo, Jan.
—Había que hacerlo con clase… —apostilló Laporta presumiendo.
—Fue brillante —sentenció un Albert Soler recién llegado mientras se quitaba la bufanda y se introducía en la salita de los abrigos.
—Tú sí que fuiste brillante, Albert —replicó el presidente del FC Barcelona—. ¡Qué manera de prescribir!
—Ya sabes, querido Jan, yo siempre seré un soldado de la causa de la cual el Barça es su mascarón de proa. Y el partido es la mejor manera de conseguir los objetivos. Pero cualquiera en mi lugar habría hecho lo mismo —se restó méritos Soler.
—Cullons, Albert, no me fastidies. Que apenas tardaste un mes en salir pitando para el CSD a arreglar el entuerto desde que Hacienda nos informó de la inspección y nos pidió las facturas de las empresas de Negreira y Contreras —rebatió Jan—. Y además de la Ley del Deporte ad hoc, no fuiste un chivato cuando volviste al Gobierno, porque tú habías estado aquí y sabías, por tanto, todo lo que ocurría. Puede decirse que eres el padrino de la criatura.
—Fue un honor servir. Era mi deber —zanjó Soler.
—¿Y yo qué? —irrumpió como un elefante Rubiales—. Que aquí el menda tardó aún menos tiempo que el Albert en modificar el código ético de la RFEF para eliminar las sanciones por corrupción —dijo el de Motril mientras se introducía en la salita de los abrigos. Segundos después, salió de ella una mujer despavorida—. Sin esa maniobra, todo habría sido más complicado. Quizá ni Tebas habría podido solucionarlo y habría que haber recurrido al Señor Lobo del Gobierno para que interviniese de manera más directa y menos sibilina que la de Soler.
—No te falta razón, Rubi —admitió el gerifalte culé—. Por eso estás en la fiesta. Y, por cierto, hay de todo lo que te gusta, pero no seas patoso. ¿No venía Geri contigo?
—Ayer se fue al karaoke con Javi Enríquez, Cantalejo, Clos, Tatxo y Roures y aún no han vuelto. Yo empecé la noche con ellos, pero sobre las dos de la madrugada me acerqué a una zagala que puff… Bailamos un rato, la abracé, le pregunté: «¿Puedo darte un besito?» y me dijo: «Vale». Así que me fui al hotel de siempre y ahí los dejé. Medina estaba cantando Se me enamora el alma y Geri y Clos, bailando como locos.
—Antes de que lleguen los representantes de los clubes y los amigos de los medios —se dirigió a los invitados Laporta—, quiero tener una mención especial para mi amigo Javi. Sin ti no soy nada, como cantaba Amaral.
—Nada, nada —dijo Tebas falsamente azorado mientras hacía un gesto con la mano—. Mi único mérito es saber qué es lo único importante. Y tú también lo sabes, Jan. Ambos somos muy aficionados a la pasta. Además, regulando su distribución, abriendo y cerrando el grifo, se puede conseguir todo sin necesidad de nada más.
—¡Hombreeeee, bienvenido! —gritó Laporta con los brazos abiertos—. Tú sí que no podíais faltar. Sabes que te agradecemos tu trabajo y te premiamos con suculentas migajas. Adelante. Pero ¿quiénes son los chicos estos con pasamontañas y brazo erecto que te acompañan? —inquirió Jan.
—Es que no se les puede dejar solos —aclaró Cerezo—, que por menos de na te echan a un tío al río o cuelgan a un muñeco negro de un puente. Luego me toca dar explicaciones. Y ya estoy cansado de repetir que en el Atlético no hay racistas ni antirracistas, ni asesinos ni antiasesinos… ¡Baix, baix! ¡Abajo! —gritó Henry Cherry a los encapuchados de brazo erecto—. Disculpad, si no los controlas, estos cachorros se te suben a las barbas.
—¿Dónde has dejado a Miguel Ángel? —se extrañó Laporta por la ausencia de la otra cabeza visible atlética.
—Debe de estar al llegar. Venía detrás con Juancho en el coche. Estaban buscando aparcamiento… ¡Anda, mira, ahí llegan!
—¡Buenos días, chavalada! —gritó Gallardo al llegar junto a un Gil Marín que apenas movió el rostro a modo de saludo—. ¿Dónde dejamos esto? —preguntó un Juancho que, junto al prescrito, sostenía una lámpara como la de Pixar, pero gigante.
—¡Pero dónde vais con eso! —inquirió entre risas Laporta.
—Siempre es útil llevar un trasto así por si hay que poner a alguien en el foco —respondió el director de Marca—. Bueno, la dejo junto a la barbacoa de siempre.
Cuando llegaron el resto de clubes, menos uno; unos ojerosos dirigentes del CTA, Cantalejo aún vestido de faralaes; una amplia representación de los medios y un nutrido grupo de miembros, y miembras, del Gobierno, Laporta comenzó a tintinear su copa de cava de litro subido a un taburete de acero.
—Queridos todos. Sin vosotros nada de esto habría sido posible. A pesar de mi optimismo, en ocasiones natural y en otras movido por la euforia sobrevenida, hubo noches en las que se me cuadruplicaron los temores. Pero todo ha salido bien. La criatura cumple hoy dos años y está creciendo lustrosa y hermosa. Y lo más importante, está todo atado y bien atado. ¡Aquí llega!
Hizo su entrada la criatura, el caso Barça-Negreira. Muy bien alimentada, sonriente, sin preocupación alguna al observar que todos aquellos de los que tendría que tener miedo estaban allí, comiendo y bebiendo, cantándole el cumpleaños feliz a pleno pulmón.
Y la prensa deportiva, ¿se habrá hecho eco de tal efeméride?
No han podido porque estaban celebrando el segundo aniversario del mayor escándalo de la historia del deporte europeo. Entre fiscalizar la realidad y poner la mano eligieron lo segundo.
Pasad un buen día.
José María del Nido Carrasco tiene razón. La tiene toda. El Real Madrid quiere destruir el fútbol español. Cualquier persona con un mínimo de luz en el fondo de los ojos, más aún después de los recientes acontecimientos, querría destruir, desgajar, despiezar, descuartizar y desmembrar el mefítico y gangrenado entramado del balompié patrio. Quemarlo y orinar sobre las cenizas, aunque tan tentador como simbólico, se me antoja un poco excesivo.
El Real Madrid está solo en España. Los madridistas estamos tan solos que vemos a la madre de Marco como una entidad sobreprotectora, omnipresente y agobiante. Una vez más, el fútbol no es sino un reflejo de la sociedad. El desprecio a la meritocracia, al esfuerzo y a la búsqueda de la excelencia, el igualitarismo por abajo, el triunfo del mediocre y el pícaro, este último cuando no delincuente, y el escarnio del abnegado y tenaz resultan repugnantemente cotidianos, basta con leer las noticias dadas por medios mediocres y sectarios.
Basta con tener una actividad cerebral ligeramente superior a la del nematodo para darse cuenta de que los miembros de la Liga de Fútbol Profesional, la Federación Española de Fútbol, sus órganos y dirigentes chapotean con delectación en el indecible icor de su indecencia. Han zanjado el asunto de los pagos a Negreira por uno de ellos durante dos décadas con un pelillos a la mar y tres Ave Marías, uniéndose a una causa basada en mantras falaces en la que el enemigo es el club que denuncia las tropelías y corruptelas. Los mediocres se alían contra el que destaca por cometer, precisamente, ese terrible delito: destacar.
Con tener las entendederas de un liquen, se darían cuenta de que, sin el Real Madrid, las competiciones españolas no son nada. Serán el coto de los clientes de Negreira y, con suerte, de los animosos muchachos del porteño vestido de enterrador.
Han zanjado el asunto de los pagos a Negreira durante dos décadas con un pelillos a la mar y tres Ave Marías, uniéndose a una causa basada en mantras falaces en la que el enemigo es el club que denuncia las tropelías y corruptelas
Se quejan de que el Real Madrid es el históricamente favorecido, falacia recurrente, y cuando es el favorecido el que quiere cambiar el sistema, se constituyen en aquelarre para impedirlo, todo un ejercicio de coherencia. Evidentemente no se trata de qué se pide, sino de quién lo pide.
Las victorias se miden en muchas ocasiones en función del rival al que se vence, pero esta batalla es una excepción. El enemigo es poderoso, mucho, pero no es grande. No son más que una banda de acomplejados muy ruidosos con los que, las cosas como son, tampoco apetece estar. Ellos no nos quieren aquí. La verdad es que nosotros tampoco queremos estar con ellos, porque preferimos competir contra los verdaderamente grandes, y de eso hace mucho que dejó de haber en España. No es que vayamos a cerrar al salir, es que nuestra intención es hacerlo con llave y arrojarla a lo más profundo del Tártaro por una cuestión de higiene.
Getty Images
El Real Madrid femenino derrotó (3-1) a la Real Sociedad en los Cuartos de Final de la Copa de la Reina, aunque necesitó de treinta minutos extra para doblegar a las donostiarras. Los goles de Caroline Weir y Amaiur Sarriegi pusieron el 1-1 al fin de los noventa minutos, mientras que Sandie Toletti y Linda Caicedo decantaron el partido ya durante la prórroga.
Real Madrid y Real Sociedad se encontraron por tercera ocasión en menos de un mes enfrentados sobre un rectángulo de juego, tras los duelos de Liga F y Supercopa de España, y fruto de la familiaridad adquirida decidieron prolongar su baile más allá de los noventa minutos de rigor en el choque a cara o cruz de la Copa de la Reina. Las blancas se habían llevado con claridad los dos primeros envites, demostrando con goleadas la manifiesta superioridad de su plantilla, y en el estadio Alfredo di Stéfano todo hacía indicar una repetición del guion. Alberto Toril no reservó nada de inicio, pero pronto empezaron a acumularse indicios aquí y allá sobre lo que estaba por venir: la Real Sociedad ralentizaba una y otra vez su salida de balón para atraer la presión madridista e intentar rebasarla por banda, el Madrid optaba por tomarse con filosofía sus fases de juego con y sin balón, y mientras tanto las porteras seguían sin mancharse los guantes.
La modorra generalizada habría podido traducirse con toda lógica en un empate sin goles al descanso, pero de uno y otro lado saltaron de la nada dos chispazos de calidad que justifican el seguir viendo fútbol cuando se fantasea con abandonar. En primer lugar apareció Caroline Weir, todavía algo desafinada para lo que acostumbra y, no obstante, capaz de hacer lo que ninguna de sus compañeras: tras recibir un balón incómodo y a media altura en la frontal del área, la ’10’ controló con la derecha, convirtió un amago de disparo con su izquierda en un regate hacia fuera para hechizar a Nahia Aparicio y, ya sin marca, remató cruzado a la red con su pierna mala.
Caicedo exprime los minutos de fútbol como cualquier niño en el parque, cuando sus padres empiezan a llamarlo
Ocurría tan poco que unos y otros parecían anhelar el descanso, y aún así hubo tiempo para algo más por culpa de una pérdida criminal de Antonia Silva en la salida de balón ya en el alargue de la primera parte. El balón le llegó a Amaiur Sarriegi, suficientemente alejada del área como para no chutar y también lejos de las centrales como para probar suerte con comodidad, por lo que su instinto de delantera derivó en un chutazo con la derecha. El fútbol recompensó su valentia, pues el cuero se envenenó en el aire y aterrizó como un misil en el lateral de la portería de Misa Rodríguez, que se fue a vestuarios recogiendo el balón de la red.
Todo se animó tras la pausa: se multiplicaron los disparos, aparecieron los espacios y, en el toma y daca, el Real Madrid tuvo suficientes ocasiones como para repetir los resultados abultados de los encuentros anteriores. Sin embargo, falló Athenea del Castillo, Signe Bruun se encontró con el larguero, Linda Caicedo no supo penalizar una pifia de la portera Elene Lete con todo a favor, y volvió a fallar Athenea. Con ocasiones tan claras no debía llegarse a la prórroga, pero la concatenación de errores de cara a portería hizo imposible otra resolución, aunque ninguno de los dos equipos pareciese entusiasmado con el plan.
Así que en esas, sin excesiva motivación y con la gasolina ya justa, el mero peso de la calidad deshizo el empate. Toril refrescó al equipo dando entrada a María Méndez, Sheila García y Eva Navarro, pero el dos a uno llegó no por la refrescada banda derecha sino por el carril de una incansable Linda Caicedo. Apenas comenzado el tiempo extra, Alba Redondo supo encontrar la rendija para superar a una adelantada línea defensiva vasca y filtrar un balón al espacio. Con todo el verde para correr, la colombiana metió el turbo, rompiendo por el camino a Aparicio, y al pisar área acertó en su pase a una Sandie Toletti que acompañaba la jugada y recibió el caramelo listo para mandarlo a la red.
Restaban veinticinco minutos de prórroga y más de uno preguntó «y ahora qué». No había misterio, pues a la Real Sociedad no iban a darle las piernas para volver a empatar, así que lo que quedó fue un último regalo de Caicedo, quien exprime los minutos de fútbol como cualquier niño en el parque cuando sus padres empiezan a llamarlo. Por entonces corría el 107 en el reloj y las piernas frescas de Eva Navarro encontraron a Linda escorada dentro del área. Aunque había fallado antes, su insistencia y optimismo natural le permitió regatear a lo Vini a una Emma exhausta, que cayó al suelo mientras la acción culminaba con un disparo seco y alto, imparable para Lete.
Podría haberlo certificado antes, pero el Madrid encontró el camino hacia la semifinal de Copa. La ruta plagada de curvas está asegurada.
Getty Images
Lamine Yamal tiene en su poder una mareante oferta de Arabia Saudí. Saben en la península arábiga que acaba contrato el año que viene, y aspiran a cubrirle de oro para convertirle en la transacción bandera de dicha liga. Quieren que sea el emblema de dicho campeonato, que dispute el título de mejor jugador a un cuarentón Cristiano Ronaldo y que alterne con los jeques en oasis mientras fuma shisha y contempla la danza de múltiples y contoneantes vientres. Está prácticamente hecho. Lamine Yamal se va a Arabia.
Hola a todos, amigos. Nos hemos inventado completamente el primer párrafo de este portanálisis. ¿Hemos hecho mal? Quizás, pero no mucho peor que la prensa deportiva patria que padecemos día tras día, y que ha aprovechado que el Madrid se juega la temporada entera en pocos días ante el City para desestabilizar con lo que Pedro Sánchez llamaría jovialmente “menuda inventada”. Obviamente, su inventada no afecta a Lamine Yamal porque no es el club cliente de Negreira a quien quieren desestabilizar. El club al que quieren desestabilizar es precisamente el rival por antonomasia del club cliente de Negreira, por lo que sus fantasías no tienen por protagonista a Lamine sino a Vinícius, quien sin duda será verdad que tiene ofertas de Arabia, pero como sin duda será verdad que las tiene Lamine también. La diferencia reside en que desestabilizar al equipo del joven hispanomarroquí está prohibido, mientras tratar de hacerlo con el club de Concha Espina es obligatorio.
Hay que reconocer que han escogido las fechas idóneas para esto, justo cuando la eliminatoria contra el equipo de Guardiola, que no está resuelta ni mucho menos, se encuentra en su punto álgido. Como sabiamente le indicó Fernando Hierro a Gracia Redondo en San Sebastián, “no saben ya cómo hodennos”. Pero tranquilos, se les seguirán ocurriendo formas.
“Se calienta el caso Vinícius”, suelta el diario dirigido por Gallardo. ¿Y cuál es el caso Vinícius, se preguntará intrigado el lector, a partir del cual se inventa Marca que hay algo que se calienta? Pues muy sencillo, es el caso inventado por Radio Marca. Bien ahí. Si vas a plagiar un invento de alguien (ya es triste emitir elucubraciones con la apariencia de noticias, pero más triste debe ser plagiarlas de otros), que sea un invento de la propia radio. De este modo, se evitan conflictos legales tocantes a la autoría intelectual de las paridas. El autoplagio está bendecido por las autoridades competentes. Nadie va a la cárcel por copiarse la propia película -Fellini se pasó la vida haciéndolo-, pero Michael Jackson tuvo que pagar una millonada a Albano por calcarle una melodía. Si eres Marca y fusilas el fruto de la imaginación de la Cope, te puedes meter en conflictos. Sin embargo, nada te puede pasar si copias lo concebido por la calenturienta imaginación de Radio Marca, porque es tu radio. Extendernos en estas explicaciones comienza a avergonzarnos.
Nosotros no conocemos la oferta (que sin duda existe) que Arabia Saudí le ha hecho a Vinícius, pero en eso (en poco más) somos idénticos a Marca, que tampoco tiene ni la más recontrapajolera idea de nada, pero le da a la ruedecita con cara de mucho conocimiento de causa. Por el mismo precio, podría darle a la ruedecita de la oferta a Lamine Yamal, como decíamos al principio, pero la cosa no tiene el mismo encanto. Lo decía hace poco Walter García, comunicador no precisamente madridista con décadas de experiencia en medios de comunicación tradicionales: con el Madrid puedes y debes meterte; empero, si metes el dedo en el ojo culé recibirás mañana treinta y cuatro llamadas de patrocinadores indicando los puentes más cercanos que pueden darte cobijo a partir de la semana que viene.
El programa deportivo de sillas más célebre de la tele golfa se descolgaba ayer con una encuesta respecto a cuál era el equipo arábigo al que mejor se amoldaría (Vini, por supuesto, no Lamine). Como agudamente observaba nuestro colaborador Fred Gwynne, se tuvieron que inventar los nombres de los equipos. No pasa nada, habida cuenta de que la noticia en sí está inventada también.
¿A qué equipo se acoplaría mejor Vinícius?
Nosotros votamos por el Al Mahalalil.
Pero no como destino para Vini, sino como destino para Lamine Yamal.
Os dejamos con el resto de portadas del día. Que este sea fructífero.
No soy rencoroso. No me gusta pasar facturas. Pero tengo memoria, y me duele que el madridismo no esté unido cuando más falta nos hace. No va a faltar la lluvia torrencial de inmundicia de quienes son capaces de odiar en medio de una rivalidad que solía ser noble. No van a faltar demandas miserables de la RFEF ni de LaLiga con el denigrante apoyo de la infecta caterva de clubes dirigidos por mediocres que nunca se acercarán a la grandeza. No van a faltar las críticas despiadadas, los insultos y el menosprecio a nuestros jugadores. No van a faltar desalmados hurgando en la mugre para encontrar un bulo, cualquier crónica, noticia o narración malintencionados con el propósito de hacernos daño. Una cicatriz más sobre el escudo, una muesca más en la hoja de nuestra espada cada vez que se habla de que Vini tiene que corregir su temperamento, un joven deportista cuya nobleza no pueden entender, que jamás simuló un penalti ni dio una patada alevosa o un codazo "defensivo" como los de cierto número 10. Vini es castigado por exigir protección a los árbitros: pecado mortal, como vemos cada día de partido. Ahora ya es Jude quien está adquiriendo los defectos de Vini, mañana será Valverde, o Asencio. Queridos madridistas, estamos en guerra. Pero tenemos un escudo, tenemos una espada, tenemos la razón de nuestro lado y somos un ejército.
Por favor, no más madridismo vinagre, tóxico, no más masoquismo. El Real Madrid no es eso. No vamos a ganar siempre y ya sabemos que las lesiones han mermado gravemente al equipo. Ya sabemos que Ancelotti no es perfecto y que nos desespera con sus cambios a falta de cinco minutos para el final. Y sí, el club no quiere fichar medianías en enero para tener que venderlos perdiendo dinero: aunque no podáis entender la parte empresarial del deporte de élite, tenéis que confiar. Alguna vez saldrá mal, pero ha salido bien muchísimas veces.
También sabemos que el Real Madrid no se puede explicar. El Real Madrid es lo que vimos en la Supercopa y es lo que hemos visto en el Etihad. ¿No empezáis a percibir un cierto tufillo en el aire? El cagómetro de Guasch no es un artefacto, es una cita anual indeterminada en el calendario que se suele activar con las fechas de los octavos de final de la Champions League y cuyos efectos causan estragos en los rivales. Todos los que esperaban este partido con el íntimo deseo de vernos caer empiezan a pensar que tal vez tengan que aguardar otro año (un año más...) para aspirar al título o asumir que el destino les cruzará con nosotros y que será lo que Dios quiera, y Dios nos quiere más que a nadie a todos los madridistas, incluyendo a nuestro buen @Ramon_AlvarezMM, que ya está mejor. .
el club no quiere fichar medianías en enero para tener que venderlos perdiendo dinero: aunque no podáis entender la parte empresarial del deporte de élite, tenéis que confiar. Alguna vez saldrá mal, pero ha salido bien muchísimas veces
Qué horror de Mendy, que no sabe dar un pase, pero que se ha marcado un tiki taka con Rodrygo en el área pequeña del City. Pobre Asencio, en el fondo, un canterano sin experiencia, que seguro que sucumbe ante el ciborg noruego con el 9 de los Sky Blues, ¿verdad?. Qué decir de Vini, que está como ausente... ¿Y Ceballos?, aunque ya haya aprendido a correr, no es jugador para el Real Madrid. Nadie ve a Valverde de lateral, no puede jugar tan atrás, no podrá llegar a chutar ni una vez... cómo vas a poner a Tchouaméni de central otra vez, cómo vas a confiar en ese centro del campo... ¡por Dios! ¡Por Dios, Carlo, reacciona...!
Pero Carlo, amigos, es un hombre tranquilo y sereno, que lleva con resignación de santo un peso enorme sobre los hombros. La temporada empezó torcida, con todo el madridismo vinagre haciendo mancuerna con el antimadridismo en la calle, en los estadios, en las salas de prensa, en las narraciones, en el CTA, en los medios; agazapados, envenenando el agua, corrompiendo el aire. Carlo, además, es un hombre sabio, que se equivoca como los mortales, pero que sabe exacta, precisa, milimétricamente, cómo controlar este animal salvaje de diez cabezas sobre el que cabalga. Este hombre, hoy, os va a perdonar; porque es feliz cuando las cosas salen bien y cuando se trae la esquiva victoria a casa para ofrecérnosla, humilde, a todos nosotros.
Getty Images