Las mejores firmas madridistas del planeta

Estaba claro que estos días en algún momento tendrían que llegar. Al igual que era seguro que vendrían acompañados de hordas de amigos, vecinos y familiares que llevaban mucho tiempo esperando el momento para restregar el sabor amargo de la derrota. Y, por lo que se ve, no han podido esperar ni siquiera a que los títulos estén definitivamente perdidos.

La situación me recuerda un poco a esas máquinas que hay en las ferias en las que los niños, con una maza, tienen que ir golpeando a unas ranas (también la he visto con topos) que asoman la cabeza para así devolverlas a su guarida. Cuando los veo jugar me parece agotador, pero reconozco que también tiene su punto divertido.

Los que disfrutáis y sufrís al Madrid, esto último pasa muy pocas veces, lo habréis notado. Estos días están sacando la cabeza aquellos culés que llevaban tiempo en el anonimato. En muchos casos ya incluso ni recordabas si eran del Barça o del Atleti, porque las únicas alegrías que experimentaban sucedían cuando el Real Madrid empataba con alguien. Pues bien, hoy salen orgullosos a restregar las últimas derrotas de los blancos y a sacar pecho porque en noviembre, un año más, son los favoritos de la prensa para todo. No queda otra que sacar el mazo a pasear para recordarles que estaban mejor escondidos en su madriguera.

Estos días están sacando la cabeza aquellos culés que llevaban tiempo en el anonimato. En muchos casos ya incluso ni recordabas si eran del Barça o del Atleti, porque las únicas alegrías que experimentaban eran cuando el Real Madrid empataba con alguien

El martillazo debe ser en forma de discurso en el que se les recuerde que el año pasado estaban celebrando la consecución de una final de Champions contra el Atleti y al final terminaron viendo al eterno rival levantando la orejona.  Que, quizá, el Madrid no está bien porque ha planteado una preparación física para una muy larga temporada en la que disputará siete títulos y terminará bien entrado el verano con el Mundial de Clubes. Torneo que ellos no jugarán porque solo lo hacen los doce mejores equipos de Europa. Y, por último, como guinda del pastel, se les puede mencionar que, en caso de que los de Ancelotti no consiguieran enderezar el rumbo, siempre quedará la alternativa de pagar al “Negreira” de turno o poner en la camiseta la propaganda de Unicef. Según mi experiencia, el noventa y nueve por ciento de las “ranas” vuelven al agujero sin necesidad siquiera de martillazo. El uno por ciento restante, porque en realidad no les gusta el futbol y lo que quieren únicamente es tocar las narices. En ese caso, recomiendo usar el mazo sin contemplación alguna.

Martillo y rana

Por otro lado, están los amigos atléticos. Que se les ve que quieren salir, pero, de momento, a los pobres no les funcionan los resortes para que la ranita aparezca con fuerza. Además, apenas los ojitos saltones asoman por la cavidad, el parche de las quince copas les deslumbra, les hace recordar finales pasadas y prefieren finalmente permanecer agazapados esperando mejor ocasión. Una pena, porque no son muchos los momentos de debilidad del Real Madrid a lo largo de la historia y desperdiciar ocasiones así debe de ser frustrante. Por no hablar de otras aficiones que se han consagrado como grandes antimadridistas en los últimos años y a las que su momento deportivo, definitivamente, no les permite celebrar nada más que un discutido “Balón de Oro” de un jugador español.

Los jutadores merecen respeto y confianza por lo logrado, pero cuando el problema parece ser la actitud, requiere un análisis profundo y un cambio urgente

En Europa quizá es diferente, es la consecuencia de todo lo ganado en estos años. La gente aprende a no confiarse cuando te ven caído en la lona, porque saben que muy probablemente volverás a levantarte y harás pagar al rival por los golpes recibidos y porque el reconocimiento al Real Madrid como club por parte de prensa y aficionados rivales es infinitamente mayor que el que tiene en España.

Por tanto, si estos días estáis pensando en iros de viaje de fin de semana, mejor hacedlo a alguna capital europea. En cualquier caso, hagáis lo que hagáis no os dejéis avasallar por nadie. Como diría Benito Floro: «¡Que sois el Madrid, coño!» .

Esto último también vale para los jugadores. Merecen respeto y confianza por lo logrado, pero cuando el problema parece ser la actitud, requiere un análisis profundo y un cambio urgente. Sé que ellos saben y podrán hacerlo.

 

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Buenos días, amigos. Deschamps ha dado su lista para la convocatoria de la selección francesa y Mbappé no está en ella. El seleccionador francés ha aclarado en rueda de prensa que es una decisión propia, es decir, del propio Deschamps, y que Mbappé habría querido ser convocado. Mbappé, mientras tanto, no se ha pronunciado, o al menos no lo ha hecho de momento, con lo que ignoramos hasta qué punto las declaraciones del técnico galo se ajustan a la realidad.

El asunto es raro de narices, y Marca se hace eco de lo extraño de la situación.

 

No sabemos si elucubrar sobre lo que está pasando aquí conduce a nada especialmente edificante. Tampoco sabemos si nos incumbe como madridistas escrutar en posibles causas de una situación ajena al club, pero probablemente sí en tanto en cuanto afecta a un jugador esencial para el Madrid.

 

As muestra la misma perplejidad que Marca, y nos depara una primera plana con el careto frustrado de Kylian. Lo cierto es que no sabemos si Kylian está así de frustrado ante la noticia de que no va con su selección.

El enfoque de As nos parece desatinado por completo. “La mala racha de Mbappé continúa al ser excluido de la lista de Francia por segundo parón consecutivo”. No es cierto. No ha sido excluido dos veces sino una, como máximo, la de ahora, dado que la primera vez, el mes pasado, quedó claro que era el propio Kylian quien prefirió quedarse en tierra.

Aventuremos hipótesis kylianas. ¿Qué ha pasado aquí?

  1. Deschamps miente, con la connivencia de Kylian. En realidad vuelve a ser decisión de Kylian el no acudir, pero Deschamps le cubre diciendo que es su decisión (la de Deschamps) para que la afición gala no le tome manía. Esto explicaría el que Kylian no le responda.

2. Deschamps miente, sin el permiso de Kylian. Difícil de creer, por cuanto Kylian le habría contradicho públicamente, pensamos.

3. Deschamps dice la verdad a medias. Le excluye él, pero no es cierto que no haya razones extradeportivas. Deschamps considera que el estado anímico del jugador no es el idóneo por la presunta investigación (ni siquiera está demostrado que exista) contra él por los no menos presuntos sucesos de Estocolmo. No parece una hipótesis disparatada. Es imposible que toda esa historia no esté afectando al francés. Aprovechamos para recalcar que no está claro que exista tal denuncia, y que de existir creemos en la inocencia de Mbappé mientras no se demuestre lo contrario, como rezan los principios del derecho.

4. Deschamps está realmente descartando a Kylian Mbappé porque considera muy en serio que, en su actual estado de forma, hay otros delanteros que pueden ofrecer mejores prestaciones a su grupo. Nos parece difícil de creer. Mbappé está lejos de su mejor momento, pero aunque así sea sigue reuniendo las cualidades para decidir un partido en cualquier instante.

5. Deschamps se ha dado cuenta, de pronto, de que en realidad Mbappé es malísimo. No os riáis. Es la tesis en boga entre el madridismo rabioso de las redes sociales. Ayer, en X, un tuitero nos dijo lo siguiente: “Mbappé no va convocado porque no mejora las prestaciones de Toquero”. Con todo el respeto para Toquero, con dos cojones (del tuitero, no de Toquero).

6. Deschamps se está vengando de Mbappé porque no quiso estar presente en la convocatoria anterior. Nos extraña que nadie esté manejando esta tesis. “Para chulo yo”, dice el bueno de Didier. “La otra vez no quisiste venir tú, ahora te dejo fuera yo”.

Otra cosa nos extraña: que haya gente que no comprenda que esta ausencia, sean cuales sean sus motivos, es una excelente noticia para el Real Madrid. Gracias a ella, Mbappé podrá quedarse en Madrid poniéndose a punto, con lo que se incrementan las posibilidades de que alcance el estado de forma que todos deseamos ver en él. También nos parece que se están cargando las tintas con su falta de rendimiento, y de un modo que no es enteramente justo. Tiene que terminar de aclimatarse a una nueva posición y unas nuevas tareas. Quizá no sea la mejor posición ni las mejores tareas para él, pero son probablemente las que el equipo necesita de él. Si no lo son, que hable con Ancelotti. Que hablen y hablen hasta llegar a conclusiones que permitan poner en pie el andamiaje más adecuado para que Kylian brille en el contexto del juego colectivo.

Por lo demás, la prensa cataculé está de celebración. Les entendemos. El equipo cliente de Negreira va como un tiro, con gran juego y espectaculares resultados. Nos parece normal. Que lo disfruten mientras puedan.

Pasad un buen día.

 

 

 

 

Soy socio abonado desde el año 2000, y cuando me refiero al Bernabéu, me incluyo sin reservas. Sí, creo sinceramente que el Santiago Bernabéu está aborregado. Quizá sea el precio de haber ganado tanto, pero la realidad es que hemos perdido nuestro espíritu crítico, y el estadio parece dormido. Permítanme que me explique.

Este proceso de aborregamiento no ocurre de la noche a la mañana. Para mí, la “revelación” llegó en febrero de 2023, con la aparición del caso Barça-Negreira.

Cuando se destapó la presunta corrupción del club catalán —bueno, retiro lo de “presunta”—, pensé que en el primer partido en casa tras el escándalo el Bernabéu sería un clamor. Yo mismo, un poco orgulloso miembro del gremio de “los piperos,” llegué dispuesto a darlo todo. Sin embargo, lo que vi y sentí me decepcionó profundamente. No recuerdo exactamente el partido, pero los cánticos iniciados por la grada de animación apenas se propagaron por el estadio. El Bernabéu permaneció, en su mayor parte, en una inquietante calma.

Una cosa es estar eternamente agradecido a Ancelotti, y otra muy distinta es no criticar el mal juego y sus decisiones cuestionables, así como el bajo rendimiento y en algunos casos bajo compromiso de muchos jugadores

Poco después, el 2 de marzo, el Barça vino al Bernabéu en un partido de Copa del Rey. Y pensé que ese día sí. Estaba convencido de que este sería el momento. Imaginaba al mundo entero contemplando nuestra indignación ante la corrupción arbitral que el FC Barcelona había mantenido durante años. Fui sin pipas, seguro de que esa noche el Santiago Bernabéu sería un rugido incesante. Pero, para mi sorpresa, no se vivió esa atmósfera infernal que, sin duda, ellos habrían generado si los corruptores hubiéramos sido nosotros. Se gritó “corrupción en la Federación” algunas veces, sí, pero no percibí ese fervor en el ambiente. Y desde entonces, mi percepción del Bernabéu cambió. Ese día me quedó claro: el Bernabéu estaba, sin duda, aborregado.

Pocos días después, pudimos ver como San Mamés fue mucho más beligerante cuando el Barça visitó Bilbao. Incluso les lanzaron cientos, si no miles de billetes, en un acto que dejó indignado al club catalán. Pero fueron ellos quienes lanzaron los billetes, no nosotros.

Incluso hace pocos días, en el partido de Copa entre Las Rozas FC y el Sevilla, al que asistí, se escucharon más gritos de “¡Corrupción en la Federación!” que en cualquier encuentro reciente del Bernabéu. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Es cierto que la grada de animación intenta lanzar cánticos contra la RFEF en cada partido, pero la verdad es que el resto del estadio no se une o lo hace con una intensidad mínima.

Parece que, después de tantas Champions, ya nada nos importa, o por lo menos no lo manifestamos. Este es un error gravísimo, porque una de las claves del éxito de este club ha sido siempre su altísima autoexigencia

Pero el colmo han sido los últimos desastres ante el Barça y el Milan, en donde al final del partido apenas hemos mostrado nuestro malestar con el equipo. Una cosa es estar eternamente agradecido a Ancelotti, y otra muy distinta es no criticar el mal juego y sus decisiones cuestionables, así como el bajo rendimiento y en algunos casos bajo compromiso de muchos jugadores. Los tímidos silbidos al final de ambos partidos me resultaron muy insuficientes.

Recomponiendo las piezas tras el 0-4

El Bernabéu se ha vuelto muy conservador. Parece que, después de tantas Champions, ya nada nos importa, o por lo menos no lo manifestamos. Este es un error gravísimo, porque una de las claves del éxito de este club ha sido siempre su altísima autoexigencia.

El Bernabéu está aborregado, y espero que se desaborregue antes o después.

 

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Buenos días, amigos. Las crisis del Madrid se viven con mayor dolor cuando a sus enemigos, generalmente biliosos, les va bien. El fútbol cambia de la noche a la mañana, ya lo sabemos, pero ese es precisamente el caso ahora mismo. Al Madrid le va mal mientras al club cliente de Negreira le va muy bien. Eso es así, y cuanto antes asumamos que esa es la realidad actual (cuidado: exclusivamente en la esfera deportiva) menor será el disgusto.

 

 

El club cliente de Negreira, en efecto, va de manita europea en manita europea. Su absoluta ruindad moral, salvada de cualquier sanción por el sistema, no debe nublarnos la vista a la hora de ponderar su excelente momento deportivo de la mano de un entrenador con mayúsculas, Hansi Flick. Ayer dieron buena cuenta del Estrella Roja y van como un tiro tanto en el puntaje (como diría Pellegrini) como en las estadísticas y las sensaciones. Solventan con ruidosas goleadas a favor la mayoría de los partidos.

Podemos acogernos a la esperanza de que este estado de forma no puede ser eterno. Es razonable pensar que comenzar la temporada como un cohete ha de llevarte a pasar un bache físico en algún punto de la campaña, tal vez precisamente cuando se disputa lo mollar de cada competición. Igualmente, y en sentido inverso, podríamos suponer que el Madrid tomará en el momento más oportuno una velocidad de crucero de la cual ahora se le ve muy lejos. Pero no tendríamos derecho a hacer estas cuentas autoindulgentes. Lo que corresponde en este momento grave es precisamente afrontar esa gravedad con la determinación y la urgencia que la seriedad de la crisis comporta. En La Galerna estáis encontrando en los últimos días (también hoy) textos de nuestros colaboradores marcados por el espíritu más constructivo en la crítica y en la búsqueda de soluciones.

No solo al club cliente de Negreira le va bien. No. Le va bien hasta al Atleti, por lo menos en la Champions. Su victoria de ayer ante el PSG, en el contexto de una liguilla plena de otros rivales de muchísima menor enjundia, le sitúa en una posición envidiable no ya para pasar de fase, sino incluso de hacerlo entre los ocho primeros, evitando así la ronda eliminatoria preliminar a la cual nosotros, en cambio, parecemos ya casi condenados.

 

El “correazo” del cual habla Marca es el gol en el último segundo del descuento de Ángel Correa, jugador dotado de cierta habilidad para sacar partido al cansancio de los rivales en los minutos finales de los encuentros, partiendo desde el banquillo. Antes de ese gol, el partido se resume en la quintaesencial resistencia numantina del cholismo ante el acorralamiento de un muy buen PSG. Oblak les salvó en numerosas ocasiones. Triunfo afortunado, pero indudablemente lícito.

Ya que estamos con Marca, no queremos cerrar esta sección sin propinar un pescozón que se nos había quedado guardado entre tanta necesidad de dar pescozones al propio Real Madrid.

¿Qué os parece este post de Marca en X? Viene de los prolegómenos del partido ante el Milán, cuando ambos equipos posaban con camisetas de apoyo a la región valenciana. ¿Visteis las fotos que al respecto quiso postear Marca?

 

Capturar y escoger precisamente esa foto de Vinícius, cuando está sonriendo, queriendo sin duda dar a entender que el brasileño se tomaba a mofa el momento, es la mezquindad más incalificable e irresponsable que le recordamos al community manager de la publicación. Puede ser, tranquilamente, el post más bochornoso de toda la historia de Marca.

Pasad un buen día.

Tras la última debacle blanca del martes en el Santiago Bernabéu, la antaño imponente silueta de Carlo Ancelotti ha quedado prácticamente sentenciada para la mayoría de nuestra afición. Parece innegable que el italiano ha perdido el rumbo del equipo que hace escasos meses se coronaba como rey de Europa. Tras casi tres meses de temporada, el legendario técnico de Reggiolo no encuentra las soluciones que lleva buscando casi desde el principio de la misma, y ello a pesar de los numerosos cambios de sistemas, probaturas y permutaciones de posiciones que no han hecho sino confundir a unos jugadores a los que parece costarles dilucidar su rol específico dentro del campo. La paciencia del presidente, bastante más vasta que la del soberano, tampoco es infinita y, como la pelotita y los resultados mandan más que la propia directiva, ya empiezan a surgir los primeros rumores de destitución.

No seré yo opositor de tal medida pues, aunque creo que sobran los improperios que desde parte de nuestra propia afición se vierten contra la impoluta y regia figura del italiano, creo que, a nivel puramente deportivo, lo primordial reside en la urgente necesidad de cambio que alberga esta plantilla. El ciclo de Carletto en el Real Madrid parece extinguido y es adecuado pensar que el equipo necesita aire fresco, cambiar de metodología de trabajo y asentar un sistema donde los jugadores puedan asimilar mejor sus funciones.

los numerosos cambios de sistemas, probaturas y permutaciones de posiciones no han hecho sino confundir a unos jugadores a los que parece costarles dilucidar su rol específico dentro del campo

Me van a disculpar una pequeña licencia que, permítanme decirles, me llega hasta a incomodar; y es que no me gusta entonar el “os lo dije”. Tampoco sería cierto, pues jamás llegué a decirlo sino que me lo callé y guardé para mí mismo para no parecerles un agorero, pero el caso es que, en mi humilde y no siempre acertada opinión, el adiós de Ancelotti llegaría cuatro meses tarde de producirse hoy. Hasta en dos ocasiones, haciendo referencia a la despedida de Toni Kroos, llegó a decir en rueda de prensa que él también quería retirarse en el punto álgido de su carrera. Quizá pecó de optimismo al pensar que se venían mejores momentos que la final de Wembley, pero tras dicha final llegué a pensar que lo mejor para él era dejarlo ahí. No lo hizo y ahora su presente pinta en bastos. Espero que, de certificarse su destitución antes del final de temporada, el madridismo sea capaz de omitir este mal trecho final para despedir con honores a un entrenador cuya segunda etapa en el club blanco ha sido brillante.

Ancelotti

Esta temporada, nefasta hasta la fecha, no debería opacar lo anteriormente logrado. Simplemente constata la florentiniana creencia de que en este club los entrenadores tienen una fecha de caducidad, y esta acostumbra a coincidir con el final del tercer año posterior a la firma del primer contrato. Zidane, que parece haber desentrañado mejor que nadie los entresijos y secretos de este club, no necesitó que nadie se lo sugiriera siquiera para asir él mismo el picaporte de la puerta blanca.

El Real Madrid es como un tren en infinita marcha en el que cada cierto tiempo hay que dar relevo al conductor, que no encuentra un segundo de descanso hasta que llega ese reemplazo. Y, como el tren no se detiene nunca, aquí anda el madridismo divagando acerca del próximo capitán al que darle los mandos.

en este club los entrenadores tienen una fecha de caducidad, y esta acostumbra a coincidir con el final del tercer año posterior a la firma del primer contrato

Entre la afición ha surgido la idea de disponer de lo que se ha denominado como un “entrenador interino” que se haga cargo del equipo sólo hasta final de temporada, tras la cuál se da por hecho demasiado alegremente que nuestro banquillo será ocupado por Xabi Alonso. Contemplo estupefacto cómo esta idea ha tenido calado e incluso ha sido aceptada de buen grado por parte de la afición, esa misma que considera inaceptable la situación futbolística actual y que no parece percatarse de que darle las riendas de esta plantilla a un “interino” no es sino decirle a dicho entrenador que no se confía en él ni en su proyecto. Dicho de otro modo que resultará mucho más familiar al aficionado madridista: equivale a tirar la temporada en otoño, cuando ahora mismo el madridismo está indignado precisamente porque temen que es exactamente lo que está sucediendo.

No, amigos, en el Real Madrid no existe el concepto de interinidad como tal y no creo que haya entrenadores, ni siquiera los de la casa, que acepten de buen grado el significado de dicho concepto. En el Madrid no se espera a nadie ni se tira voluntariamente una temporada, se lucha por ganar independientemente de la (im)posibilidad aparente de la victoria. Y eso lo saben perfectamente incluso los candidatos interinos que supuestamente pueda estar barajando el club.

Si, por poner un ejemplo, llega Raúl al banquillo blanco, les puedo asegurar que ni el ex delantero blanco se va a limitar a ver pasar la temporada ante sus ojos, sino que va a poner todo lo que esté en su mano por tocar metal. Tampoco el club va a darle el banquillo a alguien que no crea capacitado de ganar dichos títulos. Sé que Raúl no tiene muchos adeptos entre el madridismo (como tampoco los tenía Zidane en su día), pero por si acaso les recomiendo no apostar en contra de aquellos jugadores o entrenadores cuya tensión y voracidad competitiva se percibe en la mirada.

Mejor Manchester que Leverkusen

Si verdaderamente la idea del club es Xabi Alonso, o cualquier otro entrenador con contrato en la actualidad, no entendería que al menos no se tanteara la posibilidad de ficharlo incluso en mitad de temporada. Puede resultar improbable, pero Xabi es hombre de fútbol y conoce la casa. No está en un gigante europeo cuyas aspiraciones sean tan potentes como para retenerlo cuando venga todo un Real Madrid a tocar la puerta de su casa y, sobre todo, sabe que el tren del Madrid, ese que no se detiene nunca, no espera a nadie. Apostar por un plan preestablecido en el cual el club vikingo contrata a un entrenador de bajo perfil sólo para terminar la temporada, y esperar a que la mejor plantilla de Europa no esté luchando por los títulos a final de temporada, no es más que una absurda quimera que ningún exfutbolista versado en la materia puede ser tan ingenuo de creer.

si verdaderamente la idea del club es Xabi Alonso, o cualquier otro entrenador con contrato en la actualidad, no entendería que al menos no se tanteara la posibilidad de ficharlo incluso en mitad de temporada

Si el Madrid toma la decisión de destituir a Carlo, dudo mucho que la idea sea la de colocar a un entrenador de transición durante la temporada más especial que ha vivido el club en mucho tiempo, participando en nada menos que siete competiciones y teniendo lugar un nuevo torneo como es el nuevo Mundial de Clubes, del que se desprende que el club blanco está muy ilusionado por competir y añadir ese trofeo a nuestra vitrina.

Entiendo que a muchos el mal estado de forma de la mayor parte de la plantilla les haya sumido en un estado de depresión, y les haya enturbiado el juicio hasta el punto de olvidar que el Real Madrid tiene, incluso con las actuales carencias generadas por las lesiones, una de las mejores plantillas de Europa, si acaso no la mejor. Ningún entrenador del planeta llegaría al banquillo blanco y exigiría fichajes como condición para pelear por algún título, sino que se frotaría las manos pensando en las amplias posibilidades de sacar rendimiento a los nuestros. En dichas condiciones, es absurdo querer despedir a Carlo para traer a un técnico interino. El Madrid no entiende de interinidades. El mejor club del mundo no es lugar para cumplimentar unas prácticas. Y el mejor club del mundo ha llegado a serlo precisamente porque se caracteriza por pensar a lo grande y tener entre ceja y ceja el triunfo, por lejano que pueda parecer en momentos como este.

 

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Cuando todo el engranaje falla, igual no es un tornillo o una tuerca. Quizás es el mecánico. El Real Madrid atraviesa una situación delicada. Siete goles le han hecho en los últimos dos partidos y solo ha marcado uno, de penalti.

Esta crisis tiene varios responsables, pero el principal es Carlo Ancelotti. Así como resaltábamos su experiencia y grandeza el año pasado, cuando le inventó a Bellingham una nueva posición y sacó adelante un equipo que había perdido a su portero titular, a uno se sus centrales y a su delantero centro, este año ha perdido el control de la plantilla.

¿Ha perdido Ancelotti al equipo?

¿Por qué? Hay dos motivos. El primero es futbolístico. Ancelotti no ha sabido sacar el máximo rendimiento de sus futbolistas esta temporada. El equipo no defiende, no genera ocasiones de juego, y no marca goles. No está bien trabajado. Las piezas están puestas por poner, y da la sensación de que todos los partidos el equipo sale a ver qué pasa. Gana la mayoría de sus encuentros por las individualidades que tiene, no porque sea superior al rival. Y es por eso que cuando se enfrenta a equipos de buen nivel como el Barcelona o el Milan, terminan pintándole la cara en todos los aspectos. El Madrid no prepara los partidos y no tiene soluciones a los obstáculos que se le van presentando durante los noventa minutos. Estoy convencido de que, salvo Vinicius, no hay un solo jugador que entienda su rol en el equipo, y por eso ninguno brilla.

Ancelotti no ha sabido sacar el máximo rendimiento de sus futbolistas esta temporada. El equipo no defiende, no genera ocasiones de juego, y no marca goles. No está bien trabajado

El resultado ante el Milan es preocupante. Diez dias tuvo Ancelotti para preparar el partido ante el conjunto rosonero. No es posible que el técnico italiano haya salido con Modrić de titular, un futbolista que se le ve totalmente superado a nivel físico, dejando en el banquillo a Camavinga, el mejor jugador de la debacle ante el Barcelona. No es posible tampoco que no se haya enterado de que el Milan tiene una de las bandas izquierdas mas peligrosas del mundo, con Theo y Leao, y que Lucas Vásquez no es suficiente para frenarlos. No es posible que el Madrid siga siendo tan previsible atacando por banda izquierda, y que nadie aparezca en la otra banda. No es posible que Arda Guler y Endrick tengan cero minutos en los ultimos cuatro partidos.

El segundo motivo del bajón de este equipo es lo poco concentrados y las pocas ganas con la que salen estos futbolistas a jugar con la camiseta del club mas grande del mundo. Pareciera que, como vienen de ganar la Champions y la Liga, siendo muy superiores al resto, se han relajado. Es inadmisible el error que cometen Tchouameni y Vinicius en el gol de Morata. También es inadmisible que Tchouaméni no salte en un corner. Esos detalles individuales no son culpa directa del entrenador, pero son síntomas de que algo no funciona.

La solución no es echar a Ancelotti, pero sí debe entender que haciendo lo mismo no se obtienen resultados diferentes. Todavía queda mucha temporada, y sabemos que el Madrid se mueve bien cuando todo el mundo le da por muerto.

Las notas del Real Madrid, 1 - Milan, 3

Carletto, como madridista te pido que reacciones. Otorga minutos a Guler y a Endrick, coloca a Mbappé en el centro y que no se salga del área, y organiza el centro del campo. Un doble pivote Camavinga-Valverde, con Bellingham mas adelantado, le daría sentido y equilibrio al equipo.

El aficionado del Real Madrid necesita volver a ilusionarse, y Ancelotti debe ser capaz de transmitir un mensaje claro a su grupo. Tiene que asumir responsabilidad y aceptar que el culpableprincipal es él. La combinación de una plantilla llena de estrellas, las altas expectativas y los constantes desafíos tácticos son elementos que han influido en esta crisis. Sin embargo, sigue siendo un técnico muy valorado por su capacidad para manejar grupos de alto nivel y por su experiencia en situaciones complejas. Confiemos en él.

 

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Es evidente que el Madrid está lejos de su mejor momento. Atraviesa una crisis de juego y resultados que requiere reacción urgente.

El cuestionario semanal de fcQuiz versa sobre la situación blanca.

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Tras los últimos acontecimientos, es necesario analizar tanto el futuro de Ancelotti como ciertos síntomas en el vestuario que considero muy preocupantes.

Aún estoy cariacontecido tras el encuentro de anoche. Más que por la derrota, por el vapuleo propinado por un Milán en horas bajas al Real Madrid.

No voy a comenzar hablando del juego del equipo ni de la responsabilidad de Ancelotti en esta situación —al fin y al cabo es el capitán de la nave—, sino de los mensajes que Nina Bonino, la mujer de Valverde, publicó ayer en X.

Es impresentable que se manifieste en esos términos, es la pareja de un jugador del Real Madrid y con su actitud ha comprometido al club, al propio jugador y al entrenador. Está generando toxicidad.

Asimismo, es un síntoma que Mina Bonino opine que Ancelotti no tiene ni idea por colocar a Fede en la banda en lugar de en el centro del campo. Y no porque sea acertada o no esa opinión futbolística, incluso puede estarse de acuerdo con ella, sino porque se sienta con la potestad de rajar del técnico de esa manera.

Es cierto que ha borrado los tuits, pero ya están dichos. Y da a entender que de alguna manera este asunto es algo que Fede Valverde se lleva a casa cada día, aunque tenga la prudencia de no manifestarlo en público. Además, la sustitución se debió a problemas físicos del uruguayo, con lo que ni siquiera tenían sentido los comentarios de Mina.

 

Desde agosto, veo a Carlo con el ceño fruncido, extraño en las ruedas de prensa, bajo de ánimo. No es el Ancelotti de otros años. Por tanto, cabe preguntarse qué habrá visto el entrenador que no funciona en el vestuario, en el equipo y qué le hace estar preocupado desde este verano. Qué le llevó a decir en agosto que si un jugador está cansado tiene que pedir el cambio. Son unas declaraciones muy raras.

Da la sensación de que, desde el principio y con la experiencia que atesora, ha intuido, ha observado que estaba perdiendo completamente al vestuario. Y si tú pierdes al vestuario estás fuera, por resumir mi posición.

Sea o no el máximo responsable, sea justo o no sea justo, lo cierto es que un entrenador que pierde un vestuario es un entrenador que no puede levantar al equipo. Y esa es la sensación ahora mismo, que con Ancelotti este equipo no se levanta.

Veo a Ancelotti perdido e incapaz de hacer remontar al Madrid. Por lo tanto, creo que la decisión que debería adoptar el club sería buscar otro entrenador que pueda enderezar la situación hasta final de temporada.

Aquí surge otro dilema: un entrenador que sirva de puente hasta la llegada de Xabi Alonso o un técnico al que haya que ofrecer más años de contrato y por tanto se deseche la opción del tolosarra.

¿Ha perdido Ancelotti al equipo?

 

¿Por qué creo que Ancelotti ha perdido al equipo?

 

Más allá de lo comentado sobre el vestuario, más allá de los días de descanso —más de los que yo recuerdo como habituales—, más allá de ciertas actitudes que no encajan con lo que es el Real Madrid de los últimos años, está lo que vemos en el campo: un equipo que corre menos que el resto, una escuadra completamente desordenada que no tiene trabajada la salida del balón ni la presión, que no junta sus líneas, que carece de un patrón de juego para armonizar las soluciones.

La sensación es que el Madrid es un equipo perdido dejado de la mano de Dios. Y el problema es que los rivales se dan cuenta. Al principio le respetan, porque es el campeón de Europa y de liga, pero han visto que hace aguas, que la lesión de Carvajal ha causado muchos problemas, que el conjunto físicamente no va, que el cuadro no está bien trabajado, y están comenzando a perderle el respeto y a infligirle muchísimo daño.

El Milan ayer jugó a placer. Una escuadra que llegaba siendo séptima de la Seria A, en un mal momento, un conjunto que está muy lejos del gran Milan que recordamos bailó en el Bernabéu al Madrid, que ha encajado nueve goles en tres partidos y que no cayó ante el Borussia porque la segunda parte de Vinícius fue espléndida. Son demasiados síntomas que dan a entender que el equipo está perdido y roto.

 

¿Es Ancelotti el único responsable?

 

Sin duda, no. Hay más cosas. La integración de Mbappé en el equipo está siendo complicadísima, la salida de Kroos también tiene peso, así como la lesión de Dani y el estado de forma de varios jugadores. Pero cuando todo falla hay que mirar al banquillo. Y duele.

Otorgo gran responsabilidad a Ancelotti de la buena marcha del Madrid la temporada pasada. Supo encontrar soluciones a las dificultades que se fue encontrando, fue capaz de conformar un bloque muy unido, un equipo muy solidario que sabía sufrir en el campo para hacerse inasequible a los rivales. Y este año es todo lo contrario.

Da la sensación de que el vestuario le oye pero no le escucha, de que su mensaje no llega y ha perdido la autoridad. Es patente que Ancelotti no está a gusto y no siente al equipo como aquel con el que consiguió tantas cosas.

Da pena porque no apetece que despidan a Carlo en mitad de temporada cuando es el entrenador que ha ganado más títulos en la historia del Real Madrid, pero si no se lleva a cabo habrá gente que se girará al palco y preguntará por qué no se toma una decisión dolorosa pero necesaria.

La situación es complicada y ahora mismo solo hay una cosa clara: Ancelotti no se encuentra en condiciones de sacar a este equipo adelante. Lo cual no significa que haya sido un mal entrenador ni cabe una enmienda a la totalidad.

Ojalá tenga que reconocer más adelante que me equivoqué. Sería la mejor señal. No quiero tener razón, prefiero ser feliz.

 

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Es difícil hablar de fútbol cuando la realidad es cruel. Todos coincidimos que resulta complicado atender a la mayor industria del entretenimiento cuando en escasos kilómetros se vive un drama humano de una dimensión aún desconocida. Por lo tanto, en primer lugar, me gustaría mandar un abrazo afectuoso a todas las víctimas de la DANA. En segundo lugar, expresar mi más sincero respeto a todos aquellos voluntarios que de forma heroica están ayudando en todo a las víctimas. Todos podemos colaborar de un modo u otro, pero los que están sobre el terreno tienen un mérito extra, indudablemente. Así que toda mi solidaridad con el pueblo valenciano.

Y como parece que el show siempre debe continuar, la industria del fútbol no para. Hasta en los atentados del 11-S se disputó una jornada de Champions, y al principio de la pandemia Tebas daba por hecho que el fútbol seguiría hasta que la evidencia pudo con la extravagancia. De todos modos, muy pocos meses después se reanudó el campeonato. El deporte profesional tiene la voracidad total de la industria del entretenimiento.

No obstante, para ser justos, es de ley recordar que el mundo del fútbol suele ser bastante solidario. Algunos equipos ya han ofrecido su ayuda de un modo u otro. Sin ir más lejos, el Valencia ha brindado Mestalla como gran almacén improvisado. El Villarreal ha donado dinero. Y nuestro Real Madrid fue el primero en movilizarse. Desde el minuto uno, el Madrid se puso a disposición del Valencia para cualquier tema, incluida la suspensión del encuentro liguero. Y como no podría ser de otro modo, el mismo jueves 31 el club hizo público que donaba un millón de euros para ayudar a las víctimas de la DANA.

El Madrid deja un mal sabor de boca y una preocupante puesta en escena

Como decía, el fútbol no para. Anoche el Real Madrid jugaba contra el AC Milan. El histórico Milan es un club hermano. Nos unen tantas cosas que uno solo puede tener admiración por los italianos. Junto al Madrid, es el equipo más laureado de la Copa de Europa y su historia es tan apabullante como inabarcable. Hablamos de la auténtica realeza europea. El Milan nunca fue una moda, durante décadas ha permanecido siendo un referente. Incluso en sus momentos más bajos, como puede ser el que atraviesa ahora, el equipo rossoneri tiene el respeto de los buenos aficionados.

Real Madrid y Milan tienen vidas paralelas desde la tercera Copa de Europa del Madrid hasta las más intensas eliminatorias en décadas posteriores.  Los aficionados con más solera recuerdan los enfrentamientos entre La Quinta y el Milan de Sacchi que marcaron a toda una generación, golazo incluido de nuestro entrenador Carlo Ancelotti. Un Ancelotti que en la rueda de prensa previa se mostraba afectado por el desastre de Valencia y declaraba: “Hay cosas más importantes que el fútbol. Cuando tu gente no está bien, no puedes hacer fiesta”.

En lo estrictamente deportivo, para mí el partido se resume en la jugada del segundo gol del Milan. Aurélien Tchouaméni pierde un balón tontísimo en la zona de creación y para más inri el equipo no es capaz de corregir el tremendo error del francés. Morata marca a placer y todos nosotros nos quedamos con cara de tontos. Lógicamente Tchouaméni se llevó un merecido banquillazo y supongo que durante la semana el staff técnico tendrá unas palabras con todos y cada uno.

En ese momento el partido estaba empatado y era un encuentro igualado en ocasiones y fútbol. La indolencia no puede estar presente porque, más allá de la dejadez, denota una falta de profesionalidad que no se puede tolerar. El tercero del Milan lo hizo Tijjani Reijnders y también nace de una jugada defensivamente intolerable. En definitiva, el equipo deja un mal sabor de boca y una preocupante puesta en escena.

 La indolencia no puede estar presente porque, más allá de la dejadez, denota una falta de profesionalidad que no se puede tolerar

Y el sábado volvemos a La Liga frente a un Club Atlético Osasuna entrenado por un Vicente Moreno que se mostró en rueda de prensa visiblemente afectado por el desastre de la DANA. Natural de Masanasa, uno de los pueblos más castigados, el entrenador se encuentra ayudando en su pueblo con el permiso del club. Gran gesto de la entidad. En estos días seguiremos con nuestra vida pero será inevitable que nos emocionemos con todos los héroes que están dando lo mejor de ellos mismos en Valencia.

El tiempo corre constante y las pesadumbres de la vida nos acechan pero no nos queda otra que poner buena cara al mal tiempo. Porque, parafraseando a Garcilaso de la Vega, no nos queda más que hacer mudanza en nuestra costumbre. Ojalá siga sirviendo este hermoso deporte que es el fútbol para distraer, alegrar y poner luz en los corazones de tantos valencianos que necesitan pequeños granitos de arena para volver a reconstruirse.

 

Getty Images.

Buenos días. De nuevo por decir algo. Ahora mismo, el Madrid está en caída libre. Y lo que es peor, el piloto no parece capaz de agarrar con fuerza los mandos del avión para detener el descenso primero y tomar altura después.

El anterior partido jugado en el Bernabéu se había saldado con debacle ante el Barça, 0-4, y el de ayer con desastre frente al Milan, 1-3. No se perdían dos partidos consecutivos en el Bernabéu desde 2019. La portada de Marca resalta los dos repasos seguidos sufridos por los blancos en casa.

Marca

El equipo fue una calamidad. Perdón, no se puede hablar de equipo porque este Madrid no funciona como tal. Se ajusta más a la verdad afirmar que un manojo de grandes futbolistas, de los mejores del mundo, y un equipo técnico en el banquillo encabezado por Ancelotti, el más laureado, fueron una calamidad.

Marca califica el partido del Madrid como mediocre y quizá se queden cortos. Desde verano, el equipo ha contraído una enfermedad cuyo diagnóstico es confuso, como afirma Genaro Desailly hoy en La Galerna: «Las señales que da el equipo solo armonizan en que son todas negativas. Por lo demás, son casi contradictorias entre sí, como un paciente que sufriera a la vez de diarrea y estreñimiento mientras el médico se rasca la cabeza mirando la analítica».

Todo es confuso, no solo el diagnóstico. Se aúnan en un mismo partido, incluso en un mismo protagonista, la indolencia y la precipitación por exceso de celo. El desarrollo de los encuentros también es incoherente, a menudo se dan minutos que invitan al optimismo seguidos de fases de hecatombe sin paliativos.

Antes, sucedía al revés, el Madrid comenzaba mal, se asomaba al precipicio y después reaccionaba y ganaba de manera más o menos milagrosa. Ahora ocurre lo contrario, se comienza de una manera que infunde ciertas esperanzas y el conjunto, que no es tal, termina por deshilacharse y precipitarse al vacío mientras le caen encima los goles en contra. Los milagros se han tornado en pesadilla.

As

Una pesadilla que continúa, como titula As, que personifica en Mbappé el nuevo patinazo blanco. Es innegable que últimamente el acierto de cara a gol del astro francés está bajo mínimos, también que no fue el peor ni de lejos. Asimismo, es cierto que el declive del Madrid coincidió con su llegada, pero tampoco es de recibo inferir —sin duda alguna, como están haciendo muchos— la causalidad a partir de esta correlación.

El mal que aqueja al Madrid es más complejo que el ajuste de Kylian o su mejor o peor momento de forma. El equipo sufre un síndrome, una amalgama de síntomas vinculados, probablemente, con varios problemas de salud diferentes.

Estos problemas no se circunscriben a la falta de gol o a la merma de prestaciones de la práctica totalidad de la plantilla. Es un conjunto amplio de problemas cuya solución debe plantearse el club, junto con el propio técnico, si está en posición de ofrecer Ancelotti.

La descoordinación general es obvia, la defensa es un drama, la baja de Carvajal parece evidente que no la puede suplir solo Lucas Vázquez. En el centro del campo no existe un director de orquesta que ordene la escuadra. Cuando juega Tchouaméni, no funciona; cuando lo hace Camavinga, tampoco. Solo Valverde parece, en ciertos partidos, capaz de asumir la manija, pero no es suficiente él solo, necesita al lado a alguien que aporte imaginación, como Modric, pero Modric ya no está en condiciones de desempeñar ese papel todos los partidos.

Bellingham anda perdido con los continuos cambios de posición a los que le somete Carlo, quien, sin que sepamos por qué, ha dejado de contar con Güler, que podría aportar parte de esa brillantez que tanto necesita el equipo, y con Endrick, que ya ha demostrado que tiene gol, uno de los debes del Madrid.

Pero lo más preocupante es la sensación que transmiten todos. La actitud, el abatimiento, el lenguaje corporal. Algo parece haberse roto al finalizar la brillante temporada pasada. La cara de Ancelotti es un poema desde el inicio de curso. Sabe algo que ignoramos. Se ha esfumado esa unión futbolística que se respiraba en los partidos, con independencia del mejor o peor juego. No queremos decir que haya mal ambiente en el vestuario, pero algo ha cambiado, los protagonistas han perdido la convicción y deambulan más como zombis que como habitualmente se habían mostrado: jugadores del Madrid dispuestos a comerse el mundo.

La capacidad de este equipo para revertir la situación se antojaba indudable, pero la incertidumbre es más que patente y es lícito poner en duda la competencia, tanto del entrenador como de ciertos jugadores, para darle la vuelta a la situación. No es cuestión de montar una revolución y arrojar por la borda todo el trabajo y la planificación de años, pero sí de afrontar la tesitura y buscar las mejores soluciones, una a una, a todos los problemas que padece el equipo.

El Madrid está en caída libre. La parte positiva es que hay tiempo, y medios, para levantar el vuelo. Pero el tiempo se agota y urge adoptar medidas ya.

Pasad un buen día.

Mundo Deportivo Sport

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