Las mejores firmas madridistas del planeta

Buenos días. El Barça goleó al Real Madrid. Fue en la final de la Supercopa, pero no importa cuando lo leas. El aficionado se está acostumbrando a este oprobio. Pasa por las humillaciones del Barça como quien pasa la ITV, solo que las primeras son bastante más frecuentes. ¿Hacemos recuento? Habíamos ganado cuatro de los últimos cinco mal llamados clásicos, pero la buena racha se quebró con una goleada infame en el Bernabéu, una que recordó un pasado traumático. Pero por lo visto hay alguien ahí que no hace suyos los traumas de la afición, de suerte que el horror se ha repetido.

El madridista se ha levantado hoy con una desazón y una especie de cólera difusa. Cómo puede ser, masculla entre dientes. Decíamos que se ha acostumbrado. Es mentira. El madridista no se acostumbra ni se acostumbrará jamás a perder. Mucho menos a perder contra un eterno rival al que desprecia por sus malas artes. Muchísimo menos a ser zarandeado por él como un pelele. 0-4 y 2-5. Pero esto qué es. Pero de qué vamos. En las empresas norteamericanas, puedes cometer un error, incluso un horror grave. Pero no puedes comentar dos veces el mismo error. No puedes cometer dos veces el mismo error grave. Eso es causa de despido fulminante. Alguien en ese vestuario no tomó nota de la afrenta del 0-4, y se presentó otra vez ante el mismo enemigo con muy parecidos planteamientos y la altivez de pensar que el desastre no podría repetirse. Los desastres se repiten si no aprendes nada de ellos. Ni los jugadores ni Ancelotti aprendieron nada. No aprender es el mayor pecado al pasar por este mundo. Mereces quedar mirando a la pared, de espaldas a la vida o al Madrid, valga la redundancia.

Todo fue un desastre. Solo se salvaron de la quema Courtois y un excelente Mbappé. Lucas Vázquez sufrió un nuevo naufragio defensivo, en parte motivado porque su entrenador puso a ayudarle a un jugador aún menos dotado defensivamente que Lucas. Mendy no pudo con un extraordinario Lamine Yamal. Rüdiger y un nefasto Tchouaméni no fueron capaces de tapar los agujeros. Nadie defendía de mediocampo hacia adelante. Valverde y Camavinga trataban de multiplicarse para tapar esas carencias, pero un error infantil del francés, que cometió un penalti más que absurdo, fue el punto de inflexión que aparejó la condena.

Siempre hemos pensado que Ancelotti es el entrenador perfecto para el Real Madrid, pero esto no está escrito en piedra. Si se empeña en que la actualidad entierre el pasado, dejará de serlo (¿lo sigue siendo?). El equipo, por lo demás, necesita fichajes, en particular en una línea defensiva descorazonadora. Debe acudir al mercado de invierno con urgencia. No es cuestión del Barça. Interpretar lo que llevamos de temporada como si las hecatombes ante el equipo cliente de Negreira fueran la excepción dentro de una dinámica positiva sería un error. Ha habido derrotas lacerantes ante Milan y Liverpool, amén de un empate muy frustrante en el Metropolitano. La sensación ahora mismo es que apenas tenemos posibilidades ante ningún equipo potente. Es verdad que el Madrid tiende a dar un vuelco a las expectativas negativas en virtud del escudo o de la épica, pero ni el uno ni la otra van a resolver siempre la situación.

El Real Madrid vive una era de armonía, pero hay un capítulo donde reina la discrepancia, y ese capítulo es el Barça. La afición detesta a esa institución, paradigma de la trampa, que se compró impunemente el sistema arbitral durante al menos dos décadas. Por esa y por otras vergüenzas pretéritas, el aficionado blanco detesta al Barça, pero no se siente respaldado en ese sentir ni por su equipo ni por la institución. No queda claro si en el seno del club existe consciencia de cómo duelen estos correctivos cuando son aplicados por quienes han hecho del fraude su modus vivendi. El aficionado ve los duelos contra los azulgrana como un enfrentamiento entre el bien y el mal, con la opción de vendetta ante los transgresores de las reglas. La laxitud con la que se preparan estos cara a cara denotan que sus admirados jugadores, entrenador y presidente no lo ven de la misma manera. El Madrid no quiere encarnar el papel justiciero que sus aficionados le exigen.

Marca As Mundo Deportivo Sport

El que a mal árbol se arrima, un olmo en este caso, mala sombra le cobija. Y, sumido en la sombra, salió malparado el Madrid de Yeda después de un primer tiempo inenarrable y un partido de agónico disgusto para el madridismo y verdadero tormento. 5-2 en Arabia… y gracias.

De poco sirvió que Mbappe frotará su lámpara maravillosa en los primeros compases. Antes, no obstante, ya había avisado nuestro adversario. En apenas cuatro minutos, el diplomáticamente inmune Fútbol Club Barcelona había acumulado un par de ocasiones, ambas desbaratadas por nuestro habitual hacedor de milagros belga bajo los palos, al que esta noche se le pidió demasiado. Tras un córner en contra Vini rebañó un balón a Casadó, que quedó plañidero, reclamado una faltita imaginaria, mientras el carioca, fulgurante, volaba sobre la medular y descargaba sobre Mbappe que, a falta de opciones, gambeteó y gambeteó sobre Balde hasta cruzar a gol letal ante Szczesny. No fue, de hecho, un contraataque en balde.

1- 0 a los 13 minutos.

Nos las prometíamos muy felices con un Mbappé volador que en otra de sus explosivas arrancadas se torció el tobillo tras barrer adversarios cual enajenada ratita presumida. Fue el principio del fin. La torcedura de Kylian se pudo vendar, pero hay hemorragias que no. El Barcelona acumulaba ocasiones con su temerario juego suicida, pero quien realmente jugaba con fuego era el Madrid. Con fuego no, sino con sólo dos defensas, apuntaban corrosiva pero atinadamente desde el chat de Whatsapp de La Galerna. Juzguen ustedes.

El caso es que pronto comenzó el incendio merengue. El coloso en llamas. Un solo toque de Lewandowski, oficiando de pívot en el eje de la zaga blanca, desarticuló a toda la defensa de Carletto para que Yamal, cual cuchillo en la mantequilla, penetrara en el área para, tras un humillante regate final sobre Tchouameni plantado cual tiesto, colocar junto al palo de Courtois y empatar el partido. El Madrid respondió con tres córneres consecutivos y alguna diablura distante de Vini o Mbappé, pero muy poco más. Era el preludio del apocalipsis; un inútil y estúpido penalti imprudente de Camavinga sobre Gavi, listo, permitió a Lewandowski voltear desde los once metros el partido muy pronto. Pudo incluso irse a casa Eduardo antes de tiempo tras otro temerario agarrón ya tarjeteado. Prácticamente al instante un delicioso centro de Kounde fue rematado a la zamorana por Raphinha para hacer el tercero.

3-1 a los 38 minutos.

La lesión de Mbappe propició un descuento de nueve minutos con córner a favor del Madrid en el último segundo. Los de Carletto intentaron una jugada ensayada y salió ensayadamente fatal. La calamitosa ejecución de la pizarra permitió una nueva contra azulgrana que culminó Balde para hacer el cuarto y sacudirse el baile que le propiciara Mbappe al inicio.

Fuera como fuera, el Madrid se marchaba con un saco al descanso, consecuencia de unos cortocircuitos dignos del Edificio Windsor. Con nuestro corrupto y fraudulento adversario con los ojos inyectados en sangre, como acostumbra desde su sempiterno, histórico y eterno segundo escalón del podio, prometía una reanudación temible para un campeón noqueado.

De hecho, no pudo empezar peor el segundo tiempo. Vini tuvo una cita con Kounde en su banda al que plantó en un momento dado para servir un delicioso centro al segundo palo que Rodrygo voleó con violencia contra la cruceta. Mal presagio. En la jugada inmediatamente posterior. un único pase lejano de los culés permitió de nuevo volar a Raphinha y hacer el quinto a los 47 minutos. Lucas y Tchou, ilocalizables. Tanto, que Ancelotti fue a buscar al gallego para sustituirlo por el bravo Raúl Asencio. Quitar a Aurelien, catastrófico esta noche, quizás supondría un plan de jubilación anticipado del francés. Fede, aguerrido e incombustible, el mejor en los peores momentos, ocupaba el lateral derecho. Pronto Ceballos sustituiría a Camavinga, particularmente demente bajo la estrellas sauditas.

Y cuando el Madrid caía irremisiblemente al abismo, de repente una esperanza.

Fue exactamente eso. Una esperanza, nada más. Bellingham, desaparecido en combate, ganó de cabeza y con rabia un balón en el centro del campo, que permitió a Mbappe, veloz, encarar mano a mano a Szczesny … y ser derribado por el polaco como último hombre. Roja directa evidente para el orbe salvo para Gil Manzano, el de los pitidos finales con balones aéreos bajo la luna de Valencia, que además tuvo los arrestos de amonestar a Kylian. VAR mediante se la tuvo que envainar y Szczesny se marchó a echar humo al vestuario. Goes se encargo de dar la bienvenida a su sustituto, Iñaki Peña, con un magistral libre directo.

5-2 a falta de media hora y un hombre más sobre el Al-Jawhara. Por un instante el milagro pareció posible. Sin embargo, quince minutos después nos acordamos de Lourdes. El Madrid no supo en ningún caso acorralar a un sereno Barcelona. Nada de nada.

Visto lo visto, y ante el riesgo de enajenación mental de Vini, con amarilla, Ancelotti lo cambiaba por Brahim, al tiempo que Fran García hacía lo propio por Mendy. Mucho milagro que esperar. La remontada o un mísero atisbo de ella, de un gol siquiera, una ocasión, ni llegó ni pudo tampoco esperarse dada la lastimera pinta de un equipo tocado. La expulsión de Szczesny -gracias- tuvo al menos la virtud de contener una goleada que hubiera podido ser germana en Maracaná.

En todo caso, el Madrid, que acumula sendos meneos ante Flick, sale herido de una Supercopa que supura podredumbre desde muchas aristas.

Pero, como diría Conan Rey, esa es otra historia.

Al menos Mbappe ha vuelto.

 

 

Buenos días. Hoy se juega la final de la Supercopa en Yeda, en partido que enfrenta al Real Madrid y al equipo cliente de Negreira, y vamos a empezar por llevar la contraria, de forma directa y frontal, al titular que al respecto nos suelta de buena mañana Mundo Deportivo. No es infrecuente que discrepemos con dicha publicación, eso también es verdad.

 

Nos preguntamos qué hace pensar al insigne rotativo del Conde de Godó, grande de España, que lo que se juega esta noche, a partir de las 20 hora española, es “más que un clásico”. El resto de la portada no lo aclara. Ya es conocida nuestra postura respecto a esta nomenclatura, y consideramos que difícilmente puede ser “más que un clásico” lo que ni siquiera llega a ser un clásico. Nuestro titular sería más bien “menos que un clásico”, y como tal lo hemos hecho constar en este portanálisis.

Difícilmente se le puede llamar “clásico” a un enfrentamiento entre el mejor club de fútbol de la historia y el equipo más tramposo de la misma. Por un lado, quince Copas de Europa y un sinfín de otros trofeos; por el otro, el club que compró el sistema arbitral durante décadas y cuenta con el favor sistémico de las instituciones. Si uno quiere llamar a eso “clásico”, solo puede ser porque considera “clásico” el milenario pulso entre el Bien y el Mal.

Pero ni siquiera. El club cliente de Negreira apenas llega a encarnar un mal con minúscula, cimentado sobre chanchullos de medio pelo, ridículos complejos de inferioridad, absurdas narrativas de victimismo y tratos oscuros y cutres en La Torrada, con manchas de aceite en la solapa y olor a fritanga en el ambiente. Sería un poco pretencioso llamar al Real Madrid el Bien, como también otorgaría demasiados méritos al Barça llamarlo el Mal. Es un mal más de chichinabo, más de andar por casa, y también uno sobre lo que cabe recordar siempre lo siguiente: el que nunca se haya hecho justicia sobre sus crímenes y desmanes no le resta un ápice de iniquidad, más bien se la suma, y aquí estaremos nosotros siempre, junto a otros muchos, para hacer que prevalezca la memoria.

La única forma de justicia que puede conocer esta entidad intrínsecamente corrupta será, por desgracia, en el terreno de juego, y esperamos que esta noche el Real Madrid pueda cumplir ese papel justiciero. Está feo tomarse la justicia por la propia mano, pero alguien tiene que hacerlo, llámese Charles Bronson, Liam Neeson o Real Madrid. En ese sentido, y solo en ese, el partido es importante: en la necesidad de hacer prevalecer la higiene.

Bueno, en ese y en que hay un título en juego, independientemente de quién sea el rival. Se juega la Supercopa y los blancos la quieren, como cualquier otro trofeo.

“La primera de Flick”, suelta Sport. No tan rápido, amiguitos. A ver si, en lugar de eso, va a ser el nosecuantísimo entorchado de Ancelotti, técnico más condecorado de la historia del mejor club del planeta que ayer se avino a estrechar la mano del alemán porque en la vida hay que tratar con naturalidad a gente con más limitado CV. Es verdad que en el partido de liga Flick nos mojó la oreja, pero ambos equipos llegan a este nuevo no-clásico en muy diferentes estados de forma que entonces, con Mbappé mucho más metido en la dinámica y los automatismos del equipo y mucho mejor preparación física.

Veremos.

“Un clásico sin fin”, titula Marca. Nuevamente, no tenemos la menor idea de qué quieren decir. Si ya nos chirría la palabra “clásico”, imaginad el shock cuando quiere transmitírsenos que no tiene fin. Afortunadamente, es falso. Será un acontecimiento finito en el tiempo. Durará noventa minutos, con los posibles descuentos, y si hay igualdad en el marcador al término de los mismos iremos a los penaltis. Ni siquiera habrá prórroga, hasta ese punto tiene un “fin” claro y preestablecido lo de hoy.

Tenéis que disculpar que este partido haga aflorar todo nuestro cinismo, pero ¿qué otra actitud puede tenerse después de todo lo que hemos visto, y lo que nos queda por ver dentro del putrefacto fútbol español?

“Un clásico en carne viva”, suelta As. Definitivamente, hoy no entendemos absolutamente nada. ¿Cómo que “en carne viva”? Es más, insistimos: ¿cómo que “clásico”? Nos parece que la prensa no sabe ya qué inventar para elevar este enfrentamiento a mayores cotas de artificiosa grandeza. Nah. Es un partido de fútbol, nada más. Uno, eso sí, en el cual debe imponerse el Madrid pero no para hacer justicia deportiva por aquel 0-4, como apunta As, sino porque quien cumple la ley debería prevalecer sobre quien delinque.

Si tal cosa no ocurre en la esfera política, socioeconómica, judicial, sociológica y mediática, que ocurra al menos sobre el césped.

Hala Madrid y feliz domingo.

A mis ojos exasperados, transidos de orzuelos producidos por la incredulidad, han llegado las imágenes del Cholo Simeone en su última rueda de prensa. Le pregunta un periodista si no queda claro lo difícil que es competir contra Madrid y Barça después del Caso Olmo y la sanción de Vinícius. El Cholo, como si le hubieran mentado la bicha, se descompone y se larga de la sala de prensa a la voz de “Mejor me callo”.

Siendo el Cholo como es, no iba a desperdiciar la ocasión de ejercer ese derecho folclórico. Estaba escrito en las estrellas. Lo que llama la atención es que exista un periodista capaz de formular una pregunta tan grotescamente desprovista de pudor, una que meta en el mismo saco el permiso administrativo para inscribir cuando y como le dé la gana otorgado al Barça, por un lado, y la sanción de dos partidos al delantero del Real Madrid a cuenta de una expulsión que jamás debió ser tal, por otro.

El videochantaje

Que el favor gubernamental brindado al club cliente de Negreira iba a ser interpretado por medios y clubes antimadridistas en términos de “los beneficios a Barça Y MADRID” (dado que el Madrid pasaba por allí como el Pisuerga por Pucela) era algo que ni cotizaba, y la caspa patria que nos circunda se ha aferrado a la sanción a Vini como podría haberlo hecho a sus trenzas, ya por fortuna eliminadas de su cráneo.

No solamente el Atleti no tiene ninguna razón para quejarse de absolutamente nada, sino que debería más bien estar frotándose las manos ante las nuevas perspectivas arbitrales que se abren en el porvenir colchonero

La sanción de dos partidos a Vini es injusta, ya lo creo que sí, pero por excesiva. Mas aún: es injusta por existente, dado que responde a una tarjeta roja que no habría visto de no haber mediado la prevaricación de Soto Grado y Muñiz Ruiz en Mestalla. Este último error a sabiendas contra el Madrid lo cometió el responsable del VAR, el tal Muñiz, tras ser reprendido por Medina Cantalejo después de haber echado rigurosamente a Flick en el Villamarín. Menos mal que pronto le fue dada la oportunidad de redimirse expulsando a la máxima estrella de la liga de Tebas, quien desde su nombramiento como vicepresidente tiene también el control omnímodo de la RFEF.

Por esa expulsión injusta pretenden que Vini pague, encima, con varias docenas de partidos y siete sesiones de psiquiatra, y están tan indignados con que no se haga INjusticia con el brasileño que meten la cuestión en el mismo saco que lo de Olmo. Lo ha hecho Del Nido Jr., lo la hecho el periodista que preguntaba al Cholo y, con su airada “espantá”, digna de la dama de Pimpinela, lo ha hecho el entrenador del Atlético de Madrid. Tanta testosterona para luego acabar dejando en el aire efluvios pachulescos de drama queen.

No solamente el Atleti no tiene ninguna razón para quejarse de absolutamente nada, sino que debería más bien estar frotándose las manos ante las nuevas perspectivas arbitrales que se abren en el porvenir colchonero. El Barça podría dejar de ser el equipo del sistema. Los cortes de manga se pagan a nivel federativo, y el Comité Técnico de Árbitros sigue formando parte del organigrama de la siniestra organización roceña. Resulta además, como ha sido dicho, que dicha organización es ahora controlada por Tebas, quien podría no estar menos disgustado que su lugarteniente (y no al revés) Louzán por la maniobra laportista acudiendo al CSD. El corte de mangas del lamentable presidente azulgrana no solamente era para ti, para mí y para todos mis compañeros, sino también para Tebas.

Laporta bailando

De manera que no sería descartable que el viento cambiara de dirección. La flecha en la veleta esperando sigue quieta, como cantaba Juan Perro, pero aguardemos acontecimientos. Lógicamente, y por disgustados que estén en la Federación con el Barça, el CTA no va a empezar a cambiar de pronto su (falta de) estima hacia el Madrid, dado que el club blanco sigue personadísimo en la causa judicial del negreirato, por lo cual es detestado por el colectivo tanto como Tebas sigue detestando a Florentino.

Entonces, ¿qué va a suceder? ¿Qué club representa la tercera vía? No caigo, no caigo, pero yo por si acaso estaría muy pendiente de los próximos arbitrajes al Atlético de Madrid. Bien es cierto que, dada la historia de dicho equipo, jalonada de muy románticas derrotas que entusiasmaron el corazón sabinero, quedaría por ver si son capaces de aprovechar la oportunidad.

 

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Buenos días, queridos amigos.

No nos sale hablar de Real Madrid-Barça, mucho menos de “El Clásico” de mañana. Tampoco nos hace especial ilusión el hecho de lidiar por un título contra un club que representa lo peor del deporte como si estuviéramos en una competición limpia, pero así intenta venderlo la prensa y nuestro trabajo es comentarlo como si tal cosa. Comenzamos con el diario As, que nos vende el “lujo asiático” de jugar en Arabia Saudí.

Oh, sí, señores, qué ilusión saber que el Real Madrid anda en un país clasificado muy abajo en la lista de derechos humanos solo porque el Rubi y el Geri se repartieron una serie de comisiones a destajo, pero todo se hizo porque “football is for the fans” y todas esas cositas que nos contaron. Nos llena de júbilo ver jugar a los nuestros en un lugar en el que las mujeres eran tan ajenas a los estadios de fútbol hasta hace poco que, cuando acuden a un partido como el del jueves pasado, se ven sometidas a todo tipo de vejaciones por parte de algunos espectadores, cabestros “majísimos” que pasaron del abrevadero del camello a llenar el depósito del Lamborghini sin previo paso por un curso acelerado de modales y educación.

La portada del diario As hace referencia a la valoración de los jugadores, cuatro de los cinco con mayor valor en el mercado estarán mañana sobre el terreno de juego. Cuatro de los más valiosos… según Transfermarkt, que dice que Lamine Yamal tiene un valor superior al de Mbappé e igual al de Vinicius. La realidad nos indica que cuando el Barcelona quiere vender a sus káiseres García o Ansufatis, la cifra que los clubes están dispuestos a pagar tiene al menos un cero menos de lo que les habían contado de manera interesada en estas páginas.

De la portada del diario madrileño destacamos otras noticias, como el movimiento de Javier Tebas para tratar de frenar la cacicada del CSD al conceder la cautelar al Barça, el arranque del Open de Australia, o el extraño viaje de Thomas Heurtel, que trasladó a su familia de China a Barcelona para, sin apenas salir del aeropuerto, terminar en La Coruña. La relación del jugador francés con los aeropuertos y el Barça da para una peli de Spielberg, tipo La Terminal. Comedia negra, sin duda.

Queríamos destacar la parte inferior de la portada, que recoge la enorme victoria del Real Madrid de baloncesto en Kaunas, la quinta consecutiva. Con una importante aportación del banquillo, lo cual impulsa a los nuestros dentro de la clasificación, en la que nos movimos durante meses en posiciones preocupantes. Partidazo de la unidad B y una mejora general de sensaciones en los pupilos de Chus Mateo.

El diario Marca trae a la primera plana el encuentro entre Karim Benzema y Vinícius Jr., del cual ha dicho el francés algo evidente: que es “el mejor”. Resulta curioso que sea precisamente Marca quien tenga ahora estos detalles cuando no hace tanto nos intentaban convencer de que el propio Karim animaba a sus compañeros a no pasarle la pelota al crack brasileiro. Una portada entera, de confección sospechosamente similar a la del día de hoy, pero de 2020, nos contaba:

Nos ha hecho cierta gracia el titular escogido por Marca en el faldón inferior derecho: “Olmo o Gavi, duda azulgrana”. Cautelar o cautelarísima, pensará alguien que no sea Hansi Flick.

La prensa cataculé sigue a lo suyo, tratando de poner en la balanza el nuevo escándalo institucional a favor del Barça con el nuevo escándalo de manipulación del VAR y el CTA que ha costado dos partidos a Vinícius: “El catalán podrá reaparecer tras la cautelar mientras el brasileño sale impune de sus constantes líos”. Dos partidos igual a “impune” para esta gente. Viven en un mundo paralelo en el que no hubo fingimiento por parte de Dimitrevski, ni provocación previa, ni imágenes sesgadas desde el VAR, ni mala información por el pinganillo, ni una redacción del acta equivocada, ni una expulsión rigurosísima que muy bien podría haberse saldado con amarilla. Pero queda “impune”, anda a esparragar, “tirad para allá”, que diría Raúl Asencio con tino.

El titular de la portada del Mundo Deportivo nos suena a coña marinera, así que nos ha dado por pensar a qué llaman “El duelo del morbo”. A un lado se encontrará el actual campeón de Liga, Champions, Supercopa de España y Europa e Intercontinental, mejor club del mundo para la FIFA y la UEFA, y mejor club de la historia en todas las clasificaciones. Al otro lado, el que aporta el morbo, suponemos, el Fútbol Club Barcelona, que, tras 125 años de historia merece un nombre mejor que refleje su esencia. Proponemos Palancautelarísima VARclub Negreirolona. Un apelativo que condense lo mejor de su historia reciente.

Mañana alinearán de salida a:

Sí, un duelo con morbo, de igual a igual. Arbitrado por lo mejor del CTA, con el imputado presidente de la Federación en el palco, junto a un jeque árabe y un Jan Laporta que no sabe comportarse fuera de una discoteca. Ciertamente es el duelo del morbo. Nos “apetece” mucho presenciarlo.

Os dejamos con la portada del diario Sport, que sigue a lo suyo, al fichaje nuestro de cada día… que será inscrito mañana de manera fraudulenta.

Que paséis un gran día.

La primera vez que ves una capibara dudas de lo que estás viendo. Uno se enfrenta a un roedor del tamaño de un perrito, pero por algún motivo no genera el rechazo visceral que tendría que provocarte una rata gigante. Y eso sucede, ni más ni menos, porque al primer vistazo la capibara ya te ha hecho presa de su hechizo.

En mi familia pasó en un zoológico, cuando mi hija hizo la pregunta clave: ¿por qué la capibara se lleva bien con todos? Y es que se trata del bicho que mejor convive con cualquiera. Hasta los depredadores más feroces, entre los que se mueve en armonía, toleran su amable presencia con naturalidad.

Años después de aquella visita, mi hija y yo veíamos correr a Rodrygo. Iba a abrazarse con el autor del centro (uno de esos regalos que un delantero no desaprovecha) y la afirmación de mi hija tuvo la resonancia de las iluminaciones: papá, todos quieren a Lucas Vázquez. Y a mí no me quedó más remedio que darle la razón, porque Lucas Vázquez es la capibara del Real Madrid.

Lucas Vázquez es la capibara del Real Madrid

Su supuesto rol de chico-que-no-molesta le ha permitido sobrevivir en el equipo sin haber sido considerado nunca titular. Ha alternado actuaciones memorables con otras desafortunadas, pero su estatus dentro del grupo le ha permitido reponerse a ambas. Nadie se siente demasiado amenazado por él, pero todos agradecen tenerlo cerca. Y cuando comparece en la banda para entrar en un cambio, hasta los madridistas más vinagres concederán que no se le puede reprochar nada. Lucas da todo lo que tiene. Pero ¿qué es lo que tiene?

Hablamos de un jugador que ha encontrado su nicho ecológico en el ecosistema del Real Madrid —siempre atestado de criaturas letales en el campo y acechado por las enormes sombras de la rumorología de fichajes— abrazado a una característica personal que nunca sobra: Lucas les gusta a sus compañeros y a su entrenador. Sería injusto reducir a eso su extraordinaria carrera (sólo el Milán tiene más Copas de Europa que él, y ya va por 4 mundiales de clubes), pero la imagen que ha conseguido construir para la eternidad del madridismo no será ningún pase extraordinario, ningún gol decisivo, ninguna combinación letal, y ni tan siquiera su lamento en la red tras no alcanzar el balón que nos condenaba, o el modo doloroso en que se ha visto esquinado de los triunfos de su selección nacional... Aunque todo ello ya lo ha vivido varias veces Lucas Vázquez, su legado será el modo en el que afrontó las luces y las sombras, esa cosa tan difícil de definir y de ignorar que es el espíritu.

El legado de Lucas Vázquez será el modo en el que afrontó las luces y las sombras, esa cosa tan difícil de definir y de ignorar que es el espíritu

Hay dos rondas de penaltis en las circunstancias más dramáticas en las que las fieras apretaban los dientes y aullaban. Y ahí tuvimos a la capibara, con su paso juguetón, dispuesto a poner las cosas en su sitio, enseñándonos que el fútbol es, en efecto, un juego, y que sobre todo sirve para aportarnos felicidad. Por eso cada verano los recién llegados —vengan de Brasil, de Birmingham, de París o de donde les plazca— son de pronto primos hermanos de Lucas pues, sin conocerle, a ninguno nos cuesta imaginarlo como a una persona feliz. El tipo al que quieres tener al lado porque va a hacer el paisaje mejor sólo con su presencia.

Habrá quien opine que sus virtudes no son suficientes, pero a él de momento ya le han bastado para alcanzar la capitanía del Real Madrid, cuyo brazalete honra de la mejor manera posible, sudando como el que más y haciendo felices a los que tiene cerca. Ese es el aprendizaje que nos dejará Lucas, un tipo que parece tan buena gente como para hacerse santo súbito de quien se le ponga por delante y al que, en el momento en que se le pida, dejará sobre el césped todo lo que lleva dentro para tratar de levantar otra copa más.

Mientras llega ese día, abracen a la capibara e intenten que se les pegue algo. Ustedes no tienen la culpa de que les guste.

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Como apuntaba Kapuściński, la verdad dejó de ser importante cuando la información se convirtió en negocio. En el mundo del deporte, especialmente en el fútbol, la pasión siempre ha sido combustible para la prensa. Pero en los últimos años, esa pasión ha sido transformada en un arma que sirve a un propósito claro: vender titulares, generar clics y avivar discusiones. Vinícius Junior, estrella del Real Madrid, es el mejor ejemplo de cómo un jugador puede ser convertido en el epicentro de una estrategia mediática que prioriza la indignación sobre la verdad.

Un caso reciente lo ilustra a la perfección: el partido contra el Mallorca. En este encuentro, se vio claramente cómo Pablo Maffeo, jugador del equipo rival, tenía una misión casi personal: sacar de quicio a Vinícius. Patadas, provocaciones verbales, empujones… todo estaba diseñado para desestabilizarlo. Lo más preocupante no fue la actitud de Maffeo, que entra dentro del juego sucio que algunos equipos utilizan para intentar nivelar la balanza contra rivales superiores, sino cómo los medios reaccionaron.

Al día siguiente, los titulares no hablaban de la persecución constante que sufrió Vinícius, ni de la permisividad del árbitro para permitir ese tipo de conducta. En su lugar, se centraban en cómo “Vinícius volvió a perder los papeles” o en sus gestos de frustración, obviando el contexto de provocación constante. Este patrón es repetitivo: los medios, conscientes del impacto polarizador de su figura, eligen siempre el ángulo que garantice el máximo nivel de indignación. Los antimadridistas disfrutan de la narrativa de un jugador “conflictivo”, mientras que los madridistas se indignan por lo que perciben como un ataque injusto.

El caso de Maffeo no es único. Hemos visto situaciones similares con otros jugadores y equipos. Pero en el caso de Vinícius, el nivel de atención mediática y el ruido generado parecen desproporcionados. Cada partido, cada gesto, cada palabra es analizado con lupa. Y este escrutinio, lejos de ser casual, es parte de un modelo de negocio que entiende que no hay mejor herramienta para captar atención que la polarización.

Los medios, conscientes del impacto polarizador de Vinícius, eligen siempre el ángulo que garantice el máximo nivel de indignación. Los antimadridistas disfrutan de la narrativa de un jugador “conflictivo”, mientras que los madridistas se indignan por lo que perciben como un ataque injusto

La prensa no solo reporta lo que sucede, sino que lo amplifica, lo manipula y lo convierte en un espectáculo diseñado para dividir. Vinícius es el blanco perfecto porque encarna todo lo que puede generar emociones extremas: es joven, talentoso, descarado y juega en el equipo más seguido y odiado del mundo. Cada patada que recibe, cada provocación que sufre, se convierte en material de debate que alimenta a ambas trincheras. Los antimadridistas encuentran motivos para criticar, mientras que los madridistas se sienten obligados a defenderlo, cayendo en el juego mediático.

La solución a este problema no pasa por intentar convencer a los medios de ser más justos o equilibrados. Los medios no tienen interés en cambiar un modelo que les funciona. El verdadero cambio depende de nosotros, los consumidores.

Cada clic que hacemos, cada artículo que compartimos, cada comentario indignado que publicamos en redes sociales alimenta esta maquinaria. La indignación, ya sea por la permisividad hacia Maffeo o por los ataques injustificados a Vinícius, es el producto que la prensa está vendiendo, y nosotros somos los compradores. Es un círculo vicioso en el que nuestra participación, por bien intencionada que sea, solo refuerza el sistema.

La indignación, ya sea por la permisividad hacia Maffeo o por los ataques injustificados a Vinícius, es el producto que la prensa está vendiendo, y nosotros somos los compradores

¿Qué podemos hacer? Ignorar. No compartir los artículos diseñados para provocar. No caer en el juego de la indignación constante. Desconectar de los medios que priorizan el conflicto sobre el análisis. En el caso de Vinícius, eso significa centrarnos en lo que realmente importa: su talento, su contribución al equipo y su evolución como jugador, dejando a un lado el ruido mediático que lo rodea.

El fútbol debería ser un espacio para disfrutar del talento, para emocionarse con los goles y para debatir sobre estrategias y tácticas, no para convertirnos en engranajes de un sistema mediático tóxico. Vinícius es solo un jugador, pero la forma en que lo tratamos puede ser un reflejo de nuestra capacidad para resistir la manipulación informativa. ¿Seguiremos cayendo en la trampa de la indignación, o aprenderemos a ignorar el ruido para centrarnos en lo que realmente importa? La decisión está en nuestras manos.

 

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En Madrid ya puede lucir hoy un sol esplendoroso que si un ejército desalmado se encarga de contaminar los registros meteorológicos más consultados y dejar por escrito que hoy diluvió, dentro de 15 años, un señor de Marruecos o una señora de Pekín estarán convencidos de que el 10 de enero de 2025 Noé navegó por la Castellana. Y algunos recordarán incluso haberlo visto saludar desde el arca con la manita.

Hay un arte donde el nombre del FC Barcelona brilla inscrito en letras de oro: el arte del falso relato. Y tiene mérito, no es sencillo travestir la verdad de manera tan burda y que funcione tan bien durante tantos años. El último ejemplo, la definición de villarato que aparece en Wikipedia si uno introduce el término en Google.

El término villarato fue acuñado por Alfredo Relaño para definir tanto el periodo de mando como la particular forma de ejecutarlo de Ángel María Villar al frente de la RFEF. Y también su proceder característico con los intereses del FC Barcelona.

En este tiempo, entre otros hechos singulares recopilados por el propio Relaño, el Barça se retiró de la Copa porque sí. Corría el año 2000, como el partido de ida lo había perdido contra Atleti por 3-0 y para el de vuelta muchos de sus holandeses habían sido convocados con su selección y además contaban con algún lesionado, les venía mal jugar. Podrían haberlo hecho porque superaban el mínimo de integrantes de la primera plantilla necesarios, siete, y además ya gozaban de La Masía, paradigma de la bondad en el mundo. Sin embargo, el capitán Guardiola, adalid de los valors, escenificó la espantá ante Díaz Vega y millones de televidentes. ¿La sanción teórica? Un año sin participar en la Copa del Rey. ¿La real? Ninguna, porque Ángel María los indultó. Villarato magnánimo.

En 2003, el club cliente de Negreira andaba preocupado porque había que compaginar la participación en un partido de liga de Ronaldinho con el descanso necesario del jugador y un encuentro con Brasil. El villarato volvió a funcionar de maravilla y Ángel María hizo lo preciso para que el partido contra el Sevilla se jugase a las 00:05. Y se jugó. Con Del Nido (antes de entrar en la cárcel) en el palco junto a un Laporta al que además le venía de maravilla, porque el encuentro terminaría cuando las discotecas están en su mejor momento de la noche.

No conviene olvidar el asunto del cochinillo, la botella de cristal y el resto del ajuar que lanzaron a Figo y a sus compañeros madridistas en el Camp Nou. Se ordenó el cierre del estadio, aunque todos sabían que jamás tendría lugar. El Barça siguió el paripé y recurrió a la justicia ordinaria, a pesar de que entonces había un pacto para no hacerlo. Mientras tanto, la RFEF modificó el artículo 118 de sus estatutos y el cierre se convirtió en sanción económica. 4.000 euros. Probablemente menos de lo que Jan se gastaba en cava una noche cualquiera en Luz de gas. El villarato seguía carburando.

Figo cochinillo

Roberto Carlos sufrió un Mecherazo en el Camp Nou que le causó una brecha. Ahí directamente no hubo ni cierre ni multa. Si no iban a cumplir la sanción, ¿para qué ponerla? Villarato eficiente que ahorraba tiempo y complicaciones.

En otra ocasión, el FC Barcelona decidió que Xavi y Puyol no fuesen a una convocatoria con la selección española (¿tendrían en cuenta este mérito para conceder el Príncipe de Asturias al Sr. Hernández?), adujo que estaban lesionados, porque había partido de Supercopa contra el Espanyol menos de cinco días después del encuentro internacional. Un futbolista que no acude a una convocatoria con su selección por lesión no puede jugar con su club hasta cinco días después. Xavi y Puyo jugaron. Los periquitos reclamaron y el villarato se encargó de que no pasara nada.

Hubo más, por supuesto. Y no solo hubo más, sino que el villarato sufrió una aceleración a partir de 2004. En las elecciones a la RFEF de ese año, tanto Madrid como Barça comunicaron que iban a apoyar al candidato que se enfrentaba a Villar, Gerardo González. Sin embargo, Laporta cambió a última hora de parecer, seguramente aconsejado por Gaspart, ya por entonces vicepresidente de la Federación, que le diría que al Barça le iría mejor apoyando a Ángel María. Y así fue. Los años han demostrado el FC Barcelona obtuvo enormes réditos de aquella traición de Laporta. Lo reconoció uno de sus vicepresidentes, Alfons Godall. El villarato también sabe pagar favores.

Tras hacerse público que el Barça pagó millones de euros a Enríquez Negreira, vicepresidente de los árbitros, durante lustros, Relaño escribió que no solo había villarato, sino que además estaba engrasado.

Todo ello aderezado, según el auto del (olvidado) caso Soule, con “administración desleal, apropiación indebida, estafa, falsedad documental y corrupción entre particulares”.

Como es patente, ninguno de los greatest hits del villarato ha beneficiado al Madrid, más bien al contrario, puesto que como principal rival del Barça le perjudica cualquier decisión arbitraria a favor del club culé.

Pero, como se ha dicho antes, el Barça es el maestro del falso relato, y se las ha ingeniado para que al teclear en Google “villarato” y pulsar enter o darle con el dedito a la pantalla, aparezca la definición de marras.

Afirmar que el villarato favorecía a los dos clubes más grandes de España, Barça y Madrid, es como defender que la criptonita beneficiaba tanto a Lex Luthor como a Superman.

El Barça se cree el mejor, pero no lo es. No aceptan este hecho mesurable, por tanto, dedican tiempo y esfuerza a construir un falso relato que, inevitablemente, les resta fuerzas en el desempeño por ser el mejor. Mientras tanto, parafraseando a Valdano, el Madrid no pierde tiempo construyendo relatos porque está muy ocupado ganando.

No sé cuáles son los pasos necesarios para corregir esta falacia virtual, pero igual hay que recordarle a la Wikipedia quién es el Real Madrid.

Mi amigo Javi sigue con lo suyo y me ha encargado que escriba sobre el pase a la final de la Supercopa por parte del Real Madrid. El protagonista negativo del partido de ayer es por supuesto Maffeo, criatura futbolística que vive sin vivir en él para provocar, agredir y mofarse de Vinícius en el campo y fuera de él, saliendo a los medios de comunicación alardeando de capacidades noqueadoras fulminantes, dando clases de cancheo argentino y haciendo gracietas que le ríen los periodistas patrios que están desando hablar mal de nuestra estrella. En el partido de la Supercopa lo volvió a hacer, con el consentimiento de De Burgos Bengoetxea (no confundir con nuestro editor, por favor).

Maffeo pegó, pateó, provocó a Vinícius y simuló durante todo el encuentro sin ser amonestado por el trencilla. Al final del partido, como se cree impune y muy machote, se encaró con el chaval, con Raúl Asencio. Pero, mira tú por dónde, el chico le salió respondón, y si no le separan sus compañeros se lo lleva por delante. Ahora, claro, el que no sabe ganar es el madridista, cuando aquí, en España, se han reído las gracias del argentino, los gestos de llorón reiterados a Vinícius en los enfrentamientos blancos contra el Mallorca, y se ha aplaudido la dureza extrema y las agresiones del elemento, ahora resulta que, como el madridista le ha puesto en su sitio, es que no sabe ganar.

Es para mandar a esparragar a toda la prensa deportiva española, a Maffeo, al Mallorca por consentir el comportamiento antideportivo de su jugador y a la madre que los parió (con perdón). Al final, 3-0 y pa’casa, que diría mi admirado Tomas Guasch. Gran primera parte del Madrid en el partido total (amistosos incluidos) nº 400 que juega el club blanco en campo neutral y cuando Courtois cumplió 200 partidos en competición española, primera parte en la que los blancos salieron con ánimo de finiquitar el encuentro por la vía rápida, pero sin atinar bien con la puerta bermellona. La segunda mitad estuvo algo más calmada por efecto del calor arábigo (quién les mandaría), pero fue más resolutiva. En ella se marcaron los tres goles que envían a la final al Real Madrid.

Maffeo pegó, pateó, provocó a Vinícius y simuló durante todo el encuentro sin ser amonestado por el trencilla. Al final del partido, como se cree impune y muy machote, se encaró con el chaval, con Raúl Asencio. Pero, mira tú por dónde, el chico le salió respondón

La final, una más (la tercera de esta temporada y estamos en enero), contra el cliente de Negreira. Me enfadaré y mucho con quien llame a este partido clásico, advierto. Nunca puede ser un clásico un partido en el que juegue el club más tramposo de la historia del fútbol mundial. Un Real Madrid-Barcelona arbitrado por Gil Manzano, que era una gran trencilla hasta que, para pitar cosas importantes, ir a mundiales, eurocopas y mantener su escarapela de internacional, se plegó al negreirato reinante con aquella decisión esperpéntica de Mestalla. Una final preparada desde todos los estamentos para que la gane el cliente de Negreira. Esperemos que nuestros jugadores hagan trizas las ilusiones de todos ellos y se traigan para Madrid la decimocuarta Supercopa de España, pero de la final, de lo que pase y de lo que suponga, hablaremos el lunes.

Por otro lado, y como vaticinamos algunos, el club cliente de Negreira, mediante una decisión administrativa de última hora, ha podido inscribir en las competiciones españolas a Dani Olmo y a Pau Víctor. La indignación en el conjunto del fútbol español es evidente, puesto que se ha vuelto a demostrar que el cliente de Negreira juega con otras reglas, exactamente con la suyas propias, fichando cuando quiere lo que quiere, inscribiendo fuera de plazo lo que necesita y riéndose, corte de mangas incluido, del resto de clubes. Salvo el Real Madrid, dichos clubes llevan toda la vida aplaudiendo los desmanes culés en los despachos y en los terrenos de juego, con lo cual no entienden lo que está pasando.

Pero lo más curioso ha sido la reacción del capo del fútbol, el señor Tebas, clamando a los cuatro vientos para que el Real Madrid salte a la palestra para protestar por lo ocurrido. Claro, si salta el Madrid, el foco se centraría en los blancos, todos (clubes, aficiones y prensa) se pondrían de uñas contra los de Concha Espina. Tebas, la Liga y la RFEF saldrían otra vez de rositas, como siempre. No, no somos tan torpes.

Todo esto nace de la permisividad extrema de la Liga con el cliente de Negreira en las últimas temporadas, permitiendo inscripciones de jugadores sin soporte económico cierto y aceptando las famosas palancas

Porque no olvidemos que todo esto nace de la permisividad extrema de la Liga con el cliente de Negreira en las últimas temporadas, permitiendo inscripciones de jugadores sin soporte económico cierto y aceptando las famosas palancas. Dichas palancas luego se demostraron falsas. Ahora, cuando instancias políticas han apoyado al Barça, el resto se acuerda de la desaparición del Extremadura, del descenso del Deportivo Guadalajara, el del Elche y tantos y tantos descensos administrativos y desapariciones de clubes que no cumplían el famoso fair play financiero impuesto por los propios clubes y gestionado por el chiringuito del señor Tebas.

Ahora se acuerdan, ahora. Las temporadas anteriores daban palmas con las orejas por la permisividad, decían que era bueno para la competición que se inscribiera a tal o cual jugador blaugrana, y consintieron plácidamente las excepciones que se hacían con ellos. Ahora no, ahora, como la Administración ha hecho saltar por los aires el sistema, cuando ahora cualquiera podrá fichar a quien quiera, tenga o no dinero para ello, porque se han pasado por el arco del triunfo las normas de sostenibilidad económica creando un precedente peligroso, ahora se ponen de uñas.

Pues nada, que se peguen entre ellos, que se destrocen y que emprendan acciones. El Real Madrid está muy tranquilo con sus cuentas saneadas y su boyante limite salarial.

Les dejo y, como siempre dice mi amigo Javi, ser del Real Madrid es lo mejor que una persona puede ser en esta vida…. ¡Hala Madrid!

 

Getty Images.

Buenos días, amigos. En un buen partido del Real Madrid, enturbiado por el juego sucio de los jugadores del Mallorca, con el impresentable lateral derecho Maffeo a la cabeza, los hombres de Ancelotti lograron doblegar el planteamiento ultradefensivo de Jagoba Arrasate y se impusieron por 3-0. Así, se verán las caras en la final de la Supercopa, el domingo, ante el equipo cliente de Negreira. Los del turno de mañana podéis leer aquí la crónica de Andrés Torres.

Marca

Marca otorga todo el protagonismo a Bellingham, que inauguró el marcador y descerrajó otro partido memorable. No nos parece mal que se resalte lo positivo de un encuentro que tuvo tanta marrullería y falta de deportividad por parte de la escuadra insular. No fue solo Maffeo, pero qué más da. Hubo otros maffeos, con otros nombres, pero son todos maffeos o aspirantes a serlo. “El Mallorca dio la cara en un partido que acabó en un nuevo lío entre los jugadores blancos y Maffeo”, reza la primera plana marquista. Puede que ese “Maffeo” se refiera a maffeo como concepto genérico, los maffeos, el maffeísmo.

Mejor aún: LO maffeo.

Es posible que el defensa hispanoargentino sea, así, grosso modo, el futbolista más impresentable que ha pisado jamás un terreno de juego, o de lo que para él es el juego. Bueno, sí, tendría que pedir permiso a Luis Suárez, pero por ahí se andarán. Cada vez que el Mallorca juega contra el Madrid, Maffeo reclama su cuota de protagonismo, que los medios le brindan gustosos, para soltar sus fanfarronadas de niño de parvulitos, que luego extiende al césped, y a continuación al pospartido. Hay que entenderle. Sus duelos contra Vinicius son las fechas del año en las que adquiere alguna notoriedad. Durante el resto de la campaña, va a comprar el pan y nadie en la cola le reconoce.

Los jugadores del Mallorca impartieron ayer un curso acelerado de maffeísmo, con el privilegio de contar para el mismo con la presencia de the man himself, el fundador del movimiento. Menudo honor. Es como contar con el mismísimo Karl Marx en un seminario sobre su doctrina, dicho sea salvando las distancias, pues que se sepa el revolucionario filósofo alemán nunca cayó fulminado por un dedo de Engels gentilmente posado sobre su pecho.

En todo caso, cabe desear a Maffeo, a los maffeos, al maffeísmo, a LO maffeo, un buen viaje de vuelta. Las logísticas de un periplo Yeda-Palma de Mallorca deben ser de aúpa, y cuajadas de unos peligros que ni Simbad el Marino, oigan.

As coincide con Marca en designar oficiosamente a Bellingham como el hombre del partido. Hay justicia en ello. Lleva nueve goles en diez partidos y ayer fue el mejor, bien secundado por Rodrygo, Lucas, Camavinga y un Vinícius que supo controlarse admirablemente ante las continuas provocaciones de Maffeo y del maffeísmo. Vini se vio envuelto en la trifulca final, en el túnel de vestuarios, pero es que quién aguanta lo inaguantable. De Burgos Bengoetxea, por cierto, permitió que un Mallorca sumamente leñero terminara el partido sin tarjetas. Ya conocemos a ese señor, que ni es de Burgos ni (según nuestro editor) es un auténtico Bengoechea.

“Un clásico en inglés”, titula As. Sabemos la respuesta: a classic. ¿Cuál es el premio?

Ni clásico ni leches. Lo tenemos muy hablado. No se le puede llamar “clasico” al enfrentamiento entre el mejor club del mundo y el más tramposo. Uno colecciona Copas de Europa, mientras el otro hace acopio de sobornos al estamento arbitral, inscripciones fraudulentas, impune violencia en sus gradas, delitos contra la Hacienda Pública y tráfico de órganos, por nombrar solo unos cuantos. No hay ningún tipo de parecido entre una entidad y la otra y, en consecuencia, lo que se va a jugar el domingo no es un clásico. Tan solo es un partido contra el club cliente de Negreira en el cual, en este caso, resulta que está en juego un título, la Supercopa de España. No es desde luego el trofeo más preciado que se nos presenta en esta temporada, pero lo queremos como queremos todos. Sería el tercero de la presente campaña, tras Supercopa de Europa e Intercontinental.

Si llamar “clásico” a lo que se viene el domingo nos parece inapropiado, imaginamos lo que nos parece llamarlo “superclásico”, como hace Mundo Deportivo. El que sea la final de la Supercopa no convierte un falso clásico en un “superclásico”. Lo que hace que nos desternillemos de risa, no obstante, es el antetítulo: “El cuarto clásico en Arabia llegará marcado por el Caso Olmo y el indulto a Vinícius”.

La golfería intrínseca a frase semejante tiene un desmonte más sencillo que el mecanismo interno del cerebro de Maffeo. Es justamente al contrario, porque los que han sido indultados han sido Olmo y su club, por razones que de sobra conocemos todos. Vinícius no ha sido indultado de nada, sino que sufrió ante el Valencia una expulsión injusta que no debió derivar en ninguna sanción, y desde luego en ninguna en la Supercopa, tal y como está establecido. De manera que el “morbo” al que se refiere la primera plana de Sport, con la que por hoy terminamos, lo trae de casa, solito, el cliente de Negreira, sin ayuda alguna del Madrid. El domingo disputarán ambos un partido “de visibilidad y repercusión mundial”, por si os suena la descripción.

Pasad un buen día.

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